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domingo, 7 de diciembre de 2014

MAGINOT. ARMAS E HISTORIA.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 304 correspondiente al mes de octubre de 2007, de la Revista "ARMAS", págs. 22-30.
Los originales están ilustrados por veinte fotografías en color y una en blanco y negro (*). 


“On ne passe pas”, es decir, “No se pasa”, o al menos eso era lo que decía la leyenda del emblema francés de una de las casamatas de la “Línea Maginot”, pero … se pasó …
Varias fortificaciones, reconvertidas en museos, repletas de armas y uniformes, nos recuerdan aquella historia.

Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se registró el mayor número de muertos que hasta entonces se había conocido en un conflicto armado: casi nueve millones. La mayor parte de ellos sucumbieron en el teatro de operaciones europeo y en constantes acciones de desgaste que tuvieron por escenario principal las trincheras. Las enormes pérdidas humanas que se sufrieron sólo obtuvieron pobres resultados estratégicos.

Las lecciones aprendidas de aquella guerra fueron asimiladas e interpretadas por las diferentes potencias de distinta manera. En el caso francés se llegó al convencimiento de que frente a las armas automáticas modernas que habían barrido a las fuerzas de infantería con el apoyo del potente fuego de la artillería, había que asumir una postura defensiva, subterránea, fuertemente armada y fortificada.

Ese concepto de guerra defensiva frente a su tradicional enemigo –la vecina Alemania- tuvo su máxima expresión en la denominada “Línea Maginot”, bautizada así en honor a su principal impulsor, André Maginot, ministro de la Guerra francés.

Dicha “Línea” se trataba de un inexpugnable sistema de fortificaciones desplegado sobre unos 400 kilómetros de frontera que se extendía desde el Rhin hasta Bélgica. Realmente no se trataba de un concepto novedoso en la estrategia militar, sino de potenciar al máximo con verdaderas fortalezas uno ya existente, pues ya tras la Guerra Franco-Prusiana de 1870-71, que se saldó con la pérdida para los franceses de la región de Alsacia-Lorena, se había iniciado una progresiva fortificación de la frontera común.

Así, en el caso concreto que nos ocupa, Francia se fue acorazando durante las décadas siguientes con un escudo defensivo –la “Línea Séré de Rivières”- a lo largo de su frontera con Alemania, mientras los germanos, al otro lado, construían también a su vez, fortificaciones poderosas y potentes.

En la “Línea Maginot”, la mayor parte de las fortificaciones que se construyeron constituían, además de fortalezas inexpugnables, verdaderos cuarteles subterráneos, dotados no sólo de las salas y torres de armas con sus polvorines correspondientes, desde las que su guarnición pudiera, durante incluso meses, hacer fuego contra todo enemigo que se aproximara, sino que también disponían de centrales eléctricas autónomas, sistemas propios de ventilación, oficinas, dormitorios, cocinas, almacenes, enfermerías, etc., llegando en algunos casos a existir quirófanos y salas odontológicas.

En cambio, aunque los alemanes construyeron enfrente su propio sistema defensivo de fortificaciones y que sería conocido como la “Línea Sigfrido”, su doctrina fue bien distinta. La “Blitzkrieg” (Guerra Relámpago) tenía por objetivo infligir una derrota total por medio de  una única y poderosa ofensiva, la cual se conseguiría gracias a la velocidad, la potencia de fuego y la movilidad. Había llegado la “era” de los carros de combate frente a la de las trincheras.

Muchas de las fortificaciones de la “Línea Maginot” entraron en combate a partir de mayo de 1940, con motivo de la ofensiva alemana, resistiendo los potentes ataques lanzados por la artillería y la aviación. Sin embargo el ataque principal no fue frontal contra el inexpugnable sistema de fortificaciones, sino que las tropas germanas invadieron Francia tras derrotar Bélgica, llegando en poco tiempo hasta París, ciudad que fue declarada “abierta” para evitar su destrucción.

La “Blitzkrieg” utilizada en la invasión de Polonia, había vuelto a funcionar con éxito. El centro de gravedad del frente occidental se alejó de la frontera franco-alemana y la “Línea Maginot” quedó aislada. Tras la firma del Armisticio el 22 de junio siguiente, mediante el que Alemania pasaba a ocupar dos tercios de Francia, los defensores de las fortificaciones procedieron en los días siguientes a rendirse y entregar sus armas, conforme a las órdenes recibidas desde París. 

El general inglés Alan Brooke al ver por dentro una de aquellas fortalezas escribiría en su diario: “No hay duda de que el concepto de la Línea Maginot es una obra genial, pero sólo da una ilusoria impresión de seguridad, y creo que los franceses habrían hecho mejor empleando el dinero en defensas móviles que sepultarlo en tierra”.

Las fortificaciones-museos.

Estrasburgo es una hermosa ciudad francesa, bañada por el Rhin, que cambió cuatro veces de nacionalidad entre 1870 y 1945. Actualmente es sede del Consejo de Europa, del Parlamento Europeo y del Eurocuerpo, motivo por el cual varios centenares de españoles, civiles y militares, viven con sus familias en ella.

Enclavada en Alsacia, la “Línea Maginot” discurría muy cerca de Estrasburgo, conservándose hoy día en la zona algunas de aquellas ya históricas fortificaciones que han sido reconvertidas en museos que bien seguro, todo lector de “ARMAS” le gustaría visitar.

Atendidas, conservadas y gestionadas, con cariño y esmero, por asociaciones locales privadas, muestran al visitante no sólo como era el funcionamiento de aquellas fortalezas subterráneas y la vida de los soldados que las guarnecían, sino que se exponen toda clase de armas ligeras y pesadas con sus correspondientes municiones, uniformes, insignias, documentos, fotografías, etc., correspondientes a la época y a los diferentes bandos combatientes.

Entre dichas fortificaciones merecen citarse la casamata de infantería de Esch, en Hatten, cuyo interesante contenido ilustra las páginas del presente artículo; el impresionante fuerte de Schoenenbourg, ubicado en la localidad del mismo nombre, que a 30 metros de la superficie permite recorrer 2.500 metros de instalaciones militares subterráneas perfectamente conservadas; el fuerte Casso, sito en Rohrbach-Les-Bitche, construido con 6.000 metros cúbicos de hormigón y 500 toneladas de acero, dotado de 32 armas automáticas y 8 piezas anticarro, capaz de albergar bajo tierra a su guarnición de 173 hombres durante dos meses; y el museo de L’Abri, en Hatten, que por sus características especiales será merecedor de un próximo artículo en “ARMAS”.

Todo este patrimonio se conserva y puede visitarse gracias a la desinteresada dedicación y entrega de los miembros de las citadas asociaciones, que agrupadas cada una de ellas en torno a su casamata o fortificación, en el que depositan además sus colecciones particulares, están afiliadas en la Federación de Asociaciones de la Línea Maginot de Alsacia (FALMA).

Sobreviven gracias a la dedicación y esfuerzo de sus miembros así como a las aportaciones y cuotas de socios y simpatizantes, la venta de entradas, publicaciones y recuerdos a los visitantes, además de algunos donativos y subvenciones. Todo un ejemplo para los españoles. Sin comentarios, …, por el momento.

El único inconveniente para los visitantes, es el calendario establecido de visita, que normalmente queda reducido a los días festivos comprendidos entre los meses de marzo y octubre, pero si se tiene en cuenta la climatología de la zona y que la atención al público es realizada por los socios en sus ratos libres, es comprensible. Para los que quieran saber más y se quieran animar a conocerlas, se recomienda consultar su web www.lignemaginot.com  .

La casamata de Esch.

Próxima a la pequeña localidad alsaciana de Hatten, poco antes de llegar a ella, entre Haguenau y Wissembourg, y tras haber abandonado la autopista A-35, procedente de Estrasburgo, se encuentra el visitante, en el margen derecho de la carretera local, con la casamata de infantería de Esch, enclavada en un extenso recinto cubierto de césped verde esmeradamente cuidado.

Fue construida en 1931 y formaba parte del dispositivo defensivo del sector fortificado de Haguenau, comprendido entre Hochwald y el Rhin. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, dicha casamata estaba guarnecida por 24 hombres (1 oficial, 2 suboficiales y 21 de tropa) del 23º Regimiento de Infantería de “Forteresse” (Fortaleza), teniendo que acudir en apoyo de las casamatas de Aschbach y de Oberroedern, atacadas por los alemanes en mayo de 1940. Con la firma del Armisticio fue rendido el 1 de julio y entregado al enemigo sin que llegaran a entrar en acción sus 2 cañones de 37 mm., sus 4 ametralladoras dobles y sus 6 fusiles ametralladores.

Sin embargo, casi cinco años después, del 7 al 21 de enero de 1945, durante la Operación “Nordwind” fue sucesivamente tomada y retomada por alemanes y norteamericanos, siendo objeto de durísimos combates, de todo lo cual ha quedado evidente testimonio de ello en sus muros, tal y como puede apreciarse en las fotografías. En 1982 la asociación se hizo cargo de la instalación y en 1986, tras su restauración, fue abierta al público.
 
Tras abonar 3 € el visitante puede acceder, cámara fotográfica en ristre, al interior. Este detalle es importante ya que en la mayoría de los museos militares españoles está sorprendentemente prohibida la realización de fotografías. Previamente uno ha podido moverse libremente por el exterior, observando obstáculos antitanque, alambradas, supuestos campos de minas, puestos de ametralladoras y de observación, así como los evidentes impactos de proyectiles de muy variado calibre sobre los recios muros de hormigón de la casamata, que por cierto, está coronada con un imponente carro norteamericano M-4 A3, tipo “Sherman”, al que tal y como advierte un cartel, en francés y alemán, está prohibido subirse.

Una vez en el interior, donde se es amablemente atendido por un miembro de la asociación que lo conserva, hay dos zonas perfectamente diferenciadas. A la izquierda pueden contemplarse las diferentes clases de ametralladoras y fusiles ametralladores que había de dotación así como descubrir las instalaciones y la vida de su guarnición dentro de la casamata, estando recreada incluso por maniquíes que visten los uniformes franceses de entonces. Conforme a los tiempos modernos que se viven, puede accederse a un ordenador en cuya pantalla pueden visionarse la historia de la casamata y numerosas fotografías de época.

El ala derecha sería sin duda alguna la que más haría las delicias de los lectores de “ARMAS”, al poder observarse en las vitrinas, unas esplendidas y muy completas colecciones de armamento portátil alemán, francés y norteamericano: pistolas, carabinas, fusiles, mosquetones, fusiles ametralladores, ametralladoras, lanzagranadas, municiones de toda clase, granadas de mano, bayonetas, dagas, etc., así como una amplia variedad de uniformes, equipos, cascos, máscaras antigás, insignias, condecoraciones, banderas, distintivos, carteles, documentos, fotografías, utensilios y otro largo etc., de lo que las fotografías que ilustran el presente artículo, dan buena fe de ello.

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André Maginot (1877-1932).
Nacido en París el 17 de febrero de 1877, su biografía oficial comienza con sus estudios de Derecho y la realización del servicio militar en el 94º Regimiento de Infantería, de guarnición en Bar-le-Duc, iniciando muy joven su carrera política. En 1903, cuando contaba sólo 26 años de edad, fue nombrado Director de Interior, en el gobierno general de Argelia (entonces colonia francesa), y desde 1910 fue consejero general y diputado por el Departamento (provincia) de Meuse.

En 1913 le confirieron el cargo de subsecretario de estado del Ministerio de la Guerra. El 28 de julio de 1914 con la declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia, comenzaba la “Gran Guerra”, que es como sería conocida la Primera Guerra Mundial. Las declaraciones se extendieron rápidamente entre unos y otros países y así, Alemania lo hizo a Francia el 3 de agosto siguiente.

El presidente francés Raymond Poincaré ordenó la movilización de los reservistas y Maginot, sin ampararse en su cargo, solicitó voluntariamente servir como soldado de 2ª clase en el 44º Regimiento de Infantería Colonial.

Ascendido a cabo, obtuvo el 2 de septiembre siguiente una citación como distinguido, y el 6 de noviembre fue condecorado con la cruz de guerra. Tres días después resultó gravemente herido y fue promovido al empleo de sargento.

Llegó a participar en la defensa de Verdún, terrible experiencia que le marcaría toda su vida y que bien seguro influyó en su decidido apoyo a lo que terminaría siendo conocida como la “Línea Maginot”.

Significar que Verdún, la sempiterna “Puerta de Francia”, asentada sobre un cerro en uno de los meandros del Mosa, fue en 1916, el escenario de las batallas más sangrientas que se libraron entre franceses y alemanes, cifrando algunos historiadores en unos 360.000 las bajas que tuvieron los primeros, y en unos 330.000 las de los segundos.

Tras el Armisticio del 11 de noviembre de 1918, se puso fin a la guerra en el frente occidental. Francia era una de las potencias vencedoras y Alemania era de las perdedoras. Maginot fue recompensado con la Medalla Militar y había acumulado seis citaciones como distinguido, reincorporándose nuevamente a la vida política.

Entre 1922 y 1924 ostentó conjuntamente el Ministerio de la Guerra y el de Pensiones, recayendo sobre él, el hecho histórico de haber organizado la primera ceremonia de homenaje, en 1923, al “Soldado Desconocido”, bajo el Arco del Triunfo en París. Asimismo, se dijo de él que “reorganizó el Ejército francés” hasta sus fundamentos.

En enero de 1930, tras haber desempeñado el cargo de Ministro de Colonias, fue nombrado nuevamente Ministro de la Guerra, sucediendo a Paul Painlevé, quien había preparado un ambicioso proyecto sobre la defensa de las fronteras francesas frente a Alemania pero que fue rechazado.

Maginot hizo suya dicha propuesta y la impulsaría entusiastamente, logrando la aprobación de la primera serie de créditos para financiar la fortificación de una serie de posiciones defensivas situadas a lo largo de las fronteras del nordeste y sudeste.

Sin embargo no llegaría a ver la materialización de su obra ya que el 6 de enero de 1932, falleció por enfermedad. No obstante la línea defensiva sería bautizada con su apellido como homenaje póstumo.



jueves, 4 de diciembre de 2014

GUARDIAS CIVILES “CASCOS AZULES” DE NACIONES UNIDAS EN LIBANO.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Revista profesional "GUARDIA CIVIL" núm. 762, correspondiente al mes de octubre de 2007, pág. 46-51.

El original está ilustrado por diez fotografías en color.

El 7 de septiembre de 2006 el Parlamento español aprobó la integración de un contingente de 1.100 militares en la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL), una Misión de Paz que tiene por principal objetivo velar por el cumplimiento de la Resolución número 1.701 del Consejo de Seguridad de la ONU en la zona sur de dicho país, fronteriza con Israel. Comenzaba la “Operación Libre Hidalgo”.

Un mes después de que se declarase el alto el fuego entre las milicias armadas de Hezbolá y el Ejército israelí, nuestra Infantería de Marina desembarcó en las playas libanesas y se comenzó a desplegar en el nuevo Sector Multinacional Este de la FINUL, de liderazgo español.

Relevadas a finales de octubre por la recién creada Brigada “Líbano I”, constituida en su mayor parte por efectivos de la Brigada de La Legión “Rey Alfonso XIII”, pasó a integrarse en la misma un comandante de la Guardia Civil. Su función era ocupar el puesto de Provost Marshal en el denominado Equipo de Apoyo al Mando (EAM), órgano de asesoramiento y trabajo del general jefe de dicha gran unidad expedicionaria.

En dicho Equipo se encuentran también integradas la Asesoría Jurídica, la Intervención Militar, la Sección Económica Administrativa, la Oficina Pública de Información, el Escalón de Psicología y el Servicio de Asistencia Religiosa.

Resaltar que para la Guardia Civil la presencia en dicha Operación de Mantenimiento de la Paz (OMP), constituía un hito histórico, ya que era la primera vez que se participaba en una misión militar de Naciones Unidas, cuyos miembros son conocidos popularmente por todo el mundo como “Cascos Azules”.

Provost Marshal.

Esta figura, cuya denominación suele llamar tanto la atención, está inspirada en la doctrina militar norteamericana, habiendo sido adoptada y matizada por la OTAN. Desde hace una década es asumida por oficiales de la Guardia Civil cada vez que ha sido necesario en los contingentes del Ejército español en las OMP.

El empleo de los Provost Marshal (de alférez a teniente coronel) ha ido variando fundamentalmente en razón de la entidad de la unidad militar en la que estaban, la categoría del jefe de la misma, el nivel de relaciones profesionales a mantener y la disponibilidad de personal voluntario con el perfil adecuado. Escenarios tan dispares y conflictivos como Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Afganistán, Irak o Líbano, han sido testigos de ello.

Dicha figura encarna la representación policial del concepto de “Ley y Orden” dentro de un contingente militar, siendo el asesor en dicha materia del jefe del mismo. También es el enlace español con los cuerpos policiales (civiles y militares) del país en que están desplegados así como con las policías militares del resto de contingentes internacionales que participan en la OMP. 

En el caso concreto de Líbano, el oficial de la Guardia Civil, además de asumir sus responsabilidades de “Ley y Orden” así como de asesoramiento al general jefe del Sector Multinacional Este, actúa también como enlace, tanto ante las denominadas Fuerzas de Seguridad Interior -constituida por la Gendarmería- como ante la Policía Militar libanesa y las de los demás contingentes de la FINUL.

La Gendarmería libanesa es el único cuerpo policial estatal existente en el país. Su estructura y organización es bastante similar al modelo francés en el que está inspirado. Tiene por lo tanto naturaleza militar, y al igual que la Guardia Civil, la mayor parte de sus funciones son de carácter policial. Su despliegue territorial es también parecido al de nuestras Comandancias, Compañías y Puestos.

Citar que al existir en la embajada de España en Beirut, un oficial de la Guardia Civil, que actúa como asesor de seguridad y enlace con el Ministerio del Interior libanés, el Provost Marshal mantiene un enlace directo con aquél, lo cual redunda en provechoso beneficio, tanto del contingente militar español como de nuestra representación diplomática, respecto a cuestiones que sean de mutuo interés.

Otra faceta del Provost Marshal, ha sido la formación del personal del contingente español en materias tan importantes en zona de operaciones (ZO), como son la seguridad vial y la prevención de accidentes de circulación –principal causa de mortandad en misiones de paz- así como la autoprotección personal y la prevención de delitos, faltas e infracciones, impartiéndose conferencias didácticas a todos sus miembros.

Asimismo, dado que la FINUL dispone de unas reglas de actuación e intervención contra elementos hostiles o que impidan el cumplimiento de la misión encomendada, en las que están previstas la detención de personas hasta su puesta a disposición de la autoridad competente y la intervención de las armas u explosivos que pudieran portar, el Provost Marshal es el responsable de velar por su correcta custodia y el respeto de sus derechos fundamentales, mientras permanecen bajo responsabilidad española.

Normativa.

A pesar de que nuestro Cuerpo venía participando en OMP desde hace más de una década, cuestiones de tanta importancia, respecto a sus miembros encuadrados en los contingentes del Ejército español, como son las competencias, dependencias –administrativa, funcional, orgánica y técnica- así como misiones y responsabilidades a desarrollar, no estaban reguladas en documento o norma alguna.

Sin embargo, en la Operación “Libre Hidalgo” de Líbano, por primera vez, se ha contemplado y recogido todo ello, habiéndose incorporado como un anexo más de los que configuran su cuerpo normativo, tras haber sido aprobado, tanto por nuestra Dirección General como por el Estado Mayor de la Defensa.

Dicho anexo determina el marco de actuación del personal de la Guardia Civil como Policía Militar en la mencionada Operación de Paz de Naciones Unidas en Líbano, tanto en el seno del propio contingente español como en el del Sector Multinacional Este de la FINUL. En é se regula todo cuanto de interés puede haber en relación con la denominada Unidad de la Guardia Civil (UGUCI), que pasa a constituirse como la Unidad de Policía Militar del contingente militar español en la FINUL.

La UGUCI.

Es la Unidad de la Guardia Civil, que se encuentra integrada en la Brigada “Líbano”, para asumir, en apoyo de la misma, una serie de competencias específicas de Policía Militar en ZO así como aquellas, respecto a los integrantes del contingente español, que, conforme a la legislación nacional vigente, le están atribuidas como Fuerzas de Seguridad del Estado.

La UGUCI está integrada por Mando –el Provost Marshal- y los Equipos de Fiscal, Policía Judicial y Tráfico. Su primera plantilla fue de 12 efectivos, correspondiéndose a 1 comandante, 1 sargento 1º, 1 cabo 1º y 9 guardias. Dicho número ha seguido manteniéndose, si bien, en función de las disponibilidades y necesidades del servicio, algunos empleos han sufrido modificación.

Orgánicamente está encuadrada como una unidad más en la Brigada “Líbano” y funcionalmente depende directamente de su general jefe, quien por si mismo o a través de su jefe de estado mayor, imparte las instrucciones y órdenes necesarias para el cumplimiento de sus cometidos específicos y aquellos que se le encomienden.

En el aspecto técnico depende de la Dirección Adjunta Operativa y de la Secretaría de Cooperación Internacional de la Guardia Civil, mientras que en cuestiones logísticas mantiene, al igual que administrativamente, una doble dependencia. De la Brigada “Líbano” en cuanto a infraestructura, armamento, material y equipo militar que le sean adjudicados por su condición de miembros del citado contingente, y del Cuerpo, en cuanto al material y equipamiento policial.

Fiscal, Policía Judicial y Tráfico.

Las misiones de policía militar que asume la Guardia Civil en los contingentes proyectados al exterior, son siempre de carácter específico ya que las de tipo genérico –principalmente de seguridad táctica- suelen ser prestadas por las unidades de PM del Ejército. En el caso concreto de Líbano las áreas son las de Fiscal, Policía Judicial y Tráfico.
El Equipo de Fiscal vela principalmente para que no entre o salga de la zona de operaciones cualquier objeto o sustancia ilícita o prohibida oculta entre la paquetería, efectos y equipaje del personal del contingente español así como que se cumpla la legislación vigente respecto a los de lícito comercio. El Equipo de Policía Judicial tiene como principal misión investigar e instruir diligencias respecto a los delitos cometidos por o contra los militares españoles en zona de operaciones.
Por último, pero no menos importante, el Equipo de Tráfico se encarga sobretodo de atender la seguridad vial de la circulación de los vehículos de Naciones Unidas en el aérea de responsabilidad de liderazgo español así como instruir diligencias en aquellos accidentes en los que estén implicados vehículos del contingente nacional.
Uniformidad y Equipamiento.
El uniforme y equipo individual que utilizan los guardias civiles, además del de Naciones Unidas propio de los “cascos azules”, es el de nuestro Ejército de Tierra, al igual que el resto del contingente militar español, si bien se portan aquellos distintivos que los identifican como miembros del Cuerpo.
Dado que se presta servicio en una operación en la que participan una treintena de países fue necesario sustituir el brazalete verde que la Guardia Civil suele emplear en el extranjero por el negro multinacional “MP” (Military Police). Por su parte el Cuerpo ha dotado de todo el equipamiento policial específico tales como alcoholimetros digitales, maletines de inspección ocular y reconstrucción de accidentes, etc.
El armamento individual también es el mismo que para toda la Brigada, es decir, pistola marca Llama, modelo 82, de 9 mm. parabellum, y fusil de asalto marca H&K modelo G-36E, de 5’56 mm., que les fueron facilitadas por el Ejército, al igual que el casco, el chaleco antibalas-antifragmentos, la mochila de combate, etc.
Respecto a los vehículos, inicialmente le fueron asignados T/T marca Santana, modelo Aníbal,  procedentes de la Brigada, a los que se dotó de luces prioritarias azules y las inscripciones de “Military Police” y “Guardia Civil”. Posteriormente, por razones de seguridad, fueron sustituidos por los de marca Nissan, modelo Patfhinder, blindados, procedentes del GAR.
Base “Miguel de Cervantes”.
Cuando a finales de septiembre de 2006, los españoles comenzaron a levantar el campamento de su cuartel general sobre un descampado de medio millón de metros cuadrados, en las proximidades de Marjayoun, nadie podía pensar que un año después, tras la inversión de más de 15 millones €, se convertiría en la mejor base de la FINUL.
Hasta el mes de febrero de 2007 se estuvo habitando y trabajando en tiendas de campaña, en las condiciones de vida más duras y prolongadas que hasta entonces había estado sometido un contingente español en OMP, Durante ese periodo de otoño-invierno, las lluvias y el barro fueron una constante compañía en las que la nieve y el frío, no fueron ajenos.
En aquellos meses, la “oficina” del Provost Marshal, era un reducido espacio con una mesita, en la que apenas cabía el ordenador portátil, y una sillita plegable, ubicado en una de las alas de una tienda modular compartida con el resto de los miembros del EAM, donde todos se turnaban cubo y fregona para achicar el agua y barro que entraba dentro. Otro tanto podía decirse de la tienda de campaña donde se dormía en sacos situados sobre literas de lona que por supuesto carecían de colchoneta o cualquier otra comodidad similar.
En cambio, a partir de marzo se comenzó a disfrutar de unas modernas instalaciones basadas en contenedores prefabricados, dotados de mobiliario nuevo para oficina y dormitorio, incluidos equipos de aire acondicionado, para frío y calor. Se asfaltaron los caminos, se urbanizó todo el terreno y se levantaron cafeterías, comedor, gimnasio, iglesia así como un hospital, éste último encomendado al contingente chino de la FINUL.
En el caso concreto de la UGUCI, además de los dormitorios, donde todos sus componentes están alojados de de a dos o a tres, al igual que el resto de los cuadros de mando, dada la condición de suboficiales que poseen los guardias, se dispone de una oficina para el Provost Marshal, otra para el suboficial 2º jefe, que también es aprovechada para instrucción de diligencias, así como una amplia sala utilizada por los equipos, en la que se celebran las reuniones diarias y que también sirve de zona de vida al estar dotada de televisión y frigorífico. 
Futuro de la Guardia Civil.
Trágicos sucesos como el ataque terrorista sufrido el 24 de junio pasado en la localidad libanesa de El Khiam, contra un vehículo blindado español, en el resultaron asesinados seis de sus ocupantes y heridos otros dos, han demostrado la trascendencia de poder contar, encuadrada en el propio contingente, una UGUCI, que permita desde el primer momento, con las máximas garantías posibles, realizar la inspección ocular, recoger pruebas, instruir diligencias, auxiliar al oficial del Cuerpo Jurídico en sus actuaciones y colaborar con las fuerzas policiales locales en la investigación.
Al margen de ello, la Guardia Civil, tiene un prometedor futuro de presencia y servicio entre los “cascos azules”. Para el próximo año 2008 está previsto que el mando de la FINUL recaiga sobre un general español, al igual que ahora está a su frente un italiano y el año anterior era ostentado por un francés. Ello implicará muy probablemente que en su cuartel general, situado en Naqoura, se integren un teniente coronel del Cuerpo, en calidad de Force Provost Marshal, es decir, como máximo responsable de la Policía Militar de Naciones Unidas en Líbano, así como de otra UGUCI, para relevar a los Carabinieri
Respecto a la UGUCI de la Brigada “Líbano”, en el momento de escribirse estas líneas se estaba pendiente de la aprobación por el Departamento de Operaciones de Paz de Naciones Unidas en Nueva York, de una reorganización de la Policía Militar, dado que al haber aumentado la plantilla de la FINUL, de 2.000 a 15.000 “cascos azules”, el modelo de una única compañía de PM para toda la ZO se ha mostrado insuficiente. En el nuevo modelo habrá otras dos potentes unidades de PM, una por cada sector, Oeste y Este, en la que Carabinieri liderará la primera y la Guardia Civil liderará la segunda, siendo su Provost Marshal, el máximo responsable de la PM de su Sector, integrado por contingentes de India, Indonesia, Malasia, Nepal y Polonia.



viernes, 21 de noviembre de 2014

LA BENEMÉRITA. CONCESIÓN DE LA GRAN CRUZ DE LA BENEFICENCIA.

Especial Patrona Guardia Civil-2007.

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 12 de octubre de 2007, pág. 25. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



ALFONSO XIII CONCEDIÓ LA GRAN CRUZ DE LA BENEFICENCIA A LA GUARDIA CIVIL


Decir Guardia Civil es decir Benemérita y decir Benemérita es decir Guardia Civil. Y eso es tan claro y está tan profundamente arraigado en el pueblo español que hasta nuestra Real Academia de la Lengua, así lo reconoce en su diccionario, edición tras edición.

Cuando el 13 de mayo de 1844 Isabel II firmó el real decreto de creación de la Guardia Civil, se daba por fin luz verde –y nunca mejor dicho- al primer modelo policial integral de ámbito estatal, que marcaría un antes y un después en el concepto de la seguridad pública de los españoles.

Su fundador, el duque de Ahumada, tenía muy claro que amén de perseguir a los malhechores, los miembros del nuevo Instituto, de naturaleza militar pero de actividad policial, debían prestar también su ayuda a todo aquel que lo necesitara.

Prueba de ello, sería el articulado de la denominada “Cartilla del Guardia Civil”, aprobado por una real orden de 20 de diciembre de 1845, y de la que se ordenó que se proveyera de ella a todos los miembros del Cuerpo, “para su puntual y cumplida observancia”.

Un breve repaso por algunos de sus artículos, resulta muy ilustrativo y significativo, pudiéndose comenzar por el 6º: “El Guardia Civil …, procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, …; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado, …”.

También el artículo 34 prescribía que “en caso de que ocurra incendio, acudirá inmediatamente al punto donde tenga lugar, cuidando especialísimamente, de proveer a todas las personas que se encuentren en el sitio de la desgracia …”.

El artículo siguiente continuaba con su espíritu benemérito: “en las avenidas de los ríos, huracanes, temblores de tierra, o cualesquiera otra calamidad, prestará cuantos auxilios estén a su alcance, a los que se vieran envueltos en estos males”.

Y así sucesivamente, pues a lo largo de la histórica “Cartilla”, se seguía inculcando al guardia civil su callada andadura en el buen hacer a todo aquél que lo necesitara, debiendo prestar el pronto y debido auxilio, tanto en los caminos, caso de encontrarse carros volcados, caballerizas caídas, viajeros heridos o perdidos, etc., como en caso de incendios, inundaciones y terremotos.


Acciones beneméritas gaditanas.


Si DIARIO DE CADIZ puede considerarse como el notario social e histórico del devenir gaditano desde su fundación en 1867, algo similar puede decirse del Boletín Oficial de la Guardia Civil a nivel corporativo. Este, no se reducía a una mera recopilación de disposiciones y normas legales dictadas por la autoridad competente, sino que además de detallar las vicisitudes profesionales de los guardias civiles, recogía sus hechos más meritorios.

Gracias a sus páginas puede tenerse conocimiento de innumerables acciones relacionadas con la persecución de malhechores y el auxilio de necesitados y víctimas. Cualquier año del boletín que se consulte da cumplida fe de ello, habiéndose escogido como muestra el correspondiente a 1863, cuando la Guardia Civil tras casi veinte años en nuestra provincia tenía ya un extenso despliegue territorial.

Publicado entonces los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes, al precio de real y medio la suscripción mensual, tenía una sección dedicada a los servicios más destacados del Cuerpo en todo el territorio nacional.

Así, entre los numerosos hechos beneméritos felicitados y publicados, se pueden leer los protagonizados por las fuerzas de la Guardia Civil gaditana, fieles cumplidores del espíritu y letra del articulado de su “Cartilla”.

Boletín tras boletín, se van sucediendo las meritorias actuaciones de auxilio a la población. De esta forma, entre otras muchas, aparecen cronológicamente recogidas las del teniente Simón de la Torre Abad por su cooperación en la extinción de un voraz incendio que el 10 de marzo devastó un edificio de la capital, las del sargento Segundo Sanz y el guardia Antonio Pérez González por otro hecho similar acaecido en Ubrique, las del cabo 1º José Morales Girón en el horroroso incendio sufrido el 1 de abril en el convento de San Francisco en Arcos de la Frontera, las del cabo 1º José de Mora al incendiarse a finales de mayo la fábrica de jabón de El Bosque, las del sargento Juan Chamizo al ayudar a apagar el fuego de una casa de Sanlúcar de Barrameda, o las del cabo 1º Juan de los Ríos que rescató a tres personas de morir asfixiadas en el interior de una casa de Rota que estaba presa de las llamas. Y así un largo etcétera.

Pero no sólo se destacaban arriesgadas actuaciones en la extinción de pavorosos fuegos, dando así debido cumplimiento al precepto reglamentario de que “el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado”, sino también en el rescate de náufragos, tal y como realizaron el 24 de marzo en la bahía de Algeciras el capitán Ricardo Rada Martínez y sus guardias respecto a los tripulantes de unos buques encallados, o en el auxilio a carruajes accidentados como fue el caso de los guardias Manuel Polinario y Félix Sánchez el 28 de noviembre en Vejer de la Frontera.

Por último, relativo a ese año de 1863, sobresale un hecho que habla por si sólo del carácter benemérito de aquellos hombres. El sargento Serapio González y el guardia José Oporto, del puesto de Tarifa, se hallaban recorriendo en servicio de a pie, la sierra de Almurada cuando se encontraron viviendo en una choza miserable al vecino Martín Rondón junto a sus tres hijas, una de ellas disminuida psíquica. 

Al ver que se alimentaban sólo de hierbas y leche de cabra, vistiendo harapos, no dudaron en entregarles toda la comida que llevaban consigo para aquellos días de correría. Al regresar a la casa-cuartel y contar lo sucedido, los demás guardias y sus esposas, que vivían muy humildemente, recolectaron ropa y enseres haciéndoselos llegar para paliar su maltrecha situación.


La Gran Cruz de la Beneficencia.


Consecuencia de muchísimos hechos como los citados, acontecidos desde los tiempos fundacionales por toda la geografía nacional, y que ya habían dado lugar a que el sentir popular sobrenombrara a la Guardia Civil con el título de “La Benemérita”, fue que Alfonso XIII le concediera, por real decreto de 4 de octubre de 1929, la gran cruz de la Orden de la Beneficencia.

Dicho diploma, cuya reproducción fotográfica ilustra el artículo, se conserva actualmente en el museo que este Cuerpo posee en Madrid y que se encuentra en la misma sala donde se expone la Medalla de Oro de Cádiz y su credencial, que el ayuntamiento capitalino otorgó en el año 2004, por unanimidad, a la Guardia Civil, al cumplirse 160 años de presencia benemérita en la capital.

El rescate de 523 víctimas tras la explosión del almacén de minas submarinas el 18 de agosto de 1947 y la evacuación de decenas de enfermos del hospital capitalino en el incendio sufrido el16 de abril de 1991 fueron buen ejemplo de ello.

domingo, 19 de enero de 2014

LA BENEMÉRITA


Especial Patrona Guardia Civil 2007.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 12 de octubre de 2007, pág. 25. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.
              


ALFONSO XIII CONCEDIO LA GRAN CRUZ DE LA BENEFICENCIA A LA GUARDIA CIVIL


Decir Guardia Civil es decir Benemérita y decir Benemérita es decir Guardia Civil. Y eso es tan claro y está tan profundamente arraigado en el pueblo español que hasta nuestra Real Academia de la Lengua, así lo reconoce en su diccionario, edición tras edición.

Cuando el 13 de mayo de 1844 Isabel II firmó el real decreto de creación de la Guardia Civil, se daba por fin luz verde –y nunca mejor dicho- al primer modelo policial integral de ámbito estatal, que marcaría un antes y un después en el concepto de la seguridad pública de los españoles.

Su fundador, el duque de Ahumada, tenía muy claro que amén de perseguir a los malhechores, los miembros del nuevo Instituto, de naturaleza militar pero de actividad policial, debían prestar también su ayuda a todo aquel que lo necesitara.

Prueba de ello, sería el articulado de la denominada “Cartilla del Guardia Civil”, aprobado por una real orden de 20 de diciembre de 1845, y de la que se ordenó que se proveyera de ella a todos los miembros del Cuerpo, “para su puntual y cumplida observancia”.

Un breve repaso por algunos de sus artículos, resulta muy ilustrativo y significativo, pudiéndose comenzar por el 6º: “El Guardia Civil …, procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, …; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado, …”.

También el artículo 34 prescribía que “en caso de que ocurra incendio, acudirá inmediatamente al punto donde tenga lugar, cuidando especialísimamente, de proveer a todas las personas que se encuentren en el sitio de la desgracia …”.

El artículo siguiente continuaba con su espíritu benemérito: “en las avenidas de los ríos, huracanes, temblores de tierra, o cualesquiera otra calamidad, prestará cuantos auxilios estén a su alcance, a los que se vieran envueltos en estos males”.

Y así sucesivamente, pues a lo largo de la histórica “Cartilla”, se seguía inculcando al guardia civil su callada andadura en el buen hacer a todo aquél que lo necesitara, debiendo prestar el pronto y debido auxilio, tanto en los caminos, caso de encontrarse carros volcados, caballerizas caídas, viajeros heridos o perdidos, etc., como en caso de incendios, inundaciones y terremotos.

Acciones beneméritas gaditanas.


Si DIARIO DE CADIZ puede considerarse como el notario social e histórico del devenir gaditano desde su fundación en 1867, algo similar puede decirse del Boletín Oficial de la Guardia Civil a nivel corporativo. Este, no se reducía a una mera recopilación de disposiciones y normas legales dictadas por la autoridad competente, sino que además de detallar las vicisitudes profesionales de los guardias civiles, recogía sus hechos más meritorios.

Gracias a sus páginas puede tenerse conocimiento de innumerables acciones relacionadas con la persecución de malhechores y el auxilio de necesitados y víctimas. Cualquier año del boletín que se consulte da cumplida fe de ello, habiéndose escogido como muestra el correspondiente a 1863, cuando la Guardia Civil tras casi veinte años en nuestra provincia tenía ya un extenso despliegue territorial.

Publicado entonces los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes, al precio de real y medio la suscripción mensual, tenía una sección dedicada a los servicios más destacados del Cuerpo en todo el territorio nacional.

Así, entre los numerosos hechos beneméritos felicitados y publicados, se pueden leer los protagonizados por las fuerzas de la Guardia Civil gaditana, fieles cumplidores del espíritu y letra del articulado de su “Cartilla”.

Boletín tras boletín, se van sucediendo las meritorias actuaciones de auxilio a la población. De esta forma, entre otras muchas, aparecen cronológicamente recogidas las del teniente Simón de la Torre Abad por su cooperación en la extinción de un voraz incendio que el 10 de marzo devastó un edificio de la capital, las del sargento Segundo Sanz y el guardia Antonio Pérez González por otro hecho similar acaecido en Ubrique, las del cabo 1º José Morales Girón en el horroroso incendio sufrido el 1 de abril en el convento de San Francisco en Arcos de la Frontera, las del cabo 1º José de Mora al incendiarse a finales de mayo la fábrica de jabón de El Bosque, las del sargento Juan Chamizo al ayudar a apagar el fuego de una casa de Sanlúcar de Barrameda, o las del cabo 1º Juan de los Ríos que rescató a tres personas de morir asfixiadas en el interior de una casa de Rota que estaba presa de las llamas. Y así un largo etcétera.

Pero no sólo se destacaban arriesgadas actuaciones en la extinción de pavorosos fuegos, dando así debido cumplimiento al precepto reglamentario de que “el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado”, sino también en el rescate de náufragos, tal y como realizaron el 24 de marzo en la bahía de Algeciras el capitán Ricardo Rada Martínez y sus guardias respecto a los tripulantes de unos buques encallados, o en el auxilio a carruajes accidentados como fue el caso de los guardias Manuel Polinario y Félix Sánchez el 28 de noviembre en Vejer de la Frontera.

Por último, relativo a ese año de 1863, sobresale un hecho que habla por si sólo del carácter benemérito de aquellos hombres. El sargento Serapio González y el guardia José Oporto, del puesto de Tarifa, se hallaban recorriendo en servicio de a pie, la sierra de Almurada cuando se encontraron viviendo en una choza miserable al vecino Martín Rondón junto a sus tres hijas, una de ellas disminuida psíquica. Al ver que se alimentaban sólo de hierbas y leche de cabra, vistiendo harapos, no dudaron en entregarles toda la comida que llevaban consigo para aquellos días de correría. Al regresar a la casa-cuartel y contar lo sucedido, los demás guardias y sus esposas, que vivían muy humildemente, recolectaron ropa y enseres haciéndoselos llegar para paliar su maltrecha situación.

La Gran Cruz de la Beneficencia.


Consecuencia de muchísimos hechos como los citados, acontecidos desde los tiempos fundacionales por toda la geografía nacional, y que ya habían dado lugar a que el sentir popular sobrenombrara a la Guardia Civil con el título de “La Benemérita”, fue que Alfonso XIII le concediera, por real decreto de 4 de octubre de 1929, la gran cruz de la Orden de la Beneficencia.

Dicho diploma, cuya reproducción fotográfica ilustra el artículo, se conserva actualmente en el museo que este Cuerpo posee en Madrid y que se encuentra en la misma sala donde se expone la Medalla de Oro de Cádiz y su credencial, que el ayuntamiento capitalino otorgó en el año 2004, por unanimidad, a la Guardia Civil, al cumplirse 160 años de presencia benemérita en la capital.

El rescate de 523 víctimas tras la explosión del almacén de minas submarinas el 18 de agosto de 1947 y la evacuación de decenas de enfermos del hospital capitalino en el incendio sufrido el16 de abril de 1991 fueron buen ejemplo de ello.