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jueves, 23 de octubre de 2014

EL DUQUE DE AHUMADA Y LA PROVINCIA DE CÁDIZ.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 12 de octubre de 2005, pág. 22. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

Quien fuera el fundador del benemérito Cuerpo de la Guardia Civil , el II Duque de Ahumada y V Marqués de Las Amarillas, tuvo una gran vinculación personal y familiar con Cádiz y su provincia, en donde pasó importantes periodos de su vida. Gracias a su biógrafo, el ya fallecido general Francisco Aguado Sánchez, se conocen algunos detalles al respecto.

Nacido en Pamplona el 11 de marzo de 1803, fue bautizado con los nombres de Francisco Javier, María de la Paz , Bernardo, José, Juan Nepomuceno, Eulogio y Leandro.  Sus padres eran Pedro Agustín Girón de Las Casas -entonces teniente coronel de la 3ª División de Granaderos provinciales de Andalucía y futuro héroe de la Guerra de la Independencia donde alcanzaría el generalato y sería condecorado con la Gran Cruz de San Fernando- y Concepción Donata Ezpeleta Enrile Galdeano y Alcedo, siendo el único hijo que tuvo dicho matrimonio.  

La primera vinculación familiar que consta con la provincia de Cádiz se remonta al año 1797, cuando su tío abuelo, el general Luis de Las Casas, acompañado del también general José Ezpeleta Galdeano Beire –I conde de Ezpeleta- intentó desembarcar en Cádiz, procedente de La Habana , pero el ataque de un buque inglés les obligó a varar en Conil en situación lastimosa.

Por aquel entonces Pedro Agustín, padre del futuro fundador de la Guardia Civil , residía en el domicilio paterno de Sevilla y al desplazarse a Cádiz para visitar a su tío recién llegado, conoció a la que sería su futura esposa y que vivía en la capital gaditana para educarse bajo la protección de su abuela materna.

Pedro Agustín, casado ya desde el 5 de julio de 1802 en Beire, regresaría a Cádiz poco antes del desastre de Trafalgar, al cumplimentar la orden de concentrarse allí con su División de Granaderos Provinciales de Sevilla. La tragedia naval le sorprendería cuando se estaba desplazando a San Roque para visitar a su tío, el general Francisco Javier Castaños Aragorri, entonces comandante militar de aquella zona y futuro vencedor de la histórica batalla de Bailén acontecida el 19 de julio de 1808 contra el invasor francés. En ella también destacaría Pedro Agustín donde alcanzó el empleo de brigadier.

Mientras tanto, el futuro fundador de la Guardia Civil que era todavía un niño, se encontraba al cuidado de su abuelo paterno, Jerónimo Girón y Moctezuma, antiguo virrey y capitán general de Navarra, ya que su madre solía seguir a Pedro Agustín en las campañas. Tras diversas vicisitudes y cambios de ciudad, abuelo y nieto pudieron desembarcar a principios de 1810 en Cádiz donde permanecieron los dos años medio siguientes, hasta que finalizó el asedio francés sobre dicha ciudad.

Concluida la Guerra de la Independencia con la victoria de las armas españolas, Pedro Agustín era ya mariscal de campo y jefe del 4º Ejército, marchando a vivir a Sevilla su padre e hijo, donde a los doce años de edad fue nombrado capitán de la Milicia Provincial nº 28 de Sevilla, comenzando así lo que sería una brillante carrera en la milicia.

En 1817 el futuro fundador del benemérito Instituto fue llevado por su padre a conocer la finca familiar llamada “El Rosalejo”, sita en el término municipal de Villamartín y que durante la Guerra de la Independencia había sido un nido de guerrilleros, siendo incendiada por las tropas francesas.

Casi tres años más tarde, cuando se produjo el pronunciamiento de Riego en Cabezas de San Juan, se encontraba precisamente en Villamartín tras haber estado las vísperas en Grazalema y Prado del Rey. Allí presenció en compañía de su padre la sublevación de un batallón expedicionario que debía embarcar para América, teniendo que marcharse ambos a Ronda que permanecía leal al rey Fernando VII.

Francisco Javier se incorporó pocos días después a su unidad en Sevilla y con ella marchó a Cádiz, cuya provincia se convirtió en escenario de enfrentamientos armados entre liberales y absolutistas.

La situación en Cádiz y su provincia se tornó cada vez más confusa y caótica. La capital estaba en manos de los leales y San Fernando en la de los sublevados, no pudiéndose imaginar entonces, ni unos ni otros, que el 10 de marzo de 1820 el rey pronunciaría la célebre frase de “marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional

Ese mismo día, mientras Francisco Javier -a punto de cumplir 17 años- tenía su bautismo de fuego al participar en un ataque al baluarte de Torregorda en poder de los alzados, la capital gaditana sufriría uno de sus días más tristes al correr la sangre de sus vecinos que habían acudido a la plaza de San Antonio para ver como las tropas leales, con sus jefes al frente, iban a jurar la Constitución de 1812, cundiendo entre sus filas la indisciplina, el caos y confusión. Todo aquello marcaría profundamente al futuro fundador de la Guardia Civil, a la que convertiría precisamente en modelo de disciplina y ética militar.

Fruto de la situación política surgida y la formación de un nuevo gobierno, su padre fue nombrado ministro de la Guerra, abandonando meses después Cádiz para ser en Madrid su ayudante personal, si bien pronto cesó en ello al dimitir aquel el 18 de agosto de dicho año.

Dos años después y como consecuencia del triunfo de una nueva sublevación, esta vez triunfante por la Milicia Nacional, la familia Girón emprendió primero el camino del destierro para la provincia de Cádiz, donde pasaron a residir en Vejer de la Frontera , donde tenía propiedades. Pero al estar allí también en peligro sus vidas tuvieron que exiliarse a finales de octubre a la colonia británica de Gibraltar, tras una embarcar en la playa de Zahara de los Atunes, disfrazados de contrabandistas.

En vías de restablecimiento del “régimen tradicional” en España como consecuencia de la invasión de los “Cien Mil Hijos de San Luis”, la familia Girón decidió finalizar su forzado exilio y regresar a España desembarcando a finales de julio en Rota. Poco después Francisco Javier reingresó en su antigua unidad hasta que en enero de 1826 comenzó un periodo de dos años de licencia absoluta, dedicado principalmente a atender la finca familiar de Villamartín.

En julio de 1829 volvió al servicio activo y prosiguió con su carrera militar que resultó de gran brillantez en la que sobresaldría muy especialmente su designación, por real decreto de 15 de abril de 1844 -bajo el reinado de Isabel II y el gobierno del general Narváez- para organizar y dirigir el Cuerpo de la Guardia Civil , creado el 13 de mayo de dicho año.

El 7 de noviembre de 1846 ascendió a teniente general, continuando al frente del benemérito Instituto hasta el 1 de agosto de 1854, volviendo nuevamente a desempeñarlo por decreto de 12 de octubre de 1856 hasta el 1 de julio de 1858.

Fue senador del Reino y gentil hombre de Cámara de S.M., contrayendo matrimonio con Nicolasa Aragón Arias Saabedra, de cuyo matrimonio tuvo nueve hijos: Pedro (llegaría a teniente general), Javier, Inés, Agustín (llegaría a teniente general), Luis (llegaría a general), Concepción, Sancha, Rodrigo y Rafael (falleció como comandante en Cuba en 1896). Falleció en Madrid el 18 de diciembre de 1869 a la edad de 66 años.


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