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sábado, 19 de enero de 2019

MEMORIA SOBRE LOS ORÍGENES HISTÓRICOS, ACUARTELAMIENTOS Y SERVICIOS DEL CUERPO DE LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (CÁDIZ).

CLXXV ANIVERSARIO
DE LA FUNDACIÓN DEL
CUERPO DE LA GUARDIA CIVIL
(1844-2019).
  
TEXTO PARCIAL DE LA MEMORIA REDACTADA POR JESÚS NÚÑEZ, CON MOTIVO DE LA PROPUESTA DE CONCESIÓN POR EL AYUNTAMIENTO DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN, DE LA MEDALLA DE ORO DE LA CIUDAD, A LA GUARDIA CIVIL.

LA CONCESIÓN DE DICHA DISTINCIÓN, LA MÁS ALTA QUE CONTEMPLA EL REGLAMENTO DE HONORES DE DICHA LOCALIDAD, FUE APROBADA POR UNANIMIDAD EN PLENO EXTRAORDINARIO CELEBRADO EL 19 DE ENERO DE 2019.


SUMARIO
1.   INTRODUCCIÓN.
2.   ORÍGENES DEL CUERPO DE LA GUARDIA CIVIL. 
3.   ORÍGENES DE LA COMPAÑÍA DE LA GUARDIA CIVIL DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ.
4.   ORÍGENES DE LA SECCIÓN DE LA GUARDIA CIVIL DEL CAMPO DE GIBRALTAR. 
5.   LA COMPAÑÍA DE LA GUARDIA CIVIL DEL CAMPO DE GIBRALTAR.
6.   LOS ORÍGENES DE LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN.
6.1. Creación del Puesto de La Línea de la Concepción.
6.2. Primeros servicios beneméritos y policiales destacados.
7.   LAS PRIMERAS CASAS-CUARTELES DE LA GUARDIA CIVIL EN EL TÉRMINO MUNICIPAL DE  LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN.
7.1. La Casa-Cuartel de La Línea de La Concepción.
7.2. La Casa-Cuartel de El Zabal Bajo.
7.3. La Casa-Cuartel de La Atunara.
8.   EL AYUNTAMIENTO DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN Y LA GUARDIA CIVIL.
8.1. Adhesión del Ayuntamiento al homenaje a la Guardia Civil en 1935.
8.2. El largo camino a la actual casa-cuartel (1934-1968).
8.3. Celebración acto institucional de la Patrona de la Guardia Civil en 2017.
9.   LA COMANDANCIA DE LA GUARDIA CIVIL DE ALGECIRAS Y LA COMPAÑÍA DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN EN LA ACTUALIDAD.
10.ANEXOS.
10.1.    Ficha de estadística del Puesto de La Línea de la Concepción (1928). 
10.2.    Ficha de estadística del Puesto de La Atunara (1928).

1.- INTRODUCCIÓN.
Para su confección se ha procedido a consultar las colecciones de publicaciones de la Gaceta de Madrid, Boletín Oficial del Estado, Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz y Boletín Oficial de la Guardia Civil así como los fondos bibliográficos, documentales y hemerográficos que se conservan en el Archivo de la Diputación Provincial de Cádiz, en la Sección de la Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior, en el Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil y en la propia Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras.
Se ha omitido expresamente la consulta de los fondos del Archivo Municipal de La Línea de la Concepción para evitar duplicar la posible actividad en ese ámbito por parte de la Unidad Instructora del referido Expediente. 
Hubiera sido de desear que la presente Memoria hubiese podido desarrollar con todo detalle la permanente presencia, la meritoria trayectoria así como el abnegado y benemérito servicio prestado por la Guardia Civil en el término municipal de La Línea de la Concepción a lo largo de los últimos 175 años.
Es decir, el periodo 1844-2019, tanto desde los tiempos previos a su constitución cuando era conocida como la pedanía de La Línea de Gibraltar, perteneciente al municipio de San Roque, como tras su segregación e independencia, desde 1870 hasta la actualidad.
Aunque ello no es posible por razones de tiempo y espacio, sí se ha querido asentar al menos cuales fueron los orígenes históricos genéricos de la Guardia Civil en la provincia de Cádiz, para continuar con su despliegue en el Campo de Gibraltar y poder centrarse y profundizar en el de La Línea de la Concepción. 
También se ha querido dejar constancia de las primeras casas-cuarteles  y puestos de la Guardia Civil que se crearon en dicha población, dada además la singular e intensa vinculación que se mantuvo para ello con las diferentes corporaciones municipales de la época. 
En todo ello así como en el resto de la información complementaria que se expone en la presente Memoria, se aporta una información inédita y de gran interés que contribuye a fortalecer el vínculo y patrimonio cultural entre ambas instituciones: La Línea de la Concepción y la Guardia Civil. La primera acoge y reconoce a la segunda que a su vez contribuye a velar por ella y protegerla. 
El Cuerpo de la Guardia Civil, de naturaleza militar, es la institución policial de ámbito estatal más antigua que existe actualmente en España, manteniendo desde su fundación, en 1844, la misma identidad corporativa y deontológica. También es la de mayor despliegue territorial y número de efectivos, estando actualmente establecidas sus funciones y principios básicos de actuación en la Ley Orgánica 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
En el caso concreto del término municipal de La Línea de la Concepción, se trata igualmente del Cuerpo de Seguridad más antiguo de los actualmente ubicados en el mismo, habiendo sido además durante mucho tiempo el único que garantizaba la seguridad ciudadana de sus habitantes. 
La Guardia Civil lleva prestando ahí su servicio peculiar de forma ininterrumpida desde su despliegue en el Campo de Gibraltar, a finales de 1844, y por lo tanto incluso varias décadas antes de su constitución como término y corporación municipal independientes. Bien podría decirse por lo tanto, que la Guardia Civil fue testigo privilegiado del nacimiento como tal, de La Línea de la Concepción, así como garante de su desarrollo.
Finalmente, hay que destacar que la concesión de la Medalla de Oro que pueda realizar el Excmo. Ayuntamiento de La Línea de la Concepción en la edición de este año, con ocasión de celebrar el CXLIX Aniversario (1870-2019) de la firma del acta de su segregación de San Roque, y por lo tanto de su independencia, coincidirá precisamente con la conmemoración del CLXXV Aniversario (1844-2019) de la Fundación del benemérito Cuerpo de la Guardia Civil.
No puede haber por ello, mayor honor y legítimo orgullo para todos los hombres y mujeres que prestan su servicio como Guardias Civiles en La Línea de la Concepción, que le sea concedido al benemérito Cuerpo que pertenecen la más alta distinción de la Ciudad.

2.- ORÍGENES DEL CUERPO DE LA GUARDIA CIVIL.
Tras finalizar la Guerra de la Inde­pendencia contra el invasor francés (1808-1814) el grave problema de seguridad ciudadana que se padecía en España se agudizó y muy especialmente en el ámbito rural, por lo que el Rey Fernando VII dispuso que las autoridades militares entendieran de los delitos de bandoleris­mo y se emplearan tropas del Ejército para su persecución. 
Respecto a ello hay que precisar que por aquel entonces no existía todavía en España una institución policial estatal de ámbito nacional que garantizara la seguridad pública.
A pesar de los grandes esfuerzos del Ejército y la Milicia Nacional, que fueron diseminados por todo el país, pero cuyo adiestramiento, organización y empleo no eran los más adecuados para la prevención y persecución de la delincuencia, los resultados no fueron satisfactorios.
 La cuestión, o mejor dicho, el grave problema de seguridad pública, lejos de solucionarse se fue agravando con el paso del tiempo, fracasando durante los años siguientes diversas instituciones y cuerpos armados, de carácter civil o militar, que se fueron creando para solucionarlo.
El primer paso firme, serio y con vocación de futuro que se dio realmente para afrontar tan preocupante situación fuela creación por Real Decreto de 26 de enero de 1844, en el seno del Ministerio de Gobernación, del Ramo de Protección y Seguridad.
Comenzaba su articulado disponiendo que el servicio de protección y seguridad pública estaría exclusivamente a cargo del Ministerio de Gobernación de la Península y de sus respectivos agentes en las provincias. Y finalizaba, disponiendo que el ministro debía proponer, la organización de una fuerza especial destinada a proteger eficazmente las personas y las propiedades. 
Entonces no existía aún una institución policial estatal que velara por ello en todo el ámbito de la nación, significándose que la anterior que hubiera podido asemejarse, había sido abolida por Real Decreto de 2 de noviembre de 1840, sin que hubiese llegado siquiera a tener un desarrollo integral y su consiguiente despliegue territorial.
El segundo paso de importancia para afrontar tan grave problema se dio por Real Decreto de 28 de marzo de 1844, que dispuso la creación del “Cuerpo de Guardias Civiles”. Se trata de una fuerza de carácter civil y dependiente del Ministerio de la Gobernación que tenía por objeto proveer al buen orden, a la seguridad pública, a la protección de las personas y de las propiedades, dentro y fuera de las poblaciones, si bien, en cuanto a la organización y disciplina, dependería de la jurisdicción militar. 
Por Real Orden de 12 de abril de 1844, del Ministerio de Gobernación, se dispuso que se procediera a organizar el nuevo Cuerpo por el Ministerio de la Guerra. Y tres días después, por Real Orden de 15 de abril de 1844, se comisionó al mariscal de campo y II Duque de Ahumada, Francisco Javier Girón y Ezpeleta,como su director de organización. 
El tercer y trascendental paso, que resultó definitivo, para afrontar eficaz y resolutivamente el grave problema de seguridad pública que España padecía entonces, se dio al dictarse el Real Decreto de 13 de mayo de 1844. Se reconducía así, con vocación de futuro y permanencia, la creación de esa fuerza especial destinada a proteger personas y propiedades a que se refería el anterior de 28 de marzo. 
El nuevo Real Decreto refrendó firmemente la naturaleza militar del Cuerpo de la Guardia Civil, quedando sujeto, según se dispuso en su artículo 1º, al Ministerio de la Guerra en lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de sus haberes; y al Ministerio de la Gobernación en lo relativo a su servicio peculiar y movimiento.
En su artículo 3º y al objeto de que la Guardia Civil se desplegara desde Madrid, por toda la geografía española y se convirtiera así en la primera institución de seguridad pública del Estado que llegara a todos los ciudadanos, se dispuso inicialmente la creación de 14 unidades denominadas Tercios, a razón de uno por Distrito militar de la época, integrados a su vez por 34 Compañías de Infantería y 9 Escuadrones de Caballería. Su primera plantilla se fijó en 14 jefes, 232 oficiales y 5.769 de tropa. 
Por Real Decreto de 9 de octubre de 1844, del Ministerio de Gobernación, se aprobó su Reglamento de Servicio, disponiéndose en su artículo 1º que el nuevo Cuerpo teníapor objeto fundamental la conservación del orden público, la protección de las personas y las propiedades, dentro y fuera de las poblaciones, así como el auxilio que reclamase la ejecución de las leyes.
Por Real Decreto de 15 de octubre de 1844, del Ministerio de la Guerra, se aprobó su Reglamento Militar, ya que si bien le eran de aplicación a la Guardia Civil, las Ordenanzas Generales del Ejército, se hacía necesario establecer algunas reglas especiales y particulares.
Finalmente, el tercer y trascendental texto vital del nuevo Cuerpo, “La Cartilla”, que puede definirse como su código deontológico, redactado por el propio Duque de Ahumada, fue aprobado por Real Orden de 20 de diciembre de 1845, recogiendo sus valores más preciados: abnegación, amor al servicio, disciplina, espíritu benemérito, honor y sacrificio. 
Su artículo 1º disponía: “El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás”. Y por ese recto e inquebrantable principio se rigió desde el primer momento la nueva institución.
En definitiva, la creación del Cuerpo de la Guardia Civil, supuso en ese momento y desde entonces, la implantación en España de un modelo policial sólido, tras reiterados y fracasados intentos anteriores, convirtiéndose gracias a su eficacia, eficiencia y prestigio, en un instrumento clave de la construcción del Estado Moderno y la seguridad pública de sus habitantes.

3.- ORÍGENES DE LA COMPAÑÍA DE LA GUARDIA CIVIL DE LA PROVINCIA DE CÁDIZ.
Tras publicarse y entrar en vigor el real decreto fundacional mencionado, comenzó el largo proceso de selección, recluta, instrucción, organización y despliegue de los primeros integrantes del nuevo Cuerpo y las unidades territoriales en las que fueron encuadrados.
Los aspirantes admitidos se concentraron inicialmente en los campamentos que se establecieron para su adiestramiento y equipamiento en las localidades madrileñas de Leganés, para los de infantería, y de Vicálvaro, para los de caballería.
Conforme se estableció en la Real Orden Circular de 25 de noviembre de 1844, del Ministerio de la Gobernación, se procedió a la distribución del personal entre los diferentes Tercios creados, al objeto de que marchase a cada provincia la fuerza que en aquella le estaba asignada. 
Según el cuadro que se publicaba, el Tercer Tercio, con cabecera en Sevilla y mandado por el coronel José de Castro, tendría por demarcación las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla. Su plantilla quedabaencuadrada en tres compañías de infantería y un escuadrón de caballería, con una fuerzatotal compuesta de un jefe, 21 oficiales y 537 clases y tropa.
Una de las tres compañías de infantería, compuesta a su vez por cuatro secciones, fue asignada a la provincia de Cádiz, cuyo mando había sido nombrado por Real Orden de 17 de septiembre de 1844, tratándose del primer capitán José María de Cisneros Lanuza.
Sin embargo, antes de que materializara su despliegue y comenzara a prestar servicio, se consideró que la fuerza inicialmente dimensionada no era la adecuada para cubrir una provincia tan compleja como la gaditana, estimándose más conveniente el empleo en el Campo de Gibraltar de fuerzas de caballería, en vez de infantería. 
Por tal motivo se dictó por el Ministerio de la Gobernación la Real Orden Circular de 20 de diciembre de 1844. De acuerdo con la misma, se sustituyó en la provincia de Cádiz una de las cuatro secciones de infantería, que pasó a incrementar la fuerza de la provincia de Córdoba, por otra de caballería, que a su vez fue detraída de la inicialmente conferida a Sevilla. 
Dicha sección de caballería, que ya había comenzado a prestar servicio en la provincia hispalense, fue trasladada inmediatamente al Campo de Gibraltar con su jefe al frente. Se trataba del alférez Juan Morillas de Casas, siendo por lo tanto el primer oficial del benemérito Cuerpo que estuvo destinado, y durante más de una década, en lo que actualmente es esta Comarca.
El artículo 7º del reiterado Real Decreto fundacional detallaba que cada compañía de infantería o escuadrón de caballería, se componía de un primer capitán de la clase de comandantes del Ejército, un segundo capitán, dos tenientes, un alférez, un cabo mayor 1º de la clase de sargentos 1º, tres cabos mayores 2º de la de sargentos 2º, cuatro cabos 1º, cuatro cabos 2º, dos trompetas si la unidad era de caballería o un tambor y un corneta si era de infantería, así como 120 guardias. Por lo tanto, la plantilla de la fuerza inicialmente destinada a la provincia de Cádiz, debió estar formada aproximadamente por unos 140 efectivos.
Para la instrucción y organización de todos los integrantes de ese Tercer Tercio se instaló un campamento en las afueras de la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira. A medida que cada compañía concluía dicho periodo, emprendía su marcha a la provincia respectiva. En el caso de la de Cádiz, permaneció adiestrándose hasta bien entrado el mes de diciembre de 1844, incorporándose a su destino antes de finalizar el año.
Conforme se disponía en el artículo 8º del mentado Reglamento Militar del Cuerpo cada compañía se dividía en cuatro secciones, mandada la primera por el capitán segundo, la segunda por el teniente más antiguo, la tercera por el más moderno, y la cuarta por el alférez en caballería o el subteniente en infantería. La plantilla de cada sección estaba compuesta por el oficial comandante de la misma, un sargento, un cabo primero, otro segundo y 30 guardias civiles. 
El artículo 9º establecía a su vez que cada sección se dividía en tres brigadas de 10 guardias civiles cada una, mandadas la primera por el sargento, la segunda por el cabo primero y la tercera por el segundo.
A efectos de servicio, para su mejor y más eficaz prestación, hay que significar que las secciones se desplegaron en “líneas”, superponiéndose éstas a lo largo de los caminos más transitados de cada zona y por lo tanto más castigados por el bandolerismo. Las brigadas, a veces divididas y separadas geográficamente en medias brigadas, fueron ubicadas en las poblaciones más importantes de dichos caminos o “líneas”, cuyos acuartelamientos fueron denominados “puestos”. Se dio preferencia a las localidades que eran cabeza de partido judicial y a los oficiales jefes de sección, que en la mayoría de las ocasiones eran los jefes de “línea”, se les fijaba su residencia conjugando la mayor relevancia de aquellas con su idoneidad para dirigir, vigilar e impulsar el servicio desde las mismas.
Eldía31 de diciembre de 1844 se publicó en la orden de plaza de la comandancia general de Cádiz que el personal de la Guardia Civil recién llegado y presente en la ciudad debía pasar la revista de comisario el 2 de enero de 1845.
Seis días después, el mariscal de campo Manuel Lassala Solera, jefe político de la provincia (figura antecesora del gobernador civil y actual subdelegado del gobierno) dirigió un escrito a los alcaldes de las poblaciones en las que se iban a instalar las primeras casas-cuarteles del benemérito Instituto, así como en aquellas localidades, en las que comenzarían a prestar servicio. 
Dicho escrito fue publicado en el Boletín Oficial de la Provincia al día siguiente, y posteriormente en la prensa local y la Gaceta de Madrid, detallándose la distribución orgánica y despliegue territorial inicial de las tres secciones de infantería de la Guardia Civil.
La 1ª Sección pasaba a establecerse en Cádiz, prestando su servicio en el interior de la capital y extendiendo su acción hasta la vecina ciudad de San Fernando.
La 2ª Sección se ubicaba en Jerez de la Frontera, responsabilizándose principalmente de la seguridad del “camino principal” que conducía a Sevilla. También debía recorrer constantemente los caminos hacia los términos municipales de Arcos de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda, Puerto de Santa María y demás direcciones que se considerasen convenientes, poniéndose en comunicación con la 1ª y 3ª secciones limítrofes.
La 3ª Sección se instalaría en la localidad de Medina Sidonia, vigilando especialmente los pinares de Chiclana de la Frontera, y extendiéndose hacia los términos municipales de Conil de la Frontera y Vejer de la Frontera. Así mismo debía de estar “en comunicación con la fuerza de caballería del mismo cuerpo”, situada en Algeciras y la 2ª Sección.
El escrito del gobierno superior político de la provincia finalizaba con una nota que contenía dos puntos. En el primero se disponía que el “jefe principal del cuerpo”, es decir, su capitán jefe, que pronto sería denominado “comandante de provincia”, debía de dar las instrucciones que estimase convenientes para el mejor servicio de su unidad. Y en el segundo, se determinaba que los ayuntamientos de Cádiz, Jerez de la Frontera y Medina Sidonia, debían proporcionar la oportuna casa-cuartel para el alojamiento de las citadas secciones. Todo ello en cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 19 del Real Decreto fundacional, según el cual debían ser las corporaciones de los pueblos a que se destinasen puestos fijos de la Guardia Civil, las que tuviesen que facilitar casas-cuarteles en que vivir con sus familias, dándoseles por el Estado el correspondiente utensilio.
Cuando aquella Compañía desplegó con las cuatro Secciones mencionadas, en la provincia gaditana existía, además del Ejército y la Armada, una Comandancia de Carabineros, con cabecera en la capital. 
Dicho Cuerpo había sido fundado por Real Decreto de 9 de marzo de 1829. También era de naturaleza militar, aunque dependiente para el servicio del Ministerio de Hacienda, habiendo sido creado “para la seguridad y vigilancia de las costas y fronteras, hacer la guerra al contrabando, prevenir sus invasiones y reprimir a los contrabandistas, y para afianzar con respetable fuerza en favor de la industria y comercio nacionales”.
 Disponía en la provincia de Cádiz, de una considerable fuerza en proporción con la incipiente Guardia Civil, coincidiendo en muchas ocasiones que hubiera acuartelamientos de ambos Cuerpos en la misma localidad e incluso prestaran servicio en el mismo lugar, sobre todo en el Campo de Gibraltar y muy especialmente en lo que sería La Línea de la Concepción.
Su plantilla, para la vigilancia de la primera línea de costa y segunda línea de interior, estaba compuesta en enero de 1845, por un comandante 1º, un comandante 2º, 6 capitanes, 14 tenientes, 15 subtenientes, 6 sargentos 1º, 35 sargentos 2º, 35 cabos 1º, 617 carabineros de infantería y 136 de caballería, mientras que para la vigilancia y resguardo en los puertos, disponían de 12 cabos patrones y 98 carabineros de mar. Es decir, un total de 976 hombres, lo cual suponía prácticamente multiplicar por siete la plantilla inicial de la Guardia Civil gaditana. 
Y todo ello sin contabilizarse el personal del entonces denominado Resguardo Marítimo, encargado de perseguir el contrabando en la mar y que contaba con 1 vapor, 2 bergantines, 13 faluchos y 12 barquillas, con la consiguiente dotación de oficiales de la Armada, patrones y demás operarios que a cada buque correspondían. En esa época el Resguardo Marítimo de Cádiz estaba bajo las órdenes de un comandante de división, cuya autoridad se extendía también a las provincias de Huelva y Málaga.

4.- ORÍGENES DE LA SECCIÓN DE LA GUARDIA CIVIL DEL CAMPO DE GIBRALTAR.
La razón de que se hiciera sólo una mera referencia a la presencia de esa 4ª sección, la de caballería, cuya demarcación asignada era el Campo de Gibraltar con residencia en Algeciras, se debió muy probablemente a que entonces, el jefe político de la provincia tenía limitada su jurisdicción en esa zona. 
No hay que olvidar la supremacía de los intereses militares en dicho territorio con numerosas unidades del Ejército desplegadas allí, motivado todo ello por los sucesivos conflictos bélicos mantenidos anteriormente contra la presencia colonial británica en el Peñón de Gibraltar. 
A este respecto hay que significar que entonces, tal y como recoge Pascual Madoz en su “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar” -edición de 1846- la provincia de Cádiz contaba con dos comandancias generales del Ejército que dependían directamente de la Capitanía General de Sevilla. Una para el Campo de Gibraltar, con residencia en Algeciras, a la que correspondían los términos municipales de Algeciras, Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, Los Barrios, San Roque y Tarifa, mientras que la otra, con cabecera en la capital gaditana, tenía por jurisdicción el resto de la provincia. 
Si bien el comandante general del Campo de Gibraltar no tenía entonces competencia expresa en materia de orden público, vigilancia y policía como tampoco de persecución del fraude y contrabando, lo que sí tendría años después, se trataba de la máxima autoridad gubernamental en un territorio que tenía unas circunstancias diferentes del resto de la provincia y de toda la nación.
No obstante lo anterior, y sin perjuicio de lo que pudiera ordenar el comandante general dentro de sus atribuciones, la sección de caballería de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar formaba parte de la compañía de dicho Cuerpo desplegada en la provincia de Cádiz, junto a las otras tres secciones de infantería, y bajo las órdenes directas de su primer capitán.
Inicialmente estaba previsto establecer en una primera fase de despliegue, un único acuartelamiento del Cuerpo en el Campo de Gibraltar, concretamente en Algeciras, al objeto de prestar desde alli servicio en otros puntos de la zona e ir creando nuevos puestos tan pronto fuera posible. 
Sin embargo, su vasta extensión, su complejidad orográfica y la existencia de dos partidos judiciales, que conforme al Real Decreto de 21 de abril de 1834, tenían su cabecera en Algeciras (términos municipales de Algeciras, Ceuta con Alhucemas, Melilla y Vélez de la Gomera así como Tarifa) y San Roque (términos municipales de Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, Los Barrios y San Roque), motivaron finalmente que en esta última localidad se ubicara, por ser más beneficiosa para la dirección, impulso y vigilancia del servicio, el mando de esa sección de caballería. 
Por lo tanto, en un primer tiempo se establecieron dos acuartelamientos de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar -Algeciras y San Roque- desde donde prestaban servicio al resto de localidades y los caminos que las unían entre si. 
El progresivo aumento de la plantilla total del Cuerpo de la Guardia Civil, y por lo tanto también de la asignada a la provincia de Cádiz, fue permitiendo durante los años siguientes que su presencia se fuera extendiendo por todo el territorio de la misma, estableciéndose nuevas casas-cuarteles en otras poblaciones y potenciando su despliegue con nuevos puestos.
Así, la Compañía de la Guardia Civil que estableció su cabecera en la capital gaditana, bajo el mando de un primer capitán con sus tres secciones de infantería y una de caballería desplegadas en la provincia, fue aumentada, por Real Orden de 12 de noviembre de 1847, en otra sección de infantería más al objeto de atender la vigilancia y seguridad pública de la sierra gaditana.
En el caso concreto del Campo de Gibraltar, la “Sección” de caballería, ya denominada “Línea”, con cabecera en San Roque, fue también aumentando y potenciando su despliegue inicial con fuerzas de infantería, implantándose nuevos acuartelamientos en otras poblaciones próximas.
Inicialmentela Línea de San Roque fue también citada como la Línea del Campo de Gibraltar, quedando constanciade ello en “El Guía del Guardia Civil”, antecedente histórico del actual Boletín Oficial de la Guardia Civil.
Así, en el correspondiente al 1º de octubre de 1851, se publicaba que el ya teniente Morillas, junto al cabo 1º de caballería José Marín y los guardias de infantería José Marín, Pedro Cazorla, Francisco Navarrete, Aquilino López, Antonio Medina y Eugenio Salas, habían detenido en la noche del 14 de septiembre anterior a dos ladrones que estaban robando en la casa de José Abrini, propietario de San Roque.
Nuevamente, dicha publicación detallaba en su número correspondiente al 10 de octubre de 1853, la situación de la fuerza de la Guardia Civil en la provincia de Cádiz, que contaba ya con un total de 25 puestos con 242 guardias civiles, de los que 211 eran de infantería y 31 de caballería. Las cabeceras de las Líneas se encontraban en Jerez de la Frontera, Grazalema, Puerto de Santa María, Medina Sidonia, Villamartin y San Roque.
El mando de esta última, cuya demarcación territorial seguía comprendiendo el Campo de Gibraltar, continuaba siendo ejercido por el mencionado teniente Morillas, de quien dependían a su vez los Puestos de Algeciras, Los Barrios, Jimena de la Frontera, La Línea de Gibraltar, San Roque y Tarifa.
Durante los años siguientes la plantilla del Cuerpo y su despliegue territorial fueron creciendo y potenciándose. La fuerza de infantería estaba encuadrada orgánicamente en cada una de las compañías de provincia mientras que la fuerza de caballería lo estaba en los escuadrones asignados a cada Tercio, si bien, funcionalmente, a efectos de servicio, dependían de aquellas.
Así, en el caso concreto de la provincia gaditana, el incremento en esos años fue de dos secciones más, hasta alcanzar la cifra total de siete, con sus correspondientes líneas de servicio y cabeceras en Jerez de la Frontera, Medina Sidonia, Grazalema, Vejer de la Frontera, Cádiz, Villamartin y San Roque. 
Sirva como ejemplo que tras la Real Orden de 12 de octubre de 1858, el número de puestos de la Guardia Civil en la provincia de Cádiz era ya de 29 y el número total de efectivos era de 306, de los cuales 248 eran de infantería y 58 de caballería.
Aunque algunas de las cabeceras de dichas secciones y líneas modificaron su ubicación, la de San Roque continuó como jefatura de la fuerza de la Guardia Civil desplegada en el Campo de Gibraltar.
Ello se mantuvo así tres años más hasta que por Real Orden de 28 de septiembre de 1861, la Guardia Civil experimentó una de las más importantes reorganizaciones desde su fundación. Aunque había tenido anteriormente aumentos de plantilla, se acordó en esta ocasión su incremento hasta 11.500 hombres a partir de enero siguiente, creándose 38 compañías más de infantería, así como la previsión de potenciarlo hasta alcanzar la cifra de 15.000 efectivos. 
Se dispuso también que al frente de cada provincia, ya con dos o más compañías, hubiera un comandante, siendo ésta la nueva denominación que tendrían a partir de entonces los primeros capitanes. Por tal razón, las “compañías de provincia” pasaron a ser llamadas “comandancias de provincia”, nombre que siguen ostentando hoy día aunque sus mandos sean ejercidos actualmente por coroneles o tenientes coroneles.
Las “secciones” iniciales que dependían de cada “compañía de provincia”, se duplicaron e incluso triplicaron, siendo organizadas a su vez para el servicio en las citadas “líneas”. Al frente de las mismas estaban oficiales que ostentaban los empleos de teniente o alférez, quedando encuadradas en las nuevas compañías territoriales mandadas por capitanes. Los “puestos” que conformaban las “líneas” y que también se multiplicaron en la misma proporción, continuaron siendo liderados por sargentos o cabos, y en caso de ausencia de estos, por los guardias civiles de mayor antigüedad.

5.- LA COMPAÑÍA DE LA GUARDIA CIVIL DEL CAMPO DE GIBRALTAR.
En el caso concreto que nos ocupa, a partir del 1º de enero de 1862, el 3º Tercio pasó a numerarse como el 4º, manteniendo su cabecera en Sevilla y continuando integrado por las Comandancias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla.
De las 38 nuevas compañías creadas, dos fueron en la provincia gaditana, lo que supuso pasar de una a tres: las 7ª, 8ª y 9ª del mentado 4º Tercio, con cabeceras en Chiclana de la Frontera, Algeciras y Grazalema respectivamente.
Cada compañía, mandada por sus correspondientes capitanes, tenía a su vez tres líneas. Las de la 7ª tenían su residencia en Puerto Real, Vejer de la Frontera y Medina Sidonia, mientras que las de la 9º estaban en Olvera, Ubrique y Algodonales. 
Las cabeceras de las líneas de la 8ª Compañía, que correspondía al Campo de Gibraltar, se fijaron en San Roque, Tarifa y Alcalá de los Gazules. Respecto a esta última población hay que significar la singular vinculación que a lo largo del tiempo tuvo con esta zona. De hecho, fue incluida en la Real Orden de 9 de octubre de 1815 como una de las localidades que inicialmente integraron el distrito de la Comandancia General del Campo de Gibraltar.
Una Real Orden de 28 de octubre de 1870, dimanante del Ministerio de la Guerra, redistribuyó la fuerza del 4º Tercio, que dos meses después, por Real Orden de 31 de diciembre, perdió la Comandancia de Huelva al integrarse en el 11º Tercio de Badajoz.
En cumplimiento de aquella, la Comandancia de Cádiz pasó a quedar integrada por 358 hombres, manteniendo las 3 compañías de infantería citadas de Chiclana de la Frontera, Algeciras y Grazalema, a razón de un centenar de efectivos por cada una de ellas.
También se incrementó una sección más de caballería, por lo que se pasó a disponer de un escuadrón de caballería desplegado en la provincia, dejando de estar encuadrado orgánica y directamente en el 4º Tercio de Sevilla para hacerlo a partir de entonces de la propia Comandancia de Cádiz. Su cabecera se estableció en Jerez de la Frontera y las secciones se ubicaron en Arcos de la Frontera, Puerto de Santa María y Villamartín.
Si bien la Comandancia gaditana continuó incrementando su número de efectivos y puestos con el paso de los años, la estructura de las tres Líneas dependientes de la Compañía de Algeciras (San Roque, Tarifa y Alcalá de los Gazules) se mantendría tal cual durante casi tres décadas siguientes. 
A partir de 1877 se cambió su numeración de 8ª Compañía por la de 9ª como consecuencia de aumentar la Comandancia de Sevilla en una compañía más, situación que se mantuvo hasta 1898. 
Durante ese periodo se dictaron dos disposiciones de gran interés para el Campo de Gibraltar en general y para La Línea de la Concepción en particular. Se trataban de la Real Orden de 21 de diciembre de 1877, del Ministerio de Hacienda, y el Real Decreto de 21 de septiembre de 1880, del Ministerio de la Gobernación.
En la primera norma se conferió al comandante general del Campo de Gibraltar, en el ámbito de su demarcación territorial, las facultades del delegado del Ministerio de Hacienda, sobre los resguardos de mar y tierra, en cuanto a persecución de fraude y contrabando. Aunque ello afectó muy directamente a la fuerza de Carabineros y a su nueva Comandancia de Algeciras que se crearía por Reales Órdenes de 10 y 28 de enero de 1878, al segregarse de la de Cádiz, tuvo también su repercusión entre los efectivos de la Guardia Civil destinados allí por las numerosas aprehensiones de contrabando practicadas en el transcurso de su servicio peculiar.
En la segunda disposición se estipuló que el comandante general, en representación y como delegado especial del Gobierno, ejercería las facultades que a éste correspondieran en materia de orden público, vigilancia y policía, teniendo a sus inmediatas órdenes las fuerzas de la Guardia Civil y de orden público que existían o se creasen en el territorio de su mando. A tal efecto se creó una Inspección especial de Orden público, dotada con el personal y material correspondiente.
Ello se debía, tal y como se detallaba en la exposición de motivos del real decreto citado, a que se trataba de una zona que ofrecía grandes facilidades al contrabando así como que las comunicaciones frecuentes entre la ciudad de Gibraltar y el pueblo de La Línea de la Concepción exigían por parte de las autoridades españolas de un celo no interrumpido y una vigilancia constante. Se trataba de evitar y reprimir dichos delitos así como mantener cordiales relaciones con las autoridades británicas, o impedir que causas, muchas veces pequeñas, pudieran dar ocasión a graves conflictos. 
En dicho preámbulo se reconocía el desarrollo extraordinario que en pocos años había adquirido la población de La Línea de la Concepción, el aumento del número de propiedades urbanas y rústicas que habían adquirido súbditos británicos, así como la circunstancia de haber fijado en ella su domicilio gran parte de la clase obrera que durante el día se dedicaba en Gibraltar a las faenas de carga y descarga de carbón mineral. 
También se mencionaba la necesidad de tener que atravesar dicha localidad todos los que por tierra iban o venían de la colonia, así como la frecuencia con que se intentaba burlar la vigilancia fiscal y administrativa por los muchos individuos que dedicados al mercadeo y al contrabando encontraban en la proximidad de Gibraltar un refugio seguro contra la persecución de las autoridades españolas. 
Ambas disposiciones reflejaban, al margen de otras consideraciones, la existencia en el Campo de Gibraltar, y más concretamente en La Línea de la Concepción, de una situación de especial singularidad derivada de los ilícitos que habían surgido al amparo de las actividades comerciales generadas por la presencia colonial británica en el Peñón. 
El contrabando en esa zona era una cruda y dura realidad cuya actividad no sólo generaba un grave perjuicio a la Hacienda española sino que daba lugar también a un tipo de delincuencia específica vinculada con lo anterior, todo lo cual afectaba directamente a la seguridad pública de los habitantes del Campo de Gibraltar.
Para afrontarlo de la forma más eficaz y eficiente, no sólo se dictaron la real orden y el real decreto mencionados así como la creación de la Comandancia de Carabineros ya aludida, sino que por Reales Órdenes de 1º y 31 de agosto de 1889 se creó, a imagen y semejanza de la de Algeciras, la Comandancia de Carabineros de Estepona, segregándola de la Comandancia de dicho Cuerpo en la provincia de Málaga, la cual perduraría su existencia hasta 1940. 
Y consecuente con lo anteriormente expuesto, por Real Orden de 7 de noviembre de 1889, se amplió también la jurisdicción del comandante general del Campo de Gibraltar, otorgándole las facultades del delegado del Ministerio de Hacienda, sobre los resguardos de mar y tierra, en cuanto a persecución de fraude y contrabando, en el ámbito de la demarcación de la nueva Comandancia de Estepona citada.
Mientras tanto, respecto a la Guardia Civil, por Real Orden de 19 de mayo de 1885 había vuelto a reintegrarse la Comandancia de Huelva en el 4º Tercio de Sevilla que se mantuvo como tal junto a las Comandancias de Cádiz, Sevilla y Córdoba, con la estructura órganica ya expuesta, durante casi tres lustros más. 
En esas tres décadas, si bien las cabeceras de las compañías de infantería ubicadas en Chiclana de la Frontera y Grazalema, terminaron por trasladarse a San Fernando y Villamartín respectivamente, e incluso el escuadrón de caballería alternó su cabecera entre Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, fue la Compañía de Algeciras la única que no modificó su residencia. 
El despliegue territorial de la Guardia Civil en la provincia de Cádiz en general y en el Campo de Gibraltar, en particular, fue fortaleciéndose cada vez más, produciéndose cambios de las residencias de algunas jefaturas de líneas, al objeto de mejorar la dirección, vigilancia e impulso de los servicios establecidos, así como estableciéndose puestos de nueva creación.
En 1895, tal y como recogen el “Album geográfico de la Guardia Civil”, de los primeros tenientes de la Guardia Civil Edmundo Seco Shelly, Martín Monterde Caballero y Hermógenes Gutiérrez Martínez, así como el “Nomenclator del mapa ilustrado de España y sus Posesiones para la Guardia Civil”, del comandante de Infantería Modesto Eraso Prados, la Comandancia de Cádiz estaba formada por 3 compañías, 12 líneas y 46 puestos, con una plantilla de 579 efectivos (524 de infantería y 55 de caballería). 
En el caso concreto de la 9ª Compañía de Algeciras, mandada por un capitán, estaba integrada por las Líneas de Tarifa, la Línea de la Concepción y Alcalá de los Gazules, mandadas por tenientes, con una plantilla total de 97 hombres. De la primera dependían los puestos de Tarifa (9 efectivos), Algeciras (14 efectivos) y Facinas (7 efectivos); de la segunda los puestos de La Línea de la Concepción (10 efectivos), San Roque (10 efectivos), Jimena de la Frontera (8 efectivos), San Pablo de Buceite (4 efectivos), San Martín del Tesorrillo (6 efectivos) y Bocaleones (5 efectivos); y de la tercera, los puestos de Alcalá de los Gazules (8 efectivos), Los Barrios (8 efectivos) y Casas del Castaño (4 efectivos). 
En 1897 las Cortes aprobaron para el ejercicio económico 1898-99, con cargo a los presupuestos del Ministerio de la Guerra, un aumento de 3.641 hombres, gracias al cual se pudo extender el despliegue territorial de la Guardia Civil a las Islas Canarias y plaza de Ceuta, cubriéndose de esta forma la única parte del territorio nacional en el que aún faltaba.
Consecuente con ello se produjo una importante reorganización que en la parte que afecta a la presente Memoria dio lugar, por Real Orden Circular de 30de junio de 1898, a la creación del 18º Tercio, integrado las Comandancias de Cádiz y Huelva, con cabecera en la capital gaditana, bajo el mando del coronel José Gay González.
Ello conllevó en primer lugar, la modificación de la numeración de las compañías, pasando la 9ª Compañía de Algeciras del antiguo 4º Tercio de Sevilla a ser la 2ª Compañía de Algeciras del 18º Tercio de Cádiz. 
Si bien se mantuvieron las cabeceras de las tres compañías de infantería (San Fernando, Algeciras y Villamartin) y se creó la Sección de Ceuta, dependiente de la Comandancia de Cádiz, algunas de residencias de las líneas cambiaron nuevamente de localidad. En el caso concreto del Campo de Gibraltar sólo cambió la de Alcalá de los Gazules que se trasladó a Jimena de la Frontera, manteniéndose las de La Línea de la Concepción y Tarifa. El escuadrón de caballería pasó a ser del 18ª Tercio, por lo que dos de sus secciones se establecieron en Cádiz y Sanlúcar de Barrameda mientras que la tercera se ubicó en la localidad onubense de Trigueros.
Con dicha orgánica y despliegue finalizaron el siglo XIX tanto la Comandancia de Cádiz como la 2ª Compañía de Algeciras, dando lugar a un nuevo y largo periodo en el que la Guardia Civil del Campo de Gibraltar en general, y la de La Línea de la Concepción en particular, experimentarían al igual que su entorno una gran evolución.

6.- LOS ORÍGENES DE LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN.
Cuando la Guardia Civil asignó por Real Orden de 20 de diciembre de 1844 una sección de caballería para prestar su servicio peculiar en el Campo de Gibraltar, el actual término municipal de La Línea de la Concepción no existía como tal, siendo entonces una de las pedanías del de San Roque.
Al tratarse de una zona de especial servidumbre e interés militar habían importantes restricciones para la construcción de viviendas y edificaciones para particulares. La razón de ello era evitar su crecimiento y consolidación como asentamiento urbano, lo cual podría comprometer el desarrollo de futuras operaciones bélicas españolas, defensivas y ofensivas, contra la ocupación británica del Peñón. 
Sin embargo, la realidad es que a medida que se fue alejando la posibilidad de acciones militares para recuperar Gibraltar por la fuerza de las armas, La Línea de la Concepción fue creciendo como consecuencia de la floreciente actividad económica que generaba el comercio con la colonia.
Pero al amparo de las actividades mercantiles lícitas también se potenciaron, tal y como se expuso anteriormente, otras de carácter ilícito como consecuencia del contrabando de géneros que eran introducidos por tierra y mar, principalmente tabaco, sin ser despachados ni abonados los aranceles correspondientes, con el consiguiente perjuicio para la Hacienda pública española.
Por aquel entonces el Cuerpo de la Guardia Civil ni formaba parte del Rersguardo fiscal ni tenía por finalidad la persecución del contrabando, ya que para ello existía el Cuerpo de Carabineros del Reino, con un importante despliegue en la zona y sobre el que se profundizará oportunamente más adelante.
La importancia y entidad de dicho núcleo de población, que era denominado en esa época como La Línea del Campo de Gibraltar o más habitualmente como La Línea de Gibraltar, motivó que desde el primer momento se enviaran allí diariamente parejas de servicio pertenecientes al puesto de la Guardia Civil de San Roque. 
Dichas parejas formaban parte de la mentada sección de caballería y se les encomendó la misión de velar y garantizar la seguridad pública en esa pedanía así como en los caminos que la unían con las poblaciones cercanas y que eran transitados por numerosas personas.
           Testimonio temprano de aquello quedó publicado en la Gaceta de Madrid de 7 de junio de 1845, al felicitar el eficaz despliegue realizado por los guardias civiles de caballería en la vigilancia de los caminos que unían San Roque, Algeciras y Los Barrios con Ronda, siendo muy transitados por los vecinos del Campo de Gibraltar y los británicos procedentes de la colonia con ocasión de la reciente feria celebrada.
De gran interés también resultaba entonces para la Guardia Civil la vigilancia de esa zona respecto a la persecución de los criminales huídos de la justicia española que buscaban refugio en la colonia británica de Gibraltar. 
Sirva como ejemplo de ello el caso descrito en una nota del Ministerio de la Gobernación, publicada en la Gaceta de Madrid el 11 de septiembre de 1851. Se trataba del parte dado por el jefe de la Línea de la Guardia Civil de San Roque, informando de los movimientos de un conocido bandolero de la época, apodado “Zamarra”. Éste se había refugiado con dos de sus secuaces en el Peñón de donde había terminado siendo expulsado por las autoridades coloniales y continuado su huida vía marítima hasta la costa africana. Dicha Gaceta publicaría en su edición del 6 de octubre siguiente que el cónsul de España en Marruecos lo había puesto a disposición del comandante general del Campo de Gibraltar. 
Prueba de la importancia que desde el primer momento revistió esa zona para la Guardia Civil, es que además de prestar allí servicio desde el inicio de su despliegue en el Campo de Gibraltar, fuese el de La Línea de Gibraltar uno de los primeros puestos que se crearon, tras los de Algeciras y San Roque, para garantizar con carácter permanente la seguridad de sus vecinos.

6.1.- Creación del Puesto de La Línea de La Concepción.
A finales de 1869, conforme consta en la documentación consultada, la pedanía de La Línea de Gibraltar, perteneciente al Ayuntamiento de San Roque, contaba con 426 vecinos, 136 casas de mampostería edificadas y 150 huertos. Al considerar 330 de aquellos que tenían capacidad y entidad más que suficiente para independizarse, solicitaron de la Regencia del Reino su segregación para constituirse en un nuevo término municipal.
Tras informar favorablemente el Consejo de Estado, una vez evaluados los informes dispares emitidos por el Ayuntamiento de San Roque y la Diputación Provincial de Cádiz, el ministro de la Gobernación comunicó el 17 de enero de 1870 al gobernador civil de Cádiz, de orden del Regente, que dicha segregación había sido autorizada, dando así carta de naturaleza al nuevo término municipal. La primera corporación en sesión de 30 de julio siguiente, adoptó el nombre de La Línea de la Concepción.
Ya para entonces, tal y como se ha citado anteriormente, existía en esa localidad desde al menos dos décadas antes, con carácter permanente, un Puesto de la Guardia Civil. 
Por lo tanto puede afirmarse con absoluta firmeza que La Línea de la Concepción contó desde el primer momento de su creación como municipio independiente, con el benemérito Instituto para garantizar la seguridad ciudadana de sus vecinos, tratándose durante muchas décadas del único cuerpo policial estatal existente.
Si bien hasta el momento no se ha podido localizar documentalmente ni su ubicación concreta ni su plantilla iniciales, debió estar compuesto por una media docena de guardias bajo el mando de un sargento o cabo, que dependía a su vez de la Línea de San Roque mandada por un teniente. 
Es muy posible que durante aquellos primeros años las dependencias oficiales del Puesto de la Guardia Civil estuvieran ubicadas precariamente en instalaciones facilitadas, conforme el reiterado artículo 19 del real decreto fundacional, por el ayuntamiento de San Roque, cuando todavía era una de sus pedanías. 
También es muy factible, al igual que sucedió en la mayor parte del resto de acuartelamientos de la provincia, y ello fue lamentablemente una constante, que hubiera varios cambios de ubicación dado el mal estado de los edificios que se asignaban o cedían a la Guardia Civil así como la falta de dotación económica para su mantenimiento. 
Todo ello a pesar de que el artículo 51 del entonces vigente Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil, aprobado por Real Decreto de 2 de agosto de 1852, disponía expresamente que en todas las capitales de provincia, cabezas de partido y demás pueblos y despoblados en que estuviese determinada la permanencia de un puesto fijo del benemérito Instituto, se proporcionaría la correspondiente casa-cuartel para la fuerza que a cada uno estuviese asignada.

6.2.- Primeros servicios beneméritos y policiales destacados.
Además de la referencia ya citada sobre su existencia como puesto fijo en 1853, quedaron recogidas en el Boletín Oficial de la Guardia Civil numerosas actuaciones beneméritas y policiales protagonizadas por sus componentes, acaecidas con anterioridad a la segregación de La Línea de la Concepción.
Entre las primeras destacaba la publicada el 8 de febrero de 1860, cuando todavía se denominaba Puesto de La Línea de Gibraltar. Está referida a la acción benemérita realizada el día 8 del mes anterior cuando como consecuencia de un fuerte temporal, sus componentes salvaron la vida de 22 tripulantes de varios buques que naufragaron frente a la costa. Se trataban del cabo 2º Eugenio Martínez, del guardia 1º José Torres y de los guardias 2º Francisco Pitarque, Antonio Pérez y José Gómez, “para cuyo fin los tres primeros se arrojaron al mar despreciando lo imponente de este elemento”.
Y entre las segundas se encontraba la publicada el 1º de julio de 1867, cuando seguía siendo Puesto de La Línea de Gibraltar. Se trataba del servicio llevado a cabo por el guardia 1º Bartolomé Varela y el guardia 2º Ignacio Coto, consistente en la detención del paisano Diego Pascual Sánchez, vecino de la población sevillana de Pruna, por el robo de dos caballerías a su propietario Juan Sánchez en dicha localidad, que pudieron ser recuperadas.
A partir de 1870 con la constitución del municipio independiente de La Línea de la Concepción, el puesto de la Guardia Civil adoptó también dicha denominación. El boletín oficial del Cuerpo siguió publicando y destacando brillantes y meritorios servicios protagonizados por sus componentes, citándose a continuación algunos de ellos.
El 8 de octubre de 1875 resaltaba la detención de los paisanos Bernabé Gil y Emilio Montero como presuntos autores del robo perpetrado al súbdito alemán Julio Spitxtres, consistente en 334 duros en moneda española, 300 francos en oro y otras alhajas. Dicha actuación policial fue encabezada por el teniente José Enriquez Patiño, jefe de la Línea de San Roque, acompañado del sargento 2º Francisco Riquelme Carrión y fuerza del puesto de La Línea de la Concepción. Posteriormente un cómplice de aquellos fue detenido por dicha clase y los guardias 2º Serafín Romero y José Terrero.
En ese mismo boletín oficial se destacaba otro importante y curioso servicio, igualmente representativo de la variedad de actuaciones que eran llevadas a cabo por el puesto de la Guardia Civil en dicha localidad. Se trataba de la detención por el cabo 1º Gerónimo Caballero y el guardia 2º Manuel Rodríguez, de un individuo que había hecho efectiva una letra falsa por valor de 750 pesetas en un comercio de la colonia británica de Gibraltar. Al detenido se le intervinieron 175 pesetas, siendo todo ello puesto a disposición de la autoridad judicial competente.
El 1º de junio de 1877 se publicaba la detención de Francisco Albarracín Gallardo, autor del asesinato, cuatro años antes, del vecino de La Línea de la Concepción, Francisco Montoya. Fue llevada a cabo por el ya mentado sargento 2º Riquelme y la fuerza del puesto de la residencia.
Nuevamente el boletin oficial, en su edición del 8 de septiembre de 1880, publicaba la detención de otro presunto asesino en la localidad. En esta ocasión se trataba de Francisco Vega Montero y la víctima había sido Rafael Molina Nieto. La fuerza actuante fueron el sargento 2º Francisco Arroyo Carmona y los guardias Esteban Ojeda y Cristóbal Dávila.
El 24 de febrero de 1881 se publicaron las actuaciones beneméritas llevadas a cabo por la fuerza del puesto de La Línea de la Concepción, bajo el mando del ya citado sargento 2º Arroyo, con motivo de una gran inundación sufrida en la población. Salvaron la vida a varias personas que se hallaban en grave peligro en sus casas anegadas por el agua, tratándose de enfermos, ancianos y niños. También el fuerte temporal padecido provocó el naufragio de una embarcación frente a sus costas, destacándose el cabo 2º Marcial Aragón y los guardias Pedro Carrillo, José Ortega, Facundo Aguinaga, José Marmol y Eleodoro Arconada, en el salvamento de doce marineros que fueron arrojados a la playa por el oleaje.
Respecto al carácter benemérito de la Guardia Civil hay que destacar que fue consustancial a su propia existencia desde sus primeros pasos, siéndole concedida por Real Decreto de 4 de octubre de 1929, la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia, con distintivo negro y blanco, “por los innumerables actos y servicios abnegados, humanitarios y heroicos que los individuos pertenecientes al mismo han realizado con motivo de incendios, inundaciones y salvamento de náufragos.” 
El 8 de marzo de 1881 nuevamente se publicaba otro destacado servicio liderado por el sargento 2º Arroyo y apoyado por los guardias Pedro Tamillo, Luis Corrales y los ya citados Ortega, Aguinaga y Arconada. Habían procedido a la detención de los paisanos Pedro Pulido y Antonio Ballester, autor y cómplice respectivamente, de un asesinato.
Finalmente, por no seguir extendiendo el relato de los innumerables servicios meritorios de aquella primera década de existencia como municipio independiente, concluir con la resolución de un crimen que conmocionó no sólo La Línea de la Concepción sino también a todo el Campo de Gibraltar y que tuvo amplia repercusión en la prensa del resto del país. Fue publicado en el boletín oficial de la Guardia Civil de 1º de agosto de 1881.
Se trataba del asesinato del capitán Paulino Galán del Pino y las graves heridas inferidas al teniente Alejandro López Aguado, ambos destinados en el Regimiento de Infantería Álava núm. 60. Fueron apuñalados, en la noche del 24 al 25 de julio, por un grupo de contrabandistas de tabaco procedente de la colonia británica de Gibraltar. Siete de sus autores y cómplices fueron detenidos por la Guardia Civil y puestos a disposición de la autoridad judicial militar competente. 
Fueron felicitados por el teniente general Fernando Cotoner Chacón como director general del Cuerpo, el capitán José Enríquez Patiño, jefe de la compañía de Algeciras, el teniente Andrés Delclós Puntonet, jefe de la Línea de San Roque, así como el sargento 2º Pedro Regueira y los guardias José Carrero, Pedro Carrillo, Juan Franco y el ya mentado Arconada, pertenecientes al puesto de La Línea de la Concepción.

7.- LAS PRIMERAS CASAS-CUARTELES DE LA GUARDIA CIVIL EN EL TÉRMINO MUNICIPAL DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN.
Se trataba del territorio del Campo de Gibraltar que más iba creciendo, tanto en número de habitantes como de edificaciones. Por tal motivo, como se expondrá seguidamente, se hizo necesario potenciar la presencia de la Guardia Civil, no sólo en el casco urbano de la Línea de la Concepción y la zona de la Verja, sino también en el resto del término municipal. Así, a partir de 1910 se crearon otros dos puestos más, a parte del ya existente desde mediados del siglo XIX en su casco urbano, si bien de menor entidad, como fueron los de El Zabal Bajo y La Atunara.
A este respecto y para entender que dentro de un mismo término municipal, que además era el de menor extensión del Campo de Gibraltar (unos 20km²),llegaran a coexistir entonces tres acuartelamientos del benemérito Instituto para garantizar la seguridad ciudadana de los vecinos de tres núcleos de población próximos entre sí, hay que explicar que la fuerza que lo prestaba era de infantería. Como los desplazamientos de las parejas de servicio solían ser a pie, con la penosidad y lentitud que además ello conllevaba, imperó por razones de eficacia policial, dada la singularidad de esa zona que requería con frecuencia actuaciones inmediatas, el criterio de la presencia permanente mediante la instalación de puestos fijos in situ.
Hay que significar que en aquel entonces existían también en La Línea de la Concepción una docena de acuartelamientos más, incluso en El Zabal y La Atunara, pero pertenecientes a las dos compañías de la Comandancia de Carabineros de Algeciras, entre los que estaban los de Guadalquitón, Carboneras, Torrenueva, Castillo España, Santa Bárbara, San Felipe, Espigón, Cachón de Jimena, La Línea y la Aduana. Su finalidad era, además del resguardo fiscal que ejercía el ubicado en la Aduana y Verja con Gibraltar, vigilar la franja costera de dicho término municipal y evitar los alijos de géneros de contrabando de todo tipo, pero sobre todo tabaco, procedentes de la colonia británica. 
Dichos puestos de Carabineros, tal y como se expondrá oportunamente, pasaron a partir de 1940 a reconvertirse en puestos de la Guardia Civil, más alguno más que se creó como el de Alambradas, si bien su finalidad principal continuaría siendo la de vigilancia fiscal, función que tuvo que asumir desde entonces el benemérito Instituto.

7.1.- La Casa-Cuartel de La Línea de la Concepción.
La referencia escrita más antigua concreta que se conserva sobre la existencia de una casa-cuartel en La Línea de la Concepción, si bien hubo otras con anterioridad, data del 1º de enero de 1881, según consta en la tarjeta de estadística del Puesto de la residencia, formalizada el 9 de junio de 1928 y que se conserva en la Sección Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior (ver Anexo). 
Aquella primera fecha de 1881 consta como de creación del Puesto, pero en este caso concreto debe entenderse realmente, habida cuenta la referencia anteriormente citada de 1853, como la fecha de ocupación de un nuevo acuartelamiento, aunque no se ha localizado documentalmente todavía su ubicación exacta.
Lo que sí está constatado es que el Puesto de La Línea de la Concepción seguía dependiendo en 1881 de la Línea de San Roque (mandada por un teniente), y que a su frente como comandante del mismo seguía un sargento 2º. 
En el Campo de Gibraltar el despliegue y efectivos del Cuerpo de Carabineros siempre fueron muy superiores al de la Guardia Civil, pues los problemas derivados del contrabando procedente principalmente de la colonia británica establecida en el Peñón, siempre fueron mucho mayores que los de seguridad ciudadana y orden público. Y de hecho, tal y como ya se ha expuesto, buena parte de estos tenían su origen en aquellos.
Así, por ejemplo, cuando en 1881 había todavía un único puesto de la Guardia Civil en La Línea de la Concepción, mandado por un sargento y dependiente de la Línea de San Roque, según recoge el “Nomenclator Militar”, del comandante teniente de Infantería Facundo Cañada López, editado ese mismo año, estaba desplegada allí la 1ª Compañía de Carabineros. Ésta era mandada por un capitán y estaba integrada por tres secciones cuyas cabeceras se encontraban ubicadas dentro del término municipal de La Línea de la Concepción, concretamente en San Felipe, Torrenueva y Carboneras, a cuyo frente estaban respectivamente dos tenientes y un alférez, con sus correspondientes puestos subordinados.
Cuando el siglo XIX llegó a su fin, la importancia de La Línea de la Concepción, cuya población y casco urbano habían ido creciendo considerablemente, era tal que la Guardia Civil había establecido allí, tal y como se ha expuesto anteriormente, la cabecera de una de sus tres líneas desplegadas en el Campo de Gibraltar.
Conforme al otro “Nomenclator” citado de 1895, la Línea de la Guardia Civil, valga la redundancia, de La Línea de la Concepción, tenía una plantilla de 44 efectivos incluido su oficial al mando, distribuidos de la siguiente forma: puestos de San Roque (10 de infantería), Jimena de la Frontera (8 de infantería), San Pablo de Buceite (4 de infantería), Bocaleones (5 de infantería), San Martín del Tesorillo (6 de infantería) y el propio de la residencia (10 de infantería). Se significa que el de Bocaleones, por ser hoy día un punto inexistente, se hallaba en el término municipal de Castellar de la Frontera.
Apenas cuatro años después, Lutgardo López Zaragoza, en la primera edición -1899- de “Gibraltar y su campo: guía del forastero”, detallaba la fuerza de la Guardia Civil destacada en La Línea de la Concepción. Concretamente refería que el jefe de la Línea era el primer teniente José Sanz Benavente, siendo el comandante de puesto el sargento Juan García Soria. Existía una plantilla de infantería compuesta por los cabos Juan Moreno Cuadro y Manuel Vargas Rodríguez con 15 guardias así como una más reducida de caballería, integrada por los cabos Félix Rubio Macías y Estanislao Rueda Jiménez con otros 5 guardias más. 
También mencionaba que de dicha Línea dependían los puestos de la residencia, San Roque, Jimena de la Frontera y Casas del Castaño, significándose que este último, hoy día inexistente, se ubicaba en el término municipal de Los Barrios.
En apenas unas pocas décadas la situación había cambiado sustancialmente y el mando de esa unidad de la Guardia Civil había desplazado su cabecera desde San Roque hasta la Línea de la Concepción, cuya población iba adquiriendo cada vez más importancia y peso específico en el Campo de Gibraltar.
La primera referencia concreta y detallada de ocupación como casa-cuartel de la Guardia Civil de una edificación en La Línea de la Concepción, data del 1º de abril de 1908. El año anterior la corporación municipal, en sesión celebrada el 25 de octubre, adoptó “el acuerdo de proporcionar acuartelamiento gratuito y en las condiciones que el servicio exija a la fuerza de la Guardia Civil de este puesto durante todo el tiempo que exista establecido”.
Se trataba de un edificio administrado por Enrique Lozano Macías, sito en la calle Jardines. Fue alquilado por el Ayuntamiento por un importe inicial de 3.000 pesetas anuales durante un plazo de diez años, firmando el correspondiente contrato de arriendo con dicho administrador, el alcalde José Cayetano Ramírez Galuzo y el teniente Arturo Blanco Horrillo, jefe de la Línea de la Guardia Civil de La Línea de la Concepción.
Pero el hecho de que dicho contrato se suscribiera con carácter retroactivo el 8 de agosto siguiente, es decir transcurridos más de cuatro meses de su ocupación real, indica que debió haber una causa urgente de desalojo del acuartelamiento anterior, motivada muy probablente por su mal estado de conservación y habitabilidad.
A este efecto hay que significar que cuando no era posible alojar a la fuerza de un puesto en un edificio de la localidad asignada, se autorizaba por la Superioridad su traslado hasta otra población cercana que ya lo poseyera u ofreciera, razón por la cual y para evitar su marcha, el ayuntamiento perjudicado solía ofrecer a la Guardia Civil un arreglo de urgencia hasta que se adoptaba una solución formal al problema planteado.
Finalmente, por Real Orden de 30 de septiembre de 1908, dimanante del Ministerio de la Gobernación, se aprobó el citado contrato para dicha casa-cuartel en La Línea de La Concepción. 
La verdad es que en todo momento siempre fue preocupación, tanto del mentado Ministerio como de la Dirección General de la Guardia Civil, coincidente también con el parecer favorable del gobernador militar del Campo de Gibraltar, atender las necesidades de dicho término municipal en materia de seguridad ciudadana. A tal efecto hay que significar que en La Línea de la Concepción concurrían unas circunstancias realmente singulares.
Aunque era habitual enviar pequeños refuerzos puntuales cada vez que era necesario, la verdadera solución pasaba por aumentar su plantilla con carácter permanente, si bien ello no siempre fue factible. En unos casos por la falta de un acuartelamiento capaz de alojar el incremento de efectivos, como ya se expondrá más adelante, y en otros, por razones como las que por ejemplo se exponen a continuación.
Esa singularidad o excepcionalidad derivaba de la vecindad de la colonia británica con todo lo que ello acarreaba, implicaba y significaba, exigiendo una atención y presencia constante de la acción de Estado en las áreas afectadas. En materia de seguridad pública la competencia correspondía a la Guardia Civil, por seguir siendo entonces el único cuerpo policial de ámbito estatal allí desplegado.
Ello implicaba encomendar a las fuerzas del benemérito Instituto destinadas en La Línea de la Concepción, no sólo prestar su peculiar servicio de velar por la seguridad de personas y propiedades, al igual que ocurría en el resto del Campo de Gibraltar, sino también asumir un servicio realmente delicado y penoso que no se daba en ningún otro punto del territorio nacional.
Para entenderlo nada mejor que exponer brevemente la situación existente aprovechando uno de los numerosos casos que se plantearon y que bien puede servir para poner en valor el abnegado y sacrificado servicio que hace ya más de un siglo prestaba allí la Guardia Civil, al igual que actualmente lo sigue cumpliendo si bien de forma diferente.
El 15 de abril de 1910 el gobernador militar del Campo de Gibraltar, general de división Julio Domingo Bazán, en su calidad de delegado especial en materia de orden público, dirigió escrito al ministro de la Gobernación, Fernando Merino Villarino, solicitando aumentar la plantilla del puesto de La Línea de la Concepción en una pareja de infantería y otra de caballería.
La razón de ello era que había dictado un bando que “obliga a la fuerza de La Línea a una vigilancia excesiva que proporciona un trabajo constante y asiduo, si ha de cumplir su misión con el tacto preciso para evitar alteraciones en el Orden Público promovidas por los contrabandistas perjudicados por esa medida y con la perseverancia debida si ha de lograrse de una manera eficaz desaparezca el lamentabilísimo espectáculo que ante la vista de los extranjeros dan diariamente en el camino que une La Línea con Gibraltar, el numeroso personal maleante dedicado al comercio ilícito”
Para entender el movimiento y trascendencia que desde finales del siglo XIX tenía ya la Aduana de La Línea de La Concepción, sirva la referencia que se hace en la obra ya citada “Guía de Gibraltar y su Campo”, de Lutgardo López, en 1899: “No tiene importancia en lo referente a su recaudación de derechos arancelarios, puesto que las mercancias que se introducen son muy limitadas; pero si la tiene para la represión de las introducciones ilegales de toda clase de artículos, especialmente del tabaco, … Transitan diariamente por sus puertas sobre 15.000 almas, 300 caballerías y 300 carruajes; estando desempeñados los servicios auxiliares de reconocimiento por la sección veterana de Carabineros, compuesta de un sargento, dos cabos y cuarenta individuos, mandados por un primer Teniente.”
Por Real Orden comunicada de 23 de mayo de 1910, el subsecretario del ministerio de la Gobernación, Juan Fernández Latorre, solicitó informe sobre dicha petición de aumento de plantilla al teniente general Joaquín Sánchez Gómez, director general del Cuerpo. Éste dio su parecer en escrito núm. 297 de 21 de junio siguiente, tras recabar oportuno informe del teniente coronel Eduardo González de Escandón García, primer jefe de la Comandancia de Cádiz y subinspector accidental del referido 18º Tercio (Cádiz).  
Respecto a la pareja de infantería contestó que podía “considerarse virtualmente aumentada” con los 4 guardias civiles asignados al puesto recién creado en la barriada de El Zabal Bajo, cuyas vicisitudes se detallarán más adelante al tratarse dicha unidad.
En cambio, “la pareja de caballería se hace todo punto imposible”, debido a que tras los trágicos sucesos acecidos en Barcelona el verano anterior, había 700 guardias civiles de refuerzo procedentes de otras provincias concentrados todavía allí. Por otra parte, no era posible enviar caballos al puesto de La Línea de la Concepción por haber sido necesario concentrar una veintena en la localidad coruñesa de Ferrol para atender otras necesidades allí surgidas. Y finalmente, la única fuerza de caballería reunida que quedaba en la provincia de Cádiz se hallaba en Jerez de la Frontera, donde era muy necesaria en su campiña, por todo lo cual no había capacidad de cumplimentar lo solicitado. 
Muy ilustrativo había resultado el extenso informe del teniente coronel González de Escandón, emitido a su director general en escrito núm. 249 de 13 de junio de 1910.
El 12 de abril anterior el comandante militar de La Línea de la Concepción, teniente coronel de Infantería Juan García Aguirre, con aprobación del gobernador militar del Campo de Gibraltar, había establecido para la Guardia Civil un servicio diario continuado de mañana y tarde, “en la Zona comprendida desde la neutral de la Plaza Inglesa y la verja que cierra la Aduana Española de la Línea, al objeto de mantener el orden y obligar al público que transita de una a otra población, a no salirse de la carretera y extenderse como lo venía haciendo el campo de uno y otro lado de ella, parándose a ocultar entre sus ropas los géneros de ilícito comercio que sacan de Gibraltar, dando el triste espectáculo ante la vista de los extranjeros”.
Tras seguir explicando detalladamente la práctica de dicho servicio y los medios que se empleaban así como los refuerzos que serían convenientes, el jefe de la Comandancia de Cádiz no dejaba también de exponer, “lo perjudicial que en la práctica resultan estos servicios para la moralidad y prestigio del Cuerpo, cuyos individuos, …, a cada minuto están presenciando actos ilícitos, …”.
Por lo tanto, concluía proponiendo, dando con ello su visión de cuales debían ser las prioridades de servicio en esa zona, “el que la fuerza de la Guardia Civil no prestase servicio alguno fuera de Aduana de la Línea de la Concepción, servicio que parece ser de la única competencia del Cuerpo de Carabineros que cuenta con numerosa fuerza, y dejar la del Cuerpo para las de vigilancia y persecución de la numerosísima población maleante y criminal que se alberga en la Línea y sus barriadas de Zabal, Colonia, Campamento, Puente Mayorga, Guadarranque y Palmones, que da margen a la práctica de importantes servicios que entran de lleno en la finalidad y objeto del Instituto”.
No obstante, la Guardia Civil, como siempre ha venido sucediendo a lo largo de los 175 años de su existencia, en este caso concreto y otros similares que se han producido, cumplió en La Línea de la Concepción con su deber gracias al abnegado y sacrificado servicio prestado por sus componentes, aún a pesar de que ni su número ni sus medios fueran los idóneos y deseados.
Un ejemplo más de la relevancia que se le daba lo acredita que al quedar vacante su cabecera, el coronel Feliciano de Francisco López, jefe del 18º Tercio (Cádiz), ordenara al teniente Vicente González García, jefe de la vecina Línea de Jimena de la Frontera, que se hiciera cargo del mando accidental de la Línea de la Concepción, “pasando a residir a la expresada población por su preferente importancia”. Y así lo hizo desde el 30 de junio de 1911 hasta 4 de agosto siguiente que se incorporó su nuevo titular, al considerarse prioritaria la presencia de un oficial allí. 
Transcurridas casi dos décadas, el edificio de la calle Jardines continuaba siendo casa-cuartel de dicho puesto. En 1928, fecha en la que se confeccionó la referida tarjeta de estadística, la fuerza del puesto era mixta, es decir, de infantería y caballería, estando constituida por 1 sargento, 1 cabo, 1 corneta, 2 guardias 1º y 14 guardias 2º. De ellos, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º eran de caballería.
El teniente jefe de la La Línea de la Guardia Civil tenía también su cabecera en ese acuartelamiento si bien habitaba en una vivienda particular cuyo alquiler era abonado por el Ayuntamiento. Además del referido puesto de la residencia, dependían entonces de su mando los puestos de La Atunara, San Roque y el de Campamento. Éste último se había creado por Real Orden de 28 de septiembre de 1925 y estaba ubicado en la aldea de Campamento de Benalife, sita en el limítrofe término municipal de San Roque. 
Dicha casa-cuartel de la calle Jardines poseía 10 pabellones de casados y 1 de solteros de 6 plazas, estando alojados en ellos 1 sargento, 1 cabo, 1 corneta, 1 guardias 1º y 9 guardias 2º. Igualmente contaba con una cuadra capaz para 11 caballos. La renta anual, que continuaba siendo sufragada por el consistorio municipal, ascendía entonces a 5.080 pesetas.
Conforme a la mentada tarjeta de 1928, el censo de población de La Línea de la Concepción, que constaba en la fecha de su elaboración, era de 19.000 vecinos y 63.200 habitantes.
El importante aumento de población, tanto de hecho como de derecho, que iba experimentando dicha localidad fue motivando a su vez la necesidad de ampliar la plantilla del puesto de la Guardia Civil y por lo tanto la necesidad de contar con un inmueble de mayores dimensiones. 
Si bien se estudió e incluso se efectuaron por el Ayuntamiento diversos concursos en años posteriores, al objeto de encontrar un edificio de mayor entidad para poder alojar el aumento de fuerza de la Guardia Civil que la ciudad necesitaba, aquellos quedaron desiertos sin oferta alguna.
Entre las diferentes propuestas de incremento de personal, elevadas y autorizadas por la Superioridad, pero que quedaron finalmente sin efecto al no disponerse del oportuno acuartelamiento, destacó por su cifra y duros términos en los que se expresaba, la solicitada el 15 de febrero de 1924 por Pedro de Castro Santoyo, Delegado Regio para la Represión del Contrabando y Defraudación en la Zona Sur Oeste. Ésta comprendía las provincias de Sevilla, en cuya capital tenía fijada su residencia, Badajoz, Cáceres, Cádiz, Córdoba y Huelva.
Al amparo de lo dispuesto en el Real Decreto de 13 de noviembre anterior, sobre la organización de dichas Delegaciones Regias y la entonces vigente Ley para la represión de los delitos de contrabando y defraudación, de 3 de septiembre de 1904, peticionó al director general del benemérito Instituto, teniente general Juan Zubia Bassecourt, la ampliación de la plantilla del puesto de La Línea de la Concepción en al menos 25 guardias civiles de caballería.
La razón de la solicitud de más guardias civiles, que suponía un incremento de efectivos muy importante, no era reforzar la persecución del contrabando procedente de la colonia británica, pues de ello ya se encargaba como se ha dicho la fuerza de Carabineros destacada en la zona.
El verdadero motivo, según exponía el representante del Ministerio de Hacienda, era garantizar el mantenimiento del orden público ante “masas de obreros y pseudo-obreros de ambos sexos a su regreso de Gibraltar, entre los que puede producirse disgusto las disposiciones adoptadas por esta Delegación regia para corregir el vicio inveterado del contrabando a que la población venía dedicándose”.
El número de vecinos de La Línea de la Concepción, a la que el citado delegado refería en su escrito, “que se trata de una población de 70.000 habitantes de muy escasa cultura y en su mayoria desocupados y vagamundos a los que hay que imponer restricciones en sus reprobables costumbres”, así como de otras localidades cercanas que se desplazaban diariamente a pie a la colonia británica, se contabilizaba por millares. 
En buena parte eran personas que trabajan allí en diferentes ocupaciones si bien entre ellas se mezclaban también otras muchas que intentaban pasar por la aduana, escondidos entre sus ropas, géneros de contrabando, lo cual obligaba a la fuerza de Carabineros a realizar numerosos registros corporales selectivos entre los hombres y con matronas entre las mujeres. 
La misión concreta de la Guardia Civil, como ya se ha expuesto, conforme lo ordenado por el gobernador militar del Campo de Gibraltar, era mantener el orden público en las largas colas que se formaban en la zona neutral antes de llegar a la aduana, al regreso de la colonia británica.
Por ello era mucho más eficaz ejercer la vigilancia a caballo, pues daba mayor visión desde esa altura sobre los que estaban a pie, se imponía más respeto y podían detectar y acudir de inmediato a cualquier punto de las colas en que se hubiera producido algún incidente. Esa era la justificación de que el delegado regio peticionase tan importante refuerzo de caballería y no de infantería. 
Requerido informe por el superior centro directivo, el coronel Rafael Bernal Pastor, subinspector del 16º Tercio, con cabecera en Málaga, del cual dependía entonces la Comandancia de Cádiz, lo emitió en escrito núm. 325 de fecha 6 de marzo de 1924.
Su parecer fue favorable ya que aunque se habían concentrado en La Línea de la Concepción, 1 cabo y 5 guardias civiles del Escuadrón de Caballería de la Comandancia de Cádiz, que tenía cabecera en Jerez de la Frontera, resultaba insuficiente, como tambien lo había sido la concentración ordenada en enero por el gobernador militar del Campo de Gibraltar, de otros 5 guardias montados procedentes del puesto de Almoraina. Éste, sito en el término de Castellar, había sido creado por Real Orden de 16 de julio de 1898 y dependía entonces de la Línea de Jimena de la Frontera, junto a los de la residencia, Tesorillo y Buceite.
En su informe el coronel Bernal, tras afirmar que dichas concentraciones serían innecesarias si se hubiera aumentado la plantilla del puesto de La Línea de la Concepción, expuso también que había tenido que desistirse de dicha pretensión cuantas veces se había intentado llevar a cabo debido a las dificultades que habían existido para encontrar un acuartelamiento donde alojar a la fuerza.
Para intentar solucionar dicha cuestión el comandante militar de la plaza ofreció la posibilidad de ceder el cuartel llamado de la Concepción, desalojado recientemente, donde podrían alojarse provisionalmente los 25 guardias civiles de caballería. 
Pero para el caso de que fueran destinados como aumento de plantilla y se trajeran a sus familias, sería necesario acondicionar el inmueble construyendo pabellones para casados, para cual debía ser cedido primero al Ayuntamiento y éste hacerse cargo de la reforma, lo cual suponía un coste inasumible para las arcas municipales.
Aunque dicho incremento de personal (1 sargento, 2 cabos, 1 trompeta y 21 guardias) terminó siendo aprobado e incluso se establecieron las unidades y cupos correspondientes de la Comandancia de Cádiz que debían aportar el personal y caballos necesarios, no se llevó finalmente a cabo por no disponerse del necesario alojamiento. 
Posteriormente el Ayuntamiento sacó a concurso la licitación, por dos veces, del alquiler de un edificio con capacidad suficiente para alojar dicho aumento de guardias civiles con sus familias, así como con las correspondientes cuadras para los equinos, pero no se presentó oferta alguna. La cantidad ofrecida de 5.400 pesetas anuales no resultó de interés para ninguno de los propietarios de inmuebles que pudieran reunir las características requeridas o readaptarlas. 
Dicha situación persistió en los años siguientes sin alcanzarse solución satisfactoria alguna, no sólo respecto a alquilar un edificio que pudiera acondicionarse como casa-cuartel para tantos efectivos, lo cual era ya difícil de por sí, sino también sin posibilidad de construir uno nuevo para alojar la plantilla ya existente más la fuerza de incremento. Esta opción era la más deseable pero por aquel entonces igualmente de inalcanzable por razones económicas, ya que el Ayuntamiento no tenía capacidad para ello y el Estado tenía otras prioridades.
Transcurrido el tiempo y tras numerosas gestiones infructuosas se desistió finalmente de ello en 1931, significándose que el coronel Federico Ramírez Orchells, subinspector del 16º Tercio (Málaga), en escrito núm. 297 de 17 de marzo, expuso que la plantilla era ya de 20 efectivos de los que 14 eran de infantería y 6 de caballería, debiendo anularse el aumento aprobado casi siete años antes. 
Según se detallaba, en la mentada casa-cuartel de la calle Jardines, cuyo arriendo continuaba sufragando el Ayuntamiento, vivían en total 13 de aquellos, 10 de los cuales eran casados, habitando en pabellones de reducidas dimensiones junto a sus familias, así como otros 3 en un pabellón de solteros que tenía capacidad para otro más, si bien estaba pendiente de asignación. Los otros 6 efectivos habitaban en casas particulares de la localidad costeadas también por la referida corporación municipal, situación que con el tiempo se dejó de abonar.
Apenas un año después, con fecha 30 de abril de 1932, el general de división Miguel Cabanellas Ferrer, director general de la Guardia Civil, previo informe favorable del teniente coronel Joaquín Fernández Trujillo, jefe de la Comandancia de Cádiz, autorizó el aumento de otros 5 guardias más de caballería en el puesto de La Línea de la Concepción. Estos debían de ser de estado soltero ya que esa era la disponibilidad de alojamiento existente.
El jefe de la cabecera de la línea era entonces el teniente José Machuca Báez y seguía estando compuesta por los puestos de la residencia, mandado por el sargento de infantería Fernando Pérez Díaz, La Atunara por el cabo de infantería Calixto Sanz López, San Roque por el suboficial de infantería Jesús Mulero Pallarés, y Campamento por el sargento de infantería José Milán López. 
Dicho aumento se debió al considerarse insuficientes los 5 guardias de caballería, mandados por el cabo Manuel Osado Labrador, que ya tenía el puesto de La Línea de la Concepción, para mantener el orden en los tumultos que solían producirse en la zona de la Verja al regresar los trabajadores de la colonia británica.
La necesidad de una nueva casa-cuartel se reactivó tras la visita que realizó a la localidad, al inicio de enero de 1934, el general de brigada Cecilio Bedia de la Cavallería, inspector general de la Guardia Civil. Tras comprobar personalmente el lamentable estado en que se encontraban los acuartelamientos de la calle Jardines y el de La Atunara, donde vivían los guardias civiles con sus familias, se entrevistó con el alcalde José Agüero Baro, a quien expuso la necesidad de construir un nuevo acuartelamiento que reuniera las condiciones adecuadas de habitabilidad e higiene. 
Éste le contestó aduciendo la incapacidad económica por parte del Ayuntamiento de afrontar una obra de esa categoría pero en cambio si se podía ofrecer gratuitamente el correspondiente solar como los existentes en Punto Ribot y Conchal, así como el ubicado frente al hospital municipal, si el Estado asumía dicho coste.
Consecuente con ello, la corporación municipal en sesión celebrada el 9 de enero ratificó por unanimidad lo ofrecido por el alcalde y el 16 siguiente, acordó elevar escrito al ministro de la Gobernación, “interesando que acuerde construir en esta población, con cargo al crédito que para esta clase de construcciones existe en los presupuestos del Estado, un edificio para alojamiento de las fuerzas de la Guardia Civil que presta sus servicios en esta localidad”. 
Recibida la petición en el ministerio y solicitados los oportunos informes a la Guardia Civil, el coronel Ricardo Salamero Ortiz, jefe del 16º Tercio (Málaga), expuso en escrito núm. 301 de 3 de marzo de 1934 que los terrenos ubicados frente al hospital, “se encontraban muy alejados de la población y más particularmente de los Centros oficiales, tales como la Aduana, Ayuntamiento, Correos y demás, perdiéndose la eficacia en la rapidez de las intervenciones de alteración del orden público”.
Como ello le había sido comunicado anteriormente al alcalde, se había celebrado ya una nueva sesión el 6 de febrero aprobándose la oferta también del solar ubicado en el lugar conocido como San Felipe, entre el mar y la carretera de España, en cuyas inmediaciones sí estaban los mentados edificios oficiales. En este caso el coronel Salamero sí emitió su parecer favorable sobre la idoneidad del terreno. 
En cambio se mostró disconforme de abandonar el acuartelamiento de La Atunara, y llevarse a sus efectivos al futuro acuartelamiento, “por ser aquello una barriada de pescadores donde son muy frecuentes las riñas y conflictos, que precisa la rápida intervención y personal que conozca bien sus habitantes”.
Lamentablemente el asunto de construir un nuevo acuartelamiento quedó nuevamente aplazado cuando, “de orden del Señor Ministro”, Rafael Salazar Alonso, con fecha 9 de marzo siguiente, se comunicó al gobernador civil de Cádiz, Adolfo Silván Figueroa, desde la Inspección General de la Guardia Civil, que no era posible acceder a los deseos del alcalde de La Línea de la Concepción, “por no existir crédito disponible”.

7.2.- La Casa-Cuartelde El Zabal Bajo.
El 3 de enero de 1910 el alcalde de La Línea de la Concepción, Bartolomé Lima Ortiz, elevó al ya citado general Domingo Bazán, gobernador militar del Campo de Gibraltar, residenciado en Algeciras, la solicitud de creación de un puesto de la Guardia Civil en una zona rural de su término municipal denominada El Zabal, donde había unas 400 fincas y edificaciones. 
Dicha autoridad militar elevó la instancia municipal el 1º de febrero siguiente al ministro de la Gobernación con su parecer favorable, al considerarla “bien fundada por ser de verdadera necesidad su creación.” 
 El problema que padecían los vecinos del lugar era que con frecuencia sus propiedades se veían afectadas por actos delictivos de diferente naturaleza, protagonizados principalmente por individuos procedentes de las provincias de Málaga y Sevilla, en sus desplazamientos de ida o venida a la colonia británica de Gibraltar, por ser zona de paso.
Dado la incapacidad para resolver ese problema con medios propios, la corporación local había acordado el 27 de diciembre de 1909, solicitar la creación de dicho puesto de la Guardia Civil, “porque con ello estarían garantizadas las vidas y haciendas de aquellos vecinos, desapareciendo la gente maleante que evade la persecución de la Guardia Municipal”.
El Ayuntamiento ofrecía por su parte al benemérito Instituto, “el local necesario para el alojamiento de aquella fuerza, menaje, bandera y cuanto fuera necesario para ello”, proponiento su ubicación concreta en el punto conocido como El Zabal Bajo.
El 13 de enero el alcalde se había dirigido también, en términos similares y directamente, al ministro de la Gobernación, Segismundo Moret Prendergast, quien a su vez trasladó el día 31 dicha petición al teniente general director general del Cuerpo, Joaquín Sánchez Gómez. Éste, tras recibir los informes favorables del coronel Luis López Mijares, jefe del 18º Tercio de la Guardia Civil, con cabecera en Cádiz, y del ya mentado teniente coronel González de Escandón, primer jefe de la Comandancia de Cádiz, los hizo suyos.
En escrito de 3 de marzo siguiente, participó al ministro que la creación del referido puesto, lo “considera de gran utilidad para el servicio, pudiendo constituirse con una clase y cuatro guardias del de La Línea a cuya demarcación pertenece el citado punto de Zabal Bajo”.
A los informes favorables del director general de la Guardia Civil y del gobernador militar del Campo de Gibraltar, se unió la solicitud de Natalio Rivas Santiago, subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros y diputado a Cortes, que a petición del alcalde, abogó también por su creación.
Finalmente por Real Orden de día 31 de marzo de 1910, dimanante del Ministerio de la Gobernación, se autorizó la creación del referido puesto de la Guardia Civil.
El 9 de junio siguiente se suscribió el contrato de cesión gratuita al Estado, entre el alcalde mentado y el teniente José Colombo de León, jefe de la Línea de la Guardia Civil de la Línea de la Concepción, del edificio propiedad de Juan Márquez Martín, también firmante, para su uso como acuartelamiento del referido puesto de nueva creación.
El arriendo acordado lo fue inicialmente por cuatro años, renovable, por la cantidad de 1.020 pesetas a abonar anualmente por el Ayuntamiento, siendo dicho contrato aprobado por Real Orden de 5 de julio siguiente, dimanante del Ministerio de la Gobernación.
Este acuartelamiento se mantuvo operativo hasta que el coronel Rafael Bernal Pastor, jefe del 16º Tercio, con cabecera en Málaga, dio cuenta el 3 de diciembre de 1922 a la Dirección General del Cuerpo, en escrito núm. 1.367, que la fuerza del Puesto de El Zabal se había trasladado al de La Atunara. La distancia entre ambas casas-cuarteles era de casi 4 km. Dado que las tarjetas de estadisticas de los puestos se ordenó en la Guardia Civil su confección en 1928, no se confeccionó la misma al no existir ya dicha unidad en esa fecha.
La razón de dicho traslado debió ser muy probablemente, como solía suceder en la mayor parte de los casos, por el mal estado del acuartelamiento, y al no destinarse los fondos económicos suficientes para su debido mantenimiento terminaba por deteriorarse con el paso del tiempo. 
Se significa que conforme los contratos de la época que se firmaban, ello era responsabilidad de los propietarios pero dadas las ajustadas cantidades que recibían anualmente en concepto de alquiler, terminaba por no compensarles y dejaban de cumplir sus obligaciones para obligar a su rescisión y abandono del inmueble por parte de la Guardia Civil.
No volvería a haber un puesto de la Guardia Civil en la zona de El Zabal hasta que tras producirse en 1940 la absorción de Carabineros, pasó a reconvertirse, tanto el acuartelamiento como los efectivos que tenía dicho Cuerpo en esa barriada.

7.3.- La Casa-Cuartel de La Atunara.
Dentro del término municipal de La Línea de la Concepción existía desde muy antiguo un pequeño núcleo de población situado a pie de costa que, denominado anteriormente La Tunara, había devenido en ser llamado La Atunara. Dicho nombre se mantiene en la actualidad si bien, con la progresiva expansión del casco urbano de La Línea de la Concepción durante la segunda mitad del siglo XX, dicha zona ha terminado hoy día completamente integrada en aquél como una barriada más. Algo similar a lo que terminó por ocurrir con el Zabal.
La Atunara estaba unida antaño con dicho casco urbano por un camino de tierra de unos 2 kilómetros de longuitud. Y al ir creciendo el número de viviendas y vecinos residentes motivó, al igual que había sucedido en la vecina zona de El Zabal, la necesidad de establecer un puesto de la Guardia Civil para garantizar su seguridad.
Dos meses y medio después de aquél, se creó el de La Atunara por Real Orden de 17 de junio de 1910, dimanante también del Ministerio de la Gobernación. Según la tarjeta de estadística, formalizada el 9 de junio de 1928, que se conserva en la Sección Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior, su censo era entonces de 365 vecinos y 1.714 habitantes (ver Anexo).
Si bien hasta el momento no se ha podido concretar el primer acuartelamiento que hubo en La Atunara en 1910, sí hay constancia de que el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, en sesión de 10 de agosto de 1922, acordó facilitar acuartelamiento gratuito, “y en las condiciones que el servicio exija”, por el plazo de diez años, a la fuerza del citado puesto de la Guardia Civil.
Consecuente con ello y tras las gestiones pertinentes, se procedió el 8 de octubre siguiente a la firma del contrato de arrendamiento. Fue suscrito por el propietario del inmueble, Melchor Campoy Cervantes, por el ya citado alcalde Ramírez Galuzo, y por el teniente Enrique Benito Gómez, jefe de dicha Línea de la Guardia Civil. La renta anual fue fijada en 1.800 pesetas anuales a abonar por el consistorio municipal, aprobándose dicho acuerdo por el Ministerio de la Gobernación mediante Real Orden de 27 de noviembre de 1922.
Muy probablemente el mal estado o desacuerdo con el propietario del acuartelamiento anterior, facilitado o sufragado también por la corporación municipal, debió motivar su desalojo y la ocupación del ahora referido. Gracias a la mentada tarjeta estadística se sabe que la fuerza del puesto era de infantería y estaba compuesta por 1 cabo y 5 guardias 2º, existiendo pabellón de casados para todos ellos así como cuadra capaz para dos caballos. 
En ese momento, la Línea de la Guardia Civil de La Línea de la Concepción tenía a su cargo los puestos de la residencia, San Roque y El Zabal, desapareciendo este último al mes siguiente al trasladarse sus efectivos al de La Atunara. Pertenecía a la Comandancia de Cádiz del 16º Tercio, con residencia en Málaga, y estaba encuadrada en la 8ª Compañía de Algeciras. Sus otras dos Líneas tenían las cabeceras en Tarifa, de la que dependían a su vez los puestos de la residencia, Facinas, Los Barrios y Algeciras; y en Jimena de la Frontera, con sus puestos de la residencia, Buceite y Tesorillo.
Cuando seis años después, en 1928, se ordenó la confección de la tarjetas de estadística de los puestos de la Guardia Civil existentes, La Atunara seguía dependiendo de la misma Línea junto al de San Roque más el ya citado de Campamento de Benalife, ubicado en la aldea de ese nombre sita en dicho término municipal. 
A medida que se fueron implantando los avances tecnológicos en La Línea de la Concepción, la Guardia Civil también se fue beneficiando de ello gracias a la corporación municipal. Así, por ejemplo, el 9 de julio de 1930, el teniente general José Sanjurjo Sacanell, director general del Cuerpo, aceptó la instalación con cargo al Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, “atento siempre a las necesidades para un mejor servicio”, de un aparato telefónico en la sala de armas y tres lámparas eléctricas en dicha casa-cuartel, expresando su público agradecimiento mediante su publicación en el Boletín Oficial de la Guardia Civil.

8.- EL AYUNTAMIENTO DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN Y LA GUARDIA CIVIL.
Desde la segregación e independencia de San Roque, en 1870, hasta la actualidad, son innumerables los actos y los hechos que han venido vinculando entre sí al Ayuntamiento de la Línea de la Concepción y el Cuerpo de la Guardia Civil.
Algunos de ellos ya han sido expuestos en la presente Memoria, principalmente relacionados con el apoyo logístico y de infraestructura facilitados por la corporación local así como los derivados del servicio prestado por el benemérito Instituto para garatizar la seguridad, el orden y la ley entre los habitantes de su término municipal.
Por razones de espacio y tiempo no sería posible relacionar siquiera todos ellos, pero si se quiere sintetizar en tres hechos muy concretos esa singular y fortalecida vinculación institucional. 
Acaecidos en tres épocas diferentes de la ciudad, se tratan de la adhesión en 1935 por parte del Ayuntamiento al homenaje que se tributó a la Guardia Civil por iniciativa de la Diputación Provincial de Cádiz, consistente en la donación de una enseña nacional y su vitrina a la comandancia gaditana; las innumerables e interminables gestiones realizadas a lo largo de más de cuatro décadas por sucesivas corporaciones que finalizaron con la inauguración en 1968 del actual acuartelamiento; y la celebración institucional en 2017 en la ciudad, con carácter extraordinario y excepcional, de los actos centrales de la Comandancia de Algeciras por la Patrona del Cuerpo.

8.1.- Adhesión del Ayuntamiento al homenaje a la Guardia Civil en 1935.
El 29 de abril de 1935 la Comisión Gestora de la Diputación de Cádiz acordó rendir un homenaje a la Guardia Civil por todos los municipios de la provincia, donándole una bandera con su vitrina,como tributo de simpatía a los indiscutibles merecimientos de dicho Cuerpo que con una abnegada labor y espíritu de sacrificio viene constituyendo en todos los instantes de la vida pública de los pueblos, el sostén y base firmísima del mantenimiento del orden y la paz social”, según palabras de su presidente Pedro Icardi Blanca. 
Dicho acuerdo fue tomado por unanimidad con el apoyo de los vocales, Manuel Caramé Pineda, alcalde de San Fernando y representante del distrito de San Fernando-Chiclana de la Frontera, de quien partió la iniciativa; Pedro Porras Jurado, alcalde de Setenil y representante del distrito de Olvera-Grazalema; y José Soto Revolo, representante del distrito de Algeciras-San Roque, por el Campo de Gibraltar, habiendo excusado justificadamente su ausencia el vocal Manuel Narváez Ortega, alcalde de Jerez de la Frontera y representante del mismo distrito. 
Consecuente con ello, el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, en sesión ordinaria celebrada el 22 de mayo siguiente, trató dicha propuesta en el punto 2º del orden del día, acordándose por unanimidad adherirse a la misma así como que por la Comisión Municipal de Hacienda se informase sobre la aportación con que podría contribuirse.
Dicha sesión fue presidida por el alcalde Rogelio Espinosa Álvarez y asistieron los tenientes de alcalde Manuel Hernández Canelas y Juan Bas Enríquez, así como los concejales Tomás Jiménez Cortés y Pedro Moreno Morales. Estuvo presente el interventor municipal José Hermoso Ruiz y levantó acta el secretario Francisco Martín de Rosales Lozano.
El emotivo homenaje rendido a la Guardia Civil se celebró el 8 de diciembre siguiente en la plaza de España de la capital gaditana, ante el monumento a la Constitución de 1812, asistiendo junto a numerosísimo público las autoridades civiles y militares de toda la provincia. Entre ellas se encontraba Antonio Ortega González, alcalde de La Línea de la Concepción.
Los padrinos de la bandera fueron Carmen Oliver Cobeña, esposa del gobernador civil de la provincia, Luis de Armiñán Odriozola, y el generosísimo filántropo gaditano Elías Ahuja Andría, gran benefactor de los huérfanos de la Guardia Civil.
La enseña nacional fue entregada al teniente coronel Sebastián Hazañas González, como primer jefe de la Comandancia de Cádiz, acompañado del general de brigada Federico de Santiago Iglesias, jefe de la 2ª Zona de la Guardia Civil, con cabecera en Córdoba, que ostentó la representación institucional del inspector general del Cuerpo, el ya citado general Cabanellas que nuevamente había vuelto a ocupar dicho cargo.
Casi ocho décadas después, el 20 de diciembre de 2012, la Diputación de Cádiz, conmemorando aquella donación de la enseña nacional en 1935, impuso en el mismo escenario de la Plaza de España, la Corbata de la Provincia a la bandera de la Comandancia de Cádiz, mandada entonces por el coronel Antonio Tocón Díez. El acto estuvo presidido por el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, acompañado del director general de la Guardia Civil Arsenio Fernández de Mesa Díaz del Río. También estuvo presente entre las representaciones institucionales de diferentes localidades de la provincia, María Inmaculada Olivero Corral, edil del de La Línea de la Concepción y diputada provincial.

8.2.- El largo camino a la actual casa-cuartel (1934-1968).
El 7 de febrero de 1934 el secretario accidental del Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, Enrique Sánchez Earle, había expedido el correspondiente certificado relativo al ofrecimiento por el alcalde José Agüero Baro, de un solar gratuito al Estado para la construcción de un acuartelamiento de la Guardia Civil , siendo remitido a su Inspección General. 
Tras la resolución desestimatoria del Ministerio de la Gobernación, por falta de disponibilidad presupuestaria, hubo de esperar casi una década para que volviera a retomarse el asunto, concretamente a 1943, siendo la situación económica mucho peor y con más difícil solución.
Hacía cuatro años que había finalizado una devastadora guerra civil que había sumido a España en una situación económica deplorable en la cual seguía todavía profundamente inmersa, lo cual hacía inviable pensar que el Estado pudiera disponer de recursos económicos para la construcción del mentado acuartelamiento. 
El contexto internacional tampoco era mucho mejor pues se estaba librando entonces la Segunda Guerra Mundial y La Línea de la Concepción era testigo de en primera línea de ello dada su vecindad con la colonia británica de Gibraltar que fue objeto de varias acciones bélicas, amén de sufrir también algunos daños colaterales al respecto.
Pero si la situación presupuestaria era tremendamente mala, la situación respecto al alojamiento de la plantilla de la Guardia Civil había empeorado al haberse multiplicado casi por diez en el término municipal de La Línea de la Concepción, tras la absorción del Cuerpo de Carabineros por la Ley de 15 de Marzo de 1940.
Su entrada en vigor había supuesto a nivel nacional su desaparición como tal y que sus misiones de resguardo fiscal, vigilancia de costas y fronteras, así como de persecución del contrabando, junto a sus efectivos y acuartelamientos, pasaran a ser asumidos por la Guardia Civil.
En el Campo de Gibraltar supuso que la hasta entonces 10ª Comandancia de Carabineros de Algeciras se reconvirtiera inicialmente en la 66ª Comandancia Administrativa de la Guardia Civil. Tras la Orden de22 de agosto de 1940, del Ministerio del Ejército, y la Instrucción General núm. 3,de20defebrerode1941, de la Dirección General delCuerpo, pasó a ser la 134ª Comandancia de Costas de la Guardia Civil, con cabecera en Algeciras, dependiente del nuevo 34º Tercio de Costas, con cabecera en Cádiz. Dicha Comandancia mantuvo la misma plantilla, despliegue y acuartelamientos que cuando eran carabineros.
Respecto a la hasta entonces 2ª Compañía de la Guardia Civil, con cabecera en Algeciras y que se encontraba desplegada en el Campo de Gibraltar, siguió dependiendo de la Comandancia de Cádiz, si bién ésta adoptó la denominación de 216ª Comandancia Rural, dependiente del nuevo 16º Tercio Rural, también con cabecera en la capital gaditana, manteniendo los mismos efectivos y acuartelamientos que antes de la absorción del Cuerpo de Carabineros. 
En relación al término municipal de La Línea de la Concepción se mantuvieron por una parte la cabecera de la línea con los puestos de la residencia y La Atunara, pertenecientes a la mentada 216ª Comandancia Rural. Y por otra se mantuvieron también las dos compañías que había de Carabineros y que pasaron a ser de la Guardia Civil, una con cabecera en la propia Aduana y la otra con cabecera en La Atunara. Ambas con sus correspondientes secciones y puestos subordinados. 
El estado de conservación y habitabilidad de todos sus acuartelamientos era realmente malo. Si ya en enero de 1934 el entonces inspector general de la Guardia Civil Cecilio Bedia, le había manifestado al alcalde José Agüero la deplorable situación del de la residencia y del de La Atunara, cuando se volvió a emitir nuevo informe, seis años después, la situación había empeorado.
Concretamente, en enero de 1940, el teniente coronel Manuel Márquez González, primer jefe de la Comandancia de Cádiz, tras calificar como malo el estado de los acuartelamientos de La Línea y La Atunara, informó textualmente: “La casa-cuartel de La Línea de la Concepción, punto fronterizo con Gibraltar, balcón de España pudiéramos llamarlo, donde el extranjero nos mira y observa, es francamente bochornoso el estado en que se encuentra. Al igual que casi todas las demás, los pabellones son reducidos en número de habitaciones y superficie, contando muchos de ellos con sólo dos habitaciones. Las cocinas, lavaderos y retretes, además de insuficientes, por ser generalmente de uso común, …”. 
Dicho acuartelamiento se trataba el de la calle Jardines que la Guardia Civil venía ocupando de 1908 y el Ayuntamiento sufragando su alquiler. El de La Atunara no estaba mucho mejor y el estado de los procedentes de Carabineros era pésimo.
Por ello volvió a retomarse el proyecto entre la Guardia Civil y el Ayuntamiento de construir una casa-cuartel, con cargo al Estado, con capacidad para alojar a toda la plantilla con sus familias.La cifra de efectivos era ya superior al centenar no existiendo inmueble alguno en la localidad que pudiera ser arrendado o adquirido para tal fin, por lo que la única solución era retornar al ofrecimiento de un solar gratuito por parte de la corporación municipal.
El Ayuntamiento, dentro de sus limitadas capacidades económicas, optó en primer lugar por acordar en sesión de 26 de mayo de 1943, adquirir por 18.000 pesetas una finca de 4.597 m² ubicada entre la calle Jardines, entonces denominada General Mola, y la carretera de La Atunara, entonces llamada Menéndez Pelayo, “para cederla en su día a la Dirección General de la Guardia Civil, con destino a la construcción de un cuartel para las fuerzas de costas del referido Instituto”.
El 30 de septiembre de 1943 se formalizó la escritura de compraventa en la notaria de Manuel Gil Gimeno de La Línea de la Concepción entre Cayetano Ramírez González, propietario del referido solar, y Lutgardo Macías López, alcalde de la localidad.
El 2 de noviembre siguiente, en sesión ordinaria celebrada por el pleno de la corporación municipal, se acordó donar gratuitamente a la Dirección General de la Guardia Civil, “con la mayor satisfacción y por unanimidad”, el mentado solar para la construcción de un cuartel, previa autorización del ministro de la Gobernación Blás Pérez González, de 30 de septiembre anterior, de conformidad con el ministerio de Hacienda, “deseando demostrar su amor y afecto hacia las Instituciones armadas de la Patria, encargada de la defensa de sus intereses y de la seguridad de la misma”.
A nivel orgánico,como consecuencia de una nueva reorganización de la Guardia Civil, motivada por el Decreto del Ministerio del Ejército, de 21 de diciembre siguiente, y que entró en vigor eldemarzode 1944,la 216ª Comandancia Rural y la 134ª Comandancia de Costas desaparecieron como tales , quedando encuadradas prácticamente casi todas sus unidades subordinadas ubicadas en el Campo de Gibraltar, en la nueva 337ª Comandancia Mixta, con cabecera en Algeciras, dependiente junto a las 137ª Mixta de Málaga y 237ª Mixta de Cádiz, del 37º Tercio Mixto, con cabecera en Málaga.
El Ayuntamiento deseaba ampliar la entonces denominada Plaza del Generalísimo Franco, hoy Plaza de la Constitución, pero para ello necesitaba proceder al derribo de algunas edificaciones. Entre ellas se encontraba el antiguo acuartelamiento de Carabineros desde el que se prestaba servicio a la Aduana, y que había pasado a ser de la Guardia Civil desde 1940.
Dado que dicho inmueble estaba en muy mal estado, la corporación municipal solicitó al Ministerio de la Gobernación su entrega ya que tenía previsto a su vez donar un solar para un nuevo acuartelamiento. Informado favorablemente y con el visto bueno del Ministerio de Hacienda, se comunicó a éste, con fecha 20 de marzo de 1944, que se designaba al teniente coronel Federico Montero Lozano, primer jefe de la 237ª Comandancia Mixta (Cádiz), para que en representación del de Gobernación, hiciera entrega del mismo a la Delegación de Hacienda en la capital gaditana.  
Una vez llevado a cabo, se procedió el 18 de agosto siguiente, en la notaria de Alfredo Sosa Pérez, de La Línea de la Concepción, a formalizar escritura de cesión del citado solar, con carácter gratuito, a la Dirección General del benemérito Instituto, firmando el citado alcalde y el teniente coronel Manuel Sanmartin Rives, primer jefe de la 337ª Comandancia Mixta (Algeciras).
Sin embargo, aunque por fin la Guardia Civil ya disponía escriturado de un solar de dimensiones adecuadas para que el Estado construyera un acuartelamiento de gran capacidad, conforme a las necesidades existentes, resultaba que se volvía a la situación de 1934, en la que el Estado no podía dedicar recursos económicos a ello dado.
A pesar de las numerosas gestiones realizadas dicha situación se fue prolongando en el tiempo durante otra década sin que se obtuviera una solución satisfactoria, agudizándose cada vez más el problema de carecerse tanto de dependencias oficiales como de unas viviendas dignas para la numerosa plantilla destinada en la localidad.
El 25 de octubre de 1955, dado que se continuaba sin expectativas de proyecto alguno de construcción del tan necesitado acuartelamiento, el teniente coronel Rodrigo Gayet Girval, primer jefe de la 337ª Comandancia (Algeciras), con el visto bueno de la Superioridad, propuso al Ayuntamiento un nuevo solar de dimensiones algo menores y mejor situado, permutándose por el escriturado en 1944.
El Ayuntamiento, tras los estudios correspondientes, aceptó la propuesta aprobándola en el pleno celebrado el 2 de julio de 1956. Se trataba de un terreno de 4.000 m², que fue adquirido por importe de 160.000 pesetas, mediante escritura de fecha 30 de abril de 1957 al Ministerio del Ejército. Estaba ubicado en la parte posterior de la comandancia militar de La Línea de la Concepción y su frontal daba a la entonces denominada Avenida Héroes del Alcázar de Toledo, hoy Avenida de La Banqueta.
Sin embargo, llegado ya el año 1960 y viéndose que el proyecto de construcción seguía bloqueado por falta de recursos económicos suficientes, el coronel Buenaventura Cano Portal, jefe del 37º Tercio (Málaga),fue autorizado por el teniente general Antonio Alcubilla Pérez, director general del Cuerpo, para elevar directamente al ministro de Hacienda, Mariano Navarro Rubio, con fecha 23 de septiembre, un muy motivado escrito. En él se explicaba la deplorable y delicada situación en que tenían que alojarse los guardias civiles con sus familias en La Línea de la Concepción, solicitando su urgente financiación.
Por la Guardia Civil se habían expuesto ya las necesidades del futuro acuartelamiento. Por una parte estaban las dependencias oficiales para los 2 capitanes jefes de las dos compañías cuyas cabeceras estaban entonces ubicadas en la población (una en la Aduana y otra en La Atunara), así como las de los 4 oficiales jefes de las líneas/secciones encuadradas en aquellas y las de los 6 suboficiales comandantes de puesto dependientes a su vez de éstas, amén del resto de oficinas y demás instalaciones propias para el desempeño de los cometidos propios del Cuerpo. Y por otra parte, estaban las viviendas, proponiéndose la construcción de 5 pabellones para oficiales, 10 para suboficiales y 120 para cabos y guardias civiles casados así como dormitorios para otros 20 solteros.
Posteriormente el número total de pabellones para casados se redujo a 100, que junto a las dependencias oficiales ya citadas suponía un coste de quince millones de pesetas y se amplió el de dormitorios para solteros hasta 52, elevándose el presupuesto en un millón de pesetas más.
Conforme a la normativa vigente de la época, el 90% lo debía abonar la Guardia Civil, con la colaboración del Instituto Nacional de la Vivienda, del capítulo correspondiente del Ministerio de la Gobernación, y del 10% restante debía hacerse cargo el Ayuntamiento.
Dado que ello le suponía a dicho ente local el desembolso en este caso concreto, de 1.600.000 pesetas, de las cuales, y “con gran sacrificio”, sólo podía aportar 600.000 pesetas pagaderas en dos anualidades, el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción consideraba que dado que la mayor parte de los guardias civiles que se iban a alojar allí prestaban su servicio en la Aduana con Gibraltar, fuera el Ministerio de Hacienda el que se hiciera cargo del millón de pesetas restante.
Tras numerosas gestiones y trámites realizados entre todos los organismos y entidades afectadas e interesadas, el 2 de mayo de 1962 se pudo formalizar en la notaría de Miguel Roca Beltrán de La Línea de la Concepción, la escritura de cesión en permuta de dicho solar, siendo suscrita por Pedro Alfageme González; alcalde de la ciudad, y el teniente coronel Juan Salom Sánchez, primer jefe de la 337ª Comandancia de la Guardia Civil en Algeciras.
Previamente, el 4 de enero anterior, mediante la correspondiente escritura de la notaria de Carlos Arauz de Roble, en Cádiz, el Ministerio de la Gobernación había cedido y devuelto al ayuntamiento de la ciudad, el otro solar de la antigua calle General Mola, que llevaba desde 1944 esperando que se levantara la casa-cuartel.
Finalmente y tras la práctica de numerosas y variadas gestiones ante todos los organismos y entidades afectadas se obtuvo la financiación necesaria para sacar adelante, después de más de tres décadas, el ansiado y muy necesario proyecto.
Redactado y aprobado, fue adjudicado a la empresa constructora Enrique Alemán S.A., con razón social en Málaga, iniciándose la construcción de la que hoy es la casa-cuartel, el 10 de enero de 1966. 
Casi tres años después, con fecha 21 de octubre de 1968, se procedió a su ocupación, siendo alcalde de la ciudad el ya citado Pedro Alfageme y primer jefe de la entonces 262ª Comandancia de la Guardia Civil (Algeciras), el teniente coronel Manuel Lafuente Martín.
Tras un muy largo camino La Línea de la Concepción pasaba a tener la casa-cuartel de la provincia de Cádiz con mayor capacidad de alojamiento para los guardias civiles y sus familias.

8.3.- Celebración acto institucional de la Patrona de la Guardia Civil en 2017.
Desde la creación en 1940 de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, los actos institucionales por la tradicional celebración de la festividad de la Patrona del Cuerpo, la Virgen del Pilar, se han venido celebrando en la ciudad donde tiene su cabecera, contando con la presencia de las principales autoridades civiles y militares del Campo de Gibraltar.
Sin embargo, en 2017, con carácter extraordinario y excepcional, dichos actos se realizaron en La Línea de la Concepción, como homenaje y reconocimiento de la meritoria y extraordinaria labor que venían realizando los guardias civiles que prestaban su servicio en dicho término municipal.
Durante los meses previos habían acontecido una serie de hechos en los que se habían producido diversas agresiones contra miembros del Cuerpo, estando de servicio y fuera de él, por parte de individuos vinculados al narcotráfico y el contrabando, todo ello con gran repercusión en los medios de comunicación social.
Con independencia de las eficaces medidas adoptadas al respecto desde el Ministerio de Interior, la Secretaría de Estado de Seguridad y la Dirección General de la Guardia Civil, se propuso desde la Jefatura de la Comandancia de Algeciras, con el visto bueno de la Superioridad, que los actos institucionales de la Comandancia se realizaran precisamente ese año en la casa-cuartel de La Línea de la Concepción.
Asimismo se daba la oportunidad, no sólo a las autoridades civiles y militares de la Comarca del Campo de Gibraltar, sino también a los demás representantes de todas sus instituciones públicas y privadas, y en especial a las de la propia localidad, de poder testimoniar su apoyo y reconocimiento a los Guardias Civiles que prestaban su diario y abnegado servicio en dicho término municipal así como al centenar de sus familias que habitan en él. 
Dada la envergadura del proyecto en cuanto a medios y elementos de uso y ornamentación eran necesarios, se contó desde el primer momento con el trascendental apoyo logístico del Ayuntamiento, plenamente consciente de la relevancia y excepcionalidad de la celebración de dicho acto en la ciudad.
Finalmente los actos institucionales se celebraron conforme a lo previsto el 12 de octubre en el patio de armas del acuartelamiento con la presencia de unas 500 personas, encabezados por el Subdelegado del Gobierno en la provincia de Cádiz, Agustín Muñoz Martín y el Alcalde José Juan Franco Rodríguez, siendo jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras el coronel Jesús Narciso Núñez Calvo y jefe de la Compañía de La Línea de la Concepción el capitán Alonso Gómez Ocón.
Se procedió al solemne izado de la enseña nacional por dos de los guardias civiles destinados en La Línea de la Concepción que habían estado comisionados en Cataluña con motivo del intento de referendum ilegal que se había querido protagonizar allí, así como a la imposición de condecoraciones, militares y civiles, a personal de la Guardia Civil, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Policía Local y a diversas personas pertenecientes a diferentes instituciones de la Comarca.
Entre las distinciones y reconocimientos entregados destacaron el del Premio “Amigo de la Guardia Civil del Campo de Gibraltar” a la Delegación de la ONCE en Algeciras; y el de una placa a la familia del policía local Víctor Sánchez Sánchez, fallecido en acto de servicio el 7 de junio de ese año en La Línea de la Concepción, durante la persecución a un contrabandista de tabaco procedente de la colonia británica de Gibraltar. Fue recogido en su nombre por el jefe de la Policía Local, Carlos Fernández Carrasco.
Los actos finalizaron con discursos del Subdelegado del Gobierno y del coronel jefe de la Comandancia así como con el emotivo homenaje a los guardias civiles caídos en acto de servicio de todos los tiempos.
Significar que previo a dichos actos se ofició por el vicario general castrense, Pablo Panadero Sánchez, desplazado expresamente para ello desde Madrid, una misa en honor a la Virgen del Pilar, en la Parroquia de Santiago Apóstol de dicha localidad, sita precisamente en la calle Jardines en la que donde durante seis décadas estuvo la anterior casa-cuartel, asistiendo las autoridades civiles y militares así como los guardias civiles acompañados de sus familias.

9.- LA COMANDANCIA DE LA GUARDIA CIVIL DE ALGECIRAS Y LA COMPAÑÍA DE LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN EN LA ACTUALIDAD.
La Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras tiene por demarcación la Comarca del Campo de Gibraltar, un importante y extenso territorio de más de 1.500 Km², que equivale al 77 % de la extensión de la provincia de Guipúzcoa, siendo el Cuerpo de Seguridad del Estado competente en garantizar la seguridad ciudadana en el 93% del mismo. Concretamente en los municipios de Castellar de la Frontera, Jimena de la Frontera, Los Barrios, San Roque y Tarifa, al que se suma el nuevo de San Martín del Tesorillo, que acaba de segregarse del de Jimena de la Frontera.
También ejerce la vigilancia de la red viaria interurbana, garantizando la seguridad vial, así como la vigilancia fiscal y de costas del 100% de la franja marítima de la Comarca que tiene 110 km de longuitud, lo cual implica también la correspondiente a los términos municipales de Algeciras y La Línea de la Concepción, donde  igualmente desempeña el Resguardo Fiscal del Estado en los recintos aduaneros del puerto de Algeciras, además del de Tarifa, y de la Aduana de La Línea de la Concepción además de la Verja con la colonia británica de Gibraltar.
Asimismo ejerce la vigilancia y todas las competencias previstas en la legislación vigente respecto al mar territorial que rodea dicha Comarca, mediante su Servicio Marítimo Provincial. 
Respecto a La Línea de la Concepción tiene ubicada en dicha localidad la cabecera de su 1ª Compañía, mandada por un capitán y del que depende directamente su plana mayor, la intervención de armas y explosivos, la patrulla fiscal territorial, así como los equipos de policía judicial y de protección de la naturaleza. 
De dicha compañía dependen la Sección de la Aduana de La Línea de la Concepción, que presta su servicio en su recinto y a lo largo del perímetro de la Verja con la colonia británica de Gibraltar; el puesto de La Línea de la Concepción que garantiza la seguridad de la actual casa-cuartel ubicada en la Avenida de la Banqueta y la vigilancia fiscal y de costa del citado término municipal; los puestos principales de San Roque y Guadiaro así como los puestos de Castellar de la Frontera y Jimena de la Frontera.
Tal y como se ha ido exponiendo a lo largo de la presente Memoria, desde incluso antes de su existencia como municipio independiente, La Línea de la Concepción ha sido siempre una población de gran interés para la Guardia Civil y uno de sus escenarios permanentes y principales de su servicio en el Campo de Gibraltar, tal y como denota ha quedado acreditado respecto al pasado y es suficientemente conocido por todo el mundo en la actualidad.
La Línea de la Concepción es el término municipal de menor extensión del Campo de Gibraltar pero es el que ha experimentado el mayor crecimiento de población desde su creación como tal en 1870, habiendo sido testigo de todo ello la Guardia Civil, incluso desde antes de su propio nacimiento.
De hecho puede afirmarse que siendo como fue muy complejo y difícil en sus primeras décadas, el crecimiento y desarrollo de La Línea de la Concepción como localidad independiente, con la llegada además de personas de toda clase, condición e intención, dada la singularidad de su vecindad con la colonia británica de Gibraltar, la presencia y servicio de la Guardia Civil resultó fundamental como única fuerza policial estatal garante de la seguridad de sus habitantes, velando en todo momento por el orden y la ley. 
Si bien actualmente la seguiridad ciudadana no es ya de su competencia directa conforme a la legislación vigente por estar encomendada al Cuerpo de Policía Nacional, sigue siendo de suma prioridad para la Guardia Civil dada la existencia de la Aduana con la reiterada colonia británica, la Verja y la franja costera, competencias derivadas del mentado Resguardo Fiscal, la vigilancia de costas y persecución del contrabando, competencias heredadas del extinto Cuerpo de Carabineros.
En todo momento siempre fue preocupación, tanto del Ministerio de la Gobernación primero, Ministerio del Interior después, Secretaría de Estado de Seguridad, la Delegación del Gobierno de España en Andalucía, la Subdelegación del Gobierno de España en la provincia de Cádiz, así como de la Dirección General de la Guardia Civil, 4ª Zona de la Guardia Civil en la Comunidad Autónoma de Andalucía y de la propia Comandancia de Algeciras, el atender las necesidades de La Línea de Concepción en materia de sus respectivas competencias.
Tal y como ha sucedido desde los primeros tiempos fundacionales, La Línea de la Concepción ha venido y viene contando siempre, con el servicio no sólo de los guardias civiles destinados en unidades ubicadas en dicho término municipal sino también como sucede actualmente, de los procedentes del resto de unidades y especialidades de la Comandancia de Algeciras, de la 4ª Zona de Andalucía y del Mando de Operaciones, tanto de unidades territoriales como de investigación especializadas en la lucha contra el narcotráfico, el contrabando y el crimen organizado, contando con el inestimable apoyo de la Agrupación de Tráfico, Agrupación de Reserva y Seguridad, Grupo de Acción Rápida, el Servicio Marítimo y el Servicio Aéreo. 

Por todo ello y para todos ellos, los destinados en La Línea de la Concepción y los que han prestado anteriormente y prestan actualmente su servicio en dicho término municipal, constituye un honor y un legítimo orgullo la concesión a la Guardia Civil de la Medalla de Oro de la Ciudad como la más alta distinción de la misma.