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martes, 26 de febrero de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (III). EL INICIO DE SU FORTALECIMIENTO (1882-1895).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019). 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 11, el 25 de febrero de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

Al inicio de 1882 la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz era mandada por el teniente coronel Simón de Urruela Cervino. Tenía tres compañías de infantería y un escuadrón de caballería, con cabeceras en Chiclana de la Frontera, Algeciras, Villamartín y Jerez de la Frontera, respectivamente.
La de Algeciras era la 9ª Compañía del 4º Tercio de Sevilla, al que pertenecía la comandancia gaditana. Estaba desplegada en el Campo de Gibraltar y su capitán era José Enríquez Patiño. 
Tenía a su cargo las Líneas de San Roque, Tarifa y Alcalá de los Gazules, mandadas respectivamente por los tenientes Andrés Delclós Puntonet y Federico Vinaza Rodríguez así como por el alférez Timoteo Cebadera Gómez.
Respecto a Alcalá hay que significar la singular vinculación que a lo largo del tiempo tuvo con nuestra comarca, ya que desde la real orden de 9 de octubre de 1815 era uno de los términos municipales que integraron durante varias décadas el distrito de la Comandancia General del Campo de Gibraltar.
El puesto de la Guardia Civil de La Línea de la Concepción seguía estando mandado por un sargento y continuaba dependiendo de la línea de San Roque.
La localidad, que llevaba más de una década independiente, había ido creciendo progresivamente tanto en número de habitantes como de edificaciones. 
Ello era fruto en parte del comercio legal que se mantenía con la colonia británica de Gibraltar y de los numerosos trabajadores que acudían diariamente a la misma. Pero también era consecuencia del contrabando, especialmente de tabaco, todo lo cual afectaba de una u otra forma, tanto a la fuerza de Carabineros como de la Guardia Civil allí destacadas.
En relación a todo ello estaban en vigor dos recientes disposiciones de gran interés para el Campo de Gibraltar en general y para La Línea de la Concepción en particular. Se trataban de la real orden de 21 de diciembre de 1877, del ministerio de Hacienda, y el real decreto de 21 de septiembre de 1880, del ministerio de la Gobernación.
En la primera se confería al comandante general del Campo de Gibraltar, en su demarcación, las facultades de delegado del ministerio de Hacienda, sobre los resguardos de mar y tierra, en cuanto a persecución de fraude y contrabando. 
Aunque ello afectaba muy directamente a la nueva Comandancia de Carabineros de Algeciras, creada por reales órdenes de 10 y 28 de enero de 1878, al segregarse de la de Cádiz, tuvo también su repercusión en la Guardia Civil dadas las numerosas aprehensiones de contrabando practicadas en el transcurso de su servicio peculiar. 
En la segunda, se dispuso que el comandante general, como delegado especial del Gobierno, ejercería las facultades que a éste correspondieran en materia de orden público, vigilancia y policía, teniendo a sus inmediatas órdenes las fuerzas de la Guardia Civil y de orden público que existían o se creasen en el territorio de su mando. A tal efecto se creó la “Inspección especial de orden público”.
Ello se debía, según se detallaba en su preámbulo, a que era una zona que ofrecía grandes facilidades al contrabando así como que las comunicaciones frecuentes entre La Línea de la Concepción y Gibraltar  exigían por parte de las autoridades españolas, un celo no interrumpido y una vigilancia constante. 
Se trataba de evitar y reprimir dichos delitos así como mantener cordiales relaciones con las autoridades coloniales británicas, e impedir que causas, muchas veces pequeñas, pudieran dar ocasión a graves conflictos. 
En dicho texto también se reconocía el desarrollo extraordinario que en pocos años había adquirido La Línea de la Concepción, el aumento de propiedades urbanas y rústicas adquiridas por británicos, así como haber fijado su domicilio gran parte de los obreros que se dedicaban en la colonia a las faenas de carga y descarga de carbón mineral. 
Igualmente se mencionaba la frecuencia con que se intentaba burlar la vigilancia fiscal y administrativa por las numerosas personas dedicadas al contrabando y que encontraban en la proximidad de Gibraltar un refugio seguro contra la persecución de las autoridades españolas. 
El contrabando era una cruda y dura realidad cuya actividad no sólo generaba un grave perjuicio a la Hacienda española, sino que daba lugar también a un tipo de delincuencia específica, afectandopor lo tanto a la seguridad pública de la zona.
Para afrontarlo más eficazmente se terminó creando, a imagen y semejanza de la de Algeciras, por reales ordenes de 1º y 31 de agosto de 1889, la Comandancia de Carabineros de Estepona, segregándola de la de Málaga, la cual perduraría su existencia hasta su absorción por la Guardia Civil en 1940. 
Consecuente con ello, por real orden de 7 de noviembre de 1889, se amplió también a esa demarcación, la jurisdicción del comandante general del Campo de Gibraltar, en cuanto a persecución de fraude y contrabando se refiere.
 Gracias a dos obras editadas en 1895 se tienen más datos sobre la Benemérita en La Línea de la Concepción y el decisivo inicio del fortalecimiento de su presencia en esa parte del Campo de Gibraltar, que se sigue manteniendo en la actualidad. 
Se tratan del “Album geográfico de la Guardia Civil”, de los primeros tenientes del Cuerpo llamados Edmundo Seco Shelly, Martín Monterde Caballero y Hermógenes Gutiérrez Martínez, así como del “Nomenclator del mapa ilustrado de España y sus Posesiones para la Guardia Civil”, del comandante de Infantería Modesto Eraso Prados.
La Comandancia de Cádiz seguía formada entonces por 3 compañías y tenía ya 12 líneas y 46 puestos, con una plantilla de 579 efectivos (524 de infantería y 55 de caballería).
En el caso concreto de la 9ª Compañía de Algeciras, estaba compuesta por las Líneas de Tarifa, la Línea de la Concepción y Alcalá de los Gazules, con una plantilla total de 97 hombres, incluidos su capitán y los tres oficiales subalternos. 
De la primera dependían los puestos de Tarifa (9 efectivos), Algeciras (14 efectivos) y Facinas (7 efectivos); de la segunda los puestos de La Línea de la Concepción (10 efectivos), San Roque (10 efectivos), Jimena de la Frontera (8 efectivos), San Pablo de Buceite (4 efectivos), San Martín del Tesorillo (6 efectivos) y Bocaleones (5 efectivos); y de la tercera, los puestos de Alcalá de los Gazules (8 efectivos), Los Barrios (8 efectivos) y Casas del Castaño (4 efectivos).
En dicha estructura orgánica lo más trascendente fue que, tras casi medio siglo de subordinación, el puesto de la Guardia Civil de La Línea de La Concepción había dejado de depender de la línea de San Roque, invertiéndose dicha relación. 
El oficial que mandaba aquella había sido trasladado a La Línea de la Concepción, para ejercer desde allí la jefatura de los seis puestos citados de la Benemérita en la zona, al frente de sus 43 efectivos.
Ello había sido debido a que el importante crecimiento experimentado, y que seguía experimentando, La Línea de la Concepción, había determinado que se ubicara allí el mando de la Guardia Civil, encargado de dirigir, vigilar e impulsar el servicio en esa parte del Campo de Gibraltar.  


sábado, 23 de febrero de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (II). LOS SERVICIOS BENEMÉRITOS Y POLICIALES (1870-1881).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" pág. 15, el 19 de febrero de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

Reproducido en la "Gaceta Local" (Suplemento de "MELILLA HOY"), núm. 322, el 28 de febrero de 2019, págs. 5 y 6.

Cuando La Línea de la Concepción comenzó en 1870 sus primeros pasos como municipio independiente, la Guardia Civil llevaba garantizando la seguridad ciudadana de los habitantes de esa zona desde finales de 1844.
Primero fue con parejas de la sección de caballería cuya cabecera estaba ubicada en San Roque, desde donde se desplazaban diariamente. Y poco después, sin concretarse todavía fecha exacta, aunque en 1851 ya había constancia documental de su existencia, desde el puesto fijo de La Línea de Gibraltar.
Inicialmente se trataba de una pequeña unidad, compuesta por una media docena de guardias bajo el mando de un sargento o cabo. Dependía a su vez de una sección, posteriormente denominada “línea”, mandada por teniente que tenía su residencia en San Roque.
A pesar de estar todavía investigándose, no se ha localizado aún la ubicación de las primeras casas-cuarteles de la Guardia Civil en La Línea de la Concepción. La mayoría de las edificaciones de aquella época fueron derruidas hace casi un siglo. 
La más antigua que se ha acreditado documentalmente, sita en la calle Jardines, con su correspondiente contrato de alquiler, data de 1908 pero ello será una historia muy interesante que se contará otro día.
Es muy probable que durante aquellos primeros años las dependencias oficiales del puesto de la Guardia Civil estuvieran ubicadas precariamente en inmuebles facilitados por el ayuntamiento de San Roque, cuando todavía era una de sus pedanías.
A tal efecto, el artículo 19 del real decreto fundacional del Cuerpo, de 13 de mayo de 1844, disponía: “Los ayuntamientos de los pueblos a que se destinen puestos fijos de la Guardia Civil les proporcionará casas cuarteles en que vivir con sus familias, si las tuvieren, dándoseles por el Estado el correspondiente utensilio”.
También es muy factible, al igual que sucedió lamentablemente en la mayor parte del resto de acuartelamientos de la provincia, que hubiera varios cambios de ubicación dado el mal estado de los edificios que se asignaban o cedían. 
De lo que sí hay constancia, gracias a las reseñas del boletín oficial del Cuerpo, es de los servicios beneméritos y policiales que continuaron prestando los guardias civiles en La Línea de la Concepción, tras constituirse como municipio independiente. Algunos de los más destacados se detallan seguidamente.
Así, en el boletín de 8 de octubre de 1875 se publicaba la detención de los paisanos Bernabé Gil y Emilio Montero como presuntos autores del robo perpetrado al súbdito alemán Julio Spitxtres, consistente en 334 duros en moneda española, 300 francos en oro y otras alhajas. 
Dicha actuación policial fue encabezada por el teniente José Enríquez Patiño, jefe de la Línea de San Roque, acompañado del sargento 2º Francisco Riquelme Carrión y fuerza del puesto de La Línea de la Concepción. Posteriormente un cómplice de los asaltantes fue detenido por dicha clase y los guardias 2º Serafín Romero y José Terrero.
En ese mismo boletín se destacaba otro importante y curioso servicio, igualmente representativo de la variedad de actuaciones llevadas a cabo por dicho puesto. 
Se trataba de la detención, por el cabo 1º Gerónimo Caballero y el guardia 2º Manuel Rodríguez, de un individuo que había hecho efectiva una letra falsa por valor de 750 pesetas en un comercio de la colonia británica de Gibraltar. Al detenido se le intervinieron 175 pesetas, siendo todo ello puesto a disposición de la autoridad competente.
El 1º de junio de 1877 se publicaba la detención de Francisco Albarracín Gallardo, autor del asesinato, cuatro años antes, del vecino de La Línea, Francisco Montoya. Fue llevada a cabo por el ya mentado sargento 2º Riquelme y la fuerza del puesto de la residencia.
Nuevamente el boletin oficial, en su edición del 8 de septiembre de 1880, publicaba la captura de otro presunto asesino en la localidad. En esta ocasión se trataba de Francisco Vega Montero y la víctima fue Rafael Molina Nieto. Fueron detenidos por el sargento 2º Francisco Arroyo Carmona y los guardias Esteban Ojeda y Cristóbal Dávila.
El 24 de febrero de 1881 se publicaron las actuaciones beneméritas llevadas a cabo por la fuerza del puesto de La Línea de la Concepción, bajo el mando del ya citado sargento 2º Arroyo, con motivo de una gran inundación. 
Salvaron la vida a varias personas que se hallaban en grave peligro en sus casas anegadas por el agua, tratándose de enfermos, ancianos y niños. También el fuerte temporal padecido provocó el naufragio de una embarcación frente a sus costas, destacándose el cabo 2º Marcial Aragón y los guardias Pedro Carrillo, José Ortega, Facundo Aguinaga, José Mármol y Eleodoro Arconada, en el salvamento de doce marineros que fueron arrojados a la playa por el oleaje.
Respecto al carácter benemérito de la Guardia Civil hay que destacar que fue consustancial a su propia existencia desde sus primeros pasos. De hecho, en reconocimiento a ello le terminaría siendo concedida por Real Decreto de 4 de octubre de 1929, la Gran Cruz de la Orden Civil de Beneficencia, con distintivo negro y blanco, “por los innumerables actos y servicios abnegados, humanitarios y heroicos que los individuos pertenecientes al mismo han realizado con motivo de incendios, inundaciones y salvamento de náufragos.” 
El 8 de marzo de 1881 nuevamente se publicaba otro destacado servicio liderado por el sargento 2º Arroyo y apoyado por los guardias Pedro Tamillo, Luis Corrales y los ya citados Ortega, Aguinaga y Arconada. Habían procedido a la detención de los paisanos Pedro Pulido y Antonio Ballester, autor y cómplice respectivamente, de un asesinato.
Finalmente, por no seguir extendiendo el relato de los innumerables servicios meritorios de aquella primera década de existencia como municipio independiente, concluir con la resolución de un crimen que conmocionó no sólo La Línea de la Concepción sino también a todo el Campo de Gibraltar y que tuvo amplia repercusión en la prensa del resto del país. 
Fue publicado en el boletín oficial de la Guardia Civil de 8 de agosto de 1881. Se trataba del asesinato del capitán Paulino Galán del Pino y las graves heridas inferidas al teniente Alejandro López Aguado, ambos destinados en el Regimiento de Infantería Álava núm. 60. 
El primero estaba desempeñando entonces las funciones de comandante militar de la plaza de La Línea de la Concepción y había impulsado, mediante el empleo de fuerzas de la guarnición en apoyo de las de Carabineros, la lucha contra el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar. 
En la madrugada del 24 al 25 de julio, cuando recorrían de vigilancia la costa, fueron sorprendidos, atacados y apuñalados por un grupo de contrabandistas. Siete de sus autores y cómplices, tras una intensa investigación, fueron detenidos por la Guardia Civil y puestos a disposición de la autoridad militar competente. 
El teniente general Fernando Cotoner Chacón, como director general del benemérito Instituto, felicitó al ya capitán Enríquez, jefe de la compañía de Algeciras; al teniente Andrés Delclós Puntonet, jefe de la Línea de San Roque; así como al sargento 2º Pedro Regueira y a los guardias José Carrero, Pedro Carrillo, Juan Franco y al ya mentado Arconada, pertenecientes al puesto de La Línea de la Concepción.


miércoles, 13 de febrero de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE GIBRALTAR (I). LOS ORIGENES (1844-1870).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019). 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" pág. 15, el 11 de febrero de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

El pasado 19 de enero el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción concedió y entregó a la Guardia Civil, coincidiendo con el CLXXV aniversario de la creación de dicho Cuerpo (1844-2019), la más alta distinción de la ciudad: la medalla de oro.
Con ello se reconocía a la Benemérita los 175 años de presencia ininterrumpida y servicio permanente en esa población, siendo por lo tanto el cuerpo decano de las fuerzas de seguridad. Una presencia y un servicio que nunca fue fácil ni lo sigue siendo.
Cuando la Inspección General de la Guardia Civil asignó, a raíz de la real orden de 25 de noviembre de 1844, una sección de infantería, sustituida casi un mes después por otra de caballería, para prestar servicio en el Campo de Gibraltar, el actual municipio de La Línea de la Concepción era entonces una pedanía de San Roque.
Se trataba de una zona de especial servidumbre e interés militar y existían importantes restricciones para la construcción de viviendas y edificaciones para particulares. La razón de ello era evitar su crecimiento y consolidación como asentamiento urbano, ya que podría afectar al desarrollo de hipotéticas operaciones relacionadas con la ocupación militar británica del Peñón. 
En esa época el núcleo formado por las posiciones y acuartelamientos, los campamentos de vivanderos así como algunas escasas y precarias construcciones de uso administrativo, aduanero y civil, configuraba lo que era conocido como La Línea del Campo de Gibraltar o más sencillamente, La Línea de Gibraltar.
Para controlar el comercio lícito y reprimir el ilícito que originaba la colonia vecina, por tierra y por mar, estaba una nutrida fuerza del Cuerpo de Carabineros del Reino. Pero el constante trasiego de personas y carruajes que entraban y salían de allí, facilitaba también la presencia y actuación de delincuentes y criminales de toda clase, amén de los habituales contrabandistas.
Es por ello, que desde el primer momento que se asentó aquella sección de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar y se ubicó su cabecera en San Roque, bajo el mando del alférez Juan Morillas de Casas, se desplazaban diariamente parejas a caballo para vigilar La Línea y sus caminos. 
Testimonio de aquello quedó publicado en la Gaceta de Madrid (antecedente histórico del actual boletin oficial del estado), de 7 de junio de 1845. Se mencionó el eficaz despliegue realizado por los guardias civiles de caballería en la vigilancia de los caminos que unían San Roque, Algeciras y Los Barrios con Ronda, que celebraba su feria, haciéndose constar que eran muy transitados, tanto por los vecinos de la zona como por los británicos procedentes de la colonia.
A medida que fue creciendo la actividad comercial también se incrementó el número de asentamientos de población civil, aún a pesar de las restricciones dictadas al respecto.
Ello motivó que la presencia de la Guardia Civil fuera cada vez más necesaria, intensificándose también la vigilancia en La Línea para localizar a criminales huídos de la justicia española que buscaban refugio en la colonia británica de Gibraltar. 
Sirva como ejemplo el caso descrito en una nota del ministerio de la Gobernación, publicada en la Gaceta de Madrid el 11 de septiembre de 1851. Se basaba en el parte dado por el ya teniente Morillas, informando de los movimientos de un conocido bandolero de la época, apodado “Zamarra”. 
Éste se había refugiado con dos de sus secuaces en el Peñón, de donde había terminado siendo expulsado por las autoridades coloniales y continuado su huida vía marítima hasta la costa africana. Dicha Gaceta publicaría el 6 de octubre siguiente, que el cónsul de España en Marruecos lo había puesto a disposición del comandante general del Campo de Gibraltar. 
El crecimiento de La Línea de Gibraltar y la necesidad de contar con la presencia permanente de la Guardia Civil para garantizar la seguridad ciudadana de vecinos y transeuntes, terminó motivando la creación de un puesto fijo.
Si bien no se ha podido todavía localizar la fecha exacta de su creación si se tiene constancia de su existencia en 1853, gracias a la publicación de la distribución territorial de la Benemérita en la provincia, en el núm. 111 de fecha 20 de octubre, del “Guía del Guardia Civil” (antecedente histórico del actual boletín oficial del Cuerpo).
De los 25 puestos con que contaba entonces la Guardia Civil gaditana, 6 de ellos estaban ubicados en el Campo de Gibraltar: Algeciras, Los Barrios, Jimena de la Frontera, La Línea de Gibraltar, Tarifa y San Roque, estando establecido el oficial jefe en dicha población.
Además de dichas referencias, quedaron recogidas durante los años siguientes en el boletín oficial del Cuerpo numerosas actuaciones beneméritas y policiales protagonizadas por sus componentes, acaecidas con anterioridad a la segregación de La Línea respecto a San Roque.
Entre las primeras destacaba la publicada el 8 de febrero de 1860. Está referida a la acción benemérita realizada justo un mes antes cuando como consecuencia de un fuerte temporal, los componentes del puesto de La Línea de Gibraltar salvaron la vida de un total de 22 tripulantes de varios buques que naufragaron frente a la costa. 
Se trataban del cabo 2º Eugenio Martínez, del guardia 1º José Torres y de los guardias 2º Francisco Pitarque, Antonio Pérez y José Gómez, “para cuyo fin los tres primeros se arrojaron al mar despreciando lo imponente de este elemento”, tal y como se hacía constar textualmente.
Entre las actuaciones policiales se encontraba la publicada el 1º de julio de 1867. Se trataba del servicio llevado a cabo por el guardia 1º Bartolomé Varela y el guardia 2º Ignacio Coto, consistente en la detención del paisano Diego Pascual Sánchez, vecino de la población sevillana de Pruna, por el robo de dos caballerías a su propietario Juan Sánchez en dicha localidad, que pudieron ser recuperadas.
A finales de 1869, la pedanía de La Línea de Gibraltar, contaba con 426 vecinos, 136 casas de mampostería edificadas y 150 huertos. Al considerar 330 de aquellos que tenían capacidad y entidad más que suficiente para independizarse, solicitaron de la Regencia del Reino su segregación de San Roque para constituirse en un nuevo término municipal.
Tras informar favorablemente el Consejo de Estado, una vez evaluados los informes dispares emitidos por el Ayuntamiento de San Roque y la Diputación Provincial de Cádiz, el ministro de la Gobernación comunicó por escrito el 17 de enero de 1870 al gobernador civil de Cádiz, de orden del Regente, que dicha segregación había sido autorizada, dando así carta de naturaleza al nuevo término municipal. 
La primera corporación formada aprobó en sesión de 30 de julio siguiente, el nombre de La Línea de la Concepción, adoptando el puesto de la Guardia Civil también dicha denominación.
El nuevo municipio iniciaba así su andadura y el benemérito Instituto, que ya llevaba más de dos décadas allí, continuó presente desde entonces, garantizando en soledad durante muchas décadas, la seguridad ciudadana de sus vecinos, al ser en esa población el único cuerpo policial estatal competente hasta bien entrado el siglo XX.

sábado, 2 de febrero de 2019

MARTIÑÁN, EL GUARDIA CIVIL ALGECIREÑO QUE NUNCA PODRÁ RETIRARSE

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" pág. 10 y "DIARIO DE CÁDIZ" pág. 24, el 1º de febrero de 2019.

El original contiene dos fotografías en blanco y negro.

Fue asesinado por la banda terrorista ETA el 1º de febrero de 1980.


Actualmente los guardias civiles pasan a la situación militar de retiro al cumplir la edad de 65 años. La mayoría suele gozar de salud suficiente, a pesar de la dureza de los largos años de servicio, para disfrutar de una merecida jubilación junto a sus familias.
En algunos casos lo hacen antes, al perder la aptitud psicofísica necesaria como consecuencia de su actividad profesional, de una lesión sufrida ajena al servicio o de una enfermedad.
Otros, los menos afortunadamente, nunca se podrán retirar porque han muerto en acto de servicio o han fallecido por causas ajenas al mismo.
Entre estos últimos están los que un día salieron de servicio y no regresaron porque una mano criminal sesgó sus vidas. Las suyas y las de sus seres queridos con los que jamás disfrutarán su retiro.
Este es el caso de Martiñán, tal y como era conocido por sus amigos de Algeciras, la ciudad que le vio nacer un 7 de agosto de 1955, en una humilde casita de la hoy denominada calle Camarón de la Isla, sita en la barriada de La Juliana.
Se llamaba José Manuel Gómez Martiñán, era un guardia civil destinado en el Puesto de Lequeitio, de la Comandancia de Vizcaya. Tenía 24 años de edad cuando fue asesinado por la banda terrorista ETA junto a otros cinco compañeros: José Martínez Pérez-Castillo, Antonio Martín Gamero, Alfredo Díez Marcos, José Gómez Trillo y Victorino Villamor González. Todos fueron ascendidos honoríficamente a cabo en 2005.
Hace justo 39 años, el 1º de febrero de 1980, que también era viernes como hoy, aquellos seis guardias civiles se encontraban prestando servicio de escolta a un transporte de armamento. Cuando circulaban por la carretera que une Ispaster y Ea, fueron masacrados sin darles tiempo a reaccionar. 
Casi siete meses antes se había casado en Tarifa, la parroquia de San Mateo, con una joven llamada Manoli. Le esperaba en su pabellón de la casa-cuartel de Lequeitio pero nunca regresó. 
Entonces no existían las comunicaciones de hoy día y la noticia llegó confusa a Algeciras. Sus padres, José e Inés, vivían en una sencilla vivienda de la calle Andalucía, sita en la barriada de La Piñera. 
Él había nacido en Jimena de la Frontera y tras vivir en San Martín del Tesorillo y Ceuta, recaló en Algeciras, ciudad natal de la que sería su mujer y donde trabajaría los primeros años como empleado en una zapatería de la calle Río y posteriormente en otra de la calle Tarifa.
Su otro hijo, Mario, de 18 años de edad, se encontraba con él cuando recibieron la fatídica llamada telefónica de una vecina. Estaban en la zapatería que, tras muchos años de sacrificio, regentaba en la calle Las Huertas, junto a la librería de Antonio, “el de las novelas”. 
Les dijeron que había pasado algo grave a José Manuel pero sin más detalles, por lo que cerraron la tienda y marcharon a la comisaría ubicada en la avenida Fuerzas Armadas. Allí, un hijo de la hermana del padre, llamado José Luis, que era policía nacional, realizó varias llamadas y conocieron la terrible verdad. 
En un vehículo camuflado de la Guardia Civil emprendieron esa misma mañana, junto a la madre, el viaje hasta el aeropuerto de Málaga donde un avión los llevó a Madrid. Allí, otro coche de la Benemérita les trasladó hasta el acuartelamiento de La Salve, en Bilbao. También les acompañó un hermano de la joven viuda, que era suboficial de la Armada. Fue un largo viaje de silencio y dolor.
Al llegar, los acomodaron como pudieron en uno de los pabellones para que pudieran pasar la noche. Apenas pudieron descansar ya que estuvieron velando en una sala, junto al resto de los familiares de los demás guardias civiles asesinados, los seis ataúdes. 
Mario no puede olvidar, casi cuatro décadas después, los desgarradores gritos de dolor y los sollozos de impotencia de aquellas familias, que como la suya, habían quedado destrozadas. Hay escenas que permanecerán siempre en su memoria, como las de un familiar de uno de los asesinados queriendo abrir la caja para despedirse …
A la mañana siguiente se celebró, con gran tensión y dolor, en la Comandancia que mandaba el teniente coronel Antonio Sánchez Hernández, el funeral de cuerpo presente, presidido por el teniente general Antonio Ibáñez Freire, ministro del Interior.
Seguidamente fueron trasladados a sus provincias de origen. El cuerpo de Martiñán, junto a su familia, fue llevado en avión militar hasta Jerez de la Frontera, y desde allí en una comitiva de la Guardia Civil hasta Tarifa.
Se ofició el funeral en la misma iglesia donde se había casado. Hubo muchísima tensión e incontenible dolor. Asistieron, además de la familia, numerosas autoridades civiles y militares así como centenares de amigos y vecinos de la localidad. El coronel Francisco Gómez Espinosa, jefe del Tercio de Cádiz, y el teniente coronel Pedro Moreno Muñoz, jefe de la Comandancia de Algeciras, encabezaron la nutrida representación de la Benemérita.
En la mente de todos cuantos conocieron desde niño a Martiñán, estaba el recuerdo de aquel joven de carácter extrovertido y alegre, muy popular entre los suyos, que antes de irse voluntario al servicio militar ayudaba a traer dinero a su casa repartiendo los encargos de la floristería “Las Mimosas” o ayudando a vender juguetes en un puesto de la plaza de Abastos en Algeciras.
También lo recordaban como estudiante en la agrupación escolar “Alfonso XI” y en el “General Castaños”, como futbolista del equipo algecireño de La Palma o sus tiempos de artillero y cabo 1º en la batería tarifeña de Punta Paloma, donde se hizo querer por todos.
Enterrado durante los cinco primeros años en el cementerio de Tarifa sus restos fueron trasladados al de Algeciras, cuyo ayuntamiento donó el nicho, no faltándole nunca las flores de su madre, hasta su fallecimiento en 2002, ni las de su padre hasta 2008, continuando su hermano.
Mario recogió el pasado 11 de octubre, en el acto institucional de la patrona de la Guardia Civil, organizado por la Comandancia de Algeciras, la gran cruz de la real orden de reconocimiento civil a las víctimas del terrorismo, concedida a su hermano en consejo de ministros de último 18 de mayo. Allí recibió el atronador y caluroso aplauso de los centenares de asistentes, que tras casi cuatro décadas, volvían a rendirle emocionado homenaje. 
Hoy Algeciras lo sigue recordando y su nombre figura en una calle de la ciudad; en el monumento a las víctimas del terrorismo, junto al del policía Diego del Río Martín; yen el monolito a los caídos de la Comandancia.
Martiñán, al igual que otros 242 guardias civiles asesinados, víctimas del terrorismo en las últimas cinco décadas, nunca podrá retirarse.

Nota. Este artículo es la 2ª parte del siguiente artículo publicado en la prensa el 2 de noviembre de 2017.


LA GUARDIA CIVIL NO OLVIDA A SUS MUERTOS.