Translate

jueves, 2 de julio de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XXI). BRIGADIER MIGUEL GUZMÁN CUMPLIDO (1819-1895). Duodécima parte

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 29 de junio de 2020, pág. 10.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


Por real orden de 14 de agosto de 1868 el comandante Miguel Guzmán Cumplido fue destinado a la provincia de Madrid en la recién creada Guardia Rural, cesando por lo tanto en su destino de jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Lugo.

Habían transcurrido casi cinco lustros desde la fundación del benemérito Instituto. Sin perjuicio de su trascendental y vital naturaleza militar, se trataba del único cuerpo de seguridad pública de ámbito estatal, desplegado territorial y permanentemente en toda la Península e islas Baleares.

Según se precisaba en el “Escalafón general de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales” del Cuerpo de la Guardia Civil, el 1º de enero de 1868 se contaba organizada en 13 Tercios con una plantilla de 13.154 hombres, de los que 11.565 eran de infantería y 1.589 eran de caballería.

Si bien era cierto que dicha plantilla se consideraba suficiente “para la persecución de criminales y protección de las personas”, no lo era para atender de igual modo la seguridad de las propiedades, especialmente las más aisladas en el ámbito rural. No hay que olvidar que España era entonces eminentemente rural.

Ya por aquel entonces se habían estado barajando varios proyectos. Unos eran tendentes a crear un nuevo cuerpo que velara exclusivamente por las posesiones rurales. Otros contemplaban ampliar hasta 20.000 hombres el de la Guardia Civil. Realmente esto era lo más coherente, conforme a las misiones asignadas en la normativa vigente.

Consecuente con esto último, había llegado a promulgarse la Ley de 27 de abril de 1866, mediante la que se dispuso que la Guardia Civil “recibirá el aumento necesario para que pueda desempeñar por completo el servicio de seguridad rural y forestal, y de policía rural en todo el Reino”. El exceso del coste que ello suponía, correría por cuenta de las provincias afectadas.

A tal efecto, se aprobó que el aumento de plantilla fuese de 1.500 hombres anuales, hasta completar el número de 20.000, lo cual venía a suponer un proceso de unos seis años de duración aproximadamente, con el consiguiente despliegue provincial progresivo.

Sin embargo, tal y como relata el hoy comandante Miguel López Corral en su obra “La Guardia Civil. Nacimiento y Consolidación (1844-1874)”, publicada en 1995, la lentitud de su puesta en práctica junto a la falta de un presupuesto estatal suficiente y las dificultades de una adecuada recluta. Todo ello enmarcado en un momento de aguda recesión económica que padecía la nación, por lo que terminó por hacerlo inviable.

En cambio, poco después surgió un proyecto alternativo, más económico y menos exigente, sobre guardería rural, que consistía en crear un Cuerpo similar al de la Guardia Civil, pero dependiente de él. 

En teoría, según indicaba el general de brigada Francisco Aguado Sánchez en su voluminosa obra “Historia de la Guardia Civil”, editada en 1983, la intención era que el benemérito Instituto quedase liberado de aquellos servicios que mermaban su capacidad y su eficacia para actuar principalmente como fuerza de orden público en los numerosos motines y asonadas de la época.

Pero la verdadera motivación era de carácter económico, cuestión trascendental para las maltrechas arcas del Estado y las de las administraciones provinciales y locales que se iban a ver directamente afectadas. 

Si se creaba un nuevo cuerpo, de carácter auxiliar, el coste disminuiría a la mitad, reduciendo en tal proporción los sueldos de la tropa respecto a los percibidos en la Guardia Civil. De esta forma las administraciones periféricas podrían asumirlo con mayor facilidad.

Y así fue. Por Ley de 31 de enero de 1868 se creó un nuevo Cuerpo de seguridad denominado “Guardia Rural”. Se trataba de una fuerza armada que se constituiría en cada provincia, “para custodiar la propiedad rural y forestal y velar por la seguridad de la misma”. Para su servicio especial dependería de los ministerios de la Gobernación y de Fomento. Sus presupuestos correrían a cargo a las diputaciones provinciales afectadas.

Por real decreto de 20 de febrero siguiente, se aprobó el correspondiente reglamento para su ejecución. Estaba organizada militarmente y dependía del director general de la Guardia Civil. Se subdividió en compañías que no excedían de 120 hombres ni bajaban de 80.

Sus jefes, oficiales y sargentos pertenecerían al Cuerpo de la Guardia Civil. Los dos primeros grupos procederían de la situación de reemplazo o de supernumerario, mientras que los últimos, podían ser sargentos o cabos en situación de activo en el benemérito Instituto.

Ello implicaba para toda España cerca de quinientos mandos en la Guardia Rural. Como la Guardia Civil no tenía realmente capacidad de proporcionarlos de una sola vez, se ofertó –con carácter excepcional- que pudieran proceder directamente del Ejército, pasando a nutrir seguidamente los escalafones del benemérito Instituto.

En cambio, los cabos y guardias rurales a ingresar en el nuevo Cuerpo eran ajenos al benemérito Instituto. Procedían de alistamientos voluntarios en las provincias de su residencia, quedando sujetos a la ordenanza militar y disfrutando “del fuero militar del ejército”.

Sin embargo, como consecuencia de los cambios políticos, su existencia, al ser considerado un proyecto del gobierno anterior, fue efímera a raiz del proceso insurreccional iniciado en Cádiz el 18 de septiembre siguiente. 

Éste culminó días después tras ganar el general Francisco Serrano Domínguez, con su Ejército de Andalucía, la batalla del Puente de Alcolea en la provincia de Córdoba. Ello daría paso al exilio de Isabel II y al comienzo del llamado “Sexenio Revolucionario”.

Por Decreto de 11 de octubre de 1868, dimanante del Gobierno Provisional, “teniendo en cuenta las especiales circunstancias en que la Nación se encuentra, y considerándolo conveniente a los intereses públicos”, se procedió a disolver la Guardia Rural. Poco más de ocho meses había durado tal iniciativa.

Sus jefes, oficiales y sargentos continuarían perteneciendo a la Guardia Civil, siendo uno de ellos el entonces capitán Félix Sos Díaz, jefe de la 3ª Compañía de la Guardia Rural de Cádiz, futuro jefe, ya como teniente coronel, de la Comandancia gaditana. 

El comandante Guzmán que se encontraba al frente de la Guardia Rural en la provincia de Madrid, pasó a la situación de reemplazo. Por disposición de 9 de noviembre de 1868, dimanante del director general de la Guardia Civil, teniente general Francisco Serrano Bedoya, nuestro protagonista sería destinado nuevamente al 8º Tercio siéndole asignado el mando de la Comandancia de Granada.

A modo de curiosidad decir respecto a los guardias rurales, que solamente a los que habían sido encuadrados temporalmente en el mentado Ejército de Andalucía, vencedor en Alcolea, se dispuso como recompensa, que “ingresarán desde luego en la Guardia Civil, si lo desean y lo solicitan”. 

En cambio, la mayor parte del benemérito Instituto se había mantenido leal al gobierno legalmente constituido y derrocado, como por ejemplo así ocurrió en la provincia de Cádiz. 

Ello hubiera podido suponer su disolución pero sin embargo, el prestigio de la Guardia Civil era ya tal que le permitieron solventar con éxito momentos tan difíciles y mantener su existencia, a pesar de haber combatido en buena parte del país contra el bando que resultó vencedor.

(Continuará).


miércoles, 24 de junio de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XX). BRIGADIER MIGUEL GUZMÁN CUMPLIDO (1819-1895). Undécima parte.

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 22 de junio de 2020, pág. 12.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


El prestigio de la Guardia Civil comenzó a forjarse desde los primeros pasos de su fundación pero se fue fortaleciendo a lo largo de los tiempos. La razón de ello no sólo fue porque consiguió erradicar el bandolerismo, uno de los principales problemas que asolaban los caminos y poblaciones de una España rural como era la de entonces, sino también por su carácter benemérito.

La hoja de servicios del comandante Miguel Guzmán Cumplido, siendo jefe de la Comandancia de Málaga en 1865, vuelve a hacer referencia a un nuevo episodio. Quedó reflejado con motivo de la felicitación que recibió el 11 de octubre de dicho año, dimanante del teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, director general de la Guardia Civil por segunda vez.

La anotación es muy escueta como suele suceder en la milicia. Sólo se menciona que el motivo fue “el importante servicio que prestó con la fuerza de su mando en la Ciudad de Málaga a consecuencia de la grande tormenta que descargó en ella el día 30 de Septiembre”.

Sin embargo, la prensa de la época da más información de lo acaecido. Las crónicas de los días previos hacían referencia al temor que se vivía en Málaga de volvier a sufrir las funestas consecuencias de una nueva epidemia de cólera. En el ánimo de todos estaba todavía la padecida anteriormente con casi medio millar de fallecidos, relatada en el capítulo anterior, donde la Guardia Civil había prestado importantes y beneméritos servicios.

El gobernador civil de la provincia, tal y como relataba “La Correspondencia de España” en su edición del 28 de septiembre, venía organizando suscripciones entre los vecinos de la capital, “con objeto de reunir fondos que poder destinar al remedio de los necesitados, en el caso de que aquella población sea invadida por el cólera”.

El temor que se vivía en Málaga era tal que hasta en Santander, desde el periódico “La Abeja Montañesa”, del 30 de septiembre, se hicieron eco de ello. En su crónica se relataban las precauciones sanitarias adoptadas con los viajeros que llegaban en ferrocarril de Córdoba, procedentes de Sevilla, castigada entonces por el cólera. 

Se practicaban reconocimientos facultativos a los pasajeros y se fumigaban sus equipajes, con el objeto de cerciorarse de su buen estado de salud y prevenir contagios. En caso de que llegara alguno enfermo o con síntomas sospechosos, estaba prevista su conducción al lazareto que existía en la barriada de Los Ángeles.

Por otra parte, las crónicas de prensa relataban también que esos días se estaban produciendo “lluvias copiosas” en la provincia de Málaga. Eran tan intensas que incluso habían ocasionado importantes daños en la vía férrea procedente de Córdoba, provocando desprendimientos de rocas a la entrada de los túneles y paralizando la circulación de los trenes.

Sin embargo, lo más grave se padecería en la capital malagueña el 30 de septiembre. El “Diario de Córdoba”, en su edición del 6 de octubre, detallaba que sobre las dos de la tarde de aquel día había caído “un espantoso aguacero, el cual produjo una inundación de las que hace muchos años no se ha visto igual en aquella población”.

En muy poco tiempo la gran cantidad de agua que cayó, convirtió “las calles y plazas en ríos y lagunas”, produciendo la inundación de los barrios de la Victoria, Muro de Santa Ana, del Perchel, de la Trinidad y casas a la bajada de la Cruz del Molinillo.

La crónica se tornó dramática, poniéndo en valor la presencia del benemñerito Instituto: “El agua entraba en infinidad de casas a más de una vara de altura y de todas partes demandaban socorro. La Guardia Civil de caballería empezó a recorrer algunos puntos, yendo los caballos casi cubiertos con el agua, y en la calle del Cañaveral y otras, a los hombres les llegaba el agua hasta los hombros, …”.

Mientras tanto, la situación social y política se iba complicando cada vez más en el país, viéndose obligada con frecuencia la Guardia Civil a ser empleada en el mantenimiento del orden público en el interior de las ciudades, con evidente perjuicio de su servicio peculiar en el ámbito rural, al tener que abandonarlo. 

Se pretendía evitar en la medida de lo posible el empleo de unidades del Ejército para tales menesteres en los escenarios urbanos, al carecer el Estado de otra fuerza policial, además de la Guardia Civil, que fuera lo suficientemente robusta para afrontar con éxito los desórdenes que se producían.

El régimen de Isabel II se tambaleaba cada vez más y caminaba abiertamente hacia el abismo, teniendo que asumir tanto la Guardia Civil como finalmente el Ejército, funciones de restablecimiento del orden, conforme a lo dispuesto por gobiernos legalmente constituidos. Ello daría lugar a graves consecuencias como las acaecidas el 10 de abril de 1865 en la llamada Noche de San Daniel, contra los estudiantes de la Universidad Central de Madrid. 

El 3 de enero siguiente se produjo el pronuncionamiento militar del general Juan Prim Prats en la localidad madrileña de Villarejo de Salvanés que fracasó. No obstante se produjeron algunos movimientos revolucionarios y hubo temor gubernamental a que se secundaran en otros lugares. Por ello, nuevamente el Ejército y la Guardia Civil fueron concentrados en determinados puntos clave para disuadir a quienes quisieran alzarse o secundar la sublevación. 

Uno de los escenarios reforzados fue Granada donde Prim había sido antaño capitán general. El comandante Guzmán fue enviado allí desde Málaga al frente de sus guardias civiles, siendo felicitado por real orden de 10 de enero de 1866, “por los extraordinarios servicios que prestó a la causa del orden público en el Distrito de Granada”. Ya para entonces el director general del Cuerpo era el mariscal de Campo  Francisco Serrano Bedoya.

Por real orden de 20 de julio siguiente, Guzmán cesó a fin de mes en el mando de la Comandancia de Málaga por pase al 4º Tercio cuya cabecera seguía en Sevilla, encontrándose a su frente el coronel Hilario Chapado de la Sierra. Con fecha 1º de agosto se hizo cargo de la jefatura de la Comandancia de Huelva hasta que por real orden de 20 de diciembre de 1867 fue destinado a mandar la Comandancia de Lugo. 

El 1º de enero de 1868 se incorporó al 6º Tercio, cuya cabecera se encontraba en La Coruña y su jefe era el coronel José Villanueva Íñiguez. Apenas estuvo ocho meses al frente de la Guardia Civil lucense pues por real orden de 14 de agosto causó baja a fin de dicho mes por pase a la Guardia Rural de Madrid.

Comenzaba una nueva pero muy breve etapa de su vida castrense ya que estaba en marcha un proceso conspiratorio que esta vez sí triunfaría y supondría el final del reinado de Isabel II.

Guzman tenía entonces 49 años de edad y de su matrimonio con Dorotea Shakery había tenido ya al menos tres varones y dos hembras: Francisco, Miguel, Antonio, Julia y Amalia, nacidos en su mayor parte en San Roque al igual que su esposa.


(Continuará).