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domingo, 12 de agosto de 2018

UN PLANO DE CARABINEROS CON MUCHA HISTORIA DEL CAMPO DE GIBRALTAR


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", el 12 de agosto de 2018, págs. 16 y 17.

El original contiene tres fotografías en blanco y negro.

Fue levantado en 1862 por el teniente coronel de Ingenieros Luis de Negrón



Entre las diferentes actividades que se vienen realizando este año para conmemorar el CXL aniversario de la creación en 1878 de la Comandancia de Carabineros de Algeciras, antecesora histórica de la actual Comandancia de la Guardia Civil en nuestra Comarca, estuvo la presentación de un plano único en su clase. Se trata de una pieza cartográfica realmente excepcional.

El acto tuvo lugar el pasado 28 de mayo en la sede de la Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar y consistió en la entrega a dicha entidad y Ayuntamientos de Algeciras, La Línea de la Concepción, Los Barrios, San Roque y Tarifa, de los seis primeros ejemplares de una serie conmemorativa, numerada y limitada a 500, de la reproducción a tamaño original, de dicho plano.

Fechado en Sevilla el 30 de noviembre de 1862 fue levantado a mano con toda precisión topográfica por el entonces teniente coronel de Ingenieros del Ejército Luis Juárez de Negrón y Fernández de Córdova.

Se trata de un plano, tal y como reza la leyenda manuscrita que lo encabeza, “del litoral y una legua tierra adentro desde el Boquete de la Peña al NO de Tarifa en el Océano hasta Cerro alto, procsimo (sic) a Torre Nueva en el Mediterráneo”. Es decir, cubre prácticamente en longitud la totalidad de la costa del actual Campo de Gibraltar, unos 110 kilómetros aproximadamente y unos 5’5 km en profundidad.

Si bien en España se había adoptado el metro como unidad fundamental de longitud por la Ley de 19 de julio de 1849, aún quedaban más de treinta años para que fuera declarado obligatorio el uso del sistema métrico decimal. Concretamente lo sería por un real decreto de 14 de noviembre de 1879. Es por ello que la escala empleada en el plano era todavía la tradicional de “pie de Burgos”, denominado también “pie castellano”. Una legua equivalía a 20.000 “pies castellanos”, o lo que es lo mismo, 5.572 metros.

El plano original, de un metro cuadrado aproximadamente y que se conserva en perfecto estado, no se confeccionó para ubicar las posiciones y destacamentos del Ejército español que guarnecían el entorno de la disputada colonia británica.

Lo fue para situar el despliegue costero en primera línea de los puestos del Cuerpo de Carabineros del Reino, pertenecientes entonces a la Comandancia de Cádiz que mandaba el teniente coronel Ramón Macías Ordines. Faltaban todavía tres lustros para que se creara la de Algeciras.

En total se sitúan en el plano veinte pequeños acuartelamientos de Carabineros, cuya principal misión era la prevención y represión del contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar: Boquete de la Peña, Los Lances, La Caleta, Oliveros, Guadalmesi, Tolmo, Cañada del Peral, Getares, San García, Las Barcas, Ojo del Muelle, Paredones, El Rinconcillo, Palmones, Guadarranque, Punta Mala, San Felipe, Santa Bárbara, La Tunara y Torre Nueva. Todos ellos, junto otros que se crearon posteriormente, fueron asumidos por la Guardia Civil tras la absorción producida por la Ley de 15 de marzo de 1940. De condiciones muy precarias, casi infrahumanas, sólo permanece hoy día en uso, reformado y ampliado, el de San García.

También reviste gran trascendencia la visión sobre el plano, de las dimensiones que tenían entonces los distintos núcleos urbanos del Campo de Gibraltar, bien diferentes de los actuales, así como las vías de comunicación terrestre que las unían y la toponimia de la Comarca que igualmente ha sufrido algunos cambios. 

Sirva como ejemplo que nuestra actual denominación de “Bahía de Algeciras” figura en el plano como “Bahía de Gibraltar”. Razones de estado para potenciar la proyección marítima internacional de nuestra ciudad motivaron que España lo modificara.

Una de las advertencias manuscritas sobre el plano informa que “por no hacer confuso, se han omitido en dibujo las curvas de nivel, poniendo solo las precisas para dará conocer las sierras, estribos, puertos, etc.”

Realmente se trata de un plano extraordinario y que debió ser objeto de un encargo muy especial pues al dorso del original existe una anotación manuscrita que dice que no es propiedad de “Capitanía General”.

Al contrario de otra planimetria de la época, no era de los confeccionados por la “Brigada Topográfica”, unidad de Ingenieros del Ejército dedicada al “levantamiento de los planos de las plazas, de las fronteras y costas”, para su posterior impresión, difusión y uso militar.

Ello no era habitual y la solicitud de su confección debió partir posiblemente de un mando de Carabineros de la zona. Dicho plano fue entregado al autor de este artículo hace una década, junto a otra planimetría de dicho Cuerpo correspondiente a otras partes del territorio nacional, por Bruno Navarro, de larga tradición familiar militar y con antepasados carabineros, que se había conservado de generación en generación.

El valor de una pieza histórica cartográfica reside en buena parte en su autor, cuya calificación técnica y prestigio profesional avalan la calidad, la veracidad y la precisión de la información que contiene. En este caso además se trata no de una mera copia sino de un original único, firmado y datado por quien lo ha levantado. Es decir, una joya en su ámbito.

Luis de Negrón, responsable entonces del “Detalle” de la Comandancia de Ingenieros de Sevilla, es autor de muy variada planimetría. Por ejemplo, se conserva en el Instituto de Historia y Cultura Militar otro plano suyo, firmado el 21 de abril de 1863, relativo a la antigua Maestranza de Artillería de Sevilla. 

Referente al Campo de Gibraltar otra firma suya puede verse en el museo hispalense de la Región Militar Sur, dando el visto bueno a un plano de San Roque y sus inmediaciones. Fue levantado en 1858 por el celador Alejandro de Montemayor, al objeto de fijar la situación de los edificios que se proponían para el acuartelamiento de tropas.

Según consta en su hoja de servicios, que se conserva en el Archivo General Militar de Segovia, nació el 15 de agosto de 1817 en la localidad sevillana de Estepa y pertenecía a una familia de noble linaje y tradición militar. Sus padres eran Luis Juárez de Negrón Montiel, capitán de Artillería, y Presentación Fernández de Córdova Rodas.

Al igual que seis de sus hermanos, eligió la carrera de las armassi bien Ramón, Rafael, José y Joaquín eran de Artillería mientras que Francisco era de Infantería y Enrique de Caballería. El4 de agosto de 1835, con casi 18 años de edad, ingresó en la Academia especial del Cuerpo de Ingenieros” ubicada en el palacio de Montes Claros en Guadalajara, antigua Real Fábrica de Paños, reconvertida hoy día en archivo general militar.

El 21 de agosto de 1837 fue nombrado subteniente alumno. Al año siguiente, el 11 de diciembre, en plena Primera Guerra Carlista (1833-1840) fue promovido al empleo de teniente y destinado a la 2ª Compañía del Primer Batallón del Regimiento de Ingenieros del Ejército de Operaciones en Cataluña, donde recibió su verdadero bautismo de fuego. 

A principios de 1839 se incorporó al Estado Mayor de la División que estaba encargada de proteger los distritos de Vich y Olot, encomendándosele las comisiones de fortificación en las localidades barcelonesas de Manlleu y Roda de Ter, así como de realizar las construcciones necesarias para el paso de ríos y grandes arroyos por las tropas. 

Continuó realizando obras de fortificación por Igualada, Manresa, Sallent de Llobregat y Calders. Participó en las operaciones de Solsona y muy singularmente en la “sangrienta lucha” que tuvo lugar en el pequeño pueblo de Peracamps entre el 24 y 28 de abril. Su compañía que marchó a la cabeza junto al Regimiento de Saboya tuvo un tercio de bajas en combate, entre muertos y heridos. Por su comportamiento “fue premiado sobre el campo de batalla” con el grado de capitán de Infantería.

A mediados de 1841 su compañía pasó a formar parte de la guarnición de Madrid y cuando el 22 de diciembre fue ascendido a capitán se quedó al frente de aquella.

El 16 de marzo del año siguiente fue destinado a la Dirección de la Subinspección de Ingenieros en Aragón donde estuvo sólo 6 meses ya que pasó a continuar sus servicios en las obrasurgentes que hubo que acometeren la Ciudadela de Barcelona,“que en un momento de efervescencia popular había sufrido un gran deterioro”.

Durante ese periodo fue nombrado ayudante del comandante general de Ingenieros del Ejército de Cataluña, obteniendo por su meritorio comportamiento en las operaciones militares sobre Barcelona el grado de primer comandante de Infantería y el empleo de segundo comandante de Ingenieros.  

El 8 de agosto de 1843 lo destinaron a la Dirección de la Subinspeccion de Castilla la Nueva, donde se hizo cargo de su secretaría en Madrid y donde permaneció más de una década, salvo un par de años al frente de la Comandancia de Ingenieros de Segovia. En 1854, ya como primer comandante, pasó destinado a la Subinspección de Andalucía y Comandancia de Sevilla y un año más tarde le confirieron el mando del batallón de Ingenieros de guarnición en Melilla.

Allí participó en diversas acciones militares “contra los moros fronterizos”, destacando sobresalientemente por su valor en la acción ocurrida el 13 de julio de 1855, siéndole concedida la cruz de San Fernando de 1ª clase. 

Mención especial merece en esa época su participación en el reconocimiento del campo de Melilla junto al también comandante Juan Sánchez Sandino y el capitán de Estado Mayor Jacinto Hernández de Ariza bajo la dirección del brigadier subinspector de Ingenieros José Aparici.

Negrón está considerado como uno de los autores del croquis levantado para ilustrar el parte que dio el general Juan Prim (entonces capitán general de Granada y futuro presidente del gobierno asesinado en Madrid el 30 de diciembre de 1870) sobre las acciones de guerra del 25 y 26 de noviembre de 1855 en el campo fronterizo. Se causaron numerosas bajas al enemigo pero las tropas españolas sufrieron 1 jefe, 3 oficiales y 12 soldados muertos así como 6 oficiales y 59 soldados heridos. 

Dicho croquis sirvió de base para el levantamiento de un interesantísimo plano del campo de Melilla que puede consultarse en el libro “Cartografía histórica de Melilla” del historiador Antonio Bravo Nieto.

Con antigüedad de 19 de septiembre de 1856 fue ascendido a teniente coronel y nombrado jefe de la Comandancia de Ingenieros del Campo de Gibraltar, con residencia en Algeciras, donde tras permaneció casi dos años, haciéndose cargo, entre otras obras de importancia, de las fortificaciones y defensas artilleras de la isla de Tarifa.

Posteriormente lo designaron para estar al frente de la Comandancia de Ingenieros de Ceuta y ya en 1860, para el mando de la de Sevilla.

Al iniciarse la Guerra de África pasó a formar parte del Ejército expedicionario de Operaciones, finalizando la campaña como jefe de Ingenieros del Cuerpo de Ocupación de Tetuán en 1861.

El 2 de junio de 1862 fue destinado nuevamente a Sevilla como jefe de la Comandancia de Ingenieros, siendo en ese periodo cuando realiza el plano que nos ocupa.

Ascendido con antigüedad de 22 de agosto de 1863 al empleo de coronel, se hizo cargo de la Dirección de la Subinspeccion de Ingenieros en Andalucía, con residencia en Sevilla, en donde permaneció hasta su retiro por razones de salud, el 2 de febrero de 1868, con 50 años de edad.

A lo largo de su vida militar le fueron concedidas la cruz de distinción por la Batalla de Peracamps (1840), la cruz de caballero de la Real Orden Americana de Isabel la Católica (1852), la cruz de San Fernando de 1ª clase (1855), la cruz de la real y militar orden de San Hermenegildo (1858), la cruz de comendador de la real y distinguida orden de Carlos III (1864) y la cruz de la Orden Civil de la Beneficiencia (1865), esta última por su labor humanitaria en una epidemia de cólera que se padeció en Sevilla.


Casado con Josefa Valdés Alfonso, continuó viviendo en la capital hispalense hasta su fallecimiento, "después de penosa enfermedad”, según publicó “El Día” en su edición del 4 de marzo de 1897. 

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