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sábado, 24 de febrero de 2024

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CCIX). LA REORGANIZACIÓN EN LA POSGUERRA CIVIL (28).



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 5 de febrero de 2024, pág. 10.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

En el pasado capítulo se citó como el entonces brigada de Carabineros Eusebio Fernández Chimeno rindió un especial homenaje al fallecido capitán del mismo Instituto, Antonino (a veces salía publicado oficialmente como Antonio) Potti Trigo, en su obra publicada en 1936, antes de iniciarse la desdichada guerra civil, llamada “Escalafón General del Cuerpo de Carabineros”.

Dicho capitán, nacido el 21 de septiembre de 1876 e ingresado en el servicio a los 16 años de edad, es decir, el 21 de septiembre de 1892, no fue un oficial más de tan honroso Cuerpo, tal y como se verá más adelante, por lo que se merece que se le dedique esta página. Además estuvo destinado casi dos años en el empleo de primer teniente en la Comandancia de Algeciras. Fue a ella por real orden de 9 de febrero de 1917, procedente de la Comandancia de Gerona, siendo posteriormente destinado por real orden de 27 de enero de 1919, a la Comandancia de Guipúzcoa.

Su presencia en nuestra comarca fue recogida en varias ocasiones por la prensa local. Un curioso ejemplo lo tenemos en el diario liberal independiente, y pro-británico, “El Campo de Gibraltar”, núm. 725, correspondiente al 1º de marzo de 1918. Dicho periódico se autodenominaba “Órgano defensor de los intereses de la región y de los de España en África”. Su redacción y administración estaba en el antiguo núm. 8 de la calle Teniente Serra, en Algeciras. 

En dicho artículo se hacía especial referencia como “distinguido amigo” a Potti, reconociendo su condición de oficial de Carabineros, y se citaba de forma especial a su hija Amalia como participante al día siguiente, sábado, en una velada artística a celebrar en el “Salón Imperial”, dónde tomarían parte notabilísimos aficionados de Algeciras y la Línea de la Concepción. Tan sólo decir que poco antes se había tratado de “muy estimado amigo” al teniente coronel Valeriano Lorenzo Rodríguez, jefe de dicha Comandancia de Carabineros, con motivo de su boda con Rafaela de los Ríos Le-Roux, el 15 de febrero.

Pero antes de proseguir hay que precisar que el brigada Fernández decía en 1936, al inicio de su obra citada, que dicho “entusiasta” capitán, diez años antes, “publicó el Anuario Guía del Cuerpo de Carabineros, libro de utilidad reconocida, pero que por haberse desistido del intento en sus primeros comienzos murió, como por los azares de la vida mueren tantas cosas buenas”.

Tal afirmación hay que decir que siendo cierta es inexacta y no es nada completa. Para ello se va a acudir primero a una real orden de 30 de marzo de 1925, dimanante de la Sección de Justicia y Asuntos Generales del Ministerio de la Guerra, que fue publicada en el diario oficial núm. 72, de fecha 1 de abril siguiente. Estaba dirigida al director general de Carabineros que era entonces el teniente general José Olaguer-Feliú Ramírez. 

Concretamente se autorizó la publicación de ese “Anuario Guía” al teniente coronel de Carabineros, Francisco Santaella Sánchez, destinado como jefe de la Secretaría de la Dirección General de dicho Instituto; en unión del comandante de Infantería Federico Acosta Roldán, disponible en la 1ª Región (Madrid); del de igual empleo de Carabineros Ángel Sánchez Alonso, que era auxiliar del 4º Negociado (Organización y disciplina) de dicha Dirección General; y del teniente Potti, que por aquel entonces estaba destinado en la Comandancia de Valencia.

Dicha obra iba a contener, “los nombres y apellidos de todo el personal del Cuerpo; con resumen detallado de los puestos, sus características geográficas, históricas y estadísticas; hechos de armas más notables, aprehensiones de importancia, recompensas y demás vicisitudes y consideraciones sobre Código de Justicia y demás legislación militar y de Hacienda; especialmente del reglamento de Alcoholes; ordenanzas y servicios peculiares de Carabineros, en analogía con lo dispuesto en el artículo 28 de la ley de Propiedad Intelectual de 10 de enero de 1879”. 

Hay que añadir que el 1º de marzo de 1931, el ya teniente coronel Sánchez Alonso, que era el ayudante de campo del general de división y subdirector del Cuerpo de Carabineros Eladio Soler Pacheco, cumplió 60 años, pasando a la situación de reserva por cumplir la edad reglamentaria. Justo dos años después, pasó reglamentariamente a retiro. Hay constancia documental de que por real orden de 25 de agosto de 1900, siendo segundo teniente (alférez), fue destinado a la Comandancia de Cádiz, procedente de la de Lérida, donde estuvo destinado un par de años, antes de pasar a la Comandancia de Mallorca.

Sobre el general Soler, que era natural de nuestro San Roque, hay que recordar que ya fue anteriormente citado en otros capítulos, pues siendo capitán entre los meses de octubre de 1906 y abril de 1907 había estado destinado en la Comandancia de Algeciras. Posteriormente, entre abril de 1921 y febrero de 1922, ostentando el empleo de coronel, fue jefe de la 6ª Subinspección de Carabineros, con residencia en la capital gaditana, de la que entonces dependían las Comandancias de Carabineros  de Algeciras y de Cádiz.

Como ya se dijo la semana pasada, el capitán Potti, pasó a la situación de reserva el 26 de septiembre de 1929, encontrándose en la situación de reemplazo por enfermo en la 1ª Región Militar y afecto para haberes a la Comandancia de Carabineros de Madrid. Pero lo que no se dijo es que fue uno de los directores del periódico “La Correspondencia Militar”, el cual estuvo en edición entre 1877 y 1932, donde se mezclaban cuestiones militares y políticas de muy diverso tipo. 

Falleció en Madrid el sábado 14 de enero de 1933, “víctima de rápida enfermedad”, y el periódico madrileño “Ahora”, entre otros, publicó tres días más tarde una nota necrológica llena de afecto dedicada al finado, “por sus excepcionales condiciones de laboriosidad, inteligencia y trato de gentes, supo granjearse la simpatía y afecto de cuantos le trataron”.

Según el periódico, el entierro celebrado al día siguiente constituyó “una verdadera manifestación de duelo”, dando su pésame a la familia, y muy especialmente a sus hijos José y Luis. En representación del Cuerpo de Carabineros asistieron, según el diario, el inspector general Miguel Garrote Cancelo y el coronel Cipriano Gómez de Lázaro Robles, jefe de la Secretaría de la Inspección General. 

Con dicho coronel estaba destinado el entonces comandante Leoncio Jaso Paz. Éste, siendo ya teniente coronel jefe de la Comandancia de Cádiz, sería felicitado tras los sucesos de octubre de 1934, por “sus inteligentes y entusiastas asesoramientos, respecto al empleo y distribución de sus fuerzas de Carabineros en la custodia del transformador de luz, de la Audiencia, de las Catedrales, Nueva y Vieja, y del Convento de Santo Domingo”, entre otros, así como en numerosos pueblos de la provincia. El 18 de julio de 1936 se mantuvo leal al gobierno de la República y sería condenado por el delito de rebelión militar. Fue fusilado el 6 de agosto siguiente en el castillo capitalino de San Sebastián, junto al gobernador civil de Cádiz y comandante de Artillería, Mariano Zapico Menéndez-Valdés y el capitán de Artillería Antonio Yáñez-Barnuevo de la Milla, jefe provincial del Cuerpo de Seguridad.

(Continuará).

 

 

jueves, 15 de febrero de 2024

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CCVIII). LA REORGANIZACIÓN EN LA POSGUERRA CIVIL (27).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 29 de enero de 2024, pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en color.


En el capítulo anterior se resumió como oficial del Cuerpo de la Guardia Civil, el final militar de un antiguo suboficial del Cuerpo de Carabineros que llegó a ser autor del llamado “Escalafón General del Cuerpo de Carabineros”, correspondiente al año 1936. Gracias a ello, por orden alfabético, se conoce el personal que estaba destinado antes de la guerra civil en la Comandancia de Algeciras y en cada uno de sus puestos de Carabineros, incluidos por lo tanto los diferentes que entonces existían en todo el término municipal de San Roque.

Lógicamente faltan los últimos cambios de destino de algunos componentes, incluidos los últimos ingresos de los recién incorporados al benemérito Instituto, pues no hay que olvidar que Carabineros, al igual que la Guardia Civil, eran beneméritos. No obstante, hay que decir que dicho número es realmente escaso frente al de la inmensa mayoría, constituyendo dicho “Escalafón” un elemento fundamental para el estudio del Cuerpo de Carabineros. Con la lectura de los diarios oficiales del Ministerio de la Guerra y los boletines del “Guía del Carabinero” de los meses previos a la contienda, puede completarse en su totalidad tan arduo trabajo.

Por otra parte, no hay que olvidar que, en el Anuario Militar de España correspondiente al año 1936, se publicó con antigüedad del mes de abril, un resumen numérico de las plantillas de generales, jefes, oficiales, asimilados, suboficiales, tropa y ganado de Carabineros. Bueno es citarlo para conocer la verdadera entidad de dicho Cuerpo que en la Ley de 15 de marzo de 1940 se dispuso la integración del personal existente en el de la Guardia Civil.

En total, según dicho “Anuario”, se trataban de 15.316 personas: dos generales, uno el inspector y otro el subinspector, procediendo este último de Carabineros; de 676 jefes, oficiales y asimilados (12 coroneles, 25 tenientes coroneles, 30 comandantes, 145 capitanes, 296 tenientes, 162 alféreces, 4 médicos, 1 director de música y 1 profesor de esgrima); de 14.113 hombres de Infantería, recordando que el decreto del Ministerio de Hacienda de 28 de septiembre de 1935, y normativa siguiente, había reconvertido a los de Caballería en Infantería (486 brigadas, 600 sargentos, 828 cabos, 913 carabineros de 1ª, 10.891 carabineros de 2ª y 400 cornetas); de 458 hombres de Mar (6 brigadas, 23 sargentos, 40 cabos, 34 carabineros de 1ª y 355 carabineros de 2ª); 2 maestros armeros y 65 mujeres que eran matronas (6 de 1ª y 59 de 2ª). Al desaparecer la Caballería e integrarse sus componentes en la Infantería, el número de equinos que figuraba en el “Anuario” de 1936 disminuyó bastante, quedando entonces una plantilla de sólo 823 caballos (490 de oficial y 333 de tropa).

Todo ello, en una Comarca como es la del Campo de Gibraltar, es muy interesante ya que no hay que olvidar que de las 20 Comandancias de Carabineros que existían en España hasta 1940, sólo terminó quedando con el tiempo la nuestra, teniéndose que crear, tras decretarse la plena integración, la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras donde antes sólo había una compañía de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz. Hasta marzo de 1940, ésta había sido única para toda la provincia gaditana, pero al integrarse los componentes del antiguo Cuerpo de Carabineros, primero llegó a haber tres comandancias de la Guardia Civil en la provincia.

De éstas, una era con cabecera en Algeciras (la antigua 10ª Comandancia de Carabineros, luego denominada 66ª Comandancia Administrativa de la Guardia Civil y finalmente, la 134ª Comandancia de la Guardia Civil, con la publicación de la Instrucción General de la Guardia Civil núm. 3, de 20 de febrero de 1941. Las otras dos Comandancias de la provincia gaditana, es decir, tanto la antigua 11ª de Carabineros de Cádiz, como la antigua provincial de la Guardia Civil de Cádiz, tenían su cabecera en la capital gaditana. Tres años después se reconvertirían en las dos que conocemos hoy día, si bien sus demarcaciones y unidades integrantes fueron cambiando durante los años siguientes. Pero tiempo al tiempo y todavía no corramos.

Volviendo a ese “Escalafón general” editado en 1936, de entidad particular pero que en la práctica se oficializó de una forma un tanto singular, su autor se trataba del brigada de Carabineros Eusebio Fernández Chimeno, el cual, como ya se dijo en el capítulo anterior, terminó la guerra civil en el bando republicano como teniente de dicho Cuerpo. Tras la mentada unificación de Carabineros en el Cuerpo de la Guardia Civil, se le concedió el correspondiente ingreso en el mismo, manteniendo dicho empleo.

Sin embargo, realmente no llegó a ejercerlo como tal, pues tras diversas vicisitudes, ninguna buena, fue seguidamente depurado al igual que otros muchos, pasando de forma forzosa a la situación oficial de retiro el 8 de noviembre de 1941.

Dicho oficial, al que curiosamente los vencedores no le aplicaron la condición que tenía el 18 de julio de 1936, es decir, el empleo de brigada, sino el de teniente, alcanzado durante la contienda como consecuencia de la vicisitud contada en su día, de supresión de los empleos de brigada y alférez, le terminó siendo aplicada definitivamente la estricta y nada benevolente ley de 12 de julio de 1940.

Pero lejos de rendirse y mucho menos de desanimarse, antes de ser pasado definitivamente a la situación forzosa de retiro, fue haciendo uso de su condición de letrado y teniente de la Guardia Civil, desde su despacho particular montado entonces en el entresuelo del antiguo número 51 de la madrileña calle Guzmán el Bueno.

Así, entre sus obras editadas en julio de 1941, muy pocos meses antes de ser depurado y retirado, destacan, al menos, dos obras interesantes: “Ley de represión del contrabando y la defraudación al día”, de 184 páginas, y “Circulación y tenencia legal de mercancías: Signos, marcas, señales, documentos y requisitos que necesitan toda clase de mercancías”, de 334 páginas. De esta última hay constancia de que posteriormente volvió a ser publicada, en 1943 concretamente, pero sin ostentar ya en la portada el título de teniente de la Guardia Civil, circunstancia que sí hizo constar en las obras editadas en 1941.

Un merecido hecho que también hizo constar, si bien en el inicio de su “Escalafón” de 1936, fueron unas palabras dedicadas a un determinado oficial del Cuerpo de Carabineros, fallecido con anterioridad. Éste figuraba en el “Índice de expedientes personales” del Archivo General Militar de Segovia, siendo dicha obra declarada de utilidad para el Ejército en 1959.

Se trataba de alguien que ya se ha citado por otras razones en un artículo anterior y que llegó a ser el capitán de Carabineros Antonino Potti Trigo, el cual ingresó en tan benemérito Cuerpo en 1890. El 26 de septiembre de 1929, encontrándose en la situación de reemplazo por enfermo en la 1ª Región Militar y afecto para haberes a la Comandancia de Carabineros de Madrid, pasó a la situación de reserva, con el sueldo de 450 pesetas mensuales que le había señalado el Consejo Supremo del Ejército y la Marina, abonables a partir del primero de octubre siguiente.

(Continuará)