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miércoles, 15 de junio de 2016

IN MEMORIAM GENERAL DE BRIGADA DE LA GUARDIA CIVIL FRANCISCO AGUADO SÁNCHEZ.


 Artículos dedicados a la memoria del insigne 
Historiador de la Guardia Civil
fallecido en Almería el 15 de enero de 2002

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Revista de Historia Militar del Siglo XX "SERGA", nº 16 (marzo-abril/2002). 
El original está ilustrado con una fotografía en color.

El pasado día 15 de enero de 2002 ha fallecido de causas naturales en Almería el insigne Historiador y General de Brigada (en situación de 2ª Reserva) de la Guardia Civil, Francisco Aguado Sánchez.

El General Aguado era autor de numerosísimos artículos y trabajos de carácter histórico sobre el benemérito Instituto y otras cuestiones militares así como de la magna obra "Historia de la Guardia Civil", que consta de 7 tomos; y de los libros "El Duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil"; "La Guardia Civil en la Revolución Roja de octubre de 1934"; "El Maquis en España"; o "El Maquis en sus documentos", entre otros.

Gracias a su etapa de Jefe del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil, el benemérito Instituto pudo recuperar gran parte de su Historia.


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Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Sección "Cartas" de la Revista profesional "GUARDIA CIVIL" correspondiente al mes de febrero de 2002.


La Guardia Civil ha perdido a su Historiador


El pasado día 15 de enero falleció en Almería, la tierra que le vio nacer, el General de Brigada, en situación de 2ª Reserva, Francisco Aguado Sánchez, colaborador durante muchos años de esta Revista y primer director-fundador de la “Revista de Estudios Históricos de la Guardia Civil”, creada en 1968 y desgraciadamente desaparecida veinte años después. 

Curiosamente el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire mantienen sus revistas periódicas de carácter histórico mientras que nuestro Cuerpo dejó de publicarla, al parecer por motivos económicos, en 1988.

El General Aguado era autor, además de numerosos artículos y trabajos, de diversas obras de gran interés para nuestro Instituto, destacando entre ellas “Historia de la Guardia Civil”, compuesta por siete tomos, editada en 1984 por CUPSA Editorial y Editorial Planeta; “El Duque de Ahumada, fundador de la Guardia Civil”, biografía reeditada por el Cuerpo desde 1969 en varias ocasiones, habiendo sida declarada oficialmente de utilidad para el mismo; “La Guardia Civil en la Revolución Roja de octubre de 1934”, editada en 1972 por el Cuerpo; “El Maquis en España”, editada por Editorial San Martín en 1975; o “El Maquis en sus documentos”, editada también por San Martín en 1976, habiéndose realizado varias ediciones de ambas.

Su inquietud y amor por recuperar, mantener viva y difundir la gloriosa historia de nuestro Cuerpo le animó a propugnar la creación del Servicio de Estudios Históricos en 1968, del que fue su primer jefe durante varios años, así como que desde entonces se elaboraran por las Comandancias las memorias históricas anuales, al objeto de que no volvieran a perderse aquellos hechos y gestas protagonizadas por la Guardia Civil.

Si bien es cierto que nuestro Instituto ha tenido historiadores casi desde su fundación, el General Aguado ocupa un puesto de honor entre ellos, pues gracias a él y a todos los guardias civiles que trabajaron bajo sus ordenes en el Servicio de Estudios Históricos o como colaboradores desde las Comandancias, hoy la Guardia Civil tiene una historia que contar, leer y difundir así como un importante puerto desde el que nuevas generaciones de investigadores e historiadores pueden zarpar y seguir navegando, todo ello para honor y gloria de los que día a día y noche a noche, con abnegado espíritu de servicio y sacrificio, fueron sus verdaderos protagonistas: Los guardias civiles.

lunes, 3 de marzo de 2014

CENTENARIO DEL GENERAL OLIETE (1902-2002).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Sección "Historia" de la Revista profesional "GUARDIA CIVIL" correspondiente al mes de abril de 2002, págs. 80-84. 
El original está ilustrado por cuatro fotografías en color y cuatro fotografías en blanco y negro.


El General de División Roger Oliete Navarro fue Subdirector General de la Guardia Civil entre 1961 y 1966, habiendo pasado a la Historia del Cuerpo por poseer una de sus más brillantes Hojas de Servicios. Precisamente este año se cumple el centenario de su nacimiento y el veinticincoavo de su fallecimiento.

Introducción.


Roger Oliete Navarro nació el 30 de octubre de 1902, hace ahora un siglo, en la localidad turolense de Oliete, perteneciendo a una familia numerosa de clase media que estaba encabezada por sus padres Dámaso Oliete Alfonso y Valentina Navarro Sanz, ocupando el tercer puesto entre sus hermanas y hermanos que se llamaban Prudencia, Luisa, Teresa, José, Margarita y Carmen.

Aunque su padre no era militar eran tiempos en que el corazón de los españoles se desangraba en las interminables campañas de Marruecos y todos estaban pendientes de los sucesos que allí acontecían, pudiéndose leer en cualquier periódico de aquellos años como se publicaban extensas crónicas en las que se relataban y ensalzaban las gestas de nuestras tropas.

Ello motivó que por aquel entonces muchos jóvenes de la época quisieran abrazar la carrera de las armas y ser oficiales del Ejército para marchar en busca de gloria a combatir a tierras norteafricanas.

Así el joven Roger Oliete fue uno de esos muchachos que tras realizar sus estudios escolares decidió presentarse a los exámenes de ingreso para la Academia de Infantería de Toledo cuando contaba 19 años de edad y acababa de producirse el trágico "Desastre de Annual" en donde habían muerto más de ocho mil de nuestros soldados.

Las Campañas de Marruecos.

Superados los rigurosos exámenes de ingreso una real orden de 15 de abril de 1922 le nombró caballero cadete del histórico alcázar toledano, presentándose en el mismo dos semanas después junto a otros tres centenares de alumnos de su misma promoción.

Tras jurar bandera el 13 de julio de dicho año permaneció estudiando en la Academia de Infantería hasta que por una real orden de 30 de junio de 1924 fue promovido al empleo de Alférez, siendo destinado al mes siguiente al Regimiento del Infante nº 5 que prestaba servicio de guarnición en Zaragoza.

Dado que aquella vida tranquila y cómoda no era a la que aspiraba este joven oficial solicitó enseguida su destino voluntario al Regimiento Ceriñola nº 42 de guarnición en Melilla, saliendo publicado para el mismo en una real orden circular de 28 de octubre de 1924. 

El 4 de noviembre desembarcaba en el puerto melillense y ya el 1 de diciembre iniciaba sus servicios de campaña en el campamento de Ben-Tiel y poco después en la posición de Tumerich.

Al crearse el Batallón de Cazadores de Africa nº 16, organizado a base del Regimiento Ceriñola nº 42, el alférez Oliete fue destinado al mismo por una real orden de 29 de mayo de 1925, incorporándose tres días después al campamento de Dar Drius, en donde continuó prestando servicio de campaña, hasta que a finales del mes siguiente marchó junto a su unidad para Melilla al objeto de participar en el histórico desembarco de Alhucemas.

Formando parte de la columna del general Emilio Fernández Pérez embarcó el 5 de septiembre en el vapor "Romeu" con rumbo a la bahía de Alhucemas, permaneciendo en la misma hasta el día 15, soportando constante cañoneo enemigo y las adversas inclemencias del tiempo.

Fue precisamente en ese hecho de armas el los que se procedió a anotar en su hoja de servicios el concepto de valor "acreditado", recibiendo además la primera felicitación escrita de sus superiores.

Así el artículo 5º de la Orden de su batallón, dada en la posición de Morro Nuevo el 21 de septiembre de 1925, decía textualmente: 

"En la mañana del día 18 del actual durante el intenso cañoneo enemigo que sufrió el Batallón, una granada cayó contra el parapeto de primera línea en el que estaba situada la 3ª Sección de la 2ª Compañía al mando del Alférez Roger Oliete, abriendo una brecha de tres metros y causando cuatro heridos de metralla y piedras lanzadas por la explosión. Ni un solo hombre de la Sección hizo ademán de moverse de su puesto; todos continuaron en él con su Oficial al frente dando pruebas fehacientes de la más completa disciplina y del más sereno valor".

El alférez Oliete tras participar en las acciones de Malnoussi Bajo, Morro Bajo y Cebadilla pasó al sector de Aix-Dir, siendo entonces destinado a petición propia el 8 de octubre a las Fuerzas Regulares Indígenas, la unidad más condecorada y con mayor número de bajas del Ejército Español.

Encuadrado ya en la 1ª Compañía del Primer Tabor del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Tetuán nº 1 continuó combatiendo en dicho sector hasta principios de diciembre en que su unidad fue reembarcada para Ceuta.

Durante 1926 combatió en Fon-Dak, Peña de los Tarazines, Haffa el Deciras, Haffa el Sax, Bu-Ceitug y Bu-Dacar en donde resultó gravemente herido en la cabeza siendo evacuado primero a Tetuán y posteriormente a Zaragoza.

Tras dos meses de convalecencia y recién ascendido al empleo de teniente, el 30 de junio de ese mismo año, volvió a su unidad y participó sucesivamente en las operaciones de guerra de Tuddia-Abba, Afforit, Raula, Pandalillo, Zoco el Arbaca, Dar-Akombba, Xauen, Miskcela, Akay, Setiev, Bu-Harras y Zoco Tiz el Ata.

En 1927 pasó al sector de Xauen donde continuó en servicio de campaña, tomando parte en los combates de Ani-gorra, Adriay Afemun, Rok-Valia, Surena, Bar-Kaio, Takar-Verde, Zoco el Jemis de Beni-Ares, Buharron (Sumata), collado de Akersan, Ani-Darda, Ani-Grana, Tazarut, Yebel-Alani, Bab-Start, Bab-Tarsa y Dar-Arab.

Alcanzada la victoria y la paz definitiva en nuestro Protectorado el teniente Oliete permaneció destinado en el mismo hasta que el 4 de octubre de 1929 fue seleccionado por el general Francisco Franco Bahamonde para formar parte del cuadro de profesores de la recién creada Academia General Militar de Zaragoza, impartiendo a los cadetes clases de táctica y armamento.


Oficial de la Guardia Civil.


No satisfecho con la tranquila vida de profesor solicitó a los pocos meses pasar al Instituto de la Guardia Civil en unos momentos que España vivía una constante agitación social con constantes y violentos enfrentamientos rurales y callejeros. Así el 7 de marzo de 1930 se le concedió el ingreso siendo destinado a la Comandancia de Lérida como Jefe de la Línea de Seu de Urgel.

Tras unos meses al frente de dicha unidad fue destinado al escuadrón de Caballería del 7º Tercio de Zaragoza y como Jefe de la Línea de Zuera en donde fue felicitado expresamente por real orden comunicada de 19 de diciembre de 1930 por haberse "apreciado en todo su valor, el alto espíritu, disciplina, lealtad y abnegación evidenciados por este Oficial en cuantas ocasiones tuvo que intervenir en defensa del orden público y de las Instituciones y muy especialmente en los tristes sucesos acaecidos en la 5ª Región en el repetido mes de diciembre".

Al suprimirse el 4 de marzo de 1932 la Línea de Zuera por ser establecida en Morera pasó a mandarla hasta que dos semanas después marchó a hacerse cargo de la Línea de la capital zaragozana, si bien poco después volvieron a agregarle también la unidad anterior hasta el 7 de junio de 1933. 

En agosto de ese año fueron suprimidos los escuadrones de los Tercios motivo por el cual quedó encuadrado en la Comandancia de Zaragoza, desempeñando el mismo mando.

Tras un corto periodo en los que ejerció accidentalmente el puesto de cajero y jefe de la 4ª Compañía de la Comandancia de Zaragoza fue destinado voluntariamente el 27 de agosto de 1934 como profesor al Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro si bien duró poco en el mismo ya que dada su experiencia africanista fue comisionado el 11 de marzo de 1935 para Tetuán al objeto de participar en la formación del proyecto de las Mejanías Armadas de la Alta Comisaría de España en Marruecos.

Finalmente el 12 de junio de ese mismo año pasó destinado a la Comandancia de Marruecos, mandando sucesivamente las Líneas de Had-de-Ruadis, Beni-Adifa, Tagsut, Targuist y Jinemurt, bien en calidad de titular o de agregadas, hasta que con motivo de su ascenso a capitán el 6 de abril de 1936, tuvo que cambiar de destino marchando a finales de dicho mes a su nuevo puesto en la Comandancia de La Coruña.


La Guerra Civil y "La Calavera".


Al capitán Oliete le sorprendió el inicio de la Guerra Civil en la plana mayor de la comandancia gallega que se sumó desde el primer momento a la sublevación militar encabezada por las autoridades militares y navales de la zona.

El capitán Oliete al mando de fuerzas del Instituto tomó durante la madrugada del 21 de julio de 1936 los barrios coruñeses de Santa Lucía y Gurugú, ocupando pocas horas después el monte Molino de Santa Margarita y el barrio de Los Monelos, en donde aprehendió importantes cantidades de armamento y dinamita.

A partir del día siguiente y bajo la dirección del entonces coronel de Infantería Pablo Martín Alonso, futuro Director General de la Guardia Civil, mandó una columna integrada por guardias civiles y de asalto así como de una sección de morteros de infantería, ocupando sucesivamente las poblaciones de Betanzos, Corombión y el monte de Zapateira.

El 18 de septiembre un radiograma del general de división Miguel Cabanellas Ferrer, Presidente de la Junta de Defensa Nacional y antigio Director General de la Guardia Civil, ordenó la presentación del capitán Oliete en la Comandancia de Zaragoza, al objeto de hacerse cargo del mando de una compañía de guardias civiles que se había concentrado para partir inmediatamente al frente de Teruel.

En la vecina provincia de Teruel, el teniente coronel de Infantería Mariano García Brisolara, comandante militar de la plaza, declaró el 19 de julio el estado de guerra junto a las fuerzas de la Guardia Civil mandadas por el teniente coronel Pedro Simarro Roig. Pero al contrario que en la de Zaragoza el alzamiento no triunfó en su totalidad, fracasando en las zonas de Utrillas, Montalbán, Alcañiz y Valderrobles.

Incorporado el capitán Oliete al frente de Teruel el 28 de septiembre procedió inmediatamente a su organización adscribiendo a otros guardias civiles voluntarios de la Comandancia de Teruel así como de los que se habían pasado de la zona republicana del Levante. 

Como veterano de las campañas de Marruecos, convirtió enseguida a su compañía en una unidad de choque de primera línea, que bien pronto fue conocida con el sobrenombre de "La Calavera".

Sobre sus vicitudes al frente de dicha unidad, en la que resultó herido en tres ocasiones, no se profundiza más ya que el autor publicó en esta misma Revista en el mes de mayo de 2001 un extenso artículo sobre tan singular compañía y su actuación en el frente de Teruel.

El 15 de diciembre de 1937 el capitán Oliete tuvo que dejar definitivamente el mando de "La Calavera" al resentirse de una herida muy grave sufrida el 30 de agosto de ese mismo año en la posición de Santa Bárbara por un disparo de fusil en la cabeza y de la que no había terminado de restablecerse, teniendo que ser evacuado a Zaragoza.

Tras ser dado de alta fue destinado el 18 de enero de 1938 a mandar la Compañía de la Guardia Civil en la localidad zaragozana de Epila en donde a los pocos días de su incorporación capturó a tres aviadores rusos que habían tenido que realizar un aterrizaje de emergencia.

Deseando volver al frente fue destinado dos meses después a la División 53 en vacante de superior categoría como jefe del 31 Batallón Expedicionario del Regimiento de Infantería Tenerife n1 38, siendo nuevamente herido aunque esta vez por metralla. Al frente de dicha unidad se distingió por su arrojo y valor en numerosas ocasiones siendo citado varias veces en las ódenes de su División y Cuerpo de Ejército.

Poco antes de finalizar la Guerra Civil, fue destinado el 18 de marzo de 1939 a mandar el Tercio del Pilar que pertenecía a las milicias del Requeté hasta que el 8 de octubre fue destinado al Regimiento de Infantería nº 42 como jefe de la comisión liquidadora de la anterior unidad tras ser disuelta. Sin embargo nuevamente poco tiempo estuvo en ello ya que el 12 de diciembre se dispuso su inmediata incorporación en Oviedo a los Servicios Especiales de la Columna de Operaciones de Asturias.

Meses antes en la Orden General del Ejército del Centro del 5 de agosto de 1939 se anunció el inicio del expediente contradictorio de ascenso a comandante con carácter sumarísimo y según consta textualmente por "sus cualidades excepcionales de inteligencia, valor y aptitud para mando de unidad superior a su empleo demostradas en cuantas operaciones de guerra había tomado parte", habiendo sido asimismo propuesto para la Medalla Militar individual si bien ésta finalmente no prosperó.


Jefe de la Guardia Civil y la "Explosión de Cádiz".


Finalizadas las operaciones militares se reintegró el 7 de octubre de 1940 a su destino en la 6ª Compañía de la Comandancia de Zaragoza, pasando el 6 de marzo del año siguiente destinado al Servicio de Información del 7º Tercio de Zaragoza y nombrado cajero-habilitado del mismo, cesando en todo ello al haber sido ascendido el 8 de abril de 1941 a comandante por méritos de guerra con antigüedad del 1 de abril de 1939.

El 20 de mayo de dicho año fue destinado a la 107ª Comandancia Rural de Zaragoza como 2º jefe de la misma en donde permaneció hasta el 30 de abril de 1943, fecha en la que pasó a la plana mayor del 7º Tercio Rural de Zaragoza ocupando poco después su jefatura del Servicio de Información.

El 28 de abril de 1944 ascendió al empleo de teniente coronel siendo destinado el día 6 del mes siguiente para el mando de la 6ª Comandancia Móvil con residencia en Sevilla en donde estuvo hasta que por orden del 22 de julio de dicho año le fue conferido el mando de la 237ª Comandancia Mixta de Cádiz con la principal misión de erradicar las partidas del maquis que había en la serranía de la provincia, estableciendo para ello y por espacio de más de dos años su puesto de mando adelantado en Medina Sidonia.

En ese periodo ocurrió una de las mayores tragedias de la posguerra civil. En la noche del 18 de agosto de 1947 acontecía en la ciudad de Cádiz la explosión de uno de los almacenes de minas de la base de defensas submarinas de la Armada que causó cerca de 200 muertos y casi 5.000 heridos de diversa consideración además de centenares de edificios destruidos.

Gran parte de la ciudad quedó devastada y la tragedia fue de tal magnitud que durante las semanas siguientes fue el centro de atención y recepción de recursos y auxilios de todo el territorio nacional y parte del extranjero.

El teniente coronel Oliete tuvo que retrasar su boda prevista para pocos días después y se puso inmediatamente al frente de sus hombres. Con la ayuda de su 2º jefe el comandante José Arias Garín, participó en las tareas de rescate de las víctimas y dirigió la vigilancia que se tuvo que establecer para evitar el saqueo de las barriadas destruidas.

En aquella trágica noche y en los días siguientes los guardias civiles a sus órdenes rescataron de los escombros a un total de 523 víctimas. El origen de la explosión nunca fue suficientemente aclarado si bien la reciente aparición de documentos confidenciales de la época apuntan a la posibilidad de un atentado terrorista por parte de un grupo anarquista del maquis.

Tras erradicar al maquis de la provincia permaneció al frente de la comandancia gaditana hasta que por orden del Ministerio del Ejército, de 20 de agosto de 1952, ascendió al empleo de coronel, siendo destinado dos meses después al mando del 38º Tercio de Sevilla en donde permaneció hasta que por decreto de 27 de abril de 1956 fue promovido al empleo de general de brigada.


Subdirector General de la Guardia Civil.


Tras haber ostentado sucesivamente el mando de la 3ª Zona (Zaragoza) y 1ª Zona (Sevilla) fue ascendido al empleo de general de división ocupando el cargo de Subdirector General de la Guardia Civil entre el 22 de septiembre de 1961 y el 11 de noviembre de 1966.

Durante ese periodo, en donde los tenientes generales Antonio Alcubilla Pérez, Luis Zanón Aldalur y Angel Ramírez de Cartagena Marcaida fueron Directores Generales del Cuerpo, se culminó el despliegue de la Agrupación de Tráfico, se creó la primera oficina de prensa del Cuerpo, el Centro de Estudios Históricos, se consolidó el Patronato de Viviendas, se convocaron los primeros cursos de mecánicos de transmisiones, se firmaron convenios con el Ministerio de Educación Nacional para erradicar el analfabetismo rural, se constituyó el Consejo de Acción Social, se inició el proyecto de construcción del actual Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro y se adquirieron los terrenos y se construyó e inauguró el monumento conmemorativo de los defensores del Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, entre otras cosas.

Condecoraciones militares.


El general de división Roger Oliete Navarro a lo largo de su brillante carrera militar fue recompensado, además de con diversas condecoraciones civiles, con dos Cruces de María Cristina, cuatro Cruces del Mérito Militar con distintivo rojo, tres Cruces de Guerra, una Medalla de Campaña, una Medalla de Sufrimientos por la Patria, dos Medallas Militares de Marruecos con los pasadores de Melilla y Tetuán, una Medalla de la Paz de Marruecos, una Medalla del Homenaje a SS.MM, una Cruz del Mérito Militar de 2ª clase con distintivo blanco, una Cruz de la Orden del Aguila Alemana, una Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, una Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, una Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

Fallecimiento y epílogo.


El general de división Roger Oliete Navarro falleció el 20 de febrero de 1977, a los 74 años de edad, en su domicilio particular de la localidad gaditana de Algodonales, en cuyo cementerio reposan sus restos en un sencillo nicho cubierto por una lápida de mármol blanco. 

Atrás quedaban sus 45 años de milicia durante los que participó en más de un centenar de acciones de guerra y en las que había resultado herido en seis ocasiones.

La elaboración de este no hubiera sido posible sin la colaboración del Servicio de Estudios Históricos de la Dirección General de la Guardia Civil y muy especialmente de Isabel Sánchez de Alva Merencio, viuda del General Oliete, quien actualmente vive entre Cádiz y Sevilla rodeada del cariño de sus hijos Gonzalo, Margarita y Roger así como de sus nueve nietos Margarita, Rocío, Isabela, María, Ana, Cristina, Gonzalo, José Ignacio y Roger.

UNA BANDERA REPUBLICANA PARA LA GUARDIA CIVIL GADITANA.


LXXI Aniversario de la proclamación de la 2ª República (1931-2002). 

La Diputación de Cádiz entregó la enseña adquirida por suscripción popular.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 14 de abril de 2002, págs. 24-25. 
El original está ilustrado con tres fotografías en blanco y negro.

Introducción.

La proclamación de la 2ª República el 14 de abril de 1931 conllevó, entre otras muchas cosas, la adopción de la enseña tricolor como nueva bandera nacional. 

Trece días después la Gaceta de Madrid publicaba un decreto firmado por Niceto Alcalá Zamora Torres, presidente del gobierno provisional, disponiendo su uso para todos los fines oficiales de representación del Estado, dentro y fuera del territorio español, y en todos los servicios públicos tanto civiles como militares.

Si bien su sustitución en los edificios públicos por la bicolor se hizo en la mayor parte de los lugares durante las primeras horas del nuevo régimen, arrancando una e izando otra sin más ceremonia que el griterío popular y los aplausos de los presentes, hubo que esperar varias semanas para ello en las instalaciones militares. 

De hecho hasta el 6 de mayo el nuevo ministro del Ejército, Manuel Azaña Díaz, no dictó las normas protocolarias para cambiarla en todos los acuartelamientos, incluidos los de la Guardia Civil y Carabineros.

Cumpliendo dicha orden las unidades procedieron durante los días siguientes a realizar con toda solemnidad el arriado de la enseña bicolor y el izado de la nueva bandera nacional, que en muchas ocasiones había sido donada por instituciones civiles. 

Así, por ejemplo, al Regimiento de Infantería nº 27 de Cádiz, con su jefe al frente, el coronel José Enrique Varela Iglesias, le fue entregada en aquellas fechas la enseña tricolor en un multitudinario acto celebrado en la misma plaza del ayuntamiento capitalino.

Una bandera para la Guardia Civil.


Si bien desde entonces ondeó en todas las casas-cuarteles del benemérito Instituto la nueva enseña tricolor, hubo que esperar hasta la mañana del domingo 8 de diciembre de 1935 para que se realizara la ceremonia oficial de su entrega a la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, siendo no obstante la más brillante y concurrida de todas cuantas se realizaron en la historia de la provincia, constituyendo un acontecimiento de gran notoriedad al que asistieron miles de personas tal y como lo reflejó la prensa de la época.

Para escenario de tan ilustre ceremonia se eligió el monumento a Las Cortes de 1812 frente a la antigua Casa de la Aduana, siendo invitadas todas las autoridades civiles y militares de la provincia, encargándose el presidente de la Diputación Provincial, Pedro Icardi Blanca, de entregar la nueva enseña que había sido costeada por suscripción popular.

Los padrinos de la bandera tricolor fueron Carmen Oliver Cobeña –esposa del gobernador civil de Cádiz, Luis Armiñán Odriozola- y Elías Ahuja Andría, conocido filántropo gaditano que tanto hizo por las personas más necesitadas de la provincia y el colegio de huérfanos de la Guardia Civil, entre otras instituciones. 

La Guardia Civil gaditana, a cuyo frente se encontraba el teniente coronel Sebastián Hazañas González, estuvo respaldada por la presencia del general de brigada Federico de Santiago Iglesias, jefe de la 2ª Zona de Andalucía, acompañado de una nutrida comisión de jefes y oficiales del benemérito Instituto.

Invitados civiles y comisiones militares.


A la ceremonia fueron invitados todos los alcaldes de la provincia ya que por entonces en la misma había una sola comandancia de la Guardia Civil y no dos como actualmente, asistiendo los de Alcalá de los Gazules, Algar, Algeciras, Arcos, Los Barrios, Bornos, Cádiz, El Bosque, Conil, Chiclana, Espera, El Gastor, Jerez, La Línea, Medina, Paterna de Ribera, Prado del Rey, Puerto Santa María, Puerto Real, Puerto Serrano, Rota, San Fernando, Sanlúcar de Barrameda, San Roque, Setenil, Tarifa, Torre Alháquime, Trebujena y Villamartín.

También asistieron numerosos dirigentes y representantes de la vida cultural, económica, judicial, política y social de la provincia, tales como el presidente y el fiscal de la Audiencia, el juez de instrucción, el juez municipal, el decano del Colegio de Abogados, el comisario provincial de Investigación y Vigilancia, el cuerpo consular en pleno, el presidente de la Agrupación de la Prensa, el decano de la Facultad de Medicina, el presidente de la Patronal, los representantes de la Cámara de Comercio; los profesores de la Escuela de Comercio y del Patronato de Formación Profesional, el administrador de Correos, el jefe de Telégrafos, el administrador de Aduanas, miembros de la Academia Hispanoamericana, Academia de Bellas Artes, Servicio Forestal, Sociedad de Fomento, Patronato de Turismo así como numerosos representantes de otros centros oficiales y diversos partidos políticos.

Al solemne acto también acudieron las principales autoridades militares de la provincia encabezadas por el vicealmirante Sebastián Gómez-Pablos Rodríguez de Arias y el general de brigada de Infantería Julio Mena Zueco, acompañados del teniente coronel de Carabineros Leoncio Jaso Paz, demás jefes de cuerpo de la guarnición y sendas comisiones del Ejército y la Armada.

En la plaza formaron y rindieron honores una compañía y una sección montada de la Guardia Civil, una compañía del Regimiento de Infantería nº 27 mandada por el capitán Francisco Martínez García de Valdeavellano, una batería del Regimiento de Artillería de Costa nº 1 mandada por el capitán Juan Rodríguez Carmona, una compañía de Infantería de Marina mandada por el capitán Antonio Ristori Fernández, una sección de Carabineros mandada por el teniente Santiago Estébanez Piñeiro y una sección de la Guardia de Asalto mandada por el teniente Manuel Beltrán Romero, estando todas ellas a su vez bajo las órdenes del comandante de Infantería Tomás Sevillano Cousillas.

Las fuerzas de Infantería del Ejército, Artillería e Infantería de Marina, acompañadas de sus bandas de música, iban encabezadas por sus correspondientes banderas regimentales que portaban los tenientes Hermenegildo Pérez Monje, Remigio Sánchez del Alamo y Eduardo García Serna respectivamente.

Discursos, medallas y desfile.


Ante la plaza abarrotada de miles de gaditanos la madrina pronunció unas sentidídimas frases dirigidas a los guardias civiles: 

"Hoy, con la bandera de la Patria en la mano y ante vosotros, casi no puedo dirigiros la palabra para decir que todo mi orgullo de gaditana y española está a punto de transformarse en lágrimas. En momentos graves, en horas en las que peligraba la paz de una provincia, primero y de la Patria, después, vi y sentí toda la confianza que en vosotros depositó España y la República. Como española pido hoy a Dios que esta bandera sólo ondee a pleno sol en paradas de paz. Tomadla, Señor Teniente Coronel, y decid a vuestros Guardias que la respeten, defiendan y amen con el fervor que yo enseño a mi hijo que la ame, la defienda y la respete".

Por su parte el teniente coronel Hazañas le agradeció sus emotivas palabras con otras que le habían sido ayudadas a redactar por los hermanos Alvarez Quintero, uno de los cuales era el padrino de su hijo Sebastián: 

"Esta bandera, que hoy recibo con emoción y orgullo, era ya dichosa al nacer: primero, porque conocía su destino, y luego, porque debe la vida a las aportaciones de todos: cada donativo para ella ha sido como una flor, que se ha fundido en sus colores. Estamos obligados a conservarla y defenderla hasta perder nuestra vida, porque así lo interesa la gloria de la nación, el crédito de la Comandancia y nuestro propio honor. ¡Viva España! ¡Viva la República! ¡Viva Cádiz!".

Finalizados los discursos y entregada la bandera se procedió a la imposición de diversas condecoraciones. La primera fue para el capitán de la Guardia Civil Antonio Escuín Lois -la Cruz de la Orden de la República- costeda por suscripción popular del pueblo de San Fernando, estando acompañado en tal acto de Manuel Caramé Pineda, alcalde de la misma.

Seguidamente fueron recompensados con la cruz del mérito militar de 1ª clase con distintivo blanco, los periodistas Antonio Octavio Sánchez, redactor de DIARIO DE CADIZ y Antonio Garrachón Cuesta, de La Información, que estuvieron acompañados de sus respectivos directores y de Francisco Gómez Carrasco, presidente de la Agrupación de la Prensa.

A continuación se inició el desfile por las calles adyacentes de todas las fuerzas asistentes, entre las que destacaron por su pequeña edad de apenas diez años la escuadra de gastadores del colegio de huérfanos de la Guardia Civil de Valdemoro que recibieron los aplausos y vítores del público agolpado a su paso.

Finalizado el acto, autoridades e invitados fueron agasajados con una comida por la Diputación Provincial a cuyo final su presidente entre otras patrióticas palabras afirmó: 

"Los gaditanos no somos superiores a ningunos otros de los españoles, pero sí tenemos a gran gala el experimentar dos sentimientos muy destacados, que son la exaltación de los deberes: el patriotismo y la gratitud. Estas son las razones que nos han movido para celebrar este acto"

Seguidamente se dieron lectura a numerosas adhesiones de personalidades gaditanas que se encontraban fuera de la ciudad, destacando entre ellas las del insigne literato José María Pemán y de Ramón de Carranza.

El paso del tiempo.


Apenas siete meses después de aquella solemne ceremonia esa misma plaza fue el escenario principal de los primeros enfrentamientos armados de la Guerra Civil en Cádiz cuando fuerzas de Infantería y Artillería sitiaron la antigua Casa de la Aduana en donde se encontraban las dependencias del gobierno civil y la diputación provincial.

Muchos de los protagonistas y testigos de aquella memorable entrega de la bandera se verían afectados trágicamente por la terrible contienda en la que España se vió sumida durante los tres años siguientes. 

Unos fueron asesinados en los primeros días, otros murieron o resultaron heridos en los campos de batalla, cayeron enfermos o padecieron prisión e injusticia, pasando a engrosar unas páginas de la historia que jamás se deben repetir.

Casi siete décadas después, mientras aquella bandera se encuentra en el Museo de la Dirección General de la Guardia Civil, en la biblioteca de la Comandancia de Cádiz se sigue conservando, junto a otros objetos históricos, la vitrina de madera noble con los escudos republicanos de España y Cádiz, tallada en 1935 por el artesano Eladio Campe para conservar la enseña tricolor y que fue donada junto a la misma, lugar que hoy día ocupa una imagen de la Virgen del Pilar, patrona del benemérito Instituto sobre el fondo de la actual bandera nacional.

Nota: Por último significar que estas líneas han sido posibles gracias a dos testigos de aquel 8 de diciembre de 1935 en la plaza de las Cortes: Sebastián Hazañas Volpini y José Manuel Sánchez Gey.