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viernes, 16 de enero de 2026

COMANDANTE DE ARTILLERÍA RAFAEL FERNÁNDEZ-HERMOSA MELCHOR: ASESOR TÉCNICO DE ARMAMENTO DE LA GUARDIA CIVIL (1935-1936). (1ª parte).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Revista "ARMAS INTERNACIONAL", nº 66, correspondiente al mes de Marzo de 2018, págs. 58-65.

El original está ilustrado por 17 fotografías en color y 11 fotografías en blanco y negro.



La historia del armamento del benemérito Instituto de la Guardia Civil tiene pendiente dedicar una página a este brillantejefe de Artillería que contribuyó a modernizar su armamento.

Cuando hace ya más de tres lustros elaboré, junto al director de esta Revista, Luis Pérez de León, la monografía "El Armamento de la Guardia Civil (1844-2002)", dicho comandante fue protagonista en varias de sus 130 páginas. Concretamente en las dedicadas al armamento portátil adoptado tras los sangrientos sucesos revolucionarios de octubre de 1934.

Razones de estructura y contenido de aquel "Especial", presentado el 24 de octubre de 2002 en Madrid por el entonces director general, Santiago López Valdivielso, imposibilitaron profundizar en este personaje. Ahora ha llegado el momento.

Historial militar.

Nació el 19 de octubre de 1891 en Madrid. Hijo de Joaquín Fernández-Hermosa Martínez, contador de 1ª clase del Tribunal de Cuentas del Reino, y de María Melchor Calzada. Su abuelo Federico Melchor Lamanette había sido presidente de la Audiencia Provincial de Madrid y posteriormente magistrado del Tribunal Supremo. 

Tuvo dos hermanas, Amalia, que falleció joven, y María Teresa, que contrajo matrimonio en abril de 1908 con el teniente de Artillería Luis García San Miguel Tomé. El ejemplo de su cuñado le animó a elegir la carrera militar y así, tras aprobar los correspondientes exámenes, ingresó el 1º de septiembre del año siguiente, en la 201ª Promoción de la Academia de Artillería en Segovia. 

Tras prestar el día 17 de octubre "juramento de fidelidad a las Banderas", cursó con sobresaliente aprovechamiento los cinco años de estudios militares, siendo promovido por real orden de 24 de junio de 1914 al empleo de primer teniente. De los 69 nuevos oficiales obtuvo el puesto 17. En aquella época obtenían además el título de ingeniero industrial.

Destinado al 7º Regimiento Montado de Artillería, de guarnición en Zaragoza, apenas estuvo siete meses ya que en enero de 1915 fue trasladado al cuadro de eventualidades de Melilla y pocos días después pasó agregado a su Comandancia de Artillería.

Poco después fue destinado al Regimiento de Artillería de Montaña de Melilla, siendo encuadrado en la 9ª Batería. Con ella participó durante los dos años siguientes en numerosas acciones de guerra formando parte de diferentes columnas de operaciones.

Destinado al 2º Regimiento de Artillería de Montaña, de guarnición en Vitoria (Álava), no llegó a incorporarse al ser trasladado en abril de 1917, al 2º Regimiento Montado de Artillería de Campaña ubicado en Madrid. En agosto pasó a denominarse Primer Regimiento de Artillería Ligera de Campaña.

Apenas llevaba un año cuando fue agregado a la 1ª Sección (Artillería de plaza, sitio y campaña) de la Escuela Central de Tiro del Ejército en Madrid. Permaneció hasta su ascenso a capitán, por real orden circular de 5 de noviembre de 1918, siendo destinado al 15º Regimiento de Artillería Ligera de Campaña, en Pontevedra.

En ese periodo tuvo su primer contacto con el armamento de la Guardia Civil. Fue designado para acompañar en junio de 1919, al coronel Conrado Loeches González, jefe del 10º Tercio (León), en la revista de armas a sus tres Comandancias (Oviedo, León y Palencia).

Renombrada su unidad como 15º Regimiento de Artillería Ligera, se concedió en enero de 1921 un premio de “Escuelas prácticas” a su batería, efectuadas en Carabanchel y Pinto. Asimismo, en junio se le otorgó el tercer premio por la memoria presentada en la 2ª Sección (Artillería de Costa) en Cádiz de la Escuela Central de Tiro, con ocasión de un curso de tiro contra draga-minas.

Tras el llamado "Desastre de Annual", en el que más de siete mil soldados españoles fueron masacrados en julio de 1921 por las cabilas rebeldes lideradas por el rifeño Abd el-Krim, se procedió al envío de numerosos refuerzos desde la Península

Su regimiento marchó el 12 de agosto en ferrocarril hasta Cartagena y embarcó para Melilla en el vapor "Claudio López" de la Compañía Trasatlántica, transformándose al llegar en parque móvil de Artillería.

Durante los ocho meses siguientes asistió con su batería a la protección de numerosas columnas de operaciones, algunas de ellas mandados por generales que años después alcanzarían gran protagonismo, como Dámaso Berenguer Fusté, José Sanjurjo Sacanell y Miguel Cabanellas Ferrer. Todo ello alternado con el mando de convoyes de abastecimiento de municiones a las posiciones.

A finales de mayo de 1922 fue destinado al Regimiento de Artillería a Caballo, de guarnición en Carabanchel, haciéndose cargo del mando y administración de la 4ª Batería. A mediados de septiembre regresó voluntario a Melilla formando parte del grupo expedicionario.

Allí se hizo cargo al mes siguiente de la 2ª Batería, permaneciendo en campaña hasta octubre de 1923. Participó en numerosas acciones de fuego artillero contra el enemigo, encuadrado en diferentes columnas de operaciones.

A su regreso a Carabanchel se hizo cargo del mando y administración de la 3ª Batería y poco después fue nombrado ayudante del coronel Pedro Torrado Atocha, jefe del regimiento. 

Casi un año después, por real orden circular de 30 de septiembre de 1924, le dieron "las gracias a este oficial por su cooperación en la realización de los diferentes ejercicios de tiro verificados en el Campamento de Carabanchel durante el curso de instrucción, por el celo e inteligencia y laboriosidad demostrados en el desempeño de sus cometidos”.

Tres semanas más tarde, el 24 de octubre, contrajo matrimonio con María López-Acebal de Albacete en la iglesia de La Concepción del madrileño barrio de Salamanca. Era hija del ilustre escritor asturiano Francisco López Acebal y de María de Albacete Gil y Zárate, perteneciente a una distinguida familia de Madrid.

En junio de 1925 fue comisionado durante seis meses al “Taller de Precisión, Laboratorio y Centro Electrotécnico de Artillería”, ubicado en Madrid, para capacitarse en las industrias militares de armamento, reincorporándose posteriormente a su regimiento.

Hasta entonces le habían sido concedidas la medalla de plata conmemorativa del Centenario de los Sitios de Gerona (1910), la cruz de Isabel la Católica (1913), la medalla militar de Marruecos con pasador Melilla (1917), la medalla conmemorativa del Homenaje a SS.MM. Los Reyes (1925) y tres cruces del mérito militar con distintivo rojo (1916, 1925 y 1926).

Mientras tanto la relación entre el Arma de Artillería y el presidente del gobierno, teniente general Miguel Primo de Rivera Orbaneja, se había ido deteriorando como consecuencia de negarse reiteradamente todos los oficiales procedentes de la Academia de Segovia a aceptar los ascensos por méritos de guerra. 

La situación llegó a tal extremo que por real decreto de 5 de septiembre de 1926 se procedió a suspender de empleo, fuero, atribuciones, uso de uniforme y sueldo a todos los jefes y oficiales de la escala activa del Arma de Artillería, con destino o residencia, aunque fuera eventual, en la Península, islas Baleares y Canarias, quedando sólo exentos de ello los de las guarniciones de Marruecos al estar en campaña.

Por lo tanto fue suspendido de empleo y sueldo, situación que la que permaneció hasta que por real decreto de 9 de diciembre siguiente se alzó dicha medida. 

Cuatro días después fue destinado al Colegio de Santa Bárbara y San Fernando, sito en Carabanchel, para dar clases de química, economía, política, derecho penal, derecho administrativo y derecho mercantil. Se trataba de un centro escolar para huérfanos de ambos sexos, de generales, jefes y oficiales de Artillería e Ingenieros.

Allí permaneció impartiendo clases como profesor, cambiando a las de álgebra de preparación militar así como física y química de bachillerato, hasta que fue cesado en aplicación del real decreto de 19 de febrero de 1929. Fue dictado tras una frustrada sublevación militar, en la que sólo se había rebelado el Primer Regimiento de Artillería Ligera, en Ciudad Real.

Se dispuso que mientras no fueran de nuevo reintegrados al Ejército, todos los jefes y oficiales de la Escala activa del Arma de Artillería serían considerados provisionalmente paisanos, sin derecho a sueldo alguno, al uso del uniforme ni carnet militar, excepto el personal en Marruecos, Baleares, Canarias, así como los agregados militares y quienes estuviesen comisionados en el extranjero.

Para reingresar tenían que prestar “juramento de fidelidad y lealtad inquebrantable y sin reserva, por su fe y por su honor, a la Patria, representada por la Bandera, al Rey y al Gobierno constituido y de un modo concreto y categórico al actual, contra el que se ha procedido sediciosamente”.

Concedido el reingreso mes y medio después, continuó dos años más como profesor de las asignaturas citadas. En sus notas de conceptuación del año 1930, se reconoce que tiene el valor acreditado y “Mucha” aplicación, capacidad y puntualidad en el servicio, así como en instrucción de ordenanzas, procedimientos militares, detall y contabilidad, teoría de tiro, prácticas de tiro y arte militar, amén de poseer el francés y traducir el inglés.

Pero además de ello, su director, el coronel de Artillería Eliseo Lóriga Parra, anotó de su puño y letra: “Es muy celoso en el cumplimiento del deber. Cuantas comisiones se le encomienda las desempeña con celo e inteligencia digna del mayor encomio”.

La proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, le sorprendió todavía como profesor. Diez días después firmó la promesa de fidelidad al nuevo régimen, requisito obligatorio para continuar en activo en el Ejército. De hecho, su cuñado, que era comandante desde 1924 y se encontraba en situación de disponible al ser inspector de servicios de la Asamblea Suprema de Cruz Roja Española, pasó a la situación de retirado por negarse a ello.

En agosto fue destinado a la Comisión de Movilización de Industrias Civiles de la 1ª División Orgánica (Madrid), dependiente del Estado Mayor Central, realizando de octubre a noviembre el curso de ascenso, en el que alcanzó una alta conceptuación.

Promovido el 7 de marzo de 1932 a comandante fue destinado al Regimiento de Artillería Ligera nº 8, de guarnición en Mataró, haciéndose cargo del mando del Primer Grupo, y un mes después, al Regimiento de Artillería Ligera nº 7, en Barcelona, pasando a ejercer la jefatura del 2º Grupo.

Su coronel, José Llanos Quintilla, pronto se dio cuenta de su alta capacidad y cualificación, realizando la siguiente anotación en la conceptuación de ese año: “Este Jefe es apto para todos los destinos de su empleo, y ha demostrado mucha inteligencia, entusiasmo y celo en el desempeño de sus cargos.”

El 13 de julio de 1934, estando todavía destinado en Barcelona, se produjo el fallecimiento de su esposa en Madrid, lo cual supuso uno de los trances más duros de su vida.

Asesor de armamento de la Guardia Civil.

No se vuelve a tener más constancia de sus vicisitudes hasta después de los sucesos revolucionarios de octubre de 1934. España acababa de sufrir los días más violentos y sangrientos que había conocido dentro de sus fronteras en lo que llevaba del siglo XX.

La entrada de varios ministros de derechas en el gobierno de la República provocó que los socialistas y otros sectores de la izquierda más radical proclamaran y apoyaran la convocatoria de una huelga general en todo el país que inmediatamente degeneró en revolucionaria.

El 6 de octubre, mientras la violencia prendía su mecha más sangrienta en diversos puntos de la geografía peninsular y sobretodo en Asturias, el presidente de la Generalidad de Cataluña proclamaba la independencia de la región.

El gobierno de la nación declaró el estado de guerra y el Ejército fue enviado para restablecer un orden que había sido subvertido y atacado con las armas por los revolucionarios. Tras duros y sangrientos enfrentamientos que se saldaron con más de un millar de muertos y más del triple de heridos, se volvió a restablecer el orden y la ley.

La Guardia Civil fue la institución que más sufrió la violencia revolucionaria al estar diseminada en casas-cuarteles, cobrándose la vida de 111 guardias civiles y 182 heridos. El armamento que tenían de dotación reglamentaria era básicamente la pistola Star de 9 mm. largo y el Mauser de 7 mm. en versión fusil (modelo 1893) y carabina (modelo 1916). 

La sangría producida convenció al Ministerio de la Gobernación de la necesidad de dotar a la Benemérita de más efectivos y de mejores medios de todo tipo, entre los que se encontraba un armamento portátil más moderno y eficaz. Se trataba de una necesidad que venía siendo demandada desde sus filas. 

La reacción fue inmediata y el 13 de octubre, cuando todavía no se había extinguido el fuego revolucionario, el coronel José Aranguren Roldán, jefe del Primer Tercio (Madrid), nombrado presidente de la Comisión de Armamentos de la Inspección General de la Guardia Civil, convocó a las “casas productoras” para que remitieran “un arma de cada clase dispuesta para sufrir las pruebas de experimentación”. 

Tal y como decía el anuncio, se necesitaba “conocer y experimentar los últimos modelos de pistolas de carga automática y de fuego ametrallador”, estableciendo como condición obligatoria que “lo mismo la pistola automática que la ametralladora deberán disparar el cartucho reglamentario de nueve milímetros largo, y las últimas, las ametralladoras, tendrán dispositivo para pasar de fuego ametrallador a fuego tiro a tiro”.

La convocatoria terminaba asegurando que si el resultado de las experiencias así lo aconseja, se solicitará de la superioridad la adquisición de un lote para experiencias de conjunto y proceder en su día a declaración de arma reglamentaria.

A partir del mes de noviembre se efectuaron toda clase de pruebas con las armas que se presentaron, siendo finalmente seleccionadas, tras un duro proceso, la pistola ametralladora marca Astra modelo F, de Unceta y Cía, así como los subfusiles marca Star modelo RU-35, de Bonifacio Echeverría S.A., y marca Schmeisser, modelo MP 28-II, de origen alemán pero realmente fabricados bajo licencia en la fábrica belga “Anciens Etablissements Pieper” de Herstal, por restricciones derivadas del Tratado de Versalles. 

Si bien no ha quedado desgraciadamente constancia en los archivos del benemérito Instituto, de documentación oficial relativa al proceso de evaluación y selección de dicho armamento, si se tiene conocimiento de ello gracias precisamente a nuestro protagonista.

En el núm. 310 de la “Revista Técnica de la Guardia Civil”, correspondiente al mes de diciembre de 1935, publicó un interesante y extenso artículo, fechado el 31 de octubre, donde se daba cuenta detallada de todo ello.

En él, aprovechó también para dejar constancia de su admiración y afecto por la Guardia Civil, concluyendo: “A que el armamento corresponda a tan altos valores morales, tienden los esfuerzos de todos sus Jefes, y en la corta esfera en que se desenvuelve mi modesto trabajo, pongo mi mejor voluntad y el cariño que hacia el benemérito Instituto tengo que sentir como militar y como español.”

Y la razón de escribir dicho artículo fue porque después de cesar en su destino en Barcelona y regresar a Madrid, donde había quedado en situación de disponible en la 1ª División Orgánica, fue uno de los jefes de Artillería destinados a la Guardia Civil como asesores técnicos de armamento, para evaluar y adquirir dichas armas.

En su caso, fue nombrado inspector técnico de la Inspección General de la Guardia Civil, quedando adscrito al Negociado 3º de su Secretaría Militar. Otros comandantes de Artillería que también fueron destinados como asesores técnicos, si bien a las Zonas, fueron Jesús Álvarez Rodríguez-Villamil, Juan Anguita Vega e Ignacio Gomá Orduña.

Hay que tener presente que todavía quedaban varios años para que se creara el Cuerpo Técnico del Ejército (Ley de 27 de septiembre de 1940) con sus dos ramas, la de Armamento y Material, y la de Construcción y Electricidad. Hasta entonces los oficiales de Artillería asumían lo primero y los de Ingenieros lo segundo.

El más destacado de aquellos jefes de Artillería, tanto por sus responsabilidades como por sus cometidos, fue precisamente Fernández-Hermosa, autor de los primeros manuales de instrucciones sobre el nuevo armamento adoptado. Sobresalió entre ellos, por su minuciosidad e ilustraciones, el redactado a principios de 1936, titulado La pistola ametralladora marca Astra, modelo F, para cartucho largo, de 9 mm., reglamentario en España. Fue editado por el Taller-Escuela de Artes Gráficas de Huérfanos de la Guardia Civil y distribuido entre las diferentes unidades adjudicatarias de las mismas.

El comandante Fernández-Hermosa apostó también en su artículo sobre el armamento necesario para la Benemérita, por el fusil ametrallador Trapote, de 7 mm., diseñado por el teniente coronel de Artillería Andrés Trapote Legerén, así como por las granadas de mano Lafitte modelo 1921.

(Continuará).


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