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miércoles, 22 de octubre de 2014

INFORME SECRETO. EL ARMAMENTO DEL EJÉRCITO ESPAÑOL ANTE LA 2ª GUERRA MUNDIAL (IX Y ÚLTIMO). CONCLUSIONES FINALES: ESPAÑA NO ESTABA PREPARADA PARA ENTRAR EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 279 correspondiente al mes de septiembre de 2005, de la Revista "ARMAS", págs. 76-81. 
Los originales están ilustrados por diez fotografías en color, tres en blanco y negro y dos dibujos en color.

No cree la Sección haberse dejado llevar de pesimismos exagerados en este modesto trabajo, pero si ha pretendido dominar a la vista de las cifras, severas pero elocuentes, la euforia de la victoria, que si bien legítima, debe servir, no para entregarse a optimismos suicidas, …

Esta inédita pero significativa frase, extraída del extenso y minucioso informe de 63 páginas –citado en anteriores capítulos- fechado el 19 de junio de 1940 y elaborado por el teniente coronel jefe de la 6ª Sección del Estado Mayor del Ejército para su ministro, el bilaureado general Varela, refleja cual era el pensamiento técnico-militar español de la época ante la hipotética entrada de España en guerra a lado de Alemania, Italia y Japón.
España acababa de finalizar una contienda civil de casi tres años de duración con la victoria del bando que había recibido una trascendental ayuda militar por parte de Alemania e Italia. Pero el esfuerzo que ello había supuesto y el desgaste padecido incapacitaba a España para embarcarse a corto y medio plazo –para empezar- en proyectos o aventuras bélicas de cualquier clase y sobre todo de la envergadura de la que se estaba extendiendo por medio mundo.
Entrar en guerra hubiera sido suicida –a pesar de que por aquel entonces alemanes y japoneses parecían invencibles- y de eso el general Franco debía estar bastante concienciado cuando sobre las tres de la tarde del 23 de octubre de 1940 descendía del “break” español de Obras Públicas en el andén de la estación de Hendaya, donde un impaciente Adolfo Hitler llevaba casi media hora esperándole ante una compañía de infantería de la Wehrtmach.
Tras breves minutos de salutaciones protocolarias y revistar las fuerzas de ambos países que rendían honores, Franco y Hitler subieron al coche-salón del tren alemán “Erika” donde se celebró la histórica entrevista. Mucho se ha especulado desde entonces sobre el contenido de la misma, pues nunca se levantó acta formal sino que sólo se tomaron unas breves notas por quienes sirvieron de traductores, Gross y Alvarez de Estrada.
El comunicado oficial de prensa emitido a las siete de la tarde no pudo ser más escueto: “El Führer ha mantenido hoy con el Jefe del Estado español, Generalísimo Franco, una entrevista en la frontera hispano-francesa. La conferencia se ha celebrado en el ambiente de camaradería y cordialidad existente entre ambas naciones. Tomaron parte en la conversación los Ministros de Asuntos Exteriores del Reich y de España, von Ribbentrop y Serrano Suñer respectivamente”.
Sin embargo la realidad, y en ello coinciden la mayoría de los historiadores, es que Hitler pretendió aquel día convencer a Franco para que se comprometiera con la causa de las potencias del Eje –el pacto tripartito se había firmado en Berlín el 27 de septiembre anterior- y que ello finalmente no se produjo. Franco tenía en su haber sólidas razones de carácter militar, económico e incluso social que le obligaban a todo lo contrario.
Dentro de las primeras, que son las que nos han venido afectando a lo largo de estos capítulos, se encontraba la insuficiencia generalizada e incluso carencia plena en algunos casos, de los recursos bélicos nacionales necesarios para entrar y participar en una guerra. Tal y como puntualmente se ha venido reflejando en los artículos anteriores, ni se disponía del armamento ligero y pesado adecuado y suficiente, ni de las municiones necesarias así como tampoco de las imprescindibles materias primas con las que alimentar la industria encargada de fabricar unas y otras. En resumen ni disponíamos ni teníamos capacidad propia para reponer lo “consumido” en unos plazos mínimos satisfactorios.
Tanto Alemania como Italia e incluso Japón llevaban tiempo presionando a España, sirviendo como curioso ejemplo de ello respecto a la última potencia un extenso artículo del autor –publicado en la revista de historia militar SERGA nº 24- sobre los intercambios de mensajes entre el general Varela y su homólogo nipón, el general Shunroku Hata, quien en una carta fechada el 15 de junio de 1940 le había escrito que “actualmente existe una Gran Guerra en Europa y otra en Asia Oriental. Con ambas guerras, se camina hacia la construcción de un Nuevo Orden en el Mundo, afrontando, sin vacilaciones, esta gran situación, nueva en la Historia de las Naciones y que cambiará la faz universal. Los Ejércitos del Japón y España tienen que marchar estrechamente unidos en esta hora trascendental y decisiva, para cooperar respectivamente al establecimiento de este Nuevo Orden, ya que tienen comunes ideales, estrechados bajo un mismo vínculo”.
Entre los documentos que Franco llevó a Hendaya, según han reconocido diversos historiadores en sus obras, se encontraba precisamente un escueto informe de disponibilidades y necesidades militares realizado en base a la información facilitada por el Estado Mayor del Ejército, pudiendo tratarse seguramente del publicado en 1992 por la “Fundación Nacional Francisco Franco” en su colección de documentos inéditos y que en buena parte es un brevísimo resumen de los numerosos informes secretos despachados con su ministro, el general Varela, y que han sido consultados para elaborar esta serie de artículos para la Revista ARMAS.
Frente a las 200 divisiones de la Wehrmacht que Hitler manifestó tener en la entrevista de Hendaya, España sólo disponía entonces de 19 divisiones orgánicas más 1 de Caballería en la Península y otras 5 orgánicas en el norte de Africa además de 16.000 hombres en tropas indígenas, pudiendo movilizar -caso necesario- otras 5 en el Protectorado así como otras 20 en aquella, “no muy bien dotadas de armamento y material”.
En dicho informe, tras reconocerse que “el número de piezas de calibre medio es insuficiente” y mencionar –caso de entrar en guerra- que sería necesario contar con el apoyo de la aviación alemana para intervenir en la zona del Estrecho de Gibraltar frente a la Escuadra inglesa, así como también respecto a los archipiélagos balear y canario, incluida la colaboración de submarinos germanos, se detallaban unas peticiones de material muy concretas: “2.000 camiones, 200 carros de combate, 40 aviones JU. 88, 100 cañones largos de 155 con 1.000 disparos por pieza, 100 obuses de 210 a 220 m/m con 1.000 disparos por pieza, aprovisionamiento de gasolina, de productos nitrados, de tolueno y eventualmente de trilita”.
Realmente aquello hubiera sido sólo para empezar, habida cuenta la precaria situación española de armas, municiones y materias primas. Pero a Franco tampoco le interesaba difundir –siquiera a su antiguo aliado que llegó a considerar mediante la Operación “Felix” penetrar en España para ocupar la colonia británica de Gibraltar- la verdad de la situación que se padecía. Se podían movilizar recursos humanos –hasta 50 divisiones teóricamente- pero no se las podía dotar de los medios adecuados para hacer la guerra y mucho menos sostenerla.
Hitler –según cita el historiador Luis Suárez Fernández en su obra “España, Franco y la Segunda Guerra Mundial” (Ed. Actas, 1997)- aseguró a Franco en otra reunión que hubo después de la cena que la guerra estaba virtualmente ganada y que España tendría “cuanta ayuda pudiera necesitar tanto en provisiones como en armamento”. Visto a posteriori el transcurso de la historia, Alemania no hubiera podido satisfacer –por tener que atender sus propios y múltiples frentes- las verdaderas necesidades españolas en dichas cuestiones.
Regreso de Hendaya y nuevos informes
            Franco regresó de Hendaya en la madrugada del 24 de octubre e inmediatamente solicitó ante las nuevas presiones que Alemania ejercería, nuevos informes a sus ministros del Ejército, Marina y Aire. El de la Armada, fechado el 11 de noviembre de 1940 y suscrito por su ministro –el almirante Salvador Moreno Fernández- aunque elaborado por el entonces capitán de fragata y futuro presidente del gobierno español (1973), Luis Carrero Blanco, asesinado el 20 de diciembre de ese mismo año por la banda terrorista ETA, contenía realmente una serie de reflexivas consideraciones desde el punto de vista naval que precisamente no animaban a entrar en guerra.
            Respecto al armamento se hacía constar concretamente, entre otras cuestiones de gran interés, que el total de minas submarinas disponibles era tan sólo de 1.973, encontrándose en recomposición en los arsenales otras 641 y habiéndose encargado la construcción de 2.446 más, es decir, “un número muy por debajo de nuestras necesidades”. En caso de una agresión británica contra las islas Canarias, “destinar fuerzas ligeras y en escasísimo número como las nuestras para rechazar un ataque de acorazados es destinarlas a ser destruidas sin poder rendir lo más mínimo a la defensa”.
Por su parte el general Varela encargó nuevos y exhaustivos informes a la Dirección General de Industria y Material así como a su 6ª Sección de E.M. del Ministerio del Ejército. Así el 28 de noviembre de 1940 se le presentó un informe sobre “Existencia de armamento de repetición y automático así como morteros, reglamentario y no reglamentario”.
Respecto al reglamentario el total de fusiles y mosquetones de 7’92 y 7 mm. era de 472.895 (391.535 en servicio y 81.360 en recomposición en parques y maestranzas), 13.168 fusiles ametralladores de 7 mm. (12.566 en servicio y 602 en recomposición), 7.859 ametralladoras (6.301 en servicio y 1.558 en recomposición), 4.785 morteros de 50 mm. (3.386 en servicio y 1.399 en recomposición) y 1.609 morteros de 81 mm. (1.265 en servicio y 344 en recomposición).
Respecto al no reglamentario el total de fusiles y mosquetones de 6’5, 7, 7’62, 7’7, 7’92 y 8 mm. era de 519.505 (291.845 en servicio y 227.660 en recomposición), 20.463 fusiles ametralladores (8.410 en servicio y 12.053 en recomposición) y 10.255 ametralladoras (4.453 en servicio y 5.802 en recomposición).
De esa misma fecha es otro minucioso informe sobre existencia de municiones en los parques de la Península, en las dotaciones inamovibles de Cuerpo de Ejército y de Ejército, en los depósitos extraordinarios del Sur y pendientes de remitir a ellos así como en los parques de Africa, Baleares y Canarias, con expresión numérica de cada una de las clases y tipos de munición existentes, y cuya extensión hace imposible siquiera resumirlo en estas páginas, dada su enorme variedad.
También ese mismo día se emitía otro informe relativo a existencias de material de artillería de campaña, antiaérea y de costa, si bien sobre ésta última no se localizó la copia correspondiente. Respecto a la de campaña se detallaban, modelo por modelo, un total de 2.718 piezas (2.411 en servicio y 307 en los parques) mientras que la antiaérea se concretaba además por regimiento y grupo, con un total de tan sólo 224 piezas encuadradas en 56 baterías.
Al día siguiente, 29 de noviembre, se emitió otro informe, esta vez referente a la existencia de cañones antitanques y ametralladoras antiaéreas de 20 mm., cuyo panorama no mejoraba precisamente la situación: 513 piezas de los primeros (472 en servicio de los que para 104 se carecía de munición y 41 en recomposición de los que para 35 tampoco había munición) y tan sólo 266 de las segundas (255 en servicio y 11 en recomposición que “no se podrán poner en servicio hasta recibir unos tubos que se tiene solicitada su importación”).
Pero tal vez más interesante e ilustrativo que todo ello fue el último informe de la serie que se trata en este capítulo final, también emitido el día 29, relativo al “estado de materias que serían necesarias importar para la producción de un año” así como la cantidad de “carburantes y lubricantes necesarios para los vehículos automóviles del Ejército en pie de guerra durante seis meses”. Las minuciosas y extensas relaciones nominales de dichos productos a lo largo de seis hojas, expresados en litros, kilogramos y toneladas no hacían más que evidenciar la patética situación que se padecía.
En definitiva, e independientemente de las otras razones y motivaciones sobre las que hoy día todavía siguen sin ponerse deacuerdo los historiadores, habida cuenta el actual estado de la cuestión, la verdad es que embarcar a España en la Segunda Guerra Mundial hubiera sido –al menos desde el punto de vista militar- “entregarse a un optimismo suicida”.

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