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sábado, 12 de abril de 2014

LAS EXHUMACIONES DE LA GUERRA CIVIL.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 24 de septiembre de 2003, pág. 6.

Parece ser que los restos de Federico García Lorca -uno de los crímenes más caros de las fuerzas de Queipo de Llano- serán próximamente exhumados una vez se localice su ubicación exacta, bastante acotada ya por cierto.



Su familia no está muy por la labor pero como el insigne poeta no fue asesinado ni enterrado solo, han sido los parientes del maestro Dióscoro Galindo y del banderillero Francisco Galadí, los que han dado su autorización. 

Ignoro los motivos que tienen los familiares de García Lorca para que no se proceda a darle una sepultura más digna que la que actualmente padece, aunque visto lo visto en algunos lares la verdad es que es para pensárselo.



Siempre he creído que los muertos son en todo caso propiedad, si es que puede decirse así pues la verdad que hasta eso empiezo a dudarlo, de los familiares que les sobreviven y que son quienes a la postre deciden y abonan los gastos correspondientes al tipo y lugar de inhumación.



No obstante también es cierto que algunos fallecidos pueden terminar perteneciendo por muy diversas razones al Patrimonio de la Humanidad, con mayúsculas, y si no que se lo digan por ejemplo a las momias de los antiguos faraones de Egipto que se exhiben en los museos.



Desgraciadamente somos muchos los españoles que tenemos a algunos de nuestros seres queridos olvidados y mezclados en fosas comunes de nuestra desgraciada Guerra Civil. 

Por ejemplo los restos de mi abuelo paterno -que dejó viuda y cuatro huérfanos de muy corta edad- permanecen revueltos desde 1936 en una fosa común de un cementerio entre los de un centenar más de desgraciados que fueron asesinados una calurosa noche del mes de agosto.



Si algún día alguien me ofreciera exhumar e identificar sus restos con ADN incluido, no sé que decidiría pero comprendo que vista la manipulación que a veces se padece, uno termine por pensárselo pero que muy mucho. 

Y desde luego intentaría enterarme antes del verdadero interés del ofertante así como cual ha sido su trayectoria ética anterior en la materia, pues hay veces que hasta las instituciones más formales pueden verse sorprendidas en su buena fe por algún tunante.



Por otra parte estoy absolutamente a favor de la verdadera recuperación de la memoria histórica y de devolver la dignidad a quienes tan injustamente se les privó mediante la más ilegítima violencia. 

También apuesto firmemente por que todos tienen, todos tenemos o al menos deberíamos tener, derecho a decidir sobre nuestros muertos y su lugar de reposo final, siendo muy de agradecer que instituciones y asociaciones apoyen y faciliten, cuando es altruístamente, dicha labor.



Sin embargo tengo que reconocer que me preocupa la demagogia y la manipulación espuria que algunos desaprensivos intentan hacer con nuestros asesinados de la Guerra Civil, que haberlos los hubo y por los dos bandos.



Pero más miedo me da que encima sus cuerpos vuelvan a ser profanados y más por quienes proclaman querer dignificarlos, pues parece ser que recientemente y con motivo de una reciente exhumación estuvieron a punto de desaparecer unos dientes de oro de una de las víctimas del 36 pero que gracias a la agudeza visual de los empleados de cierto cementerio pudieron ser recuperados ante el sonrojo de todos los presentes, unos por vergüenza ajena y otros por desvergüenza propia, existiendo según se comenta un documento interno dando cuenta de tan lamentable y repugnante hecho.



Acciones como las anteriores vienen suscitando en las últimas semanas un profundo y poco académico debate en diversos foros relacionados con la recuperación de la memoria histórica, cuestionándose fines, financiaciones, subvenciones e incluso la propia existencia de las diferentes asociaciones, todo lo cual hace un evidente daño a la causa de quienes honestamente creen y trabajan en ello.



Alguien, y quien mejor que la propia Administración, tal vez debería velar por la debida salubridad en todo, haciéndose además cargo de las acciones que sean necesarias y posiblemente así podamos dejar algún día a nuestros muertos en paz que es como realmente mejor estarían.

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