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sábado, 29 de noviembre de 2014

EL 1 DE ABRIL DE 1939 NO TRAJO LA PAZ SINO LA VICTORIA.


70 ANIVERSARIO DEL FIN DE LA GUERRA CIVIL (1939-2009).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CADIZ" el 1 de abril de 2009, págs. 12-13. 

El original está ilustrado con cuatro fotografías en blanco y negro.


CADIZ VIVIÓ AQUELLA JORNADA PREPARANDO LA SEMANA SANTA.


El “Cuartel General del Generalísimo” acababa de difundir su último parte oficial de guerra: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. ¡La Guerra ha terminado!. Burgos, 1 de Abril de 1939. Año de la Victoria. El Generalísimo Franco.”  

Toda la prensa de la época, que estaba sometida a un férreo control y a una estricta censura, venía publicando diaria y obligadamente en portada los partes oficiales que se emitían, lo reprodujo con grandes titulares. La guerra efectivamente había terminado.  

Y era verdad. La República había perdido la incívica contienda que durante casi tres años había desangrado España, pero con ello no llegaba la paz sino como muy claro concluía el parte, llegaba la victoria. 

De hecho, al día siguiente, los periódicos publicaban que Ramón Serrano Suñer, ministro de Gobernación, había ordenado que “consumada la obra de liberación de España”, debía hacerse constar que la fecha de los documentos y comunicaciones oficiales de las corporaciones locales, fuera seguida de la expresión “Año de la Victoria”, sustituyendo a la de “III Año Triunfal” que hasta esa fecha se venía utilizando. 

La sangrienta y trágica Guerra Civil que se había iniciado como consecuencia del fracaso de la sublevación militar del 18 de julio de 1936, había tenido hasta entonces un doble escenario: el del frente y el de la retaguardia. 

En el primero, ambos bandos, gubernamental y sublevado, combatieron sin cuartel para derrotar al adversario, arrastrando toda la destrucción y horror que conlleva un conflicto bélico de esa naturaleza. 

En el segundo, imperó el terror y la represión contra quien se fue considerado partidario o simpatizante de la causa enemiga. No hubo piedad ni contemplación y en ambos bandos se cometieron numerosas barbaridades y asesinatos sin justificación de ninguna clase. 

Sin embargo con la llegada de la victoria, los vencedores no tuvieron benevolencia y la represión no cesó sino que durante varios años más se continuó encarcelando o fusilando a muchos de los perdedores, sufriéndose depuraciones y sanciones de todo tipo, amén de la marginación social y política de la época por haber sido “rojo” o familiar de uno de ellos.  

Cádiz y el 1 de abril de 1939.  

En la edición de la tarde de DIARIO DE CADIZ aquel 1 de abril, todavía no se reproducían los titulares del parte oficial de guerra. 

La atención informativa se centraba en la llegada de los buques de la Escuadra Nacional al puerto de Cartagena, el clamor de los fieles de San Fernando durante el desfile procesional de la Virgen del Carmen, el recorrido previsto para Semana Santa de las hermandades gaditanas, y la reproducción del texto del telegrama enviado por el Papa Pío XII a Franco: “Levantando nuestro corazón al Señor, agradeciendo sinceramente con V.E. victoria cruzada católica España, hacemos votos para que este queridísimo país, alcanzada la paz, consiga con S.E. su antigua posición tradicional que tan grande la hicieron”, así como la respuesta de éste, donde se hacía constar la “intensa emoción me ha producido paternal telegrama S.S. por maravillosa victoria de nuestras armas que en heroica cruzada han luchado contra enemigos de la religión, de la cultura y de la civilización cristiana”. 

Hubo que esperar a la edición de la mañana del día siguiente, 2 de abril, con la transcripción del último parte oficial de guerra y una fotografía de gran tamaño del general Franco, el “invicto Caudillo nacional, forjador de la victoria, contra los enemigos de la Patria”, mientras que en la esquina inferior derecha se reproducía otra del general Queipo de Llano, conocido como el virrey de Andalucía, si bien de menores dimensiones.
  
La imagen del nuevo jefe de Estado aparecía flanqueado por dos artículos muy premonitorios: uno, ensalzando las virtudes de quien había sido llamado a dirigir los destinos de la nueva España y el otro, relacionado con aspectos religiosos, habida cuenta de la inmediatez de la Semana Santa que comenzaba. 

Las otras noticias que se destacaban en su portada eran el hallazgo de cuatrocientos mil kilos de explosivos que los “rojos” tenían destinados a la voladura de los principales edificios oficiales de Madrid así como el anuncio del reconocimiento de “jure” del gobierno del general Franco, por parte de los de Estados Unidos, Suecia y Holanda.  

Ya en páginas interiores se detallaba la celebración del triunfo de las armas nacionales que había hecho en Cádiz el Centro Cultural del Ejército y la Armada, con la masiva participación de sus socios, constituyendo prácticamente la única alusión de alegría local al respecto. En cambio si se refería a una “imponente manifestación de júbilo con motivo de la entrada en Madrid” que se había llevado a cabo en La Línea de la Concepción, donde se habían engalanado los edificios con banderas y colgaduras así como dados vivas a España y a Franco.  

El resto de noticias gaditanas entran dentro de la normalidad y rutina de la época, dándose así cuenta del nombramiento de superior de la residencia de los Padres Paules al padre Vicente Martínez; el recorrido procesional que haría esa tarde la Venerable Orden Tercera de Servitas de Nuestra Señora de los Dolores por la calles de nuestra ciudad; la no salida de la procesión el lunes santo de de la procesión de la Venerable Archicofradía de nuestro Padre Jesús del Ecce Homo; el traslado procesional en San Fernando de la Virgen del Carmen desde la Iglesia Mayor hasta su templo tradicional; y la publicación de los nombres y cantidades de los donativos que los vecinos de Cádiz iban voluntariamente entregando en el gobierno civil para “poblaciones se vayan liberando”. 

Del resto de España, se destacaba la crónica dedicada al pregón de Semana Santa en Sevilla que había dicho “el ilustre charlista” Federico García Sanchiz, el cual había concluido expresando el regocijo que sería para la capital hispalense si el general Franco viniera a acompañar a la Virgen de las Reyes en su salida procesional. A la finalización del pregón, las bandas de música presentes, interpretaron el “Oriamendi”, el “Cara al Sol” y el himno nacional.
  
Como nota de curiosidad, decir que junto a la crónica de dicho pregón y la noticia de que se había celebrado en los estudios de Radio Nacional, la última misa dominical retransmitida con idea de que llegara a todos los fieles que hasta entonces se encontraban en poblaciones de la “zona roja”, se anunciaba con la figura de una escultural señora, el maravilloso producto de las “Pilulas Orientales” que, bajo el reclamo de “Senos desarrollados, reconstituidos, hermoseados y fortificados”, garantizaba el desarrollo y la firmeza del pecho femenino sin perjudicar la salud. Evidentemente la férrea censura de la época debía hacer algunas concesiones.  

El resto de las noticias corresponden al ámbito internacional, orientadas principalmente hacia aquellos países que manifiestamente habían apoyado desde el principio al bando sublevado, mientras que las relativas, por ejemplo, a Inglaterra o Francia quedaban relegadas a un segundo plano.  
De esta forma grandes titulares ilustraban sobre el último discurso patriótico pronunciado en Alemania por su canciller, Adolfo Hitler, con motivo de su visita a los astilleros de Wilhelmahaven y asistir a la botadura de un acorazado gemelo del “Bismarck”, que también había sido botado recientemente. Por supuesto no falta en titulares la felicitación del ministro germano de Asuntos Exteriores, Von Ribbentrop, al gobierno de Franco, por “la liberación de Madrid y el triunfo definitivo sobre los opresores de España”.
  
También se podía leer en las páginas de DIARIO DE CADIZ un escueto despacho de Berlín, haciéndose eco de nuevos ataques sufridos por ciudadanos alemanes residentes en Polonia. Un tema recurrente de la política germana de la época que tendría gravísimas consecuencias muy poco más tarde.  

El mundo todavía no sabía que tan sólo seis meses después comenzaría la peor guerra de todas las guerras conocidas en la historia de la Humanidad: la Segunda Guerra Mundial, con sus más de cincuenta millones de muertos y cuya principal responsable de su inicio, sería la incontenible ambición de quien entonces polarizaba la atención de todos los medios de comunicación de la época.  

Mussolini, el Duce italiano, también tenía su espacio y la crónica relataba su vuelta a Roma, tras una excusión hecha a Calabria, envuelta por el calor de las masas cuando visitaba una futura fábrica de aviones y motores. 

Pero todo aquello no era igual ni tenía el mismo significado para todos gaditanos. Es cierto que muchas se alegraron del final de la guerra, pero para otras tantas, fue una jornada más de amargura, desesperación y tristeza. Eran los que habían perdido la guerra, pero no la habían perdido ese 1 de abril de 1939. La habían perdido apenas iniciada la sublevación militar del 18 de julio.  

En menos de tres meses la provincia gaditana fue dominada por completo y la mayor parte de ella, prácticamente en la primera semana. No llegó al centenar los muertos que se causaron, asesinatos incluidos, entre quienes simpatizaron con el alzamiento, pero sin embargo quienes se opusieron al mismo o se sospechó de su adversidad fueron objeto de una brutal represión que ha fecha de hoy todavía no está cuantificada, siendo Cádiz una de las pocas provincias que se encuentran en esa situación de asignatura pendiente. 

La labor de investigadores e historiadores que en los últimos años está trabajando sobre ello arroja ya una incompleta nómina que supera la cifra de cuatro mil muertos y todavía quedan localidades por estudiar. Entre ellos hay de todo, en su mayoría civiles, que eran políticos, funcionarios, empleados, médicos, profesores, obreros, campesinos, etc. pero también toda clase de servidores del Estado, como por ejemplo miembros del Ejército, la Marina, la Guardia Civil, Carabineros y Policía, que terminaron siendo fusilados por sus compañeros de armas.  

En definitiva, hombres, mujeres y casi niños, en algunos casos, que realmente no habían cometido crimen alguno que pudiera ser castigado con la pérdida de la vida. Para estas familias gaditanas aquel 1 de abril no fue una jornada de paz sino de la victoria de quienes les habían arrebatado a sus seres más queridos casi tres años antes. 

Muchos de ellos, setenta años después, se sigue ignorando donde están sus cuerpos, como el presidente de la Diputación de Cádiz, los alcaldes de Puerto Real y El Puerto de Santa María, …, y así un largo etcétera.

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