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viernes, 21 de noviembre de 2014

LA GUARDIA CIVIL Y LOS SUCESOS DE CASAS VIEJAS.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "LA VOZ DE CADIZ" el 25 de enero de 2008, pág. 26.

En estas fechas se ha venido conmemorando –que no celebrando- el setenta y cinco aniversario de los trágicos sucesos de Casas Viejas. Uno de los episodios más vergonzosos y vergonzantes de la Segunda República, en el que se perdieron veintiséis vidas. Aquello terminó por motivar la caída del gobierno de coalición de centro-izquierda presidido por Manuel Azaña y la convocatoria de las elecciones de 19 de noviembre de 1933 que dieron el triunfo a la Derecha. 

Nadie puede negar que la matanza de catorce vecinos de aquella pedanía –entonces perteneciente a Medina Sidonia- bajo los disparos de la Guardia de Asalto –que no de la Guardia Civil- cuando se encontraban detenidos y en su mayor parte esposados, fue un injustificable y repugnante asesinato. Prueba de ello fue que su responsable inmediato, el capitán Manuel Rojas Feingespán, que mandaba las fuerzas de Asalto que llegaron expresamente desde Madrid, resultó condenado el 28 de mayo de 1934 en la Audiencia Provincial de Cádiz, a la pena de veintiún años de prisión. 

Igual de terrible fue lo sucedido horas antes de aquello, cuando en cumplimiento a un telegrama gubernativo que textualmente decía, “Es orden terminante Ministro de la Gobernación se arrase casa donde se han hecho fuertes los revoltosos”, se tiroteó e incendió la choza en la que se habían refugiado y opuesto con las armas a su detención, otro grupo de vecinos encabezado por “Seisdedos”. Allí resultaron muertos –a tiros o carbonizados- ocho de ellos y un guardia de asalto, además de heridos otros cuatro guardias más. Poco después, otro vecino –desarmado y ajeno a los hechos- cayó muerto en la puerta de su vivienda por disparos de guardias de asalto. 

Sin embargo a la hora de recordar y conmemorar –máxime en estos tiempos de culto a la memoria histórica que vivimos- los trágicos sucesos de Casas Viejas, se suelen obviar u olvidar ciertas cuestiones, que para algunos parecen carecer de importancia. 

Una de ellas es reconocer que allí lo que primero que se produjo fue un alzamiento revolucionario contra la legalidad vigente. La efímera Segunda República, que fue herida de muerte por la sublevación militar facciosa del 18 de julio de 1936, padeció desde sus comienzos, constantes intentonas y frustrados levantamientos revolucionarios anarquistas, que por aquel entonces constituían la fuerza campesina y obrera más importante y numerosa del país. 

Otra cuestión por la que también se suele pasar de puntillas –en el mejor de los casos- es que los guardias civiles y sus familias que vivían en la casa-cuartel fueron las primeras víctimas de aquella tragedia que se inició al amanecer del 11 de enero de 1933. La Benemérita estaba compuesta en Casas Viejas por su comandante de puesto, el sargento Manuel García Alvarez, y los guardias civiles Román García Chuecos, Pedro Salvo Pérez y Manuel García Rodríguez. 

Los dos primeros fallecerían en los días siguientes como consecuencia de las gravísimas heridas sufridas por disparos en el cerco e intento de asalto revolucionario al modesto acuartelamiento, resultando heridos leves los otros dos. Los sublevados exigieron la rendición y la entrega del edificio. El sargento se negó, gritó ¡Viva la República! –según la prensa de época- y se atrincheró con sus hombres y las familias, sacrificando su vida en defensa de la legalidad vigente. 

Autoridades y periodistas de entonces los ensalzaron como héroes, declarándose el suceso como “hecho de guerra” y se les ascendió a todos. Incluso se ordenó por el Inspector General de la Guardia Civil, Cecilio Bedia de la Cavallería, la instrucción de juicio contradictorio para determinar si aquellos guardias civiles -de humilde condición social- eran acreedores a la cruz laureada de San Fernando, máxima recompensa militar al valor heroico. Sin embargo, dos años después, dicho expediente terminó siendo archivado sin más, aduciéndose un ridículo defecto de forma. Ya para entonces, no interesaba remover aquella tragedia. 

Bien está recordar y conmemorar, setenta y cinco años después, la memoria de las víctimas de aquellos bárbaros sucesos, pero lo justo es recordar y honrar la memoria de todas, sin excepciones de ninguna clase, comenzando por las primeras que los sufrieron y que dieron su vida en defensa de la legalidad republicana vigente: los guardias civiles de Casas Viejas.

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