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domingo, 27 de septiembre de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XXXIII). LA NECESIDAD DE UNA NUEVA CASA-CUARTEL EN 1886.

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 21 de septiembre de 2020, pág. 12.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

 

Cuando la Inspección General de la Guardia Civil asignó, por real orden de 20 de diciembre de 1844, una sección de caballería para prestar servicio en el Campo de Gibraltar, sustituyendo a la de infantería inicialmente prevista en otra real orden de 25 de noviembre anterior, seguía estando previsto establecer su cabecera en Algeciras. 

Allí estaban ubicadas la jefatura y residencia del comandante general del Campo de Gibraltar, que tenían amplias competencias en los términos municipales de su jurisdicción, constituyendo la máxima autoridad y representación del Estado en la zona, con independencia del gobernador militar de la provincia de Cádiz e incluso del jefe político de la misma.

Algeciras también era cabeza de partido judicial, lo cual fortalecía la decisión inicial de establecer allí la residencia del alférez Juan Morillas Casas, jefe de la 4ª Sección de la Compañía provincial de la Guardia Civil de Cádiz que mandaba el primer capitán José María Cisneros de Lanuza.

Sin embargo, y por razones que se intuyen aunque no se han acreditado todavía documentalmente, la cabecera de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar quedó establecida hasta principios de 1862 en San Roque, que también era cabecera de partido judicial.

La causa de ello se debió con toda probabilidad a razones de carácter operativo en beneficio del servicio que debía prestar su oficial jefe. A estos efectos, hay que significar lo dispuesto en el Reglamento Militar para la Guardia Civil, aprobado por real orden de 15 de octubre de 1844.

Asignaba a los subtenientes de infantería, alféreces de caballería y tenientes de ambas armas del nuevo Cuerpo, es decir, a los jefes de sección, como cometidos principales, la vigilancia del servicio prestado por sus subordinados, “tanto de día como de noche”, así como visitar y recorrer, “con mucha frecuencia”, los puestos de sus unidades. Es decir, lo que con el transcurso del tiempo ha venido a resumirse en la doctrina del Cuerpo, como vigilar, impulsar y dirigir el servicio.

Atendiendo a la configuración del Campo de Gibraltar al inicio de 1845, respecto a sus poblaciones y conflictividad en materia de seguridad pública, ciertamente era más coherente que el oficial jefe de la Guardia Civil se ubicara entonces en San Roque.

Tanto en dicha ciudad como en Algeciras se establecieron los dos primeros puestos del benemérito Instituto, desde donde diariamente salían las parejas a caballo para velar por la seguridad de sus habitantes y del resto de municipios del Campo de Gibraltar. Con el paso del tiempo y el aumento de plantilla fueron creándose nuevos puestos en la mayor parte de las localidades de la Comarca. 

Según la descripción publicada en 1849 en el tomo XIII del “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico” de Pascual Madoz, el municipio de San Roque ocupaba entonces una extensión de unos 160 km². Según el censo de la matrícula catastral de 1842 contaba con una población de 1.754 vecinos o cabezas de familia y 7.619 habitantes. Además de la propia localidad a la que daba nombre, estaban los núcleos de La Línea, Campamento y Puente Mayorga. El partido judicial de San Roque incluía dicho municipio y las villas de Los Barrios, Jimena de la Frontera y Castellar de la Frontera, sumando una población total de 4.045 vecinos y 14.484 habitantes.

Tal y como nos recuerda Antonio Pérez Girón, cronista oficial de San Roque, en el “Libro de Memorias”, de Lorenzo Valverde de Casas Calatrava (1775-1859), editado en 2003 por la Fundación Municipal de Cultura “Luis Ortega Bru”, consta que a mediados de marzo de 1845 llegaron desde la capital gaditana para establecerse en San Roque “unos diez hombres de Caballería de la Guardia Civil”, con un oficial, un sargento y un cabo.

Conforme se disponía en el artículo 19 del real decreto fundacional del Cuerpo, fechado el 13 de mayo de 1844, “los ayuntamientos de los pueblos a que se destinasen puestos fijos de la Guardia Civil les proporcionarán casas cuarteles en que vivir con sus familias, si las tuvieren, dándoseles por el Estado el correspondiente utensilio”.

Posteriormente, el artículo 51 del “Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil”, aprobado por real decreto de 2 de agosto de 1852, disponía expresamente que en todas las capitales de provincia, cabezas de partido y demás pueblos y despoblados en que estuviese determinada la permanencia de un puesto fijo del benemérito Instituto, se proporcionaría la correspondiente casa-cuartel para la fuerza que a cada uno estuviese asignada.

Todo ello constituía la teoría pero la realidad era más obstinada y ya en los capítulos V y VI se trató, gracias a la colaboración de Adriana Pérez Paredes, archivera municipal de San Roque, sobre las vicisitudes de los primeros acuartelamientos.

El caso es que la Guardia Civil en sus primeras décadas estuvo alternando su alojamiento en San Roque entre edificios de alquiler, sufragados entre el ayuntamiento y el Estado, y un antiguo acuartelamiento del Ejército. Realmente ninguno de ellos reunió las condiciones de habitabilidad y salubridad adecuadas para albergar una casa-cuartel con las familias de los guardias civiles en su interior.

Gracias al investigador local Juan Antonio García Rojas conocemos que reunida el 29 de marzo de 1886 la corporación municipal se trató dicha cuestión bajo la presidencia del alcalde Francisco Emilio Rendón Delgado. Se contó con la asistencia de los concejales Fernando Velasco, Matildo Monesterio, Antonio Jiménez, Diego Heredia y Vicente Luna.

Según el punto 10º del orden del día, había quedado “el Ayuntamiento enterado de lo ocurrido acerca de la Casa Cuartel de la Guardia Civil de esta Ciudad, por el estado ruinoso en que la misma se encuentra”. Dado que el vecino José María Rendón Good, que actuaba como “representante de varios individuos de su familia” (entre ellos el propio alcalde), ofrecía como nuevo acuartelamiento el edificio de su propiedad sito en el número 10 de la Plaza de la Constitución (actual Plaza de Armas), por una renta mensual de cien pesetas, se procedió a estudiar la propuesta.

El consistorio municipal abonaría 55 pesetas mensuales y el resto correría por cuenta del Estado. “Convencido el Cuerpo Capitular de que por las condiciones que tiene dicho edificio, por la situación y por su aspecto, no puede encontrarse otro más a propósito ni más decente al fin que se le destina, por unanimidad de votos acordó que bajo la renta indicada y condiciones análogas a las de los establecimientos de instrucción pública, se formalice desde luego el correspondiente contrato administrativo, autorizando al efecto al Caballero Regidor Síndico, el cual en unión del repetido Señor Rendón, extenderán y autorizarán aquél y de sus condiciones se dará cuenta al municipio a los fines convenientes.”

Por otra parte la Guardia Civil de San Roque, necesitada de extrema urgencia para encontrar un nuevo alojamiento para las dependencias oficiales y para sus familias, estaba al tanto de dicha propuesta. 

Como jefe de la línea (sección) de San Roque se encontraba al inicio del año el teniente Francisco Quevedo Obregón, quien al ser destinado a mandar la línea de Tarifa fue sustituido por el de mismo empleo, Gerónimo Delgado García.

(Continuará).

 

jueves, 24 de septiembre de 2020

LA GUARDIA CIVIL DE CHICLANA DE LA FRONTERA (1845-1855).

CLXXV ANIVERSARIO GUARDIA CIVIL EN CHICLANA (1845-2020).


 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CÁDIZ", el 21 de septiembre de 2020, pág. 24.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

 

El pasado viernes el alcalde de Chiclana de la Frontera, José María Román Guerrero, hizo entrega a la Guardia Civil de la Medalla de Oro de la Ciudad. Concedida por unanimidad de toda la corporación local este año el benemérito Instituto cumple 175 años velando por el orden y la ley en el municipio. 

 

Los primeros guardias civiles llegaron a la provincia de Cádiz a finales de diciembre de 1844. Los de infantería habían superado el periodo de instrucción en la localidad madrileña de Leganés mientras que los de caballería en Vicálvaro. La fase de adiestramiento y encuadramiento fue conjunta en la población sevillana de Alcalá de Guadaira. 

 

Una vez concluida, el primer capitán José María de Cisneros Lanuza, jefe de la compañía destinada a la provincia gaditana, se encargó de materializar el despliegue territorial. La cabecera de sus tres secciones de infantería se establecieron en Cádiz, Jerez de la Frontera y Medina Sidonia, mientras que la de la sección de caballería, prevista inicialmente en Algeciras, terminaría en San Roque.

 

A principios de enero de 1845 los primeros puestos ya estaban preparados para iniciar su servicio. Previamente, el 8 de dicho mes, Manuel Lassala Solera, jefe político de la provincia, había dirigido un escrito a los alcaldes. Tras afirmar que “la Guardia Civil es el brazo de protección y seguridad que el Gobierno ofrece al hombre honrado, y lo es de persecución y de temor para el delincuente y de mal vivir”, describió su despliegue territorial.

 

La 3ª Sección instalada en Medina Sidonia tenía la misión principal de vigilar el municipio de Chiclana, cubierta entonces por una extensa masa forestal de pinares. Tenía más de 200 kmô y una población de unos 9.000 habitantes. Igualmente se le encomendó ampliar su servicio hasta Conil de la Frontera y Vejer de la Frontera. En poco tiempo dicha sección tuvo puestos en esas cuatro poblaciones más otro en Alcalá de los Gazules.

 

Pronto aquellos hombres que vivían en casas-cuarteles con sus familias supieron ganarse el aprecio y respeto de toda persona de bien. Su organizador y primer inspector general, el mariscal de campo Francisco Javier Girón Ezpeleta, duque de Ahumada, les dotó del mejor código deontológico que haya tenido nunca una institución de seguridad pública, la “Cartilla del Guardia Civil”, aprobada por real orden de 20 de diciembre de 1845. Su primer artículo comenzaba asentando que el honor era la principal divisa de los componentes del benemérito Instituto. 

 

La prensa de la época se hizo eco enseguida de las actuaciones del nuevo Cuerpo. La vinculada al mismo tendría durante muchos años una sección dedicada a reseñar los servicios más destacados al objeto de difundir las actuaciones policiales y beneméritas felicitadas por la máxima autoridad del Instituto. El puesto de Chiclana sería protagonista en numerosas ocasiones.

 

Así, en “El Guía del Guardia Civil” correspondiente al 10 de diciembre de 1851, se daba cuenta de que el cabo 1º Miguel Ors y el guardia Lorenzo Baños, habían capturado el día 23 del mes anterior a cuatro ladrones. Éstos, dos noches antes habían perpetrado un robo cerca de Conil. Varios efectos sustraídos fueron recuperados por el teniente Victorio Cuquerella, jefe de la línea de Medina Sidonia, auxiliado por el cabo 2º Juan Pérez y el guardia Antonio Marín.

 

En el número publicado el 1º de septiembre de 1852, se informaba que el sargento 2º Gerónimo del Río, comandante del puesto, acompañado del cabo 2º Miguel Terán y de los guardias Pedro Martínez y Joaquín de la Torre, habían apresado el día 14 del mes anterior a cuatro malhechores que habían incendiado un cortijo en Medina Sidonia.

 

En el ejemplar correspondiente al 20 de noviembre siguiente se citaba que bajo el mando del mentado teniente Cuquerella, auxiliado por fuerza de los puestos de Chiclana y Conil, se había detenido el mes anterior a 15 personas como autores del robo efectuado en el bergantín “Nuevo Desengaño”. Fueron sentenciados a presidio por el Tribunal Supremo de Guerra y Marina, viéndose obligados a presentarse otros 29 más de los sujetos encausados.

 

En ese mismo número se publicó también que el 30 de octubre había sido capturado por los guardias Mateo Domínguez y Juan López, auxiliados por un alguacil del juzgado, otro criminal, reo prófugo y cómplice de un asesinato perpetrado en Cádiz.

 

Nuevamente, en el ejemplar fechado el 10 de diciembre siguiente, volvió a destacarse la actuación del mentado sargento 2º del Río. Éste, en la madrugada del día 28 del mes anterior, había cooperado en la detención en Chiclana del autor de un asesinato cometido pocas horas antes en San Fernando. Desde dicha localidad venía siendo perseguido por el sargento 1º Simón de la Torre, acompañado de los guardias Manuel Pérez, Andrés y Ginés Rodríguez.

 

También se daba cuenta de otro servicio practicado al amanecer de ese mismo día por los guardias Mateo Domínguez y Fernando Ocaña, al detener a un individuo que había sustraído dinero y papel de crédito a su patrón en Puerto Real. La captura se produjo cuando se dirigía a la colonia británica de Gibraltar, refugio habitual de quienes huían de la justicia española en aquella época.

 

Una vez más se publicó otra meritoria actuación del sargento 2º del Río, acompañado del ya cabo 2º Domínguez, el guardia Manuel Sánchez y el ya mentado Ocaña. Según detallaba el “Guía” de 10 de mayo de 1854 habían detenido el día 15 del mes anterior a uno de los tres autores del asalto sufrido por el vecino Diego Rubio en la noche del 17 de marzo. El atraco se había realizado en el sitio del Salado, camino de Vejer, siendo capturado otro de los criminales por el cabo comandante de puesto de esta población.

 

Relatada en el número de 10 de julio siguiente, dicho sargento 2º volvió a encabezar otra felicitación junto a los guardias Joaquín Hernández, Pedro Barreiro y el ya citado Sánchez, cuando encontrándose todos en el caserío “Pago del Humo”, acudieron rápidamente a la dehesa de las Canteras para sofocar un incendio de mieses.

 

En el correspondiente al 10 de octubre siguiente, se difundía la comunicación, “expresiva del agradecimiento y aprecio público a que se ha hecho merecedora la Guardia Civil”, dirigida por el juez de 1ª instancia de Chiclana, Francisco Manjón, al inspector general de la Guardia Civil, teniente general Facundo Infantes Chaves. En el escrito se daba cuenta del valeroso comportamiento del guardia 1º Joaquín de la Torre en la detención de Antonio Cabeza Avecilla como autor del asesinato de los vecinos Juan Quintero y Melchor Ortega.

 

“El Mentor del Guardia Civil” publicó el 16 de diciembre de 1855 que en la madrugada del 1º de mes habían asesinado en Chiclana a un anciano para robarle el importe de la venta de una vaca. Enterado el cabo Domínguez, salió inmediatamente con los guardias Antonio Lobo y Norberto de la Iglesia, capturando a los dos autores que fueron puestos a disposición judicial.

 

Y así podrían seguir relatándose millares de servicios más a lo largo de 175 años de servicio del benemérito Instituto en Chiclana de la Frontera.

 

 


martes, 15 de septiembre de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (XXXII). LOS SERVICIOS MÁS DESTACADOS 1895-1898.

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 14 de septiembre de 2020, pág. 12.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.



El año 1895 la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz continuaba siendo mandada por el teniente coronel José Luis Gay González, no sufriendo variación alguna ni su estructura órganica ni su despliegue territorial. Por lo tanto ninguna novedad respecto a la presencia del benemérito Instituto en el Campo de Gibraltar en general ni en San Roque en particular.

Por otra parte destacar que el prestigio de la Guardia Civil seguía creciendo más allá de nuestras fronteras, traspasando incluso las de nuestras posesiones de Ultramar en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Según publicaba el boletín oficial del Cuerpo, en su edición de 16 de mayo anterior, “el Gobierno de la república de Guatemala, ha resuelto establecer una Guardia Civil análoga a la de España, y para ello desearía que como modelos vivos de este Cuerpo se le faciliten a ser posible dos Sargentos o Cabos”. 

Por su parte, el teniente general Romualdo Palacio González, director general del benemérito Instituto, dispuso que los aspirantes que se presentasen a la selección, “sean de reconocida honradez, brillante instrucción, tengan mucho amor al servicio, …”. 

Tras efectuarse la selección correspondiente, el semanario “El Heraldo de la Guardia Civil” publicaba el 8 de agosto siguiente que “se han propuesto definitivamente al Ministerio de la Guerra, para que vayan a ponerse a las órdenes del Gobierno de Guatemala, a los sargentos que fueron elegidos, Manuel Serrano Lafuente y Juan Rodríguez García, de la Comandancia de Barcelona el primero, y de la Comandancia de Málaga el segundo”.

Volviendo a San Roque, dicho semanario daba cuenta el 11 de mayo de 1895 que en la cárcel local había sido reconocido el paisano Juan Haro Santo, alias “Carbonero”, como uno de los autores del asesinato del guardia civil Juan Contreras Castillo, perteneciente a la Comandancia de Jaén. 

Gracias a la edición del diario granadino “El Popular”, de 17 de septiembre de 1894, sabemos que dicho crimen había acaecido dos días antes cuando una pareja de guardias civiles compuesta por el finado y Manuel Moreno López, iba de servicio a pie a la aldea de Charilla desde el puesto de Alcalá la Real, distante unos seis kilómetros. Habían encontrado a tres individuos que les inspiraron sospechas y cuando los trasladaban a la casa-cuartel para identificarlos, fueron sorprendidos y desarmados. Asesinaron a un guardia y dejaron malherido al otro, huyendo a continuación hacia la provincia de Granada.

En el “Heraldo de Madrid”, correspondiente al 29 abril de 1895, se relataba que en San Roque, el guardia civil Moreno López “se presentó ayer en la cárcel, y declaró sin vacilaciones que reconocía al criminal como uno de los asesinos. La libertad de dicho paisano estaba ya decretada por falta de pruebas en otro delito de que se le acusaba. El criminal será conducido a Alcalá la Real, a disposición de la autoridad militar”.

Mientras tanto los componentes del puesto de San Roque seguían prestando relevantes servicios que se publicaban en el boletín oficial del Cuerpo. Así, en el del 16 de mayo de 1896 se destacaba que el cabo Rafael Gamito Herrera con los guardias civiles José Salvo Viera, Manuel Pino y Manuel Villanueva, habían “descubierto y capturado después de infinitas pesquisas, al criminal Juan Torres (a) Perendengue, el cual estaba reclamado por diferentes autoridades, como ladrón en cuadrilla”.  El director general se había enterado con satisfacción de dicho servicio y había dispuesto que se les anotase “en sus respectivas hojas de vida y costumbres”.

El nuevo capitán jefe de la Compañía de Algeciras, cuya demarcación seguía comprendiendo el Campo de Gibraltar, se llamaba Proceso Carretero Gómez. Éste, junto al sargento Francisco Araujo González y el cabo José Domínguez Robles, habían “descubierto y capturado, después de incesantes pesquisas, al súbdito inglés Eduardo Butler”, tal y como se ponía en valor en el boletín oficial de 12 de febrero siguiente.

Resultaba que la orden de su detención había sido reclamada por el subsecretario del ministerio de la Gobernación, Francisco Javier González de Castejón Elío, marqués de Vadillo. Una vez capturado la Guardia Civil lo puso a disposición del comandante general del Campo de Gibraltar, general de división Tomás Bouza Cebreiro. Los guardias civiles actuantes fueron debidamente felicitados por tan importante servicio.

A este respecto hay que significar que en repetidas ocasiones y a lo largo del tiempo, la fuerza del benemérito Instituto desplegada en la Comarca recibió instrucciones similares respecto al seguimiento y captura de determinados individuos relacionados con la colonia británica del Peñón. En la mayor parte de los casos era debido a su vinculación con el espionaje u otras actividades de carácter delictivo o contrarias a los intereses del Estado español. 

Hay que tener presente que en la segunda mitad del siglo XIX no existían unos servicios de inteligencia y contrainteligencia tal y como se conocen hoy día. No obstante, desde tiempos muy remotos ha existido el espionaje y el Campo de Gibraltar ha sido históricamente escenario prioritario para los agentes extranjeros, destacando muy especialmente los británicos.

Al margen de lo anteriormente expuesto hay que significar que aquellos eran tiempos convulsos y muy preocupantes para la seguridad pública española como consecuencia del incremento de la actividad criminal y terrorista anarquista potenciada por la influencia extranjera. 

El 8 de agosto de ese mismo año sería asesinado por un anarquista italiano en la localidad guipuzcoana de Mondragón, Antonio Cánovas del Castillo, presidente del gobierno español. “El Heraldo de la Guardia Civil” dedicaría a su figura la mayor parte del número publicado el 15 siguiente. 

Sin perjuicio de la situación derivada de ello y de otros criminales atentados que fueron sacudiendo la vida política española, los componentes del puesto de San Roque continuaron cumpliendo ejemplarmente con su servicio diario.

Así, en el boletín oficial del Cuerpo publicado el 8 de enero de 1898 se felicitaba por el director general la actuación del recientemente ascendido cabo José Salvo Viera, auxiliado por los guardias civiles Antonio Lara, Manuel Villanueva y Manuel Ortega. Tras participar en la extinción de un incendio provocado el 1º de octubre anterior en el monte llamado “Majadas de las Cosechas”, propiedad de Luis Fernández de Córdoba Salabert, duque de Medinaceli, consiguieron detener al pirómano y ponerlo a disposición judicial. 

Tres meses después iba a comenzar una desigual guerra en Ultramar. Estando ya en plena crisis prebélica propiciada y urdida por el gobierno de los Estados Unidos de América para apropiarse de las posesiones españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, volvía a felicitarse nuevamente al puesto de San Roque. 

Según se relataba en el boletín del 8 de abril siguiente, el cabo Salvo y el guardia Villanueva, junto al de igual clase llamado José González, capturaban, “después de incesantes pesquisas”, a uno de los autores del robo perpetrado el 19 de diciembre anterior en la casa de campo llamada “Las Talegas”.

Se avecinaba el “Desastre” y muchas cosas cambiarían dentro y fuera de España, incluido en la Guardia Civil, pero los pequeños puestos del benemérito Instituto, como el de San Roque, seguirían velando como siempre por el Orden y la Ley.