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martes, 15 de septiembre de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XXXII). LOS SERVICIOS MÁS DESTACADOS 1895-1898.

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 14 de septiembre de 2020, pág. 12.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.



El año 1895 la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz continuaba siendo mandada por el teniente coronel José Luis Gay González, no sufriendo variación alguna ni su estructura órganica ni su despliegue territorial. Por lo tanto ninguna novedad respecto a la presencia del benemérito Instituto en el Campo de Gibraltar en general ni en San Roque en particular.

Por otra parte destacar que el prestigio de la Guardia Civil seguía creciendo más allá de nuestras fronteras, traspasando incluso las de nuestras posesiones de Ultramar en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Según publicaba el boletín oficial del Cuerpo, en su edición de 16 de mayo anterior, “el Gobierno de la república de Guatemala, ha resuelto establecer una Guardia Civil análoga a la de España, y para ello desearía que como modelos vivos de este Cuerpo se le faciliten a ser posible dos Sargentos o Cabos”. 

Por su parte, el teniente general Romualdo Palacio González, director general del benemérito Instituto, dispuso que los aspirantes que se presentasen a la selección, “sean de reconocida honradez, brillante instrucción, tengan mucho amor al servicio, …”. 

Tras efectuarse la selección correspondiente, el semanario “El Heraldo de la Guardia Civil” publicaba el 8 de agosto siguiente que “se han propuesto definitivamente al Ministerio de la Guerra, para que vayan a ponerse a las órdenes del Gobierno de Guatemala, a los sargentos que fueron elegidos, Manuel Serrano Lafuente y Juan Rodríguez García, de la Comandancia de Barcelona el primero, y de la Comandancia de Málaga el segundo”.

Volviendo a San Roque, dicho semanario daba cuenta el 11 de mayo de 1895 que en la cárcel local había sido reconocido el paisano Juan Haro Santo, alias “Carbonero”, como uno de los autores del asesinato del guardia civil Juan Contreras Castillo, perteneciente a la Comandancia de Jaén. 

Gracias a la edición del diario granadino “El Popular”, de 17 de septiembre de 1894, sabemos que dicho crimen había acaecido dos días antes cuando una pareja de guardias civiles compuesta por el finado y Manuel Moreno López, iba de servicio a pie a la aldea de Charilla desde el puesto de Alcalá la Real, distante unos seis kilómetros. Habían encontrado a tres individuos que les inspiraron sospechas y cuando los trasladaban a la casa-cuartel para identificarlos, fueron sorprendidos y desarmados. Asesinaron a un guardia y dejaron malherido al otro, huyendo a continuación hacia la provincia de Granada.

En el “Heraldo de Madrid”, correspondiente al 29 abril de 1895, se relataba que en San Roque, el guardia civil Moreno López “se presentó ayer en la cárcel, y declaró sin vacilaciones que reconocía al criminal como uno de los asesinos. La libertad de dicho paisano estaba ya decretada por falta de pruebas en otro delito de que se le acusaba. El criminal será conducido a Alcalá la Real, a disposición de la autoridad militar”.

Mientras tanto los componentes del puesto de San Roque seguían prestando relevantes servicios que se publicaban en el boletín oficial del Cuerpo. Así, en el del 16 de mayo de 1896 se destacaba que el cabo Rafael Gamito Herrera con los guardias civiles José Salvo Viera, Manuel Pino y Manuel Villanueva, habían “descubierto y capturado después de infinitas pesquisas, al criminal Juan Torres (a) Perendengue, el cual estaba reclamado por diferentes autoridades, como ladrón en cuadrilla”.  El director general se había enterado con satisfacción de dicho servicio y había dispuesto que se les anotase “en sus respectivas hojas de vida y costumbres”.

El nuevo capitán jefe de la Compañía de Algeciras, cuya demarcación seguía comprendiendo el Campo de Gibraltar, se llamaba Proceso Carretero Gómez. Éste, junto al sargento Francisco Araujo González y el cabo José Domínguez Robles, habían “descubierto y capturado, después de incesantes pesquisas, al súbdito inglés Eduardo Butler”, tal y como se ponía en valor en el boletín oficial de 12 de febrero siguiente.

Resultaba que la orden de su detención había sido reclamada por el subsecretario del ministerio de la Gobernación, Francisco Javier González de Castejón Elío, marqués de Vadillo. Una vez capturado la Guardia Civil lo puso a disposición del comandante general del Campo de Gibraltar, general de división Tomás Bouza Cebreiro. Los guardias civiles actuantes fueron debidamente felicitados por tan importante servicio.

A este respecto hay que significar que en repetidas ocasiones y a lo largo del tiempo, la fuerza del benemérito Instituto desplegada en la Comarca recibió instrucciones similares respecto al seguimiento y captura de determinados individuos relacionados con la colonia británica del Peñón. En la mayor parte de los casos era debido a su vinculación con el espionaje u otras actividades de carácter delictivo o contrarias a los intereses del Estado español. 

Hay que tener presente que en la segunda mitad del siglo XIX no existían unos servicios de inteligencia y contrainteligencia tal y como se conocen hoy día. No obstante, desde tiempos muy remotos ha existido el espionaje y el Campo de Gibraltar ha sido históricamente escenario prioritario para los agentes extranjeros, destacando muy especialmente los británicos.

Al margen de lo anteriormente expuesto hay que significar que aquellos eran tiempos convulsos y muy preocupantes para la seguridad pública española como consecuencia del incremento de la actividad criminal y terrorista anarquista potenciada por la influencia extranjera. 

El 8 de agosto de ese mismo año sería asesinado por un anarquista italiano en la localidad guipuzcoana de Mondragón, Antonio Cánovas del Castillo, presidente del gobierno español. “El Heraldo de la Guardia Civil” dedicaría a su figura la mayor parte del número publicado el 15 siguiente. 

Sin perjuicio de la situación derivada de ello y de otros criminales atentados que fueron sacudiendo la vida política española, los componentes del puesto de San Roque continuaron cumpliendo ejemplarmente con su servicio diario.

Así, en el boletín oficial del Cuerpo publicado el 8 de enero de 1898 se felicitaba por el director general la actuación del recientemente ascendido cabo José Salvo Viera, auxiliado por los guardias civiles Antonio Lara, Manuel Villanueva y Manuel Ortega. Tras participar en la extinción de un incendio provocado el 1º de octubre anterior en el monte llamado “Majadas de las Cosechas”, propiedad de Luis Fernández de Córdoba Salabert, duque de Medinaceli, consiguieron detener al pirómano y ponerlo a disposición judicial. 

Tres meses después iba a comenzar una desigual guerra en Ultramar. Estando ya en plena crisis prebélica propiciada y urdida por el gobierno de los Estados Unidos de América para apropiarse de las posesiones españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, volvía a felicitarse nuevamente al puesto de San Roque. 

Según se relataba en el boletín del 8 de abril siguiente, el cabo Salvo y el guardia Villanueva, junto al de igual clase llamado José González, capturaban, “después de incesantes pesquisas”, a uno de los autores del robo perpetrado el 19 de diciembre anterior en la casa de campo llamada “Las Talegas”.

Se avecinaba el “Desastre” y muchas cosas cambiarían dentro y fuera de España, incluido en la Guardia Civil, pero los pequeños puestos del benemérito Instituto, como el de San Roque, seguirían velando como siempre por el Orden y la Ley. 




martes, 8 de septiembre de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XXXI). LOS SERVICIOS MÁS DESTACADOS DE 1894.

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 7 de septiembre de 2020, pág. 14.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


En 1894 la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz estaba mandada por el teniente coronel José Luis Gay González. Tal y como se recogía al año siguiente en el “Album geográfico de la Guardia Civil”, publicado por los primeros tenientes del benemérito Instituto, Edmundo Seco Shelly, Martín Monterde Caballero y Hermógenes Gutiérrez Martínez, así como en el “Nomenclator del mapa ilustrado de España y sus Posesiones para la Guardia Civil”, publicado por el comandante de Infantería Modesto Eraso Prados, dicha Comandancia estaba integrada por 3 compañías, 12 líneas (secciones) y 46 puestos, con una plantilla total de 579 hombres (524 de infantería y 55 de caballería).

En el caso concreto de la Compañía de Algeciras, la 9ª del 4º Tercio de Sevilla, (Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla) estaba integrada por las Líneas de Tarifa, la Línea de la Concepción y Alcalá de los Gazules, con una plantilla total de 97 efectivos. De la primera dependían los puestos de Tarifa (9 hombres), Algeciras (14) y Facinas (7); de la segunda los puestos de La Línea de la Concepción (10), San Roque (10), Jimena de la Frontera (8), San Pablo de Buceite (4), San Martín del Tesorillo (6) y Bocaleones (5); y de la tercera, los puestos de Alcalá de los Gazules (8), Los Barrios (8) y Casas del Castaño (4).

La casa-cuartel de San Roque seguía ubicada desde 1886 en el número 10 de la Plaza de la Constitución, actualmente denominada Plaza de Armas. Se trata del mismo edificio que hoy día ocupa el restaurante “Don Benito”. En próximos artículos se tratará sobre los diferentes acuartelamientos que ocupó la Guardia Civil en la localidad, desde 1845 hasta la actualidad. Se relatarán tanto sus vicisitudes como las precarias condiciones que padecieron los guardias civiles y sus familias hasta que tuvieron unas dependencias oficiales y unas viviendas dignas. 

Como ya se expuso al final del capítulo anterior se había dispuesto por necesidades del servicio que el primer teniente Joaquín Rodríguez Delgado trasladase su residencia desde San Roque a La Línea de la Concepción. Desde entonces la fuerza ubicada en aquella población quedó subordinada al oficial más caracterizado que residiera en la ciudad vecina del Peñón.

Pronto comenzó a destacar dicho teniente en su nueva jefatura. Tanto el diario granadino de la tarde “El Popular”, en su edición del 30 de enero de 1894, como el semanario madrileño “El Heraldo de la Guardia Civil”, en su publicación correspondiente al 1º de febrero siguiente, informaron de un importante servicio realizado bajo su dirección por fuerza de los puestos de La Línea de la Concepción y de San Roque.

Del primero participaron el cabo José Ojeda Romero y los guardias civiles Gregorio Daboura López, Francisco Alonso, Francisco Bellido Rubio, Manuel Cejudo y Francisco Piña. Del segundo fueron el cabo José Mármol y los guardias civiles José Salvo Viera, Ignacio Puente Bastante y Félix Perea. 

El contenido de la noticia recuerda inmediatamente a los “vuelcos” de droga que actualmente se siguen sufriendo dentro y fuera del Campo de Gibraltar. Resultó que en los caminos de La Línea y de San Roque, “vagaba una cuadrilla de salteadores, valiéndose para verificar sus robos del uniforme de carabineros”. Utilizaban el indicado disfraz para cometer sus delitos, “recorriendo la demarcación en parejas, dando el alto a los contrabandistas que encontraban y robándoles el fraude que llevaban”.

El 22 de enero por la noche la Guardia Civil, que venía investigando su modus operandi, estableció un apostadero en uno de los caminos donde solían perpetrar sus fechorías. Fruto de ello fueron detenidos el jefe de la partida, llamado Gabino Martín Viejo así como dos de sus más activos miembros, Juan Vázquez Gil y Juan Barca Ortega. Los dos primeros eran vecinos de la Línea y el tercero de San Roque. 

El cabecilla había sido detenido anteriormente varias veces por los carabineros y era el autor de un robo perpetrado contra un vecino de Jimena de la Frontera. La partida se componía de cuatro sujetos más que aquella noche no actuaron. “La Guardia Civil se ha cuidado de ponerlos a disposición de los Tribunales”, concluía la crónica.

Este servicio no sería el único relevante practicado en esas fechas por “el incansable” oficial. Gran repercusión tuvo también el publicado por “El Heraldo de la Guardia Civil” en su edición de 1º de marzo siguiente, cuando con fuerza a sus órdenes, capturó “al criminal y desertor de presidio José Baena (a) El Tuerto, sujeto muy conocido por sus fechorías en toda Andalucía la baja”.

Entre sus hechos criminales estaba “el repugnante cometido en Octubre último, dando muerte a doña Ana Cintraño Navarro y robándole 25.000 pesetas”. Desde entonces se hallaba oculto en la colonia británica de Gibraltar, lugar habitual de refugio de los delincuentes de toda ralea que intentaban eludir la justicia española a lo largo del siglo XIX. 

Sin embargo, al intentar salir del Peñón, “la fuerza de la benemérita, que todo lo escudriña, se ha cuidado de ponerlo a disposición de los Tribunales, devolviendo con esta captura la tranquilidad a aquellas provincias, asustadas por los horribles hechos del salvaje Baena, con el que también en varias ocasiones la Guardia Civil había tenido refriegas”.

Entre tantos servicios relevantes de carácter policial no podían faltar también los de carácter benemérito, poniendo en valor una vez más los postulados de “la Cartilla del Guardia Civil”, cuyo CLXXV aniversario se cumple el próximo 20 de diciembre.

El 8 de abril de 1894 el mentado semanario publicaba lo acaecido el día 29 del mes anterior, cuando en aguas frente a Torrenueva naufragó el vapor inglés “Genoesca”, que desde el puerto italiano de Palermo se dirigia al británico de Liverpool.

Alguno de los párrafos de la crónica no podía ser más emotivo y descriptivo: “Nos comunican que allí la Benemérita ha llegado al sacrificio; se ha multiplicado, evitando los robos, auxiliando a los tripulantes, hasta el extremo de que a nado viéronse precisados a sacar a varios del mar, llevándolos a hombros”.

A este respecto hay que significar que cuando se producían naufragios en las costas del Campo de Gibraltar, además de guardias civiles, “carabineros, municipales y honrados paisanos” que contribuían con su valiosa colaboración a auxiliar a las victimas, también acudían desalmados a saquear los restos que llegaban a la orilla.

Profuso en vicisitudes siguió siendo ese año 1894 en actuaciones de la Guardia Civil. tal y como se acredita una nueva noticia publicada el 24 de abril en el reiterado semanario. Daba cuenta que se había prendido “a los criminales que días pasados asaltaron el cortijo Paniagua, colonia San Gregorio, término de San Roque”, donde actualmente se asienta parte de la urbanización de Sotogrande.

“La Benemérita ha hecho renacer la confianza en la opinión, alarmada por la partida de bandidos que se creía sería la segunda edición de la del Cencerrita”. Así concluía la crónica periodística, refiriéndose a una peligrosa partida de criminales tristemente conocida por sus fechorías y activamente perseguida por las fuerzas de las Comandancias de Cádiz y de Sevilla.