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domingo, 8 de febrero de 2015

LA ESTATUA DEL GENERAL VARELA.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" (edición de San Fernando) el 6 de agosto de 2008, pág. 24.


Es difícil precisar hasta donde llega el debate sobre la estatua ecuestre del general Varela pero la llamada ley de Memoria Histórica lo ha puesto de actualidad. El ayuntamiento de San Fernando recaba informes mientras que colectivos de exaltados defensores y hostiles detractores andan a la gresca.

Dicha ley establece que las Administraciones públicas “tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”, si bien deja la puerta abierta a las excepciones “cuando concurran razones artísticas”.

Visto lo leído, habrá que comenzar preguntándose si a esa estatua le afecta todo lo anterior. Es cierto que el bilaureado militar encabezó la sublevación del 18 de julio de 1936 en Cádiz y que fue el general que liberó el Alcázar de Toledo, ganó –entre otras- la batalla de Brunete y además recuperó Teruel, así como que fue ministro del Ejército entre 1939 y 1942.

Pero si se tiene en cuenta que entre la larga nómina de ministros que tuvo Franco, apenas hay alguno que tiene una estatua en su ciudad natal –y mucho menos ecuestre- hay que preguntarse por qué Varela -hijo predilecto desde 1923- la tiene desde 1946. Es decir, después de ser defenestrado como ministro y de haber entregado al Caudillo de España la famosa carta firmada por los generales monárquicos reclamando la restauración.

Haciendo ejercicio de “memoria histórica” y tirando de hemerotecas y archivos se pueden encontrar y leer cosas inéditas muy interesantes que tal vez ayude a entender por qué los isleños le levantaron una estatua, a cuya inauguración por cierto, Varela no quiso asistir.

Ya desde 1918 y siendo teniente, la prensa local se ocupaba de él. Su carácter sencillo y sus orígenes humildes, le hacían gozar de gran simpatía entre sus convecinos. No obstante sería tras la concesión de dos cruces laureadas de San Fernando –la más alta recompensa militar al valor heroico- y su imposición por Alfonso XIII, cuando la prensa local y nacional, lo convirtieron en héroe popular.

Uno tras otro se sucedían banquetes y homenajes, destacando el sable de honor que por suscripción se le regaló en 1923 y que sus hijos siguen conservando con todo cariño. En su hoja puede leerse “Los ciudadanos de San Fernando al heroico capitán Excmo. Sr. José Enrique Varela Iglesias”.

Ese mismo año, siendo ya socio protector del Centro Obrero y “contribuyendo de ese modo al sostenimiento de esta Sociedad integrada por obreros”, la corporación municipal, congratulándose de su brillante historial militar y como “homenaje a sus virtudes cívicas”, acordó por aclamación nombrarle hijo predilecto.

A lo largo del lustro siguiente Varela, que había rechazado los títulos nobiliarios ofrecidos por Alfonso XIII, continuaría cosechando, uno tras otro, éxitos militares en el Protectorado y homenajes en la Península.

Todo ello terminaría por dar lugar a que en 1928 se constituyera la primera comisión pro-monumento por suscripción popular para ubicarlo en una plaza pública isleña. La prensa local fue publicando a lo largo de ese año y el siguiente, las numerosas identidades y cantidades aportadas. Sin embargo el propio Varela dejaría muy claro por escrito que agradecía la iniciativa pero que solicitaba el cese de tal proyecto, ya que sólo había cumplido con su deber.

Terminada la Guerra Civil, Varela se convirtió en el principal valedor de San Fernando. La documentación inédita que se conserva en el archivo gaditano, acredita su constante desvelo por la ciudad que le vio nacer.

Una tras otra, se suceden cartas y felicitaciones por evitar el cese del personal sanitario que servía en el pabellón de infecciosos durante una epidemia de tifus, enviar alimentos para una población de posguerra hambrienta, gestionar la permanencia del servicio municipal de lonja, conseguir el dragado del caño y muelle de Gallineras, levantar el cierre por sanción gubernativa del Círculo de Artes y Oficios, efectuar numerosas aportaciones de su propio peculio para fines sociales, y así un largo etcétera que incluye hasta su exitosa intercesión ante la Federación Nacional de Fútbol para que el club deportivo San Fernando (el mismo que hoy día celebra sus triunfos futboleros en lo alto de la estatua ecuestre) regresara a 3ª División.

El que tenga la responsabilidad de decidir que decida conforme establece la ley, pero San Fernando le debe mucho a Varela y forma parte de su historia. Esa estatua no se erigió para exaltar a un golpista sino para perpetuar la memoria de quien sus vecinos querían desde mucho antes de la guerra, amén de que su escultor fue el afamado internacionalmente Aniceto Marinas, autor del monumento a las Cortes de Cádiz, entre otras muchas obras de reconocido prestigio.

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