jueves, 16 de abril de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXV). EL IMPORTANTE AÑO 1852, SUS PUBLICACIONES Y LA BENEMÉRITA.

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 2 de febrero de 2026, pág. 13.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 

 

 

La Benemérita, desde su fundación, siempre ha mantenido, además del honor por divisa, lo cual constituye su principal valor, un significativo espíritu de servicio y sacrificio. Y junto a sus recios pilares fundamentales, ha sabido compaginarlos con la legislación y normativa vigente en cada momento, desde hace ya casi 182 años.

 

El “Guía del Guardia Civil”, que tenía como subtítulo “periódico dedicado al Cuerpo”, en su ejemplar núm. 7, correspondiente al 1º de diciembre de 1850, comenzaba: “Todas las instituciones, todos los gobiernos, toda corporación cuando tratan de crear, tienen graves inconvenientes que vencer. La Guardia Civil, por lo mismo que era una institución nueva, necesitaba superarlos; y como el público había visto otros ensayos frustrados, también creyó que éste se frustraría. En 1824 se organizaron los celadores reales con la fuerza de seis a setecientos caballos, y acabaron por disolverse al poco tiempo de su creación. En tiempo de la Reina Gobernadora, se creó el cuerpo llamado de Salvaguardias, cuya organización, tampoco debió corresponder, pues igualmente fue disuelto; y de aquí la principal causa para que el público dudase de que se llevase a cabo el establecimiento de la Guardia Civil.”

 

Llegado el año 1852 se aprobaron, aunque poco conocidos, la segunda “Cartilla del Guardia Civil”, el segundo “Reglamento de Servicio de la Guardia Civil” y el segundo “Reglamento Militar de la Guardia Civil”, todo ello por real orden de 29 de julio, real decreto de 2 de agosto, y real orden de 17 de octubre, respectivamente. 

 

Aunque siempre se ha dado, lógicamente, una gran y merecida relevancia a los primeros reglamentos de 1844 y la “Cartilla” de 1845, reeditados conmemorativamente tantas veces, y por lo tanto, tan conocidos, hay que reconocer también la trascendencia que tuvieron los nuevos documentos que, oportuna y acertadamente, les sucedieron.

 

Se había forjado y se había afianzado, por primera vez en la historia policial española, una firme y sólida “Institución de Seguridad Pública estatal”, que en constante evolución ha llegado hasta la actualidad. Ello había sucedido tras un corto periodo de tiempo, de tan sólo ocho años transcurridos desde su creación. Primero por real decreto de 28 de marzo de 1844, bajo el gobierno del gaditano Luis González-Bravo López de Arjona, y después, con su modificación y puesta en funcionamiento, por real decreto de 13 de mayo siguiente, bajo el gobierno del teniente general granadino Ramón María Narváez Campos. 

 

Éste, por cierto, había sido elegido diputado titular por las provincias de Cádiz y Sevilla, en las elecciones del 22 de septiembre de 1837, optando finalmente por esta última. Gracias al magnífico trabajo del coronel de Artillería (r) Juan Antonio Gómez Vizcaíno, publicado recientemente en la “Revista de Historia Militar”, se detalla que Narváez, después de unos complejos sucesos conspiratorios acaecidos en noviembre del año siguiente en Sevilla, tuvo que refugiarse temporalmente, a partir del 1º de enero de 1839, en la colonia británica de Gibraltar. Tras una ajetreada navegación marítima en diferentes embarcaciones de distintas nacionalidades, iniciada entre las localidades gaditanas de Sanlúcar de Barrameda y Chipiona, había terminado desembarcando en Gibraltar. Allí permaneció hasta mediados de octubre de 1840, antes de seguir exiliándose a Portugal, Inglaterra y Francia.

 

Posteriormente, y tras otros muchos hechos, Narváez, además de ser ascendido a teniente general el 22 de julio de 1843, por el gobierno provisional en nombre de la entonces jovencísima reina Isabel II, se le confirió el 10 de agosto siguiente, el cargo de “capitán general del primer distrito (Castilla la Nueva)”, siendo nombrado poco después, por real decreto de 27 de octubre, senador por la provincia de Cádiz. Cada vez más en alza, por real decreto de 5 de enero de 1844, en atención a sus “relevantes méritos y eminentes servicios”, se le elevó “a la dignidad de capitán general del ejército”. Y finalmente, tras la dimisión admitida el 3 de mayo siguiente, de González-Bravo, como ministro de Estado y presidente del consejo de ministros, Narváez fue nombrado por real decreto de misma fecha, ministro de la Guerra, así como presidente de dicho consejo, haciéndose constar su condición de senador por la provincia de Cádiz. 

 

Regresando al relato dedicado a la Guardia Civil, hay que recordar que, desde su creación, en 1844, hasta esta segunda tanda de disposiciones normativas de 1852, España tuvo diecinueve ministros de la Gobernación y dieciocho ministros de la Guerra, mientras mantuvo a la misma persona al frente de la Benemérita. Ello fue fundamental para que no sucediera lo mismo que con las anteriores instituciones policiales del Estado, que habían ido desapareciendo una tras otra. 

 

Sin embargo, el II Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón Ezpeleta, no sólo permaneció al frente de la Guardia Civil todavía dos años más, concretamente hasta el 1º de agosto de 1854, sino que volvió a dirigirla por segunda vez, por real decreto de 12 de octubre de 1856, hasta el 1º de julio de 1858, siendo nombrado el 2 de junio de 1862, comandante general del “Real cuerpo de Guardias Alabarderos”, a cuyo frente permanecería hasta el 15 de julio de 1866.

 

Por otra parte, hay que significar que la “Gaceta de Madrid”, antecedente histórico del “Boletín Oficial del Estado”, publicó el 18 de noviembre de 1852, en su sección de “Noticias varias”, una nota con los títulos de los 86 periódicos, “entre chicos y grandes”, que entonces se publicaban en Madrid. Buena parte de esos medios se difundían por todo el territorio nacional, principalmente por el método de la suscripción. La provincia de Cádiz, y su Campo de Gibraltar, recibían un número considerable de ejemplares de diferentes medios, entre los que destacaban, en este caso, los de carácter militar.

 

Entre estos últimos, mencionados expresamente en dicha sección de noticias, se encontraban, por orden de citación, el “Boletín Oficial del Ejército”, el “Guía del Carabinero”, el “Guía del Guardia Civil”, “La Gaceta Militar”, “La Revista Militar”, el “Memorial de Artillería” y el “Memorial de Ingenieros”. Por cierto, aunque no se citaba en dicha reseña, también hay que mencionar el “Memorial de Infantería”, que el 1º de noviembre de 1852, casi tres semanas antes de dicha reseña, acababa de editar su primer número. Todos ellos se difundirían en nuestro Campo de Gibraltar.

(Continuará).

 

 

viernes, 10 de abril de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXIV). LA ENTREGA Y TRASLADO DEL BANDIDO “ZAMARRA” POR LA BENEMÉRITA.

  

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 26 de enero de 2026, pág. 11.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 



El análisis y estudio de las fuentes hemerográficas es muy importante en la labor de los historiadores para poder explicar, y en su caso interpretar, las cuestiones relacionadas con la creación, desarrollo, existencia e incluso desaparición de las instituciones. Si bien, no siempre todo lo que se publicaba era cierto o había acontecido como se detallaba, sí resulta de gran utilidad, entre otras fuentes, la consulta de publicaciones de la época interesada, bien para obtener información, contrastarla, desacreditarla, investigarla y así un largo etcétera. 

 

Sin embargo, cuando no se dispone de dichas fuentes hemerográficas, bien porque han desaparecido por cualquier causa o simplemente no han existido, por la razón que fuera, resulta mucho más difícil acreditar su supuesto protagonismo, por mucho interés que surja a posteriori por reescribir una historia que no se puede verificar o que simplemente, por cualquier finalidad, se desea inventar.

 

Afortunadamente en el caso concreto de la Benemérita, ello no sucede, pues no sólo se conserva una abundante y muy detallada colección legislativa de documentos desde su fundación y posterior desarrollo, sino que la prensa de la época, al desplegarse los guardias civiles por todo el territorio nacional, reseñó sus innumerables actuaciones y servicios. A ello hay que sumar la publicación de medios de prensa específicos como el “Guía del Guardia Civil”, desde octubre de 1850, y del que nos venimos refiriendo en los últimos artículos, seguido, años después, de “El Mentor del Guardia Civil”, y continuado por el “Boletín Oficial de la Guardia Civil”, que hoy día se sigue editando.

 

En esta ocasión se va a acudir a diversas fuentes hemerográficas, de titularidad pública y privada, para reseñar un hecho acaecido en 1851 en nuestro Campo de Gibraltar, con mención expresa de Algeciras, entre otros términos municipales de nuestra Comarca, y a los que toda la prensa nacional de la época hizo referencia concreta en varias ocasiones.

 

Se trata de la captura y posterior ajusticiamiento de uno de los criminales más conocidos de la época por estas latitudes, que dirigía una de las principales bandas delincuenciales que entonces existían. Se trataba del “célebre bandido Cristóbal Ruiz Bermúdez”, tal y como lo citaba la prensa de la época. Era conocido por los apodos de “Zamarra” y “Zamarrilla”, nacido, según contaban, en el año 1796 en la localidad malagueña de Igualeja, sita en Sierra de Ronda, a unos veinte kilómetros, al sur, de dicha ciudad. Por cierto, hay que recordar, que mucho tiempo después, durante parte de la Segunda Guerra Mundial y su inmediata posguerra, todo ese territorio perteneció a la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, conformando su Compañía de Ronda, razón por la cual no se puede desentender de nuestro Campo de Gibraltar.

 

Siguiendo con nuestro siglo XIX, hay que recordar la nota que se publicaba en “El Español”, periódico madrileño, pero de difusión nacional. Concretamente el 9 de octubre de 1851, relativa a la llegada a Tarifa de dicho criminal: “Tenemos en la isla de esta plaza al célebre bandido Cristóbal Ruiz Bermúdez, conocido por Zamarrilla, y su compadre Diego Palomeque (a) Palomo. Parece que han sido aprehendidos en Tetuán por el vice-cónsul de nuestra nación, y trasladados a Tánger y después a esta ciudad a disposición del gobernador militar. Zamarra es hombre joven, de buen despecho y maneras, produciéndose con el aplomo propio de un héroe de su clase. Palomo es hombre hecho y brusco bastante: cuentan que han sido robados en Tetuán, y sea o no exacto, ello es que no tienen medios para subsistir y se les socorre como a los demás presos; muchas personas han visto a los aventureros no por mera curiosidad sino por cerciorarse de que semejantes fieras se hallaban ya enjauladas e imposibilitadas de continuar sus estragos; luego que concluya el término de la observación sanitaria en que se hallan, marcharán a disposición de la autoridad superior militar del distrito. Nada más notable ocurre por este rincón”.

 

Tras tan reconvenida crónica, el periódico publicaba a renglón seguido, la nota remitida sobre ese mismo asunto por el entonces gobernador civil de Cádiz, Melchor Ordoñez Viana, quién al año siguiente sería, durante unos meses, ministro de la Gobernación.

 

“Según comunicación oficial que he recibido por el correo de hoy, habiendo reclamado el señor comandante general del campo de Gibraltar (se trataba del mariscal de campo Eusebio Calonge Fenollet que década y media después sería ministro de Marina y seguidamente de Estado) a las autoridades de Tánger los bandidos Zamarra y Palomeque que desde Gibraltar habían pasado a aquella ciudad, fueron entregados al señor cónsul de España y remitidos por éste a Tarifa, desde donde después de cumplir el buque que los condujo una cuarentena de tres días debía hacerse cargo de ellos el capitán de la guardia civil don Juan Morilla (teniente de Caballería de la Benemérita y capitán graduado del Ejército Juan Morillas Casas, jefe de la Sección de San Roque de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz), para conducirlos a Algeciras y desde allí a Granada, cuyo capitán general los tiene reclamados. Y creyendo de sumo interés esta noticia para los habitantes de la provincia, he dispuesto anunciarlo al público por medio del Boletín Oficial y periódicos de esta plaza”.

 

Trasladados finalmente los detenidos hasta Málaga por la Guardia Civil, y puestos a disposición del teniente general José Luciano Campuzano, capitán general de Granada, se procedió rápidamente a su enjuiciamiento. La “Gaceta de Madrid” del 19 de noviembre de 1851 publicó el siguiente despacho telegráfico: “El Gobernador de la provincia de Málaga (Simón de Roda Rodríguez, que anteriormente había sido gobernador civil de Cádiz) participa a éste Ministerio en 14 del actual, con referencia al Alcalde de Igualeja, que el día 10 del mismo había sufrido Cristóbal Ruiz Bermúdez, alias Zamarrilla, la pena de muerte que le fue impuesta por el Consejo de guerra celebrado en aquella capital y que concluida la ejecución fue conducido el cadáver a la ciudad de Ronda”.

 

Tres días más tarde, el 22 de noviembre, la “Gaceta de Madrid” publicaba también que el capitán general de Granada había dado parte de que el “Zamarra” había sido sentenciado a la pena de muerte, la cual se sufrió el 10 del corriente en la villa de Igualeja, centro del teatro de sus muchos crímenes y correrías”.

 

 (Continuará).

jueves, 2 de abril de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXIII). LA PUESTA EN VALOR EN 1850 DEL “GUÍA DEL GUARDIA CIVIL”.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 19 de enero de 2026, pág. 13.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 

 

El inicio de la publicación periódica, a partir del 1 de octubre de 1850, del “Guía del Guardia Civil”, apenas seis años después de la creación de la Benemérita, tuvo una importante repercusión, dentro y fuera del Cuerpo. Hay que decir que, incluso comenzó a publicarse antes de que algunas Armas y Cuerpos de mayor antigüedad y presencia en la vida nacional, editaron algo similar. De hecho, el periódico dedicado al Cuerpo de Carabineros se inició, por la misma editora, tres meses más tarde, aunque éste se hubiera creado tres lustros antes.

 

Su aparición pública fue inmediatamente analizada y comentada, favorablemente, no sólo en la llamada prensa militar de la época, sino también en la civil que se editaba entonces, principalmente en la capital del Reino.

 

Uno de esos periódicos más conocidos entonces, editado en Madrid, pero de difusión nacional, incluido nuestro Campo de Gibraltar, que tuvo una historia intensa y extensa en aquella época, fue “El Archivo Militar”, que había comenzado a publicarse el 1 de abril de 1841. Debajo del titular de su cabecera, aparecía como subtítulo: “Periódico dedicado a promover los intereses del Ejército”, significándose que en absoluto se trataba de una publicación oficial, sino que era de carácter privado.

 

En la tercera página del núm. 106 de la 2ª época de dicho periódico que entonces aparecía los martes, jueves y sábado de cada semana, publicado el 3 de octubre de 1850, se editó un extenso artículo dedicado a la aparición, dos días antes, del primer ejemplar del “Guía del Guardia Civil”. Su contenido es bastante ilustrativo.

 

Comenzaba: “Con el título de Guía del guardia civil ha empezado a publicarse un periódico esclusivamente (sic) dedicado a este cuerpo. A juzgar por el primer número, que tenemos a la vista, los redactores del Guía han comprendido perfectamente su misión periodístico-militar, y aunque encerrados en la monotonía de su especialidad, ofrecen a sus lectores, muchos de los que necesariamente serán individuos de la clase de tropa, a los que parece que principalmente se dirigen, bastante amenidad, gran copia de sana doctrina, mucho interés y no poca instrucción en todo lo relativo al servicio del cuerpo. Creemos, por lo tanto, que esta publicación alcanzará larga vida, y lo creemos tanto más, cuánto que su módico precio de real y medio al mes permite su adquisición sin el menor detrimento, aun a las clases más inferiores de la guardia civil.”

 

Tras detallarse diversos aspectos de la composición, edición y publicación de dicho periódico, se seguía comentando la opinión que merecía la nueva publicación: “Está visto que la guardia civil es un cuerpo que desde el primer día de su creación camina rápidamente al más alto grado de perfección posible, y que esta perfección será duradera por cuanto se ponen para ello todos los medios, hábilmente combinados.”

 

Seguidamente, en el artículo citado se ponían en valor las virtudes que por primera vez habían conseguido que una institución de seguridad pública de ámbito estatal, pudiera mantenerse en el tiempo, como así se ha demostrado que ha sido, lo cual no había pasado nunca antes.

 

“Primeramente se instituyó el cuerpo con el firme deseo de que produjera todos los resultados propuestos, sin omitir nada que pudiera contribuir para conseguirlo. Buena

organización, acertada elección en el personal, sabias disposiciones, mucha perseverancia, y repetidos ejemplos de moralidad y buen cumplimiento, fueron las bases que se establecieron.”

 

A continuación, dicho artículo puso en valor la documentación normativa que se había ido publicando, referente a la propia Benemérita, y que por primera vez fue agrupada y editada posteriormente para facilitar su consulta y tenencia en las unidades: “Después, para facilitar la ejecución de las disposiciones sucesivas, se formó una colección de todas las reales, órdenes, y circulares referentes a la guardia civil (únicas en su clase que hay en el ejército); espedidas (sic) en cada año, cuya interesante colección consta ya de cuatro tomos, y por último, se ha fundado este periódico especial, posiblemente bajo los auspicios de la inspección general, que servirá de verdadero Guía a los individuos del cuerpo.”

 

La conclusión del artículo no podía ser de mejores deseos de éxito para el “Guía del Guardia Civil”, que aunque sólo se había publicado entonces el primer número, resumía muy bien, y con visión de futuro, la obra que años después, tras pasar por “El Mentor del Guardia Civil” se transformaría en el boletín oficial del Cuerpo: “Esta última disposición que tan buenos resultados debe producir, prueba por el pronto que cuando cada diez días se publican todos los actos y todas las disposiciones de la inspección general, en vez de temer ésta ser acusada por sus descuidos o por sus parcialidades, tiene por el contrario mucho celo y mucha justicia que ostentar. Por nuestra parte de ningún modo mejor podemos dar a conocer a nuestro nuevo colega que trasladando a nuestras columnas, como lo hacemos, la mayor parte de las materias que las suyas contienen.”

 

Más breve pero muy significativo también, entre otros muchos periódicos civiles, principalmente madrileños, siendo estos los más numerosos, que entonces se hicieron eco del nuevo medio dedicado a poner en valor a la Benemérita y difundir su actuación, no sólo entre sus miembros, sino entre todos los lectores del país, mediante suscripción, fueran de la condición que fuesen, es el ejemplo de “El Popular”, subtitulado “El periódico de la tarde”, cuyo primer número vio la luz el 15 de junio de 1846.

 

En su edición correspondiente también al 3 de octubre de 1850, publicaba: “Ha empezado a publicarse en esta corte con el título de Guía del guardia civil un periódico dedicado a este cuerpo, que saldrá los días 1, 10 y 20 de cada mes. A juzgar por el primer número, que tenemos a la vista, la Guía del guardia civil satisface cumplidamente el fin que se propone, y los individuos del citado cuerpo leerán en ella cuantas noticias o instrucciones puedan apetecer para ganar, como lo están luciendo en el día con general aplauso, el grande objeto a que están destinados.”

 

Realmente toda la prensa española de esa fecha, civil y militar, daba los mismos resultados, poniendo en valor aquél primer periódico dedicado a la Benemérita.

 

(Continuará).



PRÓLOGO DEL LIBRO "LA GUARDIA CIVIL DURANTE LA REPÚBLICA Y EL 18 DE JULIO".


Prólogo escrito por Jesús Núñez y publicado en el libro "LA GUARDIA CIVIL DURANTE LA REPUBLICA Y EL 18 DE JULIO", cuyo autor es JUAN BLÁZQUEZ MIGUEL, autoeditado en 2010. Dicho prólogo consta en las páginas III-VI.


Prólogo  


Ningún conflicto civil interno -léase guerra civil- de un país, ha despertado tanto interés y originado tanta bibliografía como la nuestra de 1936-1939. Y la realidad es que a pesar de haberse publicado ya varias decenas de miles de libros e incontable número de artículos, en los más variados idiomas, siguen viendo la luz nuevas obras.

Nuestra incívica contienda es realmente una fuente sin fin, de la que no dejan de manar estudios y trabajos novedosos, sobresaliendo principalmente en los últimos años, por su volumen cuantitativo que no siempre cualitativo, los vinculados a la historiografía local.

En cambio, hay otro campo de la historiografía –la militar- que aunque de menor producción, sigue estando presente en el panorama actual, profundizando en los aspectos funcionales, operacionales, orgánicos y técnicos de las fuerzas que conformaron ambos bandos.

Los ejércitos y las milicias combatientes, bajo una u otra bandera, y en sus más variadas facetas, han sido, están y seguirán siendo también de interés para un destacado sector de historiadores e investigadores, pero queda todavía una importante parcela por rellenar: la correspondiente a las Fuerzas de Seguridad del Estado durante la Segunda República y la Guerra Civil.

La verdad es que tanto los cuerpos de la Guardia Civil, Investigación y Vigilancia, como el de Seguridad y Asalto, más el de Carabineros en aquellos casos previstos por la normativa vigente de la época o como consecuencia de las vicisitudes acontecidas, siguen siendo todavía unos grandes desconocidos de esa etapa historiográfica.

Aunque es prácticamente imposible encontrar una obra que trate sobre aquella época y no se cite en sus páginas la actuación de unidades o miembros de alguno de esos cuerpos –sobre todo Guardia Civil y Seguridad y Asalto- es muy raro que se llegue a profundizar en los mismos.

Afortunadamente, esta ausencia de bibliografía especializada referida a dicho periodo, está pasando a la historia, nunca mejor dicho, y se están despejando nuevos horizontes gracias a la aparición de nuevos y recientes trabajos de investigación.

Tales son los casos, por ejemplo, de la reciente tesis doctoral de José María Miguélez Rueda, historiador e inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía, con su brillante pero todavía inédita “Los Cuerpos de Policía durante la Guerra Civil[1], así como la que viene elaborando Agustín Pulido Pérez, teniente del Benemérito Instituto, con su “La Guardia Civil en la Segunda República (1931-1936)[2], y de la que ya ha publicado un avance de ello -“La Guardia Civil ante el Bienio Azañista (1931-1933)[3]- fruto de su trabajo de investigación con el que culminó sobresalientemente el periodo de investigación de sus estudios de doctorado.

Asimismo, cabe mucho que esperar del anunciado proyecto de Miguel López Corral, capitán de la Guardia Civil y doctor en historia y derecho, que en su próxima entrega[4], tratará en profundidad las vicisitudes de la Benemérita durante esa época, habiendo adelantado ya algo en los capítulos de otras obras de las que es autor o en las que ha participado.[5]

En principio puede llamar la atención que trabajos académicos de esa entidad y que están destinados a ocupar un importante lugar en este todavía reducido espacio temático, hayan sido elaborados precisamente por miembros en activo de esas Fuerzas de Seguridad del Estado. 

Que la historia de dichos cuerpos sea investigada y escrita por sus miembros, ha sido siempre una constante a lo largo de esta historiografía tan específica, donde la mayor parte de las obras publicadas en los siglos XIX y XX se deben precisamente a integrantes de dichos cuerpos.

Pudiera parecer como si todo lo relacionado con la historia de las fuerzas y cuerpos de seguridad sólo fuera de interés para quienes pertenecen a los mismos y el resto de historiadores e investigadores, salvo raras excepciones, permanecieran ajenos o lejanos a ello, a pesar de su singular protagonismo en el devenir histórico español de los siglos XIX y XX.

De hecho, tal y como concluye el historiador norteamericano Gerald Blayne, autor de la todavía inédita tesis doctoral “The Civil Guard and the Spanish Second Republic, 1931-1936[6], en su trabajo “La historiografía de la Guardia Civil: críticas y propuestas[7], sería deseable que hoy día, los historiadores ajenos a la misma, dada la importancia de la Guardia Civil en la historia contemporánea de España, retomasen su interés por los estudios sobre dicho cuerpo.

Y eso es lo que precisamente ha hecho con esta obra, sin ser consciente ni conocedor de tan premonitoria demanda, un historiador e investigador infatigable de la talla de Juan Blázquez Miguel, a quien le precede una prolífica y brillante obra, encabezada por su magna “Historia militar de la Guerra Civil española[8].

Este trabajo que el lector tiene en sus manos, y que su autor amablemente me ha invitado a prologar, sobre la Guardia Civil durante la Segunda República y los primeros días de la sublevación militar de julio de 1936, es fruto de una impresionante labor de investigación llevada a cabo, tras el análisis y estudio de una numerosísima bibliografía, millares de ejemplares de periódicos de la época, así como la consulta de los expedientes personales, de muchos de sus principales protagonistas.

Se trata de un amplio pero pormenorizado estudio que cubre, siguiendo la orgánica del despliegue territorial del benemérito Instituto, tercio por tercio, comandancia por comandancia, y en definitiva, provincia por provincia, las principales vicisitudes que protagonizaron durante la etapa republicana 1931-1936 y las primeras jornadas de la sublevación militar.

La llegada de la Segunda República y la tremenda violencia política y social que se vivió durante la misma, convirtió en protagonista, involuntario en la mayor parte de las ocasiones y muy a su pesar, a la Guardia Civil, que por su entidad numérica y despliegue territorial era la principal fuerza de orden público, y por lo tanto de seguridad del estado. 

No fueron tiempos fáciles para el benemérito Instituto, ni sus miembros ni sus familias que con frecuencia sufrieron, como siempre, calladamente y sin apoyo alguno, las vicisitudes de aquellos trágicos años. Durante aquellos años fueron objeto constante de la agresión dialéctica y el ataque armado por parte de los enemigos de la legalidad republicana, una legalidad que con su vida y el derramamiento de su sangre defendieron y ofrendaron centenares de sus miembros e incluso algunos de sus familiares.

Los guardias civiles de entonces, con su necesaria y siempre dual condición de militar y policía, se vieron constantemente envueltos en un debate del que nunca quisieron ser actores. Sin embargo el devenir de los hechos y la prensa del momento, tal y como queda reflejado a lo largo del presente libro, los convirtió con frecuencia en los protagonistas que nunca quisieron ser.

Este libro refleja la época más dura y más trágica de la historia de la Guardia Civil, donde por primera y única vez, quedó dividida y enfrentada. Nunca hubo un momento, ni antes ni después, como el de la sublevación militar de julio de 1936, donde desde uno y otro lado se les exigió inmediata lealtad y resuelta firmeza en su respuesta. La Benemérita, al igual que el resto de los españoles, se vio obligada a fracturarse y sus miembros, siguieron, en su mayor parte y en uno u otro sentido, pero siempre disciplinadamente, a sus jefes más inmediatos. Ni un bando ni otro perdonó a los que no les siguieron, siendo siempre los más dura y severamente castigados por ello. No hubo ni condescendencia ni piedad para aquellos guardias civiles.

Sin duda alguna, esta nueva obra de Juan Blázquez Miguel está destinada a convertirse en un libro de obligada consulta y referencia para quien quiera conocer y profundizar en las vicisitudes y devenir histórico de una de las instituciones españolas más importantes del siglo XX en uno de los periodos más cruciales y convulsivos, y sobre la que todavía queda mucho por escribir.

 Jesús Narciso Núñez Calvo[9]

   

[1] Dirigida por el profesor Isidro Sepúlveda Muñoz y defendida el 17 de junio de 2008 en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), ante un tribunal presidido por el profesor Juan Avilés Farré e integrado por los también doctores Julio Gil Pecharromán, Miguel López Corral, Eduardo González Calleja y Fernando Puell de la Villa. 

[2] Dirigida por el profesor Julio Gil Pecharromán, del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED.

[3] Almena Ediciones (2008).

[4] Las anteriores son “La Guardia Civil. Nacimiento y consolidación (1844-1874)”, Editorial Actas (1995); y “La Guardia Civil en la Restauración (1875-1905). Militarismo contra Subversión y Terrorismo anarquista”, Editorial Actas (2004).

[5] Capítulo Los Trágicos Treinta en “La Guardia Civil. Claves históricas para entender a la Benemérita y a sus hombres (1844-1975)”, autor, La Esfera de los Libros (2009); y capítulo La Guardia Civil en Madrid durante la Guerra, en “Guerra Civil en Madrid”, VV.AA., Editorial Delsan (2006). 

[6] Dirigida por el profesor Paul Preston. London School of Economics and Political Science, 2007. 

[7] Política y Sociedad, Vol. 42, No. 3 (2005), pp. 31-44..

[8] Edición del autor y compuesta por seis tomos, publicados cronológicamente durante el periodo 2003-2008).

[9] Teniente coronel de la Guardia Civil e historiador. Actualmente está finalizando su tesis doctoral “La Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz en la Guerra Civil de España (1936-1939)”, dirigida por el profesor Juan Avilés Farré, director del Departamento de Historia Contemporánea de la UNED.

sábado, 28 de marzo de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXII). EL RECORRIDO DEL "GUÍA DEL GUARDIA CIVIL" Y "EL GUÍA DEL CARABINERO".

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 12 de enero de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


Como decíamos en el anterior capítulo, el “Guía del Guardia Civil”, aunque no fuera una publicación oficial, como igualmente sucedía entonces con otras publicaciones referidas a otras instituciones, fue la primera que hubo de carácter periódico dedicada al benemérito Instituto. Éste carecía entonces de un boletín oficial. Su primer número había sido editado el 1º de octubre de 1850, continuándose hasta el 20 de julio de 1855 inclusive. Seguidamente fue sustituido por "El Mentor del Guardia Civil", precedente del actual “Boletín Oficial de la Guardia Civil”.

Sin embargo, cuando tres meses después, concretamente el 4 de enero de 1851, se inició la publicación periódica de “El Guía del Carabinero”, que al principio tampoco era una publicación oficial, pero que trataba exclusivamente de lo que interesaba en dicho Instituto, sí que terminó siéndola para el Cuerpo de Carabineros del Reino, prosiguiendo su edición en tiempos republicanos. 

Prosiguiendo con dicho Instituto, que por la Ley de 15 de marzo de 1940 fue integrado en el Cuerpo de la Guardia Civil y que tanta relevancia tuvo durante más de un siglo en toda España, muy singularmente en el Campo de Gibraltar, cuya cabecera comarcal estuvo en Algeciras. No en vano se creó una nueva Comandancia de Carabineros en 1878, segregándose de la de Cádiz.

 

Así, por real decreto de 25 de noviembre de 1834, el Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras se denominó Cuerpo de Carabineros de la Real Hacienda, pasando todos sus integrantes a ser empleados de dicho ministerio. Si bien perdió su fuero de guerra, teniendo ya carácter civil, conservó la organización militar y la nomenclatura de los empleos. Su inspección quedó a cargo de la Dirección General de Rentas estancadas, con inmediata dependencia del Ministerio de Hacienda, auxiliado posteriormente por la Sección de Resguardos, creada por real orden de 25 de abril de 1837.

 

Sin embargo, el carácter civil que se le había dado no resultó satisfactorio en su servicio peculiar ya que, por real decreto de 2 de junio siguiente, se dio una planta especial a la Comandancia de Madrid. Si bien no varió su índole civil y dependencia del Ministerio de Hacienda, recibió una organización militar y hasta un edificio para cuartel, sirviendo, “como de ensayo para la reorganización de las demás del Cuerpo”, llevándose a efecto por el reglamento de 31 de agosto de 1838.

 

Por otra parte, es importante resaltar que por real orden de 28 de mayo de dicho año quedaron todos sus miembros sujetos al consejo de disciplina del antiguo reglamento militar del Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras, parte del cual seguía en vigor, aunque sin fuero de guerra. Apenas cuatro años después, se decidió volver por razones de necesidad, moralidad y eficacia, al fuero y naturaleza militar inicial del Cuerpo, siendo dos personas muy relevantes los verdaderos artífices de ello.

 

En primer lugar, quien fue en 1829 el organizador del Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras, el Marqués de Rodil, que en 17 de junio de 1842 había sido nombrado presidente del Consejo de Ministros, ostentando también la cartera del Ministerio de la Guerra. Y, en segundo lugar, el mariscal de campo Martín José de Iriarte Urdániz. Designado Inspector de Resguardos del Ministerio de Hacienda, por real decreto de 6 de agosto siguiente, se le encomendó, al igual que casi dos años después se haría con el Duque de Ahumada respecto al Cuerpo de la Guardia Civil, proponer las variaciones que conviniera hacer en la Institución.

 

El acertado informe elaborado por el mariscal de campo Martín José de Iriarte dio como resultado la reorganización de la institución por real decreto de 11 de noviembre de 1842, pasando a denominarse Cuerpo de Carabineros del Reino, y recuperando su fuero y naturaleza militar. Si bien continuó bajo la dependencia funcional del Ministerio de Hacienda, cuyo titular era Ramón María Calatrava García-Peinado, se le daba, “una organización fuerte, especial y puramente militar”.

 

Referente al periódico corporativo, la “Gaceta de Madrid”, antecedente de nuestro “Boletín Oficial del Estado”, sacó el 11 de enero de 1851 una breve nota: “Ha comenzado a publicarse en esta corte, con el título de El Guía del carabinero, un periódico de igual índole que El Guía del guardia civil, y dirigido, según creemos, por la misma apreciable persona que redacta éste. Su objeto no puede ser más útil ni más digno, pues en ambos se limita a consolidar la educación moral de aquellos cuerpos con la frecuente enumeración de hechos merecedores de alto encomio, creando además una honrosa emulación entre los individuos que los componen. Esperamos y deseamos al Guía del carabinero la misma favorable acogida que ha obtenido su hermano mayor”.

 

Durante los primeros años se publicaron diversas noticias que previamente se habían editado en ambos medios, tanto sobre la Guardia Civil como sobre Carabineros. Especial atención merece la publicación en la “Gaceta de Madrid”, del 9 de febrero de 1852, la adhesión a la reina Isabel II, tras el atentado acaecido contra su persona y que ya fue relatado en un capítulo anterior. Fue suscrita tres días antes en Madrid por José de Valderrama, Carlos de Pravia, Juan Lorenzo, Antonio María Cebrián, Francisco Ortiz y Félix María Carvajal.

 

“Señora: El director, redactores y demás empleados de los periódicos militares Guía del guardia civil, Guía del carabinero y Veterano, manifiestan a V. M. el profundo dolor de que se hallan poseídos por el horroroso atentado con que un criminal quiso llenar de luto y de desgracias a la nación: la Providencia se apiadó de V. M. y de la España, y ha impedido aquellos horrores, salvando la preciosa vida de la Nieta de San Fernando: por ello, Señora, recibe ya las plegarias que desde el templo le dirigimos todos los españoles, dándole gracias por tanta misericordia. La magnitud del crimen se halla confundida para siempre por la magnanimidad de V. M., por el profundo sentimiento de la nación y por las pruebas de lealtad, respeto y amor con que todos sin distinción se acercan hoy a V. M., entre cuyo número tienen la satisfacción de contarse los que, llenos de iguales sentimientos y deseos, suscriben.”

 

(Continuará).

viernes, 20 de marzo de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXI). EL LEGADO DEL “GUÍA DEL GUARDIA CIVIL” Y EL “GUÍA DEL CARABINERO”.

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 5 de enero de 2026, pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


 

Durante todo el año 1852 continuó el teniente de Caballería de la Benemérita Juan Morillas de Casas, como jefe de la 4ª Sección (Campo de Gibraltar), de la Compañía de la Guardia Civil que desde principios de 1845 se hallaba desplegada en la provincia de Cádiz. Ésta era mandaba entonces por el primer capitán Pedro de Vargas, que en algunos documentos se publica también como Bargas. 

Hay que significar que, tal y como citan los escalafones de entonces, el jefe de la Guardia Civil gaditana tenía el empleo de primer comandante de Infantería y había alcanzado en 1838, por méritos de guerra, la graduación superior de coronel. Merece por lo tanto citarse una referencia que fue reproducida el 6 de marzo de 1851 en la “Gaceta de Madrid”, tras ser publicada en el “Guía del Guardia Civil”, junto a la reseña de numerosos servicios prestados por toda España. Textualmente decía:

“Son tantas las comunicaciones que recibimos de varios propietarios residentes en los pueblos de la provincia de Cádiz elogiando la guardia civil de la misma, especialmente a su Comandante Coronel D. Pedro de Vargas, que no podemos menos de tributar a dicho Jefe los merecidos elogios que aquellos le prodigan. Antes de ahora hemos manifestado que no nos es posible insertar íntegras varias comunicaciones, porque para hacerlo necesitaríamos un tomo en folio; pero si hemos de ser justos, y atenernos a los datos que tenemos a la vista, habremos de confesar que la guardia civil de la referida provincia de Cádiz, además de hallarse montada con el mismo esmero que en las demás del reino, se conduce con tal tino que se hace acreedora a las simpatías generales de sus habitantes, quienes disfrutan de una seguridad admirable. Tenemos el gusto de felicitar por ello a dicho Sr. de Vargas, quien está de enhorabuena sabiendo que es querido en la provincia cual se merece, y sirvan estas líneas de satisfacción a las personas a quienes, si bien no hemos podido complacer insertando sus comunicados, les consagramos las líneas que anteceden”.

Es importante precisar que el “Guía del Guardia Civil” fue la primera publicación periódica referida al benemérito Instituto, cuyo primer número había sido editado el 1º de octubre de 1850. Se publicaba los días 1, 10 y 20 de cada mes con el precio de salida de un real y medio, tanto en Madrid como en provincias, franco de porte.

No se trataba de una publicación oficial, pero estaba dedicada por entero al benemérito Instituto, reproduciendo tanto información oficial como artículos de opinión. Su edición se adelantó en tres meses, e inspiró la publicación, al inicio de enero de 1851, de “El Guía del Carabinero”, tal y como se publicó en la “Gaceta de Madrid” el 11 de enero de dicho año. Estaba dedicado, en formato similar, a difundir asuntos de interés profesional y de opinión, sobre el Cuerpo de Carabineros del Reino, que al igual que el de la Guardia Civil era también de naturaleza militar, si bien más antiguo, ya que se había creado tres lustros antes. 

No debe olvidarse, máxime cuanto tanta presencia e importancia tuvo en nuestro Campo de Gibraltar, la historia de aquel también benemérito Instituto que terminó integrado en el de la Guardia Civil, en aplicación de la ley de 15 de marzo de 1940.

El 6 de noviembre de 1820 se aprobó por las Cortes, la creación de un contingente militar dedicado específicamente a la persecución del contrabando, lo cual ya estaba contemplado en el “Plan de gastos y contribuciones”, que entonces comprendía desde 1º de julio de 1820 hasta fin de junio de 1821. Consecuente con ello, se dictó la real orden de 1º de diciembre de 1820, aprobando “el reglamento para el gobierno de los cuerpos militares que deben componer el Resguardo de la Hacienda pública en todas las costas y fronteras de la Península”. Concretamente lo definía como “una fuerza militar destinada a proteger el comercio y asegurar los intereses de la Hacienda pública”. Ello era muy importante ya que se pasaba por primera vez del “Resguardo civil”, contemplado en el Real Decreto e Instrucción General de Rentas Reales, de 16 de abril de 1816, a un nuevo modelo de “Resguardo militar”. 

 

Sin embargo, a pesar de su eficaz funcionamiento, tanto cuando actuaban con unidades de uniforme como organizadamente vestidos de paisano en partidas a caballo, pero portando su placa identificativa, la extinción del Trienio Liberal y la vuelta al Absolutismo, conllevaría también el final de tan singular Cuerpo militar dedicado a la represión del contrabando. Tal y como decretaría Fernando VII, quedaron “nulos y de ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional (de cualquiera clase y condición que sean) que ha dominado a mis pueblos desde el día 7 de marzo de 1820 hasta hoy, día 1º de octubre de 1823”.

 

Suprimido el Resguardo Militar de Hacienda, la semilla plantada dio nuevamente su fruto ya que el problema del contrabando se acentuó aún mucho más siendo necesario volver a crear un Cuerpo militar para su persecución. Tras la insatisfactoria real orden de 17 de febrero de 1825, disponiéndose la formación de columnas de Infantería y Caballería dedicadas a la persecución del contrabando bajo la dependencia directa de los capitanes generales, con un asesor en cada provincia para sustanciar las causas a instruir, se dictó el real decreto de 13 de mayo de 1827, que no fue desarrollado ni puesto en ejecución. 

 

En él se disponía, “que por el Ministerio de la Guerra se procediese a la creación de una fuerza especial, separada del Ejército, que velara por los caminos, que asegurara la tranquilidad del reino, hiciese respetar la justicia y persiguiese o contribuyese a la persecución de los defraudadores de la Real Hacienda”. Aunque ello no terminaría por desarrollarse, la semilla plantada dio parte del fruto deseado. Merced al real decreto de 9 de marzo de 1829, fue creado el Cuerpo de Carabineros, “para la seguridad y vigilancia de las costas y fronteras, hacer la guerra al contrabando, prevenir sus invasiones y reprimir a los contrabandistas, y para afianzar con respetable fuerza a favor de la industria y comercio nacionales, la protección y fomento que procuran las leyes de Aduanas”.

 

(Continuará).



martes, 17 de marzo de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXX). EL II DUQUE DE AHUMADA EN LA CONSOLIDACIÓN DE LA GUARDIA CIVIL.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 29 de diciembre de 2025, pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Una vez citados en el capítulo anterior los diecinueve ministros de la Gobernación que hubo en España, así como su periodo de mandato, durante el periodo comprendido entre 1844 y 1852, hasta que se aprobó el segundo reglamento de servicio de la Benemérita, es conveniente también mencionar los dieciocho ministros de Guerra que hubo en ese mismo periodo. No es que esos ocho años constituyeran un periodo excepcionalmente complicado desde el punto de vista político, sino que era la realidad nacional desde que comenzó el siglo XIX hasta su finalización.

 

Una de las pocas excepciones que acontecieron entonces, y que hoy día, camino ya de 182 años, que continúa existiendo y fortaleciéndose, fue entonces la creación y despliegue, por todo el territorio nacional, del Cuerpo de la Guardia Civil, que desde 1844 constituye la primera fuerza de seguridad del Estado, tanto en antigüedad, como en extensión de su despliegue territorial y número de componentes. 

 

Como se priorizó la exigente selección y formación de la recluta de su personal, su despliegue y número de efectivos fue más lento en cubrir de lo que inicialmente estaba previsto. No se trataba de crear una efímera institución más de seguridad pública, con personal sin una rigurosa selección ni la debida formación, no sometido a una rigurosa disciplina, que como había pasado con las anteriores, terminaba, antes o después, por desaparecer antes de poder afianzarse y desarrollarse. El propósito era contar con los mejores, aunque no se completasen las plantillas inicialmente previstas, razón por la cual la ejemplaridad y la disciplina serían fundamentales.

 

Es por ello, que en ese primer periodo vital de ocho años que inicialmente recorrió la Benemérita desde su fundación, fue fundamental que frente a un elevado número de titulares de los dos ministerios que la tutelaban, Gobernación y Guerra, se mantuviera la misma persona a su frente como inspector general. Es decir, el II Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón Ezpeleta, sin cuya firme dirección, así como sin su simiente de inculcación de valores y forja inicial, no hubiera llegado el Cuerpo de la Guardia Civil hasta nuestros días, pasando entonces a ser otro de tantos intentos que, aunque tuvieran nobles intenciones, terminaría frustrado su afianzamiento y desarrollo.

 

Así que prosiguiendo con la relación de los ministros de la Guerra, correspondientes a esos primeros ocho años, hay que significar que se trataban de los generales Manuel de Mazarredo Mazarredo, entre el 5 de diciembre de 1843 y el 3 de mayo de 1844; Ramón María Narváez Campos, entre el citado 3 de mayo hasta el 12 de febrero de 1846, siendo además el presidente del gobierno; Federico Roncali Ceruti, entre el mentado 12 de febrero y el 16 de marzo siguiente, siendo de origen gaditano capitalino; otra vez Ramón Narváez, del citado 16 de marzo al 5 de abril siguiente, que volvió a ocupar dicho ministerio, junto al de Estado, siendo nuevamente presidente del gobierno; Francisco Armero Peñaranda, de forma interina, entre el mentado 5 y el 12 de abril siguiente; José Laureano Sanz, entre el citado 12 de abril y el 28 de enero de 1847; Manuel Pavía Lacy, del mentado 28 de enero al 15 de febrero siguiente; Marcelino Oraá Lacumberri, desde el citado 15 de febrero al 28 de marzo siguiente; Manuel de Mazarredo Mazarredo, desde el mentado 28 de marzo al 31 de agosto siguiente, volviendo a ocupar dicho ministerio cuando en el periodo de marzo de 1844 había dispuesto la creación del Cuerpo de la Guardia Civil y el nombramiento, al mes siguiente, del II Duque de Ahumada, para organizarlo; Fernando Fernández de Córdova Valcárcel, del citado 31 de agosto al 3 de noviembre siguiente; nuevamente Ramón Narváez, del mentado 3 de noviembre al 24 de diciembre siguiente, que por tercera vez ocupó dicho ministerio, siendo nuevamente nombrado presidente del gobierno; Francisco de Paula Figueras Caminals, que ocupó dicha cartera bajo la presidencia de Narváez, desde el citado 24 de diciembre hasta el 18 de octubre de 1849; Serafín María de Sotto Abbach Langton Casaviella, que ocupó la presidencia del gobierno y dicho ministerio tan solo del 18 al 19 de octubre de 1849; regresado una vez más Narváez a la presidencia del gobierno, volvió a nombrarse ministro a Figueras desde el 20 de octubre de 1849 al 14 de enero de 1851; Rafael Arístegui Vélez, del mentado 14 de enero al 6 de febrero siguiente, siendo natural de la ciudad gaditana de Jerez de la Frontera; Francisco Lersundi Hormaechea, del citado 6 de febrero al 16 de enero de 1852; Joaquín Ezpeleta Enrile, de dicha fecha al 13 de junio siguiente, siendo ya presidente del gobierno Juan Bravo Murillo, significándose que al casarse la hermana de aquél, María Concepción Ezpeleta, con el general Pedro Agustín Girón Las Casas, que posteriormente sería I Duque de Ahumada, se convertiría en tío de Francisco Javier Girón Ezpeleta, futuro II Duque de Ahumada y fundador de la Guardia Civil; y Juan de Lara Irigoyen, desde el citado 13 de junio hasta el 27 de noviembre de 1852, significando que anteriormente había sido gobernador militar de Cádiz desde el 13 de agosto de 1843 hasta el 28 de mayo de 1844, y comandante general del Campo de Gibraltar, con residencia en Algeciras, desde el 21 de diciembre siguiente hasta el 28 de enero de 1850, importante periodo del primer lustro del despliegue de la Guardia Civil en nuestra Comarca.

 

Mientras tanto, durante esos ocho años, entre 1844 y 1852, hasta la aprobación del mentado segundo “Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil”, por real decreto de 2 de agosto de este último año, el II Duque de Ahumada se había mantenido al frente de la Benemérita y seguiría, organizándolo primero, y después, ejerciendo su mando. 

 

Podían estar relevándose una y otra vez, tanto los ministros de la Gobernación como de Guerra, pero por primera vez en un periodo tan confuso como inestable del complicado siglo XIX, se tenía claro al más alto nivel que era necesario que se afianzara, forjara y se mantuviera por fin, una fuerza de seguridad y orden público desplegada territorialmente por todo el Estado. Por otra parte, el Ejército quería atender sus importantes misiones, entre las cuales no se encontraba la lucha contra la delincuencia que asolaba la nación. 

 

(Continuará).