Translate

sábado, 19 de septiembre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LVI). UN CAPÍTULO INÉDITO DEL ESCALAFÓN BENEMÉRITO DE 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR el 29 de junio de 2026", pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

En el “Escalafón General de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858” de la Benemérita, merece singular atención el excepcional y extenso detalle del contenido del capítulo titulado “Organización y origen de la Guardia Civil”. Para conocer su situación en la provincia de Cádiz en general, y en el Campo de Gibraltar y Algeciras en particular, es necesario conocer este texto, apenas conocido, pero publicado hace ya 168 años.

Su contenido es realmente muy interesante y aunque en este tipo de documentos no consta la identidad del autor o redactor del texto concreto, no hay duda alguna de que el entonces inspector general de la Benemérita tenía pleno conocimiento de lo que se exponía, y que sin su expresa aprobación era impensable que se publicase. Bien seguro que hubo entonces una razón muy concreta para que publicara tan extenso y detallado contenido, aunque sólo fuera esa vez.

Comenzaba el texto haciéndose constar que: “La necesidad de crear una fuerza armada encargada de la seguridad de los caminos y despoblados y de la protección y socorro de las personas y propiedades, ha sido reconocida en España desde la más remota antigüedad”.

Curiosa y seguidamente, el texto se retrotraía casi cuatro siglos respecto al incipiente año 1858, afirmándose textualmente que: “Los Reyes Católicos, después de algunos ensayos hechos por sus antecesores los Reyes D. Enrique II, III y IV y D. Juan I y II, decretaron en el año 1475 la creación de los Ballesteros de la Santa Hermandad, con el objeto de que exterminaran los malhechores que asolaban la provincia de Toledo, y en 1498 los reformaron haciendo extensivos sus servicios a las demás provincias del reino, dándoseles sus ordenanzas y estatutos”.

A continuación, exponía que, desvirtuados los servicios de la Santa Hermandad, “el tiempo se encargó de ir borrando de la historia esta institución, cuyos privilegios la sobrevivieron, siendo extinguidos del todo por decreto de 3 de febrero de 1835, expedido a consulta del Estatuto de Próceres del reino”.

Luego, al referirse posteriormente al rey Fernando VII y su cautiverio en el país vecino, se relató que el monarca había conocido, “la conveniencia y servicios de la Gendarmería francesa”. Así que, “tuvo la idea a su regreso a España de organizar una institución idéntica, pero por razones que no son de este lugar no pudo por el momento llevarla a cabo”. Y es cierto, transcurridos los seis años siguientes, no se creó cuerpo policial estatal alguno desplegado por todo el territorio nacional.

Hubo que esperarse a que, iniciado ya el Trienio Liberal, concretamente el 30 de julio de 1820, el teniente general Pedro Agustín Girón de las Casas, entonces ministro de la Guerra, IV marqués de Las Amarillas y futuro I Duque de Ahumada, presentase y defendiese en las Cortes, el proyecto de la Legión de Salvaguardias Nacionales. Se trataba de crear el primer cuerpo de seguridad pública estatal, formado inicialmente por 5.230 hombres, a desplegarse por todo el territorio nacional, y bajo el mando de un general del Ejército. Sin embargo, dicho proyecto no fue aprobado.

Según se continuaba leyendo en el mentado capítulo del Escalafón de 1858, estando ya bien entrado el año 1823, y se iniciaba el declive del citado Trienio Liberal, la nueva “Junta provisional de Gobierno” decretó la creación de, “un cuerpo de Celadores Reales, previniendo se formase una compañía en cada provincia, de las que sólo llegó a organizarse la de Zaragoza, sirviendo después de base para otra fuerza de ocho compañías y cuatro escuadrones que fue disuelta en 1827”.

En 1833, transcurridos cinco años, durante los cuales el Ejército continuó siendo el elemento principal del Estado para garantizar la seguridad pública, “se decretó la organización del cuerpo de Salvaguardias, cuya dotación era de 10.000 hombres, poniéndolo bajo la dependencia del superintendente de policía, organización que tampoco llegó a tener efecto”. Efectivamente, fue entonces un proyecto interesante, pero al que nunca se le dotó del necesario contenido presupuestario, no completó en absoluto la plantilla prevista y no llegó a desarrollarse siquiera como se había legislado.

Prosiguiendo con el texto citado, todavía era mucho más contumaz en su contenido, afirmándose que, “nunca se llegó a consolidar ninguna de las instituciones citadas, sin duda por los vicios de su organización, e indudablemente porque no se cimentó en bases sólidas, que venciendo los naturales obstáculos de toda nueva creación, hubieran facilitado sus servicios; y así es que la necesidad de la fuerza destinada al objeto, quedó subsistente y aún se hizo más notable a medida que tenía lugar el desarrollo comercial del país, contenido durante la guerra dinástica”.

A continuación, se exponía en ese escalafón de 1858 que, en 1844, “se ordenó la organización de la Guardia Civil, que depende del Ministerio de la Guerra en lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes, y del de la Gobernación para el servicio y acuartelamiento”.

Seguidamente se explicaba que, “se dispuso fuera un cuerpo de tropas escogidas y que se considerara su ingreso en él como una recompensa de la irreprensible conducta y buenos servicios acreditados en los demás cuerpos del Ejército, encargándose a un General la dirección del cuerpo e inspección y perfeccionamiento de su servicio, bases sólidas que han ofrecido los resultados que se conocen y que prometen un brillante porvenir a la institución”.

Luego, el texto se centraba ya en la plantilla de la Guardia Civil que se detallaba en el reiterado escalafón de 1858: 8 coroneles; 6 tenientes coroneles; 66 primeros capitanes de 1ª y 2ª clase que eran comandantes del Ejército, 8 de los cuales desempeñaban el cargo de 2º jefe de los 13 Tercios existentes en la Península e Islas Baleares, mientras que 11, que eran de caballería, mandaban los escuadrones desplegados en dichos territorios; 158 tenientes de infantería y 35 de caballería; así como 49 subtenientes de infantería y 29 alféreces de caballería. En total 80 jefes y 333 oficiales.

Respecto a la fuerza de tropa, ésta se componía de 8.600 hombres de infantería y 1.450 de caballería, que formaban un total de 10.050 efectivos, mientras que la plantilla de caballos era de 1.350.

(Continuará).