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miércoles, 13 de febrero de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE GIBRALTAR. LOS ORIGENES (1844-1870).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019). 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" pág. 15, el 11 de febrero de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

El pasado 19 de enero el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción concedió y entregó a la Guardia Civil, coincidiendo con el CLXXV aniversario de la creación de dicho Cuerpo (1844-2019), la más alta distinción de la ciudad: la medalla de oro.
Con ello se reconocía a la Benemérita los 175 años de presencia ininterrumpida y servicio permanente en esa población, siendo por lo tanto el cuerpo decano de las fuerzas de seguridad. Una presencia y un servicio que nunca fue fácil ni lo sigue siendo.
Cuando la Inspección General de la Guardia Civil asignó, a raíz de la real orden de 25 de noviembre de 1844, una sección de infantería, sustituida casi un mes después por otra de caballería, para prestar servicio en el Campo de Gibraltar, el actual municipio de La Línea de la Concepción era entonces una pedanía de San Roque.
Se trataba de una zona de especial servidumbre e interés militar y existían importantes restricciones para la construcción de viviendas y edificaciones para particulares. La razón de ello era evitar su crecimiento y consolidación como asentamiento urbano, ya que podría afectar al desarrollo de hipotéticas operaciones relacionadas con la ocupación militar británica del Peñón. 
En esa época el núcleo formado por las posiciones y acuartelamientos, los campamentos de vivanderos así como algunas escasas y precarias construcciones de uso administrativo, aduanero y civil, configuraba lo que era conocido como La Línea del Campo de Gibraltar o más sencillamente, La Línea de Gibraltar.
Para controlar el comercio lícito y reprimir el ilícito que originaba la colonia vecina, por tierra y por mar, estaba una nutrida fuerza del Cuerpo de Carabineros del Reino. Pero el constante trasiego de personas y carruajes que entraban y salían de allí, facilitaba también la presencia y actuación de delincuentes y criminales de toda clase, amén de los habituales contrabandistas.
Es por ello, que desde el primer momento que se asentó aquella sección de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar y se ubicó su cabecera en San Roque, bajo el mando del alférez Juan Morillas de Casas, se desplazaban diariamente parejas a caballo para vigilar La Línea y sus caminos. 
Testimonio de aquello quedó publicado en la Gaceta de Madrid (antecedente histórico del actual boletin oficial del estado), de 7 de junio de 1845. Se mencionó el eficaz despliegue realizado por los guardias civiles de caballería en la vigilancia de los caminos que unían San Roque, Algeciras y Los Barrios con Ronda, que celebraba su feria, haciéndose constar que eran muy transitados, tanto por los vecinos de la zona como por los británicos procedentes de la colonia.
A medida que fue creciendo la actividad comercial también se incrementó el número de asentamientos de población civil, aún a pesar de las restricciones dictadas al respecto.
Ello motivó que la presencia de la Guardia Civil fuera cada vez más necesaria, intensificándose también la vigilancia en La Línea para localizar a criminales huídos de la justicia española que buscaban refugio en la colonia británica de Gibraltar. 
Sirva como ejemplo el caso descrito en una nota del ministerio de la Gobernación, publicada en la Gaceta de Madrid el 11 de septiembre de 1851. Se basaba en el parte dado por el ya teniente Morillas, informando de los movimientos de un conocido bandolero de la época, apodado “Zamarra”. 
Éste se había refugiado con dos de sus secuaces en el Peñón, de donde había terminado siendo expulsado por las autoridades coloniales y continuado su huida vía marítima hasta la costa africana. Dicha Gaceta publicaría el 6 de octubre siguiente, que el cónsul de España en Marruecos lo había puesto a disposición del comandante general del Campo de Gibraltar. 
El crecimiento de La Línea de Gibraltar y la necesidad de contar con la presencia permanente de la Guardia Civil para garantizar la seguridad ciudadana de vecinos y transeuntes, terminó motivando la creación de un puesto fijo.
Si bien no se ha podido todavía localizar la fecha exacta de su creación si se tiene constancia de su existencia en 1853, gracias a la publicación de la distribución territorial de la Benemérita en la provincia, en el núm. 111 de fecha 20 de octubre, del “Guía del Guardia Civil” (antecedente histórico del actual boletín oficial del Cuerpo).
De los 25 puestos con que contaba entonces la Guardia Civil gaditana, 6 de ellos estaban ubicados en el Campo de Gibraltar: Algeciras, Los Barrios, Jimena de la Frontera, La Línea de Gibraltar, Tarifa y San Roque, estando establecido el oficial jefe en dicha población.
Además de dichas referencias, quedaron recogidas durante los años siguientes en el boletín oficial del Cuerpo numerosas actuaciones beneméritas y policiales protagonizadas por sus componentes, acaecidas con anterioridad a la segregación de La Línea respecto a San Roque.
Entre las primeras destacaba la publicada el 8 de febrero de 1860. Está referida a la acción benemérita realizada justo un mes antes cuando como consecuencia de un fuerte temporal, los componentes del puesto de La Línea de Gibraltar salvaron la vida de un total de 22 tripulantes de varios buques que naufragaron frente a la costa. 
Se trataban del cabo 2º Eugenio Martínez, del guardia 1º José Torres y de los guardias 2º Francisco Pitarque, Antonio Pérez y José Gómez, “para cuyo fin los tres primeros se arrojaron al mar despreciando lo imponente de este elemento”, tal y como se hacía constar textualmente.
Entre las actuaciones policiales se encontraba la publicada el 1º de julio de 1867. Se trataba del servicio llevado a cabo por el guardia 1º Bartolomé Varela y el guardia 2º Ignacio Coto, consistente en la detención del paisano Diego Pascual Sánchez, vecino de la población sevillana de Pruna, por el robo de dos caballerías a su propietario Juan Sánchez en dicha localidad, que pudieron ser recuperadas.
A finales de 1869, la pedanía de La Línea de Gibraltar, contaba con 426 vecinos, 136 casas de mampostería edificadas y 150 huertos. Al considerar 330 de aquellos que tenían capacidad y entidad más que suficiente para independizarse, solicitaron de la Regencia del Reino su segregación de San Roque para constituirse en un nuevo término municipal.
Tras informar favorablemente el Consejo de Estado, una vez evaluados los informes dispares emitidos por el Ayuntamiento de San Roque y la Diputación Provincial de Cádiz, el ministro de la Gobernación comunicó por escrito el 17 de enero de 1870 al gobernador civil de Cádiz, de orden del Regente, que dicha segregación había sido autorizada, dando así carta de naturaleza al nuevo término municipal. 
La primera corporación formada aprobó en sesión de 30 de julio siguiente, el nombre de La Línea de la Concepción, adoptando el puesto de la Guardia Civil también dicha denominación.
El nuevo municipio iniciaba así su andadura y el benemérito Instituto, que ya llevaba más de dos décadas allí, continuó presente desde entonces, garantizando en soledad durante muchas décadas, la seguridad ciudadana de sus vecinos, al ser en esa población el único cuerpo policial estatal competente hasta bien entrado el siglo XX.

sábado, 2 de febrero de 2019

MARTIÑÁN, EL GUARDIA CIVIL ALGECIREÑO QUE NUNCA PODRÁ RETIRARSE

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" pág. 10 y "DIARIO DE CÁDIZ" pág. 24, el 1º de febrero de 2019.

El original contiene dos fotografías en blanco y negro.

Fue asesinado por la banda terrorista ETA el 1º de febrero de 1980.


Actualmente los guardias civiles pasan a la situación militar de retiro al cumplir la edad de 65 años. La mayoría suele gozar de salud suficiente, a pesar de la dureza de los largos años de servicio, para disfrutar de una merecida jubilación junto a sus familias.
En algunos casos lo hacen antes, al perder la aptitud psicofísica necesaria como consecuencia de su actividad profesional, de una lesión sufrida ajena al servicio o de una enfermedad.
Otros, los menos afortunadamente, nunca se podrán retirar porque han muerto en acto de servicio o han fallecido por causas ajenas al mismo.
Entre estos últimos están los que un día salieron de servicio y no regresaron porque una mano criminal sesgó sus vidas. Las suyas y las de sus seres queridos con los que jamás disfrutarán su retiro.
Este es el caso de Martiñán, tal y como era conocido por sus amigos de Algeciras, la ciudad que le vio nacer un 7 de agosto de 1955, en una humilde casita de la hoy denominada calle Camarón de la Isla, sita en la barriada de La Juliana.
Se llamaba José Manuel Gómez Martiñán, era un guardia civil destinado en el Puesto de Lequeitio, de la Comandancia de Vizcaya. Tenía 24 años de edad cuando fue asesinado por la banda terrorista ETA junto a otros cinco compañeros: José Martínez Pérez-Castillo, Antonio Martín Gamero, Alfredo Díez Marcos, José Gómez Trillo y Victorino Villamor González. Todos fueron ascendidos honoríficamente a cabo en 2005.
Hace justo 39 años, el 1º de febrero de 1980, que también era viernes como hoy, aquellos seis guardias civiles se encontraban prestando servicio de escolta a un transporte de armamento. Cuando circulaban por la carretera que une Ispaster y Ea, fueron masacrados sin darles tiempo a reaccionar. 
Casi siete meses antes se había casado en Tarifa, la parroquia de San Mateo, con una joven llamada Manoli. Le esperaba en su pabellón de la casa-cuartel de Lequeitio pero nunca regresó. 
Entonces no existían las comunicaciones de hoy día y la noticia llegó confusa a Algeciras. Sus padres, José e Inés, vivían en una sencilla vivienda de la calle Andalucía, sita en la barriada de La Piñera. 
Él había nacido en Jimena de la Frontera y tras vivir en San Martín del Tesorillo y Ceuta, recaló en Algeciras, ciudad natal de la que sería su mujer y donde trabajaría los primeros años como empleado en una zapatería de la calle Río y posteriormente en otra de la calle Tarifa.
Su otro hijo, Mario, de 18 años de edad, se encontraba con él cuando recibieron la fatídica llamada telefónica de una vecina. Estaban en la zapatería que, tras muchos años de sacrificio, regentaba en la calle Las Huertas, junto a la librería de Antonio, “el de las novelas”. 
Les dijeron que había pasado algo grave a José Manuel pero sin más detalles, por lo que cerraron la tienda y marcharon a la comisaría ubicada en la avenida Fuerzas Armadas. Allí, un hijo de la hermana del padre, llamado José Luis, que era policía nacional, realizó varias llamadas y conocieron la terrible verdad. 
En un vehículo camuflado de la Guardia Civil emprendieron esa misma mañana, junto a la madre, el viaje hasta el aeropuerto de Málaga donde un avión los llevó a Madrid. Allí, otro coche de la Benemérita les trasladó hasta el acuartelamiento de La Salve, en Bilbao. También les acompañó un hermano de la joven viuda, que era suboficial de la Armada. Fue un largo viaje de silencio y dolor.
Al llegar, los acomodaron como pudieron en uno de los pabellones para que pudieran pasar la noche. Apenas pudieron descansar ya que estuvieron velando en una sala, junto al resto de los familiares de los demás guardias civiles asesinados, los seis ataúdes. 
Mario no puede olvidar, casi cuatro décadas después, los desgarradores gritos de dolor y los sollozos de impotencia de aquellas familias, que como la suya, habían quedado destrozadas. Hay escenas que permanecerán siempre en su memoria, como las de un familiar de uno de los asesinados queriendo abrir la caja para despedirse …
A la mañana siguiente se celebró, con gran tensión y dolor, en la Comandancia que mandaba el teniente coronel Antonio Sánchez Hernández, el funeral de cuerpo presente, presidido por el teniente general Antonio Ibáñez Freire, ministro del Interior.
Seguidamente fueron trasladados a sus provincias de origen. El cuerpo de Martiñán, junto a su familia, fue llevado en avión militar hasta Jerez de la Frontera, y desde allí en una comitiva de la Guardia Civil hasta Tarifa.
Se ofició el funeral en la misma iglesia donde se había casado. Hubo muchísima tensión e incontenible dolor. Asistieron, además de la familia, numerosas autoridades civiles y militares así como centenares de amigos y vecinos de la localidad. El coronel Francisco Gómez Espinosa, jefe del Tercio de Cádiz, y el teniente coronel Pedro Moreno Muñoz, jefe de la Comandancia de Algeciras, encabezaron la nutrida representación de la Benemérita.
En la mente de todos cuantos conocieron desde niño a Martiñán, estaba el recuerdo de aquel joven de carácter extrovertido y alegre, muy popular entre los suyos, que antes de irse voluntario al servicio militar ayudaba a traer dinero a su casa repartiendo los encargos de la floristería “Las Mimosas” o ayudando a vender juguetes en un puesto de la plaza de Abastos en Algeciras.
También lo recordaban como estudiante en la agrupación escolar “Alfonso XI” y en el “General Castaños”, como futbolista del equipo algecireño de La Palma o sus tiempos de artillero y cabo 1º en la batería tarifeña de Punta Paloma, donde se hizo querer por todos.
Enterrado durante los cinco primeros años en el cementerio de Tarifa sus restos fueron trasladados al de Algeciras, cuyo ayuntamiento donó el nicho, no faltándole nunca las flores de su madre, hasta su fallecimiento en 2002, ni las de su padre hasta 2008, continuando su hermano.
Mario recogió el pasado 11 de octubre, en el acto institucional de la patrona de la Guardia Civil, organizado por la Comandancia de Algeciras, la gran cruz de la real orden de reconocimiento civil a las víctimas del terrorismo, concedida a su hermano en consejo de ministros de último 18 de mayo. Allí recibió el atronador y caluroso aplauso de los centenares de asistentes, que tras casi cuatro décadas, volvían a rendirle emocionado homenaje. 
Hoy Algeciras lo sigue recordando y su nombre figura en una calle de la ciudad; en el monumento a las víctimas del terrorismo, junto al del policía Diego del Río Martín; yen el monolito a los caídos de la Comandancia.
Martiñán, al igual que otros 242 guardias civiles asesinados, víctimas del terrorismo en las últimas cinco décadas, nunca podrá retirarse.

Nota. Este artículo es la 2ª parte del siguiente artículo publicado en la prensa el 2 de noviembre de 2017.


LA GUARDIA CIVIL NO OLVIDA A SUS MUERTOS.