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viernes, 28 de septiembre de 2018

LA VIRGEN DEL PILAR, PATRONA DE LA GUARDIA CIVIL.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "ARMAS Y CUERPOS", núm. 138, agosto de 2018, págs. 68-74.


El original contiene ocho fotografías en color.
La Guardia Civil es un Cuerpo de naturaleza militar que fue fundado por el Duque de Ahumada en 1844. Actualmente es la Fuerza de Seguridad más antigua en España y la que posee mayor número de efectivos y más extenso despliegue territorial. Al igual que el resto de Armas y Cuerpos militares, su protección espiritual y la de sus miembros, siguiendo la tradición castrense española, está encomendada a un Patronazgo religioso, que en este caso es el de la Virgen del Pilar. Esta es su historia poco conocida en alguno de sus capítulos.
"Visto el escrito que el Director general de la Guardia civil dirigió a este Ministerio en 7 del mes próximo pasado, y teniendo en cuenta el favorable informe del Provicario General Castrense, el Rey (q.D.g.), se ha servido declarar Patrona de la Guardia Civil a Nuestra Señora la Virgen del Pilar".
Así rezaba la sencilla y breve Real Orden Circular, fechada el 8 de febrero de 1913, dimanante de la Sección de Instrucción, Reclutamiento y Cuerpos Diversos del Ministerio de la Guerra, que daba carta de naturaleza oficial al Patronazgo de la Benemérita.
Hasta llegar a esa resolución ministerial, cuyo titular era el Teniente General Agustín Luque Coca (futuro Director General del Cuerpo por dos veces), se había recorrido un largo camino, pero ya adelanto que la historia de la Patrona de la Guardia Civil no se detuvo ahí. Es más, es la única Patrona de un cuerpo militar que ha tenido que ser declarada como tal, en dos épocas y órdenes ministeriales bien diferentes. Todo ello como consecuencia de un curioso y poco conocido conflicto suscitado de patronazgos. 
Orígenes de la Virgen del Pilar en la Guardia Civil.
No se puede relatar la historia del Patronazgo de la Virgen del Pilar en la Guardia Civil, y más desde esta Revista, sin tener presente su Patronazgo en Zaragoza y Aragón. Caso contrario no hubiera sido tampoco la Patrona del benemérito Instituto.
Una vez expuesta tal cimentación es necesario trasladarse en el tiempo hasta mediados del siglo XIX para encontrar la cuna de esta devoción mariana en la Guardia Civil, Cuerpo de naturaleza militar creado por Real Decreto de 13 de mayo de 1844.  
Seguidamente nos ubicamos en la antigua Real Fábrica de Paños Finos, propiedad del Marqués de Vallejo en la madrileña localidad de Valdemoro. Allí se alojaba entonces la Compañía de Guardias Jóvenes, creada mediante Real Orden de 1º de abril de 1853 por iniciativa del Duque de Ahumada, fundador del Cuerpo. Tenía porprincipal objeto, “la educación de los huérfanos y de los hijos de las clases de tropa que sirven con honradez en la Guardia Civil”.
Corría el año 1864 y acababa de habilitarse en aquel edificio una capilla por orden del teniente general Genaro de Quesada Matheu, Director General del Cuerpo. Hombre de profundas convicciones religiosas decidió crear un puesto de “capellán profesor” para atender a los 130 guardias jóvenes de entonces.
El designado fue un presbítero llamado Miguel Moreno Moreno que se incorporó ese mismo verano. Una de las primeras cosas que hizo fue colocar en la capilla, como buen aragonés que era, una pequeña imagen de la Virgen del Pilar. Con tan sencillo acto se inició el largo camino de su patronazgo en la Guardia Civil.
Durante las décadas siguientes, las promociones de guardias jóvenes que fueron saliendo del Colegio, formadas en los valores más nobles del Cuerpo, cuya principal divisa era el honor, fueron diseminándose por todo el territorio nacional y los de Ultramar. 
Junto al espíritu de servicio y sacrificio que desde niños se les había inculcado llevaban también consigo esa fe y advocación mariana en la Virgen del Pilar, al objeto de que velara por ellos en el penoso y peligroso servicio diario así como por sus familias. 
Dado que las fuerzas de la Guardia Civil estaban formadas por las propias de Infantería y Caballería, cuyos jefes y oficiales procedían de las respectivas Armas del Ejército, al que la Benemérita pertenecía entonces, parecía lógico acogerse a la protección de la Virgen Inmaculada o Santiago Apóstol, respectivamente. Sin embargo, la Guardia Civil anhelaba alcanzar su propio patronazgo y la Virgen del Pilar era la candidata idónea. 
El Obispo de Jaca, benefactor del Patronazgo de la Virgen del Pilar.
Para que la Virgen del Pilar fuera declarada oficialmente Patrona de la Guardia Civil hubo una persona cuya fe, constancia, firmeza e impulso fueron vitales y decisivos. 
Se trataba de un hijo del Cuerpo, que había llegado a ser aceptado su ingreso en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro. Finalmente, fue llamado a seguir otro camino desde el que prestaría el mejor servicio a su querida Guardia Civil. Se llamaba Antolín López Peláez y en febrero de 1913 era el Obispo de Jaca. 
Había nacido el 31 de agosto de 1866 en la casa-cuartel de Manzanal del Puerto (León) donde su padre estaba destinado como guardia civil. A los 12 años de edad obtuvo el ingreso en Valdemoro, si bien renunció al otorgársele una beca en el seminario leonés de Astorga. Fueuno de sus alumnos más brillantes.
Siempre orgulloso de su condición de hijo del Cuerpo, el amor que profesaba por la Guardia Civil era público y notorio, al igual que su gran devoción por la Virgen del Pilar, inculcada desde niño en las casas-cuarteles en que vivió hasta que marchó al seminario. 
En 1905, tras ocupar diversos cargos de responsabilidad y cuando todavía no había cumplido 40 años, fue nombrado Obispo de Jaca, y dos años más tarde, senador del Reino por su provincia eclesiástica. Ello facilitó su proyección en la vida pública, social y política española, que utilizaría siempre para apoyar a la Guardia Civil. 
Persona de gran prestigio, estaba considerado como un destacado intelectual y un escritor infatigable, si bien su humildad le hacía rechazar todo tipo de distinciones y reconocimientos oficiales que querían concederle. Miembro de las Reales Academias de la Lengua, de la Historia, de Bellas Artes, de las Ciencias Morales y Políticas, era autor de más de una veintena de obras de diversa temática, algunas de ellas traducidas al alemán, francés, italiano y portugués.
Mantenía gran amistad con una persona clave en el proceso de declaración del patronazgo: el provicario general castrense, Jaime Cardona y Tur, Obispo de Sión y Patriarca de las Indias, así como senador del Reino por el Arzobispado de Valencia.
El Obispo de Jaca realizó en aquel periodo multitud de gestiones ante él y otras altas personalidades, a favor del patronazgo oficial de la Virgen del Pilar para la Guardia Civil. Su actuación y perseverancia fueron decisivas para obtener finalmente el preceptivo informe favorable de la vicaría general castrense. 
A los pocos meses de ser declarada la Virgen del Pilar Patrona de la Guardia Civil, fue nombrado Arzobispo de Tarragona. El benemérito Instituto, siempre bien agradecido, aprovechó su entrada oficial en la capital tarraconense, el 23 de noviembre de 1913, para que una escuadra de batidores a caballo de la Guardia Civil, encabezara marcialmente la comitiva eclesiástica.
Poco después, el 3 de abril del año siguiente, el hijo de aquel guardia civil de la Comandancia de León, que tanto y tan desinteresadamente había hecho por el benemérito Instituto, recibió un sencillo pero emotivo detalle. 
El Coronel Benito Beorlegui Mendizábal, Subinspector del Tercio de Tarragona, acompañado de una nutrida representación de guardias civiles de todos los empleos así como de las primeras autoridades civiles y militares de la provincia, le entregó una copia de la instancia de 1878 solicitando su ingreso en la Compañía de Guardias Jóvenes. Reproducida en un artístico y policromado álbum había sido firmado por todos los jefes y oficiales del Cuerpo.
Cuatro años más tarde, el Arzobispo de Tarragona tendría otra satisfacción moral más por parte de la Guardia Civil, al ser invitado a asistir el 12 de octubre de 1918, a los actos de la Patrona que se celebraron en Valdemoro. 
Al fallecer inesperadamente el día 22 del mes siguiente en Madrid,el Director General de la Guardia Civil, Teniente General Juan Zubia Bassecourt, acompañado de sendas comisiones de jefes, oficiales y clases de tropa del Cuerpo, acudió a testimoniar su más sentido pésame a la residencia de Padres Escolapios donde se velaban sus restos mortales.
Cuando su cadáver fue trasladado hasta Reus para recibir sepultura en Tarragona, un piquete de honor, compuesto por un sargento y siete guardias civiles sacaron del tren el féretro a hombros para depositarlo en un túmulo que escoltaron por carretera hasta la capital. Instalada la capilla ardiente en el palacio arzobispal fue velado por una escuadra de gastadores de la Guardia Civil hasta que se celebró su entierro, donde le despidió una numerosa representación de todos los empleos del benemérito Instituto.
Primera Orden General del Cuerpo con motivo de la Patrona.
El 18 de febrero de 1913, apenas diez días después del nombramiento oficial, el Director General de la Guardia Civil, Teniente General Ángel Aznar Butigieg, dictaba la primera Orden General relacionada con el nuevo Patronazgo. Dado su interés histórico merece ser reproducida:
"Por real orden de 8 del actual se declara Patrona del Cuerpo a Nuestra Señora la Virgen del Pilar de Zaragoza. Ese era vuestro constante anhelo: de él me hice intérprete cerca del Gobierno, y S. M., dando una nueva prueba de su afecto y predilección por la Guardia Civil, se ha dignado acceder á ese ruego.
Vuestra aspiración estaba fundada en lo que es tradicional en el Ejército, y la inspiraba el arraigo de vuestras creencias. A todos los grandes hechos militares de nuestra historia va unida siempre la fe religiosa, desde los primeros años del Cristianismo; y desde esa remota fecha nuestro pueblo venera á la Virgen bajo cuyo patrocinio se ha puesto a la Guardia Civil.
El arraigo de las creencias y el sentimiento de la Patria, que es la idea más grande y consoladora que el hombre puede tener después de la de Dios, alentó á los españoles á luchar con fe y entusiasmo durante los ocho siglos de la Reconquista, les impulsó á alcanzar la victoria en Lepanto, los sostuvo en Zaragoza, una de las más grandes epopeyas que registra la historia del mundo, y últimamente, cuando la gloriosa guerra de África, en 1860, se consideró el acto más á propósito para solemnizar el término de la triunfal campaña, oír misa a la puerta de la Mezquita de Tetuán, colocando junto al altar la blanca bandera del Ejército expedicionario, que ostentaba la imagen de la Concepción, que es hoy la Patrona de la gloriosa Infantería española.
La Guardia Civil, compuesta por los soldados más veteranos del Ejército, satisfizo siempre á las esperanzas de la Nación y respondió a la confianza de los Gobiernos porque sois valientes, firmes en la fatiga y abnegados en el peligro.
Tenéis todas las virtudes militares, y por eso el Cuerpo ha conquistado y mantiene el prestigio de que goza. Se declara nuestra Patrona a la que lo es del Colegio de Guardias Jóvenes, donde se amparan y educan vuestros hijos, que postrados ante la imagen de la Virgen del Pilar rezan por vosotros, pidiendo os proteja y os libre de las asechanzas de los malhechores que perseguís. Allí en aquella capilla, se bendijo la enseña de la Caballería del Cuerpo, que es el símbolo de la Patria consagrado por la religión.
Este año, al solemnizar el día de la Patrona, celebraremos en la Guardia Civil la primera fiesta de compañerismo. Cuando os congreguéis para ello en cada Puesto, dedicad una oración a nuestros compañeros que sacrificaron la vida en el cumplimiento del deber y al inolvidable Duque de Ahumada, organizador del Cuerpo; y antes de separamos, terminad nuestra fiesta diciendo; ¡Viva España!, ¡Viva el Rey!".
Hoy día una placa de mármol conmemora la efeméride del Patronazgo en la Basílica de El Pilar y que bien seguro conocerán todos los alumnos de la Academia General. Se ubica en la parte izquierda del arco que da acceso a la capilla de la Virgen, por el lado de la sacristía. Su inscripción es la siguiente: "Los Generales, Jefes, Oficiales y personal de Tropa del Instituto de la Guardia Civil como homenaje a Nuestra Señora la Virgen del Pilar declarada su Excelsa Patrona por Real Orden de 8 de febrero de 1913".
Abolición y restauración del Patronazgo.
Aunque es un tema poco conocido resulta que tras la proclamación de la Segunda República, el Ministerio de la Guerra dictó la Orden Circular de 12 de mayo de 1931, en cuyo artículo 1º se disponía que, en lo sucesivo dejarán de celebrarse por el Ejército los Santos Patronos que diversas disposiciones habían asignado a cada Arma o Cuerpo, suprimiéndose, por tanto, las fiestas consiguientes”.
En su artículo 2º, se establecía que “en su lugar se instituye el Día del Ejército, que todas las Armas y Cuerpos celebrarán como fiesta propia el día 7 de octubre de cada año, en conmemoración de la gloriosa jornada de Lepanto”.
Aquella orden, que disciplinadamente fue acatada y cumplida, causó un no obstante un gran pesar en el seno de la Guardia Civil. Habría que esperar casi ocho años, en plena Guerra Civil, para que volvieran a rehabilitarse oficialmente los patronazgos abolidos.
 Concretamente fue mediante la Orden de 14 de noviembre de 1938, del Ministerio de Defensa Nacional, en que se pusieron  “nuevamente en vigor, todas las disposiciones que proclamaron a los Santos Patronos–entre los que se citaba expresamente a la Virgen del Pilar- Protectores especiales de cada una de las Armas y Cuerpos que tradicionalmente los han honrado y venerado como tales”.
El conflicto de Patronazgos: ¿Virgen del Pilar o Virgen de Covadonga?.
Tras finalizar la trágica contienda se planteó en el seno de la Guardia Civil un delicado conflicto de patronazgos como consecuencia de la entrada en vigor de la Ley de 15 de marzo de 1940: el Cuerpo de Carabineros, fundado por Real Decreto de 9 de marzo de 1829, y encargado de la persecución del contrabando y la vigilancia de costas y fronteras, pasó a integrarse en aquél. 
Varios millares de jefes, oficiales, suboficiales y clases de tropa de Carabineros pasaron a vestir el uniforme de la Guardia Civil, llegando a constituir aproximadamente un tercio de la nueva plantilla.
No fue una integración fácil y hubo que salvar numerosas complicaciones y problemas derivados de la supresión y creación de unidades territoriales, integraciones de escalas y escalafones, etc.
Una de las cuestiones que se suscitaron fue cual debía ser la Patrona de la Guardia Civil tras la absorción de los Carabineros: ¿La Virgen de Covadonga, que lo era de ellos por Real Orden de 16 de enero de 1929y se celebraba cada 8 de septiembre o la Virgen del Pilar cuya festividad era el 12 de octubre?.
Dado que el debate abierto sobre la primacía o dualidad del patronazgo excedía de las atribuciones del Director General, el General de División Eliseo Álvarez Arenas, elevó el 30 de septiembre de 1940, consulta urgente al Ministro del Ejército, General de División José Enrique Varela Iglesias. Éste era un hombre que siempre había manifestado gran aprecio y afecto por la Guardia Civil. Incluso cuando era teniente de Infantería en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, llegó a solicitar su ingreso en aquél, si bien una vez admitido en la lista de aspirantes renunció poco antes de ser merecedor de dos cruces laureadas de San Fernando por su heroísmo en las Campañas de Marruecos.
Dos días antes de la festividad de la Virgen del Pilar, el General de Brigada Camilo Alonso Vega, entonces Subsecretario del Ministerio del Ejército y futuro Director General del Cuerpo entre 1943 y 1955, trasladó la resolución del vicario general castrense.
Se trataba del Arzobispo de Toledo, Gregorio Modrego Casaus, natural de El Buste, una pequeña población de la provincia de Zaragoza, razón por la cual muy posiblemente sintiera singular devoción por la Virgen del Pilar, si bien su argumentación fue clara y contundente:
“Al pasar el extinguido Cuerpo de Carabineros a formar parte del Benemérito Instituto de la Guardia Civil, perdió con su personalidad propia la del Patronazgo espiritual de la Santísima Virgen de Covadonga que iba unido a aquélla. Y como por otra, con la Ley de 15 de marzo del año actual, no se creó, según consta en su preámbulo y artículo primero, un nuevo Cuerpo de la Guardia Civil, sino que se reorganizó el existente ya, a fin de asegurarle el espíritu y virtudes que siempre tuvo, debe de considerarse sin más a la Virgen del Pilar como celestial Patrona del actual y Benemérito Cuerpo, así como de los individuos que al mismo pertenezcan, cualquiera que fuere su procedencia”.
La reafirmación del Patronazgo.
En 1994, con motivo del CL aniversario fundacional del Cuerpo, se le concedió a la Virgen del Pilar, como Patrona, la Cruz de Oro de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, que por aquel entonces, era la máxima distinción, en agradecimiento “a los sentimientos de fraternidad que tal Patronazgo despierta en los miembros de la Institución”.
En 2012, dado que “la honda raigambre del Patronazgo de la Virgen del Pilar continua formando parte del acervo de la Guardia Civil, y estando próxima la celebración de su centenario, con ocasión de la festividad de la Patrona del Instituto”, se consideró oportuno reafirmar dicha vinculación y concederle, mediante Real Decreto 1.389, de 27 de septiembre, la Gran Cruz, categoría recién creada, “de manera que siga ostentando la más alta de las categorías que integran la Orden”.
Que la Virgen del Pilar siga protegiendo a los Guardias Civiles y sus familias.
Fuentes consultadas.
El presente artículo está basado en un extenso y minucioso estudio del autor titulado Centenario del Patronazgo de la Virgen del Pilar en el Cuerpo de la Guardia Civil (1913-2013)publicado en la Revista de Seguridad Pública "Cuadernos de la Guardia Civil". núm. 46, 2012, pp. 43-62.





viernes, 14 de septiembre de 2018

LOS ORÍGENES DE LA GUARDIA CIVIL Y EL CONTRABANDO.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 10 de septiembre de 2018, pág. 10.

El original contiene una fotografía en blanco y negro (propiedad de Jesús Montero Lemus).

A pesar de que Cuerpo no se había creado para perseguir contrabandistas, pues para ello ya estaban los carabineros, la realidad obligó a la Benemérita a actuar al respecto.

El próximo 11 de octubre la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras celebrará los tradicionales actos institucionales con motivo de la festividad de su patrona, la Virgen del Pilar. Cada año se turna con la Comandancia de Cádiz para celebrarlo el día 12 al objeto de que el subdelegado del Gobierno pueda presidirlos en ambas unidades.

El año pasado, excepcionalmente, se celebraron en la casa-cuartel de La Línea de la Concepción, donde toda la sociedad campo gibraltareña se dio cita para mostrar su apoyo a los guardias civiles que prestan allí su servicio en circunstancias difíciles y con frecuencia penosas.

Este año retornará al acuartelamiento algecireño en el marco de un aniversario muy singular, al cumplirse 140 años de la creación de la Comandancia de Carabineros de Algeciras, antecesora histórica de la actual de la Guardia Civil.

Hoy día los guardias civiles que prestan su servicio en el Campo de Gibraltar no sólo son depositarios y cumplidores del ideario reglamentado por su fundador, el duque de Ahumada, sino también -desde 1940- del espíritu y servicio de resguardo fiscal inspirado por el marqués de Rodil, creador del Real Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras.

Los carabineros llegaron al Campo de Gibraltar en 1829, según el real decreto de su constitución, “para la seguridad y vigilancia de las costas y fronteras, hacer la guerra al contrabando, prevenir sus invasiones y reprimir a los contrabandistas, y para afianzar con respetable fuerza en favor de la industria y comercio nacionales”.

Tres lustros después llegaron los guardias civiles a nuestra Comarca para la conservación del orden público, la protección de las personas y las propiedades, fuera y dentro de las poblaciones, así como el auxilio que reclamase la ejecución de las leyes

Cuando comenzaron a prestar servicio, buena parte de la delincuencia que encontraron estaba relacionada con la lacra del contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar.

A pesar de que la Guardia Civil no se había creado para perseguir contrabandistas, pues para eso ya estaban los carabineros, la realidad era la que era y ello dio lugar desde sus inicios a instrucciones muy concretas. 

Así, el 4 de enero de 1845 se dictó la siguiente real orden: “La Guardia Civil, en el curso ordinario de su servicio, debe perseguir con el mayor celo, vigilancia, actividad y sobre todo pureza, cuantos fraudes se cometan contra las Reales órdenes vigentes, relativas al contrabando.”

Y como la principal acción perversa del contrabandista para alcanzar impunemente su ilícito fin, era corromper a quien tenía la responsabilidad de perseguirle, se continuaba advirtiendo que “la menor sospecha de soborno” sería castigada “del modo más público, ejemplar y severo posible”.

Al recibirse dicha orden hubo algunos mandos que extremaron el celo de sus hombres, dándole máxima prioridad a la persecución del contrabando, sobre todo donde era más habitual y patente.

Ello motivó que el duque de Ahumada dictará el 23 de abril siguiente una circular en la que se aclarase el objetivo que realmente se pretendía. 

La finalidad era que no se abandonara la vigilancia ordinaria del Cuerpo para consagrarse exclusivamente a su persecución, “pero de manera ninguna que éste deje de perseguirse, siempre que en el curso ordinario de su servicio se encuentre con los contrabandistas o el contrabando.”

Sobre tal modalidad delictiva concluía dicha circular: “siendo como por desgracia es uno de los males, que más perjudican al país, y a cuyo remedio deben contribuir más eficazmente, todos los empleados públicos, y en especial aquellos, que tienen la exclusiva obligación, hacer guardar el cumplimiento de las leyes”.

Habida cuenta que ya existía para ello el Cuerpo de Carabineros del Reino, fue necesario dictar por el duque de Ahumada una nueva circular en términos muy estrictos. 

El 31 de agosto siguiente decía a los coroneles jefes de Tercio: “Se molesta a algunos viajeros en los caminos Reales, con el objeto de averiguar si llevan contrabando. Este servicio, no es en manera alguna el que los reglamentos marcan a la Guardia Civil, pues aunque ésta debe perseguir el contrabando en el curso de su servicio, como todas las demás infracciones de la Ley, por ningún motivo debe molestarse a aquellos con investigaciones ajenas enteramente al servicio del Cuerpo. Si el abuso de registrar se cometiere en el Tercio del mando de V.S. cuidará de evitarlo absolutamente, pues de lo contrario me responderá de esta grave falta.”

Cuatro meses más tarde, el 20 de diciembre, se aprobaba por real orden “La Cartilla del Guardia Civil”, verdadero código deontológico del nuevo Cuerpo. Su redactor, el duque de Ahumada, le dedicaba el capítulo XI al contrabando.

En él se recogía, además del procedimiento a seguir, que caso de que la Guardia Civil encontrara algún contrabando en el curso de su servicio, “deberá aprehenderlo, así como a sus conductores o dueños”. Pero sólo podría actuar en tal cometido si se daba esa circunstancia casual o si le era reclamado el apoyo de los carabineros.

Dicho capítulo finalizaba con un artículo muy severo al respecto: “Por ningún título, ni pretexto podrá el Guardia Civil, registrarse ninguna carga, ya sea de carro, ni de caballería, ni mucho menos, ningún pasajero, bajo el pretexto de cerciorarse si lleva, o no, géneros de ilícito comercio.”

Con ello se pretendía priorizar la seguridad pública como servicio principal de la Guardia Civil al igual que la persecución del contrabando lo era para el de Carabineros.

Pero la realidad y la necesidad del Estado terminó pronto por imponerse. El contrabando causaba un grave perjuicio a la hacienda pública y fomentaba otros tipos de delincuencia, constituyendo un problema de primer orden.

Es por ello que el ministerio de la Gobernación de la Península dictó el 26 de julio de 1846 una real orden dirigida a todos los jefes políticos de provincias (antecesores de los gobernadores civiles). Haciéndose extensiva a la Guardia Civil, se requirió a aquellas autoridades que cooperasen “activamente a la persecución del contrabando”, prestando el auxilio se fuera necesario, así como que no expidieran “licencias de uso de armas a los conocidos generalmente por contrabandistas “.

Desde entonces fueron decenas de órdenes las que se dictaron sobre la Guardia Civil y el contrabando hasta que en 1940, con la absorción del Cuerpo de Carabineros, ya no fue preciso.

Poco podía imaginar el duque de Ahumada en 1844 que casi un siglo después la persecución del contrabando sería uno de los principales cometidos de la Guardia Civil y que sus miembros pasarían a hacer de carabineros.

El 14 de mayo de 1943 se aprobó la modificación del reglamento para el servicio quedando así su artículo 6º: “El Guardia Civil será prudente sin debilidad, firme sin violencia, y político sin bajeza. No debe ser temido sino de los malhechores, ni temible sino de los enemigos del orden y del fisco”.