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viernes, 24 de enero de 2014

FRANCISCO FENECH Y CORDONIE: EL PRIMER JEFE DE LA GUARDIA CIVIL CANARIA.



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el Suplemento Semanal "LA PRENSA" del Periódico "EL DIA" el 19 de septiembre de 1998, pág. 17. 


Introducción.


Por una Real Orden del Ministerio de la Guerra de fecha 6 de julio de 1898 se designaba al Comandante Don FRANCISCO FENECH Y CORDONIE para el mando de la recién creada Comandancia de la Guardia Civil de Canarias con residencia en Santa Cruz de Tenerife, entonces capital de la provincia.

Se trataba de un militar de reconocido prestigio y perfecto conocedor de la realidad insular como consecuencia de sus ocho años de permanencia anterior en la Milicia de Canarias.

Hijo del que llegara a ser Intendente de División de la Administración Militar, Don DEMETRIO FENECH Y HEREDIA y de Doña MARIA DE LA VICTORIA CORDONIE Y CORTES, había nacido en Gerona el 30 de diciembre de 1850.

Al frente de 6 Oficiales y 140 Guardias Civiles se le confió por el Teniente General Don ROMUALDO PALACIO Y GONZALEZ, Director General de la Guardia Civil, la misión de implantar y desplegar a la Benemérita en la única provincia del Reino en que todavía no se había hecho desde su fundación en 1844.


En las Milicias de Canarias.


El 1 de febrero de 1867, con tan sólo 16 años es nombrado por gracia especial del Capitán General del Distrito, Subteniente del Batallón Ligero Provisional de la Orotava nº 2 de las Milicias de Canarias.

La revolución de 1868, que supondría el fin del reinado de Isabel II, conllevaría como gracia general al adherirse las unidades militares al alzamiento nacional su ascenso al grado de Teniente de Milicias con antigüedad del 29 de septiembre de 1868.

Pero no sería hasta cuatro meses después cuando empezaría a percibir su primer sueldo regular. Como consecuencia del aumento de dos Compañías en el Batallón en que servía ocupó plaza efectiva del Alférez con el haber líquido mensual de 50 escudos.

El 19 de enero de 1870 ascendería por antigüedad al empleo de Teniente de Milicias de la 1ª Compañía, pasando al año siguiente destinado al Batallón Provincial de Guía nº 4 en la isla de Gran Canaria.

El 29 de diciembre de 1871 ascendería por antigüedad al empleo de Capitán de Milicias siendo destinado ochos meses después a Santa Cruz de Tenerife como Jefe del Depósito de prisioneros carlistas con un sueldo de 25 pesetas mensuales.

Cuando en octubre de 1873 se disuelve el Depósito pasó agregado sin sueldo al Batallón Provisional de Guía nº 1. A mediados del años siguiente y a petición propia pasa al Batallón Provincial de La Laguna nº 1 en clase de supernumerario, continuando no obstante como agregado sirviendo en el Provisional de Guía sin sueldo.

El 18 de febrero de 1875 alcanza por gracia especial el empleo de Teniente de Infantería pasando destinado al Regimiento de Infantería de Luchana.

Su ingreso en la Guardia Civil.

La Guardia Civil se había convertido ya en el Cuerpo militar de mayor prestigio del Ejército, cubriéndose sus cuadros de mandos con los mejores oficiales que solicitaban su pase voluntario.

El 1 de octubre de 1875 el Teniente FENECH, con 25 años de edad y 8 de experiencia militar consigue ingresar con el mismo empleo en el Benemérito Instituto siendo destinado al 9º Tercio (Valladolid).

El 23 de enero de 1878 alcanzaría el grado de Capitán del Ejército por gracia general, continuando en el empleo de Teniente de la Guardia Civil ocupando diferentes destinos en el 8º Tercio (Granada) y 16ª Tercio (Málaga) hasta finales de 1885.

Durante ese periodo compaginaría su mando de Jefe de Línea con las labores de Habilitado del 16º Tercio y Cajero de la Comandancia de Málaga.

El ascenso a Capitán de la Guardia Civil le llegaría el 1 de octubre de 1885 cuando mandaba la Línea de la capital de Málaga.


Capitán de Vélez-Málaga.


Destinado inicialmente a la Comandancia de Lérida no llegó a incorporarse a la misma ya que pocos días después era destinado nuevamente a la de Málaga.

A partir del 1 de enero de 1886 se hacía cargo del mando de la 3ª Compañía situada en Vélez-Málaga, en donde desarrollaría una notoria e importante labor de persecución del bandolerismo.

Se distinguiría por dirigir con gran eficacia las operaciones llevadas a cabo ante la banda del tristemente célebre MANUEL MELGAREZ.

En reconocimiento a sus éxitos contra dicha cuadrilla, la Reina Regente María Cristina, le recompensaría por Real Orden de 9 de febrero de 1887 con el empleo de Comandante del Ejército.

La ciudad de Vélez-Málaga, blanco principal de las fechorías de esos bandidos le ofreció como muestra de agradecimiento una espada de honor que por decisión de la Reina Regente fue autorizado para admitirla y usarla.

Durante los diez años que permanecería al mando de esa Compañía recibiría numerosas felicitaciones por culminar con éxito brillantes servicios.

En su Hoja de Servicios destacan felicitaciones del propio director General de la Guardia Civil por el descubrimiento y detención de los tres autores del robo de 2.225 pesetas de la época sufrido por un vecino de Vélez-Málaga llamado JUAN RAMOS así como por la captura de los autores del robo y asesinato de otra vecina llamada DOLORES MARIN.

En 1894 debido a la ausencia de sus superiores por diversas causas tuvo que marchar a la capital de Málaga como 2º Jefe Accidental de la Comandancia y poco después hacerse cargo de la mismo como Primer Jefe con idéntico carácter.

Por Real Orden de 8 de agosto de 1895 ascendería al empleo de Comandante de la Guardia Civil con la antigüedad del día 1 de julio anterior.


Jefe de las Comandancias de Guadalajara y Almería.


Tan solo nueve días después de salir publicado su ascenso en el Diario Oficial era destinado como Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Guadalajara perteneciente al 1º Tercio (Madrid).

Sin embargo apenas estaría en la misma unos meses ya que el Director General lo mandaría a la Comandancia de Málaga en comisión de servicio.

A su finalización sería destinado con fecha 19 de marzo de 1896 a la de Almería como Jefe. Allí permanecería hasta diciembre del año siguiente en que se dispuso su pase a la situación de reemplazo en la 2ª Región Militar.


Primer Jefe de la Comandancia de Canarias.


Encontrándose en dicha situación se dispone por una Real Orden de 1 de junio de 1898 su ingreso en activo cuando por turno le correspondiese.

Transcurrido apenas un mes y por otra de fecha 6 de julio es destinado como Primer Jefe de la Comandancia de la provincia de Canarias, creada por otra Real Orden dictada tan solo seis días antes.

Durante los cuatro años que estaría al frente de la Guardia Civil canaria iría desplegando los primeros Puestos por las islas del archipiélago. Su Comandancia, considerada a efectos de organización interna del Cuerpo como de 3ª categoría contaría inicialmente con una única Compañía cuya cabecera estaría en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria así como con el apoyo de una Sección de caballería.

Durante su mando recibió numerosas felicitaciones destacando las del año 1901 procedentes de la Reina Regente por los servicios prestados con motivo de una huelga de obreros, cargadores de carbón y estibadores de frutas y las del Director General de la Guardia Civil, por su distinguido comportamiento y acertada dirección en la extinción de un gran incendio declarado en los muelles de carga del puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Por Real Orden de 14 de febrero de 1902 sería promovido al empleo de Teniente Coronel de la Guardia Civil con antigüedad del 3 de enero anterior siendo destinado a la Comandancia de Cáceres.

Sin embargo por orden del Ministro de la Guerra remitida mediante telegrama al Capitán General de Canarias continuaría en Santa Cruz de Tenerife ejerciendo el mando de la Comandancia hasta que se incorporase el nuevo Comandante.


Jefe de las Comandancias de Cáceres y Tarragona.


El 1 de mayo de 1902 se incorporaría como Jefe de la Comandancia de Cáceres aunque también en este caso estuvo muy poco tiempo al frente de la misma.

Dos meses después se incorporaría a la de Tarragona como Jefe de la misma. Allí permanecería durante los seis años siguientes hasta que por una Real Orden de 4 de mayo de 1908 fue ascendido al empleo de Coronel de la Guardia Civil con antigüedad del 25 de abril anterior.


Jefe de los Tercios de Valladolid y Murcia.


Al ascender quedaría en situación de excedente en la 4ª Región Militar hasta que por una Real Orden de 29 de enero de 1909 fue destinado para mandar el 9º Tercio (Valladolid).

Por otra Real Orden de 9 de febrero de 1911 causó baja en el mismo y sería destinado al 15º Tercio (Murcia).

Ejerciendo el mando del mismo y por una Real Orden de 24 de abril de 1912 sería declarado apto para el ascenso a General aunque no llegaría a alcanzar tan merecido empleo.

El 30 de diciembre de 1912, al cumplir los 62 años de edad causaría baja en la Guardia Civil al pasar a la situación de retirado por alcanzar la edad reglamentaria.

El Consejo Supremo de Guerra y Marina, tras 45 años y 11 meses de servicio a España le fijaría una pensión mensual de 600 pesetas a percibir por la Delegación de Hacienda de Murcia, ciudad en la que fijaría su retiro.


Cien años después.


En el Centenario de la creación de la Guardia Civil de Canarias sería injusto no haber dedicado estas líneas a quien fuera su Primer Jefe.

Conceptuado por sus Superiores como militar de valor acreditado, aplicado, capaz y siempre dispuesto para el servicio, de conducta intachable y con un elevado conocimiento de su profesión sería condecorado en numerosas ocasiones.

En su Hoja de Servicios le constan dos Cruces Blancas de 1ª Clase del Mérito Militar, una Medalla de Alfonso XII, la Cruz de Carlos III, la Medalla Conmemorativa de la Jura del Rey Alfonso XIII, la Cruz y Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo así como el nombramiento de Benemérito de la Patria.

Hoy, cien años después, podemos leer encabezando la Orla de Honor situada en la 16ª Zona de la Guardia Civil de Canarias el nombre y apellidos de quien sería el primero de los Jefes del Benemérito Instituto que velaría por el Orden y la Ley en nuestro Archipiélago.

miércoles, 22 de enero de 2014

LA GUARDIA CIVIL EN LA EXPLOSION DE 1947


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 6 de septiembre de 1998, págs. 12-13.
El original está ilustrado con tres fotografías en blanco y negro.

En la noche del 18 de agosto de 1947 la ciudad de Cádiz se vio violentamente sacudida por una impresionante explosión acontecida en el depósito de minas de la Base de Defensas Submarinas de la Marina de Guerra. Su balance no pudo ser más desolador: cerca de 200 muertos, casi 5.000 heridos de diversa consideración y una parte de la ciudad destruida por completo. Fue la mayor catástrofe de la posguerra. La Guardia Civil gaditana hizo honor en aquella fatídica noche y en los tristes días que le sucedieron a su sobrenombre de "Benemérita".

Introducción.

El 18 de agosto de 1947, hace ya 51 años, la Guardia Civil gaditana estaba entregada a la persecución del bandolerismo que desde el final de la guerra civil venia azotando su sierra.

Su Teniente Coronel, ROGER OLIETE NAVARRO, Primer Jefe de la entonces denominada 237ª Comandancia se encontraba por tal motivo, concentrado en la localidad de Medina Sidonia desde el día 4 de enero de 1946.

El Teniente General CAMILO ALONSO VEGA, Director General de la Guardia Civil había ordenado en un radiograma de fecha 20 de diciembre de 1945, confirmado por escrito número 1.678 del día siguiente, que dicho Jefe trasladase su Puesto de Mando con carácter permanente a esa población.

La razón de ello era dirigir desde un punto más avanzado que el acuartelamiento capitalino enclavado entonces en la calle Zaragoza, las acciones contra las partidas de bandoleros.

A partir de ese día dirigiría desde allí la Comandancia gaditana, dejando inicialmente al Comandante 2ª Jefe de la misma, FRANCISCO MARTINEZ ROSELLO, encargado del despacho de la correspondencia oficial.

En este último cometido se irían sucediendo el también Comandante JULIO SALOM SANCHEZ y muy especialmente el de igual empleo y 2ª Jefe en aquella noche trágica, JOSE ARIAS GARIN.

El Teniente Coronel OLIETE era un militar de reconocido prestigio y valor reiteradamente acreditado desde que el 18 de septiembre de 1925, con sólo 22 años, tomara parte activa como Alférez de Infantería en el desembarco de Alhucemas al mando de su Sección.

El Director General de la Benemérita sabía muy bien a quien había enviado para dirigir a la Guardia Civil gaditana. Su presencia al frente de la misma desde el 12 de agosto de 1945 hasta el 25 de agosto de 1952 fue determinante para la erradicación del bandolerismo en nuestra sierra.

Un detallado informe elevado a sus superiores el 25 de marzo de 1952 constituyó con el paso del tiempo la pieza fundamental para reconstruir esa parte de la historia de la provincia de Cádiz.


La Guardia Civil gaditana en agosto de 1947.


La 237ª Comandancia se encontraba encuadrada entones en el 37º Tercio de la Guardia Civil con residencia en Málaga.

Su Coronel, ANDRES GARCIA GARCIA, había estado en Cádiz tan sólo cinco días antes de la Explosión. El 13 de agosto de 1947 había revistado la Comandancia en ordinaria y sin novedad.

Contaba en aquella época con 10 Compañías cuyas cabeceras estaban en las poblaciones de Cádiz, San Fernando, Chiclana de la Frontera , El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Jerez de la Frontera, Villamartín, Olvera, Ubrique y Puerto de Cádiz.

A la vista de los datos estadísticos de la época en cuanto a actuaciones de tipo policial se refiere, reflejan que aquel mes de agosto no sufrieron apenas variación respecto a los del resto de 1947.

El resumen de los servicios prestados por la 237ª Comandancia durante el mes de agosto arrojaba el siguiente resultado: 66 detenidos por diferentes delitos, 6 requisitoriados capturados, 23 detenidos por pastoreo abusivo, 16 detenidos por daños a los montes y los frutos, 109 denuncias por infracciones a las legislaciones de caza, tasas, carreteras y carruajes entre otras, 4 escopetas y un cuchillo intervenidos, 33 conducciones de presos, 4 denuncias por daños en los montes y roturaciones, 131 denuncias por ganado pastando sin autorización y 20 actas levantadas por infracciones de contrabando, capturándose a 27 reos con un total de 279 kilogramos de tabaco, 60 de plantas de tabaco, 3 de azúcar y 84 de café aprehendidos.

Respecto a la lucha contra el bandolerismo el mes de agosto fue un mes muy tranquilo en la provincia.

Asesinatos, atracos, robos, secuestros y extorsiones se habían ido produciendo durante las primeros siete meses del año en poblaciones como Alcalá de los Gazules, Alcalá del Valle, Algodonales, La Barca de la Florida, Benaocaz, Bornos, Grazalema, Jerez de la Frontera, Medina Sidonia, Olvera, San José del Valle, Tarifa, y muy especialmente Ubrique.

Ello había motivado diversos enfrentamientos armados con las fuerzas de la Guardia Civil con el resultado de siete bandoleros muertos y cerca de medio centenar, incluidos encubridores y enlaces, detenidos.

En el mes de agosto se detectó tan sólo un intento de extorsión contra un vecino de Jerez de la Frontera al que se le exigía el pago de 5.000 pesetas de las de entonces, siendo detenida la persona que fue a recoger el dinero y que resultó tratarse de un menor de edad.

La noche del 18 de agosto de 1947.


Aquella trágica noche, perfectamente relatada y documentada por el periodista de este Diario, JOSE ANTONIO HIDALGO VIAÑA en su libro "CADIZ 1947. LA EXPLOSION", la Guardia Civil al igual que el resto de las fuerzas civiles y militares de la ciudad y de la provincia se lanzaron en auxilio y protección de las víctimas.

El artículo 6º de la Cartilla del Guardia Civil que data de 1845 dice: "Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido".

Tan benemérito espíritu quedó sobradamente acreditado esa noche de agosto. Ls fríos pero rigurosos datos de la documentación interna del Cuerpo relativos a la época así lo demuestran.

La Guardia Civil gaditana realizó en la noche del 18 de agosto y su mañana siguiente un total de 523 servicios humanitarios.

Dado que para contabilizarse como tal servicio debían tratarse expresamente de un auxilio prestado a heridos, por incendios, inundaciones y otros conceptos de salvamento, la normativa del Instituto exigía al objeto de evitar cualquier intento de inflación numérica que cada hecho estuviera contrastado con datos detallados del lugar, día, hora e identidades de la fuerza interviniente y de las víctimas.

Prueba de la seriedad y rigurosidad de esos datos es que en los otros 11 meses del año 1947 tan sólo constan prestados por la 237ª Comandancia 5 servicios humanitarios (uno en cada uno de los meses de febrero, marzo y abril y dos en el de noviembre). En el resto de España aquel mes de agosto sólo se practicaron 61 servicios humanitarios.

Debido precisamente al elevado número de auxilios que se prestaron con motivo de la explosión de la Base de Defensas Submarinas, no fue posible incluirlos en el resumen nacional relativo al mes de agosto firmado por el Director General de la Guardia Civil el 4 de septiembre de 1947. Tuvieron que ser incluidos en el resumen que firmó el día 14 del mes siguiente.

Aquella noche del día 18 de agosto parecía que iba a ser tranquila como había venido sucediendo con las del resto del mes cuando de repente el cielo estrellado se volvió rojo.
El Teniente Coronel OLIETE se encontraba todavía en Cádiz y no había vuelto a incorporarse a su Puesto de Mando avanzado en Medina Sidonia. Había estado acompañando al Coronel GARCIA en su revista de inspección a la Comandancia y se encontraba realizando los preparativos de su boda.

El 18 de junio le había sido concedida por el Ministro del Ejército la licencia oportuna para contraer matrimonio con ISABEL SANCHEZ DE ALBA MERENCIO, perteneciente a una conocida familia de la provincia y quien junto a su tío JOSE MERENCIO TROYA sería secuestrada casi dos años después durante unas horas por los bandoleros. Estos ignoraban que se trataba de la esposa de su peor enemigo y sólo se preocuparon afortunadamente de extorsionar a su pariente.

Al estremecerse la ciudad entera por la Explosión, el Teniente Coronel OLIETE reaccionó inmediatamente y al igual que hicieran el resto de los responsables civiles y militares, empezó a organizar la labor de sus hombres.

Las Casas-Cuarteles así como otras dependencias oficiales de la Benemérita en Cádiz y poblaciones cercanas fueron también gravemente afectadas por la onda explosiva.

En un minucioso informe suscrito el 10 de septiembre de 1947 por el Teniente Coronel OLIETE y dirigido a la Jefatura de Acuartelamiento y Obras de la Dirección General del Cuerpo, se relacionan los daños sufridos en 14 de ellos que eran propiedad del Instituto.

Los ocasionados en el resto de las dependencias de la Guardia Civil, propiedad de los ayuntamientos o de particulares, irían en relación aparte.

En el primer informe citado se detallan exhaustivamente los desperfectos registrados en los pertenecientes a la 1ª Compañía de Cádiz (Puesto de El Chato y Caseta del Blanco), a la 2ª Compañía de San Fernando (Puesto de Chupones), a la 4ª Compañía de El Puerto de Santa María (Casa-Cuartel sita en el paseo de la Victoria, Puestos de Fuerte Ciudad, La Bermeja, La Puntilla, La Almadraba y La Gallina), a la 5ª Compañía de Sanlúcar de Barrameda (Puesto de Bonanza) así como el acuartelamiento de la Plana Mayor de la 10ª Compañía del Puerto de Cádiz y el Cuartelillo del Astillero que quedó completamente destruido.

Todos los Guardias Civiles como todo Cádiz, se echaron a la calle siéndoles asignadas diferentes misiones. En unos casos contribuyeron al rescate directo de víctimas bajo los escombros y evacuación de los heridos mientras que en otros establecieron cordones de seguridad alrededor de las zonas siniestradas al objeto de evitar los actos de pillaje.
También se establecieron patrullas por las playas en donde se refugió gran parte de la población y a la entrada de la ciudad para controlar y facilitar el continuo movimiento de vehículos con heridos, refuerzos y material de ayuda.

Los periódicos de aquellos días recogen en sus crónicas la participación de la Guardia Civil junto al resto de las fuerzas vivas.

Así se podían leer en el "DIARIO DE CADIZ", "EL CORREO ANDALUZ", "PUEBLO", "ARRIBA", "ABC", "INFORMACIONES", "DIARIO DE MENORCA" y un largo etcétera gracias a los corresponsales de las agencias de noticias MENCHETA y CIFRA, frases como las siguientes.

"Un verdadero hormiguero de fuerzas del Ejército, de la Marina, Guardia Civil, Policía Armada, Cruz Roja y paisanos trabajan denodadamente en el salvamento de los siniestrados"; "Cooperaron en los trabajos de extinción y salvamento de las víctimas, fuerzas del Ejército y la Guardia Civil"; "Rápidamente actuaron las autoridades. El Ejército y la Guardia Civil se pusieron en movimiento", etc.

Respecto al acordonamiento que se hizo de la zona es sumamente significativo las crónicas publicadas en el diario "ABC" el 21 de agosto de 1947: "Hemos querido de nuevo visitar el foco de la catástrofe. Toda la zona que empieza en Bahía Blanca y llega a la Plaza de Toros está tomada por la Guardia Civil y la Marina. Está el acceso rigurosamente prohibido".

Pero tal vez el más ilustrativo de todos los relatos que mejor demuestran el esfuerzo y sacrificio de aquellos Guardias Civiles lo hace el periodista MARTIN ABIZANDA en su crónica publicada el 21 de agosto en el número extraordinario de "SEMANA".

"He charlado con un Guardia Civil que permanece en pie semiapoyado en su fusil. Noto como el cansancio y el sueño luchan contra él. Pero insisto, es verdad que en el hombre Dios infiltra, cuando su divino designio lo considera necesario, una secreta fuerza que le permite sostenerse".

Guardias Civiles de los Puestos próximos fueron concentrados en la ciudad para colaborar en las tareas de rescate y seguridad así como en la vigilancia de las carreteras de acceso.

El Teniente Coronel OLIETE autorizó que entre aquellos estuvieran los destinados en otras poblaciones de la provincia y que tuvieran familiares entre los damnificados al objeto de poder estar más cerca de ellos.

Hoy, 51 años después, aquellos 523 servicios humanitarios nos recuerdan que la Guardia Civil haciendo honor al sobrenombre de "Benemérita" que le puso el pueblo llano supo ser una vez más "un pronóstico feliz para el afligido".