Translate

miércoles, 20 de noviembre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XL). EL PUESTO DE SAN FELIPE (1940-1970).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 11, el 18 de noviembre de 2019.

El original contiene dos fotografías en blanco y negro.

El puesto de San Felipe, junto al de Santa Bárbara, se encontraba entre los más antiguos que tenía el Cuerpo de Carabineros en el Campo de Gibraltar. De hecho pertenecían prácticamente a la época fundacional y se crearon incluso antes que la primera de las “alambradas” británicas se levantara en 1854 sobre territorio español.
De hecho, ambos ya aparecen en el plano fechado en 1862 por el teniente coronel de Ingenieros Luis de Negrón, citado en capítulos anteriores, cuando La Línea de Gibraltar era todavía una pedanía de San Roque y no se había emancipado para convertirse en La Línea de la Concepción.
Sus nombres se debían a los dos fuertes artillados y abaluartados que situados a poniente y levante respectivamente, formaban parte de la llamada Línea de Contravalación. Ambos fueron destruidos durante la Guerra de la Independencia por los británicos en 1810, al igual que otras fortificaciones, con la excusa de evitar que caso de que las tropas francesas alcanzaran esas posiciones pudieran atacarles desde ellas.
Cuando el Cuerpo de Carabineros comenzó a desplegarse en la zona a partir de 1829 sólo quedaban las ruinas de ambas construcciones militares. En su honor tomaron los puestos de Carabineros sus nombres, por estar cada uno de ellos comprendido en su demarcación. Su razón de ser era prevenir y reprimir el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar que por la parte de poniente o de levante intentase ser introducido en territorio español.
Las “alambradas” británicas condicionaron el servicio de vigilancia fiscal de los dos puestos a prestar frente a las mismas. La construida en 1910, con un trazado que se mantiene hasta la actualidad, y que es conocida por la “Verja”, delimitó su demarcación frente a la misma hasta el año 1940.
Gracias al tan reiterado “Escalafón General del Cuerpo de Carabineros”, editado en 1936 por el brigada Fernández Chimeno, sabemos que el puesto de San Felipe estaba considerado como de primera línea, siendo también la residencia del oficial jefe de la 2ª Sección, del cual dependía junto a los de Cachón de Jimena y El Espigón. 
Su plantilla estaba compuesta por 1 brigada, 1 cabo, 1 carabinero de 1ª clase y 7 de 2ª clase. Vivían en la casa-cuartel de La Línea de la Concepción que existía junto a la aduana o en casas particulares de la localidad y vigilaban una demarcación de 435 metros en la zona de poniente del denominado “Campo Exterior”, frente a la “Verja”. Concretamente por levante desde “La Mata” hasta “Resbalaje” por poniente, donde limitaba con el mentado puesto de El Espigón.
El limítrofe puesto de Santa Bárbara también estaba considerado de primera línea. Su plantilla estaba integrada por 1 brigada, 1 carabinero de 1ª clase y 8 de 2ª clase. Vivían también en la mentada casa-cuartel de La Línea o en casas particulares de la localidad y vigilaban una demarcación de 1.900 metros en la zona de levante del denominado “Campo Exterior”, frente a la “Verja”, incluido el llamado “Boquete de levante”. Concretamente abarcaba desde los restos del fuerte de Santa Bárbara, por levante, donde limitaba con la demarcación del puesto de Castillo España, hasta la llamada “carretera de Gibraltar”, por poniente, donde a partir de “La Mata” comenzaba la demarcación del puesto de San Felipe.
Con la entrada en vigor de la Ley de 15 de marzo de 1940, que supuso la absorción del Cuerpo de Carabineros por el de la Guardia Civil, el puesto de San Felipe con sus componentes pasó a integrarse en la Benemérita al igual del resto de puestos de la hasta entonces 10ª Comandancia de Carabineros de Algeciras. 
El 31 de agosto de 1954 fue aprobada por el teniente general Camilo Alonso Vega, director general de la Guardia Civil, la reorganización de la entonces 337ª Comandancia de Algeciras, pasando el puesto de San Felipe a pertenecer a la 2ª Línea de Alambradas, dependiente de la 7ª Compañía de Especialistas, de nueva creación.
A partir del 23 de marzo de 1965 se fijó por la 1ª sección de estado mayor de la Dirección General del Cuerpo, su plantilla en 1 suboficial, 1 cabo y 14 guardias. Hasta entonces tenía 1 cabo y 1 guardia más. Al inicio del año se encontraba al frente del puesto de especialistas fiscales el sargento Marcelino Larrad Lozano, constituyendo la fuerza del mismo, el cabo 1º Francisco Fernández Sánchez, el cabo Francisco Padilla Jiménez y los guardias de 2ª clase José Mateos Guerrero, Antonio Gutiérrez Alarcón, Juan Prados Dueñas, Martín Álvarez Álvarez, Manuel García González, Juan Sánchez Sánchez, Lorenzo Vinagre Delgado, Antonio Muñoz Zamora, Francisco López Lora, José Urda Gil, José Travado López, Francisco Cárdenas Bernal y Serafín Martínez Chicón.
Como acuartelamiento usaban una caseta de unos 28 metros cuadrados que había sido construida por el equipo de entretenimiento de la Comandancia y puesta en servicio el 1º de septiembre siguiente. Sus materiales fueron costeados por el ayuntamiento de La Línea de la Concepción. Dicha caseta estaba enclavada en denominado Paseo Andrés Viñas, en su terminación a orillas del mar y entrada al Muelle de San Felipe. El personal del puesto con sus familias habitaba en viviendas particulares.
Hasta entonces usaban una caseta de mampostería y chapa que estaba enclavada junto a la lengua del agua, al sur de la localidad. Ocupaba una superficie de tan sólo cinco metros cuadrados, donde se efectuaba el sorteo de los servicios y se conservaba la documentación de los mismos. El armamento se depositaba en la sala de armas del puesto de La Aduana.
La vigilancia fiscal se ejercía a lo largo de 970 metros, desde el “Boquete de San Felipe” (poniente), que constituía el límite con el puesto de Alambradas, hasta la esquina de una antigua fábrica de fideos, que posteriormente fue margen derecha del pantalán existente en ese punto. 
El 25 de octubre de 1968, se realizó la 2ª fase de reorganización de la 262ª Comandancia de Algeciras. El puesto de San Felipe quedó encuadrado en la 1ª Compañía y 3ª Línea, siéndole asignados 350 metros de playa del recién suprimido puesto de Alambradas por su parte izquierda, toda la demarcación del también suprimido puesto de El Espigón, cuyo acuartelamiento pasaron a ocupar, y unos 185 metros, por poniente, del puesto de Príncipe Alfonso.
El puesto de San Felipe también tenía a su cargo la vigilancia fiscal en las empresas de autobuses Comes y Portillo así como en el despacho de la Renfe, pero tras el cierre de la “Verja” decretado por el gobierno español el 8 de junio de 1969, se dispuso a partir del 25 de octubre siguiente que fuera asumida por el puesto de Punto Avanzado, nueva denominación del antiguo puesto de la Aduana.
Tenía también cuatro garitas de mampostería a lo largo de la zona de la carretera, situadas frente a “Casa Calvo”, Grupo Escolar “Carlos V”, desembocadura de la entonces denominada calle Queipo de Llano y próxima al río Cachón.
Finalmente, el 30 de junio de 1970 se suprimió dicho puesto, siendo absorbido por el de Punto Avanzado.

martes, 19 de noviembre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXIX). EL PUESTO DE EL ESPIGÓN (1940-1968).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 40, el 11 de noviembre de 2019.

El original contiene dos fotografías en blanco y negro.

Cuando entró en vigor la Ley de 15 de marzo de 1940 y la Guardia Civil asumió en La Línea de la Concepción, las misiones, personal y acuartelamientos del desaparecido Cuerpo de Carabineros, una de sus unidades era el puesto de El Espigón. 
Gracias al “Escalafón General”, editado en 1936 por el brigada Eusebio Fernández Chimeno, sabemos que tenía una dotación de 1 brigada, 1 cabo, 1 carabinero de 1ª clase y 13 de 2ª clase. Vivían en la casa-cuartel de La Línea o en casas particulares y vigilaban casi 800 metros de costa, desde el “Resbalaje” por levante hasta la “Escalereta del Cachón” por poniente. 
A modo de acuartelamiento, si bien no era digna de tal denominación, se venía utilizando una garita sita en el “El Varadero” que servía como pequeña oficina. La madrugada del 25 de febrero de 1956 se derrumbó como consecuencia de un fuerte temporal y hubo que construir otra más robusta de mampostería. Era un punto especial de vigilancia, “ya que como varadero atracan al mismo constantemente barcos de pesca”, que debían ser controlados. Por aquel entonces el puesto de El Espigón estaba encuadrado en la 2ª Línea de Alambradas que mandaba el teniente Manuel Flores Comitre, perteneciente a la 2ª Compañía de La Línea de la Concepción mandada por el capitán Agustín Castaño Acosta.
Y con esa nueva garita se continuó como oficina siete años más hasta que tras aprobarse el 30 de octubre de 1963, por la Jefatura de Obras de la Dirección General de la Guardia Civil, el presupuesto correspondiente, se procedió por el equipo de entretenimiento de la 337ª Comandancia de Algeciras, a la construcción de un pequeño acuartelamiento.
A pesar de finalizar las obras en tan sólo tres semanas, del 15 de noviembre al 7 de diciembre, fue necesario acondicionarlo y dotarlo de mobiliario, cuestiones que necesitaron más tiempo. Finalmente con fecha 1º de abril de 1964 se procedió a su ocupación por un puesto de Infantería y otro de Marinos.
El acuartelamiento fue construido a unos 10 metros de la lengua de agua, frente a la bahía de Algeciras y enclavado en el llamado “Varadero de El Espigón”, al suroeste de La Línea de La Concepción. Tenía una única planta edificada con una superficie de 57 metros cuadrados. Cada comandante de puesto tenía un pequeño despacho y comunitariamente una sala para el sorteo del servicio y un cuarto de aseo, careciéndose de línea telefónica. Hasta abril de 1967 no hubo agua corriente. Como no tenía alojamiento no era una casa-cuartel, denominándosele popularmente “cuartelillo”. Los guardias civiles allí destinados residían en viviendas particulares, de su propiedad o de alquiler. 
Respecto al sorteo del servicio hay que explicar que ello se refería a que cuando se entraba en el turno de mañana, tarde o noche, ningún guardia civil sabía previamente en qué punto concreto iba a prestarlo. Era un protocolo heredado del antiguo Cuerpo de Carabineros para la prestación del servicio de resguardo fiscal, con el que se pretendía minimizar el riesgo de la connivencia con contrabandistas. Antes de iniciarlo se procedía por el comandante de puesto o jefe de turno a sortear, mediante bolas numeradas o papelitos recortados, el lugar de posta o vigilancia que le correspondía a cada uno. Tan sólo el azar decidía donde se iba a estar de vigilancia. Antiguamente no había posibilidad de comunicarse directamente con terceras personas para informar dónde se prestaba.
El servicio del puesto de Infantería era de vigilancia fiscal de la franja costera situada a poniente del Peñón, al objeto de evitar alijos de contrabando, principalmente tabaco, procedentes de la colonia británica de Gibraltar. El puesto de Marinos, constituido por 1 cabo y dos guardias, tenía la misma finalidad, pero con ayuda de una pequeña embarcación para el reconocimiento y control de embarcaciones en el varadero. Estos últimos en vez de vestir el uniforme verde y el tradicional sombrero negro del benemérito Instituto, portaban uniforme color azul y gorra de plato.
En 1965 se encontraba al frente del puesto de Infantería el sargento José Fernández Palmero, constituyendo la fuerza del mismo, el cabo 1º Antonio Corona Pozo y los guardias de 2ª clase Pascual Fernández Llamas, Francisco López Escalante, José Cabello Pedrosa, Nicanor Moreno García, José Solano Ríos, José Hidalgo Ahijado, Francisco Santiago Jaenes, Juan Jiménez Jaén, Manuel García Sánchez, Francisco Tinajero Márquez, Pablo Franco Calle, Juan Guerrero Macías y José Herrera Gaunero.
El 25 de octubre de 1968, con motivo de la 2ª fase de reorganización de la 262ª Comandancia de Algeciras, el puesto de El Espigón pasó a ser asumido y ocupado por el puesto limítrofe de San Felipe que trasladó allí sus dependencias sitas hasta entonces en el núm. 7 de la calle Andrés Viñas. Fue objeto de una reorganización que será expuesta próximamente, al hacerse cargo también de parte de las demarcaciones del desaparecido puesto de Alambradas y del puesto de Príncipe Alfonso, ubicado en el vecino término municipal de San Roque.



jueves, 7 de noviembre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXVIII). EL FINAL DE LA “ALAMBRADA” ESPAÑOLA.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019). 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 13, el 6 de noviembre de 2019.

El original contiene una fotografía en color.


Cuando el 8 de junio de 1969 se procedió por el gobierno de España a decretar el cierre de la “Verja” británica, fue necesario reorganizar el despliegue y servicio de resguardo fiscal que prestaba la Guardia Civil, tanto a lo largo de la misma como en lo que hasta ese momento había sido el punto aduanero habilitado para el paso de personas, vehículos y mercancías.
Dado que ya no había tránsito alguno, los guardias civiles que prestaban servicio en la aduana fueron dedicados a reforzar la vigilancia sobre toda la “Verja” y sus dos extremos marítimos, situados en los denominados “boquetes” de Levante y de Poniente.
En esa fecha existían frente a la “Verja” un total de cuatro garitas de muy reciente construcción. Todas ellas eran de mampostería y tenían unas dimensiones de 2’50 metros de largo por 1’50 metros de ancho, con una superficie de 3’75 metros cuadrados. Tres de ellas fueron sufragadas con cargo a los presupuestos de la Administración de Aduanas y entregadas a la Guardia Civil el 26 de junio de 1968. Una estaba situada en el mismo “boquete” de Levante, otra a unos 500 metros de la anterior en dirección Poniente, y la tercera en el “boquete de Poniente”. La cuarta garita, ubicada a unos 250 metros del “boquete” de Levante, fue construida por personal del puesto de Punto Avanzado, entrando en servicio el 12 de diciembre de 1968.
Apenas transcurridos cuatro meses del cierre de la “Verja”, concretamente el 25 de octubre de 1969, se inició en la misma playa de Levante la construcción de una quinta garita, de análogas dimensiones a las anteriores y con cargo a presupuestos de la Guardia Civil. También se instaló una farola para mejor vigilancia nocturna del servicio. Finalizó la obra en tan sólo seis días siendo su coste total de 22.350 pesetas.
La razón de ello fue la necesidad de fortalecer la vigilancia en la zona tradicionalmente más vulnerable de la “Verja”, tanto para la entrada de géneros de contrabando, principalmente tabaco, procedente de la colonia británica, como del paso clandestino de personas hacia un lado u otro de aquella. De hecho, con fecha 25 de noviembre de 1969 fue autorizada la instalación de 475 metros de alambrada en el mentado “boquete” de Levante. 
Por lo tanto, para evitar tales actividades ilícitas existía entonces un dispositivo permanente de vigilancia a lo largo de toda la “Verja”, establecido desde esas cinco garitas y apoyado por patrullas móviles de la Guardia Civil. 
Éstas se realizaban a pie por carecer el puesto de Punto Avanzado de un vehículo oficial, debiendo vigilar además la zona comprendida entre la antigua “alambrada“ española y la todavía existente en ese momento que databa de principios de los años 40 del siglo XX. Es decir, la ciudad deportiva, el parque municipal y la zona residencial de viviendas que había entre ambas se vigilaban por parejas de servicio a pie. Ello terminó motivando que con fecha 20 de noviembre de 1969, el capitán José Docampo Salinas, jefe de la 1ª Compañía de la Guardia Civil de La Línea de la Concepción, elevara motivada propuesta de adjudicación de “un coche Land-Rover”, el cual le terminaría siendo facilitado.
Otra cuestión importante de resolver era la transmisión inmediata por los guardias civiles que estaban de servicio en las garitas, de cualquier novedad que se produjera. En aquella época los medios portátiles de transmisiones utilizados eran muy escasos y tenían una reducida autonomía, lo cual obligaba a la constante recarga de sus baterías, amén de su escaso alcance. También estaba el problema de que las comunicaciones radiotelefónicas pudieran ser interceptadas, bien por los británicos o por terceras personas vinculadas al contrabando u otras ilícitas. Para evitar todo ello se instaló inicialmente una precaria red telefónica militar entre todas las garitas y el puesto de Punto Avanzado, no dando el resultado deseado por las numerosas averías que se producían.
Por tal motivo, y a propuesta inicial del teniente coronel Manuel Lafuente Martín, jefe de la 262ª Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, el gobernador militar del Campo de Gibraltar, general de división Ángel Ruiz Martín, remitió carta fechada el 8 de septiembre de 1971 al teniente general Luis Díaz-Alegría Guetiérrez, director general del Cuerpo. En ella se interesaba por una mejor dotación del servicio telefónico en las garitas ubicadas en la “Zona Especial de Vigilancia Fiscal”, es decir, en la que prestaba servicio la Guardia Civil frente a la “Verja”. 
El 16 de octubre siguiente le contestaba que, “como consecuencia de las gestiones realizadas en la Jefatura de Transmisiones del Ejército, para conseguir material de idénticas características al empleado en el Ejército, me informan que darán orden a la Sección de Transmisiones, destacada en ese Campo, para llevar a efecto su instalación con el material reglamentario”. 
Su contenido, que era de gran interés, fue adelantado en carta fechada el 22 de octubre, por el jefe de estado mayor del gobierno militar del Campo de Gibraltar, teniente coronel Pascual Mainar Lafont, al teniente coronel Lafuente, “como resultado de la gestión efectuada por este Gobierno sobre instalaciones de teléfonos y mantenimiento de los mismos, en el Puesto avanzado de la Zona Especial de Vigilancia Fiscal de esa Comandancia, en La Línea de la Concepción”. Todo lo cual sería a su vez remitido una semana más tarde, desde la jefatura de la Comandancia, al capitán Docampo, del que dependía dicho puesto.
La comunicación oficial se recibiría en la Comandancia de Algeciras el 3 de diciembre siguiente, tras ser trasladada sucesivamente por la Jefatura de Transmisiones de la Dirección General de la Guardia Civil, la Jefatura de la 2ª Zona (Sevilla) y la Jefatura del 26º Tercio (Cádiz): “como consecuencia de la petición de material telefónico por parte del Excmo. Señor General Gobernador Militar del Campo de Gibraltar para la red de garitas, que utiliza la fuerza del Cuerpo en la zona de Vigilancia Fiscal (demarcación de la 262ª Comandancia), se ha estimado por parte del Excmo. Señor General Jefe de Transmisiones del Ejército, la conveniencia de integrar dicha red telefónica en la general militar del Campo de Gibraltar, pasando a depender su entretenimiento de la Sección de Transmisiones Regional del Ejército, allí destacada”.
El mismo día que comenzaban las obras de la quinta garita, 25 de octubre de 1969, se disponía por órdenes emanadas de la superioridad que la fuerza del puesto de Punto Avanzado dejase de prestar servicio en la que hasta entonces había sido una de sus principales responsabilidades: la “alambrada” española. A partir de entonces no sólo cesó la vigilancia física sobre la misma sino que no se realizó mantenimiento ni reparación alguna.
 Dos semanas antes, desde la jefatura de la Comandancia se había dispuesto que plantilla de ese puesto quedara constituida por 4 suboficiales, 5 cabos y 43 guardias civiles. Las matronas al no ser ya necesarias se enviaron al puerto de Algeciras.
La “alambrada” española hace ya medio siglo pasó a ser historia, quedando sólo la “Verja” británica sobre territorio español ...

miércoles, 6 de noviembre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXVII). LAS GARITAS DE VIGILANCIA DE LA “VERJA”.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 13, el 28 de octubre de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

Entre la “Verja” británica y la “alambrada española” fue necesario construir una serie de garitas desde las cuales los guardias civiles encargados de su vigilancia pudieran prestar su servicio y resguardarse sobre todo del sol, la lluvia y el viento, pues respecto al calor y el frío que padecían de día o de noche, según la estación del año en que se encontrasen, poco podía hacerse a decir verdad.
El levantamiento de dichas garitas, actualmente inexistentes desde hace varias décadas, no fue exclusivo de la vigilancia sobre la colonia británica de Gibraltar, sino que era algo habitual en numerosos puntos de la costa, no sólo de nuestra Comarca, sino de buena parte del litoral español que fuera proclive a sufrir alijos de contrabando.
El servicio de vigilancia de costas y fronteras en la Guardia Civil, heredado del desaparecido Cuerpo de Carabineros, era uno de los más duros y penosos que había en el Campo de Gibraltar. Asumido en 1940 por la Guardia Civil, convirtiéndose por lo tanto también en una “Policía de Fronteras”, término por cierto muy usado actualmente por la Agencia FRONTEX de la Unión Europea, fue practicado a pie durante casi cuatro décadas.
Los servicios de doce horas seguidas de duración que prestaban los carabineros fueron igualmente realizados por los guardias civiles hasta que con el paso del tiempo se redujeron hasta turnos de ocho horas. Como la Guardia Civil entonces apenas disponía de vehículos oficiales, las parejas de servicio salían de las casas-cuarteles a pie con su fusil o subfusil al hombro, y vigilaban el tramo de costa encomendado montando la correspondiente posta, diurna o nocturna.
Las postas solían establecerse en puntos de visión privilegiada que les permitía vigilar visualmente, y en ocasiones con ayuda de prismáticos, una zona que solía ser escenario de potenciales alijos de contrabando procedentes principalmente de la colonia británica de Gibraltar. Cuando los puestos de la Guardia Civil comenzaron a disponer de algún vehículo, ya entrados los años 70 del siglo XX, aquél se utilizaba principalmente para trasladar a sus miembros hasta las proximidades de las mentadas postas, recogerlos a la finalización del servicio y llevarles su relevo.
Se trataba de un servicio muy duro por el elevado número de horas que estaban expuestos a toda clase de inclemencias meteorológicas, careciendo de resguardo o protección alguna. Ello terminó motivando que en algunos casos los propios guardias civiles terminaran por construirse artesanalmente pequeños chamizos, casetas e incluso garitas con trozos de madera que iban encontrando o sacando de cualquier lado.
Dicha imagen realmente era poco decorosa pero como también era cierto que eran prácticas y necesarias, se dispuso la construcción de garitas de mampostería que al menos tuvieran unas condiciones mínimas de dignidad y seguridad. Estas se construyeron por los equipos de entretenimiento de la 337ª Comandancia de Algeciras y de su 2ª Compañía de La Línea de la Concepción con fondos económicos de la Dirección General de la Guardia Civil y previa autorización del general gobernador militar del Campo de Gibraltar.
Así, por ejemplo, en la demarcación de la citada compañía, mandada entonces por el capitán Eustaquio Rodríguez Tinoco, se tiene constancia gracias a un informe de fecha 27 de julio de 1951, que había un total de doce garitas situadas en la demarcación de los puestos de la cabecera, Aduana, San Felipe, Espigón y Cachón.
Uno de los problemas de dichas garitas eran los daños que a menudo sufrían por las adversas condiciones climatológicas que azotaban la zona, tal y como se exponía en el referido informe: “necesitando algunas de ellas urgente reparación del piso por estar montadas sobre una plataforma de cemento que el temporal se lo ha comido, otras están agrietadas y algunas con parte de la techumbre destruida, teniendo que ser enlucidas todas y blanqueadas por su interior y exterior; cuyo importe de todo ello, no rebasaría de 10.000 pesetas”.
Otro ejemplo de ello se tiene en un escrito de fecha 30 de marzo de 1954, suscrito por el capitán Emilio Silva Plaza, entonces jefe de la mentada compañía, dando cuenta que cinco días antes, “debido al fuerte temporal reinante fue derribada y arrastrada por las olas desapareciendo en su totalidad”, la garita enclavada en el sitio conocido por “La Zanja”. Igualmente daba cuenta de los desperfectos sufridos en las puertas y ventanas, con rotura total de los cristales en otras dos garitas más, ubicadas en los en los puntos conocidos por “Vilches” y “Teniente Silva”. Éste último llamado así en memoria de quien fuera jefe de La Línea de la Concepción, Valeriano Silva Franco, herido mortalmente en acción de guerra el 13 de agosto de 1936 y fallecido doce días después.
Un último ejemplo que acredita las duras condiciones en que prestaban su servicio los guardias civiles, y mucho más cuando montaban a la intemperie los servicios de postas, se refleja en la novedad participada el 6 de noviembre de 1967 por el capitán José Martín Moreno, jefe entonces de la 7ª Compañía de La Línea de la Concepción, poniendo en conocimiento que dos días antes, “debido al fuerte temporal de poniente, la garita de mampostería del Cuerpo, que se encontraba situada en la Playa de Poniente de la demarcación del Puesto de Alambradas de esta Unidad, sita junto al Boquete de San Felipe, por las olas fue socavada su cimentación, derrumbándose ésta y quedando totalmente destruida”.
Pero no sólo se construyeron garitas en primera línea de costa para detectar posibles alijos de contrabando por mar, sino también a lo largo de la “alambrada española” y en las inmediaciones de la “alambrada inglesa”, tanto para prevenir el contrabando procedente de la colonia británica como para evitar el paso clandestino de personas a ambos lados de la “verja” por puntos no habilitados.
A partir de 1968, la situación cada vez más tensa entre los gobiernos de España y Reino Unido por la soberanía del Peñón, motivó la construcción de más garitas en las inmediaciones de la “Verja”.
Así, el capitán Martín Moreno informaba con fecha 18 de abril de dicho año el inicio de la construcción de varias garitas por personal de la empresa “Entrecanales y Távora”, para su uso por la Guardia Civil, “en el Campo Militar Español, para la vigilancia a lo largo de toda la alambrada inglesa”. Tres meses más tarde dicho oficial participaba la finalización de dichas obras: “estas garitas han sido situadas próximas a la alambrada inglesa, tres en la parte de Levante del Campo Militar Español y una en la de Poniente.” 
Tras el cierre de la “Verja” acaecido el 8 de junio de 1969 se procedería poco después por la Guardia Civil a dejar de prestar servicio en la “alambrada española”, que se encontraba en un estado pésimo al haberse dejado de hacer cargo de su mantenimiento el ministerio de Hacienda, terminando por desmantelarse. Por el contrario, tal y como se verá próximamente se potenciaría la vigilancia sobre la “alambrada inglesa”, donde las garitas desempeñarían un importante papel.

jueves, 24 de octubre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXVI). EL COSTE ECONÓMICO DE LA “VERJA” ESPAÑOLA.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 15, el 21 de octubre de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


Cuando el teniente coronel de Artillería Víctor Castro Sanmartín, máximo responsable de la Delegación para la Represión del Contrabando y la Defraudación, encuadrada en el Ministerio de Hacienda, preguntó por escrito el 3 de julio de 1961 a la Dirección General de la Guardia Civil, si la “alambrada española” tenía utilidad para su servicio en esa zona y si era conveniente que se hiciera cargo de su mantenimiento, comenzó el principio de su fin.
La “verja” española, detallada en capítulos anteriores, había sido levantada casi dos décadas antes por Tabacalera S.A., haciéndose cargo desde entonces de su mantenimiento. Ello suponía sufragar el coste del fluido eléctrico de su alumbrado (56 focos) así como de las sustituciones de las lámparas rotas intencionadamente o fundidas por su uso y las reparaciones necesarias por deterioro de las partes de hormigón y metálicas. 
Además, “a cargo de dicha alambrada”, había contratados “dos funcionarios denominados Guardas Jurados, con la misión de encender y apagar el alumbrado de la misma y dar cuenta de cualquier novedad que en ella se produzca, cuyos funcionarios perciben un sueldo por año e individuo de 30.933 pesetas”, según se hacía constar en un minucioso informe de la 7ª Compañía de Especialistas de la 337ª Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, fechado el 23 de agosto de 1961. 
 Todo ello venía dependiendo desde 1945 del Servicio Especial de Vigilancia Terrestre y Marítima de Tabacalera S.A. (antecedente histórico de la actual Dirección Adjunta de Vigilancia Aduanera). Sin embargo, “la preocupación del gobierno ante el recrudecimiento del tráfico clandestino y fraudulento que tan graves daños produce a la economía nacional”, motivó que dicho servicio pasara a depender del Ministerio de Hacienda por decreto de 17 de diciembre de 1954. Apenas transcurridos un par de años, por una orden ministerial de 8 de febrero de 1956, se reguló su funcionamiento como Servicio Especial de Vigilancia Fiscal.
Cinco años más tarde el teniente coronel Castro, en su escrito inicialmente citado, exponía que el coste de las reparaciones a efectuar en la “alambrada” ascendería a 305.734 pesetas. Todo ello, junto a los gastos de mantener contratadas a las dos personas mentadas, no tenía a su juicio, “adecuada compensación por falta de rendimiento ni al Servicio Especial de Vigilancia Fiscal ni a la represión del Contrabando en general”. 
Tenía su parte de razón, pero sólo parcialmente. Una cosa era la que él exponía en función de los intereses económicos de su departamento y otra, lo que pensaba la Guardia Civil que prestaba servicio allí las 24 horas de cada día. 
Es cierto que en aquella época, si bien existía, como siempre, contrabando terrestre de tabaco procedente de la colonia británica de Gibraltar, la presencia permanente de patrullas de la Guardia Civil a pie mismo de la “Verja” británica, y en la zona fiscal y militar comprendida entre aquella y la “alambrada” española, dificultaba mucho tal posibilidad. 
La “alambrada inglesa” no era difícil de vulnerar por los contrabandistas ya que los británicos nunca se distinguieron por evitar un contrabando que económicamente les beneficiaba. Es por ello que fue necesario, costeada por el monopolio tabacalero español, levantar una segunda alambrada a cierta distancia, que tal y como se expuso en capítulos anteriores tuvo dos emplazamientos diferentes. Éstas ya fueron más difíciles de burlar, pues además de salvar corriendo la distancia entre la inglesa y la española, había siempre una patrulla de la Guardia Civil a largo de los 1.400 metros que medía aproximadamente. No obstante, de vez en cuando, los contrabandistas conseguían alguna noche burlar todo aquello y no siempre eran aprehendidos los alijos.
En cambio, para el Ministerio de Hacienda, y más concretamente para el mentado Servicio Especial de Vigilancia Fiscal, le era mucho más práctico y beneficioso económicamente, dejar de hacerse cargo de la “alambrada española” y pasarle su conservación a la Guardia Civil que era, al fin y al cabo, quien realmente estaba siempre allí y por lo tanto a quien más podía interesarle para su servicio.
De hecho, el informe que emitió el 22 de julio de 1961 el teniente coronel Juan Salom Sánchez, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, fue inequívoco: “Su utilidad es manifiesta ya que facilita enormemente la labor de vigilancia por parte de la fuerza que lo efectúa y evita en un porcentaje muy elevado la introducción tanto de personas como de posible contrabando, en ambos sentidos”.
La jefatura de la Comandancia elevó el 25 de agosto siguiente a su Dirección General un detallado estudio económico del coste que venía suponiendo al Servicio Especial de Vigilancia Fiscal, el mantenimiento de la “alambrada española” durante los últimos cuatro años.
Transcurridos varios meses sin que la Guardia Civil decidiera hacerse cargo de ello al entender que debiera seguir sufragándose el coste de su mantenimiento con cargo a los presupuestos del Ministerio de Hacienda y no de los de Gobernación, comenzaron a surgir los primeros problemas.  
Así, el capitán Manuel Flores Comitre, jefe de la 7º Compañía de Especialistas de La Línea de la Concepción, daba cuenta el 2 de marzo de 1962, que se había presentado el encargado de la conservación del alumbrado existente en el Puesto de Alambradas y que tenía instrucciones de sus jefes, de no reponer las bombillas que se inutilizasen en lo sucesivo, “por haberlo declarado a extinguir”. Aprovechaba para participar que en esa fecha faltaban ya 9 bombillas de las 39 que había en la zona de levante y otras 6 de las 17 que estaban en la parte de poniente.
Finalizaba afirmado que “la iluminación total de esta línea de servicio es de vital importancia para ejercer una eficaz vigilancia, para evitar infiltraciones tanto de contrabando como de paso clandestino de personal, dada su proximidad con Gibraltar”.
Elevada dicha novedad cuatro días después por la jefatura de la Comandancia a la Dirección General para la resolución oportuna, se decidió por ésta, en escrito de fecha 28 de abril siguiente, dimanante de la Sección de Asuntos Generales y Contabilidad, “no hacerse cargo de los mencionados gastos toda vez que las instalaciones expresadas se encuentran establecidas dentro del recinto aduanero de La Línea de la Concepción y por consiguiente es a este Organismo a quien corresponde velar por su conservación si así lo estima conveniente, corriendo a su cargo los gastos que ello origine”.
Ante esa disparidad de criterios tuvo que intervenir finalmente el general gobernador militar del Campo de Gibraltar, como máxima autoridad en aquella época de toda la comarca, disponiéndose finalmente que se procediera a subsanar todas las anomalías existentes y puestas en su conocimiento por la Guardia Civil.
Así, el teniente Benito García de la Vega, en ausencia de capitán, dio cuenta como comandante de la 7ª Compañía de Especialistas que el 18 de agosto de 1962 se habían iniciado por personal de la empresa constructora ARCO S.A. de La Línea de la Concepción, las obras de reparación de la “alambrada española”. Sin embargo, a ésta, tal y como se verá próximamente, ya no le quedarían muchos años de vida.



jueves, 17 de octubre de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXV). EL PUESTO DE PUNTO AVANZADO Y EL CIERRE DE LA “VERJA”.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 14 de octubre de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


        La vigilancia fiscal y militar de la “Verja” siempre ha venido condicionando la entidad del despliegue de la Guardia Civil. Una de las reorganizaciones más importantes de las unidades encargadas de ello fue dispuesta por su director general, el teniente general Camilo Alonso Vega, en escrito núm. 210 de 31 de agosto de 1954, al reorganizarse la Comandancia de Algeciras.
Poco más de tres meses antes, el 10 y 11 de mayo, la reina británica Isabel II había visitado la colonia con ocasión de un viaje que venía realizando en yate por diversos países. Ello provocó el correspondiente malestar del gobierno español de la época y sus consiguientes reacciones, siendo entonces la más importante, la de cerrar el 30 de abril anterior el consulado español que existía en Gibraltar. Hay que significar que la agenda política de la acción exterior de España respecto a la colonia británica siempre terminaba repercutiendo en el despliegue de la Guardia Civil en esa zona.
La mentada reorganización de agosto de 1954 supuso, en relación a la “Verja”, la creación de la 7ª Compañía de Especialistas Fiscales que quedó constituida por una plana mayor y dos líneas (secciones): la 1ª Línea de la Aduana, de la que dependía sólo el puesto de la Aduana; y la 2ª Línea de Alambradas, de la que dependían los puestos de Alambradas y de San Felipe.
Dicha compañía comenzó a funcionar administrativamente y a efecto de servicio, el 8 de septiembre siguiente. El local habilitado para oficinas de dicha unidad estaba situado la aduana, teniendo una dimensión de unos 30 metros cuadrados, divididos en dos habitaciones, una para despacho del capitán jefe y la otra para su plana mayor, compuesta por un suboficial, un cabo y dos guardias. Contiguas a ellas estaban las dependencias de la 1ª y 2ª líneas, a razón de un despacho para cada uno de los tenientes que las mandaban y otros dos más para sus respectivas planas mayores. Ha de significarse que el conjunto de todos esos locales pertenecían al denominado Ramo de Contratación del Ejército.
De las unidades que componían la citada compañía era el puesto de la Aduana el que tenía la plantilla de personal más elevada ya que constituía el resguardo fiscal para el control del único paso terrestre habilitado para personas y mercancías entre La Línea de la Concepción y la colonia británica de Gibraltar. Se tiene constancia de que con fecha 27 de marzo de 1965 su plantilla estaba formada  por 3 suboficiales, de los que uno era el comandante de puesto, 8 cabos, 48 guardias y 6 matronas. Estas últimas tenían encomendada la delicada misión del registro corporal a las personas de su mismo sexo, al objeto de detectar principalmente género de contrabando oculto entre sus ropas, procedente de la colonia.
Hay que significar que en dicho puesto de la Aduana existía entonces una oficina de intervención de armas, que tenía por principal cometido controlar y expedir las autorizaciones correspondientes a las partidas de armas y municiones que pudieran importarse o exportarse así como en tránsito. También se encargaba de otras actividades menores como por ejemplo el control de las armas de caza de los residentes de la colonia que eran autorizados para practicar el deporte cinegético en el lado español de la “Verja”.
Sin embargo, con motivo de reducirse la categoría de la Aduana a la de Punto Habilitado de 3ª clase, se dispuso con fecha 24 de noviembre de 1966 la supresión de dicha intervención de armas, pasando la correspondiente documentación al puesto del Muelle del puerto de Algeciras.
El 10 de septiembre siguiente se celebró en la colonia de Gibraltar un referéndum donde la práctica totalidad de sus habitantes votaron a favor de continuar bajo soberanía británica frente a la española. La realización de dicho evento electoral contravino frontalmente varias disposiciones del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, donde se había admitido que la situación de Gibraltar era asimilable a la de otros territorios coloniales. Se instaba a ambas partes, España y Reino Unido, a negociar la resolución del asunto.
Lejos de solucionarse la situación fue complicándose por culpa de la actitud británica y ello tuvo también su correspondiente repercusión en el despliegue operativo de la Guardia Civil.
Así, la Instrucción General núm. 6, de 18 de julio de 1968, sobre reorganización de unidades de la Guardia Civil, supuso al aplicarse su segunda fase, que a partir del 25 de octubre siguiente, el hasta entonces denominado Puesto de la Aduana pasara a llamarse Puesto de Punto Avanzado.
Simultáneamente absorbió el Puesto de Alambradas, “concretamente el distrito comprendido entre los Boquetes de Santa Bárbara y el de San Felipe, que constituían la alambrada española, limitando el Campo Militar con la Ciudad de La Línea”. 
Como acababa de entregarse, por fin, la nueva casa cuartel de La Banqueta, sita en el núm. 8 de la entonces denominada Calle Héroes del Alcázar de Toledo, las oficinas de dicho puesto, incluida su sala de armas, se trasladaron allí desde los locales que venía ocupando en el edificio de la Aduana.
La fuerza del resguardo fiscal siguió prestando su servicio de especialistas fiscales en el recinto aduanero del Punto Avanzado, así como “a lo largo de la alambrada inglesa” por la 1ª Línea (sección) y por la 2ª en la española, distante “unos 800 metros” de aquella.
Mientras tanto la situación política entre ambos países se fue complicando cada vez más respecto a la colonia, hasta que como consecuencia de la promulgación el 23 de mayo de 1969 de su orden constitucional, el gobierno español de la época decidió cerrar la “Verja” el 8 de junio siguiente. El jefe de la Comandancia entonces era el teniente coronel Manuel Lafuente Martín.
Aquello tuvo una serie de consecuencias para la Guardia Civil allí desplegada. Por una parte, la última plantilla del Puesto de Punto Avanzado que había sido aprobada el 28 de febrero anterior, consistente en 2 suboficiales, 3 cabos, 44 guardias y 4 matronas, se vio modificada con el aumento de cuadros de mando y la supresión de las matronas. Si la “Verja” estaba cerrada y no había mujeres que pudieran ser registradas corporalmente, aquellas ya no eran útiles. En cambio sí era necesario incrementar el número de mandos intermedios para fortalecer la vigilancia e impulso del servicio. Consecuente con lo anterior, con fecha 13 de octubre de 1969 se fijó la nueva plantilla de dicho puesto en 4 suboficiales, 5 cabos y 43 guardias. 
La siguiente repercusión fue que a partir del día 25 de ese mes, “y por haberlo ordenado la Superioridad”, la fuerza de dicho puesto dejó de prestar servicio “en la que fue alambrada española, limitándose ésta a la 1ª Línea o Zona Militar y Fiscal, servicio de teléfono en la antigua Aduana y vigilancia fiscal en las Empresas Comes y Portillo, y despacho de la Renfe”. A partir de entonces el esfuerzo principal se centraría en la “Verja” británica.



domingo, 13 de octubre de 2019

AYER Y HOY DE LA GUARDIA CIVIL EN EL CAMPO DE GIBRALTAR: 175 AÑOS DE COMPROMISO Y SERVICIO.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 17, el 12 de octubre de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

A mediados del Siglo XIX la inseguridad pública que padecía España constituía, junto al contrabando, uno de sus principales problemas de Estado. Muy deteriorada al finalizar la Guerra de la Independencia (1808-1814) se había agravado aún más al concluir la Primera Guerra Carlista (1833-1837).
El país carecía entonces de una institución policial, de carácter estatal y ámbito nacional, que desplegada territorialmente velara por el mantenimiento de la seguridad ciudadana.
Tras diversos cuerpos fracasados, frustrados e incluso abolidos, fue finalmente creado por real decreto de 13 de mayo de 1844, del Ministerio de la Guerra, lo que el insigne escritor Benito Pérez Galdós definió en 1900, dentro de sus “Episodios Nacionales”, como “un ser grande, eficaz y de robusta vida: la Guardia Civil”.
Su organizador, impulsor y primer inspector general fue el mariscal de campo y II Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón Ezpeleta, que supo dotar a la nueva institución de un inmejorable código deontológico, “La Cartilla”. Su primer artículo establecía que el honor era la principal divisa del guardia civil, debiendo mantenerlo por lo tanto sin mancha, pues una vez perdido no se recobraba jamás.
Bajo tan recto como sano principio se procedió por real orden circular de 25 de noviembre siguiente, del Ministerio de la Gobernación, a la distribución del personal entre las diferentes unidades creadas, llamadas Tercios, con objeto de que marchasen a cada provincia los efectivos que le habían sido asignados. 
El Tercer Tercio, con cabecera en Sevilla y mandado por el coronel José de Castro, se le asignó por demarcación las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y SevillaUna de sus compañías de infantería, compuesta a su vez por cuatro secciones, fue asignada a nuestra provincia, siendo nombrado para su mando, por real orden de 17 de septiembre anterior, el primer capitán José María de Cisneros Lanuza.
Sin embargo, antes de que materializara su despliegue y comenzara a prestar servicio, se consideró que la fuerza inicialmente dimensionada no era la adecuada para cubrir una provincia tan compleja como la gaditana, estimándose más conveniente el empleo en el Campo de Gibraltar de fuerzas de caballería, en vez de infantería. 
Por tal motivo se dictó por el Ministerio de la Gobernación, la real orden circular de 20 de diciembre de 1844. De acuerdo con la misma, se sustituyó en la provincia de Cádiz una de las cuatro secciones de infantería, que pasó a incrementar la fuerza de la provincia de Córdoba, por otra de caballería, que a su vez fue detraída de la inicialmente conferida a Sevilla. 
Dicha sección de caballería, que ya había comenzado a prestar servicio en la provincia hispalense, fue trasladada inmediatamente al Campo de Gibraltar con su jefe al frente. Se trataba del alférez Juan Morillas de Casas, que estableció su mando durante una década en San Roque, estableciéndose en dicha ciudad y en la de Algeciras las dos primeras casas-cuarteles.
Aquella pequeña unidad mandada por un alférez y compuesta por una treintena de guardias civiles, que comenzaron a velar por el orden y la ley en la Comarca, son 175 años después, tras haber asumido en 1940 las funciones del desaparecido Cuerpo de Carabineros, más de un millar y constituyen una Comandancia al frente de un coronel.
Actualmente su demarcación constituye un importante y extenso territorio de más de 1.500 Km², equivalente al 77 % de la extensión de la provincia de Guipúzcoa. La Guardia Civil garantiza la seguridad ciudadana en el 93% de la Comarca. Concretamente en los municipios de Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, Los Barrios, San Martín del Tesorillo, San Roque y Tarifa.
También ejerce la vigilancia de la red viaria interurbana, garantizando la seguridad vial, así como la vigilancia fiscal y de costas del 100% de la franja marítima del Campo de Gibraltar, que tiene 110 km de longitud. Ello incluye la correspondiente a los términos municipales de Algeciras y La Línea de la Concepción, donde  igualmente desempeña el Resguardo Fiscal del Estado en los recintos aduaneros del puerto de Algeciras, además del de Tarifa, y de la Aduana de La Línea de la Concepción, junto a la vigilancia de la Verja con la colonia británica de Gibraltar.
Asimismo ejerce la vigilancia y todas las competencias previstas en la legislación vigente respecto al mar territorial que rodea la Comarca, así como la protección de la naturaleza en todo su territorio del que un 60% es espacio natural protegido.
Hoy 12 de octubre, día de su Patrona, la Virgen del Pilar, la Guardia Civil del Campo de Gibraltar renueva sus 175 años de compromiso y servicio.



LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XXXIV). LAS “VERJAS” ESPAÑOLAS.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 7 de octubre de 2019.

El original contiene una fotografía en color.

La historia de la “Verja” daría para más de una tesis doctoral y unos cuantos trabajos de fin de master en los ámbitos académicos de la economía, el comercio, la sociología, las ciencias políticas y por supuesto la historia contemporánea. Todo ello con sus consiguientes, diferentes y enfrentadas connotaciones, según desde el lado de la alambrada que se expusiera.
Para los británicos, que fueron quienes la levantaron ilícitamente sobre un territorio que no les correspondía, ni de hecho ni de derecho, al ser de incuestionable titularidad española, ha venido suponiendo el límite terrestre de su colonia frente a La Línea de la Concepción.
Para los españoles ha sido históricamente, entre otras cosas, una contínua fuente de problemas en el ámbito tributario. De hecho, Gibraltar sigue siendo para nuestro país un paraiso fiscal.
Esta colonia británica, que por cierto es la única en Europa continental, ha sido desde sus orígenes una permanente generadora de contrabando terrestre y marítimo hacia España. Ello ha obligado a todos sus gobiernos, sin excepción, a adoptar medidas de todo tipo, con el objetivo de prevenirlo y reprimirlo.
Para el comercio lícito se estableció la aduana, que a lo largo de su historia tuvo diferentes ubicaciones, y para evitar y perseguir el ilícito se desplegó alrededor de la colonia el resguardo terrestre y marítimo.
Desde 1829 la fuerza terrestre del resguardo fiscal estaba constituida por el Cuerpo de Carabineros y a partir de 1940 por el de la Guardia Civil. Ya sólo el análisis y estudio de todas sus vicisitudes a lo largo de estos 190 años, así como sus conclusiones y enseñanzas respecto a Gibraltar, darían para otra muy interesante tesis doctoral.
Podría creerse que la existencia de la “Verja”, al constituir una barrera física, focalizaría la prevención y represión del contrabando sólo en el punto habilitado para el paso de personas y mercancías, es decir, en la aduana.
Sin embargo, la tradicional “permeabilidad” de toda la “Verja” para sacar de la colonia géneros de contrabando, sobre todo tabaco, obligó a la parte española durante varias décadas no sólo a reforzar físicamente su vigilancia sino incluso a levantar otra “verja” paralela pero distante de la británica. 
La primera “verja” española, que delimitaba el llamado “Campo Militar”, fue reemplazada por otra más adelantada debido al crecimiento urbanístico de La Línea de la Concepción hasta que también fue desmantelada, circunstancia que sigue sin ocurrir con la británica. Gracias al croquis confeccionado por la Guardia Civil en 1969, que ilustra este artículo, pueden observarse los dos emplazamientos que tuvieron las “alambradas españolas” frente a la “alambrada inglesa”.
Sobre la primera ya trató el capítulo anterior dedicado al “Puesto de Alambradas”. Respecto a la segunda hay más información gracias al informe suscrito el 20 de julio de 1961 por el capitán Manuel Flores Cómitre, jefe de la 7ª compañía de especialistas fiscales de la Comandancia de Algeciras.
Al proyectarse la expansión del casco urbano de la Línea de la Concepción hacia la colonia británica, con la ciudad deportiva, el parque municipal y la zona residencial de viviendas que se aprecia en dicho croquis, fue necesario desmontar la primera “alambrada española” y levantarla mucho más próxima a la “Verja” británica. 
Según el informe, la segunda alambrada española fue construida por Tabacalera S.A. y “data de más de 20 años”. Estaba constituida por “por una amplia y fuerte base de hormigón, sobre la que se levantan una serie de postes, también de hormigón en los que se apoya la alambrada de tela metálica de, aproximadamente un metro de alta; sobre esta tela metálica existen tres hileras de alambre de espino y rematando este conjunto, una conducción eléctrica de 220 v. para los focos que, en número de 38 por la parte de levante y 17 por poniente, sirven para alumbrar esta divisoria y hacer más eficaz durante la noche el servicio de vigilancia, que es ejercido por la fuerza del Resguardo afecta a la Compañía de la Guardia Civil que guarnece esta Aduana”. Se refería al “Puesto de Alambradas”.
Como la Jefatura Delegada para la Represión del Contrabando y Defraudación del Ministerio de Hacienda había interesado de la Dirección General de la Guardia Civil, conocer si la permanencia de dicha “alambrada” era de utilidad para los servicios del Cuerpo, el informe continuaba:
“La utilidad de la repetida alambrada es manifiesta, ya que facilita enormemente la labor de vigilancia por parte de la fuerza que la guarnece y evita, en un porcentaje muy elevado, la introducción tanto de personas como de posible contrabando, en ambos sentidos, extremos estos ya ocurridos puesto que en diversas ocasiones han sido detenidos individuos por la fuerza del Resguardo cuando intentaban cruzar el Campo Militar Español, unas veces en dirección a España y otras en la de Gibraltar, y como caso concreto, el ocurrido en el mes de marzo último en que fueron interceptados 15 individuos que trataban de cruzar dicho campo en dirección a Gibraltar probablemente para preparar algún alijo”.
Como se había solicitado también conocer la conveniencia de que su conservación fuera con cargo a los presupuestos de la Guardia Civil, pues el Ministerio de Hacienda ya no tenía mucho interés en ello, el capitán Flores continuó:
“Si hubiera que construir la alambrada actual, no recomendaría la solidez que tiene, ya que posiblemente no estaría su coste compensado con su utilidad, pero como estima necesaria la existencia de una división material y la parte costosa de la alambrada (muros y postes de hormigón) están en perfecto estado de conservación, cree debe conservarse la alambrada y luces, que son las que necesitan reparación”. 
Finalizaba el informe proponiendo que su coste económico debiera ser asumido por “aquellos Organismos cuya función sea la represión del contrabando y la defraudación, entendiéndose que el rendimiento de una medida en este sentido, está dado, más por la evitación de la comisión de estas infracciones que por el número positivo de servicios prestados”.
El 22 de julio siguiente su jefe de Comandancia, el teniente coronel Juan Salom Sánchez, que procedía de Carabineros, hacía suyo dicho informe y lo elevaba al teniente general Antonio Alcubilla Pérez, director general de la Guardia Civil. 
Solicitado un estudio económico sobre el coste que supondría asumir su conservación y mantenimiento, el 25 de agosto siguiente la jefatura de la Comandancia informó que se elevaría a 183.000 pesetas, comprendiendo 197 metros de alambrada descompuesta por el óxido, colocación de tela metálica, reposición de 7 postes de hormigón y 260 metros de alambre de espino. 
Tabacalera S.A. tenía entonces contratadas a dos personas cuya misión era apagar y encender el alumbrado así como dar cuenta de cualquier novedad que se produjera sobre el estado de la alambrada, haciéndose cargo de los costes de su mantenimiento.
A la cuestión, nada despreciable, de con cargo a qué presupuestos debía sufragarse su conservación, se añadirían otras razones de mayor peso que se expondrán en el capítulo siguiente y que terminaron por motivar el definitivo desmantelaniento de la segunda y última “verja” española, permaneciendo tan sólo la británica.