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martes, 22 de julio de 2014

BERNABE LOPEZ CALLE: GUARDIA CIVIL, ANARQUISTA Y MAQUIS.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 14 de diciembre de 2004, pág. 34. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



En estos tiempos de "recuperación de la memoria histórica", hay una asignatura pendiente en nuestra provincia –entre otras muchas– que es la correspondiente a la del denominado, por unos, maquis o guerrilla o, simplemente, bandolerismo para otros, un fenómeno que tuvo su espacio en la década de los años 40 del pasado siglo XX.

¿Héroes o villanos? Al margen de la respuesta que cada lector quiera dar, hay que precisar que como suele ser habitual aquí tampoco hay verdades absolutas y de todo hubo en la sierra gaditana, teatro principal de "partidas" de guerrilleros y "contrapartidas" de guardias civiles.

Cuando finalizó la Guerra Civil, hubo entre los derrotados quienes nunca se rindieron. Dado que la oposición política contra el Régimen era inviable por razones obvias, optaron por la oposición armada con la confianza de que contarían con el apoyo de buena parte de la población así como con la esperanza de que los países Aliados que estaban combatiendo contra las potencias del Eje terminarían por intervenir en España para derrocar al general Franco. Vanas ilusiones que pronto se truncaron en frustración, pues ni unos ni otros respondieron a sus anhelos.

Este movimiento de oposición armada antifranquista estaba integrado, principalmente, por quienes, tras haber estado combatiendo contra los alemanes desde las filas del maquis francés, cruzaron los Pirineos a partir de 1944, así como por quienes desde el mismo 1 de abril de 1939, o después de salir de las cárceles o campos de concentración, decidieron volver a empuñar un arma, derramando hasta la última gota de su sangre por sus ideales.

Pero también se mezclaron entre ellos delincuentes que protagonizaron numerosos robos y asesinatos o aprovecharon la coyuntura para cometerlos. 

Todo ello, unido a una brutal represión contra quien osaba ayudarles, provocó un rechazo social de buena parte de la población convenientemente alentado por las autoridades franquistas. 

Finalmente, el abandono que sufrieron los últimos guerrilleros por sus propios dirigentes instalados cómodamente en el exilio al cambiar la estrategia antifranquista, que implicó cortar el apoyo económico y logístico, terminó por convertirlos en verdaderos bandoleros para poder sobrevivir en unas calamitosas condiciones hasta que fueron capturados o muertos.

Uno de aquellos hombres que actuaron en la sierra gaditana se llamaba Bernabé López Calle, Comandante Abril, y fue el jefe de la Agrupación Fermín Galán, denominada así en memoria del joven capitán de Infantería, nacido en San Fernando y que había muerto fusilado tras la frustrada sublevación republicana de Jaca en diciembre de 1930.

¿Pero quién era Bernabé? Hoy sabemos que nació el 30 de mayo de 1899 en la localidad malagueña de Montejaque, donde pasó toda su infancia y que, al cumplir la edad militar fue llamado a filas, donde participó desde 1921 en las campañas de Marruecos formando parte del grupo expedicionario cordobés del 4º Regimiento de Artillería Pesada, hasta que se licenció como sargento para la reserva en 1924.

Casado y con 26 años de edad, ingresó en la Guardia Civil, prestando sucesivamente servicio en las Comandancias de Caballería del 21º Tercio de Barcelona y del 4º Tercio de Sevilla. En este último destino sufrió dos vicisitudes encontradas: por un lado, resultó herido durante las tareas de extinción de un incendio en una fábrica y, por otro, fue arrestado y trasladado a Huelva como castigo tras un incidente en una finca cuando cazaba como furtivo.

En marzo de 1931, pasó destinado a Málaga, donde al mes siguiente le sorprendió la proclamación de la Segunda República y, posteriormente, la sublevación militar del 18 de julio de 1936, permaneciendo leal al Gobierno de Madrid en su puesto de Antequera junto a los demás guardias civiles.

Durante la Guerra Civil militó en la CNT, y llegó a alcanzar el empleo de "Mayor de Infantería en Campaña" (asimilado a Comandante) del Ejército Popular de la República y a mandar el Batallón de Ametralladoras nº 17, así como, al final, la legendaria 70ª Brigada Mixta, de procedencia anarquista y que había combatido a los comunistas hasta vencerlos tras el golpe del coronel Segismundo Casado en marzo de 1939 en Madrid.

Detenido y encarcelado al terminar la contienda, fue procesado por el delito de rebelión militar y expulsado de la Guardia Civil, siéndole incoados por la Justicia militar diversos procedimientos por su supuesta responsabilidad en varios sucesos.

Encontrándose en libertad provisional decidió echarse al monte en abril de 1943, acompañado de su hijo Miguel, llegando a formar su propia partida guerrillera de ascendencia anarquista. Tras varios años de andanzas entre la zona del Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda, terminó por fusionarse en febrero de 1949 con la partida comunista que lideraba Pablo Pérez Hidalgo, Manolo el Rubio, surgiendo la Agrupación Guerrillera Antifascista Fermín Galán, de la que fue nombrado su jefe y cuyas acciones se multiplicaron por toda la sierra gaditana.

En la noche del 30 de diciembre de ese mismo año, la suerte cambió definitiva y funestamente para Bernabé que se había desplazado con su partida a Medina Sidonia para secuestrar a Francisco Sánchez Sánchez, dueño del cortijo Linares, y a Luis Lara Gerona, dueño del cortijo Jurado, con el objeto de conseguir dinero para financiar sus acciones. Sin embargo uno de sus hombres, Francisco Fernández Cornejo, Largo Mayo, se presentó en la casa-cuartel de la Guardia Civil para delatarlo a cambio de obtener el perdón.

Organizado el cerco bajo el mando del teniente José Giraldo González sobre el Cerro de la Atalaya, se atacó al amanecer del día 31 el campamento guerrillero, sito en el intrincado paraje de Haza del Cabezón. Bernabé y sus hombres reaccionaron también disparando sus armas. Cuando cesó el tiroteo, yacían sin vida Bernabé, pistola en mano, y Juan Ruiz Huercano, El Capitán. Sus cuerpos fueron trasladados en mulo hasta Medina Sidonia en cuyo cementerio fueron enterrados en una fosa anónima.

El resto –Miguel López García, Joselillo; Juan Toledo Martínez, Caracoles; Alfonso Sánchez Gómez, Potaje, y Juan Francisco Domínguez Gómez, Pedro de Alcalá– había huido aprovechando la confusión. Miguel, el hijo de Bernabé, también moriría víctima de la traición. El 17 de noviembre de 1950 fue asesinado en Zahara de la Sierra de un disparo en la cabeza por el maquis Manuel Palma Mesa, El Bigotes antes de entregarse a la Guardia Civil.

Bernabé: ¿Héroe o villano? Pudo haberse reintegrado en la sociedad española de la posguerra y sobrevivido al igual que hicieron en muy precarias condiciones varios miles de guardias civiles y carabineros que fueron encarcelados y expulsados por su lealtad a la República.

Sin embargo escogió el camino más difícil, más duro y más peligroso, ...

La figura de un antiguo guardia civil de los tiempos de Alfonso XIII que combatió activamente en defensa de la República y abrazó el anarquismo para terminar convirtiéndose en el jefe de una partida guerrillera antifranquista hasta morir en enfrentamiento armado contra sus antiguos compañeros, no deja de resultar atractiva y fascinante, digna de protagonizar un guión cinematográfico o una novela histórica. Sin embargo, por ahora descansa anónimamente en el cementerio de Medina Sidonia.

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