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miércoles, 13 de octubre de 2021

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (LXXXVIII). VICISITUDES DURANTE LA GUERRA CIVIL (6).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 11 de octubre de 2021, pág. 11.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



El 27 de noviembre de 1938 se había procedido en la población zaragozana de Caspe al relevo por miembros de la Comandancia de Cádiz, de buena parte de los componentes de la 7ª Compañía Expedicionaria de la Guardia Civil que llevaban en zona de operaciones desde el 1º de mayo. Ello no afectó al cabo Rodrigo Vázquez Villalobos pues apenas llevaba allí poco más de una semana. 

El día 30 del mes siguiente, tras haber estado apenas cuatro jornadas en la localidad tarraconense de Bot, regresaron a Calpe, donde tenían su acantonamiento. Dos semanas después, el 14 de enero, marcharon para la provincia de Tarragona, “acompañando al Cuerpo de Ejército Marroquí para tomar parte en las operaciones sobre Cataluña”, tal y como consta en el diario de operaciones de la 7ª Compañía Expedicionaria de la Guardia Civil. 

Desde Tortosa participaron sucesivamente durante la semana siguiente en la toma de las poblaciones de Roquetas, Jesús y María, Reguers, Cambrils, Reus, Tarragona capital, Valls y Montblanch. Incluso hicieron una incursión hasta la localidad limítrofe leridana de Vinaixa para regresar a Reus, saliendo para la provincia de Barcelona. Allí entraron en Stiges y en Villanueva y Geltrú.

El día 26 el cabo Vázquez, junto a su compañía, tomó parte en la ocupación de la capital barcelonesa. Junto al estado mayor de la 13ª División, mandada por el coronel de Caballería Fernando Barrón Ortiz, habilitado para ejercer el empleo de general de brigada desde el 9 de abril de 1937, marcharon a San Baudilio de Llobregat. Allí permanecerían hasta el 14 de febrero, procediendo durante los diez días siguientes a prestar “servicio de vigilancia” en la localidad de El Prat de Llobregat.

Finalizadas las operaciones en Cataluña se dispuso que el Cuerpo de Ejército Marroquí, y con él la 13ª División, pasase a incorporarse al Ejército del Sur, mandado por el general de división Gonzalo Queipo de Llano Sierra. Consecuente con ello se procedió el 24 de febrero al embarque en tren de toda la compañía con destino a la ciudad pacense de Mérida. Cuatro días después marcharon a Trujillanos y tras tres semanas de descanso salieron de operaciones para el sector cordobés de Peñarroya-Pueblo Nuevo. Allí tomarían parte en la ocupación de los pueblos de El Viso, Santa Eufemia y Villanueva de Córdoba. El 26 de marzo llegaron a Almadén, provincia de Ciudad Real, donde tras permanecer tres días en “servicio de campaña” regresaron a Trujillanos. El 31, víspera del fin oficial de la contienda, salieron para Murcia.

Llegada a esta fecha hay que significar que concluida la Guerra Civil el 1º de abril siguiente con la victoria por las armas de quienes se habían sublevado casi tres años antes contra el gobierno de la República, la Guardia Civil inició un largo proceso de reorganización interna. Éste culminó en su primera fase con la absorción de los componentes, acuartelamientos y material del Cuerpo de Carabineros. Desaparecido tras la entrada en vigor de la Ley de 15 de marzo de 1940, sus funciones de vigilancia de costas y fronteras así como de resguardo fiscal del Estado serían asumidas por la Guardia Civil. Tras una segunda fase motivada por el consiguiente proceso de integración, que fue lento pero sin pausa, si bien muy complejo y no exento de polémicas internas, la Guardia Civil reiniciara su camino pero con mayor fortaleza y más competencias.

El primer paso que se dio en abril de 1939 con las compañías expedicionarias de la Guardia Civil que estaban integradas en las Divisiones y Cuerpos de Ejército que estaban desplegadas en las provincias que habían permanecido hasta el final bajo control gubernamental, fue su disolución. La guerra civil había finalizado y ya no era necesaria su actuación como policía militar, siendo en cambio imprescindible reintegrarse a su servicio peculiar en las unidades territoriales del benemérito Instituto. 

En el caso concreto de la 7ª Compañía Expedicionaria, a la que continuaba perteneciendo el cabo Vázquez junto a otros muchos guardias civiles procedentes del Campo de Gibraltar, se ordenó su disolución el 3 de abril por el inspector general del Cuerpo, teniente general Emilio Fernández Pérez.

Sin embargo, su personal no regresaría todavía a sus unidades de procedencia ya que serían destinados en su totalidad a la Comandancia de Murcia. Ocho días después el inspector general dictaba la Circular nº 8 por la que el personal de las compañías expedicionarias recién disueltas pasaría a formar parte, a partir de la revista de mayo, de las comandancias en cuyas provincias se encontraban.

Se trataba de un destino temporal ya que por Circular nº 13 se dispondría su regreso a las comandancias de origen. En el caso de los de la extinta 7ª Compañía Expedicionaria, causarían alta nuevamente en la Comandancia de Cádiz en la revista del mes de junio. La razón de ese destino temporal de un mes aproximadamente se debía a que debía mantenerse un servicio mínimo en la provincia de Murcia, ya que los guardias civiles destinados en julio de 1936 en esa Comandancia debían ser objeto de una investigación inicial, y en su defecto también de depuración, tanto por su actitud como por su actuación a partir de la fecha de la sublevación militar hasta el fin de la contienda. En principio todos fueron desarmados y a medida que superaban el proceso volvían a ser reintegrados en el servicio. Aquellos que no lo conseguían eran encarcelados y procesados por la jurisdicción militar.

Los guardias civiles murcianos primero habían sido reconvertidos en guardias nacionales republicanos como consecuencia del decreto de 30 de agosto de 1936, que reorganizó la Guardia Civil y cambió su denominación. Casi cuatro meses después, por decreto de 26 de diciembre, pasó a crearse el llamado “Cuerpo de Seguridad”, disponiéndose la disolución de la Guardia Nacional Republicana, Seguridad y Asalto, Vigilancia e Investigación así como las “Milicias de retaguardia, cualquiera que fuese su nombre y la entidad que las hubiese organizado”. Los procedentes de la Guardia Civil terminaron encuadrados en el “Grupo Uniformado” del nuevo “Cuerpo de Seguridad”.

La Comandancia de Murcia al iniciarse la sublevación se había mantenido en su conjunto, salvo algunas excepciones, leal al gobierno de la República. No obstante su jefe, el teniente coronel Antonio Borges Fe, fue cesado en el mando y pasado el 28 de octubre de 1936 a la situación de disponible forzoso por desafecto. El 2 de mayo siguiente sería condenado por el “Tribunal Especial Popular” de Murcia a la pena de 12 años y 1 día de internamiento en campos de trabajo, acusado del delito de rebelión militar. Ello a su vez no impediría que en agosto de 1941 se le instruyera por el juez instructor provincial de “Responsabilidades Políticas” de Murcia, el correspondiente expediente como consecuencia de no haberse sumado inicialmente al “Glorioso Alzamiento Nacional”.

El caso es que el 3 de abril de 1939 los componentes de la extinta 7ª Compañía Expedicionaria pasarían a integrarse en la Comandancia de la Guardia Civil de Murcia y el capitán Herrero se convertiría en su jefe accidental hasta ser relevado una semana después por otro mando de mayor antigüedad.

 

(Continuará).

 

 

jueves, 7 de octubre de 2021

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (LXXXVII). VICISITUDES DURANTE LA GUERRA CIVIL (5).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 4 de octubre de 2021, pág. 11.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 

El 18 de noviembre de 1938 el cabo Rodrigo Vázquez Villalobos, que hasta marzo había estado destinado como guardia 2º en el puesto de San Roque, se incorporó en la localidad zaragozana de Caspe a la 7ª Compañía Expedicionaria de la Guardia Civil. Ésta pertenecía al Tercer Grupo de dicho Instituto en el Cuerpo de Ejército Marroquí. 

Un día antes, el jefe de dicha compañía, capitán Ángel Fernández Montes de Oca, había sido relevado por el de mismo empleo, Victoriano Herrero Llorente. El primero procedía del mando de la Compañía que tenía su cabecera en la ciudad de Cádiz mientras que el segundo procedía de la Comandancia de Segovia, donde desempeñaba los cometidos de cajero. No era habitual que siendo todos los componentes de una comandancia determinada, en este caso de la de Cádiz, se enviase un capitán de otra provincia a mandarla. 

Pero la razón de ello era la escasez de oficiales que padeció el Cuerpo en el bando sublevado durante la Guerra Civil. Una vez deducidos los que habían fallecido durante la contienda por diversas causas, no siempre bélicas, los que se habían mantenido leales al gobierno de la República y se encontraban sirviendo en el bando contrario, los que estan presos por diferentes causas y los que habían cumplido la edad reglamentaria de retiro, sólo quedaban los que estaban en activo. Estos se repartían entre tres cometidos: el servicio peculiar en las unidades territoriales, el servicio en unidades del Ejército y el servicio en las unidades expedicionarias. Durante la Guerra no hubo ingresos de nuevos oficiales en la Guardia Civil, salvo promoción interna, al igual que no hubo tampoco ingreso de nuevos guardias. 

Un par de meses antes se había incorporado el teniente Alfredo Fernández Fernández, jefe de la línea de Rota, en sustitución de Odón Ojanguren Alonso, cuyos servicios “especiales” en relación a la colonia británica de Gibraltar le hacían imprescindible en La Línea de la Concepción.

En Andalucía el empleo de unidades expedicionarias de la Guardia Civil fue una constante en los sublevados desde el inicio del alzamiento militar. En la primera fase de la contienda se organizaron en aquellas ciudades donde había triunfado la sublevación unas columnas de operaciones compuestas habitualmente por un heterogéneo grupo de unidades militares. Estas procedían tanto del norte de África como de las guarniciones provinciales sumadas a la sublevación. Solían predominar las fuerzas de Infantería y era habitual contar en los primeros meses con el apoyo de milicias civiles de falangistas y requetés. Respecto a estas últimas hay que decir que en su mayoría eran de nueva filiación pues en las elecciones de febrero de 1936 sus resultados habían sido insignificantes.

En esa primera fase hubo básicamente dos tipos de columnas. El objetivo fundamental de las primeras era ocupar los pueblos de la provincia donde la sublevación había fracasado o dónde siquiera se había producido. Ello sucedió en las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, no dejando de operar hasta quedar en su totalidad en poder de los sublevados. En las de Córdoba, Granada y Málaga se librarían muy duros combates al ofrecerse fuerte resistencia gubernamental y salvo la última, que cayó en febrero de 1937, no se llegarían a ocupar completamente hasta el final de la contienda. Las de Almería y Jaén permanecerían bajo control gubernamental hasta el final de la contienda.

El objetivo final de las segundas, mucho más numerosas en cuanto a efectivos y material así como más robustas en cuanto a potencial bélico, era ocupar Madrid. Durante su marcha hacia la capital de la República fueron tomando poblaciones de todo tipo que encontraban a su paso. Su núcleo principal estaba formado por tropas legionarias y de regulares indígenas. 

En ambos tipos de columnas fueron incorporados, en mayor o menor número y con carácter expedicionario, guardias civiles. La Comandancia de Cádiz fue una de la que desde el primer momento envió efectivos a todos los frentes, acompañando a las unidades combatientes. Sus misiones principales, además de las propias de policía militar, consistieron durante los primeros meses en organizar y dotar inicialmente los puestos del benemérito Instituto en aquellas localidades que los sublevados iban ocupando y realizar los interrogatorios a los prisioneros que se capturaban.

A partir de 1938, comenzaron a constituirse, conforme las instrucciones impartidas por su Inspección General, unidades expedicionarias robustas entidad compañía, ecuadradas en divisiones y cuerpos de ejército. Efectivos de la Comandancia de Cádiz llegaron a integrarse en la 7ª, 15ª y 35ª Compañías Expedicionarias. La primera que es la que interesa a efectos del presente relato finalizaría la contienda en Murcia, la segunda en Barcelona y la tercera en Jaén. Ésta última tendría muy escaso recorrido pues se constituyó el 30 de marzo de 1939 y fue disuelta muy poco después. 

En cambio, la 7ª Compañía llegaría a combatir incluso en la Batalla del Ebro sufriendo bajas. Se había constituido el 1º de mayo de 1938, quedando afecta al Cuerpo de Ejército Marroquí y marchando en tren para Zaragoza ese mismo día. Todos sus integrantes pertenecían a la Comandancia de Cádiz y estaba inicialmente compuesta por 104 efectivos: 1 capitán, 3 alféreces, 6 brigadas, 12 cabos, 2 cornetas, 1 trompeta, 1 guardia 1º y 78 guardias 2º. 

Su primer mando fue el ya mentado capitán Fernández. Los primeros mandos de las tres secciones fueron los alféreces Jaime Bardisa Rebasa (jefe de la línea de Tarifa, perteneciente a la Compañía de Algeciras), Francisco Gómez Rivas (jefe de la línea de Alcalá de los Gazules, perteneciente a la Compañía de San Fernando) y José Pérez Campanario (jefe de la línea del Puerto de Santa María, perteneciente a la Compañía de Cádiz).

En ese primer contingente había, además del alférez Bardisa otros veintiuno componentes más procedentes de unidades asentadas en el Campo de Gibraltar: el brigada Antonio Casablanca Romero, el cabo Antonio García Gálvez y el guardia 2º José Blanco de la Rosa, del puesto de San Roque; el cabo José Gutiérrez López, del puesto de Los Barrios; el cabo Domingo Vera Fernández y los guardias 2º Isaac Alzate Villapún y Manuel Velázquez Tardío, del puesto de Facinas; el guardia 1º Juan Albornoz Parra y los guardias 2º Eduardo Vázquez Nieto, Francisco Tomás Palomo, Andrés Arjona Mármol, Manuel León Guerrero y Ángel Mora Hornero, del puesto de Algeciras; el guardia 2º Bernardo Rodríguez Martín, del puesto de Tarifa; los guardias 2º Manuel Durán Jiménez y Diego Jiménez González, del puesto de La Línea de la Concepción; el guardia 2º Francisco Gil Jiménez, del puesto de San Martín del Tesorillo; el guardia 2º Manuel Moreno Pérez y el corneta Manuel Ruiz Blanco, del puesto de Jimena de la Frontera; y los guardias 2º Luis Portillo Alba e Ildefonso Vera Sánchez, del puesto de San Pablo de Buceite.

Volviendo a las vicisitudes del cabo Rodríguez Villalobos y dejando para mejor ocasión las operaciones en las que se vio envuelta su compañía, significar que con ella participaría en diversas acciones en los frentes de Aragón y Cataluña hasta el 24 de febrero de 1939. Posteriormente fue enviado a los frentes de Extremadura y Córdoba. 

(Continuará).