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miércoles, 18 de marzo de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (VI). LOS INFORMES DEL PRIMER CAPITÁN PEDRO DE VARGAS RUIZ (1850).

CLXXV Aniversario Cartilla Guardia Civil (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 28, el 16 de marzo de 2020.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.

El gobernador civil de la provincia de Cádiz, Basilio de Peñalver, había ordenado el 4 de enero de 1850 al alcalde de San Roque, Narciso Montesinos Molina, la instrucción de un expediente para la formación de presupuesto de gasto para la construcción de un cuartel de la Guardia Civil, dada la precaria situación de la fuerza allí destinada.
La idea inicial era aprovechar un edificio de propiedad municipal que no tenía uso alguno y que se encontraba a espaldas de la cárcel pública, la cual estaba ubicada en el antiguo convento de San Francisco. 
El presupuesto para dicha remodelación alcanzaba los 15.063 reales de vellón. El siguiente paso fue dar conocimiento de ello a la corporación municipal, lo cual se hizo en el cabildo celebrado el 2 de febrero siguiente. 
En dicha reunión se acordó el nombramiento de una comisión integrada por el “Caballero Regidor” Andrés Vázquez Gutiérrez y el “Síndico” Miguel Ventura, “para que informen al Ayuntamiento cuanto se les ofrezca, parezca y juzguen conveniente acerca de lo que consta del expresado expediente”.
Cuatro días más tarde ambos presentaron un breve informe contrario a que se habilitara el edificio municipal propuesto como acuartelamiento de la Benemérita. Fundamentalmente alegaron que las dieciséis cuadras para los caballos que se pretendían construir en su interior serían muy estrechas por falta de espacio. Muy posiblemente la razón real fuera otra al tenerse seguramente previsto con anterioridad el uso del citado inmueble para otro fin no especificado.
En cambio, ofrecían como alternativa que se construyera un nuevo cuartel al otro lado de la cárcel. Concretamente en un terreno que pertenecía también al extinguido convento, donde se encontraba un callejón cuya salida daba directamente al campo. Exponían además que la presencia del cuartel de la Guardia Civil en ese preciso lugar reforzaría la seguridad del centro penitenciario frente a ese desploblado y contaría además con unas cuadras más desahogadas en espacio. Por el contrario no se abordaba el coste que ello supondría, mucho más elevado que el presupuesto de remodelación presentado ni quien se haría cargo de su abono.
Si bien el pleno de la corporación dio su conformidad a dicho informe, el secretario del ayuntamiento, José Infante Herrera, hizo constar en acta que el alcalde no estaba deacuerdo y que por lo tanto se reservaba informar al gobernador de la provincia de “cuanto le pareciera conveniente”.
No obstante lo anterior, el alcalde de San Roque, y sin perjuicio de su disconformidad con las conclusiones del mentado informe, lo elevó al gobernador civil junto al expediente instruido.
Éste se lo remitió el 4 de marzo de 1850 al máximo responsable de la Benemérita en la provincia gaditana, el primer capitán de la Guardia Civil Pedro de Vargas Ruiz, que había alcanzado por méritos de guerra el grado de coronel de Infantería.
Nacido el 15 de febrero de 1810 en el seno de una distinguida familia de Cartagena, le había sido conferido el empleo de alférez de Dragones de América cuando contaba tan sólo siete años de edad, prestando servicio activo a partir de que cumplió los doce. Tras numerosas vicisitudes a lo largo de su vida militar donde se destacó por su valor en la Primera Guerra Carlista, participando en numerosos combates, donde además de ascensos por méritos de campaña, se le concedió la Cruz de la Orden de San Fernando de 1ª clase, ingresó en la Guardia Civil como primer capitán el 1º de octubre de 1845. Meses después sustituyó al de igual empleo, José María de Cisneros Lanuza, al frente de la provincia gaditana.
Fallecido en Valladolid, víctima de una terrible enfermedad a la temprana edad de 45 años de edad, cuando se encontraba siendo teniente coronel al frente del 8º Tercio, se publicó en “El Mentor del Guardia Civil” correspondiente al 16 de octubre de 1855, una necrológica en la que se relataba que su mando en Cádiz lo “desempeñó con un tino, una circunspección, una prudencia y una energía propias de las distinguidas dotes que en él concurrían”.
A Pedro de Vargas, como jefe de la Benemérita gaditana, le vastó un solo día para contestar al jefe superior político, Basilio de Peñalver, con un minucioso y motivado informe en el que con toda rotundidad manifestaba, entre otras cuestiones “que no me parecen atendibles las razones expuestas por la Comisión del Ilustrísimo Ayuntamiento de San Roque”, así como que a su parecer era imposible que se pudiera construir un cuartel de nueva planta con el importe de los 15.063 reales presupuestados.
No obstante, y a pesar de lo expuesto, como consecuencia de nueva reiteración del gobernador civil en busca de una solución al conflicto de pareceres, no con el alcalde de San Roque, sino con el informe de la comisión de su corporación, tuvo que emitir Pedro de Vargas el 27 de julio de 1850 un nuevo y más contundente informe, si bien esta vez con el respaldo de su inspector general, el duque de Ahumada, Francisco Javier Girón Ezpeleta. De todo ello remitiría también copia tres días después al primer edil de la ciudad.
Dicho informe comenzaba exponiendo que, “siendo la obra proyectada en la Ciudad de San Roque para Casa Cuartel de la Guardia Civil, de utilidad reconocida a sus propios y a la seguridad de la Cárcel, y habiéndose seguido con este motivo un voluminoso expediente del que resulta que no hay otro local ni bueno ni malo para el objeto citado, …”.
Y concluía, comunicándole que, “no pudiendo menos de observarle, la conveniencia de que la obra propuesta en las habitaciones en alberca a espaldas de la cárcel se lleve a efecto, haciendo abstracción de que sea objeto para Cuartel de este Cuerpo, y sí con el fin de hacer productiva una finca que no lo es”.
En definitiva y en resumen lo que la Guardia Civil quería y necesitaba era que el ayuntamiento cuanto antes procediera al arreglo presupuestado del edificio mencionado para su adaptarlo a su uso como acuartelamiento, aún a sabiendas de que en modo alguno era el inmueble más idóneo para ello. Lo importante y lo priritario era contar lo antes posible con ello, habida cuenta la precaria situación en que se encontraban los guardias civiles y sus equinos destinados en San Roque.
La resolución final de dicho expediente se desconoce ya que faltan documentos que según una nota manuscrita fechada el 29 de noviembre de 1939, ya finalizada la Guerra Civil, se hacía constar que se habían perdido por el ataque de la polilla. La anotación final, conjunta y válida para otros expedientes, es concluyente: “No se pudo salvar nada”.
Con independencia de lo anterior, visto lo acaecido sobre el grave problema existente en dotar de casas cuarteles a la Guardia Civil, donde San Roque era un ejemplo más, no es de extrañar que se dispusiera por real decreto de 2 de agosto de 1852, que el ministerio de Gobernación se hiciera cargo presupuestario de su construcción o alquiler, si bien, como tantas otras cosas tampoco se cumplió.


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