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viernes, 10 de abril de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXIV). LA ENTREGA Y TRASLADO DEL BANDIDO “ZAMARRA” POR LA BENEMÉRITA.

  

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 26 de enero de 2026, pág. 11.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 



El análisis y estudio de las fuentes hemerográficas es muy importante en la labor de los historiadores para poder explicar, y en su caso interpretar, las cuestiones relacionadas con la creación, desarrollo, existencia e incluso desaparición de las instituciones. Si bien, no siempre todo lo que se publicaba era cierto o había acontecido como se detallaba, sí resulta de gran utilidad, entre otras fuentes, la consulta de publicaciones de la época interesada, bien para obtener información, contrastarla, desacreditarla, investigarla y así un largo etcétera. 

 

Sin embargo, cuando no se dispone de dichas fuentes hemerográficas, bien porque han desaparecido por cualquier causa o simplemente no han existido, por la razón que fuera, resulta mucho más difícil acreditar su supuesto protagonismo, por mucho interés que surja a posteriori por reescribir una historia que no se puede verificar o que simplemente, por cualquier finalidad, se desea inventar.

 

Afortunadamente en el caso concreto de la Benemérita, ello no sucede, pues no sólo se conserva una abundante y muy detallada colección legislativa de documentos desde su fundación y posterior desarrollo, sino que la prensa de la época, al desplegarse los guardias civiles por todo el territorio nacional, reseñó sus innumerables actuaciones y servicios. A ello hay que sumar la publicación de medios de prensa específicos como el “Guía del Guardia Civil”, desde octubre de 1850, y del que nos venimos refiriendo en los últimos artículos, seguido, años después, de “El Mentor del Guardia Civil”, y continuado por el “Boletín Oficial de la Guardia Civil”, que hoy día se sigue editando.

 

En esta ocasión se va a acudir a diversas fuentes hemerográficas, de titularidad pública y privada, para reseñar un hecho acaecido en 1851 en nuestro Campo de Gibraltar, con mención expresa de Algeciras, entre otros términos municipales de nuestra Comarca, y a los que toda la prensa nacional de la época hizo referencia concreta en varias ocasiones.

 

Se trata de la captura y posterior ajusticiamiento de uno de los criminales más conocidos de la época por estas latitudes, que dirigía una de las principales bandas delincuenciales que entonces existían. Se trataba del “célebre bandido Cristóbal Ruiz Bermúdez”, tal y como lo citaba la prensa de la época. Era conocido por los apodos de “Zamarra” y “Zamarrilla”, nacido, según contaban, en el año 1796 en la localidad malagueña de Igualeja, sita en Sierra de Ronda, a unos veinte kilómetros, al sur, de dicha ciudad. Por cierto, hay que recordar, que mucho tiempo después, durante parte de la Segunda Guerra Mundial y su inmediata posguerra, todo ese territorio perteneció a la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras, conformando su Compañía de Ronda, razón por la cual no se puede desentender de nuestro Campo de Gibraltar.

 

Siguiendo con nuestro siglo XIX, hay que recordar la nota que se publicaba en “El Español”, periódico madrileño, pero de difusión nacional. Concretamente el 9 de octubre de 1851, relativa a la llegada a Tarifa de dicho criminal: “Tenemos en la isla de esta plaza al célebre bandido Cristóbal Ruiz Bermúdez, conocido por Zamarrilla, y su compadre Diego Palomeque (a) Palomo. Parece que han sido aprehendidos en Tetuán por el vice-cónsul de nuestra nación, y trasladados a Tánger y después a esta ciudad a disposición del gobernador militar. Zamarra es hombre joven, de buen despecho y maneras, produciéndose con el aplomo propio de un héroe de su clase. Palomo es hombre hecho y brusco bastante: cuentan que han sido robados en Tetuán, y sea o no exacto, ello es que no tienen medios para subsistir y se les socorre como a los demás presos; muchas personas han visto a los aventureros no por mera curiosidad sino por cerciorarse de que semejantes fieras se hallaban ya enjauladas e imposibilitadas de continuar sus estragos; luego que concluya el término de la observación sanitaria en que se hallan, marcharán a disposición de la autoridad superior militar del distrito. Nada más notable ocurre por este rincón”.

 

Tras tan reconvenida crónica, el periódico publicaba a renglón seguido, la nota remitida sobre ese mismo asunto por el entonces gobernador civil de Cádiz, Melchor Ordoñez Viana, quién al año siguiente sería, durante unos meses, ministro de la Gobernación.

 

“Según comunicación oficial que he recibido por el correo de hoy, habiendo reclamado el señor comandante general del campo de Gibraltar (se trataba del mariscal de campo Eusebio Calonge Fenollet que década y media después sería ministro de Marina y seguidamente de Estado) a las autoridades de Tánger los bandidos Zamarra y Palomeque que desde Gibraltar habían pasado a aquella ciudad, fueron entregados al señor cónsul de España y remitidos por éste a Tarifa, desde donde después de cumplir el buque que los condujo una cuarentena de tres días debía hacerse cargo de ellos el capitán de la guardia civil don Juan Morilla (teniente de Caballería de la Benemérita y capitán graduado del Ejército Juan Morillas Casas, jefe de la Sección de San Roque de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz), para conducirlos a Algeciras y desde allí a Granada, cuyo capitán general los tiene reclamados. Y creyendo de sumo interés esta noticia para los habitantes de la provincia, he dispuesto anunciarlo al público por medio del Boletín Oficial y periódicos de esta plaza”.

 

Trasladados finalmente los detenidos hasta Málaga por la Guardia Civil, y puestos a disposición del teniente general José Luciano Campuzano, capitán general de Granada, se procedió rápidamente a su enjuiciamiento. La “Gaceta de Madrid” del 19 de noviembre de 1851 publicó el siguiente despacho telegráfico: “El Gobernador de la provincia de Málaga (Simón de Roda Rodríguez, que anteriormente había sido gobernador civil de Cádiz) participa a éste Ministerio en 14 del actual, con referencia al Alcalde de Igualeja, que el día 10 del mismo había sufrido Cristóbal Ruiz Bermúdez, alias Zamarrilla, la pena de muerte que le fue impuesta por el Consejo de guerra celebrado en aquella capital y que concluida la ejecución fue conducido el cadáver a la ciudad de Ronda”.

 

Tres días más tarde, el 22 de noviembre, la “Gaceta de Madrid” publicaba también que el capitán general de Granada había dado parte de que el “Zamarra” había sido sentenciado a la pena de muerte, la cual se sufrió el 10 del corriente en la villa de Igualeja, centro del teatro de sus muchos crímenes y correrías”.

 

 (Continuará).

jueves, 2 de abril de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXIII). LA PUESTA EN VALOR EN 1850 DEL “GUÍA DEL GUARDIA CIVIL”.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 19 de enero de 2026, pág. 13.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 

 

El inicio de la publicación periódica, a partir del 1 de octubre de 1850, del “Guía del Guardia Civil”, apenas seis años después de la creación de la Benemérita, tuvo una importante repercusión, dentro y fuera del Cuerpo. Hay que decir que, incluso comenzó a publicarse antes de que algunas Armas y Cuerpos de mayor antigüedad y presencia en la vida nacional, editaron algo similar. De hecho, el periódico dedicado al Cuerpo de Carabineros se inició, por la misma editora, tres meses más tarde, aunque éste se hubiera creado tres lustros antes.

 

Su aparición pública fue inmediatamente analizada y comentada, favorablemente, no sólo en la llamada prensa militar de la época, sino también en la civil que se editaba entonces, principalmente en la capital del Reino.

 

Uno de esos periódicos más conocidos entonces, editado en Madrid, pero de difusión nacional, incluido nuestro Campo de Gibraltar, que tuvo una historia intensa y extensa en aquella época, fue “El Archivo Militar”, que había comenzado a publicarse el 1 de abril de 1841. Debajo del titular de su cabecera, aparecía como subtítulo: “Periódico dedicado a promover los intereses del Ejército”, significándose que en absoluto se trataba de una publicación oficial, sino que era de carácter privado.

 

En la tercera página del núm. 106 de la 2ª época de dicho periódico que entonces aparecía los martes, jueves y sábado de cada semana, publicado el 3 de octubre de 1850, se editó un extenso artículo dedicado a la aparición, dos días antes, del primer ejemplar del “Guía del Guardia Civil”. Su contenido es bastante ilustrativo.

 

Comenzaba: “Con el título de Guía del guardia civil ha empezado a publicarse un periódico esclusivamente (sic) dedicado a este cuerpo. A juzgar por el primer número, que tenemos a la vista, los redactores del Guía han comprendido perfectamente su misión periodístico-militar, y aunque encerrados en la monotonía de su especialidad, ofrecen a sus lectores, muchos de los que necesariamente serán individuos de la clase de tropa, a los que parece que principalmente se dirigen, bastante amenidad, gran copia de sana doctrina, mucho interés y no poca instrucción en todo lo relativo al servicio del cuerpo. Creemos, por lo tanto, que esta publicación alcanzará larga vida, y lo creemos tanto más, cuánto que su módico precio de real y medio al mes permite su adquisición sin el menor detrimento, aun a las clases más inferiores de la guardia civil.”

 

Tras detallarse diversos aspectos de la composición, edición y publicación de dicho periódico, se seguía comentando la opinión que merecía la nueva publicación: “Está visto que la guardia civil es un cuerpo que desde el primer día de su creación camina rápidamente al más alto grado de perfección posible, y que esta perfección será duradera por cuanto se ponen para ello todos los medios, hábilmente combinados.”

 

Seguidamente, en el artículo citado se ponían en valor las virtudes que por primera vez habían conseguido que una institución de seguridad pública de ámbito estatal, pudiera mantenerse en el tiempo, como así se ha demostrado que ha sido, lo cual no había pasado nunca antes.

 

“Primeramente se instituyó el cuerpo con el firme deseo de que produjera todos los resultados propuestos, sin omitir nada que pudiera contribuir para conseguirlo. Buena

organización, acertada elección en el personal, sabias disposiciones, mucha perseverancia, y repetidos ejemplos de moralidad y buen cumplimiento, fueron las bases que se establecieron.”

 

A continuación, dicho artículo puso en valor la documentación normativa que se había ido publicando, referente a la propia Benemérita, y que por primera vez fue agrupada y editada posteriormente para facilitar su consulta y tenencia en las unidades: “Después, para facilitar la ejecución de las disposiciones sucesivas, se formó una colección de todas las reales, órdenes, y circulares referentes a la guardia civil (únicas en su clase que hay en el ejército); espedidas (sic) en cada año, cuya interesante colección consta ya de cuatro tomos, y por último, se ha fundado este periódico especial, posiblemente bajo los auspicios de la inspección general, que servirá de verdadero Guía a los individuos del cuerpo.”

 

La conclusión del artículo no podía ser de mejores deseos de éxito para el “Guía del Guardia Civil”, que aunque sólo se había publicado entonces el primer número, resumía muy bien, y con visión de futuro, la obra que años después, tras pasar por “El Mentor del Guardia Civil” se transformaría en el boletín oficial del Cuerpo: “Esta última disposición que tan buenos resultados debe producir, prueba por el pronto que cuando cada diez días se publican todos los actos y todas las disposiciones de la inspección general, en vez de temer ésta ser acusada por sus descuidos o por sus parcialidades, tiene por el contrario mucho celo y mucha justicia que ostentar. Por nuestra parte de ningún modo mejor podemos dar a conocer a nuestro nuevo colega que trasladando a nuestras columnas, como lo hacemos, la mayor parte de las materias que las suyas contienen.”

 

Más breve pero muy significativo también, entre otros muchos periódicos civiles, principalmente madrileños, siendo estos los más numerosos, que entonces se hicieron eco del nuevo medio dedicado a poner en valor a la Benemérita y difundir su actuación, no sólo entre sus miembros, sino entre todos los lectores del país, mediante suscripción, fueran de la condición que fuesen, es el ejemplo de “El Popular”, subtitulado “El periódico de la tarde”, cuyo primer número vio la luz el 15 de junio de 1846.

 

En su edición correspondiente también al 3 de octubre de 1850, publicaba: “Ha empezado a publicarse en esta corte con el título de Guía del guardia civil un periódico dedicado a este cuerpo, que saldrá los días 1, 10 y 20 de cada mes. A juzgar por el primer número, que tenemos a la vista, la Guía del guardia civil satisface cumplidamente el fin que se propone, y los individuos del citado cuerpo leerán en ella cuantas noticias o instrucciones puedan apetecer para ganar, como lo están luciendo en el día con general aplauso, el grande objeto a que están destinados.”

 

Realmente toda la prensa española de esa fecha, civil y militar, daba los mismos resultados, poniendo en valor aquél primer periódico dedicado a la Benemérita.

 

(Continuará).



sábado, 28 de marzo de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXII). EL RECORRIDO DEL "GUÍA DEL GUARDIA CIVIL" Y "EL GUÍA DEL CARABINERO".

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 12 de enero de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


Como decíamos en el anterior capítulo, el “Guía del Guardia Civil”, aunque no fuera una publicación oficial, como igualmente sucedía entonces con otras publicaciones referidas a otras instituciones, fue la primera que hubo de carácter periódico dedicada al benemérito Instituto. Éste carecía entonces de un boletín oficial. Su primer número había sido editado el 1º de octubre de 1850, continuándose hasta el 20 de julio de 1855 inclusive. Seguidamente fue sustituido por "El Mentor del Guardia Civil", precedente del actual “Boletín Oficial de la Guardia Civil”.

Sin embargo, cuando tres meses después, concretamente el 4 de enero de 1851, se inició la publicación periódica de “El Guía del Carabinero”, que al principio tampoco era una publicación oficial, pero que trataba exclusivamente de lo que interesaba en dicho Instituto, sí que terminó siéndola para el Cuerpo de Carabineros del Reino, prosiguiendo su edición en tiempos republicanos. 

Prosiguiendo con dicho Instituto, que por la Ley de 15 de marzo de 1940 fue integrado en el Cuerpo de la Guardia Civil y que tanta relevancia tuvo durante más de un siglo en toda España, muy singularmente en el Campo de Gibraltar, cuya cabecera comarcal estuvo en Algeciras. No en vano se creó una nueva Comandancia de Carabineros en 1878, segregándose de la de Cádiz.

 

Así, por real decreto de 25 de noviembre de 1834, el Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras se denominó Cuerpo de Carabineros de la Real Hacienda, pasando todos sus integrantes a ser empleados de dicho ministerio. Si bien perdió su fuero de guerra, teniendo ya carácter civil, conservó la organización militar y la nomenclatura de los empleos. Su inspección quedó a cargo de la Dirección General de Rentas estancadas, con inmediata dependencia del Ministerio de Hacienda, auxiliado posteriormente por la Sección de Resguardos, creada por real orden de 25 de abril de 1837.

 

Sin embargo, el carácter civil que se le había dado no resultó satisfactorio en su servicio peculiar ya que, por real decreto de 2 de junio siguiente, se dio una planta especial a la Comandancia de Madrid. Si bien no varió su índole civil y dependencia del Ministerio de Hacienda, recibió una organización militar y hasta un edificio para cuartel, sirviendo, “como de ensayo para la reorganización de las demás del Cuerpo”, llevándose a efecto por el reglamento de 31 de agosto de 1838.

 

Por otra parte, es importante resaltar que por real orden de 28 de mayo de dicho año quedaron todos sus miembros sujetos al consejo de disciplina del antiguo reglamento militar del Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras, parte del cual seguía en vigor, aunque sin fuero de guerra. Apenas cuatro años después, se decidió volver por razones de necesidad, moralidad y eficacia, al fuero y naturaleza militar inicial del Cuerpo, siendo dos personas muy relevantes los verdaderos artífices de ello.

 

En primer lugar, quien fue en 1829 el organizador del Cuerpo de Carabineros de costas y fronteras, el Marqués de Rodil, que en 17 de junio de 1842 había sido nombrado presidente del Consejo de Ministros, ostentando también la cartera del Ministerio de la Guerra. Y, en segundo lugar, el mariscal de campo Martín José de Iriarte Urdániz. Designado Inspector de Resguardos del Ministerio de Hacienda, por real decreto de 6 de agosto siguiente, se le encomendó, al igual que casi dos años después se haría con el Duque de Ahumada respecto al Cuerpo de la Guardia Civil, proponer las variaciones que conviniera hacer en la Institución.

 

El acertado informe elaborado por el mariscal de campo Martín José de Iriarte dio como resultado la reorganización de la institución por real decreto de 11 de noviembre de 1842, pasando a denominarse Cuerpo de Carabineros del Reino, y recuperando su fuero y naturaleza militar. Si bien continuó bajo la dependencia funcional del Ministerio de Hacienda, cuyo titular era Ramón María Calatrava García-Peinado, se le daba, “una organización fuerte, especial y puramente militar”.

 

Referente al periódico corporativo, la “Gaceta de Madrid”, antecedente de nuestro “Boletín Oficial del Estado”, sacó el 11 de enero de 1851 una breve nota: “Ha comenzado a publicarse en esta corte, con el título de El Guía del carabinero, un periódico de igual índole que El Guía del guardia civil, y dirigido, según creemos, por la misma apreciable persona que redacta éste. Su objeto no puede ser más útil ni más digno, pues en ambos se limita a consolidar la educación moral de aquellos cuerpos con la frecuente enumeración de hechos merecedores de alto encomio, creando además una honrosa emulación entre los individuos que los componen. Esperamos y deseamos al Guía del carabinero la misma favorable acogida que ha obtenido su hermano mayor”.

 

Durante los primeros años se publicaron diversas noticias que previamente se habían editado en ambos medios, tanto sobre la Guardia Civil como sobre Carabineros. Especial atención merece la publicación en la “Gaceta de Madrid”, del 9 de febrero de 1852, la adhesión a la reina Isabel II, tras el atentado acaecido contra su persona y que ya fue relatado en un capítulo anterior. Fue suscrita tres días antes en Madrid por José de Valderrama, Carlos de Pravia, Juan Lorenzo, Antonio María Cebrián, Francisco Ortiz y Félix María Carvajal.

 

“Señora: El director, redactores y demás empleados de los periódicos militares Guía del guardia civil, Guía del carabinero y Veterano, manifiestan a V. M. el profundo dolor de que se hallan poseídos por el horroroso atentado con que un criminal quiso llenar de luto y de desgracias a la nación: la Providencia se apiadó de V. M. y de la España, y ha impedido aquellos horrores, salvando la preciosa vida de la Nieta de San Fernando: por ello, Señora, recibe ya las plegarias que desde el templo le dirigimos todos los españoles, dándole gracias por tanta misericordia. La magnitud del crimen se halla confundida para siempre por la magnanimidad de V. M., por el profundo sentimiento de la nación y por las pruebas de lealtad, respeto y amor con que todos sin distinción se acercan hoy a V. M., entre cuyo número tienen la satisfacción de contarse los que, llenos de iguales sentimientos y deseos, suscriben.”

 

(Continuará).

viernes, 20 de marzo de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XXXI). EL LEGADO DEL “GUÍA DEL GUARDIA CIVIL” Y EL “GUÍA DEL CARABINERO”.

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 5 de enero de 2026, pág. 12.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 


 

Durante todo el año 1852 continuó el teniente de Caballería de la Benemérita Juan Morillas de Casas, como jefe de la 4ª Sección (Campo de Gibraltar), de la Compañía de la Guardia Civil que desde principios de 1845 se hallaba desplegada en la provincia de Cádiz. Ésta era mandaba entonces por el primer capitán Pedro de Vargas, que en algunos documentos se publica también como Bargas. 

Hay que significar que, tal y como citan los escalafones de entonces, el jefe de la Guardia Civil gaditana tenía el empleo de primer comandante de Infantería y había alcanzado en 1838, por méritos de guerra, la graduación superior de coronel. Merece por lo tanto citarse una referencia que fue reproducida el 6 de marzo de 1851 en la “Gaceta de Madrid”, tras ser publicada en el “Guía del Guardia Civil”, junto a la reseña de numerosos servicios prestados por toda España. Textualmente decía:

“Son tantas las comunicaciones que recibimos de varios propietarios residentes en los pueblos de la provincia de Cádiz elogiando la guardia civil de la misma, especialmente a su Comandante Coronel D. Pedro de Vargas, que no podemos menos de tributar a dicho Jefe los merecidos elogios que aquellos le prodigan. Antes de ahora hemos manifestado que no nos es posible insertar íntegras varias comunicaciones, porque para hacerlo necesitaríamos un tomo en folio; pero si hemos de ser justos, y atenernos a los datos que tenemos a la vista, habremos de confesar que la guardia civil de la referida provincia de Cádiz, además de hallarse montada con el mismo esmero que en las demás del reino, se conduce con tal tino que se hace acreedora a las simpatías generales de sus habitantes, quienes disfrutan de una seguridad admirable. Tenemos el gusto de felicitar por ello a dicho Sr. de Vargas, quien está de enhorabuena sabiendo que es querido en la provincia cual se merece, y sirvan estas líneas de satisfacción a las personas a quienes, si bien no hemos podido complacer insertando sus comunicados, les consagramos las líneas que anteceden”.

Es importante precisar que el “Guía del Guardia Civil” fue la primera publicación periódica referida al benemérito Instituto, cuyo primer número había sido editado el 1º de octubre de 1850. Se publicaba los días 1, 10 y 20 de cada mes con el precio de salida de un real y medio, tanto en Madrid como en provincias, franco de porte.

No se trataba de una publicación oficial, pero estaba dedicada por entero al benemérito Instituto, reproduciendo tanto información oficial como artículos de opinión. Su edición se adelantó en tres meses, e inspiró la publicación, al inicio de enero de 1851, de “El Guía del Carabinero”, tal y como se publicó en la “Gaceta de Madrid” el 11 de enero de dicho año. Estaba dedicado, en formato similar, a difundir asuntos de interés profesional y de opinión, sobre el Cuerpo de Carabineros del Reino, que al igual que el de la Guardia Civil era también de naturaleza militar, si bien más antiguo, ya que se había creado tres lustros antes. 

No debe olvidarse, máxime cuanto tanta presencia e importancia tuvo en nuestro Campo de Gibraltar, la historia de aquel también benemérito Instituto que terminó integrado en el de la Guardia Civil, en aplicación de la ley de 15 de marzo de 1940.

El 6 de noviembre de 1820 se aprobó por las Cortes, la creación de un contingente militar dedicado específicamente a la persecución del contrabando, lo cual ya estaba contemplado en el “Plan de gastos y contribuciones”, que entonces comprendía desde 1º de julio de 1820 hasta fin de junio de 1821. Consecuente con ello, se dictó la real orden de 1º de diciembre de 1820, aprobando “el reglamento para el gobierno de los cuerpos militares que deben componer el Resguardo de la Hacienda pública en todas las costas y fronteras de la Península”. Concretamente lo definía como “una fuerza militar destinada a proteger el comercio y asegurar los intereses de la Hacienda pública”. Ello era muy importante ya que se pasaba por primera vez del “Resguardo civil”, contemplado en el Real Decreto e Instrucción General de Rentas Reales, de 16 de abril de 1816, a un nuevo modelo de “Resguardo militar”. 

 

Sin embargo, a pesar de su eficaz funcionamiento, tanto cuando actuaban con unidades de uniforme como organizadamente vestidos de paisano en partidas a caballo, pero portando su placa identificativa, la extinción del Trienio Liberal y la vuelta al Absolutismo, conllevaría también el final de tan singular Cuerpo militar dedicado a la represión del contrabando. Tal y como decretaría Fernando VII, quedaron “nulos y de ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional (de cualquiera clase y condición que sean) que ha dominado a mis pueblos desde el día 7 de marzo de 1820 hasta hoy, día 1º de octubre de 1823”.

 

Suprimido el Resguardo Militar de Hacienda, la semilla plantada dio nuevamente su fruto ya que el problema del contrabando se acentuó aún mucho más siendo necesario volver a crear un Cuerpo militar para su persecución. Tras la insatisfactoria real orden de 17 de febrero de 1825, disponiéndose la formación de columnas de Infantería y Caballería dedicadas a la persecución del contrabando bajo la dependencia directa de los capitanes generales, con un asesor en cada provincia para sustanciar las causas a instruir, se dictó el real decreto de 13 de mayo de 1827, que no fue desarrollado ni puesto en ejecución. 

 

En él se disponía, “que por el Ministerio de la Guerra se procediese a la creación de una fuerza especial, separada del Ejército, que velara por los caminos, que asegurara la tranquilidad del reino, hiciese respetar la justicia y persiguiese o contribuyese a la persecución de los defraudadores de la Real Hacienda”. Aunque ello no terminaría por desarrollarse, la semilla plantada dio parte del fruto deseado. Merced al real decreto de 9 de marzo de 1829, fue creado el Cuerpo de Carabineros, “para la seguridad y vigilancia de las costas y fronteras, hacer la guerra al contrabando, prevenir sus invasiones y reprimir a los contrabandistas, y para afianzar con respetable fuerza a favor de la industria y comercio nacionales, la protección y fomento que procuran las leyes de Aduanas”.

 

(Continuará).