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lunes, 1 de septiembre de 2014

INFORME SECRETO. EL ARMAMENTO DEL EJÉRCITO ESPAÑOL ANTE LA 2ª GUERRA MUNDIAL (III). LA PRODUCCIÓN DE LAS FÁBRICAS MILITARES.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 273 correspondiente al mes de marzo de 2005, de la Revista "ARMAS", págs. 74-80. 
Los originales están ilustrados por doce fotografías en color y una en blanco y negro.


El 1 de enero de 1940, cuatro meses después de comenzada la 2ª Guerra Mundial, la Dirección General de Industria y Material del Ministerio del Ejército, elaboró un minucioso informe sobre la capacidad máxima de producción bélica de todas las fábricas militares españolas.
La industria castrense española tenía tradicionalmente por objeto dotar al Ejército del armamento y municiones necesarios en el cumplimiento de sus misiones. Para la construcción de ese material de artillería y campaña existían desde muy antiguo una serie de establecimientos industriales bajo jurisdicción militar cuya dirección corría a cargo del Cuerpo de Artillería si bien la mayor parte de los operarios eran civiles.

En el citado informe, ilustrado con numerosos diagramas artesanalmente dibujados y coloreados a mano, se detallaba cual era la capacidad máxima de producción de todos los centros castrenses por turnos de 8, 10 y 24 horas respectivamente, en función de los procesos de fabricación. Se trataba de un documento de gran interés que cruzado con el que se elaborase sobre consumos medios en periodo de campaña, delataría cual era la verdadera capacidad bélica de nuestro Ejército en caso de enfrentarse a un nuevo conflicto armado.

Los establecimientos dirigidos por mandos de Artillería en el año 1940 estaban dedicados a la fabricación de material de artillería, munición, cartuchería metálica, armamento portátil, artificios, pólvoras, explosivos y sustancias químicas. En todos los casos se trataban de centros que durante la Guerra Civil habían estado bajo control del bando nacional, desechándose al finalizar la contienda la posibilidad de continuar con la producción de las fábricas bélicas del bando republicano.

Las Fábricas de Artillería
  
En 1940 había en España dos centros industriales dedicados a la fabricación de piezas de artillería –obuses y cañones- y a la de producción de proyectiles de diferentes clases y calibres, que estaban ubicados en Trubia y en Sevilla. La primera remontaba sus comienzos al año 1795 cuando se ordenó establecer una fábrica asturiana de municiones de hierro colado mientras que la segunda había tenido su origen en el año 1565 con una fundición hispalense de cañones y piezas de bronce.

La Fábrica de Trubia, contando con las materias primas necesarias, tenía capacidad para producir tan sólo una batería de 155/13 y otra de 105/11 al mes, basándose en turnos de trabajo de 10 horas diarias durante 25 jornadas, lo cual era insuficiente para atender las necesidades de un conflicto bélico de dicha entidad.

La situación mejoraba algo, aunque no suficientemente, respecto a la capacidad de fabricación de granadas rompedoras de artillería de campaña, ya que se alcanzaba por cada turno de 10 horas de trabajo, la cantidad de 250 unidades para obús de 155/13 y otras tantas para el de 105, así como un millar de granadas para los cañones de 77/24 y 77/32. Simultáneamente se podían producir en idénticos turnos horarios un total de 750 vainas de cañón y 500 cascos cubrecabezas.

La producción de la Fábrica de Artillería de Sevilla no era mucho mejor respecto a su capacidad de fabricación de obuses pues sólo era capaz de sacar adelante una batería de 105/11 al mes en el mismo tipo de turnos que el centro asturiano. Tampoco alcanzaba el nivel de la de Trubia respecto a las granadas rompedoras ya que las cantidades se reducían a 50 unidades para obús 155/13 y 155/26, a 400 unidades para obús 100/17, 150 unidades para cañones de 105/11 y 105/22 así como 100 unidades para los cañones de 45 mm. que montaban los “tanques” de origen ruso que tenía de dotación el Ejército español, capturados al bando republicano tras la Guerra Civil.

Asimismo era capaz de fabricar en cada turno de 10 horas un total de 100 granadas de mortero de 50 mm. y la mitad en el caso del mortero de 81 mm. además de 1.500 granadas de mano tipo “Laffite”. Respecto a estas últimas valga la pena de resaltar anecdóticamente que el historiador y coronel de Artillería Enrique de la Vega Viguera en su obra “Sevilla y la Real Fundición de Cañones”, editada en 1992, cita que antes de la Guerra Civil la producción diaria de dicho tipo de granadas de mano en la fábrica hispalense era tan sólo de 200 diarias a cargo de 10 operarios, experimentando a partir de entonces un gran aumento tanto en fabricación como en personal laboral como consecuencia de las necesidades bélicas de campaña.

Las Fábricas de Armas

En materia de armamento portátil, España contaba con dos establecimientos industriales militares, ubicados respectivamente en la capital asturiana y en La Coruña. La primera, denominada Fábrica de Armas Portátiles de Oviedo -cuyos orígenes se remontaban al año 1794 cuando la Corona dispuso que la fabricación de fusiles, establecida en Plasencia, Eibar y Elgoibar se trasladase a Asturias- podía llegar a producir por cada turno de 8 horas un total de 5 ametralladoras pesadas “Hotchkiss” (modelo 1914 de 7 mm.), 15 fusiles ametralladores (en principio eran del modelo O.C. de 7 mm. que pronto fue sustituido por el F.A.O. basado en el modelo checo Z.B.O.) y 30 subfusiles (aunque no se cita el modelo concreto debía tratarse de la copia española del alemán Schmeisser MP-28 II, recamarada para el cartucho de 9 mm. largo ya que la versión española del germano Erma-Vollmer no empezó a ver la luz en la fabrica coruñesa hasta el año siguiente).

En la segunda, la Fábrica Nacional de La Coruña -creada a finales de 1936 por el bando nacional como consecuencia directa de las necesidades surgidas en la Guerra Civil con maquinaria y personal procedente de la de Oviedo, la cual permaneció cerrada hasta 1938 como consecuencia de los daños que sufrió durante su asedio- la capacidad de producción por cada turno de 8 horas era de 100 mosquetones máuser de 7 mm. y de 30 pistolas.

Respecto a esta últimas hay que pensar que debía de tratarse más bien de una previsión caso de que el proyecto de montar una cadena de producción de un nuevo modelo de pistola que estaba en experimentación saliera adelante. El tratadista Jesús E. Casariego en su obra “Las armas en España”, editada en 1984 como obra conmemorativa del XXV aniversario de la Empresa Nacional Santa Bárbara de Industrias Militares S.A. (1959-1984) cita que en 1941 se había iniciado el estudio y construcción de un lote experimental de 50 pistolas de 9 mm. largo “Nacional” que no llegó a desarrollarse en serie.

Dada la fecha del informe objeto principal de este artículo -1 de enero de 1940- hay que adelantar al menos la fecha del estudio del prototipo de esa pistola a finales de 1939. Hay que recordar que por aquel entonces el Ejército tenía desde 1921 como pistola reglamentaria el modelo 400 de 9 mm. largo de la casa Astra mientras que la Guardia Civil tenía adoptada oficialmente desde 1922 -aunque empezara a adquirirla dos años antes- el modelo militar Star de 9 mm. largo de la firma de Bonifacio Echeverría.

Si el Estado hubiera iniciado en 1940 la producción propia de armas cortas para dotar a sus fuerzas militares y policiales, bien seguro que hubiese supuesto un gravísimo quebranto a ambas empresas privadas vascas. La realidad es que la pistola coruñesa nunca llegó a ser fabricada en serie ni adoptada reglamentariamente.

Las Fábricas de Munición

En este apartado se detallaban en el informe las capacidades y productos bélicos de la Pirotecnia Militar de Sevilla y de las Fábricas Nacionales de Toledo y Palencia.

La primera -que tenía su antecedente histórico en el año 1827 cuando sus terrenos se destinaron a la creación de la Escuela Central de Pirotecnia, construyéndose ya en el bienio 1847-49 la fábrica de cápsulas de guerra para fusil de pistón y chimenea- estaba dedicada desde mediados del siglo XIX a la fabricación de todos los cartuchos reglamentarios para las armas portátiles y a la de todos los artificios que exigían las necesidades del Ejército.

En la Pirotecnia hispalense y en materia de cartuchería metálica se podían fabricar por cada turno de 8 horas hasta 500.000 cartuchos para fusil máuser y 10.000 de pistola además de 200 granadas de artillería de 120 mm. En materia de artificios las capacidades de producción en los turnos citados eran de 1.500 cebos de distintas clases; 1.750 espoletas I.R. del modelo 1939, de tiempos y para cañones de 20 mm. y 45 mm.; así como 1.450 estopines obturadores de los modelos 22, legionario y para los obuses de 105 y 155.

El establecimiento de Toledo había sido creado en el año 1780 por orden del rey Carlos III para la producción de armas blancas, instalándose en 1870 los talleres de fabricación de cartuchería metálica y en 1926 los de espoletas. Allí podía llegar a fabricarse por cada turno de 8 horas hasta 300.000 cartuchos máuser de 7 mm. así como 100 cuchillos-bayoneta, 250 estopines obturadores modelo 1922, un total de 700 para los obuses 105 y 115 así como 400 espoletas modelo Placencia.

En el centro de Palencia –construido por el bando nacional en el año 1937 con personal y maquinaria procedente de Toledo- la producción de munición máuser de 7’92 mm. por cada turno de 10 horas de trabajo se podía elevar hasta 500.000 cartuchos así como hasta 600 espoletas I.R. modelo 1939.

Las Fábricas de Pólvoras, Explosivos y Sustancias Químicas.

Los centros de producción militares de estas sustancias de alto interés y valor bélico se encontraban localizados en Murcia, Granada, Valladolid, La Marañosa y Cortes.

La Fábrica de Pólvoras de Murcia -cuyos orígenes históricos se remontaban a los tiempos del rey Felipe III ya que en su emplazamiento existió entonces un molino de pólvora- tenía una capacidad de producción en 24 horas de 2.000 kgs. de pólvora de nitrocelulosa, 1.200 kgs. de pólvora N.S.D. y 1.000 kgs. de pólvora negra. En el informe se hacía mención a que se estaban ampliando sus instalaciones para alcanzar una capacidad de hasta 6.000 kgs. del primer tipo de pólvora y hasta 3.000 kgs. del segundo.

La Fábrica de Pólvoras y Explosivos de Granada -cuyos antecedentes hay que buscarlos en los tiempos de dominación árabe pasando a titularidad de la Corona cuando la ciudad se rindió a los ejércitos de los Reyes Católicos- era capaz de producir en 24 horas, 2.000 kgs. de trilita, 1.500 kgs. de pólvoras, 1.000 kgs. de tetralita y 300 metros de mecha rápida.

La Fábrica Nacional de Explosivos de Valladolid, surgida durante la Guerra Civil, con sus instalaciones de nitrico y nitrato amónico, era capaz de producir en 24 horas hasta 30.000 kgs. de amonal.

Las fábricas madrileña de La Marañosa y navarra de Cortes –esta última creada por el bando nacional durante la Guerra Civil- estaban afectas al Servicio de Guerra Química y eran herederas de la denominada Fábrica Nacional de productos químicos “Alfonso XIII” de San Martín de la Vega creada en 1923. La capacidad de producción en 24 horas era de un total de 3.000 kgs. de iperita, 2.000 kgs. de fosgeno, 700 kgs. de cloroacetofenona  y 400 kgs. de arsinas

 (Continuará)

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