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jueves, 19 de septiembre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXI). LA CASA-CUARTEL DE EL ZABAL (1940-1968).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 16 de septiembre de 2019.

El original contiene dos fotografías en blanco y negro.

      Hasta la entrada en vigor de la Ley de 15 de marzo de 1940 la Guardia Civil no volvió a tener una casa-cuartel y un puesto en El Zabal. 

      Tal y como se expuso en el capítulo VI, se había creado inicialmente por real orden de 31 de marzo de 1910. Poco más de una década después, el 3 de diciembre de 1922, se daba cuenta a la Dirección General del Cuerpo que sus integrantes se habían trasladado a la casa-cuartel de La Atunara. Aunque no constaba la razón de ello muy probablemente se debería al mal estado del pequeño edificio que se estaba utilizando como acuartelamiento, alquilado por el ayuntamiento de la ciudad. 
Sin embargo, no por ello, dejó la Guardia Civil de hacerse cargo de la seguridad ciudadana de dicha barriada, ejérciéndose la misma desde 1922 hasta 1940 por la fuerza del puesto de La Atunara.
Relativamente alejada de la primera línea de la playa estaba dividida entre El Zabal Bajo y El Zabal Alto y se trataba realmente entonces de una zona próspera y tranquila de La Línea de la Concepción, al no ser zona de alijos de contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar.
Sin embargo, si existía en El Zabal un puesto de Carabineros, al ser un lugar de paso de tan ilícita actividad, tanto procedente de la playa de La Atunara como de la Verja. En el último “Escalafón General del Cuerpo de Carabineros”, editado en 1936 por el brigada Eusebio Fernández Chimeno y que ya ha sido referido en capítulos anteriores se decía del mismo lo siguiente:
“Puesto de segunda línea, formado por un Sargento, un Carabinero de primera clase y siete de segunda. Vigila por levante desde el Rancho de Contreras, y faldeando la Sierra, pasando por la Piedra de los Pescadores, y terminando en el puerto del Bugeo. Establece tres vigilantes de día, y por la noche las parejas prestan servicio en el distrito del puesto. Tiene casa-cuartel”.
El puesto de El Zabal estaba entonces encuadrado, junto a los puestos de Castillo España y Santa Bárbara, en la 1ª Sección, con cabecera en Castillo España, de la 2ª Compañía de La Línea de La Concepción, perteneciente a la Comandancia de Carabineros de Algeciras.
El puesto de Castillo España era en cambio de primera línea de playa con una demarcación de 1.400 metros de costa, que comprendía por levante, desde la Zanja, y por poniente hasta las ruinas el Castillo de Santa Bárbara. Al mando de un brigada estaba compuesto por un cabo, un corneta, un carabinero de primera clase y nueve de segunda. Su acuartelamiento no tenía capacidad de alojamiento y dicha fuerza habitaba en la casa-cuartel existente junto a la aduana de La Línea de la Concepción.
El puesto de Santa Bárbara también era de primera línea con 1.900 metros comprendidos por levante desde el exterior de las ruinas de la fortaleza que le daba nombre, y por poniente “hasta la carretera de Gibraltar a lo largo de la alambrada por el campo exterior”. Al mando también de un brigada estaba integrado por un carabinero de primera clase y ocho de segunda, alojándose en la casa-cuartel de la aduana de La Línea de la Concepción así como de alquiler en casas particulares.
Cuando a partir de 1940 los carabineros fueron reconvertidos en guardias civiles se continuó manteniendo la misma casa-cuartel hasta finales de los años 60, sin haberse podido precisar todavía la fecha exacta de su supresión. Es muy probable que dado el mal estado de conservación y habitabilidad del edificio se procediera a su traslado al nuevo acuartelamiento de La Banqueta, inaugurado en 1968 y sito en la entonces denominada avenida de Héroes del Alcázar de Toledo.
A la misión de constituir una segunda línea de vigilancia fiscal, propia de los antiguos carabineros, para impedir que pudiera pasar el género de contrabando que hubiese podido burlar la primera línea, se sumaba la tradicional de la Guardia Civil que era el mantenimiento de la seguridad ciudadana de una barriada que veía constantemente incrementado su número de edificaciones y habitantes. De hecho su configuración y población actuales poco tiene que ver con las de entonces.
La última relación nominal de componentes del puesto de El Zabal que se ha tenido constancia estaba compuesta en 1965 por el sargento José Valderrama Cortés, el cabo 1º Antonio Jiménez Castro y los guardias 2º Pedro Pérez Herrera, José Trujillo Ahumada, José Romero Maestre, Jesús Rodríguez Fernández, Salvador Fernández Pintor y Heliodoro García Garnica.


LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXX). EL CUARTEL DE LA ATUNARA (1974-1986).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 9 de septiembre de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

El capítulo XXVIII concluía afirmando que la última utilidad de la casa-cuartel de la Guardia Civil en La Atunara, antes de su demolición, fue guardar las artes de pesca de la cofradía sindical de pescadores de La Línea de la Concepción así como alojar temporalmente a algunos trabajadores de la almadraba.
No obstante, se ha tenido reciente acceso a unos documentos muy interesantes, gracias al capitán Luis Martínez González, que acreditan un último uso más, esta vez de carácter social.
Dicho acuartelamiento había sido desalojado oficialmente el 11 de junio de 1973, dado su mal estado de conservación. Hasta ahora se tenía conocimiento de que Antonio Seliva López, patrón mayor de la mentada cofradía, había escrito el 20 de septiembre de 1974 una primera carta al teniente coronel Manuel Lafuente Martín, jefe de la 262ª Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras.
En ella se exponía que “en vista de que se aproxima el tiempo de lluvias y otras inclemencias climatológicas por lo cual tendríamos que poner la báscula para el peso del pescado y efectuar la venta del mismo a la intemperie con todas las molestias y perjuicios que ello llevaría consigo toda vez que en años anteriores estas faenas se han efectuado en el local que teníamos y que fue derribado, rogamos a V.S., nos autorice a hacer un cobertizo en uno de los patios del Cuartel de La Atunara”.
La carta continuaba explicando que caso de darse autorización, dicho cobertizo sería en el patio que daba a la parte de poniente, es decir, en la parte sur y que consistiría simplemente en un techo de chapa o uralita. Debajo se montaría la báscula y se efectuaría en dicho lugar la venta del pescado. Todo ello sería de forma provisional hasta que se construyera la lonja que estaba proyectada. Por supuesto la cofradía se responsabilizaba de “la conservación y aseo” de dicho lugar. Cuatro días después el teniente coronel Lafuente contestaba positivamente al patrón mayor, “sin otras limitaciones que las que especifica en su repetida carta”.
El 30 de noviembre siguiente el patrón mayor volvería nuevamente a escribir al teniente coronel. La campaña almadrabera en ese puerto había ya finalizado y se había desalojado lo instalado como lonja provisional, pero en esta ocasión se solicitaba autorización para guardar los enseres de pesca de los miembros de la cofradía. Seis días después el teniente coronel daba por escrito su autorización.
Aún habría un tercer escrito del patrón mayor, fechado esta vez el 30 de mayo de 1975 y dirigido igualmente al teniente coronel, solicitándole en esta ocasión autorización para utilizar tres locales de la antigua casa-cuartel para el personal de la almadraba, con motivo de la nueva campaña. Y cinco días después le fue concedida por el tiempo que durase la misma.
Todo este intercambio epistolar de solicitudes y concesiones denotaba la magnífica relación que tradicionalmente siempre ha existido entre la cofradía de pescadores de La Línea y la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras. De hecho, hoy día el Servicio Marítimo del benemérito Instituto les protege en los conflictos que padecen en las aguas españolas que rodean la colonia británica de Gibraltar.
Pero aquí no finalizaría el uso del antiguo acuartelamiento de Carabineros y de la Guardia Civil, pues al año siguiente surgiría una iniciativa popular por parte de un grupo de vecinos de La Atunara, preocupados por el desenvolvimiento de la juventud de la barriada.
Concretamente el 15 de febrero de 1976 se dirigieron por escrito al teniente coronel jefe de la ya redenominada 242ª Comandancia de Algeciras. Una vez más había modificado su numeración.
Resultaba que con ocasión de nueva reorganización de la Guardia Civildispuesta el 28 de diciembre de 1974, el 26º Tercio de Cádiz se había reconvertido en el 24º Tercio, manteniendo la misma demarcación provincial, composición y sede, con el coronel Rafael Serrano Valls al frente. Ello dio lugar a que las 261ª y 262ª Comandancias de Cádiz y Algeciras pasaran entonces numerarse como 241ª y 242ª, respectivamente, sin que ello conllevara otros cambios.
En su instancia los vecinos de La Atunara comenzaban exponiendo al mando de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar que, “en la barriada en que viven no existen locales para jóvenes, salvo los bares, en los que puedan desarrollar actividades recreativas, culturales y deportivas”.
Seguidamente explicaban que en un plazo de unos seis meses esperaban que tras realizarse las oportunas obras en unas dependencias anexas a la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, pudiera disponerse de un centro parroquial para jóvenes. Concluían solicitando autorización para utilizar algunos de los pabellones en mejor estado, “como centro juvenil”.
Los vecinos firmantes de La Atunara, “con el aval del Cura Párroco”, Alberto Jorge Revuelta Lucerga, eran Juan Robles de los Reyes, Amalio Bracho, Andrés Díaz Castillos, Emilio Gil Benítez, Manuel García Gómez, Isidoro Vázquez Domínguez, Miguel Vallejo Morente, Juan Fernández González, Juan Antonio Fernández Flores, Juan José Vallejo, Juan Vázquez, José Ordoñez, Alfonso Lanza, Jorge Pérez, Andrés Galán Vallejo y Francisco Morente Leal. 
Una vez más el teniente coronel Lafuente accedió a lo solicitado. El 10 de febrero siguiente ordenó al capitán José Luis Ruiz Núñez, jefe de la 1ª Compañía de la Guardia Civil en La Línea de la Concepción que se le facilitara al párroco el pabellón que estuviera en mejor estado y suscribiera con él, el correspondiente contrato de uso y gratuito.
Las condiciones estipuladas y suscritas por ambas partes dos días después en La Línea consistieron en que se autorizaba el uso “sin abono de ninguna clase al Cuerpo por parte del indicado Centro Juvenil”, por el periodo de un año prorrogable si las circunstancias lo aconsejaran, debiendo ser utilizado “exclusivamente para desarrollar actividades recreativas, culturales y deportivas”, quedando extinguido inmediatamente dicho contrato “siempre que se tenga conocimiento o se presuma de que es utilizado el local para asuntos ajenos a los expuestos”. El párroco Revuelta Lucerga se comprometió a todo ello “solemnemente” y, “en consecuencia, a desalojar la finca facilitada en el plazo que se le señale”. 
Realizadas las obras del centro parroquial para jóvenes la antigua casa-cuartel quedó ya sin uso alguno deteriorándose hasta declarse en estado ruinoso. El edificio no tenía valor alguno mientras que los 4.649’40 metros cuadrados que medía el terreno propiedad del Estado, se habían valorado el 18 de septiembre de 1975 en 1.162.350 pesetas por el arquitecto de la Delegación de Hacienda en Cádiz, Francisco Barbadillo Gómez. 
El consejo de ministros en su reunión de 15 de diciembre de 1978 acordó la declaración de urgencia de unos terrenos de La Línea, entre los que estaba el del acuartelamiento, para la construcción por el Instituto Nacional de la Vivienda de 600 pisos en La Atunara, que finalmente no se llevaron a cabo.

Finalmente el 2 de julio de 1986 se firmaron las actas de desafectación del antiguo acuartelamiento cesando definitivamente su vinculación con la Guardia Civil. Parte de su solar es ocupado actualmente por el puerto de La Atunara.

martes, 3 de septiembre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXIX). LA CASA-CUARTEL DE LA ADUANA.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 2 de septiembre de 2019.

El original contiene una fotografía en color.


El artículo 2ºdel real decreto de 9 de marzo de 1829 establecía que el cuerpo militar de Carabineros se creaba “para la seguridad y vigilancia de las costas y fronteras, hacer la guerra al contrabando, prevenir sus invasiones y reprimir a los contrabandistas, y para afianzar con respetable fuerza a favor de la industria y comercio nacionales, la protección y fomento que procuran las leyes de Aduanas”.

Cuando se redactó no se hizo pensando sólo en el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar, que ya existía, principalmente por vía marítima. Y por supuesto, tampoco en La Línea de la Concepción, a cuyo municipio le quedaban todavía cuatro décadas para crearse, no habiendo además apenas población civil, pues casi todo era guarnición militar.

España venía padeciendo desde muchos años antes el grave problema del contrabando, tanto terrestre, sobre todo procedente de Francia, como muy especialmente el marítimo en casi todas las costas bañadas por el mar Mediterráneo. La colonia británica era una de las fuentes generadoras de contrabando pero no la única ni la más importante entonces, si bien su volumen no era nada desdeñable.

Sin embargo, a medida que fue creciendo la población civil en el ya creado municipio de La Línea y fue cada vez mayor el número de personas que iban diariamente a trabajar a la colonia, fue aumentando también el contrabando terrestre, siendo necesario fortalecer su aduana y su correspondiente resguardo.

Desde 1829 hasta 1940 correspondió a Carabineros, bajo sus diferentes denominaciones, constituir esa fuerza de resguardo. La Guardia Civil, como ya se vió en capitulos anteriores, sólo era responsable de lo que hoy se denomina seguridad ciudadana y entonces orden público.

Sirva como referencia la que hizo sobre dicha aduana el periodista Lutgardo López Zaragoza en su obra “Guía de Gibraltar y su Campo”, editada en 1899: “No tiene importancia en lo referente a su recaudación de derechos arancelarios, puesto que las mercancías que se introducen son muy limitadas; pero si la tiene para la represión de las introducciones ilegales de toda clase de artículos, especialmente del tabaco, … Transitan diariamente por sus puertas sobre 15.000 almas, 300 caballerías y 300 carruajes; estando desempeñados los servicios auxiliares de reconocimiento por la sección veterana de Carabineros, compuesta de un sargento, dos cabos y cuarenta individuos, mandados por un primer teniente.”

La aduana estaba levantada sobre lo que hoy es la plaza de la Constitución y frente a ella el primer cuartel de Carabineros que fue demolido a finales del siglo XIX para levantar otro de mucha mayor envergadura. A mediados de los años 40 del siglo XX, perteneciendo ya a la Guardia Civil, también sería echado abajo para ampliar dicha plaza, amén del deplorable y ruinoso estado del edificio.

Durante muchos años la aduana y dicho acuartelamiento serían los dos primeros edificios que existían entre la Verja y el inicio del casco urbano de La Línea. Anteriormente, mucho antes de que los militares británicos levantaran impúnemente las primeras alambradas, existían frente a la colonia, adelantados a los restos de las fortificaciones de San Felipe y Santa Bárbara, dos pequeños acuartelamientos de Carabineros. Ambos figuran en el plano de 1862 por el teniente coronel Luis de Negrón, mentado en el capítulo anterior, y también terminarían siendo demolidos años después.

La primera casa-cuartel que heredó la Benemérita en 1940 para asumir el resguardo en la aduana de La Línea, integrado por carabineros reconvertidos por ley en guardias civiles, fue la que ya mencionaba en 1899 el periodista Lutgardo López. 

En el último “Escalafón General del Cuerpo de Carabineros”, editado en 1936, por el ya también mencionado brigada Eusebio Fernández, se hacía la siguiente referencia de la colonia británica: “Como puerto franco ofrece en abundancia toda clase de géneros y su comercio es muy considerable, pues Gibraltar ha sido siempre un gran depósito para el contrabando, principalmente de tabaco”. 

Seguidamente trataba sobre las tres unidades ubicadas en dicha casa-cuartel. El edificio tenía dos pabellones para oficiales, dos para oficinas, treinta y seis para casados y sala de armas. Se afirmaba que “se encuentra en construcción un magnífico cuartel con capacidad suficiente para alojar toda la fuerza de Carabineros de la citada población”, ya que muchos de ellos tenían que vivir de alquiler en casas particulares. La Guerra Civil y las restricciones presupuestarias que le siguieron impidieron que aquello fuera una realidad.

La primera unidad alojada era la cabecera de la compañía, con un capitán jefe de la misma, auxiliado en las tareas burocráticas por un brigada y un carabinero 2º. También estaba ubicado un puesto de infantería mandado por un brigada e integrado por un carabinero 1º y nueve carabineros 2º que tenían a su cargo “la vigilancia fiscal de la población, reconocimiento de bultos en el despacho de la central del ferrocarril, vigilancia en las puertas de salida de la báscula de la aduana, retaguardia de las puertas, Cachón de Jimena y Castillo de España, así como las personas que puedan infundir sospecha procedentes de Gibraltar”.

Finalmente, estaba la “Sección de la Aduana” al mando de un teniente y compuesta por dos brigadas, dos cabos, un corneta, un carabinero 1º, cuarenta y nueve carabineros 2º y catorce matronas, estas últimas para el registro corporal de mujeres. Dicha fuerza se dedicaba a “reconocimientos del personal y equipajes que proceden de Gibraltar, y vigilancia, por levante desde la carretera de Gibraltar (puerta de salida), y por poniente hasta La Línea y Estación Sanitaria”. Durante la noche vigilaban también “las alambradas y el Campo Neutral por su parte interior, auxiliados por fuerza de otros puestos”.

Esta sería la casa-cuartel y las unidades de Carabineros que pasaron a integrarse en la Guardia Civil tras entrar en vigor la Ley de 15 de marzo de 1940. Casi cuatro años después, el 16 de febrero de 1944, el ministro de Hacienda, Joaquín Benjumea Burín, se dirigió al de la Gobernación, Blas Pérez González. El motivo era informar de que tras comprar por el ayuntamiento de La Línea, un solar para que pudiera construirse un nuevo acuartelamiento para la Guardia Civil, la corporación municipal, “teniendo noticia de que el antiguo cuartel habrá de ser declarado inservible para las necesidades del Estado, solicita que le sea cedido gratuitamente el solar que ocupa el viejo edificio, para poder ampliar la Plaza del Generalísimo Franco, en la que está situado”.

Aprobada tal cesión, el general de división Camilo Alonso Vega, director general de la Guardia Civil, en escrito de fecha 6 de marzo siguiente, designó al teniente coronel Federico Montero Lozano, jefe de la 237ª Comandancia Mixta de Cádiz, con cabecera en la capital de la provincia, para que en representación del Ministerio de la Gobernación hiciera entrega a la Delegación de Hacienda, “del solar que ocupa el viejo edificio de la Casa-cuartel de La Línea de la Concepción (Cádiz) y formalice escritura pública del terreno que cede aquella entidad municipal para la construcción de un nuevo Cuartel”.

Ese nuevo acuartelamiento no llegaría hasta 1968 con el actual de La Banqueta.