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miércoles, 24 de junio de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XX). BRIGADIER MIGUEL GUZMÁN CUMPLIDO (1819-1895). Undécima parte.

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 22 de junio de 2020, pág. 12.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


El prestigio de la Guardia Civil comenzó a forjarse desde los primeros pasos de su fundación pero se fue fortaleciendo a lo largo de los tiempos. La razón de ello no sólo fue porque consiguió erradicar el bandolerismo, uno de los principales problemas que asolaban los caminos y poblaciones de una España rural como era la de entonces, sino también por su carácter benemérito.

La hoja de servicios del comandante Miguel Guzmán Cumplido, siendo jefe de la Comandancia de Málaga en 1865, vuelve a hacer referencia a un nuevo episodio. Quedó reflejado con motivo de la felicitación que recibió el 11 de octubre de dicho año, dimanante del teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, director general de la Guardia Civil por segunda vez.

La anotación es muy escueta como suele suceder en la milicia. Sólo se menciona que el motivo fue “el importante servicio que prestó con la fuerza de su mando en la Ciudad de Málaga a consecuencia de la grande tormenta que descargó en ella el día 30 de Septiembre”.

Sin embargo, la prensa de la época da más información de lo acaecido. Las crónicas de los días previos hacían referencia al temor que se vivía en Málaga de volvier a sufrir las funestas consecuencias de una nueva epidemia de cólera. En el ánimo de todos estaba todavía la padecida anteriormente con casi medio millar de fallecidos, relatada en el capítulo anterior, donde la Guardia Civil había prestado importantes y beneméritos servicios.

El gobernador civil de la provincia, tal y como relataba “La Correspondencia de España” en su edición del 28 de septiembre, venía organizando suscripciones entre los vecinos de la capital, “con objeto de reunir fondos que poder destinar al remedio de los necesitados, en el caso de que aquella población sea invadida por el cólera”.

El temor que se vivía en Málaga era tal que hasta en Santander, desde el periódico “La Abeja Montañesa”, del 30 de septiembre, se hicieron eco de ello. En su crónica se relataban las precauciones sanitarias adoptadas con los viajeros que llegaban en ferrocarril de Córdoba, procedentes de Sevilla, castigada entonces por el cólera. 

Se practicaban reconocimientos facultativos a los pasajeros y se fumigaban sus equipajes, con el objeto de cerciorarse de su buen estado de salud y prevenir contagios. En caso de que llegara alguno enfermo o con síntomas sospechosos, estaba prevista su conducción al lazareto que existía en la barriada de Los Ángeles.

Por otra parte, las crónicas de prensa relataban también que esos días se estaban produciendo “lluvias copiosas” en la provincia de Málaga. Eran tan intensas que incluso habían ocasionado importantes daños en la vía férrea procedente de Córdoba, provocando desprendimientos de rocas a la entrada de los túneles y paralizando la circulación de los trenes.

Sin embargo, lo más grave se padecería en la capital malagueña el 30 de septiembre. El “Diario de Córdoba”, en su edición del 6 de octubre, detallaba que sobre las dos de la tarde de aquel día había caído “un espantoso aguacero, el cual produjo una inundación de las que hace muchos años no se ha visto igual en aquella población”.

En muy poco tiempo la gran cantidad de agua que cayó, convirtió “las calles y plazas en ríos y lagunas”, produciendo la inundación de los barrios de la Victoria, Muro de Santa Ana, del Perchel, de la Trinidad y casas a la bajada de la Cruz del Molinillo.

La crónica se tornó dramática, poniéndo en valor la presencia del benemñerito Instituto: “El agua entraba en infinidad de casas a más de una vara de altura y de todas partes demandaban socorro. La Guardia Civil de caballería empezó a recorrer algunos puntos, yendo los caballos casi cubiertos con el agua, y en la calle del Cañaveral y otras, a los hombres les llegaba el agua hasta los hombros, …”.

Mientras tanto, la situación social y política se iba complicando cada vez más en el país, viéndose obligada con frecuencia la Guardia Civil a ser empleada en el mantenimiento del orden público en el interior de las ciudades, con evidente perjuicio de su servicio peculiar en el ámbito rural, al tener que abandonarlo. 

Se pretendía evitar en la medida de lo posible el empleo de unidades del Ejército para tales menesteres en los escenarios urbanos, al carecer el Estado de otra fuerza policial, además de la Guardia Civil, que fuera lo suficientemente robusta para afrontar con éxito los desórdenes que se producían.

El régimen de Isabel II se tambaleaba cada vez más y caminaba abiertamente hacia el abismo, teniendo que asumir tanto la Guardia Civil como finalmente el Ejército, funciones de restablecimiento del orden, conforme a lo dispuesto por gobiernos legalmente constituidos. Ello daría lugar a graves consecuencias como las acaecidas el 10 de abril de 1865 en la llamada Noche de San Daniel, contra los estudiantes de la Universidad Central de Madrid. 

El 3 de enero siguiente se produjo el pronuncionamiento militar del general Juan Prim Prats en la localidad madrileña de Villarejo de Salvanés que fracasó. No obstante se produjeron algunos movimientos revolucionarios y hubo temor gubernamental a que se secundaran en otros lugares. Por ello, nuevamente el Ejército y la Guardia Civil fueron concentrados en determinados puntos clave para disuadir a quienes quisieran alzarse o secundar la sublevación. 

Uno de los escenarios reforzados fue Granada donde Prim había sido antaño capitán general. El comandante Guzmán fue enviado allí desde Málaga al frente de sus guardias civiles, siendo felicitado por real orden de 10 de enero de 1866, “por los extraordinarios servicios que prestó a la causa del orden público en el Distrito de Granada”. Ya para entonces el director general del Cuerpo era el mariscal de Campo  Francisco Serrano Bedoya.

Por real orden de 20 de julio siguiente, Guzmán cesó a fin de mes en el mando de la Comandancia de Málaga por pase al 4º Tercio cuya cabecera seguía en Sevilla, encontrándose a su frente el coronel Hilario Chapado de la Sierra. Con fecha 1º de agosto se hizo cargo de la jefatura de la Comandancia de Huelva hasta que por real orden de 20 de diciembre de 1867 fue destinado a mandar la Comandancia de Lugo. 

El 1º de enero de 1868 se incorporó al 6º Tercio, cuya cabecera se encontraba en La Coruña y su jefe era el coronel José Villanueva Íñiguez. Apenas estuvo ocho meses al frente de la Guardia Civil lucense pues por real orden de 14 de agosto causó baja a fin de dicho mes por pase a la Guardia Rural de Madrid.

Comenzaba una nueva pero muy breve etapa de su vida castrense ya que estaba en marcha un proceso conspiratorio que esta vez sí triunfaría y supondría el final del reinado de Isabel II.

Guzman tenía entonces 49 años de edad y de su matrimonio con Dorotea Shakery había tenido ya al menos tres varones y dos hembras: Francisco, Miguel, Antonio, Julia y Amalia, nacidos en su mayor parte en San Roque al igual que su esposa.


(Continuará).




martes, 16 de junio de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XIX). BRIGADIER MIGUEL GUZMÁN CUMPLIDO (1819-1895). Décima parte

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 15 de junio de 2020, pág. 16,

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


Miguel Guzmán Cumplido ostentaba en 1862 el empleo de segundo comandante de la Guardia Civil y se encontraba al frente de la Comandancia de Málaga. Su impresionante hoja de servicios era ya entonces más que acreedora a una de las más extensas biografías que pudiera tener un guardia civil del siglo XIX. 

De más que acreditado valor se trataba de un hombre de acción, haciendo grande una de las principales premisas de la vida militar que es la de ocupar siempre los puestos de mayor riesgo y fatiga. 

Mientras tanto, continuaba cosechando nuevos éxitos profesionales en nuestra vecina provincia de Málaga, un escenario que al igual que nuestra Comarca, era entonces tremendamente complejo y complicado. 

Por un lado estaban las peligrosas y violentas bandas de contrabandistas, cuyo género procedía de la colonia británica de Gibraltar. Si bien ello era objeto principal del Cuerpo de Carabineros del Reino, eran muy habituales también los enfrentamientos con la Guardia Civil, pues por mucho que se intentase enmascarar, el contrabandista era un delincuente, que en cuadrilla y armado, no estaba dispuesto a dejarse aprehender. 

Y por otro lado, estaban los que entonces eran los principales enemigos de los abnegados miembros del benemérito Instituto, formados en el catecismo del duque de Ahumada, que no era otro que la denominada “Cartilla del Guardia Civil”, que el próximo 20 de diciembre cumplirá 175 años. Se trataban de las partidas de bandoleros que asolaban caminos, viviendas y honras en una España entonces eminentemente rural.

La Guardia Civil llevaba ya casi dos décadas luchando exitósamente contra dicho mal, aún a pesar de la conflictividad e inestabilidad política y social de la época. Un ejemplo más de aquello, entre los que figuran anotados en su hoja de servicios, es la felicitación recibida por real orden de 6 de mayo de 1862. El motivo era haber dirigido la persecución y captura de cinco bandoleros que en la noche del 16 de abril anterior habían asaltado la diligencia de Málaga a Granada.

Hay que significar que la lucha incansable contra el crimen iba intercalada con la actuación benemérita de la Guardia Civil, tal y como se recogió también en la hoja de servicio de nuestro protagonista. Por real orden de 19 de julio de 1860, Miguel Guzmán recibió las gracias del teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, director general del Cuerpo, por los servicios prestados en la ciudad de Málaga durante la enfermedad del cólera morbo.

Según la tesis doctoral “Enfermedad y Sociedad en Málaga. El Cólera morbo asiático (1833-1885)”, de David Alberto Delante Segura (Málaga 2003), donde se cita la actuación de los guardias civiles, la epidemia de 1860 causó 454 muertos en la ciudad. Tuvo su origen en el desembarco de heridos y enfermos procedentes de la campaña africana, una vez firmado el Tratado de Paz de Wad-Ras en abril de dicho año.  

Por otra real orden de 30 de enero de 1863 Guzmán fue destinado a mandar la Comandancia de Sevilla, perteneciente al 4º Tercio, cesando a fin de febrero siguiente en el mando de la de Málaga, correspondiente al 8º Tercio. 

Ascendido al empleo de primer comandante el 5 de marzo siguiente, apenas estuvo ocho meses al frente de la Comandancia hispalense ya que por real orden de 26 de septiembre volvió a ser destinado al mando de la Comandancia de Málaga, incorporándose el 1º de noviembre.

Entre las felicitaciones que continuó recibiendo, destacaba la dictada por real orden de 17 de abril de 1865, relativa a un brillante servicio que había prestado con motivo de la persecución y captura de los autores de un rapto que se había perpetrado en la provincia de Málaga ocho años antes.

Dicho suceso había tenido gran repercusión a nivel nacional en la prensa de la época. Gracias a la detallada crónica publicada el 23 de julio de 1857 en “El Correo de Andalucía” y reproducida cinco días después en el periódico monárquico madrileño “La Esperanza”, se puede completar lo que no relata la hoja de servicios de Miguel Guzmán. 

El suceso había acaecido en la noche del 19 de ese mismo mes, en la “Hacienda de Zapatero”, sita a unas dos leguas de Málaga. Antonio Campos, “dueño de ella y acaudalado capitalista de esta ciudad”, se encontraba en la misma junto a su esposa y su único hijo de unos doce años, así como algunos jornaleros y operarios.

Llegaron a la puerta principal cuatro hombres, dos vestidos con uniformes de la Guardia Civil, otro con el de la guardia minicipal rural y el último asegurando que era el alcalde pedáneo. Manifestaron que iban buscando a unos desertores del Ejército y que por lo tanto era preciso encerrar a todos los trabajadores para ir reconociéndolos uno a uno.

Una vez introducidos en una habitación y echada la llave subieron a los aposentos familiares, dejando ya claro que “no eran otra cosa que cuatro miserables bandidos”, intimidándoles para que les entregaran doce mil duros. Como no tenían esa cantidad en la vivienda terminaron por llevarse cautivo al niño, huyendo a continuación. 

Avisado el puesto de la Guardia Civil, en cuyo auxilio acudieron fuerzas de los limítrofes, fue inútil pues los bandoleros habían desaparecido con el niño. Hacía poco de más de dos meses que se había hecho cargo del mando de la provincia de Málaga el primer capitán Miguel Guzmán, dirigiendo, vigilando e impulsando personalmente el servicio. Días después los padres recibieron una carta del hijo diciendo que se encontraba bien y reclamando el pago de su rescate.

Fruto de su tenacidad y del esfuerzo incansable de sus hombres, el periódico madrileño “La España”, en su edición de 1º de agosto siguiente, informaba de que el 25 de julio había sido ya capturado por la Guardia Civil uno de los sospechosos del secuestro. Se llamaba Felipe Sánchez Mira, natural y vecino de Colmenar, que trabajaba como guarda de campo cerca de Málaga. Se le había intervenido un uniforme viejo de la Guardia Civil y tres escopetas.

“El Clamor Público”, periódico del Partido Liberal en Madrid, correspondiente al 2 de agosto, reproducía que “El Avisador Malagueño” había publicado el 29 anterior, que el niño tras ocho días de cautiverio había regresado sano y salvo al domicilio familiar.

Nuevamente era “La España” quien el 16 de agosto informaba a sus lectores que varios sospechosos de estar relacionados con dicho secuestro serían juzgados próximamente en consejo de guerra.

“La Discusión” del 5 de noviembre daba cuenta de que el 31 anterior, fuerzas de la Guardia Rural habían dado muerte en una emboscada a otro de los sospechosos de participar en el secuestro, llamado Manuel Díaz. Se trataba de un peligroso delincuente, autor de un asesinato y otro secuestro, que llevaba dos años fugado de la cárcel de Málaga, después de sentenciado a 20 años de condena por sus crímenes.

Casi ocho años después de aquello la Guardia Civil de Málaga, con Miguel Guzmán al frente, terminaba de capturar a los últimos sospechosos del secuestro que quedadan en libertad.


(Continuará).