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domingo, 7 de diciembre de 2014

MAGINOT. ARMAS E HISTORIA.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 304 correspondiente al mes de octubre de 2007, de la Revista "ARMAS", págs. 22-30.
Los originales están ilustrados por veinte fotografías en color y una en blanco y negro (*). 


On ne passe pas”, es decir, “No se pasa”, o al menos eso era lo que decía la leyenda del emblema francés de una de las casamatas de la “Línea Maginot”, pero … se pasó …
Varias fortificaciones, reconvertidas en museos, repletas de armas y uniformes, nos recuerdan aquella historia.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se registró el mayor número de muertos que hasta entonces se había conocido en un conflicto armado: casi nueve millones. La mayor parte de ellos sucumbieron en el teatro de operaciones europeo y en constantes acciones de desgaste que tuvieron por escenario principal las trincheras. Las enormes pérdidas humanas que se sufrieron sólo obtuvieron pobres resultados estratégicos.

Las lecciones aprendidas de aquella guerra fueron asimiladas e interpretadas por las diferentes potencias de distinta manera. En el caso francés se llegó al convencimiento de que frente a las armas automáticas modernas que habían barrido a las fuerzas de infantería con el apoyo del potente fuego de la artillería, había que asumir una postura defensiva, subterránea, fuertemente armada y fortificada.

Ese concepto de guerra defensiva frente a su tradicional enemigo –la vecina Alemania- tuvo su máxima expresión en la denominada “Línea Maginot”, bautizada así en honor a su principal impulsor, André Maginot, ministro de la Guerra francés.

Dicha “Línea” se trataba de un inexpugnable sistema de fortificaciones desplegado sobre unos 400 kilómetros de frontera que se extendía desde el Rhin hasta Bélgica. Realmente no se trataba de un concepto novedoso en la estrategia militar, sino de potenciar al máximo con verdaderas fortalezas uno ya existente, pues ya tras la Guerra Franco-Prusiana de 1870-71, que se saldó con la pérdida para los franceses de la región de Alsacia-Lorena, se había iniciado una progresiva fortificación de la frontera común.

Así, en el caso concreto que nos ocupa, Francia se fue acorazando durante las décadas siguientes con un escudo defensivo –la “Línea Séré de Rivières”- a lo largo de su frontera con Alemania, mientras los germanos, al otro lado, construían también a su vez, fortificaciones poderosas y potentes.

En la “Línea Maginot”, la mayor parte de las fortificaciones que se construyeron constituían, además de fortalezas inexpugnables, verdaderos cuarteles subterráneos, dotados no sólo de las salas y torres de armas con sus polvorines correspondientes, desde las que su guarnición pudiera, durante incluso meses, hacer fuego contra todo enemigo que se aproximara, sino que también disponían de centrales eléctricas autónomas, sistemas propios de ventilación, oficinas, dormitorios, cocinas, almacenes, enfermerías, etc., llegando en algunos casos a existir quirófanos y salas odontológicas.

En cambio, aunque los alemanes construyeron enfrente su propio sistema defensivo de fortificaciones y que sería conocido como la “Línea Sigfrido”, su doctrina fue bien distinta. La “Blitzkrieg” (Guerra Relámpago) tenía por objetivo infligir una derrota total por medio de  una única y poderosa ofensiva, la cual se conseguiría gracias a la velocidad, la potencia de fuego y la movilidad. Había llegado la “era” de los carros de combate frente a la de las trincheras.

Muchas de las fortificaciones de la “Línea Maginot” entraron en combate a partir de mayo de 1940, con motivo de la ofensiva alemana, resistiendo los potentes ataques lanzados por la artillería y la aviación. Sin embargo el ataque principal no fue frontal contra el inexpugnable sistema de fortificaciones, sino que las tropas germanas invadieron Francia tras derrotar Bélgica, llegando en poco tiempo hasta París, ciudad que fue declarada “abierta” para evitar su destrucción.

La “Blitzkrieg” utilizada en la invasión de Polonia, había vuelto a funcionar con éxito. El centro de gravedad del frente occidental se alejó de la frontera franco-alemana y la “Línea Maginot” quedó aislada. Tras la firma del Armisticio el 22 de junio siguiente, mediante el que Alemania pasaba a ocupar dos tercios de Francia, los defensores de las fortificaciones procedieron en los días siguientes a rendirse y entregar sus armas, conforme a las órdenes recibidas desde París. 

El general inglés Alan Brooke al ver por dentro una de aquellas fortalezas escribiría en su diario: “No hay duda de que el concepto de la Línea Maginot es una obra genial, pero sólo da una ilusoria impresión de seguridad, y creo que los franceses habrían hecho mejor empleando el dinero en defensas móviles que sepultarlo en tierra”.

Las fortificaciones-museos.

Estrasburgo es una hermosa ciudad francesa, bañada por el Rhin, que cambió cuatro veces de nacionalidad entre 1870 y 1945. Actualmente es sede del Consejo de Europa, del Parlamento Europeo y del Eurocuerpo, motivo por el cual varios centenares de españoles, civiles y militares, viven con sus familias en ella.

Enclavada en Alsacia, la “Línea Maginot” discurría muy cerca de Estrasburgo, conservándose hoy día en la zona algunas de aquellas ya históricas fortificaciones que han sido reconvertidas en museos que bien seguro, todo lector de “ARMAS” le gustaría visitar.

Atendidas, conservadas y gestionadas, con cariño y esmero, por asociaciones locales privadas, muestran al visitante no sólo como era el funcionamiento de aquellas fortalezas subterráneas y la vida de los soldados que las guarnecían, sino que se exponen toda clase de armas ligeras y pesadas con sus correspondientes municiones, uniformes, insignias, documentos, fotografías, etc., correspondientes a la época y a los diferentes bandos combatientes.

Entre dichas fortificaciones merecen citarse la casamata de infantería de Esch, en Hatten, cuyo interesante contenido ilustra las páginas del presente artículo; el impresionante fuerte de Schoenenbourg, ubicado en la localidad del mismo nombre, que a 30 metros de la superficie permite recorrer 2.500 metros de instalaciones militares subterráneas perfectamente conservadas; el fuerte Casso, sito en Rohrbach-Les-Bitche, construido con 6.000 metros cúbicos de hormigón y 500 toneladas de acero, dotado de 32 armas automáticas y 8 piezas anticarro, capaz de albergar bajo tierra a su guarnición de 173 hombres durante dos meses; y el museo de L’Abri, en Hatten, que por sus características especiales será merecedor de un próximo artículo en “ARMAS”.

Todo este patrimonio se conserva y puede visitarse gracias a la desinteresada dedicación y entrega de los miembros de las citadas asociaciones, que agrupadas cada una de ellas en torno a su casamata o fortificación, en el que depositan además sus colecciones particulares, están afiliadas en la Federación de Asociaciones de la Línea Maginot de Alsacia (FALMA).

Sobreviven gracias a la dedicación y esfuerzo de sus miembros así como a las aportaciones y cuotas de socios y simpatizantes, la venta de entradas, publicaciones y recuerdos a los visitantes, además de algunos donativos y subvenciones. Todo un ejemplo para los españoles. Sin comentarios, …, por el momento.

El único inconveniente para los visitantes, es el calendario establecido de visita, que normalmente queda reducido a los días festivos comprendidos entre los meses de marzo y octubre, pero si se tiene en cuenta la climatología de la zona y que la atención al público es realizada por los socios en sus ratos libres, es comprensible. Para los que quieran saber más y se quieran animar a conocerlas, se recomienda consultar su web www.lignemaginot.com  .

La casamata de Esch.

Próxima a la pequeña localidad alsaciana de Hatten, poco antes de llegar a ella, entre Haguenau y Wissembourg, y tras haber abandonado la autopista A-35, procedente de Estrasburgo, se encuentra el visitante, en el margen derecho de la carretera local, con la casamata de infantería de Esch, enclavada en un extenso recinto cubierto de césped verde esmeradamente cuidado.

Fue construida en 1931 y formaba parte del dispositivo defensivo del sector fortificado de Haguenau, comprendido entre Hochwald y el Rhin. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, dicha casamata estaba guarnecida por 24 hombres (1 oficial, 2 suboficiales y 21 de tropa) del 23º Regimiento de Infantería de “Forteresse” (Fortaleza), teniendo que acudir en apoyo de las casamatas de Aschbach y de Oberroedern, atacadas por los alemanes en mayo de 1940. Con la firma del Armisticio fue rendido el 1 de julio y entregado al enemigo sin que llegaran a entrar en acción sus 2 cañones de 37 mm., sus 4 ametralladoras dobles y sus 6 fusiles ametralladores.

Sin embargo, casi cinco años después, del 7 al 21 de enero de 1945, durante la Operación “Nordwind” fue sucesivamente tomada y retomada por alemanes y norteamericanos, siendo objeto de durísimos combates, de todo lo cual ha quedado evidente testimonio de ello en sus muros, tal y como puede apreciarse en las fotografías. En 1982 la asociación se hizo cargo de la instalación y en 1986, tras su restauración, fue abierta al público.
 
Tras abonar 3 € el visitante puede acceder, cámara fotográfica en ristre, al interior. Este detalle es importante ya que en la mayoría de los museos militares españoles está sorprendentemente prohibida la realización de fotografías. Previamente uno ha podido moverse libremente por el exterior, observando obstáculos antitanque, alambradas, supuestos campos de minas, puestos de ametralladoras y de observación, así como los evidentes impactos de proyectiles de muy variado calibre sobre los recios muros de hormigón de la casamata, que por cierto, está coronada con un imponente carro norteamericano M-4 A3, tipo “Sherman”, al que tal y como advierte un cartel, en francés y alemán, está prohibido subirse.

Una vez en el interior, donde se es amablemente atendido por un miembro de la asociación que lo conserva, hay dos zonas perfectamente diferenciadas. A la izquierda pueden contemplarse las diferentes clases de ametralladoras y fusiles ametralladores que había de dotación así como descubrir las instalaciones y la vida de su guarnición dentro de la casamata, estando recreada incluso por maniquíes que visten los uniformes franceses de entonces. Conforme a los tiempos modernos que se viven, puede accederse a un ordenador en cuya pantalla pueden visionarse la historia de la casamata y numerosas fotografías de época.

El ala derecha sería sin duda alguna la que más haría las delicias de los lectores de “ARMAS”, al poder observarse en las vitrinas, unas esplendidas y muy completas colecciones de armamento portátil alemán, francés y norteamericano: pistolas, carabinas, fusiles, mosquetones, fusiles ametralladores, ametralladoras, lanzagranadas, municiones de toda clase, granadas de mano, bayonetas, dagas, etc., así como una amplia variedad de uniformes, equipos, cascos, máscaras antigás, insignias, condecoraciones, banderas, distintivos, carteles, documentos, fotografías, utensilios y otro largo etc., de lo que las fotografías que ilustran el presente artículo, dan buena fe de ello.

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André Maginot (1877-1932).
Nacido en París el 17 de febrero de 1877, su biografía oficial comienza con sus estudios de Derecho y la realización del servicio militar en el 94º Regimiento de Infantería, de guarnición en Bar-le-Duc, iniciando muy joven su carrera política. En 1903, cuando contaba sólo 26 años de edad, fue nombrado Director de Interior, en el gobierno general de Argelia (entonces colonia francesa), y desde 1910 fue consejero general y diputado por el Departamento (provincia) de Meuse.

En 1913 le confirieron el cargo de subsecretario de estado del Ministerio de la Guerra. El 28 de julio de 1914 con la declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia, comenzaba la “Gran Guerra”, que es como sería conocida la Primera Guerra Mundial. Las declaraciones se extendieron rápidamente entre unos y otros países y así, Alemania lo hizo a Francia el 3 de agosto siguiente.

El presidente francés Raymond Poincaré ordenó la movilización de los reservistas y Maginot, sin ampararse en su cargo, solicitó voluntariamente servir como soldado de 2ª clase en el 44º Regimiento de Infantería Colonial.

Ascendido a cabo, obtuvo el 2 de septiembre siguiente una citación como distinguido, y el 6 de noviembre fue condecorado con la cruz de guerra. Tres días después resultó gravemente herido y fue promovido al empleo de sargento.

Llegó a participar en la defensa de Verdún, terrible experiencia que le marcaría toda su vida y que bien seguro influyó en su decidido apoyo a lo que terminaría siendo conocida como la “Línea Maginot”.

Significar que Verdún, la sempiterna “Puerta de Francia”, asentada sobre un cerro en uno de los meandros del Mosa, fue en 1916, el escenario de las batallas más sangrientas que se libraron entre franceses y alemanes, cifrando algunos historiadores en unos 360.000 las bajas que tuvieron los primeros, y en unos 330.000 las de los segundos.

Tras el Armisticio del 11 de noviembre de 1918, se puso fin a la guerra en el frente occidental. Francia era una de las potencias vencedoras y Alemania era de las perdedoras. Maginot fue recompensado con la Medalla Militar y había acumulado seis citaciones como distinguido, reincorporándose nuevamente a la vida política.

Entre 1922 y 1924 ostentó conjuntamente el Ministerio de la Guerra y el de Pensiones, recayendo sobre él, el hecho histórico de haber organizado la primera ceremonia de homenaje, en 1923, al “Soldado Desconocido”, bajo el Arco del Triunfo en París. Asimismo, se dijo de él que “reorganizó el Ejército francés” hasta sus fundamentos.

En enero de 1930, tras haber desempeñado el cargo de Ministro de Colonias, fue nombrado nuevamente Ministro de la Guerra, sucediendo a Paul Painlevé, quien había preparado un ambicioso proyecto sobre la defensa de las fronteras francesas frente a Alemania pero que fue rechazado.

Maginot hizo suya dicha propuesta y la impulsaría entusiastamente, logrando la aprobación de la primera serie de créditos para financiar la fortificación de una serie de posiciones defensivas situadas a lo largo de las fronteras del nordeste y sudeste.

Sin embargo no llegaría a ver la materialización de su obra ya que el 6 de enero de 1932, falleció por enfermedad. No obstante la línea defensiva sería bautizada con su apellido como homenaje póstumo.



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