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domingo, 14 de diciembre de 2014

EL DUQUE DE AHUMADA: ORGANIZADOR DE LA GUARDIA CIVIL Y CLAVE DE SU ÉXITO EN LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el núm. 36 correspondiente al mes de mayo de 2012, de la Revista "ATENEA", págs. 80-85.
Los originales están ilustrados por cuatro fotografías en color y cuatro en blanco y negro.

No hay duda de que su enorme personalidad imprimió a la Institución en conjunto y a cada uno de sus hombres en detalle, el trasunto fiel y desnudo de su pensamiento, de su modo de ser, de su capacidad para la renuncia”. 
Palabras del caballero laureado y general de división de la Guardia Civil Enrique Serra Algarra, en el prólogo de la biografía “El Duque de Ahumada”, de Francisco Aguado Sánchez.

Francisco Javier Girón y Ezpeleta, nacido en Pamplona el 11 de marzo de 1803, era el II Duque de Ahumada y V Marqués de Las Amarillas, tratándose del único hijo del matrimonio formado por Pedro Agustín Girón de Las Casas y Concepción Ezpeleta Enrile. 

Su padre, sirviendo bajo las órdenes de su tío, el general Francisco Javier Castaños Aragorri -vencedor de la histórica batalla de Bailén- había alcanzado el generalato y fue condecorado con la Gran Cruz de San Fernando. Precisamente el futuro II Duque de Ahumada, siendo niño, pasó buena parte de la Guerra de la Independencia al cuidado de su abuelo Jerónimo Girón y Moctezuma -antiguo virrey y capitán general de Navarra- en Cádiz, donde fueron testigos del asedio francés y de la proclamación de la Constitución de 1812 que este año celebra su bicentenario.

Expulsado el invasor galo del territorio patrio, su padre era ya mariscal de campo y jefe del 4º Ejército, marchando con él a la capital hispalense. A los doce años de edad Francisco Javier comenzó su carrera en militar, siendo nombrado capitán de la Milicia Provincial nº 28 de Sevilla.

Cinco años después tuvo su bautismo de fuego, cuando combatía a los liberales en la provincia gaditana. Concretamente el 10 de marzo de 1820, fecha en la que Fernando VII pronunció la célebre frase de “marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”.

Fruto de la nueva situación política surgida y la formación de un nuevo gobierno, su padre fue nombrado ministro de la Guerra, marchando Francisco Javier a Madrid como su ayudante personal.

Concienciados del lamentable estado en que se hallaba el orden público en España y lo perjudicial que resultaba para el Ejército desgastarse en operaciones de tipo policial –misión expresamente encomendada en 1814- trabajaron ambos en un ambicioso proyecto: la creación de un nuevo Cuerpo de Seguridad Pública de ámbito nacional denominado Legión de Salvaguardias Nacionales. Su espíritu inspiraría veinticuatro años después el de la Guardia Civil. Presentado el proyecto a las Cortes el 30 de julio, fue rechazado porque, en palabras de un diputado, “era una medida atentadora a la libertad y desorganizadora de la Milicia Nacional”.

Mes y medio después, su padre presentó la dimisión y Francisco Javier cesó en su cargo. Tras no pocas vicisitudes y haber ejercido el mando de diversas unidades, ascendió el 17 de marzo de 1834 a brigadier. Cuatro años más tarde pasó al nuevo Ejército de Reserva de Andalucía, donde se le confirió el mando de la 3ª Brigada, que organizó e instruyó. A su frente, participó en las campañas contra los carlistas bajo las órdenes del general Ramón María Narváez, con quien estableció una estrecha relación profesional y se hizo acreedor de su confianza, cuestión que revestiría trascendental importancia en el futuro.

El 1 de enero de 1839 fue nombrado comandante general de la División de Reserva de dicho Ejército y tras distinguirse brillantemente en diversas operaciones, fue ascendido por méritos de campaña a mariscal de campo. El 17 de mayo de 1842 falleció su padre tras una prolongada enfermedad, convirtiéndose en el II Duque de Ahumada y V Marqués de las Amarillas.

La creación de la Guardia Civil.

La persecución del bandolerismo por el Ejército seguía sin dar resultados satisfactorios, fracasando diversos intentos de crear cuerpos armados que se encargaran de velar por la seguridad pública, tales como el de Celadores Reales en 1823 y el de Salvaguardias Reales en 1833.
Hubo que esperar todavía una década más para que viera la luz un proyecto sólido y con vocación de futuro. El primer paso se dio el 26 de enero de 1844, bajo el gobierno de Luis González Bravo, al crearse por real decreto el Ramo de Protección y Seguridad, no dejando duda alguna respecto a la preocupación del principal problema de la época:El Gobierno ha menester una fuerza siempre disponible para proteger las personas y las propiedades; y en España, donde la necesidad es mayor por efectos de sus guerras y disturbios civiles, no tiene la sociedad ni el Gobierno más apoyo ni escudo que la milicia o el Ejército, inadecuados para llevar este objeto cumplidamente o sin prejuicios”.
El segundo paso de importancia, todavía con González Bravo, se concretó el 28 de marzo de 1844, cuando se dictó un real decreto que disponía la creación del “Cuerpo de Guardias Civiles”, de carácter civil y dependiente del Ministerio de la Gobernación y “con el objeto de proveer al buen orden y a la seguridad pública”. El mérito de tal denominación se debió a la entonces jovencísima Isabel II.
Como director de organización fue comisionado el 15 de abril el Inspector General del Ejército, el Duque de Ahumada, que gozaba de acreditado prestigio para organizar y reformar tropas.
Tan sólo cinco días después remitió a los ministros de Estado y Guerra un documento trascendental en el que expuso con toda claridad y contundencia sus enmiendas y reparos al proyecto que acababa de aprobarse. Desaprobó expresamente la implicación en el servicio, régimen interior, disciplina, ascensos, nombramientos, etc., bajo la libre designación de los jefes políticos de las provincias (figura antecesora de los gobernadores civiles) donde los guardias civiles prestarían sus servicios, la carencia de un inspector general, lo mezquino de sus sueldos, etc., al considerar que todo ello perjudicaría la perdurabilidad del nuevo Cuerpo.
Fue tan convincente en su exposición y motivación que fue autorizado a redactar una nueva propuesta que el propio interesado nominaría como “Bases necesarias para que un General pueda encargarse de la formación de la Guardia Civil”.
Llegados a este punto se produjo un hecho vital para el futuro de la nueva institución que se estaba perfilando. El mariscal de campo Narváez asumió el 3 de mayo el poder y no sólo dispuso la continuidad de su compañero y amigo, el Duque de Ahumada, sino que apoyó de forma determinante su propuesta.
Diez días después se daba el tercer y definitivo paso para la creación del Cuerpo de la Guardia Civil. Conforme al real decreto de 13 de mayo de 1844 el nuevo cuerpo, esta vez de naturaleza militar, quedaba sujeto al “Ministerio de la Guerra en su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes”, mientras que “en su servicio peculiar debe entenderse con las autoridades civiles, y depender por lo tanto del Ministerio de Gobernación”.

Con la idea de desplegarse por toda la geografía española y convertirse en la primera institución del Estado que llegara a todos los ciudadanos, se dispuso inicialmente la creación de 14 Tercios integrados a su vez por 39 Compañías de Infantería y 9 Escuadrones de Caballería, estando compuesta su primera plantilla por 14 jefes, 232 oficiales y 5.769 de tropa.
En el mes de octubre de ese mismo año se aprobaron los reglamentos militar y de servicio, y el 20 de diciembre de 1845, la "Cartilla del Guardia Civil", redactada por el propio Duque de Ahumada y que puede definirse como el auténtico código deontológico del Instituto. Su primer artículo pasaba a convertirse en la cimentación ética del nuevo Cuerpo: “El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás”. La impronta de su articulado fue tal que después de más de siglo y medio, sigue teniendo plena vigencia moral.
La gran eficacia del nuevo Instituto en la erradicación del grave problema del bandolerismo motivó al Gobierno para aumentar su plantilla y potenciar su despliegue, convirtiéndose, tal y como han reconocido prestigiosos historiadores, en un instrumento clave en la construcción del Estado Moderno.

El 7 de noviembre de 1846 el Duque de Ahumada fue promovido al empleo de teniente general, continuando al frente de la Guardia Civil hasta el 1 de agosto de 1854, fecha en la que como consecuencia de “La Vicalvarada” y el regreso al poder del general Espartero, pasó a la situación de cuartel.

Finalizado el “Bienio Progresista” y ocupada nuevamente la presidencia del gobierno por su amigo el general Narváez, éste volvió a confiar en él y lo repuso al frente del Cuerpo, volviendo a dirigirlo por real decreto de 12 de octubre de 1856. Cuando un año más tarde el general Leopoldo O’Donnell ostentó la presidencia, lo mantuvo hasta el 1 de julio de 1858.

Pasado otra vez a la situación de cuartel, fue nombrado el 2 de junio de 1862, también con  O’Donnell, comandante general del Cuerpo de Alabarderos, desempeñando dicho cargo hasta el 15 de julio de 1866. Casi tres años después, falleció en Madrid el 18 de diciembre de 1869, a la edad de 66 años.
Había matrimonio el 6 de enero de 1834 con Nicolasa Aragón Arias Saavedra, de cuyo matrimonio tuvo nueve hijos llamados Pedro (teniente general), Javier, Inés, Agustín (teniente general), Luis (general), Concepción, Sancha, Rodrigo y Rafael (falleció como comandante en Cuba en 1896).

La permanencia del Duque de Ahumada al frente de la Guardia Civil durante la primera década de su existencia fue vital para forjar su perdurabilidad en el tiempo. Sus acertadas disposiciones y el acendrado sentido de la disciplina que le inculcó así como la acreditada eficacia en la implantación del orden y la persecución del bandolerismo que hasta entonces asolaba los caminos de España, convirtieron al nuevo Cuerpo en la institución de seguridad pública más importante y valorada de nuestra Historia.

Transcurridos 168 años de la creación de la Benemérita, sobrenombre con el que fue bautizada por los ciudadanos, la impronta y legado del Duque de Ahumada perduran hoy día en la Guardia Civil, compuesta actualmente por más de 80.000 efectivos desplegados en más de 2.000 instalaciones, manteniéndose la naturaleza militar de la que tan acertadamente le invistió.

Cargos y condecoraciones del II Duque de Ahumada.

- Senador del Reino.
- Vicepresidente del Senado.
- Gentil hombre de Cámara de S.M.
- Cruz de 1ª clase y Placa de 3ª clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.
- Cruz y Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.
- Gran Cruz de la Real Orden de Carlos III.
- Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.
- Cruz de Fidelidad de 1ª clase.
- Legión de Honor de Francia.
- Flor de Lis de Francia.





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