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miércoles, 26 de febrero de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (III). EL PRIMER JEFE DE LA BENEMÉRITA: JUAN MORILLAS DE CASAS (1844-1857).

CLXXV Aniversario Cartilla Guardia Civil (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 24 de febrero de 2020.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

Por real decreto de 15 de octubre de 1844 se aprobó el reglamento militar para la Guardia Civil. En su primer artículo se especificaba que dicho Cuerpo dependía del ministerio de la Guerra por lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes.
Según se seguía disponiendo a lo largo de su articulado, cada compañía, “tanto de infantería como de caballería, se compondrá de un capitán primero, otro segundo, dos tenientes, un alférez, un sargento primero, tres segundos, cuatro cabos primeros, cuatro segundos, dos trompetas en caballería, y de un tambor y un corneta en infantería, y 120 guardias civiles”. Por lo tanto esa era la plantilla de la compañía del benemérito Instituto asignada inicialmente a la provincia de Cádiz. 
Conforme continuaba estableciendo el mentado reglamento militar, cada compañía se dividía en cuatro secciones, mandada la primera por el capitán segundo, la segunda por el teniente más antiguo, la tercera por el de dicho empleo más moderno, y la cuarta por el alférez si era de caballería o subteniente en el caso de ser de infantería. 
Tal y como se relató en capítulos anteriores, la 4ª sección de la compañía provincial de Cádiz fue asignada al Campo de Gibraltar, siendo la única de caballería mientras que las otras tres secciones eran de infantería. Su plantilla estaba compuesta por un alférez como oficial jefe de la misma, un sargento, un cabo primero, un cabo segundo y 30 guardias civiles. A su vez se establecía que cada sección se dividía en tres brigadas de 10 guardias civiles cada una, mandadas la primera por el sargento, la segunda por el cabo primero y la tercera por el cabo segundo.
Dado que por real orden de 20 de diciembre de 1844 se había dispuesto reemplazar la sección de infantería prevista para el Campo de Gibraltar, que todavía no había llegado a entrar en servicio, por otra de caballería, considerada más idónea para aquella zona, se designó una que ya estaba prestándolo en la provincia de Sevilla.
A su mando se encontraba el alférez Juan Morillas de Casas, convirtiéndose así en el primer jefe de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar, quien por las razones expuestas en el capítulo anterior estableció la cabecera de su unidad en San Roque en vez de hacerlo en Algeciras, tal y como estaba inicialmente previsto.
Nacido en la localidad jienense de Mancha Real el 18 de abril de 1811, había ingresado como soldado voluntario a los 16 años de edad en el regimiento de granaderos a caballo de la Guardia Real, prestando sus servicios comisionado en el establecimiento de la remonta de Jaén hasta el año 1837. 
Tenía una elevada estatura para su época pues su hoja de servicios que se custodia en el Archivo General Militar de Segovia precisa que medía 1’80 metros, siendo por lo tanto muy superior a la media nacional.
Había ascendido por antigüedad en 1831 al empleo de cabo 2º y por elección, dos años más tarde, al de cabo 1º, concediéndosele entonces por distinguirse en su buen comportamiento y amor al servicio, la  cruz de distinción de María Isabel Luisa.
Dicha condecoración había sido creada por real decreto de 19 de junio de 1833 para solemnizar la jura como sucesora al trono de María Isabel Luisa, hija de Fernando VII, que poco más tarde reinaría como Isabel II. Estaba destinada a premiar el mérito militar, siendo sus acreedores los sargentos, cabos y soldados que, de acuerdo con el reglamento entonces vigente, no podían por su empleo, serles concedida la Orden Militar de San Fernando en cualquiera de sus categorías. 
Ascendido por antigüedad en 1836 a sargento 2º participó al año siguiente en un enfrentamiento armado contra una partida carlista en la población jienense de Villacarrillo, distinguiéndose valerosamente, por lo que volvió a concedérsele otra cruz de María Isabel Luisa. A partir de noviembre de 1837 pasó con su unidad a prestar servicio en los distritos de Burgos y Castilla la Nueva, donde permaneció hasta que en 1842 regresó por unos meses a Andalucía.
En julio de 1843 su unidad fue enviada al distrito de Castilla la Vieja. En su hoja de servicios se reseña que el 13 de octubre siguiente partió desde Valladolid hacia la ciudad de León, “que se había insurreccionado”, asistiendo en la noche del 17 al 18 a la ocupación del “Cantón de Puente de Castro” así como en sucesivas operaciones militares que culminaron con la entrada en dicha plaza el día 25. Por su “distinguido comportamiento fue agraciado sobre el campo de batalla”, es decir, por méritos de guerra, con el empleo de alférez.
Encontrándose en 1844 prestando servicio de guarnición, se comenzó a organizar el nuevo Cuerpo de la Guardia Civil por el duque de Ahumada, quien en función de su conocimiento directo y el de sus colaboradores así como por los méritos que constaban en las hojas de servicios de los candidatos, comenzó a seleccionarse a los primeros oficiales de infantería y caballería. 
Entre estos últimos estaría el alférez Morillas que por real orden de 15 de agosto ingresó en el benemérito Instituto siendo destinado inicialmente al Tercer Tercio con cabecera en la capital hispalense y que comprendía las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla. Tras un breve periodo de instrucción y organización de su sección de caballería en el campamento que se habilitó en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira, comenzó a prestar servicio al mando de la misma en dicha provincia.
Enviado con su unidad al Campo de Gibraltar, a finales de diciembre de 1844 por las razones ya expuestas, se distinguiría protagonizando importantes servicios durante los años siguientes, los cuales serán relatados en un próximo capítulo.
Ascendido al empleo de teniente en 1847 continuó al mando de su sección, manteniéndose la cabecera en San Roque, hasta que una década después, en enero de 1857 ascendió a capitán siendo destinado entonces a la provincia de Sevilla.
Encontrándose al frente de la compañía de Utrera se produjo en el verano de ese año unos graves sucesos revolucionarios tanto en dicha localidad como en la de Arahal. Según se relata en su hoja de servicios, durante la madrugada del 30 de junio de 1857 fue atacado su acuartelamiento, “por una numerosa facción Republicana que invadió la población, y después de una obstinada defensa de cuatro horas en que se hallaban agotadas las municiones de los seis individuos del Cuerpo que defendían dicha casa-cuartel y de hallarse esta incendiada en su mayor parte, fue hecho prisionero”. 
Tras varias simulaciones de fusilamiento pudo escapar junto a dos de sus hombres a través de una casa contigua, siendóles entregados por las autoridades locales que les ayudaron, caballos y armas para los tres.  Al abandonar Utrera se encontraron una columna del Ejército que había salido de Sevilla en persecución de los revolucionarios, capturándose a la mayor parte de ellos, muchos de los cuales tras ser puestos a disposición de la autoridad militar serían pasados por las armas.