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martes, 18 de junio de 2024

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CCXXV). LA REORGANIZACIÓN DE LA GUARDIA CIVIL (9).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 27 de mayo de 2024, pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

  

 

Continuando con la documentación entregada por el subteniente retirado Domiciano Díaz Fernández, firmada el 3 de marzo de 1941 por el jefe de la entonces nueva 216ª Comandancia Rural de la Guardia Civil (Cádiz), Manuel Márquez González, hay que precisar que la 3ª Sección de la 1ª Compañía (Algeciras) tenía su cabecera en la capital gaditana.

Estaba mandada por un alférez y tenía a su cargo las Agrupaciones de Cádiz (puestos de Cádiz y San José), del Puerto de Santa María (puestos de Puerto Real y del Puerto de Santa María) y de Rota (puestos de Chipiona y de Rota). Aunque su capitán tenía su jefatura en la ciudad de Algeciras, el despliegue de dicha sección no estaba sobre el Campo de Gibraltar.

La 2ª Compañía de la citada 216ª Comandancia Rural tenía su cabecera en Villamartín y ninguna de sus unidades subordinadas estaba establecida en nuestro Campo de Gibraltar. Aunque tenía sólo dos secciones, mandadas también por alféreces, tenía una considerable demarcación territorial. La primera tenía su cabecera en Olvera y la segunda en Arcos de la Frontera. 

La 1ª Sección tenía a su cargo las Agrupaciones de Alcalá del Valle (puestos de Olvera, Torre Alháquime y Alcalá del Valle), de Algodonales (puestos de Setenil, El Gastor y Algodonales) y Grazalema (puestos de Zahara, Benaocaz y Grazalema). Y la 2ª Sección encuadraba las Agrupaciones de Algar (puestos de Arcos de la Frontera, Espera y Algar), de Bornos (puestos de Villamartín, Puerto Serrano y Bornos) y de Ubrique (puestos de El Bosque, Prado del Rey y Ubrique).

La tercera y última unidad, entidad compañía, que queda por citar de la mentada Comandancia, era el escuadrón de caballería que tenía la residencia de su capitán establecida en la ciudad de Jerez de la Frontera. En este caso sus tres secciones eran tenientes y no alféreces como ocurría en las unidades de infantería de dicha comandancia. Tan sólo uno de sus puestos estaba ubicado en el Campo de Gibraltar. Se trataba el de Almoraima, ubicado en el término municipal de Castellar de la Frontera.

A diferencia de lo que ocurría con las secciones de las compañías de infantería de la Guardia Civil, los escuadrones de caballería carecían de agrupaciones. Así que la 1ª Sección de Jerez de la Frontera tenía a su cargo los puestos de San José del Valle y Jerez; la 2ª Sección de Sanlúcar de Barrameda tenía los puestos de Trebujena, Almoraima y Sanlúcar; y la 3ª Sección de Medina-Sidonia tenía los puestos de Chiclana de la Frontera, Alcalá del Valle y Medina-Sidonia. Hay que significar que el puesto campogibraltareño de Almoraima estaba integrado por 1 cabo y 6 guardias 2º.

Lamentablemente, al contrario que los mentados escritos de la 216ª Comandancia Rural (Cádiz), antigua Comandancia de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz, que fueron suscritos y firmados por su mentado jefe en 1941, no se han localizado hasta el momento como quedaron organizadas y distribuidas inicialmente las unidades de las antiguas 10ª y 11ª Comandancias de Carabineros, Algeciras y Cádiz. Hay que recordar que éstas, tras un breve periodo intermedio de ser nominadas como las 66ª y 67ª Comandancias Administrativas de la Guardia Civil, fueron reconvertidas en la Instrucción General núm. 3, de 20 de febrero de 1941, dictada conforme la ley de 15 de marzo de 1940, en las 134ª y 234ª Comandancias de Costas de la Guardia Civil.

Realmente debió de ser aquél un periodo muy complicado y más si se tiene en cuenta que se procedía de una terrible guerra civil que había durado casi tres años,  en los que tanto Carabineros como la Guardia Civil habían combatido en ambos bandos, así como que, aunque España no era país contendiente, se estaba librando la Segunda Guerra Mundial, iniciada el 1º de septiembre de 1939.

Por otra parte, no hay que olvidar que cuando se procedió a integrar a los carabineros y hacerlos guardias civiles, se tardó en llevar a cabo cuestiones tan elementales como por ejemplo la dotación de uniformidad, pues la misma era hasta entonces, diferente en ambos Cuerpos. Hay que significar que en esa época, la uniformidad no era entregada y servida como sucede actualmente por la propia Institución, sino que tenía que ser adquirida en establecimientos particulares y abonada por cada individuo. 

Ello ya había motivado que se dictase inicialmente por el ministro del Ejército, todavía general de división José Enrique Varela Iglesias, la orden de 6 de mayo de 1940, disponiendo que, “en tanto se resuelve con carácter definitivo el uniforme y emblemas que ha de usar el Cuerpo de la Guardia Civil, todo el personal que no proceda del antiguo Cuerpo llevará sobre el lado derecho del pecho, y a mayor altura que el bolsillo, el actual emblema, formado por las iniciales de la Guardia Civil, con corona, sobre un fondo rojo, de forma rectangular y dimensiones aproximadas de 35 por 65 milímetros”.

Pocos meses después, por orden del Ministerio del Ejército, de 11 de septiembre siguiente, se dispuso ya, “con motivo de la fusión de los Cuerpos de la Guardia Civil y de Carabineros”, que se adoptasen las modificaciones que se disponían en dicha norma respecto al uniforme reglamentario. 

El nuevo emblema del Cuerpo se compondría del “enlace de las iniciales del Cuerpo, en plata, sobre dos carabinas, en oro, y todo ello coronado con la corona reglamentaria en plata”.

Dada la realización de “servicios esencialmente distintos en las características de su prestación”, se hizo necesario adoptar determinadas modificaciones en la uniformidad de la Benemérita que Carabineros venía empleando en buena parte. De ello sabía mucho la nueva 134ª Comandancia de Costas de la Guardia Civil (Algeciras).

En dicha normativa, muy ilustrada, se detalló la nueva uniformidad. Destacaba el empleo del gorro como prenda de cabeza en el nuevo uniforme de servicio empleado por los suboficiales y tropa: “de paño gris verdoso, de dos picos y con vuelta que le permita ser transformado en pasamontañas con visera”. Para las fuerzas del Tercio Móvil se usaría, en ciertos servicios, el casco de acero reglamentario en el Ejército.

También se hizo una detallada descripción de la nueva sahariana, “de dril gris verdoso” a emplear; su calzón, igual al reglamentario para jefes y oficiales que se describía en el reglamento de uniformidad aprobado por real orden circular de 16 de diciembre de 1926, pero “confeccionado en dril gris verdoso”; así como un nuevo calzado de “bota alta, negra, con ojales y cordones, y cerrada al costado, con una cartera con cuatro hebillas”. Las plazas montadas llevarían las espuelas reglamentarias y el correaje sería el que era entonces reglamentario en la Guardia Civil. Respecto a la funda de pistola, de baquetilla negra, se suprimía el uso de cordón fiador para el arma.

Respecto al uniforme de paseo se detallaba minuciosamente la nueva uniformidad, manteniéndose el tradicional sombrero negro de la Benemérita para los tercios rurales, escuadrones afectos y veteranos. Sin embargo, se adoptaba para los demás, la gorra de plato, ya usada en Carabineros, pero, “de forma igual a la reglamentaria en las Academias Militares del Ejército”.

(Continuará).

 

 

lunes, 10 de junio de 2024

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CCXXIV) LA REORGANIZACIÓN DE LA GUARDIA CIVIL (8)

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 20 de mayo de 2024, pág. 11.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


 

Reorganizar el Cuerpo de la Guardia Civil, tras integrar en sus filas al veterano Cuerpo de Carabineros, tras la ley de 15 de marzo de 1940, no fue una tarea fácil. El inexorable paso del tiempo no ha ayudado, pues lamentablemente mucha documentación fue desapareciendo con el tiempo. 

Afortunadamente, el caso de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz puede escribirse gracias al subteniente Domiciano Díaz Fernández. Retirado hace ya muchos años del servicio activo, tras cumplir la edad reglamentaria, fue el jefe de la oficina de la plana mayor de la Comandancia de Cádiz. Fue un privilegio que guardara unos antiguos documentos que encontró y conservó durante años hasta su entrega, tras dejar el servicio activo. Gracias a tan meritoria labor, que hoy día está ya reglada y es de obligado cumplimiento en la Guardia Civil, puede escribirse e ilustrarse el presente artículo.

Como ya se ha expuesto en ocasiones anteriores, hasta la entrada en vigor de la mentada ley de 15 de marzo de 1940, hubo en la provincia de Cádiz, desde el siglo XIX, dos comandancias del Cuerpo de Carabineros y una de la Guardia Civil. La absorción e integración del primer Cuerpo citado, creado en 1829, en el segundo Cuerpo mentado, creado en 1844, no fue una tarea precisamente fácil pero sí una profunda realidad. 

En absoluto ello fue una labor sencilla en todo el territorio español pero más compleja fue aún en la provincia gaditana. Las plantillas de las dos comandancias de Carabineros, Cádiz y Algeciras, suponían más del doble de efectivos que la comandancia de la Guardia Civil gaditana. Como recordará el lector, ésta tenía sólo una compañía, la 2ª, desplegada por todo lo que entonces se entendía como el Campo de Gibraltar, teniendo su cabecera en la ciudad de Algeciras. Por cierto, ésta tenía entonces, en el año 1940, una configuración urbanística y una población mucho menor que la actual. 

Gracias a esa documentación entregada por el subteniente Díaz, firmada el 3 de marzo de 1941 por el jefe de la entonces nueva 216ª Comandancia Rural (Cádiz), Manuel Márquez González, podemos saber con todo detalle cual era la organización, composición y distribución de dicha unidad provincial. Realmente se trata de una información inédita y de gran interés historiográfico.

También hay que recordar, si bien no se tratan en el presente artículo, que la 10ª Comandancia (Algeciras) y 11ª Comandancia (Cádiz) del Cuerpo de Carabineros, se habían convertido inicialmente, tras su integración en la Guardia Civil, en la 134ª Comandancia de Costas (Algeciras) y 234ª Comandancia de Costas (Cádiz). En esta cuestión es importante recordar la entrada en vigor de la Instrucción General núm. 3, de 20 defebrero de 1941, dimanante de la Dirección General de la Guardia Civil, referida en artículos anteriores.

Por lo tanto, la nueva 216ª Comandancia Rural, heredera de la antigua comandancia gaditana y que continuaba teniendo por demarcación toda la provincia, quedó inicialmente estructurada en una jefatura y su plana mayor, con residencia en la capital gaditana, dos compañías de Infantería con cabeceras en Algeciras y Villamartín, así como un escuadrón de Caballería, con cabecera en Jerez de la Frontera.

Hay que precisar que al no haberse convocado en la Guardia Civil a personal de nuevo ingreso durante la guerra civil, la plantilla de la Benemérita gaditana tenía un 13% menos de personal, contando por lo tanto, y a pesar de los cambios de destino que hubo, con 92 hombres menos. Es decir, frente a los 704 efectivos citados en su momento, al comienzo de julio de 1936 en la Comandancia de Cádiz, había sólo 612 efectivos en la plantilla de marzo de 1941.

Estos eran 1 teniente coronel, 2 comandantes, 4 capitanes, 1 capitán médico, 9 subalternos, 2 C.A.S.E. (Cuerpo Auxiliar Subalterno del Ejército, creado por ley de 13 de mayo de 1932), 11 brigadas, 22 sargentos, 429 de tropa de infantería (57 cabos, 8 cornetas, 59 guardias 1º, y 305 guardias 2º) y 131 de caballería (13 cabos, 4 trompetas, 4 guardias 1º y 110 guardias 2º).

Consecuente con todo lo expuesto, a nivel orgánico, la antigua comandancia gaditana experimentó una gran remodelación, muy diferente de la estructura anterior. Se mantuvo el escuadrón de caballería pero las compañías quedaron reducidas a dos, aunque con mayor número de efectivos. También cambiaron entonces algunas denominaciones de las unidades de encuadramiento, desapareciendo durante este periodo de tiempo las “líneas”, creándose en su lugar las “secciones”, que tenían como unidad subsiguiente de encuadramiento las “agrupaciones”, y dependientes ya de éstas, los tradicionales puestos.

Así, en marzo de 1941, la jefatura y plana mayor de la 216ª Comandancia Rural de la provincia de Cádiz contaba con 30 efectivos (1 teniente coronel, 2 comandantes, 1 capitán, 1 capitán médico, 1 oficial subalterno, 1 C.A.S.E., 3 brigadas, 1 sargento 1º, 16 de tropa de infantería (3 cabos, 1 corneta, 2 guardias 1º y 10 guardias 2º) y 4 guardias 2º de caballería.

Su 1ª Compañía, con cabecera en Algeciras, tenía a su cargo tres secciones de Infantería que, con un total de 262 hombres (1 capitán, 3 alféreces, 4 brigadas, 9 sargentos, 32 cabos, 4 cornetas, 34 guardias 1º y 179 guardias 2º), se estructuró de la forma que se expone a continuación. 

La 1ª Sección, con cabecera en Jimena de la Frontera y mandada por un alférez, tenía a su cargo las tres Agrupaciones de La Línea de la Concepción, de San Pablo de Buceite y de San Roque. La 1ª Agrupación estaba compuesta por los puestos de La Línea (1 sargento, 2 cabos, 2 guardias 1º y 10 guardias 2º) y de Atunara (1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º). La 2ª Agrupación estaba integrada por los puestos de Jimena (1 brigada, 2 cabos, 1 corneta, 1 guardia 1º y 15 guardias 2º de infantería, añadiéndose 1 guardia 2º de caballería con su correspondiente caballo), de Buceite (1 sargento, 1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º), y de Campamento (1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º). La 3ª Agrupación estaba formada por los puestos de San Roque (1 sargento, 1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º), de San Martín del Tesorillo (1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º), y de Los Barrios (1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º).

La 2ª Sección, con cabecera en Vejer de la Frontera y mandada por un alférez, tenía a su cargo las Agrupaciones de San Fernando, Barbate y Tarifa. La 1ª Agrupación estaba compuesta por los puestos de San Fernando, de Conil de la Frontera y de Paterna de Ribera. La 2ª Agrupación estaba integrada por los puestos de Vejer, de Barbate y de Casas Viejas. Y la 3ª Agrupación estaba formada por los puestos de Algeciras (1 brigada, 3 cabos, 1 corneta, 2 guardias 1º y 15 guardias 2º, añadiéndose 1 guardia 2º de caballería con su correspondiente caballo), de Tarifa (1 sargento, 1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º), y de Facinas (1 cabo, 1 guardia 1º y 5 guardias 2º).

(Continuará).

viernes, 31 de mayo de 2024

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CCXXIII). LA REORGANIZACIÓN DE LA GUARDIA CIVIL (7).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 13 de mayo de 2024, pág. 13.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


 

Tras desaparecer el Cuerpo de Carabineros, a raíz de la ley de 15 de marzo de 1940, y ser integrado su personal, ganado y material, incluidos acuartelamientos, en el Cuerpo de la Guardia Civil, que además asumió sus competentencias, hubo que afrontar más cambios.

En el de Carabineros se había acabado antes de la guerra civil con su fuerza de Caballería, integrándola directamente en su Infantería, pero en la Guardia Civil, que tenía mayor demarcación y presencia territorial, fue diferente, aunque por poco tiempo.

El primer paso efectivo que dio al respecto fue la promulgación de la ley de 25 de septiembre de 1941, donde se dispuso la fusión, en una sola escala, de las de Infantería y Caballería, de suboficiales y cabos existentes en la Benemérita.

Hay que recordar que la ley de 24 de julio de 1918 había establecido la separación de las escalas del Instituto de la Guardia Civil en dos Armas: Infantería y Caballería, fijando la proporción de cinco a uno para el ascenso a oficial de los suboficiales procedentes, respectivamente, de Infantería y Caballería. Dicha separación había existido igualmente en el Cuerpo de Carabineros hasta que, por decreto de 5 de octubre de 1934, materializado por el ya citado de 28 de septiembre de 1935, se terminó llevando a efecto la fusión de ambas escalas.

La nueva organización dada a la Guardia Civil por la citada ley de 15 de marzo de 1940, donde se habían integrado los dos beneméritos Institutos, “así como las necesidades de su plantilla y eficacia de su peculiar misión”, hacía preciso fusionar las citadas escalas de suboficiales y cabos, procedentes del Cuerpo que había creado el duque de Ahumada. Pero, por otra parte, también era de justicia respetar los derechos legítimamente adquiridos al amparo de la mentada ley de 1918. 

No se trataba realmente de crear un nuevo Cuerpo, y mucho menos de cualquier forma, sino de dar continuidad, legal y real, al ya existente de la Guardia Civil que había pasado a integrar plenamente en sus filas, a los componentes del antiguo Cuerpo de Carabineros, asumiendo su doctrina y sus enseñanzas. Todo un reto que nunca antes se había llevado a efecto en el ámbito de la seguridad pública ni la represión del contrabando. El Campo de Gibraltar fue un buen ejemplo.

Un importante antecedente histórico, poco recordado, había sido el Resguardo Militar de Hacienda, un cuerpo que sería a nivel nacional la primera policía fiscal española. Creado por decreto de 6 de noviembre de 1820, durante el llamado Trienio Liberal (1820-1823), sus integrantes actuaron tanto de uniforme como disfrazados de paisano, portando en este caso su correspondiente placa, consistente en una bandolera de ante con un escudo de las armas nacionales en metal amarillo. Distribuidos por buena parte del territorio nacional, además de perseguir el contrabando, también se encargaron de velar por lo que hoy dia llamamos seguridad ciudadana.

Por real orden del 1º de diciembre siguiente, se aprobó “el reglamento para el gobierno de los cuerpos militares que deben componer el Resguardo de la Hacienda pública en todas las costas y fronteras de la Península”. Dicho texto, muy completo, estaba integrado por 186 artículos encuadrados en tres secciones y diez capítulos. Hay que resaltar que en cuanto a sus misiones, dicho reglamento era muy explícito: “El Resguardo deberá proteger el comercio exterminando a los ladrones y malhechores que se atrevieren a presentarse en los caminos, y destruyendo el tráfico ilícito”.

La principal obligación del Resguardo Militar era la de descubrir, perseguir y aprehender los géneros de contrabando o prohibidos; aquellos que estando permitidos fueran trasladados sin la correspondiente guía de circulación que los amparase o que portándola, excediesen de las cantidades consignadas en las mismas; así como los que se condujesen fuera de la ruta expresamente señalada en el distrito de las aduanas y contraregistros para asegurar los intereses de la Hacienda nacional. Pero también se le encomendó la persecución y exterminio de ladrones y malhechores que se encontrasen en sus servicios, pues la actuación delictiva de éstos, perjudicaba gravemente el comercio al afectar la libertad de movimiento de las mercancías lícitas entre las poblaciones, siendo igualmente misión expresa del Resguardo Militar atender a su protección.

Lejos de lo que pueda suponerse, y aunque tuvo corta vida, se trató de una fuerza potente y eficaz. Su plantilla presupuestaria inicial se fijó en 6.403 hombres: 13 comandantes, 5.040 de Infantería (45 capitanes, 45 tenientes, 45 subtenientes, 45 sargentos 1º, 135 sargentos 2º, 405 cabos y 4.320 soldados), 900 de Caballería (9 capitanes, 9 tenientes, 9 subtenientes, 9 sargentos 1º, 27 sargentos 2º, 81 cabos y 756 soldados) y 450 de Mar (50 patrones y 400 marineros). En relación a estos últimos se dispuso conservar en los puertos habilitados a comercio, las lanchas y falúas existentes, más las que fueran necesarias construir. Terminaría aumentándose a 80 patrones y 620 marineros y artilleros.

La invasión francesa de los llamados “cien mil hijos de San Luis”, en abril de 1823, supondría el principio del fin de nuestro Trienio Liberal y por consiguiente, del Resguardo Militar. Nuestro país, y no es el único precisamente de Europa, siempre fue más ágil y eficaz en afrontar las cuestiones de Hacienda que las de Seguridad Pública. Tras diversos intentos y proyectos, se terminó disponiendo en el régimen absolutista la creación, por real decreto de 9 de marzo de 1829, del Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras.

En cambio, no tuvo aceptación al inicio del Trienio Liberal, la propuesta que el teniente general Pedro Agustín Girón Las Casas, ministro de la Guerra y futuro I duque de Ahumada, presentó el 30 de julio de 1820 a las Cortes para su aprobación. Se trataba del interesante proyecto de creación de un nuevo cuerpo llamado “Legión de Salvaguardias Nacionales”. Con él se pretendía, “el exterminio de los malhechores y la seguridad en los caminos, objeto principal de su instituto, cuyas circunstancias no se han podido lograr jamás a pesar de las medidas del Gobierno y de los esfuerzos y sacrificios de los pueblos.” Dicho proyecto fue rechazado en la votación por considerarse “medida atentatoria a la libertad y desorganizadora de la Milicia Nacional”, creada en virtud de lo dispuesto en el artículo 362 de la Constitución de 1812. 

Tras la creación durante el periodo absolutista de varios cuerpos policiales que por intereses políticos de la época ni perduraron ni llegaron nunca a tener un verdadero despliegue territorial a nivel nacional, sería el II duque de Ahumada, mariscal de campo Francisco Javier Girón Ezpeleta, quien pondría en marcha el Cuerpo de la Guardia Civil, organizado finalmente por real decreto de 13 de mayo de 1844. 

Transcurrido casi un siglo y tras muchas vicisitudes que se han ido describiendo en artículos anteriores, la mentada ley de 25 de septiembre de 1941 dispuso la continuación, pero separadamente, de las dos escalas de suboficiales y cabos de Infantería y Caballería de la Guardia Civil, si bien declarándose a extinguir esta última. En lo sucesivo, los guardias que ascendieran a cabos ingresarían en una escala única.

(Continuará).

sábado, 25 de mayo de 2024

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CCXXII). LA REORGANIZACIÓN DE LA GUARDIA CIVIL (6).



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 6 de mayo de 2024, pág. 10.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


 

En los capítulos anteriores se ha expuesto como se llevó a cabo la organización y reestructuración, tras la guerra civil, de las dos principales y más antiguas fuerzas de seguridad del Estado, ambas militares. En 1940 se decidió que una fuera incluida íntegramente en la otra. 

Por ley de 15 de marzo de dicho año se determinó que el Cuerpo de Carabineros, creado en 1829 y regenerado en 1842, dedicado principalmente a la persecución del contrabando y resguardo fiscal del Estado, desapareciese como tal y sus miembros, acuartelamientos y demás material, quedase totalmente integrado, junto a sus competencias, en el Cuerpo de la Guardia Civil. Éste, que había sido creado posteriormente, concretamente en 1844, estaba dedicado a lo que actualmente se conoce como seguridad ciudadana y contaba ya con más del doble de efectivos que el de Carabineros. Se trataba de la fuerza de seguridad más numerosa y potente que estaba desplegada por todo el Estado.

Según el Anuario Militar de 1936, el benemérito Instituto tenía una plantilla total de 34.391 hombres. Ello resultaba de la suma de sus plantillas en la Península, Baleares, Canarias y posesiones españolas en África: 1 general inspector, 5 generales de brigada, 26 coroneles, 74 tenientes coroneles, 124 comandantes, 318 capitanes, 575 tenientes, 380 alféreces, 13 médicos, 3 profesores veterinarios, 3 maestros armeros, 28.132 efectivos de Infantería (716 brigadas, 1.080 sargentos, 2.188 cabos, 531 cornetas, 1.708 guardias de 1ª clase y 21.909 guardias de 2ª clase) y 4.737 efectivos de Caballería (137 brigadas, 194 sargentos, 438 cabos, 167 trompetas, 238 guardias de 1ª clase y 3.563 guardias de 2ª clase). Respecto al ganado equino la plantilla era de 5.387 caballos (897 de jefes y oficiales así como 4.490 de suboficiales y tropa). El personal de la Guardia Civil estaba encuadrado en la Inspección General, 5 Zonas, 24 Tercios, 59 Comandancias, 209 Compañías, 8 Escuadrones, 739 Líneas, 3.139 Puestos y los Colegios de Guardias Jóvenes y de Huérfanos.

Por otra parte, en dicho Anuario Militar de 1936, el Cuerpo de Carabineros constaba que tenía una plantilla total de 15.316 personas (15.251 hombres y 65 mujeres). Ello, al igual que la Guardia Civil, era resumen de sus plantillas en la Península, Baleares y posesiones españolas de África, si bien no estaban desplegados en las Islas Canarias. Se trataban de 1 general inspector, 1 general subinspector, 12 coroneles, 25 tenientes coroneles, 30 comandantes, 145 capitanes, 296 tenientes, 162 alféreces, 4 médicos, 1 director de música, 1 profesor de esgrima, 14.113 efectivos de Infantería (486 brigadas, 600 sargentos, 828 cabos, 913 carabineros de 1ª clase, 10.891 carabineros de 2ª clase y 400 cornetas), 458 efectivos de Mar (6 brigadas, 23 sargentos, 40 cabos, 34 carabineros de 1ª clase y 355 carabineros de 2ª clase), 2 maestros armeros y 65 matronas. Dicho personal estaba encuadrado en la Inspección General, 10 Zonas, 20 Comandancias, 109 Compañías, 1.658 Puestos y el Colegio de Carabineros.

Hay que recordar que por decreto de 28 de septiembre de 1935, se disminuyeron los servicios afectos a dicho Cuerpo así como su plantilla. Dicha reforma, que fue dearrollada por la orden circular de 2 de noviembre siguiente, supuso la supresión de 5 Zonas y 13 Comandancias, que implicó la consiguiente reducción de personal, reestructurándose entonces el Cuerpo de Carabineros en las 10 Zonas y 20 Comandancias citadas que perdurarían hasta 1940. Es necesario significar que también se suprimió definitivamente en 1935 la fuerza de caballería, pasando a integrarse la existente como fuerza de Infantería. Ello supondría a su vez una importante reducción de ganado, asignándose en 1936 sólo una plantilla de 823 caballos, de los cuales 490 eran de oficial y 333 de tropa.  

En la provincia de Cádiz, y también en nuestro Campo de Gibraltar, debido a sus peculiares características y ubicación, la fuerza más numerosa, a diferencia de otras provincias, era la perteneciente al entonces Cuerpo de Carabineros. En total, antes del inicio de la mentada guerra civil en 1936, y conforme a la orden circular de 2 de noviembre de 1935, había 1.503 carabineros en plantilla, encuadrados en dos Comandancias. 

Por un lado estaba la 10ª Comandancia, con cabecera en Algeciras, que tenía 834 efectivos: 1 teniente coronel, 1 comandante, 6 capitanes, 13 tenientes, 7 alféreces, 766 miembros de Infantería (1 subteniente, 53 brigadas y sargentos, 45 cabos, 18 cornetas, 41 carabineros de 1ª clase y 608 carabineros de 2ª clase), 24 miembros de Mar (2 brigadas o sargentos, 1 carabinero de 1ª clase y 21 carabineros de 2ª clase) y 16 matronas de 2ª clase. La 11ª Comandancia, con cabecera en la capital gaditana, tenía 669 efectivos: 1 teniente coronel, 1 comandante, 5 capitanes, 11 tenientes, 8 alféreces, 598 miembros de Infantería (1 subteniente, 51 brigadas y sargentos, 33 cabos, 18 cornetas, 44 carabineros de 1ª clase y 451 carabineros de 2ª clase), 44 miembros de Mar (1 subteniente, 2 brigadas o sargentos, 3 cabos, 4 carabineros de 1ª clase y 34 carabineros de 2ª clase) y 1 matrona de 1ª clase. 

Hay que significar que dicha normativa dejó también excedentes de plantilla en la provincia gaditana, además de 1 coronel, 1 capitán y 1 subteniente que pertenecían a la desaparecida 6ª Zona (Cádiz), a 1 comandante y 29 carabineros de 2ª clase de Infantería, pertenecientes a la 10ª Comandancia (Algeciras), así como lo mismo en la 11ª Comandancia (Cádiz). 

La Comandancia de la Guardia Civil (Cádiz) se encontraba desplegada por toda la provincia gaditana pero su número de efectivos era mucho menor. Según el Anuario Militar de 1936, su despliegue territorial era de 5 compañías, 20 líneas y 48 puestos. Un escrito del teniente coronel jefe de la misma, Vicente González García, suscrito el 15 de junio de 1936 y confirmado tres días después en Madrid por el coronel Gonzalo Delgado García, jefe de la Secretaría Militar de la Inspección General de la Guardia Civil, cifraba la plantilla en 704 hombres. Estos eran 1 teniente coronel, 2 comandantes, 6 capitanes, 10 tenientes, 10 alféreces, 22 brigadas, 25 sargentos, 456 de tropa de infantería (27 cabos, 6 cornetas, 46 guardias 1º y 377 guardias 2º) así como 172 de tropa de caballería (17 cabos, 5 trompetas, 7 guardias 1º y 143 guardias 2º). Contaban con 210 caballos (25 de jefes y oficiales, 15 de suboficiales y 170 de tropa). 

De ellos, en la 2ª Compañía que tenía su cabecera en Algeciras y por demarcación lo que entonces se entendía como Campo de Gibraltar, había según dicho escrito, 142 hombres (1 capitán, 2 tenientes, 2 alféreces, 4 brigadas, 3 sargentos, 104 efectivos de Infantería (7 cabos, 1 corneta, 13 guardias 1º y 83 guardias 2º) así como 26 efectivos de Caballería (4 cabos y 22 guardias 2º). 

De ellos, además del teniente jefe de la Línea de San Roque, pertenecían al Puesto de San Roque, 8 efectivos de Infantería (1 brigada, 1 guardia 1º y 6 guardias 2º) y 3 de Caballería (1 cabo y 2 guardias 2º). En el Puesto de Campamento, dependiente de La Línea de la Concepción, había 1 cabo y 6 guardias 2º de Infantería.

(Continuará).