Translate

Mostrando entradas con la etiqueta 2004 Diciembre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2004 Diciembre. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de junio de 2016

SEMBLANZA DEL CONTRALMIRANTE FRANCISCO NÚÑEZ QUIXANO (La Habana, 1869 - Madrid, 1928).



Semblanza familiar escrita el 5 de diciembre de 2004 por Jesús Núñez.

Don Francisco Núñez Quixano nació en La Habana el 27 de diciembre de 1869. Era hijo del Capitán de Navío de 1ª clase Don Indalecio Núñez Zuloaga y Doña Daría Quijano Artacho, quienes se habían casado en San Juan de Puerto Rico el 3 de diciembre de 1865.

Siguiendo los pasos de su padre ingresó por oposición como Aspirante en la Escuela Naval el 8 de diciembre de 1884 en donde permaneció hasta que por real orden de 5 de julio de 1886 fue declarado Guardia-Marina de 2ª clase siendo destinado a la Escuadra de Instrucción y embarcando en diversos buques de la Armada como los cruceros "Castilla" y "Navarra", las fragatas "Numancia", "Blanca" y "Gerona", así como en la Corbeta "Nautilus".

Por real orden de 12 de diciembre de 1889 ascendió a Alférez de Navío habiendo estado destinado durante dicho empleo en el Arsenal de El Ferrol; cruceros "Reina Cristina" y "Velasco", con el que navegó por aguas de China y Filipinas; cañonera "Gardoqui" como comandante de la misma, también en aguas de Filipinas; Arsenal de Cavite; Ayudante personal de los vocales Manuel de la Cámara y José Navarro del Centro Consultivo del Ministerio de Marina; acorazado "Pelayo", con el que navegó por aguas de Rusia; y Ayudante personal del Contralmirante Jesús de Martínez Espinosa, Jefe del Estado Mayor General del Ministerio de Marina.

El 21 de abril de 1897 ascendió a Teniente de Navío y fue destinado a La Habana como Ayudante personal del Comandante General del Apostadero y Escuadra de Las Antillas, siendo el responsable del traslado, custodia y entrega en mano desde su salida de Cuba el 30 de marzo a bordo del vapor "Buenos Aires" hasta el 16 de abril de 1898, del expediente secreto sobre la voladura del acorazado norteamericano "Maine" al ministro de Marina, no pudiendo regresar a su destino a causa de la guerra que se inició contra los EE.UU.

El 5 de mayo de 1898 embarcó en el crucero auxiliar "Rápido" con el que tras navegar por aguas africanas regresó a La Habana, incorporándose a su antiguo puesto de Ayudante hasta el 11 de abril de 1899 en que marchó para Madrid como Ayudante personal del Vicealmirante Manterola. 

A partir del 2 de agosto de 1900 estuvo destinado en el crucero "Lepanto", como profesor; realizó el Curso de Torpedos realizando las prácticas en los torpederos "Rigel" y "Acevedo"; Auxiliar de la Dirección General de Material del Ministerio de Marina; Ayudante personal del Capitán de Navío de 1ª clase Leopoldo Boado; Auxiliar y Secretario de la Dirección General de Personal del Ministerio de Marina; Comandante del cañonero "Mac-Mahón"; vocal de la Delegación española de la Comisión de Límites de los Pirineos; Secretario de la Sección Ejecutiva del Estado Mayor Central; Ayudante personal del Capitán de Navío de 1ª clase Francisco Chacón y Pery, Jefe del Estado Mayor de la Jurisdicción en la Corte; y Ayudante de Marina interino del Distrito de Pasajes y Capitán de su puerto.

Por real orden de 11 de diciembre de 1911 ascendió al empleo de Teniente de Navío de 1ª clase, cambiando dicha denominación por real decreto de 10 de enero de 1912 por la de Capitán de Corbeta. Fue destinado como Ayudante personal del Vicealmirante Chacón, General Jefe del Estado Mayor Central; comisionado en Berlín para la recepción de torpedos automóviles; 3º Comandante del acorazado "España"; Jefe de la Estación Torpedista de El Ferrol y Vocal de la Comisión Inspectora de construcción y recepción de las minas Vickers.

En 1917, durante la 1ª Guerra Mundial se encargó en septiembre de la vigilancia y custodia en el Arsenal de EL Ferrol del submarino alemán UB-23 internado en ese puerto así como de desactivar minas alemanas que aparecieron en aguas de Bermeo (Vizcaya).

Por real orden de 27 de marzo de 1918 ascendió a Capitán de Fragata siendo nombrado 2º Comandante del acorazado "Jaime I"; después 2º comandante del crucero "Cataluña"; posteriormente 2º Comandante del acorazado "Pelayo"; y por último Comandante del Aviso "Giralda", yate real de SS. MM. Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Por real orden de 30 de noviembre de 1920 fue promovido a Capitán de Navío, ocupando sucesivamente los cargos de Jefe de la Base Naval de "La Graña"; Jefe de Estado Mayor Interino del Departamento de El Ferrol; Comandante del crucero "Carlos V"; Comandante de quilla del crucero "Príncipe Alfonso"; Comandante del crucero "Princesa de Asturias", buque insignia de las Fuerzas Navales del Norte de Africa, y de las que llegó a ser su jefe interino, participando activamente en las operaciones navales de las Campañas de Marruecos correspondientes al periodo 1925-1927.

Como colofón a su carrera militar fue ascendido por real decreto de 30 de octubre de 1927 a Contralmirante, habiéndosele concedido la Placa y Cruz de San Hermenegildo; la Cruz de María Cristina Naval de 2ª clase; seis Cruces del Mérito Naval, una roja de 1ª clase y cinco blancas de 1ª, 2ª y 3ª clase; dos Cruces del Mérito Militar, una roja de 3ª clase y una blanca de 2ª clase; la Medalla Militar de Marruecos con pasadores de Melilla y Tetuán; la Medalla de Oro de los Bomberos de La Habana; la Medalla de Cuba; la Medalla de Alfonso XIII; la Medalla de Los Sitios; Caballero de la Legión de Honor de Francia; Comendador de San Carlos de Mónaco; Comendador de San Benito de Avis de Portugal y numerosas felicitaciones por "su celo, inteligencia y laboriosidad en el cumplimiento de las órdenes recibidas".

Estaba en posesión de la Especialidad de Torpedos y fue coautor de la obra "Torpedos Automóviles" editada en 1904 por el Ministerio de Marina y declarada de texto para la Escuela de Aplicación. Falleció en Madrid el 5 de octubre de 1928, siendo Jefe de la Sección de Personal del Ministerio de Marina.

El 7 de abril de 1894 se había casado en Madrid con Doña María Dolores de Olañeta y Gordo, hija de Narciso de Olañeta Boves (letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y secretario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación) y de Juliana Gordo Giménez.

De dicho matrimonio nacieron seis hijos, tres varones y cuatro hembras que dieron lugar a la rama de los Núñez de Olañeta: Indalecio, Capitán de Infantería, asesinado en la Guerra Civil, casó con Josefina Quijano Bausá; Narciso, Teniente de Navío, asesinado en la Guerra Civil, casó con Mª del Carmen García Pérez; Francisco, Contralmirante, casó con Mª Josefa Lacaci Morris; Sofía, casó con Hipólito Fernández Palacios, Teniente General del Ejército y Medalla Militar Individual; Mª Dolores, casó con Manuel Martínez Ballesteros, Coronel de Infantería; Mª del Carmen, casó con Juan de la Fuente Casares, Ingeniero Naval; y Julia, que falleció al poco de nacer.


-oo0oo-


Testamento del Teniente de Navío
Don Francisco Núñez y Quijano. (1)

Protocolo notarial de Cádiz núm. 4.738


En la ciudad de Cádiz a once de junio de mil ochocientos noventa y ocho: ante mi, el Sr. Don Joaquín de Reyna y Altolaguirre, vecino y Notario de la misma y del Ilustre Colegio de Sevilla, siendo las diez de la noche, comparece en mi estudio, calle de Segismundo Moret, número veintiséis, el Sr. Don Francisco Núñez y Quijano, natural de la ciudad de La Habana (2), isla de Cuba, provincia de aquel nombre, hijo legítimo de Don Indalecio (3), ya difunto y de Doña Daría de Quijano y Artacho (4), vecina de la ciudad de El Ferrol, de estado casado, de edad de veintiocho años, Teniente de Navío de la Armada Nacional (5), destinado en el crucero “Rápido” (6), surto en la bahía de este puerto, donde tiene el que habla su residencia accidental, quien me asegura tiene cédula personal del ejercicio corriente, pero que no la exhibe por serle imposible en este acto, prescindiéndose por tanto de ese documento por la urgencia del caso, si bien se comprometió a exhibirla cuando le fuera posible; y teniendo a mi juicio la capacidad legal necesaria para tratar de lo que doy fe; dice:

Que encontrándose en buen estado de salud y por la Divina Misericordia en el pleno uso de sus facultades intelectuales, memoria, entendimiento y voluntad tales como le fueran concedidas por Dios Nuestro Señor, ha deliberado formalizar testamento y poniéndolo en práctica, lo otorga del modo que se consigna en las siguientes claúsulas:

 1ª.- Expresa ser cristiano, católico, apostólico, romano, en cuya verdadera fe y creencia ha vivido y protesta vivir y morir y quiere que al ocurrir su fallecimiento se le de sepultura a su cadáver en forma modesta y decorosa. Deja a elección de la albacea que va a nombrar los sufragios y misas que quiera aplicar por el eterno descanso del alma del otorgante.

 2ª.- Declara que en el mes de abril del año mil ochocientos noventa y cuatro contrajo en Madrid en legítimo y actual matrimonio con Doña María de los Dolores de Olañeta y Gordo (7), vecina de Carabanchel Alto, provincia de Madrid, habiendo procreado de su enlace, tres hijos que viven en la actualidad y se llaman Doña María de los Dolores (8), Don Indalecio (9) y Doña Sofía Núñez de Olañeta (10).

 3ª.- Manifiesta que los bienes que en la actualidad posee constan a dicha su esposa por lo que omite hacer expresión de ellos y los cuales o sea los que no hubiere dispuesto, así como de los que adquiera posteriormente y tenga en la época de su fallecimiento aparecerá de su documentación  papeles.

 4ª.- Nombra por su albacea testamentaria única y universal a la esposada en consorte Doña María de los Dolores de Olañeta y Gordo, a la que confiere el más extenso poder de albaceazgo que por derecho se requiera para que ocurrido el fallecimiento del otorgante se apodere de sus bienes, procediendo al desempeño de su cometido con las atribuciones que determina el vigente Código Civil y siendo gratuito su desempeño, también la elige y nombra contadora y partidora de su caudal para así practique las operaciones de su testamentaria extraoficial y privadamente, puesto que prohíbe toda intervención judicial, salvo la que fuese precisa para la aprobación de aquellas con arreglo a las Leyes y prorrogándole el termino legal del albaceazgo por todo el demás tiempo que fuese menester.

5ª.- En el remanente de todos mis bienes, créditos, derechos y acciones, instituye y nombra por ser únicos y universales herederos a sus tres hijos, Doña María de los Dolores, Don Indalecio y Doña Sofía Núñez y de Olañeta y a los demás que Dios fuere servido darles, en pleno y absoluto dominio y en igual proporción y a todos los cuales da su paternal bendición.

 6ª.- Si ocurriese el caso de que ninguno de los herederos instituidos, esto es, que si los citados hijos y los demás que pudiera procrear fallecieran antes que el otorgante, es la voluntad de éste, instituir herederos de pleno y absoluto dominio, en la mitad de todos sus dichos bienes, derechos y acciones a su esposa Doña María de los Dolores de Olañeta. En la otra mitad a la madre del otorgante Doña Daría Quijano y Artacho, pidiendo a ambas rueguen a Dios Nuestro Señor por el descanso eterno del alma del que habla.

7ª.- Es voluntad del otorgante, para caso de que fallezca su esposa Doña María Dolores de Olañeta, o que ésta pierda los derechos de patria potestad por cualquiera de los motivos previstos en derecho, que el tutor de nuestros mentados hijos y de los demás que procree, lo sea con levación de fianza, su padre político, abuelo materno de los mismos, Don Narciso de Olañeta y Bovés (11), vecino de Madrid, a quien desde luego nombra portal, nombrando así mismo pro-tutora a la madre del dicente Doña Daría de Quijano y Artacho, y que el Consejo de familia de dichos menores, se componga o formen parte del mismo sus hermanos Don José (12), Don Indalecio (13) y Don Jacobo Núñez y Quijano (14) y sus hermanos políticos Don José Antonio (15) y Don Narciso de Olañeta y Gordo (16), rogando a todos se sirvan aceptar el cargo con que les designa el otorgante.

8ª.- Ruega encarecidamente a su esposa Doña María de los Dolores de Olañeta, que si falleciese el que habla, confiera poder a su madre Doña Daría de Quijano y Artacho, con las mismas cláusulas que el dicente se lo tiene conferido en razón al buen uso que dicha señora ha de hacer de dicho poder.

9ª.- Declara que hasta ahora no ha otorgado ningún otro testamento, por lo que quiere que el presente se guarde, cumpla y ejecute como la expresión de su última, firme y deliberada voluntad en la forma más procedente en derecho. El otorgante, a quien yo, el Notario conoce y de que doy fe y al que también conocen los testigos presenciales, manifiesto estar conforme con el contenido de esta disposición que le fue leída en alta voz por mi el Notario en un solo acto ante los indicados testigos que lo son Don José Grobe y Muñoz, Don Adolfo Soria y Sobrino y Don Salvador Nocetty Argonza, de este vecindario, mayores de edad, sin excepción legal para serlo, según aseguran, y que firman con el testador ante mi y en mi protocolo corriente después de advertir a todos el derecho que la Ley les concede para leer por si mismos el instrumento, al que renunciaron. De todo lo cual y de haberse cumplido así el otorgamiento todas las prescripciones legales, yo el Notario Doy Fe:

Francisco Núñez y Quijano (rubricado), José Grobe (rubricado), Salvador Nocetti (rubricado), Adolfo Soria (rubricado), Dr. Joaquín de Reyna (rubricado).

Diligencia al margen: En trece del mes y año de mi otorgamiento he remitido al Señor Decano del ilustre Colegio Notarial de Sevilla el parte que prescribe el artículo séptimo del Real Decreto de diez y nueve de febrero de mil ochocientos noventa y uno, doy fe cuanto escribí:

Dr. Reyna (rubricado).

Nota marginal: El doce de agosto de mil novecientos treinta, yo Juan N. Puebla y Aguirre, Notario, vecino de Cádiz, Archivero General de Protocolos de este distrito a instancia de Doña María Dolores Núñez Olañeta, hija y heredera del testador que me acreditó la defunción con certificado del acta del fallecimiento (9), doy primera copia en un pliego de la clase cuarta A número trescientos sesenta y tres mil seiscientos; y otro de la octava B número un millón novecientos dos mil veinte y cinco.

Puebla (rubricado).

Notas fin de texto.

1. Original depositado en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz. Fuente: Fernando Goicochea.
2. Nació el 27 de diciembre de 1869. Fuente: Hoja de Servicios, vía Santos Blanco Núñez.
3. Indalecio Nuñez y Zuloaga, Capitán de Navío de 1ª clase (asimilado a Contralmirante). Nacido el 29 de abril de 1835 en La Coruña y fallecido el 1 de marzo de 1896 en El Ferrol (La Coruña). Fuente: Hoja de Servicios, vía Santos Blanco Núñez.
4. Daría Quijano y Artacho. Nacida en San Juan de Puerto Rico y fallecida en El Ferrol. Se desconocen más datos. Fuente: Santos Blanco Núñez.
5. Había comenzado el año destinado en La Habana como Ayudante del Contralmirante Vicente Manterola Taxonera, Comandante General del Apostadero y Escuadra de Las Antillas, hasta que el 30 de marzo de 1898, según consta en su Hoja de Servicios, “salió para España a bordo del vapor correo “Buenos Aires”, en comisión especial de servicio llevando el expediente sobre la voladura del “Maine”, Acorazado de la Marina Americana”, suceso acontecido en la noche del 15 de febrero anterior. El 14 de abril “llegó a Cádiz y a Madrid el 15 entregando al Excmo. Sr. Ministro de Marina el expediente, no pudiendo regresar a su destino a causa de la guerra con los Americanos”. El 5 de mayo embarcó en el Crucero Auxiliar “Rápido” que se incorporó a la Escuadra de Reserva, encontrándose fondeado desde el día 21 de dicho mes en la bahía de Cádiz. Tras realizar pruebas de máquina e instalación de artillería, el 16 de junio zarpó a bordo de dicho buque con rumbo a Port Said, con la intención de atravesar el Canal de Suez y auxiliar a la guarnición de Filipinas, formando parte de la citada Escuadra de Reserva bajo el mando del contralmirante Manuel de la Cámara Livermoore. Fuente: Fuente: Hoja de Servicios, vía Santos Blanco Núñez.
6. Anteriormente denominado “Columbia”, uno de los tres trasatlánticos adscritos a la Flota de Reserva alemana, que habían sido adquiridos por España a finales del mes de abril de 1898, para ser alistados y artillados como cruceros auxiliares en la guerra contra los Estados Unidos. De 7.241 toneladas de registro y 18’5 nudos de velocidad había sido construido por Laird Brothers en Birkenhead (Inglaterra) para la naviera Hamburg Amerika Linie, habiendo entrado en servicio en julio de 1889. El armamento instalado consistió en 16 piezas: 2 cañones Krupp de 15 cm., 2 cañones Krupp de 12 cm., 2 cañones Armstrong de 12 cm, 2 cañones Krupp de 8’7 cm., 2 cañones Hotchkiss de 57 mm. y 4 cañones Nordenfelt de 42 mm. Tras participar en la repatriación de tropas españolas a la finalización del conflicto fue revendido el 15 de junio de 1899 a su anterior propietario y recuperó su antiguo nombre. Fuente: “Buques de la Armada Española a través de la fotografía (1849-1900)”, Agustín Ramón Rodríguez González y Juan Luis Coello Lillo, Editorial Ministerio de Defensa e Instituto de Historia y Cultura Naval, Madrid, 2001, pp.193-194.
7. María de los Dolores de Olañeta y Gordo. Nacida en Madrid hacia 1869 y fallecida el 21 de diciembre de 1947 en Barcelona. Fuente: Familia NUÑEZ.
8. María de los Dolores Núñez de Olañeta. Nacida el 12 de marzo de 1895 en Madrid, contraería matrimonio con Manuel Martínez Ballesteros, quien alcanzaría el empleo de Coronel de Infantería. Falleció el 18 de junio de 1977 en Madrid. Fuente: Familia NUÑEZ. 
9. Indalecio Núñez de Olañeta. Nacido el 9 de julio de 1896 en Madrid, contraería matrimonio con Josefina Quijano Bausá. Fue asesinado en Valencia el 29 de agosto de 1936, siendo Capitán del Regimiento de Infantería Guadalajara nº 10. Fuente: Familia NUÑEZ.
10. Sofía Núñez de Olañeta. Nacida el 6 de diciembre de 1897 en Carabanchel Alto (Madrid), contraería matrimonio con Hipólito Fernández Palacios quien alcanzaría el empleo de Teniente General del Ejército. Falleció el 16 de abril de 1985 en Santa Cruz de Tenerife. Fuente: Familia NUÑEZ.
11. Narciso de Olañeta y Bovés. Nació en La Habana. Contrajo matrimonio con Juliana Gordo y Giménez, natural de Villar del Olmo (Madrid). Se desconocen más datos. Fuente: Familia NUÑEZ.
12. José María Núñez y Quijano. Nacido el 24 de diciembre de 1866 en Matanzas (Cuba), contraería matrimonio con Matilde Rodríguez González, y fallecería el 24 de abril de 1937 en Madrid. En el momento de redactar el testamento, 11 de junio de 1898, era Teniente de Navío, y después de participar en el Combate de Cavite –acontecido el 1 de mayo anterior- como Oficial del Estado Mayor del Almirante Patricio Montojo Pasarán, pasó a Manila, hasta que fue repatriado en abril de 1899. Durante el citado combate, fueron heridos todos los timoneles del puente de gobierno del Crucero "Reina Cristina", buque insignia, por lo que tuvo que tomar la rueda del timón, y con una serenidad  digna del mayor elogio, siguió gobernando hasta finalizar el combate. Alcanzaría el empleo de Vicealmirante. Fuente: Hoja de Servicios, vía Santos Blanco Núñez.
13. Indalecio Núñez y Quijano. Nacido el 25 de noviembre de 1874 en San Juan de Puerto Rico, contraería matrimonio con Eva Iglesias Sierra, y fallecería el 19 de mayo de 1965 en El Ferrol. En el momento de redactar el testamento, 11 de junio de 1898, era Alférez de Navío y estaba destinado en el Batallón de Marinería que se había formado con los supervivientes de la Escuadra de Cavite. Dicho mes y el siguiente de julio, ese Batallón estaba en las trincheras que defendía la ciudad de Manila. Fue repatriado a España en abril de 1899. Alcanzaría el empleo de Vicealmirante. Fuente: Hoja de Servicios, vía Santos Blanco Núñez.
14. Jacobo Núñez y Quijano. Se desconocen más datos. Falleció, siendo todavía jóven, el 11 de junio de 1907 en Madrid. Fuente: Santos Blanco Núñez.
15. José Antonio de Olañeta y Gordo. Se desconocen datos.
16. Narciso de Olañeta y Gordo. Se desconocen datos.
17. Francisco Núñez y Quijano falleció a los 58 años de edad en Madrid, concretamente el 5 de octubre de 1928, siendo Contralmirante Jefe de la Sección de Personal del Ministerio de Marina. Además de los tres hijos ya citados tuvo otros cuatro más. Julia, fallecida al poco tiempo de nacer; Narciso, nacido el 10 de junio de 1902 en Cartagena (Murcia), que contraería matrimonio con María del Carmen García Pérez y que sería asesinado el 3 de agosto de 1936 en Mahón (Baleares) siendo Teniente de Navío y comandante del submarino B-1; María del Carmen, que contraería matrimonio con Juan de la Fuente Casares, ingeniero naval, fallecida el 15 de marzo de 1963 en Sevilla; y Francisco, nacido el 30 de junio de 1907 en Fuenterrabía (Guipúzcoa), que contraería matrimonio con María Josefa Lacaci Morris, y que llegaría a alcanzar el empleo de Contralmirante, falleciendo el 2 de julio de 1990 en Cartagena. Fuente: Familia Núñez.


lunes, 30 de mayo de 2016

BERNABÉ LÓPEZ CALLE, UN GUARDIA CIVIL, JEFE DE LA AGRUPACIÓN GUERRILLERA “FERMÍN GALAN”.




Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Revista Oficial "GUARDIA CIVIL", núm. 728, correspondiente al mes de diciembre de 2004, págs. 74-77.

El original está ilustrado con cuatro fotografías en color y una en blanco y negro.

Fue reproducido en la Revista "El Hacho", núm. 11, págs. 12-14, correspondiente al año 2005.

Uno de los aspectos menos conocidos en la historia del Maquis es la presencia de antiguos guardias civiles formando parte de sus “partidas”. 
Esta es la historia del más destacado de ellos.

Durante la década de los años 40 y principios de los 50 del siglo pasado, nuestro Cuerpo se vio obligado a librar una guerra “silenciosa y silenciada” contra un enemigo nada convencional. Unos lo denominaron “Maquis” a semejanza del movimiento de resistencia francesa surgido contra la invasión alemana durante la 2ª Guerra Mundial mientras que otros lo llamaron “Bandolerismo”. Actualmente la denominación que suele emplearse en los diferentes foros es el de “Guerrilla”, un vocablo por cierto bastante más español que el de “Maquis”.

Precisamente este año se ha cumplido el LX aniversario (1944-2004) de la “invasión” por el valle de Arán y que pretendió el levantamiento popular contra el régimen de entonces con el apoyo de los Aliados que se encontraban combatiendo a los alemanes al otro lado de los Pirineos. Sin embargo no se produjo ni lo uno ni lo otro y con el tiempo terminaron siendo abandonados incluso por sus propios dirigentes.

Entre los muchos aspectos poco conocidos de dicho periodo de nuestra historia, está la participación de guardias civiles al otro lado del monte, pero no integrando las famosas “contrapartidas” sino las mismas “partidas” de guerrilleros. Al igual que durante nuestra trágica Guerra Civil hubo miembros del Cuerpo a ambos lados de las trincheras, algo similar aconteció en la posguerra, aunque con una balanza mucho más descompensada.

La historia que hoy se aborda es la de uno de aquellos hombres, Bernabé López Calle -el “Comandante Abril”-, por cierto bastante atípico respecto al perfil de un antiguo agente del orden dada su militancia anarquista, y que llegó a ser el jefe de la Agrupación Guerrillera “Fermín Galán” que actuó entre las provincias de Cádiz y Málaga.

Sargento de Artillería y Guardia Civil de Caballería.

Bernabé nació el 30 de mayo de 1899 en la localidad malagueña de Montejaque e ingresó el 21 de febrero de 1921 en el Ejército para realizar el servicio militar obligatorio, siendo destinado al 4º Regimiento de Artillería Pesada en Córdoba, donde pronto destacó por sus aptitudes. Al año siguiente ascendió a cabo y dos más tarde al empleo de sargento al pasar a la Reserva, habiendo participado en las campañas de Marruecos.

Casado y con 25 años de edad, solicitó el 15 de septiembre de 1924 su ingreso en la Guardia Civil, “en clase de guardia 2º de Caballería con destino en cualquier Comandancia, con preferencia la de Málaga”, alegando como circunstancia especial “haber tomado parte en más de dos hechos de armas”. Los informes de antecedentes reservados adquiridos sobre su persona y familiares fueron favorables así como los recibidos del Ejército donde consta –en contra de lo habitual de la época- un buen grado de instrucción en lectura, escritura y aritmética, además de los propios en cuanto a disciplina militar y manejo del arma.

El 13 de diciembre se presentó en la comandancia malagueña –mandada entonces por el teniente coronel Antonio Ruiz Jiménez- donde fue sometido a examen consistente en dictado, lectura y diversas pruebas aritméticas que superó satisfactoriamente ingresando el 1 de febrero de 1925, siendo destinado a la Comandancia de Caballería del 21º Tercio de la Guardia Civil en Barcelona.

En la revista del mes de junio de ese mismo año fue trasladado con carácter forzoso a la Comandancia de Caballería del 4º Tercio en Sevilla, debiéndose encontrar bien en su nuevo destino ya que el 20 de septiembre renunció al derecho que tenía concedido para pasar al Escuadrón de Caballería de la Comandancia de Málaga.

En los años siguientes su expediente personal registra durante su actuación durante las tareas de extinción de un incendio, resultando lesionado. Los hechos ocurrieron el 27 de junio de 1929 con ocasión del siniestro sufrido en la fábrica de losetas de Manuel Barneto, sita en la población sevillana de Lora del Río, cuando bajo las órdenes de su comandante de puesto, el cabo Cristóbal Carranza Galván, “al subir a un tinglado que existe en la parte posterior de dicha fábrica el Guardia 2º Bernabé López Calle cayó a tierra produciéndose, según el médico D. Angel Miazza que en aquel sitio se encontraba y que lo reconoció, la dislocación del hombro derecho, manifestando el facultativo que por la carencia de medios para hacer la reducción, convendría fuese trasladado a esta Capital”.

Por otra parte, durante su destino en ese Tercio –mandado por el coronel Manuel Gómez García- su expediente personal recoge también un incidente por el que fue severamente sancionado, cuando prestaba provisionalmente sus servicios como ordenanza del teniente Ildefonso Martínez Gómez en la localidad de Lora del Río.

En la mañana del 11 de febrero de 1930, Bernabé, vestido de paisano –algo que tenían prohibido los guardias civiles de la época- se dirigió a la finca de “Las Lapas” donde se reunió con el guarda de la misma, Emilio Gómez Rodríguez, y un hijo de éste, provistos de escopetas para cazar furtivamente alguna pieza. 

Al no tener suerte se desplazaron al coto de “La Rejaquera”, donde fueron sorprendidos por el guarda jurado Juan Saldaña Recuero que estaba acompañado de Nicomedes Naranjo y de Lorenzo Vélez. Bernabé dio a conocer su condición de guardia civil y fueron autorizados a cazar los conejos que les aparecieran en su camino de salida de dicho coto, si bien no lo hicieron precisamente por el lado más corto. Pero poco después y en dicho rodeo, encontraron al citado guarda-jurado enzarzado a golpes con otro cazador que había sido también sorprendido furtivamente. Bernabé intervino para separarlos y restablecer el orden, quedando deacuerdo todos los presentes que dicho incidente sería olvidado sin más.

Sin embargo cuando al día siguiente el cabo comandante del puesto de Alcolea del Río se presentó de servicio por aquellos parajes, le faltó tiempo al guarda jurado del coto para contar el incidente. Incoadas las correspondientes diligencias ante el juzgado de instrucción por aquella agresión se localizó al mentado cazador que resultó ser un guardia municipal llamado Rafael Fernández Alvarez, mientras que el resto de los protagonistas fueron denunciados ante el juzgado municipal por una infracción a la ley de caza.

Conocida la condición de guardia civil de Bernabé, fue sancionado con un mes de arresto en calabozo ya que “ha cazado sabiendo que como individuo del Cuerpo le está prohibido incluso obtener licencia y abusar después de la autorización relativa que le concedió el que representaba al dueño y que con motivo de presenciar la lucha de un cazador con el guarda –sin poder intervenir como agente de la autoridad por que al cometer igual falta que los demás cazadores perdió la fuerza moral” así como trasladado a otro puesto, ya que ello no le originaría grave perjuicio, “toda vez que se encuentra en buena situación económica, y solamente tiene esposa y un hijo de corta edad”.

Hasta entonces Bernabé carecía de “nota desfavorable en su historial, observa buena conducta y merece igual concepto”. Tras cumplir el arresto de un mes en el calabozo fue trasladado al puesto de Trigueros en Huelva, “por haberse permitido cazar con varios paisanos”, según parte suscrito por su jefe de Comandancia, el teniente coronel Román Gómez Sánchez. Aquel castigo le decidió a solicitar que le fuera nuevamente concedido el derecho a pasar al Escuadrón de Caballería de Málaga.

En marzo de 1931 pasó por fin destinado allí, donde al mes siguiente le sorprendió la proclamación de la 2ª República, siéndole asignado el puesto de Antequera desde donde vivió sin mayor protagonismo todos los agitados y  turbulentos avatares del lustro siguiente hasta que el 18 de julio de 1936 se produjo la sublevación militar.

Guerra Civil y comandante del Ejército Popular de la República.

En los días siguientes, tras estar acuartelados bajo las órdenes del teniente Luis Muñoz Muruga que se mantuvo leal al gobierno de Madrid, guardias civiles y milicianos practicaron conjuntamente registros domiciliarios y detenciones entre los considerados desafectos a la República.

La actuación del propio Bernabé durante aquellas jornadas debió de ser clave según se desprende de una carta manuscrita suya, redactada en el frente de Madrid el 18 de diciembre de 1938 y dirigida al coronel Manuel Moreno Molina, presidente de la “Comisión Liquidadora de la disuelta Guardia Nacional Republicana”, (nueva denominación que se le había dado a la Guardia Civil en la zona gubernamental por Decreto del Ministerio de la Gobernación de 30-08-1936 y que por otro de 26-12-1936 fue disuelta y sus componentes pasaron a integrarse en el nuevo Cuerpo de Seguridad) a quien se dirigió en solicitud de certificación de su expediente personal para poder legalizar su situación y empleo ostentado ante el Ministerio de la Gobernación, ya que hace constar que “para premiar mi lealtad al Gobierno y a la causa del pueblo por cuyos hechos pidieron mi empleo de Capitán todas las organizaciones y partidos y de hecho me nombraron Jefe de todas las fuerzas militares y de milicias de aquella ciudad donde permanecí hasta la pérdida de ella y de toda la provincia de Málaga”.

El 20 de diciembre de 1938 -según certificación expedida por el capitán Ambrosio Rueda García, perteneciente al Cuerpo de Seguridad (Grupo Uniformado)- Bernabé ostentaba el empleo de “Mayor de Infantería en Campaña” (asimilado a Comandante) y se encontraba al mando del Batallón de Ametralladoras nº 17. El final de la contienda le sorprendió al frente de la 70ª Brigada Mixta de la que se hizo cargo tras el golpe del coronel Segismundo Casado López en Madrid y los encarnizados combates que hubo en marzo de 1939 entre anarquistas y comunistas.

Derrota, prisión y expulsión.

Detenido y conducido a Antequera se le instruyó por el teniente Pascual de Liñán, juez instructor del Juzgado Militar Permanente nº 16 de Málaga en Antequera, el procedimiento sumarísimo de urgencia nº 1.014-1939 por el delito de “Rebelión militar” y se decretó su prisión incondicional.

Por otra parte la Guardia Civil inició su propio procedimiento interno de depuración. Así el 24 de octubre de 1941 el Director General de la Guardia Civil, general de división Eliseo Alvarez Arenas, ordenaba a la Comandancia de Málaga, la instrucción de una “información depuradora para esclarecer la actuación y conducta que observara durante el dominio rojo”. El día 23 de diciembre el Director General acordaba “su expulsión de las filas del Cuerpo”.

Pero los asuntos pendientes de Bernabé con la justicia militar no habían finalizado todavía pues el 18 de mayo de 1942 el capitán general de la 3ª Región (Valencia), comunicaba a la Dirección General del Cuerpo que el juzgado militar nº 2 de dicha plaza había comenzado la instrucción del procedimiento nº 249-V-42, a la vez que por una parte se solicitaba su situación y destino, ya que se ignoraba su domicilio, informándose de que “dicho individuo tuvo su actuación en los primeros días del Glorioso Movimiento Nacional por los pueblos de Jimera de Liva (Málaga), Jimena y San Roque (Cádiz), siendo hermano de un tal Pedro que actuó por las sierras de Ronda con el bandido Flores Arocha, que era Teniente, habiéndose replegado al avance de las Gloriosas Fuerzas Nacionales hacia Málaga y después a Almería, desconociéndose más antecedentes del mismo”.

Por último el 7 de octubre de 1942 se incoó procedimiento sumarísimo nº 742 por el Juzgado Militar Eventual nº 7 de Ronda por el supuesto delito de asesinato cometido en diciembre de 1936 en Cartajima (Málaga) en la persona del falangista Blas Becerra García, entre cuyos encartados estaba Bernabé por haberlo entregado a los milicianos.

Jefe de la Agrupación Guerrillera “Fermín Galán”.

Ante la posibilidad de ser encarcelado Bernabé desapareció el 6 de abril de 1943 de su domicilio de Montejaque y se echó al monte como “guerrillero” acompañado de su hijo Miguel López García –próximo a realizar el servicio militar obligatorio- siendo declarado rebelde y publicada su requisitoria.

Bernabé tras varios años de vicisitudes con una “partida” anarquista que actuaba entre la zona del Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda, terminaría por unirse en febrero de 1949 –tras tres años de diversos contactos- con la agrupación comunista “Stalingrado” que lideraba Pablo Pérez Hidalgo (a) “Manolo el Rubio”, quien había tenido como segundo suyo de plena confianza a otro antiguo guardia civil llamado José Chicón Martínez, aunque éste finalmente terminó por entregarse a sus antiguos compañeros. De dicha unión surgió la efímera “Agrupación de Guerrilleros Fermín Galán”. Bernabé fue nombrado jefe de la misma mientras que Pablo lo fue del “Estado Mayor”.

Todas las vicisitudes –no exentas de muertes, atracos, secuestros y enfrentamientos armados- serían recogidas en dos importantes documentos: “Resumen del problema de Bandolerismo en la demarcación de la 237ª Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz desde el año 1947 al 1950”, y muy especialmente el extenso “Informe sobre Bandolerismo” emitido por el teniente coronel Roger Oliete Navarro, jefe de la expresada Comandancia y emitido el 25 de marzo de 1952, “en cumplimiento a lo ordenado por la Dirección General del Cuerpo, en Nota Informativa, número 90, de la 2ª Sección de Estado Mayor, de fecha 12 de enero de 1952”.

Traición y muerte en el monte.

En la noche del 30 de diciembre de 1949 la suerte cambió funestamente para Bernabé. Este se había desplazado junto a seis de sus hombres con la idea de secuestrar a Francisco Sánchez Sánchez, dueño del cortijo “Linares” y de Luis Lara Gerona, dueño del cortijo “Jurado”. 

Uno de aquellos, Francisco Fernández Cornejo (a) “Largo Mayo”, que había abandonado el campamento guerrillero con el pretexto de buscar comida, se presentó en la casa-cuartel de Medina Sidonia para delatar a su jefe y resto de compañeros de la partida. 

Por su esposa supo que la Guardia Civil se había presentado varias veces en su domicilio para prometer que si entregaba no le ocurriría nada. Anteriormente el 26 de febrero de 1945, su hermano Juan había sido detenido como cómplice del atraco a la finca “Alquería” acontecido el 28 de enero de ese mismo año y el 13 de marzo de 1946, su hermano José (a) “El Chiquito” había resultado muerto en un enfrentamiento con fuerzas del Cuerpo en la finca “Charco Dulce” y no quería terminar como ellos.

Inmediatamente se dieron las órdenes oportunas para establecer bajo el mando del teniente José Giraldo González, “Jefe de los Servicios de Represión de Bandoleros”, un dispositivo de cerco en la zona del “Cerro de la Atalaya” y concretamente en el paraje muy intrincado y de difícil acceso conocido por el “Haza del Cabezón” –donde estaba instalado el campamento guerrillero- con fuerzas de la Guardia Civil de dicha residencia, Benalup de Sidonia (Casas Viejas), Chiclana de la Frontera y Cádiz, siendo el propio “Largo Mayo”, vestido con uniforme de guardia civil para no ser reconocido, quien les guió hasta el mismo campamento.

Avistado el emplazamiento se inició al amanecer el ataque con el lanzamiento de varias granadas de mano seguido de abundante fuego de fusilería y subfusil. Los “guerrilleros” respondieron inmediatamente y durante varios minutos, aprovechando parte de ellos la confusión surgida para huir. Juan Ruiz Huercano (a) “El Capitán” cayó muerto al inicio por la metralla de las granadas y Bernabé a pesar de ser alcanzado por alguno de los disparos siguió defendiéndose haciendo fuego con una pistola hasta caer también muerto.

El resto de la partida –Miguel López García (a) “Joselillo” y “Darío” que terminó siendo asesinado de un disparo en la cabeza el 17 de noviembre de 1950 en la localidad gaditana de Zahara de la Sierra por Manuel Palma Mesa (a) “El Bigotes”, que también terminó delatando a sus compañeros, Juan Toledo Martínez (a) “Caracoles”, Alfonso Sánchez Gómez (a) “Potaje” y Juan Francisco Domínguez Gómez (a) “Pedro de Alcalá”- había huido aprovechando la confusión del combate y la accidentada orografía de la zona.

Los cadáveres de Bernabé y Huercano fueron trasladados esa misma mañana del día 31 hasta la localidad de Medina Sidonia en cuyo cementerio fueron enterrados posteriormente en una fosa anónima. 

Su inscripción en el registro civil de Medina Sidonia por Antonio de Zárraga Gómez -secretario del juzgado municipal- no se produjo hasta el 10 de enero de 1950, siendo Tomás Gámez Cárdenas el juez sustituto. Dichas inscripciones fueron practicadas “en virtud de Orden del Teniente Juez Instructor del Juzgado Eventual de esta plaza, de la 237ª Comandancia de la Guardia Civil”, al haber fallecido “a consecuencia de tiroteo sostenido con la Guardia Civil, según resulta del oficio de dicho Cuerpo”.

Respecto a “Largo Mayo” la Guardia Civil cumplió su promesa y no fue encarcelado ni sufrió castigo alguno, siendo autorizado, tras efectuar los trámites oportunos, a residir en el domicilio familiar, sito en la misma localidad, si bien continuó siendo confidente del Cuerpo hasta la desaparición del Maquis.


Desde entonces ha pasado más medio siglo y el antiguo guardia civil de Antequera que fue jefe de los “guerrilleros” forma ya parte de las leyendas que se cuentan por las sierras de Cádiz y Ronda.

viernes, 3 de abril de 2015

REVÓLVERES Y PISTOLAS EN LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS (1855-1955).



Recensión escrita por Jesús Núñez y publicada en la Revista profesional "GUARDIA CIVIL" núm. 728, correspondiente al mes de diciembre de 2004, pág. 103.

El original está ilustrado por una fotografía en color.


Juan Luis Calvó Pascual, conservador del Museo Militar de Barcelona sito en el Castillo de Montjuïc, es uno de los principales especialistas del armamento portátil español durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, tal y como ha venido acreditando desde hace muchos años a través de numerosos libros y artículos relacionados con dicha materia.

En esta ocasión su nueva obra –editada por el propio autor- que en su introducción rinde homenaje a la recientemente desaparecida Sección Catalana de la Asociación Española de Coleccionistas de Armas Históricas y Recuerdos Históricos EL CID, trata sobre las armas cortas de fuego –revólveres y pistolas- que fueron reglamentarias en las Fuerzas Armadas Españolas entre los años 1855 y 1955.

A lo largo de sus 104 páginas, impresas de papel de gran calidad, se hace un minucioso recorrido cronológico e histórico de las razones que originaron su elección así como el acierto o fracaso que supuso en cada caso y que se ven reflejados en reales ordenes, circulares y artículos publicados en su época, que en este libro se reproducen íntegramente de principio a fin.



La obra está ilustrada por numerosas ilustraciones de dibujos en blanco y negro, correspondientes a 28 modelos de revólver y 28 modelos de pistolas (semi-automáticas, automáticas y de señales) que han sido empleados en nuestros ejércitos en diferentes épocas, correspondiendo buena parte de ellos a los utilizados específicamente por la Guardia Civil, como por ejemplo el revólver Adams-Deans, el revólver Lefaucheux modelo 1863, el revólver tipo Smith&Wesson, las pistolas Star modelos 1920, 1921 y 1922, o la pistola ametralladora Astra modelo F.


 En definitiva nos encontramos ante una obra de obligada tenencia y consulta para toda persona aficionada o experta en la historia de nuestro armamento ligero, que el lector podrá adquirir a través de Internet en la web del propio autor: www.catalogacionarmas.com



Ficha bibliográfica: Revólveres y pistolas en las Fuerzas Armadas Españolas (1855-1955). Juan Luis Calvó Pascual. Barcelona. Depósito legal B. 40.411-2003. Web: www.catalogacionarmas.com. 

martes, 22 de julio de 2014

BERNABE LOPEZ CALLE: GUARDIA CIVIL, ANARQUISTA Y MAQUIS.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 14 de diciembre de 2004, pág. 34. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



En estos tiempos de "recuperación de la memoria histórica", hay una asignatura pendiente en nuestra provincia –entre otras muchas– que es la correspondiente a la del denominado, por unos, maquis o guerrilla o, simplemente, bandolerismo para otros, un fenómeno que tuvo su espacio en la década de los años 40 del pasado siglo XX.

¿Héroes o villanos? Al margen de la respuesta que cada lector quiera dar, hay que precisar que como suele ser habitual aquí tampoco hay verdades absolutas y de todo hubo en la sierra gaditana, teatro principal de "partidas" de guerrilleros y "contrapartidas" de guardias civiles.

Cuando finalizó la Guerra Civil, hubo entre los derrotados quienes nunca se rindieron. Dado que la oposición política contra el Régimen era inviable por razones obvias, optaron por la oposición armada con la confianza de que contarían con el apoyo de buena parte de la población así como con la esperanza de que los países Aliados que estaban combatiendo contra las potencias del Eje terminarían por intervenir en España para derrocar al general Franco. Vanas ilusiones que pronto se truncaron en frustración, pues ni unos ni otros respondieron a sus anhelos.

Este movimiento de oposición armada antifranquista estaba integrado, principalmente, por quienes, tras haber estado combatiendo contra los alemanes desde las filas del maquis francés, cruzaron los Pirineos a partir de 1944, así como por quienes desde el mismo 1 de abril de 1939, o después de salir de las cárceles o campos de concentración, decidieron volver a empuñar un arma, derramando hasta la última gota de su sangre por sus ideales.

Pero también se mezclaron entre ellos delincuentes que protagonizaron numerosos robos y asesinatos o aprovecharon la coyuntura para cometerlos. 

Todo ello, unido a una brutal represión contra quien osaba ayudarles, provocó un rechazo social de buena parte de la población convenientemente alentado por las autoridades franquistas. 

Finalmente, el abandono que sufrieron los últimos guerrilleros por sus propios dirigentes instalados cómodamente en el exilio al cambiar la estrategia antifranquista, que implicó cortar el apoyo económico y logístico, terminó por convertirlos en verdaderos bandoleros para poder sobrevivir en unas calamitosas condiciones hasta que fueron capturados o muertos.

Uno de aquellos hombres que actuaron en la sierra gaditana se llamaba Bernabé López Calle, Comandante Abril, y fue el jefe de la Agrupación Fermín Galán, denominada así en memoria del joven capitán de Infantería, nacido en San Fernando y que había muerto fusilado tras la frustrada sublevación republicana de Jaca en diciembre de 1930.

¿Pero quién era Bernabé? Hoy sabemos que nació el 30 de mayo de 1899 en la localidad malagueña de Montejaque, donde pasó toda su infancia y que, al cumplir la edad militar fue llamado a filas, donde participó desde 1921 en las campañas de Marruecos formando parte del grupo expedicionario cordobés del 4º Regimiento de Artillería Pesada, hasta que se licenció como sargento para la reserva en 1924.

Casado y con 26 años de edad, ingresó en la Guardia Civil, prestando sucesivamente servicio en las Comandancias de Caballería del 21º Tercio de Barcelona y del 4º Tercio de Sevilla. En este último destino sufrió dos vicisitudes encontradas: por un lado, resultó herido durante las tareas de extinción de un incendio en una fábrica y, por otro, fue arrestado y trasladado a Huelva como castigo tras un incidente en una finca cuando cazaba como furtivo.

En marzo de 1931, pasó destinado a Málaga, donde al mes siguiente le sorprendió la proclamación de la Segunda República y, posteriormente, la sublevación militar del 18 de julio de 1936, permaneciendo leal al Gobierno de Madrid en su puesto de Antequera junto a los demás guardias civiles.

Durante la Guerra Civil militó en la CNT, y llegó a alcanzar el empleo de "Mayor de Infantería en Campaña" (asimilado a Comandante) del Ejército Popular de la República y a mandar el Batallón de Ametralladoras nº 17, así como, al final, la legendaria 70ª Brigada Mixta, de procedencia anarquista y que había combatido a los comunistas hasta vencerlos tras el golpe del coronel Segismundo Casado en marzo de 1939 en Madrid.

Detenido y encarcelado al terminar la contienda, fue procesado por el delito de rebelión militar y expulsado de la Guardia Civil, siéndole incoados por la Justicia militar diversos procedimientos por su supuesta responsabilidad en varios sucesos.

Encontrándose en libertad provisional decidió echarse al monte en abril de 1943, acompañado de su hijo Miguel, llegando a formar su propia partida guerrillera de ascendencia anarquista. Tras varios años de andanzas entre la zona del Campo de Gibraltar y la Serranía de Ronda, terminó por fusionarse en febrero de 1949 con la partida comunista que lideraba Pablo Pérez Hidalgo, Manolo el Rubio, surgiendo la Agrupación Guerrillera Antifascista Fermín Galán, de la que fue nombrado su jefe y cuyas acciones se multiplicaron por toda la sierra gaditana.

En la noche del 30 de diciembre de ese mismo año, la suerte cambió definitiva y funestamente para Bernabé que se había desplazado con su partida a Medina Sidonia para secuestrar a Francisco Sánchez Sánchez, dueño del cortijo Linares, y a Luis Lara Gerona, dueño del cortijo Jurado, con el objeto de conseguir dinero para financiar sus acciones. Sin embargo uno de sus hombres, Francisco Fernández Cornejo, Largo Mayo, se presentó en la casa-cuartel de la Guardia Civil para delatarlo a cambio de obtener el perdón.

Organizado el cerco bajo el mando del teniente José Giraldo González sobre el Cerro de la Atalaya, se atacó al amanecer del día 31 el campamento guerrillero, sito en el intrincado paraje de Haza del Cabezón. Bernabé y sus hombres reaccionaron también disparando sus armas. Cuando cesó el tiroteo, yacían sin vida Bernabé, pistola en mano, y Juan Ruiz Huercano, El Capitán. Sus cuerpos fueron trasladados en mulo hasta Medina Sidonia en cuyo cementerio fueron enterrados en una fosa anónima.

El resto –Miguel López García, Joselillo; Juan Toledo Martínez, Caracoles; Alfonso Sánchez Gómez, Potaje, y Juan Francisco Domínguez Gómez, Pedro de Alcalá– había huido aprovechando la confusión. Miguel, el hijo de Bernabé, también moriría víctima de la traición. El 17 de noviembre de 1950 fue asesinado en Zahara de la Sierra de un disparo en la cabeza por el maquis Manuel Palma Mesa, El Bigotes antes de entregarse a la Guardia Civil.

Bernabé: ¿Héroe o villano? Pudo haberse reintegrado en la sociedad española de la posguerra y sobrevivido al igual que hicieron en muy precarias condiciones varios miles de guardias civiles y carabineros que fueron encarcelados y expulsados por su lealtad a la República.

Sin embargo escogió el camino más difícil, más duro y más peligroso, ...

La figura de un antiguo guardia civil de los tiempos de Alfonso XIII que combatió activamente en defensa de la República y abrazó el anarquismo para terminar convirtiéndose en el jefe de una partida guerrillera antifranquista hasta morir en enfrentamiento armado contra sus antiguos compañeros, no deja de resultar atractiva y fascinante, digna de protagonizar un guión cinematográfico o una novela histórica. Sin embargo, por ahora descansa anónimamente en el cementerio de Medina Sidonia.