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miércoles, 21 de septiembre de 2022

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CXXXVII). LA ABSORCIÓN DEL CUERPO DE CARABINEROS (39).



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 19 de septiembre de 2022pág. 10.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Al inicio de 1931 el Cuerpo de Carabineros contaba con una plantilla total presupuestaria de 16.129 efectivos. Además de sus 4 oficiales generales, incluido el director general, había 171 jefes, 598 oficiales, una fuerza de 15.292 hombres (14.482 de infantería, 350 de caballería y 460 de mar) así como 33 maestros armeros y 64 matronas.

Territorialmente estaba organizado en 14 subinspecciones, mandadas por coroneles y 32 comandancias mandadas por tenientes coroneles. No todas las provincias eran residencia de una jefatura de Comandancia pues en algunos casos dicha unidad territorial tenía por demarcación más de una provincia.

Sin embargo, en el caso de las provincias de Cádiz y Málaga ocurría lo contrario que en el resto de España. Cada una tenía dos comandancias de Carabineros. Las de Cádiz y Algeciras desde 1878 por un lado, constituyendo en 1931 la 6ª Subinspección, y las de Málaga y Estepona desde 1889 por otro lado, integrando la 5ª Subinspección. La razón de tal excepcionalidad era combatir con mayor eficacia y eficiencia el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar y que bien por vía terrestre o marítima se introducía en el estado español.

En la provincia de Cádiz, según el “Escalafón General de los Señores Jefes y Oficiales del Cuerpo de Carabineros”, correspondiente a 1º de enero de 1931 y publicado en su imprenta de Madrid, había entre ambas comandancias una plantilla que contabilizaba un total de 1.518 efectivos (706 en la de Cádiz y 812 en la de Algeciras). En la provincia de Málaga dicha cifra era de 1.180 efectivos (652 en la de Málaga y 528 en la de Estepona).

La Comandancia de Algeciras era por lo tanto, después de la Comandancia de Barcelona que tenía 813 efectivos, es decir, tan sólo uno más, la segunda de España con mayor número de personal. Ello puede dar idea de la trascendencia que tenía en el Campo de Gibraltar el contrabando procedente del Peñón. Y si se le añadieran los 528 efectivos citados de la Comandancia de Estepona, creada específicamente para el mismo fin que la de Algeciras, podría afirmarse con absoluta rotundidad que la colonia británica, al proclamarse la Segunda República, era el principal quebradero de cabeza para la Hacienda española en materia de contrabando.

La plantilla de la Comandancia de Algeciras estaba compuesta por 1 teniente coronel, 2 comandantes, 6 capitanes, 12 tenientes, 7 alféreces, una fuerza de 727 efectivos de infantería (6 suboficiales, 41 sargentos, 44 cabos, 1 cabo de cornetas, 17 cornetas, 37 carabineros de 1ª clase y 581 de 2ª), una fuerza de 25 de caballería (2 sargentos, 2 cabos, 1 trompeta, 2 carabineros de 1ª clase y 18 de 2ª), una fuerza de 15 de mar (1 sargento, 1 carabinero de 1ª clase y 13 de 2ª), así como un maestro armero y 16 matronas. 

En relación a estas últimas mencionar que venían prestando servicio conforme a las instrucciones dictadas en una orden fechada el 13 de agosto de 1921, siendo su misión principal la del reconocimiento corporal en los recintos aduaneros a personas de su mismo sexo. Resulta muy significativo que de 64 mujeres que tenía la plantilla a nivel nacional, 16, es decir, el 25%, estuvieran destinadas en el Campo de Gibraltar y que casi práctica totalidad de ellas prestase servicio en la aduana de La Línea de la Concepción. 

Ello ponía una vez más de relieve la importancia que tenían los filtros que se establecían en el paso de la “Verja” para evitar la entrada por dicho punto de géneros de contrabando procedentes de la colonia británica, adosados al cuerpo u ocultos bajo la ropa de las transeúntes. Aunque dicha modalidad ilícita se daba también entre los hombres era superior su práctica entre mujeres. 

Por otra parte, también hay que significar que en las cifras de la Comandancia de Algeciras no se ha contabilizado al personal de la denominada “Compañía de África”, que estaba encuadrado administrativamente en la misma. Dicha unidad estaba constituida por 92 efectivos (1 capitán, 2 tenientes, 3 sargentos, 6 cabos, 2 cornetas, 4 carabineros de 1ª clase y 64 carabineros de 2ª de infantería, 5 carabineros de 2ª de caballería así como 1 sargento y 4 carabineros de 2ª clase de mar). Con cabecera en la ciudad de Ceuta estaba a su frente el capitán José de Angulo Vázquez. Sus dos secciones tenían a sus tenientes en dicha ciudad y en la de Melilla, tratándose de Manuel Riaza Marina y de Rafael Sainz Gutiérrez, respectivamente.

Respecto al teniente Riaza hay que recordar que cuando estuvo destinado anteriormente en la ciudad de Algeciras, al frente de la sección que prestaba el servicio de resguardo en la aduana de su puerto, había culminado un hecho notorio que tuvo gran repercusión en la prensa de época. Sirva como ejemplo que el diario “La Correspondencia Militar”, correspondiente al 12 de diciembre de 1927, en su portada publicaba la fotografía del joven oficial y relataba extensamente el importante servicio practicado con la falúa “General Cosidó”, cuya tripulación estaba compuesta por carabineros de mar. 

En su detallada crónica podía leerse: “Habiendo tenido noticias dicho oficial de que varios botes de pesca del poblado de Palmones, habíanse construido finos secretos, en los que introducían cantidades de tabaco de Gibraltar, concibió el proyecto de descubrir aquéllos a todo trance. Y después de obtener la venia del prestigioso y activo jefe de la Comandancia, don Alfredo Zapata Crespo, se lanzó a la empresa de hacer una redada, como él denomina a este fruto de sus actividades y entusiasmos por el servicio.

Para conseguirlo, salió con la falúa antes citada a hacer un recorrido por la bahía, acompañándoles en el mismo el cabo Basilio Mondéjar Pérez y marinos Fernando Domínguez González, José Ortega Ortega, Francisco Benítez Sena y José Vázquez Gil. Después de varias maniobras y penosos trabajos de reconocimiento de embarcaciones en el mar, no exentos de peligro y responsabilidades, logró descubrir en tres de las embarcaciones reconocidas, secretos con tabaco de contrabando, en cantidad de 46,500 kilogramos, entre las tablas de aforo y la tapa de regala, y efectuar la aprehensión de dichas embarcaciones con ocho reos, que luego condujo al puerto para los efectos prevenidos en la ley de contrabando”.

Cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República y Alfonso XIII había partido ya para el exilio, el Cuerpo de Carabineros al igual que ocurrió con el de la Guardia Civil, el Ejército y la Marina de Guerra, acataron el nuevo régimen.

Inmediatamente, por orden circular dictada tan solo dos días más tarde, comenzaron una serie de modificaciones en uniformes, emblemas, material y atributos militares para que desapareciesen todas las insignias reales y representaciones de la monarquía.

Respecto al emblema de Carabineros se dispuso por orden circular de 21 de mayo siguiente su sustitución por uno nuevo al igual que había ocurrido el día anterior con el de la Guardia Civil.

A propuesta del director general de Carabineros, se aprobó que el nuevo emblema estaría constituido por dos carabinas cruzadas sobre un sol radiante situado en el centro.

(Continuará).

 

jueves, 15 de septiembre de 2022

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CXXXVI). LA ABSORCIÓN DEL CUERPO DE CARABINEROS (38).



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 12 de septiembre de 2022pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

A finales del mes de diciembre de 1930 la monarquía de Alfonso XIII estaba agonizando aunque muchos, comenzando por quienes la apoyaban y sostenían, no eran conscientes de ello.

Dicho año había comenzado, concretamente el 30 de enero, con la dimisión, aceptada por el rey, del teniente general Miguel Primo de Rivera Orbaneja, como presidente del consejo de ministros, “quedando altamente satisfecho de sus relevantes servicios y del acierto, celo y lealtad con que lo ha desempeñado”. Ese mismo día designó en su lugar al de mismo empleo, Dámaso Berenguer Fusté, otorgándole además la cartera del Ministerio de la Guerra.

Durante los meses siguientes, la situación política y social española, lejos de mejorar se fue deteriorando cada vez más. El año concluiría con la sublevación militar encabezada el 12 de diciembre en la localidad oscense de Jaca por el capitán de Infantería Fermín Galán Rodríguez, quien proclamaría la República. Tras ser sofocada la rebelión sería juzgado, condenado a muerte por un consejo de guerra y fusilado junto al de igual empleo, Ángel García Hernández. 

En los enfrentamientos armados que entonces se registraron, resultaron muertos y heridos diversos miembros del Ejército así como de la Guardia Civil y de Carabineros. Respecto a este último se dictó por real orden de 19 de dicho mes, “que el Gobierno ha visto con satisfacción y ha apreciado en todo su valor el alto espíritu y la actuación de las fuerzas de ese Instituto, en los tristes sucesos acaecidos recientemente en la provincia de Huesca, y la disciplina, lealtad y abnegación que pusieron de manifiesto en defensa del orden público y las Instituciones, siendo igualmente deseo de S.M. que se haga constar así en la documentación de todo el personal que intervino en aquéllos sucesos”.

Al comenzar 1931, cuyo 14 de abril se proclamaría por fin la Segunda República, se encontraba al frente del Cuerpo de Carabineros, como director general del mismo, el teniente general Antonio Vallejo Vila. El subdirector general era el general de división Eladio Soler Pacheco, natural de San Roque. El secretario de la dirección general era el general de brigada Miguel Garrote Cancelo y el inspector general era el general de brigada Eliseo García del Moral Sánchez.

Respecto a la provincia de Cádiz, según el escalafón de dicho año, la residencia de la 6ª Subinspección (Comandancias de Cádiz y Algeciras) se encontraba ya asentada en la capital gaditana tras su efímero periodo algecireño. Continuaba a su frente el coronel Mariano Adsuar Perpiñán, mientras que la Comandancia de Cádiz la mandaba el teniente coronel Ignacio Orduña del Campo y la de Algeciras, el de igual empleo, Aureliano Prieto Aguilera.

En ésta última, cuya demarcación era el Campo de Gibraltar, sus dos comandantes eran Alfonso Romay Moar y Miguel Catalá Clemente, con residencia respectivamente en Algeciras y La Línea de la Concepción. San Roque había dejado de ser la residencia del comandante jefe de servicio al considerarse su presencia de mayor interés por razones operativas en la ciudad linense. Éste era el único municipio del Campo de Gibraltar donde seguían desplegadas dos compañías de infantería de Carabineros para hacer frente al contrabando procedente de la colonia británica, tanto a lo largo de la “Verja” y la aduana como en la costa.

Los capitanes eran Eugenio Calvete Hernández, en la plana mayor de la comandancia; Aurelio Sánchez Izquierdo que mandaba la compañía de Puente Mayorga; Luis Quintero Iglesias, la de Atunara; Fidel del Pozo Herrero, la de La Línea de la Concepción; José Gata Igartúa, la de Algeciras; y Ángel Espías Bermúdez, la de Tarifa. 

Los tenientes eran Rafael Muñoz Lafuente, al frente de la sección de San Roque; Luis García Saseta, la de Palmones (Los Barrios); Florencio Conde Gacén y Alfredo Risco Gómez, las de Algeciras; Francisco Hermida Medina, la de Castillo de España (La Línea); Avelino Ballesteros Villar, la de Valdevaqueros (Tarifa); Francisco Pareja Viñas, la de La Línea; Esteban Rovira Pacheco, la de Atunara (La Línea); Ángel Martínez Ezquerro, la de Guadalmesí (Tarifa); y José de León Huete, la de Cañada del Peral (Algeciras). 

Los alféreces eran Emilio Almendral Rozas, como jefe de la sección de Paredones (Algeciras); Manuel Martínez-Mora Núñez, de la de Jimena de la Frontera; Manuel García Fernández, la de Puente Mayorga; Cristóbal Sánchez-Ocaña, la de San Felipe (La Línea); Julián Zubeldía Moreno, la de Carboneras (San Roque); Juan Porto Gallego, la de Caleta (Tarifa); y José Fajula Lloveras, la de San García (Algeciras).

El despliegue territorial de la Comandancia de Algeciras estaba estructurado sobre cinco compañías de infantería desplegadas en el Campo de Gibraltar y una sección de caballería con cabecera en San Roque, además de la fuerza de mar. También estaba encuadrada en la comandancia, pero sólo a efectos administrativos, la “Compañía de África”, con cabecera en Ceuta.

La 1ª compañía tenía su cabecera en la barriada linense de Atunara, cuya sección de Carboneras disponía de un puesto en la propia residencia y otro en Guadalquitón, mientras que la Sección de Atunara los tenía en la barriada que le daba nombre y Torrenueva. 

La 2ª compañía estaba en La Línea de la Concepción. Desplegaba la sección de Castillo de España con puestos en dicha residencia, Santa Bárbara y Zabal, así como la sección de San Felipe con puestos en la residencia, Espigón, Cachón de Jimena y la aduana de La Línea.

La 3ª compañía cuya cabecera estaba fijada en Puente Mayorga, tenía fijada la sección de la residencia con puestos en el poblado, Guadarranque, Río Guadarranque y Toril; la sección de Palmones, con puestos en la orilla del río que le daba nombre, a las afueras del poblado y en plena barriada barreña, así como en Rinconcillo (Algeciras); la sección de Jimena de la Frontera con puestos en la residencia, Castellar de la Frontera y San Martín del Tesorillo; y la sección de la Estación de San Roque, con puestos en la misma así como en las estaciones ferroviarias de Los Barrios, Almoraima, Jimena de la Frontera, Castellar de la Frontera y San Pablo de Buceite. La sección de caballería de San Roque tenía puestos en la residencia, Algeciras, La Línea de la Concepción y Tarifa.

La 4ª compañía cuya cabecera estaba sita en Algeciras contaba con la sección de Paredones y sus puestos de la residencia y Ojo del Muelle; la sección de San García con los puestos de esa punta y de Las Barcas; la sección de Cañada del Peral con los puestos de la residencia y de El Tolmo; la sección de la aduana de los muelles de Algeciras con los puestos del recinto portuario y de la estación ferroviaria de la ciudad; así como la falúa “General Cosidó”.

La 5ª compañía con residencia en Tarifa tenía la sección de Guadalmesí con los puestos de la residencia, Arenillas y Oliveros; la sección de Rada de Tarifa con los puestos de marinos, Caleta, Los Lances y Boquete de la Peña; la sección de Valdevaqueros con los puestos de la residencia, Palomas y aldea de Facinas; y la sección de Bolonia con los puestos de la residencia, Torregracia y Torreplata.

(Continuará).

 

 

jueves, 8 de septiembre de 2022

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (CXXXV). LA ABSORCIÓN DEL CUERPO DE CARABINEROS (37).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 5 de septiembre de 2022pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Según la “Revista Técnica de la Guardia Civil”, de noviembre de 1929, en la fecha de la concesión a dicho Cuerpo, por real decreto de 4 de octubre anterior, de la Gran Cruz de la Orden de la Beneficenciacon distintivo negro y blanco, tenían ya otorgadas individualmente otras categorías de tan prestigiosa Orden, un total de 573 guardias civiles: 3 coroneles, 3 tenientes coroneles, 7 comandantes, 13 capitanes, 12 tenientes, 13 alféreces, 62 clases de 1ª categoría y 460 de 2ª.

Aunque no se ha localizado aún el número exacto de carabineros que eran miembros de dicha Orden, debía ser también una cifra muy elevada. Si bien, lamentablemente, el Cuerpo de Carabineros no ha sido objeto de tantas publicaciones como el de la Guardia Civil, sí que tenía un boletín oficial titulado “El Guía del Carabinero”, iniciado en 1851 y finalizado en 1936. Sin embargo, ninguna institución conserva la colección completa y se encuentra fraccionada y dispersa en numerosas bibliotecas públicas y privadas, constituyendo un perjuicio para historiadores e investigadores que no se encuentre digitalizada y accesible en Internet. A este respecto hay que significar que sucede lo mismo con los boletines oficiales históricos de la Guardia Civil en sus diferentes denominaciones, aunque esto parece ser que está en vías de solución.

No obstante, sirva como referencia la alusión que hizo el entonces sargento de Carabineros Joaquín Viciana Hernández, de la Comandancia de Almería, en su obra “Glorias Militares. Carabineros y Guardia Civil”, publicada en 1914 y digitalizada en Internet: “Si a relatar fuéramos cuantas heroicidades y actos de valor, en todos sentidos, han realizado y realizan casi a diario los Carabineros y Guardias Civiles, no acabaríamos nunca. Ellos son los que constantemente en las arenosas o acantiladas playas con gran exposición de sus vidas salvan a pobres pescadores cuando la furiosa tormenta estrella su débil barquilla contra las rocas o las deshace en el mar con la inmensa fuerza de sus gigantescas olas; ellos, los que sin dudas ni vacilaciones se lanzan al agua para arrancar de las garras de la muerte a los seres que ven en peligro de ahogarse; ellos, los que guían evitándole de perecer envueltos entre terribles montañas de nieve al infeliz caminante; ellos los que al ver en lóbrega noche, la rojiza llama iniciadora de algún incendio se lanzan en socorro de los que sin auxilio, probablemente serían pastos de las llamas; ellos, en fin, son siempre y en todo momento la providencia de los que a su lado corren algún peligro, y para salvarlos del cual, desprecian generosamente su vida, sin más acicate para hacerlo que la inmensa satisfacción sentida de las almas nobles al llevar a cabo un acto humanitario. Por eso es muy frecuente ver brillar en los uniformes de Carabineros y Guardia Civil la cruz de beneficencia, siendo muchísimos los que ostentan en su pecho la honrosa y preciada condecoración”. 

Su concesión, que conllevaba la realización de “actos benéficos con riesgo personal”, motivó que por el director general de la Guardia Civil, teniente general José Sanjurjo Sacanell, se dictase la Orden General de 7 de octubre de 1929. Publicada tres días más tarde en el boletín oficial del Cuerpo, terminaba concluyendo, tras felicitar a “Generales, Jefes, Oficiales y Tropa por tan señalada distinción” y mostrar su más sincera y emotiva satisfacción: “Sois dignos de los que supieron ganar para la Institución el título de Benemérita, y estoy orgulloso de mandaros”.

Hasta la concesión de dicha recompensa con carácter colectivo a Carabineros y la Guardia Civil, tal y como se resumía en el número de diciembre de 1929 de la “Revista Técnica de la Guardia Civil”, la ostentaban el Regimiento de Cazadores de Caballería Alfonso XIII núm. 24, por los actos humanitarios realizados durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918); el Primer Regimiento de Zapadores Minadores, por los extraordinarios servicios prestados por su 2º Batallón en Zeluán y Monte-Arruit en 1921 con ocasión de la recuperación e inhumación de millares de cadáveres de militares españoles abandonados a la intemperie tras el “Desastre de Annual”; y la 1ª Comandancia de Sanidad Militar, por su actuación en el territorio del Protectorado de España en Marruecos y, especialmente, por los extraordinarios servicios prestados en las dos posiciones anteriormente mencionadas. 

La concesión de una condecoración a un colectivo militar conlleva la posterior ceremonia de imposición de la corbata. Según el Diccionario de la Real Academia Española, la corbata se define como “Banda o cinta guarnecida con bordadura o fleco de oro o plata, que con breve lazo o nudo, y caídas a lo largo las puntas, se ata en las banderas y estandartes en el cuello de la moharra como insignia de honor”.

En el caso de la Orden de la Beneficencia la cinta era de seda color blanco, con franjas negras estrechas a los bordes. Estaba rematada por flecos de hilo de oro y tenía bordada una venera con su estrella de ocho puntas, en cuyo centro, también bordado tenía la inscripción “Carabineros” o “Guardia Civil”, respectivamente, junto a la fecha de concesión y rodeada por una orla blanca que contenía la leyenda en latín “Fortitudo Charitas Abnegatio”, cuya traducción sería “Fortaleza Caridad Abnegación”.

La corbata de Carabineros se impuso al día siguiente de su concesión a la bandera del Colegio de Carabineros Jóvenes. La solemne ceremonia, tal y como relataba en su detallada crónica el diario madrileño ABC en su edición matinal del 10 de septiembre de 1929, tuvo por escenario la explanada del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, localidad donde se encontraba establecido dicho centro de enseñanza militar. Éste había sido creado por real orden de 22 de octubre de 1863, “con objeto de dar educación adecuada a los huérfanos e hijos de clases e individuos de tropa que hayan servido o sirvan en el Cuerpo de Carabineros, y a los de jefes y oficiales del mismo”.

La ceremonia tuvo por principales objetivos conmemorar el primer centenario de Carabineros, creado por real decreto de 9 de marzo de 1829, así como celebrar la “primera fiesta en honor de su excelsa Patrona, la Santísima Virgen de Covadonga”, proclamada como tal el 16 de enero de 1929.

La corbata de la Orden de la Beneficencia fue impuesta por la Infanta Isabel de Borbón Borbón, tía de Alfonso XIII, en presencia del ministro del Ejército, teniente general Julio de Ardanaz Crespo; del ministro de Hacienda José Calvo Sotelo; del subdirector general de carabineros, general de división Jenaro Gutiérrez Valdecara; del general de brigada inspector de la Guardia Civil Antonio Juliá Noguera; y de otras muchas autoridades civiles y militares entre los que se encontraba el general de brigada de Carabineros sanroqueño Eladio Soler Pacheco.

Respecto a la Guardia Civil, al tener concedido el derecho de uso de enseña nacional, tanto el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro como buena parte de los Tercios, las correspondientes corbatas no fueron impuestas hasta el 27 y 28 de marzo de 1930, celebrándose solemnes ceremonias. El director general del benemérito Instituto, Sanjurjo, presidiría la más antigua de todas ellas, custodiada en el 14º Tercio (Madrid).

(Continuará).