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miércoles, 22 de septiembre de 2021

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (LXXXV). VICISITUDES DURANTE LA GUERRA CIVIL (3).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 20 de septiembre de 2021, pág. 10.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro. 

 

 

Siendo director general de la Guardia Civil el general de división Eliseo Álvarez-Arenas Romero, se dispuso el 28 de marzo de 1941 por el director general de Seguridad, José Finat Escrivá de Romaní, que el capitán Odón Ojanguren Alonso pasase a prestar sus servicios como “Jefe de la Frontera Sur”, con residencia en La Línea de la Concepción. 

Sus importantes servicios prestados con anterioridad, su experiencia acreditada y sus contactos le convertían en la persona idónea en un lugar tan estratégico como aquél, limítrofe con la colonia británica de Gibraltar, en plena Segunda Guerra Mundial.

Aunque como consecuencia de la ley de 15 de marzo de 1940, las misiones, efectivos y acuartelamientos del Cuerpo de Carabineros habían pasado a ser asumidas por el de la Guardia Civil, las funciones encomendadas al capitán Ojanguren nada tenían que ver con las de resguardo fiscal del Estado que se ejercían en la aduana de la Verja para evitar el contrabando procedente del Peñón.

De hecho, dos días antes de ser nombrado para dicho cargo, cuyas misiones no eran peculiares del benemérito Instituto, había causado baja en la Comandancia de Málaga. Pasó al “Cuadro Eventual de Mando” de la Dirección General del Cuerpo, quedando afecto administrativamente al 16º Tercio Rural de la Guardia Civil cuya cabecera estaba entonces fijada en la capital gaditana.

Se trataban de misiones relacionadas con la seguridad del Estado. Permanecería hasta abril de 1943 como responsable de la “Frontera Sur” en La Línea. Tras continuar unos meses más en el mentado cuadro eventual de mando, volvería a ser destinado como jefe de la Compañía de Marbella. 

A partir de ahí seguiría su carrera militar en la Guardia Civil. No volvería ya destinado al Campo de Gibraltar si bien por razones familiares siguió muy vinculado con San Roque y La Línea de la Concepción. En esta ciudad había nacido su esposa, María Miguelina Saulier (en algunos documentos oficiales figura también como Soulié) Fraget, y en aquella había fallecido en septiembre de 1943. Tuvieron seis hijos llamados María del Carmen, Odón Oscar, María Miguelina, Antonio José, Alfredo Juan y Rosa María. Ojanguren alcanzaría el empleo de general de brigada en febrero de 1967 y fallecería en La Línea de la Concepción el 13 de febrero de 1984, a los 76 años de edad.

El brigada Juan Colodrero Vergara, natural de Baena (Córdoba), tenía 51 años de edad el 18 de julio de 1936. Llevaba destinado como comandante del puesto de San Roque desde junio del año anterior, procedente del mando del de Tarifa. Se había incorporado a San Roque con el empleo de sargento 1º pero un mes más tarde ascendió a brigada y fue confirmada su continuidad en el mismo sitio. A partir del 1º de septiembre de 1936, tras pasar destinado el teniente Ojanjuren a La Línea de la Concepción, se hizo cargo con carácter accidental del mando de la línea de San Roque, desempeñándolo conjuntamente con el del puesto de la residencia. 

Mantuvo ambas jefaturas hasta junio de 1937 que, con carácter extraordinario, ascendió al empleo de alférez. Fue como consecuencia de la aplicación a la Guardia Civil, “por orden de S.E. el Generalísimo de los Ejércitos Nacionales, de fecha 24 de abril último”, de un decreto que se había dictado al mes de iniciarse la sublevación militar. 

La Junta de Defensa Nacional, órgano inicial de gobierno de los sublevados, que se había establecido en Burgos, necesitaba urgentemente cuadros de mando intermedios como consecuencia de haber movilizado los reemplazos de 1933, 1934 y 1935 para completar las “plantillas de pie de guerra” de sus unidades armadas. Por tal razón se dispuso conceder el ascenso al empleo inmediato a los brigadas, sargentos y cabos de Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros, Intendencia y Sanidad Militar, “que perteneciendo a Cuerpos que se hayan sumado desde el primer momento al movimiento salvador de España, por su conducta en éste, se hayan hecho acreedores a esa distinción”. Además, tal y como se exponía en dicho decreto, tal ascenso servía “para premiar en algo a los que por su conducta en estos momentos tan trascendentales se han hecho dignos del cariño y apoyo de todos los buenos españoles”.

El recién ascendido alférez Colodrero apenas pudo ejercer como oficial el mando de la línea de San Roque ya que el 23 de junio fue destinado a la Comandancia de Málaga, asignándosele el mando de la línea de Huelin. Ésta estaba ubicada en un barrio obrero del extrarradio capitalino, creado a finales del siglo XIX, cuyo nombre se debía a su promotor, el industrial azucarero Eduardo Huelin Reissig.

Antes de proseguir hay que significar que el 25 de septiembre de 1936 el general jefe de la 2ª División Orgánica (Sevilla), Gonzalo Queipo de Llano Sierra, había ordenado: Que todos los puestos de la Guardia Civil de la provincia de Málaga ocupados y que en lo sucesivo se ocupen dependan para todos los efectos de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, cuyo Jefe, Teniente Coronel Don Vicente González, desempeñará también, sin perjuicio del mando de ésta, el del 16º Tercio, cuya cabecera queda establecida provisionalmente en Cádiz”.

Consecuente con ello dicho teniente coronel nombró jefe de la Comandancia de Málaga al comandante José Enríquez Ramírez, ordenándole que procediera “a la reorganización de la misma con arreglo a la plantilla que tuviera antes de Movimiento, en cuanto a Unidades, personal y armamento, así como las dependencias administrativas de la misma”.

Tras la ocupación el 8 de febrero de 1937 de la capital malagueña por los sublevados, se fue completando dicha reorganización. A medida que una población era tomada, se reactivaba el correspondiente puesto del benemérito Instituto bajo el control de aquellos. Realmente fue tarea muy compleja y complicada ya que por un lado la mayor parte de los oficiales de la Comandancia de Málaga habían sido fusilados al inicio de la contienda, provocando carencia de cuadros de mando. Y por otra parte muchos de los guardias civiles que se habían mantenido leales al gobierno de la República habían huido hacia las provincias de Granada y Almería o habían sido detenidos. En los días siguientes fueron fusilados más de sesenta de ellos. La represión interna fue tan dura como la externa.

Por todo ello tuvieron que ser los miembros de la Comandancia de Cádiz los que inicialmente restablecieran el despliegue territorial del Cuerpo en la provincia de Málaga. Aquellos guardias civiles que habían servido en las filas gubernamentales y tras ser depurados no se les apreciaba responsabilidad alguna durante ese periodo, volvieron a prestar servicio.

Al inicio del mes de septiembre siguiente con motivo de reorganización interna se suprimió la linea de Huelin y pasó a mandar la línea de Poniente, ubicada en otra barriada de la capital. Ya para entonces el teniente coronel González García había cesado en el mando del 16º Tercio al haberse hecho cargo del mismo, el mes anterior, el recién destinado coronel Antonio Álvarez-Ossorio Barrientos, restituyéndose su jefatura en Málaga. A principios de 1938 Colodrero tuvo que hacerse además cargo temporalmente de la línea de la barriada de El Palo.

(Continuará).

 

 

domingo, 19 de septiembre de 2021

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (LXXXIV). VICISITUDES DURANTE LA GUERRA CIVIL (2).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 13 de septiembre de 2021, pág. 10.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro. 

   

 

El 27 de diciembre de 1937 el inspector general de la Guardia Civil, teniente general Emilio Fernández Pérez, trasladó a la Comandancia de Cádiz una orden telegráfica procedente del cuartel general del “Generalísimo Jefe del Estado Español”, sito en Burgos. Conforme a la misma, el teniente Odón Ojanguren Alonso debía presentarse urgentemente en dicha ciudad y ponerse a las órdenes del general de división Luis Orgaz Yoldi, jefe de “Movilización, Instrucción y Recuperación” del bando sublevado.

Precisamente, por orden de 7 de mayo de ese mismo año, dicho general había dispuesto que la recién creada Academia de Sargentos provisionales de Infantería se estableciera en el cuartel “Diego Salinas” de San Roque. Una semana antes se había dispuesto su ubicación en la localidad malagueña de Antequera, desechándose finalmente dicha opción ante su falta de viabilidad. Su primer director sería el teniente coronel de Infantería Juan Soto Acosta, quien había pasado a la situación de reserva pocos meses antes de la sublevación militar y cuyo último destino en activo había sido en el Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1.

Volviendo al teniente Ojanguren, éste emprendió inmediatamente la marcha desde La Línea de la Concepción y el 30 de diciembre, tras presentarse en Burgos, fue destinado a disposición del jefe del Ejército del Norte, general de brigada de Estado Mayor Fidel Dávila Arrondo. Éste a su vez dispuso que marchase a la localidad zaragozana de Calatayud y se presentase al comandante militar de la plaza, “en espera de órdenes”. Así lo hizo el 2 de enero siguiente pero tras permanecer allí diez días recibió la orden de regresar al Campo de Gibraltar.

Tal y como había informado en septiembre de 1937 su gobernador militar, el coronel de Infantería Francisco de Borbón y de la Torre, dicho oficial de la Guardia Civil había desempeñado “importantísimos y valiosos servicios”. Estaba claro que quería seguir contando con él. De hecho, desde el 26 de noviembre siguiente venía desempeñando el cometido de “Jefe de las Agrupaciones de Orden Público e Información” en La Línea de la Concepción, por orden del Ministerio de Orden Público y con conocimiento de la Inspección General del Cuerpo. 

Si bien ni en su hoja de servicios ni en su expediente personal se concretan el interés y naturaleza de tan importantes servicios que venía prestando para la causa de los sublevados en dicha localidad, puede descartase que tuvieran vinculación con el servicio peculiar de la Guardia Civil. La verdadera razón estaba relacionada con la inteligencia militar y la colonia británica de Gibraltar.

Tales servicios debieron ser de marcado interés para los sublevados ya que en julio de 1938 volvió a pretenderse que Ojanguren fuese enviado al frente de Aragón y relevase en la localidad zaragozana de Caspe al teniente Antonio Vivar Sánchez, jefe de la línea de Sanlúcar de Barrameda, “por hallarse delicado de salud y faltarle dos meses para el retiro por edad”. 

Sin embargo, el inspector general de la Guardia Civil, entonces general de brigada de Infantería Ricardo Serrador Santés, dispuso que dado que Ojanguren “viene prestando servicios estimables como agregado a la Delegación de Orden Público del Campo de Gibraltar”, se designase otro oficial. En ello fue decisiva la petición formulada por el subsecretario del Ministerio de Orden Público, coronel de Infantería Juan Oller Piñol. Ojanguren no debía ser separado de La Línea de la Concepción mientras se hallase afecto a la citada Delegación, “por ser muy necesarios sus servicios”.

Un ejemplo de tales servicios sería destacado sobresalientemente ese mismo mes por el jefe del Servicio Nacional de Seguridad, teniente coronel de Estado Mayor José Medina Santamaría, al evitarse por la Guardia Civil una evasión de capitales hacia la colonia británica de Gibraltar. El capitán Eduardo Comas Añino, jefe de la Compañía de Algeciras y el teniente Ojanguren fueron acreedores a “una amplia felicitación por haber cumplimentado con todo celo y actividad las órdenes que sobre el particular recibieron”. Concretamente, con fuerza a sus órdenes, impidieron una compra-venta clandestina de libras esterlinas, siendo detenidos y puestos a disposición de la autoridad militar competente, “como incursos en un delito de auxilio a la rebelión, el súbdito británico Horacce Posso y Enrique Lamas Ortega, español”. 

Dicha operación no fue una actuación en materia de resguardo fiscal cuya competencia correspondía entonces al todavía existente Cuerpo de Carabineros. Éste, continuó manteniendo durante la guerra civil un importante despliegue para perseguir el contrabando procedente de Gibraltar. La actuación concreta llevada a cabo se consideró que afectaba a la seguridad nacional y fue encomendada a la Guardia Civil.

No obstante, suprimido el Ministerio de Orden Público por ley de 29 de diciembre de 1938 y creada una subsecretaría en el Ministerio de la Gobernación, el peso de las peticiones formuladas sobre dichas cuestiones cambiaría sensiblemente.

A final de enero de 1939 se recibió la orden de que Ojanguren marchase concentrado para la localidad barcelonesa de Villanueva y Geltrú, al objeto de hacerse cargo del mando de la 3ª Sección de la 7ª Compañía Expedicionaria de la Guardia Civil. Ésta estaba formada por personal de la Comandancia de Cádiz e integrada en el Cuerpo de Ejército Marroquí que mandaba el general de brigada de Infantería Juan Yagüe Blanco. 

Al tener conocimiento de ello el delegado de Orden Público e Inspector de Fronteras de La Línea de la Concepción, solicitó a la Subsecretaría de Orden Público del Ministerio de la Gobernación que se dejase sin efecto dicha orden, por consider a Ojanguren, “indispensable” para el servicio que venía prestando.

Trasladada dicha petición al inspector general de la Guardia Civil, éste resolvió negativamente en esta ocasión, “por imponerlo así las circunstancias del servicio y la escasez de Oficiales”. Lo cierto era que el jefe de la Comandancia de Cádiz, teniente coronel Vicente González García, había informado que Ojanguren había sido ya saltado varios turnos de relevo en la mentada compañía expedicionaria y que esta vez coincidía que otro oficial concentrado en la misma, había pasado a prestar sus servicios en la Sección de la Legión Cóndor alemana del Servicio de Información y Policía Militar. Concretamente se tratataba del teniente Alfredo Fernández Fernández, jefe de la línea de Rota.

Por lo tanto, el 6 de febrero Ojanguren partió para el frente y cuatro días más tarde se hizo cargo de su sección en la localidad barcelonesa de San Baudilio de Llobregat. Al finalizar la contienda continuaba con su unidad.

No regresaría a La Línea de la Concepción hasta el 8 de julio, tras un paréntesis de dos meses en la Comandancia de Murcia, haciéndose cargo de su unidad y con carácter accidental hasta el 31 de agosto de la 2ª Compañía (Algeciras). Ascendido el 19 de octubre al empleo de capitán sería destinado a fin de mes a la Comandancia de Castellón.

Su experiencia, contactos y conocimientos adquiridos durante su anterior destino en La Línea de la Concepción motivaría que en marzo de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, volvieran a reclamarse sus servicios en tan estratégica ciudad. Se encontraba entonces mandando la 6ª Compañía (Marbella) de la Comandancia del Cuerpo en Málaga.

(Continuará).

 

viernes, 10 de septiembre de 2021

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (LXXXIII). VICISITUDES DURANTE LA GUERRA CIVIL (1).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 6 de septiembre de 2021, pág. 8.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro. 

 

 

Fracasada la sublevación militar y degenerada la situación en una fraticida guerra civil, las vicisitudes personales y profesionales de los guardias civiles destinados en San Roque el 18 de julio de 1936, fue dispar a lo largo de la misma. 

 

Al igual que la mayoría de los destinados en el Campo de Gibraltar, todos se sumaron a la rebelión. En la provincia de Cádiz, al contrario que en otras de Andalucía y del resto de España, fueron muy pocos los que permanecieron leales al gobierno de la República. Quienes lo hicieron lo pagaron con su vida o fueron encarcelados y separados del servicio. Lo más afortunados se exiliaron al finalizar la contienda siendo dados de baja definitiva. 

 

Según el Anuario Militar de España, editado en 1936 por el Ministerio de la Guerra y cerrado a fecha 30 de abril de dicho año, la Guardia Civil tenía 34.391 hombres (1 inspector general, 5 generales de brigada, 26 coroneles, 74 tenientes coroneles, 124 comandantes, 318 capitanes, 575 tenientes, 380 alféreces, 13 médicos, 3 profesores veterinarios, 716 brigadas de infantería y 137 de caballería, 1.780 sargentos de infantería y 194 de caballería, 2.188 cabos de infantería y 438 de caballería, 531 cornetas de infantería y 167 trompetas de caballería, 1.708 guardias primeros de infantería y 238 de caballería, 21.909 guardias segundos de infantería y 3.563 de caballería. Todos ellos estaban a su vez encuadrados en la Inspección General, 5 Zonas, 24 Tercios, 59 Comandancias, 209 Compañías, 8 Escuadrones, 739 Líneas, 3.139 Puestos y el Colegio de Guardias Jóvenes. 

 

Diversos historiadores, si bien no concuerdan sus cifras con exactitud pues es tarea imposible dada la diversidad de fuentes para su contabilización, consideran que aproximadamente la mitad de los guardias civiles se mantuvieron inicialmente leales al gobierno de la República. De ellos entre tres mil y cinco mil, según autores, se fueron pasando a la zona sublevada en los primeros meses. El resto que no falleció por diversas causas durante la contienda ni se exilió al finalizar la misma, fue objeto sin excepción, de rigurosos expedientes de depuración de conducta. 

 

El resultado de ello fue que la mayoría no fue condenado ni separado del servicio pero el tiempo que sirvieron en el bando gubernamental no se les contabilizó a efectos de perfeccionar derechos pasivos para su pensión y en todos los informes que se les emitió a lo largo del resto de su carrera profesional se hizo constar, al igual que en sus hojas de servicio, que habían estado en “zona roja”. Una minoría sería juzgado en consejos de guerra y condenado a penas de muerte -siendo fusilados- o de prisión, siendo encarcelados y separados del servicio en tal caso.

 

Habida cuenta que en nuestra guerra civil 1936-1939 tuvo suma importancia el factor “lealtad geográfica”, es decir, se permanecía leal al bando que triunfó en los días siguientes en cada localidad, podría prácticamente afirmarse que los guardias civiles de San Roque si hubieran estado destinados donde inicialmente hubiese fracasado la sublevación militar, no se hubieran sumado a la misma. 

 

De hecho, en la mayor parte de los puestos donde inicialmente no se recibieron órdenes concretas, en uno u otro sentido, dada principalmente la falta de enlace telefónico, se acuartelaron y se mantuvieron a la expectativa hasta que se aclaraba la situación. Y ello, incluso a pesar de que parte de los partidos políticos y sindicatos integrantes del Frente Popular habían sido muy beligerantes y hostiles contra el benemérito Instituto durante los cinco años de régimen republicano. Realmente fueron una minoría los guardias civiles, en el conjunto del país, que se incorporaron inmediata y entusiasmadamente a la sublevación militar. Y muy escasos los que participaron en la trama conspirativa.


Como ya se relató en el capítulo correspondiente los miembros del Cuerpo que estaban en San Roque el 27 de julio de 1936 y defendieron la casa-cuartel frente a la columna procedente de Málaga, eran el teniente Odón Ojanguren Alonso, el brigada Juan Colodrero Vergara, el guardia 1º Antonio Ruiz Sánchez y los guardias 2º Rodrigo Vázquez Villalobos, José Pareja Gámez, José Espinosa Sánchez, José Montes Gil, José Barragán Vega, Manuel Medina Martín, Antonio Pacheco Sánchez y José Corbacho Franco. Sus vicisitudes sobre dicho hecho ya fueron detalladas.


El teniente Ojanguren, natural de Trubia (Asturias), tenía 28 años de edad y llevaba destinado como jefe de la línea de San Roque desde abril de 1935, procedente de la línea de Fraga (Huesca). El 1º de septiembre del año siguiente pasó destinado a La Línea de la Concepción tras la muerte del teniente Valeriano Silva Franco, como consecuencia de las heridas sufridas en los combates del Guadiaro. A efectos de vigilancia de servicios pasó a agregársele la línea de San Roque hasta mediados de octubre que cesó al pasar ésta a depender de la línea de Tarifa. Se le agregó entonces la línea de Jimena de la Frontera.


En enero de 1937 cesó en tales cometidos al hacerse cargo hasta fin de noviembre, del mando accidental de la Compañía de Algeciras ya que su titular, el capitán Miguel Romero Macías, había sido nombrado cajero de la Comandancia de Cádiz y tuvo que desplazarse a la capital.


Durante ese periodo sus servicios prestados, además del peculiar de la Guardia Civil, debieron de ser de gran interés para el gobierno militar del Campo de Gibraltar. Su titular, el coronel de Infantería Francisco de Borbón y de la Torre, solicitó en septiembre de dicho año al inspector general del benemérito Instituto, general de brigada de Infantería Ricardo Serrador Santés, con residencia en Valladolid, que fuera habilitado para el empleo de capitán. Puso en valor que Ojanguren había prestado y seguía prestando “relevantes servicios a nuestra Santa Causa desde el primer día del Glorioso Movimiento, siendo de especial mención la heroica defensa de la Casa-Cuartel de la Guardia Civil de San Roque”, exponiendo que además de ser felicitado por sus superiores jerárquicos, la comisión gestora del ayuntamiento le había concedido poner su nombre a una calle. Concretamente se trataba de la calle Herrería, donde se encontraba el mentado acuartelamiento, ostentando tal denominación hasta la transición democrática.


El coronel Borbón siguió insistiendo en su escritó sobre los méritos de Ojanguren: “Como conocedor del Campo de Gibraltar, ha desempeñado importantísimos y valiosos servicios, siendo en todo momento un eficaz colaborador del mando”. Además de desempeñar el mando accidental de la Compañía de Algeciras a plena satisfacción de sus superiores, se hacía constar también que había prestado “muy buenos servicios” en la Sección del Servicio de Información Militar (SIM) del mentado gobierno militar. Sin embargo, a pesar de todo ello el inspector general resolvió no acceder a ello, habida cuenta que existían en la Guardia Civil muchos oficiales en situación similar.


A finales de diciembre fue destinado a prestar sus servicios en el Ejército del Norte, que en esas fechas operaba en el frente de Aragón. Ello fue habitual durante la contienda con la oficialidad del Cuerpo, en unos casos para integrarse en unidades de Infantería y en otros, en compañías expedicionarias de la Guardia Civil con funciones de policía militar.


(Continuará).  

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (LXXXII). LAS COLUMNAS DE SAN ROQUE (y 2).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 30 de agosto de 2021, pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro. 


 

 

Finalizaba el capítulo anterior mencionándose la muerte del guardia 2º Cristobal Riquelme Lobato, acaecida el 5 de septiembre de 1936 en San Martín del Tesorillo. Pertenecía a la plantilla de dicho puesto, donde estaba destinado desde noviembre de 1930, procedente del puesto de Vejer de la Frontera. 

 

Había nacido en Jimena de la Frontera el 11 de marzo de 1894, por lo que tenía 42 años de edad cuando lo mataron. Ingresó tardíamente en el benemérito Instituto pues contaba 32 años cuando lo hizo en 1926, siendo su oficio el de agricultor. Si el sueldo mensual de un guardia civil entonces apenas llegaba a 300 pesetas el de un jornalero del campo no llegaba ni a la mitad. 

 

En aquella época hubo muchos miembros de la Benemérita que no quisieron continuar siendo campesinos e ingresaron en ella tras aprender a leer y escribir durante su servicio militar. Con mucha maldad fueron bautizados por algunos como “desertores del arado”, una frase despectiva y cruel que extendían a todo aquél que no quería ser un obrero del campo, el trabajo peor pagado de todos, realmente un explotado.

 

Riquelme fue uno de ellos. Había hecho el servicio militar por su quinta durante tres años como soldado de Artillería en Ceuta y participado en quince hechos de armas durante las campañas de Marruecos en el territorio de Larache, habiéndosele concedido la cruz del mérito militar con distintivo rojo entre otras condecoraciones. Se presentó a los exámenes de ingreso en la Guardia Civil que se celebraron en la comandancia gaditana. Entonces no había academias de formación. Aprobó pero su escritura era muy deficiente, razón por la cual, el entonces jefe de aquella, teniente coronel Antonio Lozano Díaz, le concedió un plazo de cuatro meses para que la mejorase y repetirle la prueba escrita. 

 

Finalmente el 1º de abril de 1926 ingresó en la Guardia Civil. Tras un primer destino en el puesto de Lesaca, en la Comandancia de Navarra, pudo pasar destinado a la de Cádiz. El 7 de octubre de 1928 contrajo matrimonio con Lucía Sánchez Sánchez, natural y vecina también de Jimena, con quien tendría dos hijos llamados Isabel y José, que en septiembre de 1936 tenían 8 y 5 años de edad, respectivamente.

 

José Riquelme Sánchez seguiría inicialmente los pasos de su padre e ingresaría en la Guardia Civil pero su verdadera pasión y vocación sería el mundo de las letras. Estudiaría la carrera de magisterio y tras de dejar el benemérito Instituto en marzo de 1968 cuando estaba destinado en la Comandancia de Las Palmas de Gran Canaria, se entregaría a la enseñanza en La Línea de la Concepción y terminaría siendo un escritor, investigador y poeta de muy reconocido prestigio. Publicó sus colaboraciones en numerosos medios, entre los que destacan la revista de estudios campogibraltareños “Almoraima” así como los periódicos “Diario Área”, “Diario de Cádiz” y “Europa Sur”. Falleció en enero de 2001 cuando apenas le quedaban unos meses para cumplir 70 años de edad. Curiosamente su vinculación familiar y su antigua condición de guardia civil era desconocida para unos y omitida por otros.

 

De la trágica muerte de su padre dio cumplida cuenta el brigada Juan Colodrero Vergara, comandante de puesto de San Roque y jefe accidental de la línea de San Roque. El día 1º de dicho mes el teniente Odón Ojanguren Alonso, que había sido su responsable hasta entonces, había cesado al desplazarse a La Línea de la Concepción para hacerse cargo de las fuerzas de la Guardia Civil de los puestos de la residencia, Atunara y Campamento, tras el fallecimiento el 25 de agosto, de su titular. Éste se trataba del teniente Valeriano Silva Franco, herido mortalmente doce días antes en los combates de Guadiaro cuando guiaba a fuerzas de Regulares Indígenas.

 

El último hecho de armas que consta anotado en septiembre de 1936 en la hoja de servicios del malogrado guardia 2º Riquelme es el siguiente: “en la madrugada del día 5 de dicho mes, cuando prestaba servicio práctico con fuerzas de Regulares, que operaban en la barriada del Tesorillo, al pasar por la Plaza de la Iglesia y del interior de un edificio le hicieron varios disparos de escopetas, cargadas con balines y postas, que le produjeron infinidad de heridas de las cuales falleció casi instatáneamente; habiendo llegado después otras fuerzas rodearon la casa desde donde fue agredido este individuo, matando a uno de los agresores y deteniendo a cinco paisanos, poniendo en fuga a los restantes”.

 

El 12 de septiembre el jefe de la Comandancia de Cádiz, teniente coronel Vicente González García, daba cuenta al inspector general del Cuerpo en Valladolid, general de brigada de Infantería Marcial Barro García, de los familiares que había dejado dicho guardia 2º, a efectos de percibir la correspondiente derrama de la “Asociación de Socorros Mutuos de Tropa” de la Guardia Civil. Aquella, consistente en 3.000 pesetas, sería reconocida y abonada en octubre del año siguiente. Respecto a la pensión de viudedad, tras la instrucción del correspondiente expediente, se fijaría el 10 de mayo de 1940 por el Consejo Supremo de Justicia Militar, en una cuantía anual de 3.200 pesetas. Es decir, aproximadamente el 75% del sueldo anual de un guardia civil de entonces.

 

Aquella acción, protagonizada por una de las muchas columnas que durante aquel verano de 1936 salieron de San Roque con diferentes objetivos próximos, realmente no tenía intención de ocupar todavía la barriada de San Martín del Tesorillo. De hecho sería el último núcleo urbano que se tomaría por los sublevados, concretamente el 8 de octubre siguiente.

 

Antes participarían en la ocupación de otras poblaciones de la sierra gaditana como Grazalema y El Gastor, por ejemplo. Los combates más violentos acaecidos en el Campo de Gibraltar fueron los librados el 13 de agosto en la zona sanroqueña del Guadiaro, donde según el diario de operaciones del Tercer Tabor del Grupo de Fuerzas Regulares de Larache nº 4, “causan al enemigo más de 200 muertos y prisioneros”, siendo las bajas propias un muerto y 15 heridos, uno de los cuales fallecería poco después al igual que sucedió con el teniente Silva de la Guardia Civil que marchaba con ellos.

 

El 28 de septiembre dicho tabor, partiendo también de San Roque, acompañado de otras fuerzas, entre las que estaban los guardias civiles de los tres puestos del término municipal de Jimena de la Frontera que habían sido evacuados en los últimos días del mes de julio, ocuparía la localidad que daba nombre al municipio. Al día siguiente harían lo mismo con la barriada de San Pablo de Buceite y la fábrica de electricidad de la zona. 

 

En ambos núcleos urbanos, al igual que posteriormente en el Tesorillo, volverían a constituirse inmediatamente los puestos de la Guardia Civil con los mismos guardias civiles que habían estado destinados en ellas hasta su repliegue a San Roque. Las tres casas-cuarteles las encontraron saqueadas. Al llegar a Jimena conocieron que el brigada Salvador Carrasco Zurita, el único que se quedó y no se sublevó, había sido fusilado por milicianos frentepopulistas, como ya se relató en un capítulo anterior.