viernes, 30 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LXI). NACE EL PRIMER BOLETÍN OFICIAL DE LA GUARDIA CIVIL (1858).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 3 de agosto de 2026, pág. 13.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.




El 24 de julio 1858 se editó el último ejemplar del periódico “El Mentor del Guardia Civil”, concretamente el núm. 143, que tuvo las oficinas de su redacción en la calle de Tudescos núm. 5 de Madrid. Había comenzado su andadura el 1º de agosto de 1855, publicándose a partir de entonces los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes.

Había sucedido al periódico “Guía del Guardia Civil”, cuyo primer número se había editado el 1º de octubre de 1850, si bien su equipo editorial y empresarial, amén su dirección postal, eran completamente diferentes. Tuvo su primera redacción en la calle Leganitos núm. 6, de la mentada capital madrileña, publicándose desde entonces los días 1, 10 y 20 de cada mes. A partir del núm. 59, publicado el 10 de mayo de 1852, su redacción pasó a la Plazuela de Oriente núm. 10, piso 2º derecha, de dicha ciudad. A partir del núm. 152, editado el 20 de mayo de 1854, pasó a instalarse en la Plazuela de Santo Domingo núm. 26, segundo piso. Prosiguió allí hasta el núm. 160, de 10 de marzo de 1855, que trasladó su redacción a la Cuesta de Santo Domingo núm. 13, cuarto 2º de la derecha, también de Madrid, donde continuó hasta su último ejemplar, el 173, publicado el 20 de julio de dicho año.

Es de resaltar que, en ambos periódicos, bajo el titular de la correspondiente cabecera, se mantuvo en todo momento, y desde el principio, la prioritaria frase de que el honor era la divisa del benemérito Instituto.

Transcurrida esta impresionante andadura periodística de la primera y principal institución policial estatal del país, que sumaba ya casi ocho años de publicaciones periódicas, casi semanales, entre ambos medios de prensa de propietarios privados diferentes, había llegado el momento de que se crease institucionalmente el “Boletín Oficial de la Guardia Civil”. La Benemérita llevaba ya camino de casi tres lustros de existencia, estando desplegada por todo el territorio peninsular español, además de las Islas Baleares.

La nueva publicación periódica institucional editó su primer número el 1º de agosto de 1858, anunciándose que desde la Inspección General del Cuerpo se publicaría los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes, es decir, en las mismas fechas que se había venido haciendo con “El Mentor del Guardia Civil”. 

Por supuesto, mantuvo, debajo justo de su cabecera, la frase más notable del sentir de todos los que componían el benemérito Instituto: “El honor es la divisa del Cuerpo. Art. 1º de la Cartilla del Guardia Civil”, pues el honor era el verdadero patrimonio de todos y cada uno de los miembros del benemérito Instituto.

Sin embargo, con la publicación de este boletín oficial, que hoy día, 168 años después de su aparición continúa editándose, no se encontraría ya a su frente como inspector general de la Benemérita, el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta.

El 30 de junio de 1858, publicado al día siguiente en la “Gaceta de Madrid”, la reina Isabel II firmó un real decreto, por el que se cesaba a quien por tercera vez había sido presidente del gobierno. Se trataba del diplomático y gaditano, Francisco Javier de Istúriz Montero, también era el ministro de Estado y de Ultramar. En las mismas fechas se dictaba y publicaba nuevamente el nombramiento, en su lugar, como presidente del consejo de ministros, del capitán general Leopoldo O´Donnell Jorís, así como titular de las carteras de Guerra y de Ultramar.

Seguidamente, el 2 de julio, se publicaba en la “Gaceta de Madrid”, el real decreto por el cual, se relevaba, “del cargo de Inspector general del cuerpo de Guardias civiles” al II Duque de Ahumada. En su lugar era nombrado ese mismo día, por otro real decreto publicado al día siguiente, para sustituirle, el teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis. En el mentado núm. 1 del “Boletín Oficial de la Guardia Civil” se publicaría que, por real decreto de 14 de julio, Isabel II le había nombrado también “Senador del Reino”.

Igualmente se publicaron en ese número varias sentencias de consejos de guerra. En algunos casos eran condenas de hasta diez años de presidio a los “acusados de haber hecho resistencia con armas contra la fuerza del Cuerpo”. Pero también se publicaba la sentencia de un guardia 2º, “acusado de calumnia”, contra un teniente y un cabo, siendo condenado aquél, “a cumplir el tiempo de su empeño en el Regimiento correccional fijo de Ceuta, cuya sentencia ha aprobado el Excmo. Señor Capitán General del distrito”.

A continuación se añadía la siguiente nota: “Al publicar la anterior sentencia, nos sentimos afectados por el sentimiento que nos causa el estampar en las columnas del primer número del Boletín, el castigo impuesto a un individuo del Cuerpo por la grave falta de disciplina que ha cometido, y nos permitimos, celosos siempre por el buen nombre de la Institución, recordar a nuestros lectores la buena moralidad tan recomendada en el Cuerpo como base principal de su existencia, y que tanto debe distinguir a los individuos que visten con orgullo su uniforme”.

En el “Boletín Oficial de la Guardia Civil” se continuaron publicando, al igual que anteriormente había hecho el “Guía del Guardia Civil” y “El Mentor del Guardia Civil”, los servicios más destacados que iban practicando los diferentes puestos desplegados por el territorio nacional. 

Por supuesto, el puesto de Algeciras no podía faltar, al igual que su labor benemérita, y ya en el número 4, de 24 de agosto de 1858, se publicó el siguiente servicio: “El cabo primero Pedro Martínez Díaz y fuerza del puesto, cooperó a la extinción de un incendio que tuvo lugar en los montes inmediatos a Algeciras el 30 de julio último, libertando de ser presa de las llamas varios cortijos, ropas, granos y demás que había en ello, y evitando la propagación a los rastrojos y mieses que quedaban por segar en la campiña, distinguiéndose particularmente en este servicio por el arrojo y acierto con que lo desempeñaron los Guardias José Torres y José Gómez.” Por supuesto, el nuevo inspector general del benemérito Instituto, “que se ha enterado con aprecio de este buen servicio, ha dado las gracias por él a sus subordinados”.

(Continuará).

 

lunes, 26 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LX). EL ÚLTIMO SERVICIO EN ALGECIRAS PUBLICADO EN “EL MENTOR” (1858).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 27 de julio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 

En el núm. 138 del periódico “El Mentor del Guardia Civil”, del 16 de junio de 1858, se publicó un extenso artículo de casi tres páginas. Estaba referido a los sucesos acaecidos en las localidades sevillanas de Utrera y El Arahal, iniciados el año anterior con el ataque a la casa-cuartel de la Benemérita en la primera de las localidades citadas, y que posteriormente se extendió a otros lugares.

El oficial de la Guardia Civil que se encontraba entonces recién destinado en Utrera era bien conocido en el Campo de Gibraltar, pues había estado destinado en el mismo desde principios de 1845 hasta principios de 1857, primero en el empleo de alférez y después en el de teniente. Se trataba del recién ascendido 2º capitán de Caballería de la Benemérita Juan Morillas Casas.

Su anterior destino, con cabecera en la localidad gaditana de San Roque y demarcación el Campo de Gibraltar de entonces, había sido simultáneamente concedido en la real orden de 12 de enero de 1857, publicada en la “Gaceta de Madrid” núm. 1.484, de día 26 de ese mismo mes, al alférez de Caballería Félix Ruiz del Portal Sáenz, que procedía del 11º Tercio (Burgos). A su vez, en dicha real orden, Morillas fue destinado a “la media compañía escuadrón” del mentado 11º Tercio, que estaba vacante por fallecimiento del 2º capitán Miguel Góngora.

Sin embargo, muy pocas semanas después, concretamente en la “Gaceta de Madrid” núm. 1.507, de 18 de febrero siguiente, y “sin haberse presentado” todavía en su nuevo destino, Morillas sería destinado, por real orden de 4 de dicho mes, al Primer Escuadrón de Caballería del 3º Tercio (Sevilla), con residencia en Utrera. Simultáneamente, y en la misma real orden, el anterior titular de esta unidad, el 2º capitán Antonio Chinchón Fernández, sería destinado a aquella “media compañía escuadrón” del mentado 11º Tercio.

Mientras tanto, en el Campo de Gibraltar se continuaba una constante lucha contra el contrabando procedente de la colonia británica del Peñón. De hecho, en dicha “Gaceta de Madrid”, se publicaba por el Ministerio de Marina, respecto a los servicios prestados por los guarda-costas, que, “la escampavía Atrevida, del apostadero de Algeciras, en la noche del 5 del actual apresó un bote, conteniendo cinco bultos de tabaco”. Hay que significar que no era una aprehensión excepcional sino habitual, tal y como se puede constatar en la lectura de anteriores y posteriores publicaciones en ese mismo medio que, aunque no se denominaba todavía como “Boletín Oficial del Estado”, funcionaba realmente como tal.

Prosiguiendo con el núm. 138 de dicho periódico, éste iniciaba el referido artículo: “Nuestros lectores recordarán que en medio de la apacible tranquilidad que se gozaba en toda España un año ha, y cuando más asegurada parecía estar la paz en toda la Península, una horda de descontentos, arrastrados sin duda por los trastornadores de oficio, se lanzaron al campo en las Andalucías, con una odiosa enseña repugnada de todos los hombres sensatos: aquellos dieron el grito de rebelión, señalando sus primeros actos con hechos vandálicos, indignos de corazones hidalgos de esta tierra clásica de caballerismo. La propiedad fue el primer blanco de sus criminales instintos; el robo, el saqueo y el fuego, las huellas que marcaban su paso por las poblaciones que encontraron en su precipitada marcha y fugaz existencia.”

El extenso artículo continuaba: “La Guardia civil entonces, como siempre, supo llenar su deber, porque los individuos de este Cuerpo, considerados continuamente de servicio, saben, y así lo cumplen, que cual centinelas de un puesto militar, su Reglamento les exige una constante vigilancia para no ser sorprendidos por ningún suceso, sea de la clase y condición que fuere; y en efecto, la Guardia civil día y noche, consagrada a velar por la paz y tranquilidad de la Nación, mal podría responder a su Reina de la conservación de objetos tan preciosos, si sus individuos, fieles observadores del Reglamento del Cuerpo, no estuviesen siempre atentos al más puntual y exacto cumplimiento de sus sabios preceptos”.

Dicho artículo, que realmente tenía una finalidad más formativa que informativa, finalizaba “recomendando a nuestros lectores la observancia de lo que dejamos expuesto en las precedentes líneas, cuya lectura consideramos de reconocida utilidad para los nuevos guardias que están ingresando y completando su instrucción: no las olviden los comandantes de los puestos, como únicos responsables de cuanto suceda en los de su mando”. 

Tal y como se exponía, casi al final: “La Guardia civil, pues, no puede, sin exponerse a ser sorprendida, seguir en esto la costumbre, casi general en la estación presente en los pueblos, de salirse a tomar el fresco a la calle”. En resumen, nunca confiarse, “que puede traer funestas consecuencias”.

No eran tiempos fáciles, y realmente nunca lo fueron para la Benemérita. El II Duque de Ahumada, como inspector general de la Benemérita, en la “Circular núm. 14”, de 14 de enero de 1857, dirigida a los jefes de Tercio, decía: “No siendo conveniente que los guardias civiles marchen desarmados por los caminos, he dispuesto que quede derogada y sin ningún valor, la circular de 13 de Enero de 1856, que previno a los individuos que marchasen aislados de un tercio a otro lo verificasen sin armas, pues que la seguridad personal es primero que todo; y así en lo sucesivo, por ningún pretexto y bajo la debida responsabilidad, marchará ningún individuo de un tercio a otro desarmado, pues ha de llevar precisamente cada uno el armamento correspondiente, dándose por los Jefes respectivos entre sí el conocimiento de alta y baja necesario”.

Finalmente, en el último número de “El Mentor del Guardia Civil”, el 143, de 24 de julio de 1858, en su sección de noticias de los servicios prestados en las diferentes Comandancias, publicaba el desarrollado por fuerzas del puesto de Algeciras.

Concretamente se relataba como los guardias civiles Lucas Fernández y José Domínguez habían cooperado a la extinción del incendio acaecido el 24 de junio, en un pinar propiedad de Antonio Ortega, vecino de Algeciras. Posteriormente, “acompañados del sargento comandante del puesto, Pedro Martínez Díaz”, ambos guardias, “se dedicaron al descubrimiento y captura de los incendiarios”, poniéndolos a disposición de la autoridad judicial. De dicho “buen servicio” quedó enterado el II Duque de Ahumada, “con aprecio”.

(Continuará).


sábado, 17 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LIX). SERVICIOS DE LA BENEMÉRITA EN EL PRIMER SEMESTRE DE 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 20 de julio de 2026, pág. 20.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

En el núm. 126 de “El Mentor del Guardia Civil”, de 16 de marzo de 1858, se publicó por la Inspección General de la Benemérita la distribución de los 10.500 hombres que contaba el Cuerpo (8.850 de Infantería y 1.650 de Caballería), según real orden de 12 de febrero anterior, así como 1.500 caballos, en las 48 provincias en que estaban entonces prestando servicio. Es decir, todas las de la Península y la de las Islas Baleares.

En la provincia de Cádiz continuaba desplegada la 3ª Compañía del Tercer Tercio de la Guardia Civil (Sevilla). Tenía una plantilla de 326 miembros del benemérito Instituto, de los que 260 eran de Infantería y 66 de Caballería, contando con 62 caballos.

También en ese mismo ejemplar de dicho periódico se publicaba el resumen de las aprehensiones del Cuerpo en las mentadas 48 provincias, efectuadas en enero de 1858. En total, 2.132 detenidos: 636 delincuentes, 451 ladrones, 93 reos prófugos, 41 desertores y 911 personas por faltas leves, habiéndose intervenido además 18 contrabandos. Debe significarse que entonces la persecución principal del contrabando estaba encomendada al Cuerpo de Carabineros del Reino. Respecto a Benemérita de la provincia de Cádiz, detuvo ese mes a 172 personas: 45 delincuentes, 30 ladrones, 5 reos prófugos, 1 desertor y 91 personas por faltas leves, habiendo intervenido además 4 alijos de contrabando.

En el siguiente número de “El Mentor del Guardia Civil”, el 127, de 24 de marzo, se publicaba un listado suscrito seis días antes, por provincias, relativo al número de hombres que realmente faltaban por completar la plantilla de los 10.500 citados anteriormente. A nivel nacional había 519 vacantes de las que 27 correspondían a la provincia de Cádiz. La prioridad en el benemérito Instituto en materia de personal seguía siendo la misma desde su fundación en 1844, es decir, seleccionar con rigor el ingreso y la permanencia de los más idóneos.

Poco después, concretamente en el núm. 133, publicado el 8 de mayo siguiente, aparecía en las páginas dedicadas a los servicios más distinguidos del Cuerpo, los prestados por el puesto de Algeciras. Resultó que el cabo 1º Pedro Martínez Díaz, comandante de dicha unidad, había tenido conocimiento de que el 26 de febrero anterior resultaron heridos dos niños de aquella vecindad, por un vecino de la misma. Inmediatamente dispuso que los guardias civiles Antonio Santos Pérez y Lucas Fernández Pascual, “salieran para prender al delincuente, lo que lograron a los pocos momentos”. Puesto a disposición judicial del partido, dicha autoridad “quedó muy complacida de la pronta captura del agresor”, y el II Duque de Ahumada, como inspector general de la Benemérita, se hizo constar que, “se ha enterado con satisfacción de este buen servicio”.

En “El Mentor del Guardia Civil” núm. 137, de 8 de junio siguiente, se reseñó otro servicio del puesto de Algeciras. Nuevamente su comandante, el reiterado cabo 1º Martínez, encabezaba la noticia. Resultó que acompañado esta vez de los guardias civiles José Torres Martín y José Domínguez Pérez, procedió el 25 de abril anterior, a la aprehensión de dos “monederos falsos”, en cuyo interior fueron ocupados, “varios efectos de fabricación, una pistola y un cuchillo”.

Aunque uno de los objetos principales de consulta de este medio de prensa es reseñar los servicios más distinguidos que se iban realizando por los diferentes puestos de la Guardia Civil desplegados por la mayor parte del territorio nacional, en este caso los del puesto de Algeciras, no se puede dejar de citar sus relevantes artículos de opinión. Así, en el número 139, publicado el 24 de junio siguiente, se publicaba un breve artículo del “secretario de la Redacción”, apellidado Ortiz, que comenzaba:

“A medida que la fuerza del Cuerpo va extendiendo su benéfica acción en el país, y que sus individuos se van aleccionando en el servicio del instituto, se van tocando también tocando los resultados de su acción protectora, y las gentes honradas miran con satisfacción que el crimen si no se estirpa, porque esto no es posible, disminuye notablemente sin que la impunidad tan común antes de existir la Guardia civil, aliente a los perpetradores. Los individuos del Cuerpo no conocen patria, edad ni tiempo en los delincuentes; no ven en ellos otra cosa que seres perseguidos por la ley, y como fieles guardianes de ésta solo cuidan de someterlos a su fallo.”

Y tras exponer una serie de detalles concretos relativos a un caso puntual, finalizaba afirmando que: “Vemos con satisfacción que no solo a los que delinquen en España, sino también a los extranjeros que huyen a ella, perseguidos por la ley, alcanza la vigilancia de los individuos del Cuerpo, lo que no deja de ser satisfactorio, porque es una prueba evidente de que el servicio del Cuerpo, a medida que se desarrolla, va limpiando el país de toda clase de criminales”.

Muy significativas y de gran trascendencia son las circulares de la Inspección General de la Guardia Civil que se publicaban. En el núm. 140 del mentado periódico, correspondiente al 1 de julio de 1858, aparecía la núm. 87 de 26 de junio anterior. Suscrita por el II Duque de Ahumada, comenzaba: “Habiendo observado que en varias ocasiones al aprehender los individuos del Cuerpo algún presunto reo de un delito cometido en despoblado, como robo de diligencias u otros, se contentan con ponerlo a disposición de la autoridad competente, sin formar las primeras diligencias o sumaria información”, que se disponía en el reglamento para el servicio del Cuerpo.

Por tal motivo, se reiteraba que, “cuando aprehendan algún presunto reo de delito cometido en despoblado, le tomen siempre la primera declaración acerca del delito de que se le crea autor, cómplices que tuviera y demás que pueda dar luz para el completo descubrimiento de los hechos que es lo que constituye las primeras diligencias, con las cuales debe ser entregado al juzgado o autoridad competente”.

Finalizaba afirmando que: “Todos los individuos del Cuerpo deben conocer lo trascendental que puede ser a la recia administración de justicia el dejar de formarse dichas primeras diligencias, y que ni por morosidad ni por consideración de ninguna especie deben dejar de cumplir con esta parte de sus deberes, porque exigiré la mayor responsabilidad al que faltase.”

(Continuará).

 

PRÓLOGO DE "BAILÉN. LA CAMPAÑA DE ANDALUCÍA EN 1808. LOS MANUSCRITOS INÉDITOS DE PEDRO AGUSTÍN GIRÓN Y FRANCISCO DE SAAVEDRA".

 

Prólogo escrito por Jesús Núñez y publicado en la obra de Juan Jesús Portillo Ramos, basado en documentación inédita del archivo familiar del VI Duque de Ahumada, Javier Chico de Guzmán y Girón.

Editado por la Editorial "Letra  Minúscula" en 2025 y comentado en Delta 13 News

 

No hay nada más apasionante para un historiador que llegar a acceder a documentos históricos inéditos, contrastarlos para comprobar su autenticidad y veracidad, así como profundizar en su estudio y terminar difundiendo con rigor y seriedad su inestimable contenido.

Y ello es lo que ha sucedido con lo que expone el autor de esta obra, Juan Jesús Portillo Ramos. Su dedicación, esfuerzo e interés, junto a la generosidad altruista y sincera del VI Duque de Ahumada, Javier Chico de Guzmán y Girón, que le ha permitido el acceso al archivo familiar, han dado como fruto maduro el libro que tiene el lector en sus manos.

Si bien la primera obra que nació de esa profunda y rigurosa investigación histórica, que proporcionará nuevos horizontes, ha sido la titulada “El Ducado de Ahumada. Una Familia al servicio de España (1700-1840)”, escrita conjuntamente con el también historiador Juan José Gómez Vidal, no se resta un ápice el innegable interés que despierta el presente libro centrado en la histórica Batalla de Bailén, acaecida en el mes de julio de 1808.

Tal y como expone inicialmente el autor, dicho hecho bélico, acaecido en la primera fase de la llamada Guerra de la Independencia (1808-1814), es uno de los acontecimientos militares más destacados y famosos en la historia de España. Lamentablente, y a pesar de su singular importancia, no supuso el final de la invasión francesa napoleónica que se prolongaría casi seis años más.

Si bien existen varias obras de gran interés historiográfico sobre la Batalla de Bailén, reviste gran valor la documentación, hasta ahora inédita, que se aporta en el presente libro, procedente de los fondos que se conservan en el archivo familiar del Ducado de Ahumada. 

Concretamente la documentación integrada en la presente obra se trata principalmente de tres redacciones diferentes sobre aquel hecho concreto de armas que finalizaría victoriosamente para las tropas españolas, aunque ello marcaría la consiguiente reacción bélica francesa que se prolongaría durante más de un lustro, hasta que concluyó definitivamente con su derrota y salida de nuestro territorio nacional.

En dos de dichas redacciones, absolutamente inéditas, la autoría corresponde a Pedro Agustín Girón Las Casas, que posteriormente alcanzaría el empleo de teniente general así como IV Marqués de las Amarillas y I Duque de Ahumada. También es preciso mencionar que sería nombrado ministro de la Guerra en dos momentos bien diferentes de la Historia de España, aunque desgraciadamente de breve duración, concretamente enmarcados en 1820 y en 1835. 

Su padre era Jerónimo Girón y Moctezuma, III Marqués de las Amarillas que llegó a alcanzar con anterioridad el empleo de teniente general. Y su madre era Isabel de Las Casas y Aragorri, hermanastra del teniente general Francisco Javier Castaños y Aragorri, bajo cuyas órdenes Pedro Agustín participaría activamente en la mentada Batalla de Bailén. Concretamente lo hizo ostentando entonces el empleo de coronel de Infantería, siendo uno de sus ayudantes generales con funciones de Cuartel maestre y mayores general.

La tercera redacción que se expone, de gran interés historiográfico también, pertenece a la autoría de Francisco de Saavedra, presidente de la Junta de Sevilla en el momento del levantamiento nacional que se produjo contra los franceses tras los hechos acaecidos en Madrid el 2 de mayo de 1808.

El contenido principal de dichas redacciones, junto a los textos documentales que les complementan, han sido incluidos en la presente obra, dado su gran interés histórico y lo inédito que constituye la mayor parte de su contenido.

Todo ello ha sido complementado por el autor con una variada y completa documentación de otros periodos históricos que contribuyen a exponer y fijar el núcleo principal de la presente obra.

Tras la reciente publicación de “El Ducado de Ahumada. Una Familia al servicio de España (1700-1840)”, Juan Jesús Portillo Ramos ha dado un paso adelante fundamental con este nuevo libro que, sin duda alguna, y sin ser el último, contribuirá a enriquecer privilegiadamente el conocimiento al lector. Y lo hará, no sólo sobre la Batalla de Bailén, sino también sobre otros aspectos complementarios de gran interés, relacionados con quien habiéndose distinguido en la misma, por dos veces sería posteriormente nombrado ministro de la Guerra, así como padre de Francisco Javier Girón y Ezpeleta, entonces un niño cuando acaecieron los hechos objeto de esta obra, que sería el II Duque de Ahumada y V Marqués de Las Amarillas, fundador del benemérito Instituto de la Guardia Civil y su primer inspector general.


martes, 6 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LVIII). LOS SERVICIOS DE LA GUARDIA CIVIL EN TODO EL AÑO 1857.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 13 de julio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



 

En el núm. 120 de “El Mentor del Guardia Civil”, 1º de febrero de 1858, y siendo todavía, por segunda vez, inspector general de la Guardia Civil el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, se publicó un detallado resumen de casi cinco páginas, exponiendo la actividad, policial y benemérita, del Cuerpo durante el año anterior. A su vez, dicho texto iba acompañado, en otras cinco páginas, de nueve cuadros de datos, relativos a las actividades realizadas. Su contenido es de interés para entender la actividad del benemérito Cuerpo en el Campo de Gibraltar, y más concretamente en el término municipal de Algeciras.

La Guardia Civil había nacido 14 años antes y desde sus inicios tuvo siempre enemigos de toda clase, dentro y fuera de la estructura estatal que, por diferentes razones, anhelaban su desaparición, tal y como había sucedido con los demás cuerpos de seguridad pública que se habían ido creando y desapareciendo anteriormente. 

Sin embargo, ello no sucedió con la Benemérita. No porque desde determinados sectores políticos y sociales no se intentase acabar con ella, sino porque creada bajo las directrices de un militar realmente excepcional, como lo fue el citado II Duque de Ahumada, se le dotó al nuevo Cuerpo, desde sus inicios, de un novedoso reglamento de servicio, otro militar de igual naturaleza y finalmente una extraordinaria “Cartilla”, donde se configuraban sus valores morales. Entre todos estos, el principal fue el del honor, convertida en la principal divisa de todos los miembros de la Guardia Civil, valioso concepto moral que entonces estaba reservado dentro del Ejército sólo a los generales, jefes y oficiales. 

A todo ello hubo que añadir, imprescindiblemente, un selecto cuadro de mandos militares que mandasen las nuevas unidades de la Benemérita que se fueron desplegando por todo el territorio nacional. Ello nunca antes había ocurrido al crearse un cuerpo de seguridad pública estatal. Otro factor fundamental, sin el cual no hubiera sido posible el nuevo Cuerpo, fue una magnífica selección de los mejores hombres que como sargentos, cabos y guardias prestarían honroso servicio en unas condiciones de disciplina y vida muy exigentes. Y a partir de aquellas primeras promociones se continuó persistiendo, todo ello bajo un elevado concepto de servicio y sacrificio, nunca conocido y exigido hasta entonces. 

La información que se detallaba a continuación en tan extenso artículo publicado en “El Mentor del Guardia Civil”, cuyo editor responsable era Francisco Ortiz, iba desgranando el contenido de “los trabajos estadísticos” que se exponían a continuación, relativos a 1857. Así, por ejemplo, se contabilizaba, “un total de 32.663 individuos que la Guardia civil ha presentado al fallo de la ley en el año que reseñamos, con 529 contrabandos aprehendidos solo en el curso ordinario de su servicio”. Hay que significar que esto último era independiente de los numerosos servicios efectuados por Carabineros, Cuerpo que tenía por misiones principales, la persecución del contrabando y velar por el resguardo fiscal.

De esas 32.663 personas que habían sido detenidas por la Benemérita, a lo largo de 1857, por todo el territorio nacional donde estaban desplegados (Península e Islas Baleares), “figuran 14.584 por indocumentados o leves faltas, de manera que la parte que puede llamarse delincuente o criminal queda reducida a 18.079, entre estos figuran 1.336 prófugos de presidios y cárceles”.

Respecto a los desertores de los diferentes cuerpos del Ejército, fueron capturados un total de 822, “o lo que es lo mismo, la fuerza de un batallón al pie de guerra, que sino toda, en su mayor parte la debían considerar perdida para aquellas sin la existencia de la Guardia civil”.

Respecto a la estadística de las mentadas 32.663 detenciones durante todo el año 1857 (8.433 delincuentes, 7.288 ladrones, 1.336 reos prófugos, 822 desertores, 14.584 por faltas leves y 239 contrabandistas), los datos correspondientes a la Benemérita en la provincia de Cádiz eran de 2.305 detenidos (533 delincuentes, 347 ladrones, 121 reos prófugos, 47 desertores, 1.257 por faltas leves y 32 contrabandistas). Ha de significarse que nuestra provincia gaditana no se encontraba ese año a la cabeza de la estadística criminal, pues tal y como se citaba expresamente, de las 48 provincias detalladas, “advertimos que las de Sevilla, Jaén, Huelva, Ávila y Madrid, son en las que la Guardia civil ha verificado más aprehensiones”.

Entre los diferentes resúmenes que se publicaban hay que destacar el de “los auxilios prestados a carruajes en los diferentes caminos de España”. Tal y como se resaltaba, “los efectos de un vuelco, atascamiento o rotura en medio de un solitario despoblado, sin ninguna otra esperanza que la presencia de la Guardia civil, hace providencial su presencia”. Dentro del extenso resumen se mencionaba expresamente que la actuación de la Benemérita, “no se limita en estos casos a procurar la habilitación del carruaje, sino que despojándose de sus ropas las ceden a señoras y niños, y ponen a su disposición sus propias camas para que se alberguen, mientras que el veterano guardia con su bigote helado y entumidos los miembros, permanece sobre la nieve custodiando el carruaje y equipajes, cuya marcha de aquél queda en activar su camarada de pareja”.

Refiriéndose a una cuestión tan importante de la época como eran los robos a dichos carruajes, tanto de pasaje como de mercancías, se afirmaba que, “su reducido número deja conocer que las vías generales en España están aseguradas, porque atendido el desarrollo de medios de transporte que se nota de algunos años a esta parte, es insignificante aquel guarismo si se tiene en cuenta lo que sucedía antes en España, tratándose de la seguridad de los caminos”.

Mención especial merecía el apartado dedicado a los servicios beneméritos, citándose que 301, de los de verdad, habían sido los de carácter humanitario, prestados durante todo el año 1857. De ellos, “15 heridos recogidos; 95 sacados de entre las nieves; 119 arrebatados a la corriente de las aguas; 27 enfermos abandonados al mal en los despoblados; 10 atropellados por carruajes; 17 extraídos o salvados de hundimientos, y 18 arrancados a las llamas”.

Por supuesto, ese constante servicio de lucha contra la delincuencia y su prestación benemérita, había tenido también un sacrificio humano entre las propias filas de la Guardia Civil, haciéndose constar que 4 de sus miembros habían muerto y 18 resultado heridos, en actos de servicio.

(Continuará).