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Excelentísimo Señor Director de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, excelentísimas e ilustrísimas autoridades, civiles y militares, ilustrísimos representantes del Cuerpo Diplomático, excelentísimas e ilustrísimas señoras y señores académicos, representantes en España de la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú, señoras y señores:
En primer lugar, deseo expresar mi más sincero agradecimiento a la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, por promoverme en su seno como Académico de Número, lo cual constituye para mí, un inmenso honor.
De manera muy destacada quiero también expresar mi más sincera gratitud y reconocimiento a los tres Académicos de Número que propusieron mi candidatura: el Excmo. Sr. D. Agustín Rosety Fernández de Castro, el Ilmo. Sr. D. José María García León y el Ilmo. Sr. D. Antonio Pazos García, así como a toda la Junta de Gobierno de esta Corporación que posteriormente lo aprobó por unanimidad.
Seguidamente debo mencionar expresamente, ya que paso a ocupar el sillón H de esta Real Academia, a su anterior titular, la Ilma. Sra. Dña. María Matute Corona, Doctora en Historia por la Universidad de Cádiz, que ingresó como Académica de Número en el Curso 2020-2021, pronunciando su brillante discurso “Cádiz en la vida y obra de Alejandro Malaspina”. Me enorgullece, además, no sólo coincidir en la titulación del Doctorado de Historia, sino su origen de San Fernando, denominado hasta el año 1813 como Villa de la Real Isla de León, ya que mi padre y muchos de mis ascendientes eran también de allí.
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El 15 de diciembre de 2021 tuve el honor de pronunciar el discurso de ingreso como Académico Correspondiente, que tenía por título “El predicamento de la Cartilla del Guardia Civil en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de los países hispanoamericanos”, presentado por el Ilmo. Sr. José María García León, Académico de Número de la misma.
Ahora, antes de pronunciar mi discurso de ingreso como Académico de Número, tras casi cinco años de activa participación en diversas actividades de esta Real Academia, la “Hispano Americana”, como cariñosa y abreviadamente se la conoce, quiero recordar, esta vez muy brevemente, a mis antepasados directos que nacieron al otro lado del Océano Atlántico.
Ellos forman por lo tanto mi rama familiar hispano americana, de la que tan orgulloso me siento, porque tal y como entonces establecía el artículo 1º de la Constitución Política de la Monarquía Española, aprobada el 19 de marzo de 1812, la Nación Española es “la reunión de todos los Españoles de ambos Hemisferios”.
Posteriormente, y transcurridos los hechos históricos que fueron conllevando la independencia de todos los países hispano americanos, la realidad fue que, con el paso del tiempo, se asentó con firmeza, lealtad y sinceridad, esa grata conciencia de la noble hermandad de la Hispanidad que hoy día, a un lado y otro de la mar, todos gozamos y sentimos.
Es por todo ello, que en primer lugar debo recordar a mis principales antepasados directos hispanoamericanos, a los que no puedo dejar de honrar en esta relevante ceremonia.
Comienzo con mi tatarabuela, por línea paterna, Dña. Daría Jacoba Quixano Artacho, nacida en 1844 en San Juan de Puerto Rico, y esposa de D. Indalecio Núñez Zuloaga, que llegaría al empleo de capitán de navío de 1ª clase, asimilado hoy día al de contralmirante.
Sigo con mi tatarabuelo, igualmente de línea paterna, D. Narciso de Olañeta Bóves, nacido en La Habana, de la isla de Cuba, y que además de ser un distinguido letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, fue secretario general de nuestra Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
Continúo con mi bisabuelo paterno, D. Francisco Núñez Quixano, nacido en 1869 en La Habana, quien, siendo teniente de navío, el 15 de febrero de 1898, estaba destinado en dicha ciudad como ayudante del Comandante General del Apostadero y Escuadra de las Antillas.
No puedo dejar de citar su meritoria labor en las tareas de auxilio a las víctimas de la dotación del acorazado de 2ª clase “Maine”, de la Armada de los Estados Unidos, que se hallaba fondeado en la bahía de La Habana y sufrió una explosión interna, promoviéndose seguidamente una injusta guerra contra España que finalizó con la pérdida de las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
El 30 de marzo siguiente zarpó de La Habana, a bordo del vapor “Buenos Aires”, desembarcando en el puerto de Cádiz el día 16 del mes siguiente, para continuar hasta Madrid y entregar al ministro de Marina el informe sobre las causas de la fortuita explosión, que falsamente se imputaron a España.
A estos antecedentes familiares que me unen sentimental y emotivamente, con lo que hoy día son dos naciones hispanoamericanas, tengo que añadir la derivada de mi intensa relación personal y profesional con militares, policías y civiles de todos los países hispanoamericanos, incluida por supuesto la República del Perú, que es de la que voy a referir, al relatar la participación de la Guardia Civil de España en el adiestramiento y formación de la Guardia Civil del Perú, hace ya más de un siglo.
Dicha conexión personal y profesional, profundamente hispano americana, ha sido debida principalmente a cuatro motivos.
En primer lugar, tras instruirme durante tres cursos en la Academia General Militar, entre 1981 y 1984, compartí mi formación durante los dos cursos siguientes, entre 1984 y1986, con oficiales alumnos hispano americanos, Perú incluido, en la entonces Academia Especial de la Guardia Civil, hoy día denominada Academia de Oficiales de la Guardia Civil, sita en Aranjuez (Madrid).
Posteriormente, en el año 1990, siendo todavía teniente, volví a compartir con oficiales hispano americanos, peruanos incluidos, el curso superior de protección de personas y de seguridad de instalaciones, que se impartió en el Centro de Adiestramientos Especiales de la Guardia Civil, sito entonces en Guadarrama (Madrid).
Dicha experiencia, con otros oficiales hispano americanos, volvió a repetirse en 1996 cuando realicé, siendo capitán, el curso de ascenso al empleo de comandante, en la mentada Academia Especial.
Ello volvió a repetirse, siendo ya teniente coronel, cuando en el año 2010, realicé con numerosos oficiales de diversos países hispano americanos, el Curso de Operaciones de Paz en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra, sita en Madrid.
En segundo lugar, con ocasión de haber prestado servicio como Oficial de la Guardia Civil en Venezuela, en materia de cooperación policial española en 1991; de asistencia técnica policial española en Nicaragua en 1999; así como de cooperación policial en Guatemala entre 2009 y 2010, que me han permitido no sólo trabajar conjuntamente con profesionales, militares y policiales, de dichos países, sino también, en esta última nación, en la Comisión Internacional contra la Impunidad, con civiles y contingentes policiales de numerosas naciones hispanoamericanas que participaban en dicha misión, bajo la cobertura de la Organización de Naciones Unidas.
He de añadir que la estancia en esos países me ha permitido, aunque con mayor brevedad, haber estado también en otras naciones hispanoamericanas como Colombia, Cuba, México y Panamá.
En tercer lugar, fue con ocasión de haber prestado servicio como capitán en Operaciones de Mantenimiento de la Paz en Bosnia-Herzegovina en 1996, y como comandante en Irak en 2004 y en Líbano en 2006-2007, lideradas respectivamente por la OTAN, una Coalicción Internacional liderada por los Estados Unidos de América, en cuyo país he estado en varias ocasiones, y la ONU.
En todas estas misiones tuve también la oportunidad de coincidir y servir conjuntamente con miembros de contingentes militares de otros países hispanoamericanos que participaban en las operaciones citadas o en otras diferentes, bajo mandato en tal caso de otros organismos internacionales, pero que coincidían en el mismo escenario, aunque con funciones y responsabilidades distintas.
Por último, y en cuarto lugar, con motivo de las jornadas realizadas en Madrid, en septiembre de 2024, por el Instituto de Historia y Cultura Militar, de nuestro Ejército de Tierra, en colaboración con la Embajada de la República del Perú en España, tuve la oportunidad de impartir la conferencia “La creación de la Guardia Civil del Perú”, con ocasión del seminario “España y El Perú: Cinco siglos de historia compartida (1524-2024)”.
En este último punto he de destacar la presencia en dicho acto de una senda representación, bajo el mando del Capitán César Pardo Alfaro, de la filial en España, de la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú, a la que tengo el honor de conocer y tratar desde entonces, y cuyo presidente actual del Consejo Directivo en Lima, capital del Perú, con quien he estado en constante contacto para esta ceremonia, es el Coronel Martín Torres Yábar.
He de significar que dicha Asociación se fundó en Lima (Perú) el 30 de abril de 1993, para exaltar y honrar a la Guardia Civil del Perú como Institución Benemérita de la Patria, así como a sus héroes, mártires, valores institucionales, história, tradiciones y magisterio.
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Para elaborar este discurso he utilizado seis fuentes fundamentales: los fondos del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil de España, los fondos de la Sección de la Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior de España; la Revista Técnica de la Guardia Civil, editada mensualmente en España entre enero de 1910 y julio de 1936; los fondos de la Academia de Oficiales de la Guardia Civil de España; los fondos facilitados por la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú; así como la obra “Historia de la Benemérita Guardia Civil del Perú”, editada en enero de 2023 por dicha Legión de Honor, y que me fue donada este año de 2026 por el Rotary Club Atlántico Internacional.
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Hay que comenzar afirmando que la Historia de las fuerzas policiales de la República del Perú, tanto de naturaleza militar como civil, es muy extensa, profunda y rica.
En dicha Historia ocupa un lugar muy destacado la semilla procedente del Cuerpo de la Guardia Civil de España, de naturaleza militar, y de la cual surgió el Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, que inicialmente fue de naturaleza civil pero que se fortalecería al otorgársele también, con el paso del tiempo, la naturaleza militar.
Antes de tratar la reorganización de la Guardia Civil del Perú, con la inestimable colaboración de la Guardia Civil de España, que posteriormente se efectuaría, conviene recordar, aunque sea brevemente, como comenzó a crearse de forma seria y estructural la Seguridad Pública del Perú.
Fue bajo la presidencia de Manuel Justo Pardo Lavalle, entre 1872 y 1876, siendo el primer presidente civil constitucional de la historia republicana peruana, cuando se llevó a cabo, inicialmente, la primera reorganización de la institución policial del país.
El Congreso de la República emitió el 7 de abril de 1873 una ley autorizando al Poder Ejecutivo para reorganizar las Fuerzas de Policía, de la manera más conveniente para prestar servicio en toda la nación.
El día 30 de ese mismo mes, se reorganizó el Ministerio de Gobierno, Policía y Obras Públicas, creándose la Dirección de Policía.
En virtud de la autorización legislativa que se había dictado el 3 de abril de ese mismo año, se decretó el Reglamento de Policía del 31 de diciembre del mentado año 1873.
En su artículo 1º se dispuso la organización del Servicio de Policía en tres ramas:
- - Organización del vecindario para resistir a los ataques de malhechores.
- - Organización de agentes especiales para servicios locales.
- - Organización de la Fuerza Pública, procedente de la Policía, para la conservación del orden, prevención de los delitos y persecución constante de los malhechores.
Los servicios locales especiales comprendían la Policía de Seguridad en los paseos, teatros, mercados y camales; la Policía de Establecimiento o empresas particulares, ferrocarriles, fábricas, establecimientos industriales, agrícolas y mineros; la Policía Rural para las provincias; la Guardia de Cárceles y la Policía del Puerto.
A su vez, la fuerza policial del Estado se dividió en dos clases: la Guardia Civil y la Gendarmería.
La Guardia Civil tenía como misión, velar por el cumplimiento de la ley y reglamentos de policía, la seguridad de los habitantes y de las propiedades, velar por el ejercicio de los derechos ciudadanos, siendo su principal fin, la prevención de los delitos y faltas así como la persecución y aprehensión de las personas que hubiesen delinquido.
La Gendarmería tenía como misión, conservar el orden y la seguridad, proporcionando a las autoridades políticas y a los funcionarios de policía una fuerza permanente. Tenía la misma organización que el Ejército y reordenaba las Ordenanzas Militares.
La Dirección Suprema de la Policía de Seguridad y de Orden residía en el Ministerio de Gobierno y su administración estaba autorizada en la Dirección de Policía de dicho Ministerio.
Los Prefectos y Subprefectos eran los jefes de Policía y tenían el mando e inspección de cada departamento y provincia. Los Comisarios podían ser Oficiales del Ejército o civiles y asimilados a la Guardia Civil, con goces y honores de comandantes de la Guardia Civil.
El Congreso de la República autorizó, inicialmente a 5.000 policías y los servicios en las principales ciudades se iniciaron con 1.912 Guardias Civiles y 1.640 Gendarmes.
Respecto a la Guardia Civil del Perú, hay que decir que el mentado Decreto Supremo, rubricado el 31 de diciembre de 1873, dispuso su creación, publicado en el Diario Oficial “El Peruano” el 28 de enero de 1874. Por otro Decreto Supremo, de 23 de marzo de 1874, se materializó dicha creación.
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Si bien la Guardia Civil del Perú se creó inicialmente, como ya se ha expuesto, al expedirse los dos Decretos Supremos citados, hay que significar que su organización y funcionamiento, diferían bastante del Cuerpo de la Guardia Civil de España, ya que,entre otras cuestiones, éste era de naturaleza militar, mientras que el peruano era de naturaleza civil, situación que cambiaría sustancialmente durante el segundo gobierno de Augusto Bernardino Leguía Salcedo.
Había sido ministro de Hacienda y Comercio en el periodo 1903-1904, siendo presidente Manuel González de Candamo Iriarte; en 1904 siendo presidente Serapio Calderón Lazo de la Vega; y en 1904-1907 siendo presidente José Simón Pardo Barreda.
Posteriormente, Leguía asumió el 24 de septiembre de 1908 su primer mandato presidencial hasta el 24 de septiembre de 1912, volviendo a asumirlo tras ser reelegido sucesivamente desde el 12 de octubre de 1919 hasta el 25 de agosto de 1930, que fue derrocado por un golpe de estado militar.
Pero fue en la primera época de este segundo gobierno cuando revitalizo y transformo la Guardia Civil del Perú, dotándola de naturaleza militar, siendo su imagen a seguir en buena parte, la Guardia Civil de España.
Este benemérito Instituto había sido creado con naturaleza civil por real decreto de 28 de marzo de 1844 y definitivamente organizado y puesto en funcionamiento con naturaleza militar por real decreto de 13 de mayo siguiente. El entonces mariscal de campo, y futuro teniente general, Francisco Javier Girón Ezpeleta, II duque de Ahumada, no sólo fue su organizador y primer inspector general, sino el verdadero fundador de dicha Institución que tanto prestigio ha dado a España.
El modelo corporativo y de seguridad pública creado por la Guardia Civil de España fue exportado a numerosos países, principalmente hispanoamericanos, siendo la República del Perú, uno de los mejores ejemplos de ello.
Fue precisamente, con ocasión del gobierno peruano presidido por el mentado presidente Leguía, cuando se produjo una profunda reorganización de la seguridad pública del país y la modernización de la misma.
El primer punto de inflexión fue la aprobación del Decreto Ley núm. 1.163, expedido el 7 de agosto de 1919, con el que se iniciaba una nueva etapa en la evolución policial e institucional peruana.
Entre otros aspectos de interés, se dispuso el establecimiento de una nueva Escuela de Guardia Civil y Policía para los aspirantes e individuos de dicha Institución; la reorganización, por no decir creación, pues en buena parte verdaderamente lo fue, de un nuevo Cuerpo de la Guardia Civil, diferente en muchos aspectos del hasta entonces existente, dotándole de su carácter militar; así como la creación del Cuerpo de Investigaciones y otro de Seguridad u Orden Público.
Dado que el mejor ejemplo a seguir, en materia de lo que hoy día conocemos por Seguridad Ciudadana, llamado entonces Orden Público, era el mentado Cuerpo de la Guardia Civil de España, el presidente peruano Leguía no tuvo la menor duda, tal y como ya había sucedido y sucedería en otros países hispanoamericanos.
Así, y tras establecer los contactos oportunos, dispuso mediante Resolución Suprema, dictada el 4 de abril de 1921, la contratación de una misión específica para ello. Su fin era establecer las bases sobre las que debería reorganizarse y formarse el nuevo Cuerpo de la Guardia Civil del Perú.
La “Revista Técnica de la Guardia Civil”, correspondiente al mes de julio de 1921, periódico de entidad privada pero elaborada principalmente por jefes y oficiales de la Benemérita, publicó la petición gubernamental peruana y el 1 de octubre siguiente se suscribió en Madrid, la capital española, el correspondiente acuerdo diplomático entre ambos países.
Por real orden del Ministerio de la Guerra español, correspondiente al día 22 de ese mismo mes, el Rey Alfonso XIII, a propuesta del director general de la Guardia Civil, teniente general Juan Zubia Bassecourt, confirió una comisión de servicio para la República del Perú, al teniente coronel Pedro Pueyo España, al capitán Bernardo Sánchez Visaires y al teniente Adolfo Carretero Parreño. Posteriormente se sumó al sargento 1º José Gómez Hernández, calificado como “primer instructor de Guardias”.
Hay que resaltar y poner en valor al jefe de esta misión, el teniente coronel Pueyo, empleo al que había ascendido con antigüedad del 23 de octubre de 1918. Era hasta entonces el jefe de la Comandancia de la provincia de Murcia, después de haber mandado la Comandancia de la provincia de Soria.
El teniente coronel Pueyo contaba entonces con 51 años de edad y unos magníficos informes profesionales. Tras cursar sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo y encontrarse destinado como segundo teniente del Regimiento de Infantería de Canarias, había ingresado a petición propia en la Guardia Civil, por real orden del Ministerio de la Guerra de 14 de abril de 1893.
Su primer destino fue en la Comandancia de Ávila, siguiendo después, entre otros y diferentes empleos, las Comandancias de Lérida, Madrid, Valencia, Badajoz y Tarragona, así como el 21º Tercio (Barcelona) y la Comandancia del Oeste (Barcelona). Es decir, tenía una muy acreditada experiencia para la misión que se le había encomendado.
La primera labor que realizaron dichos guardias civiles españoles, tras embarcar en el puerto de Cádiz y llegar a Lima, capital del Perú, el 22 de noviembre de 1921, y ser informados de la importancia de su presencia en dicha República, fue redactar un total de catorce proyectos de ley que comprendían el plan completo de reorganización de las fuerzas de seguridad del Estado, basándose en la medida de lo posible en la Guardia Civil de España.
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Todo ello fue presentado al presidente del país y al ministro de Gobierno y Policía, Germán Leguía Martínez, que dieron su correspondiente beneplácito.
Esos 14 reglamentos redactados por la comisión de Guardias Civiles de España, y que se resumen en el libro “Historia de la Benemérita Guardia Civil del Perú”, editado en 2023 por la Legión de Honor, fueron:
- El Reglamento de carácter militar, dedicado al régimen de Personal, referente su situación, ascensos y beneficios.
- El Reglamento para el Servicio en Tiempo de Paz, es decir, referente a la estructura organizativa de la Guardia Civil del Perú, siempre siguiendo los moldes de organización de la Guardia Civil de España.
- Se introduce en el Reglamento de Organización y funciones las de las Comandancias, Comisarías, Sectores, Líneas y Puestos, siendo estos últimos los que realizaban su servicio policial mediante las correrías, que llegaban hasta el último rincón del país.
- El Reglamento de Campaña.
- El Reglamento Interno que contemplaba los aspectos disciplinarios.
- Los manuales de Criminalística y los Procedimientos en Materia Criminal.
- El manual de documentación Policial en la que se introduce por primera vez los términos de Atestados, Información Sumaria y otros documentos de carácter administrativo, tales como los memorándums, la reseña de las acémilas, los formatos de control de armas y de atenciones sanitarias.
- La Guardia Civil del Perú heredó de su similar, la Guardia Civil de España, el monograma con las letras G.C. entrelazadas.
- La “Cartilla del Guardia Civil”, fue lo más notable de la Misión Española por su aspecto moral y ético.
- El prospecto de personal que contenía las directivas y bases de captación, el riguroso proceso de selección, para elegir los elementos más idóneos y presentables, con instrucción mínima educativa; porte militar y de recia personalidad y sujetos a una severa y rigurosa capacitación y disciplina militar, con la finalidad de formar cuadros que ejerzan autoridad.
- El manual de garantías, inherentes a la estabilidad en el puesto.
- Directivas para ordenar a los Oficiales provenientes de la misma Guardia Civil y de la Escuela Militar de Chorrillos que para causar alta en la Guardia Civil debían canjear sus despachos, una especie similar a una revalidación, mientras que el personal subalterno debia seguir un curso de capacitación para ser tales y que les permitía igualmente postular e ingresar a la Escuela de Oficiales de la Guardia Civil y Policía, recibir capacitación y egresar como Oficiales de la Guardia Civil y Policía.
- Para ejercer comando en los tres Cuerpos de Policía deberán ser oficiales de alta preparación profesional.
- La especialización sólo se daba a nivel de Personal Subalterno de los Cuerpos de Seguridad, de la Guardia Civil y al Personal Técnico de Investigadores de la Brigada de Investigación y Vigilancia.
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Seguidamente se pusieron a preparar y organizar lo que sería la “Escuela de la Guardia Civil y la Policía de la República”, dictándose finalmente el 3 de julio de 1922 por el presidente, el correspondiente “Decreto Supremo” que le dio carta de naturaleza.
El director de dicho centro de enseñanza y formación sería el teniente coronel Pueyo, constituyendo el resto de los miembros citados de la Guardia Civil española el plantel inicial de profesorado, apoyado por el correspondiente personal peruano.
La finalidad que se propuso fue triple. La organización de un Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, similar en todo lo posible al español, adoptando además buena parte de sus textos doctrinales, sobre la base de las Gendarmerías de la República. Formar otro Cuerpo de Seguridad o de Orden Público, hecho sobre la base de la antigua Guardia Civil existente y que poco tenía que ver en esta parte específica con la española. Y finalmente, crear el Cuerpo de Investigación y Vigilancia, que se encargaría de esclarecer policialmente los delitos que se cometieran.
El edificio del nuevo centro de enseñanza y formación policial elegido fue el antiguo “Hospicio de la Misericordia y Hospital de Insanos”, ubicado en la capital, sito en la Avenida Sebastián Lorente Ibáñez núm. 769, antes Avenida de los Incas. Dado su estado ruinoso fue necesario realizar las correspondientes obras de restauración y adaptación.
El 1 de noviembre de 1922, tras siete meses de obras, se efectuó su inauguración por todas las autoridades mencionadas, contando con tres secciones y sus correspondientes planes de estudio: una integrada por los futuros oficiales que serían mandados a los tres Cuerpos citados, otra de tropa y aspirantes a clase de los tres Cuerpos mencionados, así como una última de aspirantes a integrar el mentado Cuerpo de Investigación y Vigilancia, con su anexo de dactiloscopia.
Tal y como recogen los medios de prensa de la época, fue iniciativa del teniente coronel Pueyo la colocación, a la entrada de la escuela, de un gran rótulo con la frase “El honor es su divisa”, siendo complementado por el presidente de la República con la ampliación de, “como en la Madre Patria”.
Igualmente se ha de significar, que además de las autoridades ya citadas, asistieron todos los miembros del gabinete de gobierno de la República del Perú, así como todos los representantes diplomáticos de los países acreditados, los altos representantes civiles y militares peruanos, más la colonia española de Lima, que respondiendo a la iniciativa del teniente coronel Pueyo, obsequió al cuerpo de la Guardia Civil del Perú, la “Bandera de Guerra”.
La inauguración de la nueva escuela se realizó con el descubrimiento de una placa conmemorativa y la bendición por el Nuncio Apostólico, de la enseña nacional donada. Fue entregada por los padrinos, que eran la señora Fabiola de Ojeda, esposa del Embajador de España en Perú, y el presidente del Casino Español en representación de la colonia española, siendo aceptada la ofrenda por el presidente de la República del Perú.
Acto seguido, el teniente coronel Pueyo se dirigió a la fuerza de alumnos formada en el patio de armas y procedió a tomarles el juramento de fidelidad reglamentario.
La Escuela inició sus actividades el 4 de noviembre de 1922, teniendo como alumnos 30 oficiales del Ejército, algunos de los cuales regresaron a sus unidades de origen; 19 técnicos-alumnos de Investigación; y 103 individuos de Tropa.
Los exámenes finales de esta primera Promoción se iniciaron el 2 de julio de 1923, egresando, los que aprobaron el 3 de septiembre siguiente, siendo el primer “espada de honor” Amílcar García Barrios.
Por otra parte, es justo citar que, por real orden de 21 de noviembre de 1922, del Ministerio de la Guerra de España, como consecuencia de la vacante ocasionada por enfermedad del teniente Carretero, fue destinado a la República del Perú, el oficial de mismo empleo, Fernando Gómez Ayán.
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Finalmente, aunque el presente discurso de ingreso como Académico de Número en esta Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, sólo esboza la labor del primero de los contingentes de la Guardia Civil de España que fueron enviados allí, hay que destacar que el teniente coronel Pueyo, que posteriormente continuó su carrera militar en España al finalizar su misión, llegó a ser nombrado “Director general de la Guardia Civil y Policía del Perú”, tal y como recoge la real orden del Ministerio de la Guerra de España, de 1º de diciembre de 1923.
Igualmente hay que destacar que el rey le autorizó, mediante real orden del Ministerio de la Guerra, de 9 de septiembre de 1927, el uso sobre el uniforme de la encomienda de la Orden “El Sol del Perú”, que le fue otorgada por el gobierno de dicha República el 27 de julio de 1925, en atención a los servicios que allí prestó, “como organizador de la Guardia Civil Peruana”.
En este breve discurso que he ofrecido, pues la Historia de la Guardia Civil del Perú daría para muchísimos días de conferencias, no sería justo dejar de nombrar al entonces Coronel de Caballería, futuro General del Ejército del Perú, César Landázuri Patrón, nombrado en agosto de 1921, “Agregado Militar de la Legación del Perú en España”.
En marzo de 1922, la “Revista Técnica de la Guardia Civil”, le dedicó su portada y primeras páginas con motivo de su visita en enero a diversas unidades de la Guardia Civil de España, como consecuencia de haber sido comisionado para estudiar el benemérito Cuerpo.
Dichas unidades fueron el Primer Tercio en Madrid, integrado por fuerzas de Infantería y Caballería, el Colegio Infanta María Teresa de Madrid, el Colegio del Juncarejo de Huérfanas de la Guardia Civil, así como el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, donde se entonó el himno del Perú.
Decía dicha Revista que: “Ha sido en su país, subsecretario del ministerio de la Guerra, jefe de la Casa Militar del Presidente, y en la actualidad le ha llamado el Gobierno para desempeñar un nuevo cargo que él ignora, y que nosotros suponemos sea el equivalente a nuestro jefe del Estado Mayor Central, o acaso ministro de la Guerra”.
El 2 de marzo de 1922, el entonces coronel Landazuri dirigió una atenta y extensa carta al Teniente General Juan Zubia Bassecourt, director General de la Guardia Civil de España.
Comenzaba diciendo: “Mi respetable General: En el día de ayer terminé la visita a los cuarteles y Colegios del Cuerpo de su mando, y para la que V.E. se dignó autorizarme. La impresión que me ha causado la Institución que V.E. se dignó autorizarme. La impresión que me ha causado la Institución que V.E. tan sabiamente rige, es altamente satisfactoria para todos los que la forman. Es admirable el orden, disciplina y corrección que he notado; todos los servicios con gran esmero y metodizados”.
Finalmente he de decir que posteriormente, y durante muchos años, miembros de la Guardia Civil del Perú, debidamente seleccionados por su Mando, han cursado a lo largo de muchos años, parte de sus estudios en los Centros de Enseñanza de la Guardia Civil de España.
Espero que este breve discurso, dado el tiempo de que disponíamos, les haya sido de interés. Actualmente como saben ustedes, no existe como tal, el mentado Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, pues mediante la Ley núm. 24.949, promulgada el 25 de noviembre de 1988, fue creada la “Policía Nacional del Perú”, tras la unificación de la Guardia Civil, la Guardia Republicana, que también era de naturaleza militar y con uno de cuyos miembros cursé también estudios en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez, y la Policía de Investigaciones.
Posteriormente hubo otras reformas policiales hasta llegar al modelo actual, pero puedo asegurarles que existe un gran sentimiento, entre muchos peruanos, para que algún día vuelva a restaurarse el Cuerpo de la Guardia Civil del Perú.
Mientras tanto, he de significar que miembros de la actual Policía Nacional del Perú han continuado realizando cursos de especialización y formación en los centros de enseñanza de la Guardia Civil de España, donde siempre la amistad y el compañerismo ha seguido estando presente por ambas partes.
Muchas gracias por su atención y su interés.