Translate

miércoles, 26 de agosto de 2020

LOS GUARDIAS CIVILES DE LA BARROSA


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "DIARIO DE CÁDIZ", el 23 de agosto de 2020, pág. 28.

El original contiene una fotografía en blanco y negro.


El pasado 19 de julio relatábamos en DIARIO DE CÁDIZ la historia de la casa-cuartel de La Barrosa durante su periodo de pertenencia al Cuerpo de Carabineros. Hoy abordamos su vinculación con la Guardia Civil tras desaparecer aquél e integrarse sus efectivos y acuartelamientos en la Benemérita, como consecuencia de la entrada en vigor de la ley de 15 de marzo de 1940.

Si bien la construcción del edificio por ingenieros del Ejército en las proximidades de la Torre del Puerco data del año 1907, hay que significar que los carabineros venían vigilando la playa de La Barrosa desde hacía más de siete décadas. No en vano aquella era costa propicia a los alijos de contrabando.

A partir de enero de 1845 la estampa del carabinero convivió en el término municipal de Chiclana de la Frontera con la del guardia civil. A finales del año anterior habían llegado a Cádiz los primeros hombres del duque de Ahumada bajo el mando del primer capitán José María de Cisneros Lanuza.

El día 8 de dicho mes, Manuel Lassala Solera, brigadier del Ejército y jefe político de la provincia (figura antecesora del gobernador civil y del subdelegado del gobierno) había dirigido una extensa comunicación a los alcaldes de las localidades donde iban a ubicarse las primeras casas-cuarteles de la Benemérita.

Tras afirmar que “la Guardia Civil es el brazo de protección y seguridad que el Gobierno ofrece al hombre honrado, y lo es de persecución y de temor para el delincuente y de mal vivir”, describió su despliegue territorial. La seguridad ciudadana del extenso término municipal de Chiclana de la Frontera pasaba a ser responsabilidad de la 3ª Sección de la Compañía Provincial de Cádiz.

Su cabecera se ubicó en Medina Sidonia y en poco tiempo pasó a estar integrada por los puestos de la residencia, Chiclana de la Frontera, Conil de la Frontera, Vejer de la Frontera y Alcalá de los Gazules.

Los carabineros se dedicaban a prevenir y perseguir el contrabando mientras que los guardias civiles hacían lo mismo respecto al crimen y la delincuencia. La vigilancia de los primeros se centraba principalmente en la primera línea de costa sin desatender nunca la segunda, tierra adentro. Mientras tanto, el servicio de la Benemérita tenía por escenario principal los núcleos urbanos, las viviendas en despoblado y los caminos. 

La presencia de la Guardia Civil se hizo notar en Chiclana desde el primer momento alcanzando gran prestigio entre sus vecinos gracias a su acreditada eficacia. Testimonio fidedigno de ello dejó constancia, entre otros, “El Mentor del Guardia Civil”, bautizado a sí mismo como “periódico dedicado al Cuerpo”. 

Considerado el segundo antecedente histórico del actual boletín oficial del benemérito Instituto, publicó en su número 19, correspondiente al 16 de diciembre de 1855 uno de los servicios policiales que más trascendencia tuvo por aquel entonces en Chiclana.

En la madrugada del 1º de mes había aparecido asesinado en la puerta denominada del Águila, un vecino de la localidad, “anciano de más de sesenta años”. Los dos autores del crimen le habían robado el importe de una vaca que había vendido esa tarde. Enterado del suceso el cabo comandante del puesto de la Guardia Civil, Mateo Domínguez, salió inmediatamente de servicio acompañado de los guardias Antonio Lobo y Norberto de la Iglesia. Tras practicar “las oportunas averiguaciones consiguieron capturar a los asesinos que quedaron bajo el fallo de la ley”. La rápida resolución del crimen contribuyó a prestigiar aún más al Cuerpo.

Respecto a la Playa de La Barrosa, si bien era el escenario habitual de los carabineros, donde tenían por aquel entonces una “casilla”, situada al sur del actual hotel Gran Meliá Sancti Petri, también lo sería ocasionalmente de los guardias civiles.

Nuevamente “El Mentor del Guardia Civil” dejaría constancia de ello. Esta vez sería en el número 85 correspondiente al 1º de mayo de 1857. Era jefe de la fuerza en la provincia de Cádiz, constituida por 229 hombres de infantería y 43 de caballería, el primer capitán Benito Artalejo Garrido. Mandaba la línea de Medina Sidonia el teniente Antonio Menchaca Mateos, integrada entonces sólo por los puestos de la residencia, Alcalá y Chiclana.

Resultó que el 31 de marzo, el cabo 2º José Valentín Solís, comandante del puesto de Chiclana, tuvo conocimiento de que había naufragado frente a La Barrosa una barca portuguesa nombrada “San José”. Inmediatamente dispuso saliese para el lugar el guardia 1º José Rodríguez acompañado de los guardias 2º Francisco Ortega Núñez y Francisco Mulero. 

Al llegar se presentaron al “comandante de matrícula” que como autoridad naval había acudido también a la zona, ordenándoles éste que “patrullasen por la playa por si el agua arrojaba algunos efectos, lo que practicaron toda la noche, pudiendo sacar del agua cinco cadáveres”. Triste pero humanitario servicio.

Poco más de ocho décadas después los carabineros de La Barrosa se reconvirtieron por imperativo legal, en guardias civiles junto a su casa-cuartel de la Torre del Puerco. Tras un breve pero complejo periodo de integración, tanto en reorganización de unidades como de integración en escalafones, se dictó la Instrucción General número 3, de 20 de febrero de 1941.

Conforme a la misma el puesto de La Barrosa pasó a encuadrarse en la Sección de Chiclana, perteneciente a la 1ª Compañía de Chiclana, integrada en la 234ª Comandancia de Costas de Cádiz. La mayor parte de sus componentes, de teniente coronel a guardia 2º eran antiguos carabineros. Con el paso del tiempo todos serían guardias civiles desde su origen.

En 1965 su plantilla estaba compuesta por el sargento Fidencio Benavides Álvarez, el cabo Antonio Chaves Vázquez y los guardias 2º Andrés Calderón Bravo, Bartolomé Cañete Luque, Juan Colón Torres, Agustín Cordero Redondo, Ismael Retamosa Bernal, Agustín Riscardo Tabares y José Varela Campos.

Con motivo de una reorganización dispuesta por la Dirección General del Cuerpo, de fecha 14 de diciembre de 1979, se procedió a la supresión del Puesto de La Barrosa. La vigilancia de su demarcación de costa pasó a ser asumida por el puesto de Chiclana que inauguró nueva casa-cuartel al año siguiente y cuyos pabellones (viviendas) tendrían una habitabilidad que nunca conocieron los seis existentes en la de la Torre del Puerco, carentes de agua y luz eléctrica corrientes.

Durante los seis años siguientes fue utilizada como residencia estival por los guardias civiles y sus familias, debiendo hacerse cargo a cambio de su adecentamiento y mantenimiento. Era una forma muy modesta y exenta de toda comodidad, de veranear en La Barrosa, entonces nada asequible para su sueldo. 

El 27 de junio de 1986 el teniente coronel Antonio Pérez Mercadal, jefe de la 231ª Comandancia de Cádiz, hizo entrega formal del inmueble y sus 15.510 mô de solar al delegado provincial de Hacienda. La casa-cuartel de La Barrosa quedaba desafectada y pasaba a formar parte de la historia del benemérito Instituto.

Ahora, la reciente y muy recomendable novela de Miguel Gilaranz y la inauguración este verano del “Cuartel del Mar” por los empresarios José Manuel García y Cristina Lasvignes, han vuelto a poner en servicio el antiguo acuartelamiento que sigue luciendo en su fachada el letrero de “Todo por la Patria”.




No hay comentarios:

Publicar un comentario