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viernes, 26 de marzo de 2021

EL YIHADISMO Y EL NARCOTRÁFICO EN EL MEDITERRÁNEO


La Asociación Española de Militares Escritores (AEME) comienza este año la serie de Ciclos dedicados a la Seguridad y Defensa con el Ciclo 1/21 dedicado a la Seguridad en el Mediterráneo.

El Mare Nostrum, en  términos de seguridad, se caracteriza por ser una región donde los conflictos presentan una dimensión multidireccional, la línea de fractura más evidente es la norte-sur, en la que coexisten unos países con un notable aislamiento internacional, otros con guerras o conflictos civiles junto a algunos más que se pueden considerar como países “fallidos”.

En la Directiva de Política de Defensa 2020, del pasado mes de agosto se señala al Mediterráneo como una región de especial interés para España, donde la estabilidad continúa amenazada por los desafíos del terrorismo, la criminalidad y la debilidad de algunos estados.

Artículo escrito por Jesús Núñez para dicho Ciclo de AEME y publicado en su Página el 19 de marzo de 2021.


 

El yihadismo y el narcotráfico son dos de las amenazas más importantes que tienen España y el resto de la Unión Europea en el Mediterráneo.

 

La Estrategia de Seguridad Nacional 2017 es el marco de referencia vigente para nuestra política de Seguridad Nacional. El pasado julio desde el Departamento de Seguridad Nacional se difundió que arrancaba la renovación de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional 2021.

 

Con ello se daba cumplimiento a la Ley 36/2015, de Seguridad Nacional, que prevé la revisión de la Estrategia de Seguridad Nacional cada cinco años o cuando lo aconsejen las circunstancias cambiantes del entorno estratégico. El escenario creado por la actual pandemia del Covid-19 y otros factores, ha hecho necesario que no se vaya a agotar el plazo establecido de 2023 y se vuelvan a evaluar los ámbitos definidos en la Seguridad Nacional así como su interrelación. 

 

Pero hasta que se apruebe la Estrategia de Seguridad Nacional 2021 sigue vigente la mentada de 2017, donde aparecen precisamente las palabras “Mediterráneo”, “narcotráfico” y “terrorismo yihadista”. Y bien seguro que continuarán, incluso más fortalecidas en el nuevo marco de referencia.

 

Por otra parte, en la Estrategia de Seguridad Nacional 2013, ya se contemplaba la seguridad marítima como uno de los ámbitos de la Seguridad Nacional. Consecuente con ello, el Consejo de Seguridad Nacional, acordó aprobar la Estrategia de Seguridad Marítima Nacional, cuyo objetivo era “impulsar una política amplia de seguridad con la finalidad de proteger los intereses marítimos nacionales”.

 

En la primera categoría de riesgos y amenazas (“actos ilícitos contra la seguridad marítima”), contemplaba los tráficos ilícitos, sustentados en redes de crimen organizado, y el terrorismo. 

 

Respecto a los primeros, destaca la gravedad del tráfico de estupefacientes, se afirma que constituye uno de los más graves riesgos y amenazas para la Seguridad Nacional, tanto por sus consecuencias para el Estado, que debe dedicar numerosos recursos para su prevención y represión, así como para la vida de los ciudadanos.

 

Respecto al segundo se exponía que las características del medio marino lo convertían en un espacio particularmente favorable no sólo para la comisión de atentados, incluidos los de vector suicida, contra objetivos marítimos en movimiento, civiles y militares, infraestructuras bajo el agua o en el litoral, etc., sino también para su utilización como medio de infiltración de recursos humanos y materiales con fines terroristas. 

 

Diversos sucesos ya acaecidos lo acreditan. De hecho, hay que recordar la activación en Mediterráneo durante más de una década, de la Operación de la OTAN “ACTIVE ENDEAVOUR”, iniciada al invocarse el Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte (compromiso de “defensa colectiva”), tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos. Consistió en el establecimiento de medidas que contribuyeran a disuadir e impedir cualquier actividad terrorista así como proteger el tráfico mercante y las líneas de comunicación.

 

A dicha Operación le sucedió, a partir de 2016, la Operación “SEA GUARDIAN”, que tiene entre otros objetivos, las actividades de lucha contra el terrorismo, en particular mediante la interceptación y el abordaje de buques sospechosos. No es una operación del mentado artículo 5 y al igual que en la operación anterior, España también participa.

 

Regresando a nuestro contexto, el Consejo de Seguridad Nacional, que cuenta con el apoyo del Consejo Nacional de Seguridad Marítima, constituido en 2014, aprobó en 2019, diseñado con base en la mentada Estrategia de Seguridad Nacional 2017, el Plan de Acción de Seguridad Marítima. 

 

En su análisis de riesgos y amenazas a la seguridad marítima destaca, además de la intensidad con que se viene manifestando la inmigración irregular (no hay que olvidar las elevadas cifras del año anterior que motivó la creación de la “Autoridad Nacional de Coordinación de las actuaciones para hacer frente a la inmigración irregular en la zona del Estrecho de Gibraltar, mar de Alborán y aguas adyacentes”, liderada por un general de la Guardia Civil) y el tráfico de flujos ilícitos (narcotráfico) en un área de gran importancia estratégica como la citada. Ello, a su vez, dio lugar a la creación por el Ministerio del Interior, del Plan Especial de Seguridad del Campo de Gibraltar, cuyos pilares fundamentales son los Cuerpos de la Guardia Civil y Policía Nacional. 

 

En relación al narcotráfico en un escenario tan amplio como es el Mediterráneo, puede afirmarse que continuará siendo una amenaza durante los próximos años.

 

A este respecto hay que destacar que por la Agencia Europea de Control de Fronteras (FRONTEX) viene desarrollándose la Operación “INDALO”, liderada por la Guardia Civil y que desde junio pasado se han incorporado nuestras Fuerzas Armadas. Participan varios países y sus principales objetivos son controlar los flujos de inmigración irregular y luchar contra el crimen transfronterizo, entre el que se encuentra el tráfico marítimo de drogas, que tiene lugar en las costas y fronteras exteriores del sur de la península ibérica.

 

Las drogas, principalmente hachís y sus derivados, son transportadas desde el continente africano, vía marítima por el Mediterráneo, con destino Europea. Para ello las organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, utilizan medios de todo tipo, poseyendo importantes estructuras dotadas de los recursos humanos y materiales necesarios para llevar a cabo sus actividades delictivas.

 

En el caso de la droga que llega a los puertos, aprovechando el movimiento de buques de pasaje y mercantes, las cantidades de mayor importancia suelen transportarse principalmente ocultas en dobles fondos de vehículos de toda clase y contenedores de mercancías o bien disimulada entre su carga o equipaje. Cuando el punto de desembarco es la costa, bien playas o pequeños puertos pesqueros o deportivos, suelen utilizar principalmente embarcaciones recreativas, deportivas, pesqueras o de alta velocidad.

 

Para la ejecución de dicha actividad delincuencial, y en función de la modalidad de transporte o alijo utilizado, las organizaciones criminales están convenientemente estructuradas y coordinadas entre sí, contando con los recursos necesarios. Así, en origen tienen el personal que facilita y prepara convenientemente los medios de transporte a emplear, los que van a cargar la droga, los que vigilan para evitar ser sorprendidos, los encargados de su transporte, adquisición del combustible necesario para las embarcaciones y su traslado, etc. En destino, disponen también del personal necesario para vigilancia, proporcionar nuevos medios de transporte, descargar la droga y cargarla en los medios citados, transportarla a su destino o a “guarderías” que cuentan a su vez con personal para su vigilancia, adquisición del combustible necesario para las embarcaciones y su transporte, etc. 

 

Por otra parte, la desestabilización que han venido padeciendo diversos países del norte de África, a partir de las revueltas árabes, el avance del yihadismo al norte y al sur del Sahel así como la aparición de escenarios donde se han producido conflictos armados, todo lo cual conlleva potenciar la amenaza terrorista, ha obligado a analizar la vinculación de grupos terroristas, principalmente yihadistas, con el narcotráfico.

 

En relación a ello hay que decir que existen principalmente dos teorías, fruto del estudio realizado por los analistas. Unos aseguran que a través del narcotráfico procedente de África con destino Europa, a través del Mediterráneo, el terrorismo yihadista se viene financiando, siendo ésta una de sus fuentes de ingresos. Otros consideran que realmente son meras organizaciones criminales que utilizan la cobertura del yihadismo para amparar y justificar su lucrativo negocio del tráfico de drogas. 

 

Lo cierto es que narcotráfico y yihadismo son dos graves amenazas. 

 

 

viernes, 5 de septiembre de 2014

IRAQ, UN AÑO DESPUÉS DEL REPLIEGUE.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 19 de mayo de 2005, pág. 5.

Este mes se cumple un año del polémico repliegue de las tropas españolas desplegadas en Iraq. ¿Tuvieron que haber ido a aquella posguerra bajo sospecha y en aquel contexto? ¿Debieron marcharse de allí en la forma que lo hicieron?

Posiblemente ninguna de esas preguntas corresponda responderlas a los militares que cumplieron las órdenes emanadas de los gobiernos legítimos que en cada momento las dictaron, pero también hay que reconocer que no ha habido una cuestión de índole internacional que haya suscitado un debate de tal magnitud entre la opinión pública española.







Sin embargo, y al margen de tal polémica, la actuación y labor de nuestros contingentes en aquellas lejanas y peligrosas tierras, un año después de su regreso a España, sigue siendo una gran desconocida para la mayoría de los ciudadanos. ¿Sabe usted lo que realmente hicieron allí?


La verdad es que hubo pocos periodistas españoles para contarlo, y lo cierto es que muchos de esos militares lamentan haberse visto involuntariamente en el ojo de un huracán que no era el suyo, e incluso que desde algún sector se haya cuestionado por primera vez en una misión internacional su trabajo arriesgado, humanitario, meritorio y sacrificado pero, como siempre, desconocido.


Tras la victoria anglo-norteamericana sobre el dictador Sadam Hussein, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó el 22 de mayo de 2003 la Resolución 1.483, mediante la que se reconocía a ambas naciones su papel de potencias ocupantes de Iraq, a través de una conferida "Autoridad Provisional", reconociéndose asimismo la posibilidad de participación de otros países de forma que, sin tener la consideración de potencia ocupante, pudieran contribuir a garantizar la seguridad y estabilidad del país, así como a colaborar en su reconstrucción. Y España fue una de las más de treinta naciones que inicialmente acudieron a ese llamamiento.


Se ignora si los más de tres mil militares españoles que estuvieron en Iraq entre agosto de 2003 y mayo de 2004, repartidos en tres contingentes sucesivos, consideraron aquella guerra ilegal o no, pues entre otras cosas nunca se les encuestó al respecto, nunca participaron en ella y posiblemente nunca les correspondiera siquiera opinar sobre ello. Pero lo que sí que vi es que se sintieron muy orgullosos de ayudar al pueblo iraquí y nunca se consideraron ocupantes ni invasores. Y la verdad es que la mayoría de los habitantes de las provincias de An Nayaf y de Ad Qadisiyah tampoco se lo hicieron sentir.


Ha pasado un año desde que se marcharon de allí y frente a algún libro oportunista que pretenciosamente se vende como "una novela valiente sobre la presencia española en Iraq", cómodamente escrita a miles de kilómetros y sin conocer la realidad, algunos de sus protagonistas, los de verdad, los de carne y hueso, los que si han estado allí, los voluntarios, no los títeres frustrados y forzosos de pluma y papel, han empezado a contar sus propias experiencias en otros libros.


El primero en hacerlo ha sido el comandante de la Guardia Civil Eduardo Martínez Viqueira con su obra Recuerdos de Irak, presentada hace unos días en Madrid. Su muy recomendable lectura sorprenderá al lector, que se verá introducido, de forma amena y ágil a lo largo de más de 250 páginas, en el costumbrismo, la cultura, la historia, la religiosidad y la vida cotidiana local, reflejando perfectamente la idiosincrasia de sus habitantes así como en las actividades diarias de un grupo de militares españoles que entre agosto y diciembre de 2003 constituyeron en la provincia de An Najaf el denominado Equipo de Apoyo a la Autoridad Territorial Provisional iraquí, en áreas tan poco bélicas como las de agricultura y alimentación; educación, cultura y deportes; economía y hacienda; gestión de carburantes; gobierno y administraciones públicas; infraestructuras; justicia; sanidad; y seguridad pública.


Posiblemente tenga sólo el valor de narrar su experiencia personal, y su historia o visión no sea representativa, pero es la que él vivió intensamente. Y no es el único, pues otros militares están trabajando en diferentes proyectos literarios, algunos ya muy avanzados, sobre su desconocida labor en favor de la población iraquí, la única y verdadera víctima. Esto no ha ocurrido con otras misiones internacionales como Afganistán, Bosnia-Herzegovina o Kosovo, por ejemplo. ¿Por qué nuestros militares quieren o necesitan escribir sobre Iraq? ¿Por qué Iraq fue diferente?.

jueves, 24 de julio de 2014

UNA NOVELA "VALIENTE" SOBRE LA PRESENCIA ESPAÑOLA EN IRAQ.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 24 de enero de 2005, pág. 36.
Eso ponía en letras inmaculadas sobre una tira de papel de color azul que envolvía la portada de un libro de reciente edición, titulado "Invasor" que me regalaron estas Navidades.
Ya se sabe que dichas fechas son proclives para hacer regalos a los familiares y a las amistades, y desde luego un libro, un buen libro, siempre es una buena opción.
Así lo creo yo y así lo creía también la persona que me lo regaló, pensando además de buena fe que tras mis meses de reciente estancia en Iraq, el tema sería de mi agrado e interés.
Los que no son muy habituales a las librerías suelen deslumbrarse cuando se acercan a sus escaparates y ven los libros coquetamente expuestos, rivalizando unos con otros, por resultar más atractivos a los ojos del posible comprador, que no siempre lector.
Si se atreven a pasar al interior, su asombro e inquietud tal vez salten simultáneamente al ver alineados en sus estanterías o mesas y perfectamente alineados o desplegados a millares de libros. 
Ante la duda, si no se tiene una idea prefijada, lo normal es buscar algo relacionado con un tema que se crea de interés para el destinatario final, por lo que normalmente no queda más salida que dejarse guiar por una original portada o un sugerente título.
Sin embargo, a veces ello no es suficiente y se hace necesario por parte de la editorial dar un pequeño empujoncito y nada mejor para ello que una tira de papel que rodeando la portada contenga una brillante cifra que haga referencia a las ediciones publicadas, al elevado número de ejemplares vendidos o en su caso una estudiada frase que seduzca definitivamente sobre su contenido.
Desgraciadamente, y al igual que ocurre en otros órdenes de la vida, ni es oro todo lo que reluce ni todo es lo que se dice. Y esto es lo que pasó con nuestra valiente novela sobre la
presencia española en Iraq, pues nada más alejado de la verdad. La publicidad engañosa infecta por desgracia hasta nuestra literatura.
Y no es que su consagrado autor necesite ayuditas para vender libros pues en su nómina de escritor le figuran ya unas cuantas obras y premios, incluido un Nadal.
Mala pasada le ha jugado esta vez su editorial.
La novela tiene por protagonista a un sargento médico español que tras verse envuelto con su ambulancia en una sangrienta emboscada salva milagrosamente su vida y tiene que esconderse en una casa donde es gravemente herido no sin antes de matar con su pistola a dos ciudadanos iraquíes, uno de ellos casi un niño. 
Tras primeras páginas ya está evacuado en España y todo el resto del libro discurrirá sobre sus reflexiones y remordimientos. Y ....?, ya está.
No seré yo quien juzgue el laudatorio comentario editorial de la contraportada sobre la "prosa precisa y la extraordinaria pericia literaria" del autor quien como se dice líneas antes "ha querido significarse sobre la guerra ilegítima de Iraq", pero lo que sí que digo y firmo, con luz y taquígrafos, es que de novela valiente sobre la presencia española en Iraq nada de nada y que cualquier parecido con la realidad no es ni mera coincidencia pues siquiera esta existe.
He visto trabajar durante tres meses en Iraq, duro, muy duro, a nuestros médicos y sanitarios militares españoles, hombres y mujeres que arriesgando su vida en condiciones muy difíciles e ingratas, han sabido renovar con matrícula de honor su juramento hipocrático.
Les he visto, como los vi durante seis meses hace ya casi diez años en Bosnia en campos de refugiados y zonas devastadas, salvar muchas vidas de civiles indefensos que ni sus propios compatriotas querían atender o habían abandonado a su suerte.
Ellos sí son valientes, valientes de verdad, y no algunas novelas que se escriben cómodamente desde el ordenador de casa, sin haber visto nunca la cara a esa muerte horrible, despiadada y cruel de una población civil, siempre víctima en una guerra, por que todas ellas son injustas y quien diga lo contrario es un insensato o nunca ha estado en una.

lunes, 24 de marzo de 2014

LOS "ERRORES" DE LA MEMORIA HISTORICA LA VERDADERA HISTORIA DE TRES FUSILADOS.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 16 de marzo de 2003, pág. 17. 
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



Conocer la verdad de lo acontecido, devolver la dignidad a quienes se la arrebataron y serenar el corazón de quienes durante tantos años no tuvieron el consuelo de los desaparecidos es lo que desde hace un tiempo a esta parte se viene denominando "recuperar la memoria histórica".

A pesar de que nuestra Guerra Civil ha motivado posteriormente miles de libros y decenas de millares de artículos, sigue constituyendo un género que no tiene intención de agotarse y ello se debe en gran medida a que todavía quedan muchas historias por contarse. 

Es por ello que esa tarea de "recuperar la memoria histórica", sin revanchas ni manipulaciones, debe ser animada y apoyada sin fisuras por todos los estamentos de una sociedad plenamente democrática como la nuestra.

Sin embargo la falta de rigor y seriedad en tan noble tarea puede irse al traste y terminar por perder la generosa credibilidad que como cheque en blanco los españoles, y en este caso concreto los gaditanos, siempre están dispuestos a conceder a quienes buscan sin acritud la verdad.

El pasado 3 de noviembre y desde estas mismas páginas, dos personas afirmaban que como fruto de sus arduas investigaciones habían recopilado una trágica lista de 3.217 fusilados por el franquismo en esta capital. La larga nómina, según se hacía constar textualmente "la inicia Vicente Callejo Sánchez, fusilado en el muelle pesquero el 18 de julio de 1936, y la cierran Ildefonso Lozano Sánchez e Ildefonso Sánchez Sánchez, ajusticiados en Matagorda el 27 de diciembre de 1941".

La terrible y elevada cifra de la brutal represión denunciada conmocionó en un primer momento los estudios realizados hasta el momento sobre dicho tema ya que multiplicaba varias veces la cantidad hasta entonces contrastada. También se despertaron esperanzas entre aquellos que llevan más de seis décadas queriendo saber que fue de los suyos y donde fueron enterrados, ya que los libros del cementerio de San José apenas registran medio millar de fusilados.

Mientras las diversas y activas gestiones practicadas para acceder al novedoso listado resultaban infructuosas, los autores de aquella espeluznante investigación anunciaron ya como presidente y vicepresidente, la constitución de la Asociación de la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía, que por cierto no tardó en ser duramente cuestionada desde Madrid por Emilio Silva Barrera, presidente de la asociación nacional.

Pero las sorpresas no pararon aquí sino que la polémica ha quedado servida cuando se ha podido acreditar documentalmente la falsedad de que las tres únicas personas citadas con nombres y apellidos de aquella lista anunciada pero nunca vista, no sólo no fueron fusilados por la represión franquista, sino que se trataban de un ahogado varios días antes del inicio de la contienda y de dos soldados del bando nacional muertos durante un bombardeo republicano.

Vicente Callejo Sánchez no murió fusilado en el muelle pesquero el 18 de julio, donde por cierto aquel día por no moverse allí no se movieron ni los carabineros. 

Resulta que tal y como publicó DIARIO DE CADIZ en su edición del 16 de julio de 1936, este ciudadano tuvo la desgracia de morir ahogado en las aguas del recinto portuario, siendo rescatado su cadáver y trasladado "al Depósito de Santa Rosalía, lo que se efectuó en una camilla de la Asistencia Pública conducida por Ramón Troitiño, Baldomero Orozco, Manuel Lago y Jesús Rodríguez".

Gracias a la esquela, publicada también en DIARIO DE CADIZ, se pudo saber que el infortunado pertenecía "al comercio de esta plaza" y que dejó viuda, hijos, hermanas, hermanos políticos y primos, siendo su muerte muy sentida entre el gremio de restaurantes y café representado por Jesús Mantecón, Francisco Prida, José Antonio Callejo, Fernando Rubín, Lorenzo y Jesús Alonso, Emeterio Sañudo, Jesús Lamadrid y Dionisio Llaca. Sus restos recibieron cristiana sepultura el día 16 tal y como acredita el libro de registro del cementerio de San José.

Por otra parte, los dos últimos de aquella lista de represaliados, malamente podían cerrarla ya que tampoco murieron ajusticiados en Matagorda el 27 de diciembre de 1941. La verdad histórica fue que murieron cinco años antes, concretamente el 26 de diciembre de 1936, durante uno de los bombardeos que sufrió la ciudad de Cádiz por la aviación republicana. 

Se trataban de los soldados Ildefonso Lozano Sánchez e Ignacio Sánchez Sánchez, pertenecientes a la 4ª batería del Regimiento de Artillería de Costa nº 1 de Cádiz, destacados en Matagorda. Junto a ellos murieron también el cabo Fernando Ramos Lebrón, los soldados Juan Montero Díaz, Francisco Rey Vega, Andrés Romero Rodríguez y el guarda de la factoría José Gutiérrez Ortega. El libro del cementerio de San José testimonia que todos fueron enterrados allí al día siguiente.

En su recuerdo se inauguró el 28 de marzo de 1937 una lápida con la inscripción de sus nombres y la fecha del suceso, asistiendo a la ceremonia numerosas autoridades y comisiones civiles y militares. Precisamente sobre ello el historiador militar gaditano Miguel García Díaz tiene previsto publicar próximamente un extenso y documentado trabajo de investigación en una revista especializada.

Amén del sobresalto que debió llevarse algún familiar de estos tres miembros de esa larga e inédita lista de "represaliados" al leer que su pariente o antepasado no había muerto ahogado antes de la guerra o en un bombardeo republicano mientras servía a la causa del bando nacional, tal y como le habían contado desde pequeñito, sino que había sido fusilado durante la represión franquista, esperemos por respeto a la verdadera memoria histórica que a medida que se conozcan nuevos nombres no vuelvan a sucederse semejantes ridículos.

Desgraciadamente este tema es muy serio y existen todavía muchos represaliados de verdad, que fueron fusilados de noche junto a una tapia o al borde de un camino y que todavía sus familias no saben donde están sus restos. 

Por ello esos listados con los lugares donde fueron enterrados deben ser entregados cuanto antes a las correspondientes instituciones públicas para que con rigor y seriedad, sean contrastadas y se recupere la verdadera memoria histórica.

sábado, 22 de marzo de 2014

LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Sección de Tribuna Pública del "DIARIO DE CADIZ" del 5 de febrero de 2003. pág. 6.

Marco Tulio Cicerón era aquel escritor, orador y político de la antigua Roma que decía aquello de que la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. ¡Y qué verdad tenía!.

En los últimos meses, historiadores e investigadores de lo que fue la mayor tragedia española del siglo XX venimos asistiendo, e incluso en algunos casos participando, en la denominada "recuperación de la memoria histórica", para devolver la dignidad a quienes fueron asesinados por no pensar de una determinada manera, localizar sus restos y devolverlos a sus familiares para que por fin les den justa y definitiva sepultura. Hace casi siete décadas pudieron hacerlo los de un bando y ya era hora de que pudieran hacerlo los del otro.

Nuestra Guerra Civil, dicho sea en términos poco académicos, fue una completa salvajada en donde incluso miembros de una misma familia se vieron obligados a matarse los unos a los otros. En esto, siempre he dicho que ninguno de los dos bandos fraticidas pudo sentirse orgulloso de lo que ocurrió en su retaguardia ni el vencedor con su posguerra.

Y siempre que afirmo esto no puedo evitar acordarme de mi abuela paterna, una buena señora que cuando tenía 25 años de edad y estaba a punto de dar a luz a su cuarto hijo, presenció aterrorizada como una noche arrancaron del hogar a su marido, quien apenas pudo despedirse de unos niños que lloraban ante la irrupción y las voces de unos extraños armados.

Noches después su esposo fue asesinado y sus restos, que nunca pudieron ser recuperados, se mezclaron para la eternidad en una fosa común entre los de un centenar de desgraciados más que fueron inmolados bajo la misma luna de aquel verano de 1936. 

A mi abuela, al igual que a las demás nuevas jóvenes viudas, no se le permitió acercarse al lugar donde fueron sepultados hasta pasadas varias semanas, ni por supuesto, vestir de luto o depositar flor alguna durante el resto de la guerra.

También, aunque eso todavía no lo sabía, uno de sus cuñados había sido asesinado al otro lado de la orilla tras ser sacado de un barco-prisión, mientras otros dos eran encarcelados en siniestros y vetustos penales.

Pero su tragedia familiar no terminó ahí, pues los del otro bando -ni el odio ni la sinrazón distinguieron banderas- también habían asesinado un amanecer de aquel trágico verano a uno de sus tíos, dejando viuda en cinta y cinco pequeños huérfanos. 

La sangre de la familia siguió derramándose durante la guerra y con la llegada tres años después de la victoria de los unos sobre los otros, tampoco dejó de manar, pues otro de los hermanos de su madre fue uno de esos miles de fusilados en aquella despiadada represión que padeció el bando de los perdedores, dejando nueva viuda y dos huérfanos más.

Esta historia, que por desgracia no es exclusiva de mi abuela, es también la historia de otros muchos españoles y bastantes gaditanos, que enviudaron a golpe de descarga u orfanaron a cerrojazo de fusil. 

Casi siete décadas después aquella tragedia hoy sólo es historia de libro o al menos debería serlo, a pesar de que los rescoldos del silencio, el dolor, el miedo o el resentimiento, no se han apagado en todos los corazones.

Ahora parece ser que por fin ha llegado el momento, sin rencor y eso es muy importante, de que los que fueron sacados una noche de su casa y nunca volvieron a ser vistos por los suyos ni recuperados siquiera sus restos, puedan tener un reposo digno y definitivo en donde sean honrados por sus familiares. Una triste asignatura que incomprensiblemente todavía está pendiente.

Pero como en todo proyecto noble, existe la tentación del oportunismo, el riesgo del error, la tragedia de la negligencia e incluso la infamia de la falacia, por lo que los únicos remedios son la serenidad, el rigor, la verdad y el control.

Todos, y en especial las familias de las víctimas, tienen derecho a conocer lo acontecido y evitar que una vez más la historia sea prostituida. 

Por ello toda luz que se aportemos historiadores e investigadores siempre debe ser bien recibida, pero flaco favor hacen a la causa quienes con sus errores, intereses espúreos o mero oportunismo, pueden terminar siendo tachados cuanto menos de filibusteros de la palabra o mercaderes del dolor ajeno.

En la ciudad de Cádiz hubo pocos muertos de la guerra y muchos de la represión, lo cual no es ningún secreto pero hace tres meses los cimientos se conmocionaron cuando se difundió unilateralmente una cifra que multiplicaba por seis la que hasta ahora se había rigurosamente contrastado, incluso en una tesis doctoral todavía inédita, dándose fechas, nombres y datos de las primeras y últimas víctimas de una larga y desconocida nómina de 3.217 personas.

Sin embargo pronto se verificó documentalmente que ni fechas, ni nombres, ni datos eran ciertos. El honor a la verdad y el respeto a los muertos y sus familias exige que tales errores sean subsanados lo antes posible y que la terrible e inédita lista, si es que existe y es veraz, vea cuanto antes la luz, a fin de evitar zozobras propias y ajenas, pues desgraciadamente todavía hay muchas personas en Cádiz que siguen preguntándose que fue de sus padres o abuelos.

Por otra parte, determinadas instituciones públicas han empezado en algunas comunidades autónomas a plantearse subvencionar económicamente la respetable, costosa y necesaria tarea de recuperar esa parcela de la memoria histórica, habiendo comenzado paralelamente a surgir concencias alertando sobre la posibilidad de la aparición en el país de la picaresca, de los demagogos recalcitrantes, los oportunistas del pico y la pala así como de los exhumadores domingueros que se ofrecen como expertos desenterradores de fin de semana.

Esperemos que por el bien de la justicia y la verdad no se malogre esta oportunidad ni se desperdicie en fines inconfesables, para que definitivamente contribuya a que aquella guerra civil sea sólo historia, una trágica historia que nunca más debe volver a repetirse ni salir de los libros.

viernes, 21 de febrero de 2014

EL FUTURO DEL ARCHIVO DEL GENERAL VARELA.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Sección de Cultura del "DIARIO DE CADIZ" del 3 de mayo de 2001, pág. 50.
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

El Mundo está lleno de archivos, públicos y privados. En España hay también muchos archivos, oficiales y particulares. 

En cambio, Cádiz tiene pocos, muy pocos, tan pocos que casi se pueden contar con los dedos de las manos. Entre otras cosas, y ya se apuntó desde estas páginas hace algunos días, porque o bien se han quemado o se han llevado ..., a Inglaterra y Sevilla, por ejemplo.

Por ello es lógico el interés que viene despertando el futuro de lo que se ha venido a denominar el Archivo Varela, cuyo contenido y alcance, en toda su extensión y profundidad, sigue siendo todavía una gran incógnita.

La polémica, algo muy español, no ha tardado en brotar y enseguida han empezado a surgir defensores y detractores, algunos de ellos más enardecidos por lo que pudo representar la figura del bilaureado general, que por el verdadero conocimiento y valor histórico de los documentos que allí se guardan.

Cuando se habla de Historia, e Historia es Cultura, con mayúsculas, no se puede hacer con el corazón, aunque todos lo tengamos, sino desde el rigor y la veracidad. España ha sido un país con incuestionable tradición inquisitorial, no sólo eclesiástica, y desgraciadamente poco dado a valorar los legados que nos han ido dejando nuestros mayores.

Y así ocurre lo que ocurre, teniendo que recurrir historiadores e investigadores, con más frecuencia de lo deseable, a mil y una artes para reconstruir e interpretar un pasado al que la desidia, la necedad o incluso la maldad en muchas ocasiones, han hurtado numerosas piezas de tan preciado puzzle.

Por otro lado quien intente desacreditar el valor histórico, cultural y por qué no decirlo, también económico, ya que valer vale lo suyo, por el mero protagonismo del general Varela en nuestra desgraciada y trágica Guerra Civil se equivoca o muestra mala fe.

Por cierto, y para quien no lo sepa, Varelita, como cariñosamente lo bautizó el propio rey Alfonso XIII, cuando aquél siendo un joven y bilaureado capitán, procedente de soldado, rechazó humildemente los títulos nobiliarios que le ofrecía por sus heroicas gestas de Marruecos, era hijo de una sencilla y modesta familia que vivía en la calle San Rafael de nuestra vecina ciudad de San Fernando.

También para aquel que no lo sepa, Varela fue el único militar que mostró su sincero malestar a los generales Primo de Rivera y Franco, precisamente cuando ostentaban la mayor cota de poder político. 

Al primero le espetó públicamente, al finalizar un almuerzo en el campamento de la Legión en Ben Tieb, su disconformidad por su idea semiabandonista de Marruecos y al segundo le reprochó durante una tensa conversación, haber sustituido el tradicional ¡Viva España! por el ¡Arriba España!.

Pero volviendo a lo que de verdad interesa, que es el futuro del Archivo, actualmente en plena negociación entre nuestro Ayuntamiento y los hijos del general, sus actuales propietarios, esperemos que la flexibilidad por un lado y la generosidad por el otro, ya que sus peticiones no son económicas, permitan que pueda quedarse en esta ciudad y en su emplazamiento actual.

Su valioso contenido ha sido ya públicamente avalado por historiadores de la talla de Javier Tusell o deseado por otros como el británico Paul Preston. 

Tampoco puede dejar de citarse, aunque no estén en negociación, la magnífica colección de piezas y recuerdos personales del bilaureado general así como la impresionante biblioteca, posiblemente una de las más completas en temas africanistas, que junto al mencionado Archivo constituyen lo que su viuda, Casida de Ampuero Gandarias, denominaba Museo Varela e incluso Museo de Africa.

Con ocasión de un trabajo de investigación sobre un periodo crucial de la historia de Cádiz, tuve la oportunidad, gracias a la generosidad desinteresada de sus propietarios, de acceder a lo largo de algunos días al contenido de varios centenares de los miles de interesantes e inéditos documentos que guardan aquellas carpetas lujosamente encuadernadas en piel.

Modesto conocedor de diversos pasajes y periodos de la historia de España y Cádiz, quedé altamente sorprendido de lo que aquellos papeles contaban. 

Se trataban de informes, oficios, cartas, telegramas, fotografías, mapas, planos, etc., cuidadosa y cronológicamente ordenados, por fechas y temas, por la viuda del general a lo largo de muchos años. 

Su inédito contenido podría desbancar de las bibliotecas algunas de las obras escritas incluso por prestigiosos historiadores o alumbrar el nacimiento de otras nuevas que contarían con un material excepcional.

Un ejemplo de esto último, y por huir de lo bélico y ahondar en lo gaditano, sería la trágica explosión sufrida en la ciudad el 18 de agosto de 1947. 

El contenido de las carpetas dedicadas a aquella catástrofe, amenizadas por numerosos informes y cartas, entre las que cabe destacar las manuscritas por el entonces alcalde de Cádiz, Francisco Sánchez-Cossío, agradeciendo entre otras cosas la generosidad y ayuda del general Varela, bien podrían configurar una reveladora obra.

También, si se quiere buscar lo oriental y lo exótico combinado con lo inédito, se pueden encontrar las cartas del ministro imperial del Ejército del Japón, solicitando la entrada de España en la 2ª Guerra Mundial.

En definitiva, el Archivo Varela constituye una privilegiada fuente a la que, conveniente y previamente catalogada y microfilmada, al objeto de evitar interesadas y perniciosas sustracciones o mutilaciones, podrían acudir a beber los más variados historiadores e investigadores.

Estos, acostumbrados a viajar lo que sea necesario con tal de alcanzar aquello que buscan, podrán evidentemente marchar a cualquier otro punto de la geografía nacional o internacional para consultar el Archivo de Varela, pues sólo es cuestión de recursos económicos y tiempo, pero esperemos que gracias a la flexibilidad de unos y la generosidad de otros, estos fondos continúen en Cádiz y así cada vez vayan siendo más los archivos que podamos contar con los dedos de las manos.

domingo, 16 de febrero de 2014

RÉQUIEM POR LA BIBLIOTECA DEL GOBIERNO MILITAR DE CÁDIZ.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "Tribuna Libre" del "DIARIO DE CADIZ" del 17 de junio de 2000. pág. 6.

Triste pero cierto. Cádiz ha perdido su biblioteca histórica-militar, ¡la mejor y más completa en su materia de Andalucía!. El reportaje publicado el pasado domingo en el DIARIO DE CADIZ por Lalia González Santiago, constituye el mejor certificado de su defunción gaditana.

A partir de ahora, y esto es lo menos importante, los historiadores, investigadores y estudiantes de Cádiz, tendremos que viajar hasta Sevilla para poder consultar cualquiera de los miles de libros que empezaron a custodiarse desde el siglo XVI entre los muros de Puerta de Tierra.

Mientras tanto en Sevilla se han puesto muy contentos, ¡y no les falta razón!, pues han recibido, entre otros tesoros, perfectamente empaquetadas y catalogadas, la colección bibliográfica del Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército en Cádiz (siglos XVI-XIX) y la colección bibliográfica de la Biblioteca del antiguo Gobierno Militar de Cádiz.

No obstante parece ser que de momento el más contento de todos no es un sevillano sino un colega sudamericano que lleva varios años esperando en Sevilla poder investigar cosas de Cádiz. 

Según se comenta, desde que se lo comunicaron no ha dejado de dar saltos de alegría. La verdad es que si llego a saberlo antes, yo mismo le hubiera pagado el billete de tren o el peaje de la autopista, para que se acercara a Cádiz y le hubiese acompañado personalmente hasta el antiguo pabellón de Ingenieros para que pudiera continuar su investigación.

La verdad es que esto es muy serio y lo siento de corazón por todos los gaditanos en general y muy especialmente por ese grupo de militares y civiles gaditanos que con su cariño, dedicación, esmero, entusiasmo, ilusión y paciencia consiguieron formar esas dos magníficas colecciones bibliográficas que catalogaron tras más de dos años de trabajo cada una, Rosario Martínez López (Académica de la Real Academia de Bellas Artes y Bibliotecaria del Ayuntamiento de Cádiz) e Inmaculada Cano Révora (Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Cádiz).

En mi artículo publicado en el DIARIO DE CADIZ el pasado 19 de diciembre, "Alerta sobre la Biblioteca del Gobierno Militar gaditano", con el que me sumaba a la justificada inquietud denunciada por otros historiadores e investigadores, transcribía literalmente, entre otras, las siguientes palabras del coronel Ramón González Calvache, entonces Director de la desgraciadamente desaparecida Aula Militar de Cultura de Cádiz: 

"Con ambos catálogos sólo se ha pretendido dar a conocer un patrimonio cultural de un gran valor, tanto para la Ciudad (Cádiz), como para el Ejército, preservarlo de cualquier destino incierto por reorganización, traslado o disolución de la actual Jefatura Logística Territorial y permitir su consulta por eruditos y estudiosos".

Todavía ignoro por qué ha ocurrido lo que finalmente ha pasado, pero la verdad es que con tanto secretismo, en Cádiz no nos estábamos enterando de nada. 

Sólo había rumores que corrían de boca en boca. Sin embargo en Sevilla hacía mucho tiempo que ya lo sabían. Incluso un colega sudamericano no dejaba de preguntar cuando iban a llegar los dichosos libros de Cádiz.

Aquí, gracias al DIARIO DE CADIZ y a la meritoria investigación practicada por su redactora jefe de la sección de cultura, nos hemos enterado que los miles de libros gaditanos estaban desde hacía dos meses en la capital hermana.

Ingenuamente siempre albergué la esperanza de que se terminaría por suscribir algún convenio entre una institución, pública o privada, de nuestra ciudad y el Ejército, para que se quedaran en el edificio del antiguo Gobierno Militar o que ambas colecciones serían trasladadas, en el peor de los casos, al Archivo Regional Militar Intermedio en Camposoto, sito a poco más de diez kilómetros de Puerta de Tierra.

Me pregunto que hubiera pasado si se hubieran llevado a otra provincia los fondos de las bibliotecas Provincial y Municipal, Facultad de Medicina, Casino, casa de José María Pemán, la Biblioteca de Temas Gaditanos, ubicadas en nuestra ciudad, o de las del Real Observatorio de Marina o la del Almirante Lobo, sitas en la vecina localidad de San Fernando.

Sinceramente creo que todavía hay quienes no son conscientes de la pérdida tan irreparable que ha sufrido el patrimonio cultural gaditano. Tal vez, ha llegado la ocasión, aunque sea a título póstumo, de que hojeen siquiera, los dos catálogos de las colecciones bibliográficas que se han perdido para Cádiz y se han ganado para Sevilla.

De momento, por lo menos, un investigador sudamericano sigue dando saltos de alegría. A lo mejor nos queda el consuelo de que todo esto se termine convirtiendo en letra del próximo Carnaval.