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martes, 31 de marzo de 2020

TENIENTE CORONEL DE LA GUARDIA CIVIL JESÚS GAYOSO REY (1971-2020). ¡SIEMPRE GAR!.


Obituario escrito por Jesús Núñez, publicado en "DIARIO DE CÁDIZ", "DIARIO DE JEREZ" y "EUROPA SUR", el 30 de marzo de 2020, págs. 9, 7 y 13, respectivamente.


El pasado viernes voló por las redes sociales la triste noticia del fallecimiento, a causa del COVID-19, del teniente coronel Jesús Gayoso Rey, jefe del Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil. Para todo el que lo hubiera conocido y tratado, bien seguro que su corazón habrá quedado rasgado por tan irreparable pérdida. Y para todo español de bien, que no hubiera tenido la fortuna de los anteriores, bien seguro que también lo habrá sentido, al igual que todos sentimos esta terrible sangría de millares de personas que están cayendo víctimas de la maldita pandemia.

A los primeros estas breves líneas no les van a descubrir nada nuevo, pues todos conocíamos sus altas capacidades, sus firmes fortalezas y su inquebrantable espíritu de servicio y amor a la profesión. Él era siempre de los que formaban parte de la solución y nunca parte del problema. 

En estos largos días de su incansable lucha contra el virus traidor se ha difundido una frase de Napoleón que a él le gustaba repetir: “Si construyes un ejército de 100 leones liderados por un perro, en cualquier batalla, los leones morirán como un perro. Pero si construyes un ejército de 100 perros y su líder es un león, todos los perros pelearán como leones”. 

Él era un león, que es el rey de la selva, y lo sabía pero no presumía de ello, pues era el líder nato que todo el mundo desea tener en toda situación y momento, y sobre todo, cuando las cosas vienen mal dadas. Pero también sabía, mejor que nadie que ese león no mandaba un ejército formado por perros que se enardecieran con su ejemplo, sino que era un ejército de leones. Y eso era y es el GAR, pues ello constituye su mayor fortaleza, un ejército de leones liderado por el mejor león de todos ellos.

Los habitantes de la provincia de Cádiz en general, y los del Campo de Gibraltar tienen mucho que agradecer y reconocer al teniente coronel Gayoso, ya que ha sido y representado uno de los más sólidos pilares de lo que hoy es conocido como el plan especial de seguridad, que ha marcado un antes y un después en la lucha contra el narcotráfico.

En los meses de mayo y junio de 2017 fue uno de los principales artífices del planeamiento de lo que comenzó a llamarse “Operación Tarik”, como respuesta robusta de la Guardia Civil a la situación existente, y que al darse de forma integral desde el Ministerio del Interior terminó desembocando en lo que hoy es el plan especial de seguridad del Campo de Gibraltar. 

Fruto de aquellos primeros meses que siguieron al despliegue del GAR en el Campo de Gibraltar, en apoyo de la Comandancia de Algeciras, llegaron los primeros resultados. Cada vez que venía, era habitual ver al teniente coronel Gayoso, de día y de noche, compartiendo sobre el terreno con sus hombres, toda clase de inclemencias meteorológicas. Y cuando amanecía, sin haber dormido, se presentaba en la Comandancia para exponer lo realizado. 

Solía repetir que el Campo de Gibraltar era “Territorio GAR”, pues se trata de una Comarca donde el 93% de su superficie es responsabilidad de la Guardia Civil en materia de seguridad ciudadana. Y gracias a esa Unidad junto al esfuerzo realizado por la propia Comandancia y el importante apoyo recibido en materia de investigación, la situación fue cambiando.

El primer reconocimiento público vino en diciembre de ese mismo año con motivo de la conmemoración del Día de la Constitución que celebró la Subdelegación del Gobierno en Cádiz. Durante el acto llevado a cabo en la Zona Franca, el delegado del Gobierno entregó al teniente coronel Gayoso la distinción que correspondía a la Comandancia de Algeciras. 

Se había pedido desde la Subdelegación que se propusiera una unidad del Campo de Gibraltar, al igual que se había solicitado otra de la Comandancia de Cádiz. Desde la de Algeciras, que cuenta con un millar de hombres y mujeres que todos los días dan lo mejor de sí mismos, se propuso al GAR, pues era el mejor homenaje y gesto de agradecimiento que le podían ofrecer todos ellos a sus compañeros.

Y la lucha contra el narco continuó con éxito contando con el robusto apoyo del GAR, que fue extendiendo su actuación al resto de la provincia y por lo tanto en apoyo también de la Comandancia de Cádiz.

Muchas gracias mi teniente coronel por tu ejemplo, tu vocación, tu servicio y tu amor a la profesión. Todos los gaditanos de bien en esta provincia te lo agradecen de corazón. ¡Siempre GAR!.




LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (VIII). LOS SERVICIOS MÁS DESTACADOS (1869-1879).

CLXXV Aniversario “Cartilla del Guardia Civil” (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 25, el 30 de marzo de 2020.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


En 1869 se cumplía el XXV aniversario de la fundación del benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, pudiendo considerarse ya una institución de seguridad pública plenamente asentada y con un consolidado prestigio. Todo ello contribuiría, junto a su bien saber hacer, a su supervivencia primero, y a su fortalecimiento después, durante los difíciles avatares políticos y sociales que quedaban todavía por acontecer en la convulsa España del siglo XIX.

No hay que olvidar que tan sólo unos meses antes, en septiembre de 1868, los generales Juan Prim Prats y Francisco Serrano Domínguez, junto a la escuadra del almirante Juan Bautista Topete Carballo, escogiendo la capital gaditana como epicentro, se habían sublevado contra Isabel II. Triunfado el alzamiento militar, la reina se exilió seguidamente, dando paso a lo que ha sido conocido como el Sexenio Democrático (1868-1874). 

Mientras tanto la Guardia Civil, siempre fiel a su deber, continuaba velando por el orden y la ley bajo la premisa del artículo 1º de la “Cartilla del Guardia Civil”, aprobada por real orden de 20 de diciembre de 1845: “El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás”. 

Casi cinco lustros después de su entrada en vigor se encontraba al frente de la Comandancia de Cádiz, encuadrada en el 4º Tercio (Sevilla), el recién incorporado comandante Francisco Giménez Bueno. Éste tenía bajo sus órdenes tres compañías cuya demarcación territorial se extendía por toda la provincia. Sus cabeceras estaban ubicadas entonces en Chiclana de la Frontera, Grazalema y Algeciras. 

Al frente de esta última se encontraba el capitán Saturnino Loeches Senra, estando integrada por las líneas de Alcalá de los Gazules, Tarifa y San Roque. Como oficial jefe de ésta se encontraba el teniente José Taracido Leal. Entre los puestos que formaban dicha unidad había entonces dos sitos en el término municipal de San Roque: el de la propia localidad que le daba nombre y el de la Línea de Gibraltar, cuya pedanía se segregaría al año siguiente para convertirse en el nuevo municipio de La Línea de la Concepción. No obstante, el puesto de la Guardia Civil de esta población continuaría todavía muchos años más encuadrado en la línea de San Roque.

Respecto a los componentes del puesto de San Roque seguirían culminando destacados servicios, tanto de carácter benemérito como policial. Así, por ejemplo, con motivo de un incendio declarado el 6 de septiembre de 1869 en los montes propiedad del duque de Medinaceli en Castellar de la Frontera, una pareja que se hallaba recorriendo aquél término, compuesta del cabo 2º Félix Monce y guardia 2º Francisco Pan Domínguez, se distinguieron sobresalientemente. El boletín oficial del Cuerpo correspondiente al día 24 de dicho mes reseñó que estuvieron trabajando “sin descanso por espacio de doce horas, hasta que pudieron conseguir fuese completamente extinguido”.

Al mes siguiente, publicado el 16 de noviembre, se destacaba que el teniente Taracido, acompañado de cabo 1º Félix Espotorno, capturó en San Roque al paisano Miguel Cano, “consorte del famoso bandido Andrés Corbacho, a quien escribía las cartas que este último dirigía a los propietarios exigiéndoles cantidades con amenazas de muerte”. Dicho servicio sería felicitado expresamente por el director general de la Guardia Civil, teniente general Francisco Serrano Bedoya. 

Casi dos años más tarde, el boletín oficial del benemérito Instituto, fechado el 24 de octubre de 1871, daba cuenta de un importante servicio que había acaecido a las seis de la tarde del 31 de julio anterior. Un voraz incendio había reducido a cenizas ocho chozas establecidas en el mercado de San Roque, con motivo de la feria que se celebraba próxima a la plaza de toros, cuando precisamente se estaba celebrando una corrida, alarmando considerablemente a los espectadores. El teniente Taracido, que se encontraba en ese momento como jefe de la fuerza destinada al sostenimiento del orden público en su interior, al ver el fuego dispuso la inmediata presentación de varias parejas al mando del cabo 2º Félix Alonso González. Éstas consiguieron extraer y salvar la mayor parte de los efectos que contenían aquellas chozas y evitaron que pudieran producirse desgracias personales, logrando además la detención del paisano Manuel Medina, “autor del siniestro de referencia”.

El 1º de diciembre de 1872 volvía a destacarse en el boletín del Cuerpo un servicio benemérito en San Roque, esta vez encabezado por su nuevo jefe de línea, el teniente José Enríquez Patiño. Procedía del mando de la línea de Alcalá de los Gazules y sustituía al alférez Julián Portilla de la Iglesia quien había ostentado brevemente el de San Roque tras ser destinado el teniente Taracido, a finales del año anterior, a Tarifa. En esta ocasión se trató de la eficaz labor de extinción de un incendio que tuvo lugar en el caserío de un vecino de la localidad llamado Andrés Sánchez.

Como ya se expuso en el capítulo anterior, llama la atención al repasar los servicios distinguidos, la cantidad de meritorias actuaciones realizadas por los guardias civiles del puesto de San Roque relacionadas con incendios, haciendo cierto aquella frase del artículo 6º de su “Cartilla” que decía: “el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado”. Eran tiempos donde no existía consorcio provincial alguno de bomberos y la Benemérita siempre que acaecía alguno acudía presto a colaborar en apagarlo.

Un ejemplo más de ello fue publicado en el boletín de 1º de octubre de 1875 sobre un hecho acaecido en la mañana del 2 de agosto anterior. Esta vez las llamas habían prendido en la casa-choza de un vecino llamado Juan Ruiz. Inmediatamente el teniente Enríquez con fuerza a su mando acudió al lugar del siniestro, “y a las cuatro horas de incesante trabajo se pudo lograr la extinción del fuego, teniendo ocasión de salvar más de veinte fanegas de trigo, ropas y otros efectos que fueron entregados a sus dueños”.

Un suceso similar se recogió en el boletín fechado el 24 de marzo de 1878, con motivo de la actuación de la fuerza del puesto de San Roque, a las órdenes del teniente Enrique Soriano Hernández, que contribuyó a sofocar un incendio que se había declarado en un almacén de licores propiedad del vecino José Chico.

Otra frase benemérita del artículo 6º de la “Cartilla del Guardia Civil” decía: “el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado”. Y eso fue lo que casi literalmente hicieron los guardias José Ibáñez Sánchez y Rafael Gamito Herrera del puesto de San Roque.

Tal y como publicó el boletín del Cuerpo del 1º de mayo de 1879, “tuvieron la suerte de salvar de una muerte segura al conductor de correos de Algeciras, el cual había sido arrastrado por la corriente al atravesar un río; recogiendo la valija de la correspondencia, que hubiera sufrido extravío a no ser por los citados individuos”. Concluía la reseña diciendo que el director general de la Guardia Civil, teniente general Fernando Cotoner Chacón, “se ha enterado con satisfacción de este servicio”.



martes, 24 de marzo de 2020

LA GUARDIA CIVIL EN SAN ROQUE (VII). LOS SERVICIOS MÁS DESTACADOS (1851-1869).

CLXXV Aniversario Cartilla Guardia Civil (1845-2020).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR", pág. 29, el 23 de marzo de 2020.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


El artículo 6º de la “Cartilla del Guardia Civil”, aprobada por real orden de 20 de diciembre de 1845, cuyo CLXXV aniversario se viene celebrando este año, decía: “El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores, ni temible sino a los enemigos del orden. Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último, siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos.”

Si bien todos los artículos que componían el catecismo deontológico del benemérito Instituto, redactado por el duque de Ahumada en la hacienda villamartinense de “El Rosalejo”, constituyen una incontestable fuente de ética profesional, ninguno condensa tan perfectamente el espíritu de servicio como el citado. 

Cuando la Gaceta de Madrid, en su edición del 11 de septiembre de 1851, refería la persecución del peligroso criminal apodado “Zamarra”, hasta su refugio en la colonia británica de Gibraltar, cuyas vicisitudes fueron relatadas en un capítulo anterior, “El Guía del Guardia Civil” publicaba nueve días después el siguiente comentario tras reproducir dicha noticia: “He aquí como responde la Guardia Civil a los que se atrevían a poner en duda su actividad en la persecución de estos malhechores. Bien que la mayoría, o mejor dicho, todos los españoles honrados están satisfechos de su celo y de los buenos servicios que presta al país”.

Dejando atrás otros brillantes servicios ya referidos también en capítulos anteriores, y que fueron encabezados por quien durante la primera década de  existencia de la Benemérita fue su máximo responsable en el Campo de Gibraltar, Juan Morillas de Casas, prosigamos con la cita de otros hechos destacados.

Unos de los sucesos que entonces con más frecuencia se solían repetir en el término municipal de San Roque eran precisamente los incendios, siendo en buena parte intencionados. Ello daba lugar a que la Guardia Civil pudiera poner en valor tanto su faceta policial como la benemérita. Uno de los primeros servicios relevantes de los que ha quedado constancia fue el publicado en el boletín oficial del Cuerpo el 21 de octubre de 1863.

Conforme se relataba en el mismo, los guardias Manuel Pulido e Ildefonso Ríos Lucena, pertenecientes al puesto de San Roque, no sólo coadyuvaron activamente a la extinción de un pavoroso incendio que se produjo en un monte de la localidad, sino que detuvieron y pusieron a disposición de la autoridad competente, “al paisano Pedro Gaviria Mateo, como autor del crimen”.

Un segundo incendio de importancia que también quedó registrado en el boletín correspondiente al 8 de septiembre de 1865, fue el que tuvo lugar entonces en la Sierra de Carbonera, donde el cabo 1º Genaro Pañeda Fanjul, con fuerza del puesto de San Roque a sus órdenes, contribuyó a sofocarlo.

Pero no siempre los incendios acaecían en montes y pastos, sino también en el interior de inmuebles de la localidad. Tal fue el caso del que sufrió la tienda de comestibles propiedad del vecino Manuel Esteban, que pudo ser extinguido gracias a la decidida actuación de los guardias civiles de San Roque liderados por el teniente José Giménez Álvarez y que fue publicado en el boletín del 24 de marzo de 1867.

Por supuesto también se destacaban brillantes servicios de carácter policial como por ejemplo el publicado en la misma página, donde la pareja compuesta por el ya mentado cabo 1º Pañeda y el guardia de 2ª clase Ramón Calvo, siguiendo la disposición del citado teniente Giménez, detuvieron a los paisanos Antonio Gómez Carrión y Antonia Martínez Piral. El motivo fue el hurto de una caja de madera que contenía gran número de alhajas de oro, verificado en la noche del 27 de febrero anterior a un platero de Paterna. Dicho servicio fue felicitado por el teniente general Rafael de Acedo-Rico Amat, a la sazón director general del benemérito Instituto. 

Casi cuatro meses más tarde se difundía en el boletín del 8 de julio siguiente un nuevo servicio encabezado por el cabo 1º Pañeda, quien auxiliado por los guardias 2º José Ochoa y Gregorio Rosado, fueron detenidas y entregadas a la autoridad competente dos mujeres que habían acometido con cuchillos a un matrimonio de San Roque. El marido, Gaspar Giménez, había resultado herido de gravedad mientras que su esposa, María Herrera, las lesiones sufridas fueron de carácter leve.

El 16 de septiembre siguiente se publicaba en el citado boletín oficial que el reiterado cabo 1º Pañeda, auxiliado esta vez de los guardias 2º Pedro Álvarez y Francisco Corral, “pusieron bajo el fallo de la ley” a cinco individuos “por el delito de incendiarios”. En la misma página se daba cuenta también de la brillante actuación protagonizada por el guardia de 1ª clase José Álvarez y el mentado guardia 2º Pedro Álvarez, que detuvieron y pusieron a disposición judicial a un paisano llamado Manuel Sánchez, por su complicidad en la muerte violenta dada a un convecino suyo.

En el boletín del 8 de febrero de 1869 se dio cuenta de un importante servicio dirigido por el teniente José Taracido Leal, jefe de la Línea de San Roque, que culminó con la captura de un criminal llamado Juan Pina Rodríguez. Éste, había sido sentenciado a una condena de siete años de cárcel como autor de un asesinato perpetrado en octubre de 1867 y estaba fugado.

Dicho oficial tenía una dilatada vida militar y amplia experiencia en la persecución de delincuentes, habiéndose hecho eco la prensa en varias ocasiones de sus éxitos profesionales. Una de ellas fue precisamente en el periódico madrileño “La España”, correspondiente al 11 de mayo de 1853. Se relataba como en la mañana del 28 de abril, siendo entonces cabo 1º, acompañado de una pareja de guardias de su mando en el puesto de Vejer de la Frontera, habían capturado a un ladrón que dos noches antes había asaltado y robado en una choza de aquel término municipal, maltratando a la persona que habitaba en ella. 

La pareja que le auxiliaba estaba compuesta por el ya mentadísimo Genaro Pañeda, que posteriormente sería destinado igualmente a San Roque, y el también guardia Eustaquio Molina. La víctima había tenido que ser trasladada al hospital por los propios guardias civiles debido al mal estado en que lo encontraron, “a causa de los golpes que recibió”.

El teniente Taracido permanecería al frente de la Línea de San Roque hasta 1871, año en el que pasó destinado a mandar la Línea de Tarifa. Allí sustituyó al alférez Julián Portilla de la Iglesia, que a su vez fue trasladado a San Roque. Casi tres lustros después, con motivo de la necrológica de aquél, publicada el 11 de julio de 1885 en el periódico madrileño “El Imparcial”, se destacaba “que prestó activos servicios en la persecución de los bandidos de la provincia de Málaga”, a donde había sido destinado tras su ascenso a capitán.