Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 18 de agosto de 2013, pág. 15.
El original está ilustrado con tres fotografías en blanco y negro.
LXVI
Aniversario de la Explosión de Cádiz (1947-2013).
La explosión acaecida en la noche
del 18 de agosto de 1947 en la Base de Defensas Submarinas de Cádiz, devastó
por completo el barrio de San Severiano, aniquilando más de un centenar de vidas
humanas y arrasando centenares de viviendas.
Entre estas últimas estaba el
chalet del general Varela, el bilaureado militar isleño que en aquella fatídica
fecha se encontraba en Tetuán, al frente de la alta comisaría de España en
Marruecos.
Se trataba de una “casa de recreo”, cuya construcción había
comenzado siendo costeada por una suscripción popular en agradecimiento por
haber encabezado en Cádiz la sublevación militar del 18 de julio de 1936. En
palabras del escritor José María Pemán, en homenaje “al General paisano que salvó nuestra ciudad, nuestras casas y nuestras
vidas, en las primeras horas del Movimiento Nacional”.
Con dicha frase, el dramaturgo y
amigo personal de Varela, había encabezado una proclama de adhesión a la
suscripción, publicada el 15 de febrero de 1938 en la prensa local, invitando a
sumarse a todos los gaditanos.
Pero pronto dicha suscripción
rebasó los límites provinciales y tuvo carácter nacional, participándose en la
misma desde otras provincias, entre las que destacaron Toledo, Segovia y
Teruel, por haber sido escenario de sus acciones militares durante la guerra
civil.
De hecho, en el archivo privado
de Varela que hoy se custodia en el histórico municipal de Cádiz, se conservan,
junto a toda la documentación relativa al chalet, los listados nominales de los
suscriptores con expresión individualizada de las cantidades aportadas.
Inmediatamente se organizó la comisión pro-homenaje
al bilaureado general y captación de fondos para regalarle una residencia
veraniega en Cádiz. Presidida por Juan de Dios Molina Arroquia, alcalde
de la ciudad, estuvo compuesta por el concejal Juan Luis Martínez del Cerro, en
calidad de vicepresidente, así como por José Paredes Monge, José Antonio Pérez
Díez Velasco, Enrique Mac-Pherson Bonmati, Pedro Ogalla y Federico Víctor, en
condición de vocales, siendo Francisco Moreno Ruiz su secretario.
El autor del proyecto fue el
arquitecto Casto Fernández Shaw y la dirección de la obra le fue asignada
inicialmente al arquitecto municipal Rafael Hidalgo Alcalá del Olmo. Ambos, tal
y como quedó recogido en el diario de operaciones del general Varela, se
desplazaron el 24 de octubre de 1938 hasta el frente de Teruel, para
presentarle los planos del chalet.
Finalizada la guerra civil
comenzaron las obras que fueron adjudicadas a la empresa Construcciones
Colominas G. Serrano S.A., levantándose el edificio sobre una huerta que
previamente había adquirido Varela al ayuntamiento por un importe de 27.965
pesetas.
La parcela, procedente de
subasta, había sido adquirida anteriormente por el ayuntamiento a la Fundación
Escuelas de Soto de Cameros. Escriturada el 10 de junio de 1939 ante el notario
Estanislao de Iglesia Huerta, actuó como parte vendedora el propio alcalde
Molina, y como compradora, en representación de Varela, su amigo Enrique
Mac-Pherson Bonmati.
Como dicho solar no era lo
suficientemente grande para el proyecto, Varela tuvo que adquirir y escriturar
el 19 de enero de 1943, ante el notario José Martínez Martín, otras dos
parcelas colindantes propiedad de Fidel González de Peredo González Piélago.
Finalizada la construcción del
chalet, bajo la dirección técnica gratuita del arquitecto Manuel Fernández
Pujol, y costeada “con el importe de los
donativos en metálico de la suscripción pública abierta”, procedió a
escriturarse como obra nueva el 1 de agosto de 1945 ante el citado notario José
Martínez.
La superficie total de la finca
era de 6.565,67 metros cuadrados La entrada principal era por la avenida del
general López Pinto, hoy avenida de Andalucía, flanqueada por la calle Alcázar
de Toledo, antes Tolosa Latour y hoy Juan Ramón Jiménez, y por otra finca que
era propiedad del mentado Fidel González de Peredo.
Su parte posterior daba a otra
parcela, lindante con la calle Brunete, antiguo callejón de los siete muertos,
que terminaría siendo adquirida y escriturada el 22 de octubre de 1949, ante el
notario Lorenzo Valverde Plaza, por la esposa de Varela, Casilda Ampuero
Gandarias, al ya reiterado Fidel.
Dado que fueron muchos cientos de
inmuebles destruidos o seriamente afectados en su estructura, el ministerio de
Hacienda dictó el 25 de septiembre de 1947, una orden “para la concesión de préstamos a los propietarios de fincas damnificadas
por el reciente siniestro ocurrido en la ciudad de Cádiz”.
Los afectados debían solicitarlo
ante el Instituto de Crédito para la Reconstrucción Nacional, declarando bajo
juramento los daños sufridos, y caso de que estos fueran superiores a 25.000
pesetas, debía presentarse una tasación pericial redactada por un arquitecto.
Varela, desde el 23 de agosto de
1942, tenía suscrita una póliza contra incendio con la compañía aseguradora “La
Urbana”, quien desplazó a sus técnicos hasta el lugar del siniestro para
realizar el correspondiente informe pericial, junto al perito designado por el
bilaureado militar.
Por parte de Varela actuó el
arquitecto Fernández Pujol y por parte de la compañía de seguros, su director
técnico Enrique de Uribarri Chacón. Los daños causados por la explosión fueron
valorados en 954.905 pesetas, habiéndosele calculado al chalet un valor, en el
momento previo al siniestro, de 1.123.200 pesetas. Dado que el valor total de
lo asegurado ascendía sólo a 800.000 pesetas, “La Urbana”, sólo indemnizó, en
la parte correspondiente a la porción asegurada, con 532.943,73 pesetas.
Dicha cantidad se utilizó
prácticamente en demoler la edificación, cuya estructura había quedado
gravemente afectada y parcialmente derruida, así como en desescombrar. Varela
solicitó al ICRN y le fue concedido un préstamo a 20 años por un importe de
700.000 pesetas.
Dado que dicha cantidad era
claramente insuficiente para reconstruir el chalet, cuyo coste se había elevado
al aumentar los precios de los nuevos materiales a emplear, tuvo que ser su
esposa, la que con cargo a su peculio, abonara la importante diferencia
existente.
Cuando tres años y medio más
tarde, el 24 de marzo de 1951, falleció de leucemia en Tánger el general
Varela, todavía quedaba pendiente una deuda del préstamo concedido, por importe
de 676.440,12 pesetas, teniendo que hacerse cargo de ella su viuda con sus
propios recursos.
Gracias a que ella era titular de
una importante fortuna familiar, pudo hacerle frente, ya que la pensión de viudedad,
porcentaje incluido de las dos cruces laureadas, era tan sólo de unas 32.000
pesetas anuales.
Lo que en principio había sido un
regalo para el general Varela, que no llegó apenas a disfrutarlo, terminó
convirtiéndose, como consecuencia de la catástrofe acaecida el 18 de agosto de
1947, en una pesada carga económica para su familia, que no obstante la asumió,
“dado el gran cariño que mi esposo sentía
por dicha ciudad de Cádiz, y en justa correspondencia al generoso y magnífico
esfuerzo de sus habitantes”, tal y como dejó escrito su viuda.
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