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jueves, 20 de junio de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XVIII). EL INICIO DE LA GUERRA CIVIL (1936).

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 11, el 17 de junio de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

Si bien existen muy buenas publicaciones respecto a lo acaecido durante la Guerra Civil en algunas localidades del Campo de Gibraltar, la historiografía tiene pendiente todavía una rigurosa obra de conjunto sobre nuestra Comarca.

La clave inicial de la sublevación estuvo en el Regimiento de Infantería Pavía núm. 7, mandado por el recien destinado coronel Emilio March López del Castillo, que a la vez ostentaba el cargo de comandante militar del Campo de Gibraltar. No obstante, el verdadero responsable de la conspiración era su segundo, el teniente coronel Manuel Coco Rodríguez.

Dicho regimiento tenía su jefatura, plana mayor y primer batallón en Algeciras mientras que su segundo batallón, mandado por el comandante Luis Chacón Lozano, estaba en La Línea de la Concepción, excepto su 2ª Compañía destacada en San Roque. 

La otra fuerza de importancia en el Campo de Gibraltar, si bien dispersa, era la 10ª Comandancia de Carabineros de Algeciras, mandada por el teniente coronel Manuel Córdoba García y con una plantilla de 864 efectivos. Estaban encuadrados en cinco compañías de las que dos tenían sus cabeceras en la aduana de la Línea y La Atunara. 

La siguiente era la 2ª Compañía de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, con cabecera en Algeciras y compuesta por una plantilla de 142 efectivos para toda la Comarca, de los cuales 27 estaban en La Línea.

Finalmente, la Policía Gubernativa, tenía 29 funcionarios del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, de los que 14 estaban en Algeciras y 15 en La Línea. Estos últimos estaban dedicados principalmente al control de documentación y labores de información relacionadas con el paso de personas por la Verja y la colonia británica de Gibraltar. También había una sección uniformada del Cuerpo de Seguridad, cuya treintena de agentes estaba distribuida entre ambas ciudades, perteneciente a la compañía de Cádiz.

Al iniciarse la sublevación, el general de división Gonzalo Queipo de Llano Sierra, inspector general de Carabineros, que se hizo cargo en Sevilla del mando de la 2ª División Orgánica tras detener a su titular, José Fernández de Villa-Abrille Calivara, ordenó al coronel March la declaración del estado de guerra. Y éste a su vez, al comandante Chacón que era también el comandante militar de La Línea, quien no sin grandes dudas y conflictos internos en su propia unidad, lo terminó declarando en la noche del 18 al 19 de julio.

Dicha declaración revestía gran trascendencia para los sublevados ya que conforme la Ley de Orden Público, de 28 de julio de 1933, existían tres tipos de situaciones excepcionales: de prevención, cuando se sospechase de un ataque al orden público; de alarma, cuando éste alcanzase efectividad; y de guerra, cuando las autoridades gubernativas se vieran desbordadas por la situación. En este último caso, si la autoridad civil no pudiera “dominar en breve término la agitación y restablecer el orden”, el mando lo asumía entonces la autoridad militar, si bien la única que lo podía declarar era la autoridad civil y no la militar. Esta cuestión, tan importante, fue obviada por los sublevados.

Por otra parte, el gobernador civil de la provincia, Mariano Zapico Menéndez-Valdés, nombró el 17 de julio como delegado gubernativo para el Campo de Gibraltar al comandante de Infantería Joaquín Gutiérrez Garde, mayor del Regimiento Pavía núm. 7, al objeto de que tomara las medidas oportunas para evitar el posible triunfo de la sublevación militar si se producía. No tuvo oportunidad alguna de éxito y fracasó en el empeño.

Respecto a la Guardia Civil hay que decir que los organizadores de la sublevación en la provincia de Cádiz no contaron en sus planes conspiratorios con los mandos de la Comandancia ni de sus cinco compañías, no dándose por lo tanto instrucción previa alguna por su jefe, el teniente coronel Vicente González García. 

Realmente no confiaban en ellos dada la tradicional lealtad de la Benemérita al poder legalmente constituido, por lo que optaron por esperar su adhesión, o al menos su no violenta oposición, tras la proclamación del estado de guerra y dictarse el correspondiente bando en el que todo y todos quedaban sometidos a la autoridad militar.

Y eso fue lo que sucedió en el Campo de Gibraltar. El capitán Miguel Romero Macías, jefe de la 2ª Compañía en Algeciras, de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, sin posibilidad de contacto con su teniente coronel, acató el bando de guerra dictado por el comandante militar del Campo de Gibraltar.

En La Línea hizo lo mismo el teniente Valeriano Silva Franco respecto al bando dictado primero por el comandante Chacón, y posteriormente por el comandante de Infantería Rodrígo Amador de los Ríos Cabezón, jefe del 2º Tabor del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta núm. 3, que sublevado había desembarcado en Algeciras.

En la mañana del 13 de agosto siguiente, hallándose operando con la columna de Regulares que mandaba el comandante de Infantería Enrique Rodríguez de la Herrán, “sobre el río de Guadiaro y Tesorillo en la que iba como práctico del terreno”, resultó herido de gravedad a consecuencia de recibir dos disparos, siendo evacuado al hospital civil de La Línea, donde quedó ingresado, falleciendo en el mismo el día 25 de dicho mes.

El 5 de septiembre siguiente, su jefe de comandancia daba cuenta por escrito de dicho fallecimiento, al inspector general de la Guardia Civil, general de brigada Federico de la Cruz Boullosa, cuya cabecera se había establecido en Valladolid. Dejaba viuda a María Tomás Gómez y huérfanos a sus nueve hijos: Francisco de 22 años, Carmen de 17, Daniel de 16, Marcelo de 14, Fernando de 12, Valeriano de 10, África de 9, Concepción de 7 y Carlos de 4.

La suerte del resto de los citados fue muy dispar. El coronel March fue sustituido el 8 de octubre, por el coronel Francisco de María de Borbón y de la Torre; el teniente coronel Coco continuaría ascendiendo hasta alcanzar con el paso de los años el empleo de teniente general; el teniente coronel Córdoba, dada su pasividad respecto a la sublevación, fue encarcelado el 11 de septiembre, siendo condenado posteriormente a un año de prisión y separado del servicio, haciéndose cargo del mando de la Comandancia de Carabineros el comandante José Toledo Iradier; el comandante de infantería Chacón también sería posteriormente juzgado en consejo de guerra, condenado a prisión y separado del servicio; el comandante Gutiérrez sería detenido en Algeciras junto al alcalde Salvador Montesinos Díaz, siendo fusilados el 24 de septiembre y 17 de agosto respectivamente; el comandante Amador falleció en combate el 24 de diciembre en el frente de Madrid; y el capitán Romero, que fue sustituido por el capitán Antonio Vázquez Vergara, al ser nombrado cajero de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, falleció de un infarto el 13 de marzo de 1938, cuando se encontraba en el frente de Teruel como jefe de la compañía de ametralladoras del 10º Batallón, que entonces mandaba accidentalmente, del Regimiento de Infantería Bailén núm. 24.




sábado, 15 de junio de 2019

LA GUARDIA CIVIL EN LA LÍNEA DE LA CONCEPCIÓN (XVII). LA PLANTILLA DE LOS PUESTOS DE LA LÍNEA Y ATUNARA EN 1936.

CLXXV Aniversario Fundación Guardia Civil (1844-2019).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 10, el 10 de junio de 2019.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

En el capítulo anterior, además de tratar la plantilla aprobada el 18 de junio de 1936, un mes antes del inicio de la Guerra Civil, se abordaron las figuras del teniente Valeriano Silva Franco, como jefe de la línea (sección) de La Línea de la Concepción y la del sargento Manuel Gómez Maqueda, comandante del puesto de la residencia.
Aunque la citada plantilla cifraba en 27 efectivos el número total de guardias civiles, incluido el citado oficial y sumando la fuerza de los puestos de La Línea y Atunara, lo cierto es que el inicio de la sublevación militar y todas las vicisitudes que acontecieron a continuación, impidieron que aquella pudiera cumplimentarse en su totalidad.
La nueva plantilla aprobada del puesto de La Línea estaba compuesta por 2 guardias 1º y 11 guardias 2º de infantería así como por un sargento y 5 guardias 2º de caballería. Aunque ya no figuraba, lo cierto es que seguía manteniéndose un cabo de caballería. Se trataba de Manuel Osado Labrador, sobre quien ya se trató en un capítulo anterior. 
Hasta la fecha sólo ha sido posible identificar y localizar en la Sección Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior, en Madrid, los expedientes de los siguientes componentes del puesto de La Línea destinados en julio de 1936: guardias 2º de infantería Diego Jiménez González, Francisco Martínez Rodríguez, Eduardo Navas Galiano, Carlos Rosa Gamaza y Manuel Zamora Peregrina; guardias 2º de caballería Antonio Jiménez Franco, Roque Blanco Nebro y Juan Navarro Chacón.
El guardia 2º Jiménez González era natural de la localidad malagueña de Antequera y tenía 26 años de edad. Estaba soltero y llevaba tan sólo dos semanas destinado en La Línea, procedente del puesto de Barbate, cuando se inició la sublevación.
El guardia 2º Martínez era natural de San Fernando y tenía 40 años de edad. En el capítulo anterior se trataron sus vicisitudes como consecuencia de su matrimonio seis años antes con la hija de un compañero del mismo puesto de La Línea y no haber disponible un pabellón de casado en la casa-cuartel, razón la cual había sido trasladado el 15 de junio de 1930 al puesto de Los Barrios. Tras un destino intermedio en el puesto de El Bosque pudo regresar al de La Línea el 17 de junio de 1936, justo un mes antes de iniciarse la sublevación en Melilla.
El guardia 2º Navas era natural de la población malagueña de Pizarra y tenía 39 años de edad. Estaba casado y llevaba destinado en La Línea al menos desde 1929. Había sido condecorado, “por su intervención en el levantamiento del asedio del Cuartel y población de Casas-Viejas (Cádiz) en la noche del 10 de Enero de 1933”. Fue uno de los guardias civiles del puesto de La Línea que acompañó aquella jornada al teniente anterior, Garcia-Castrillón, junto al cabo Osado.
El guardia 2º Rosa era natural de El Gastor y tenía 36 años de edad. Llevaba destinado en La Línea desde mayo de 1924 y había contraido matrimonio en agosto de 1929 con Victoria Jiménez López, vecina de la localidad.
El guardia 2º Navarro era natural de la población malagueña de Estepona y tenía 44 años de edad. Era de estado casado y en septiembre de 1935 se había incorporado al puesto de La Línea, procedente del de Paterna.  
El guardia 2º Jiménez Franco era natural de Jimena de la Frontera y tenía 48 años de edad. Estaba casado y destinado en La Línea desde enero de 1932, procedente del puesto de Almoraima. El inicio de la sublevación militar le sorprendió en su pueblo natal, donde estaba haciendo uso de una licencia por enfermedad concedida por dos meses. Su estado de salud era muy delicado, falleciendo el 30 de julio siguiente en La Línea. 
El guardia 2º Blanco era natural de la localidad malagueña de Cuevas del Becerro y tenía 35 años de edad. Estaba destinado en La Línea desde 1932 y había contraido matrimonio en noviembre del año siguiente con una vecina de esta población cuyos padres “son súbditos británicos sin poseer bienes de fortuna en dicho término que puedan ser causa de incompatibilidad”. Al encontrarse su suegra enferma y depender de los cuidados de su hija, tuvo que solicitar autorización expresa del inspector general del Cuerpo para poder continuar destinado en La Línea, siéndole concedida.
 El guardia Zamora era natural de Los Barrios y tenía 43 años de edad. Llevaba más de una década destinado en La Línea, donde había contraído matrimonio con Dolores Ojeda Carrillo, vecina de dicha localidad y natural de Ceuta. Al igual que el guardia 2º Navas había sido condecorado por su participación en el auxilio al ataque anarquista a la casa-cuartel de Casas Viejas.
Respecto al puesto de La Atunara, su plantilla aprobada era de un cabo, un guardia 1º y 5 guardias 2º. Su comandante de puesto era el cabo Calixto Sanz López, cuyas principales vicisitudes fueron ya citadas en un capitulo anterior.
Hasta la fecha sólo ha sido posible identificar y localizar, los expedientes de los siguientes componentes del puesto de La Atunara destinados en julio de 1936: guardias 2º de infantería Francisco Correro Ruiz, Francisco Rocha Lozano
El guardia 2º Correro era natural de San Roque y tenía 39 años de edad. No se tienen datos de su estado civil entonces ni de su fecha de incorporación al puesto si bien sí se sabe que fue con anterioridad a enero de 1936.
El guardia 2º Rocha era natural de Jimena de la Frontera y tenía 23 años de edad. Estaba soltero y se había incorporado al puesto de La Atunara el 11 de junio de 1936, poco más de un mes antes del inicio de la sublevación militar, procedente de la Comandancia de Navarra.
Respecto a los caballos, el animal más importante que tenía entonces la Guardia Civil para su empleo en el servicio, la plantilla en la Línea era de siete: uno de oficial, uno de suboficial y cinco de tropa, todos ellos en las cuadras de la casa-cuartel de la calle Jardines, pues la de La Atunara carecía de ellas. Hay que significar que en esa época no había todavía ningún vehículo a motor asignado a La Línea por lo que todos los servicios se hacían a pie o a caballo.
Destacar que hubo otro guardia 2º llamado Antonio Araujo Ruiz que estaba destinado en la Comandancia de Madrid pero al que el inicio de la sublevación militar le sorprendió en La Línea de la Concepción, con ocasión de un permiso urgente concedido por enfermedad grave de un familiar. Era natural de La Línea y tenía 36 años de edad. En cuanto tuvo conocimiento de lo sucedido se presentó inmediatamente en la casa-cuartel de la calle Jardines y se puso a las órdenes del comandante de puesto.