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jueves, 30 de julio de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XLIX). EL PRIMER NÚMERO DE “EL MENTOR DEL GUARDIA CIVIL”.

 

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 11 de mayo de 2026, pág. 16.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



Si el 20 de julio de 1855 se editó el último ejemplar del periódico “Guía del Guardia Civil”, concretamente el núm. 173, tan sólo once días después, el 1º de agosto, se publicaría el núm. 1 de "El Mentor de la Guardia Civil", su sucesor, que inicialmente, pero por muy poco tiempo, sería también de titularidad privada.

El primer periódico citado había comenzado la edición de su primer ejemplar el 1º de octubre de 1850. Estaban entonces situadas sus primeras oficinas de la redacción en la calle Leganitos núm. 6 de la capital madrileña, “a donde se dirigirán los pedidos francos de porte sin cuyo requisito serán nulos”. Luego tuvieron que trasladarse, a partir del núm. 59, de 10 de mayo de 1852, a la Plazuela de Oriente, núm. 10, 2º derecha. Seguidamente, pasaron sus dependencias, desde el núm. 132, del 20 de mayo de 1854, a la Plazuela de Santo Domingo núm. 26, 2º, hasta que finalmente, a partir del núm. 160, de 10 de marzo de 1855, tuvieron ya hasta el final, sus oficinas en la Cuesta de Santo Domingo núm. 13, cuarto 2º de la derecha.

Por otra parte, en dicho periódico comenzó constando Francisco López como editor responsable, desde su inicio hasta el núm. 16, de 1º de marzo de 1851, en el que le relevó José de Arnao. Éste fue sustituido puntualmente en el núm. 18, publicado el día 20 de dicho mes, por Carlos de Pravía, volviendo a ser nuevamente reemplazado, a partir del número siguiente, por José de Arnao, si bien a partir del núm. 56, del 10 de abril de 1852, ya no volvió más a ser citado.

Respecto a su impresión, primero fue, desde el 1º de octubre de 1850, en la Imprenta de Anselmo Santa Coloma y Compañía, sita en el núm. 19 de la calle de la Encomienda, citada también en alguna ocasión como calle del Nuncio. En el mentado 20 de marzo de 1851, núm. 18 del “Guía del Guardia Civil”, dicha imprenta pasó a ser de los señores Coloma y Peña, manteniendo el mismo domicilio inicial, pero añadiendo que eran impresores del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras públicas. Diez días después, se materializó el cambio de la imprenta, pasando a ser la de “J. Martín Alegría”, con sede en el Callejón de San Marcos núm. 6, y a partir del núm. 24, de 20 de mayo de 1851, haciendo constar que era también el impresor del Ministerio de Marina. Así fue hasta el núm. 44, de 10 de diciembre de ese mismo año, que pasó a la Imprenta de Villetti, sita en la Cuesta de Santo Domingo núm. 6, mientras que, a partir del número siguiente, 20 de diciembre, se hizo en la Imprenta de Andrés Peña, sita en el núm. 24 de la calle Leganitos, donde se prosiguió hasta el final, núm. 173 de 20 de julio de 1855.

Tal y como ha podido verse, el periódico “Guía del Guardia Civil”, desarrolló una magnífica labor de difusión, tanto de normativa, como de movimientos de personal, reconocimientos, vicisitudes, así como un largo etcétera de cuestiones varias de toda clase y condición, aunque nos hayamos centrado más, en este periodo, en las relacionadas con Algeciras.

Aquella era una época donde la Benemérita, que contaba entonces con once años de existencia, carecía, como ya se ha expuesto en ocasiones anteriores, de boletín o publicación oficial propia alguna, al igual que sucedía con otras muchas instituciones. Pero hay que reconocer, y más para las que tenían un ámbito nacional de despliegue y funcionalidad, como sucedía con la Guardia Civil, que realmente se trataba de una verdadera necesidad. Si se carecía de ello, es muy difícil, por no decir imposible, creer honestamente, que realmente una institución pública, y especialmente de ámbito nacional, existiera realmente. Hoy día se puede faltar o manipular la verdad, pero historiográfica y verdaderamente, desde el punto de vista académico, ni es creíble ni es posible.

Al margen de las verdaderas razones por las cuales finalizó, tras casi cinco años de meritorio contenido, el periódico “Guía del Guardia Civil”, de titularidad privada, pero de tan amplia difusión nacional, debe ponerse en valor que tan sólo once días después, el 1º de agosto de 1855, comenzó a publicarse “El Mentor del Guardia Civil”, inicialmente también, aunque muy brevemente, de titularidad privada. 

Su difusión sería aún mayor que el “Guía”, ya que la Benemérita continuaría aumentando su plantilla de personal y su despliegue territorial, mediante la implantación de un mayor número de puestos en casas-cuarteles.

La redacción del “Mentor”, que continuó establecida en la capital madrileña, pasó a establecerse en el núm. 5 de la calle de Tudescos, y en vez de publicarse tres veces al mes, los días 1, 10 y 20 como sucedía con el “Guía”, pasó a editarse los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes. Continuó manteniendo, debajo de su cabecera, que era un periódico dedicado al Cuerpo, así como que el honor es la divisa del mismo, tal y como establecía el artículo 1º de la “Cartilla del Guardia civil”.

Llama la atención que lejos de comenzar este primer número con un artículo en modo editorial, explicando la razón de ser de su singladura, empezase en su primera página publicando tres “Advertencias”, bajo esta misma denominación.

La primera era informar que “El Mentor”, al igual que había sucedido con el “Guía”, no sería redactado por la “Inspección del Cuerpo”. La segunda era la solicitud a los jefes de Tercio y Comandancias para que facilitasen las listas de los componentes de sus unidades que deseasen suscribirse, haciendo constar que entre los suscriptores ya se encontraban el “dignísimo organizador y primer Inspector del Cuerpo, Excmo. Sr. Duque de Ahumada, excusando decir a nuestros lectores que también lo es el dignísimo actual señor Inspector D. Facundo Infante”. Y en tercer lugar, entre otras cosas, resaltar que “El Mentor”, sin ser una mira de especulación, “está a disposición de todo el que vista el honroso uniforme de la Guardia civil, y como periódico del Cuerpo destinado a sus intereses”.

Fruto de ello, los guardias civiles lectores del “Guía”, pasarían a serlo de “El Mentor”, entre ellos los destinados en el puesto de Algeciras.

(Continuará).

 

viernes, 24 de julio de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XLVIII). LA DESPEDIDA DEL “GUÍA DEL GUARDIA CIVIL”.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 4 de mayo de 2026, pág. 16.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.




Prosiguiendo con el número 170 del “Guía del Guardia Civil”, de 20 de junio de 1855, antesala de su desaparición que se llevaría a cabo un mes después, se fue vislumbrando una situación de conflicto institucional solo posible en un medio de comunicación de titularidad particular.

Por una parte, en el artículo, realmente editorial, se expresaba: “Los que pocos meses ha creyeron que el Cuerpo decaería del aprecio de los pueblos, habrán tenido una satisfacción al desengañarse de que la Guardia civil no puede nunca ser odiada sino de los criminales, y aún de estos a medias, cesando completamente ese mismo odio cuando se ven tratados del modo más humanitario por sus mismos perseguidores el día que los conducen ante la ley”.

Y, por otra parte, en el siguiente artículo que se publicaba en ese número, se palpaba ya una evidente situación de conflicto con la línea editorial que últimamente se estaba siguiendo por el propietario de dicho periódico:

“Sugiéranos esta pequeña digresión algunos ataques ya embozados, ya directos, que se nos hicieron de algunos días a esta parte, por quienes lejos de comprender la institución, la juzgan ligera y simplemente, sin el debido examen”.

Pero el artículo no para ahí, sino que continúa profundizando en su exposición: “A estos ataques, a esta guerra de esta ley, contestamos como los individuos del Cuerpo contestan a sus detractores; ellos con los hechos y nosotros con los cinco tomos que llevamos publicados en los cinco años que tenemos la honra de haber sido los intérpretes de esta institución, y con más de tres mil quinientas comunicaciones que tenemos desde el General hasta el simple guardia, aprobando nuestro celo y nuestra conducta”. 

La finalización del extenso artículo no es más conciliadora, si bien hay que significar que realmente no se trataba de un problema o enfrentamiento institucional, pues en modo alguno se cuestionaba la existencia y servicio de la Guardia Civil, pues en ello toda persona de bien estaba de acuerdo y satisfecha.

De hecho, transcribe el texto de un artículo publicado en otro periódico madrileño diferente, si bien no lo identifica, comenzando de la siguiente manera: “Llamamos de nuevo la atención de nuestros lectores acerca del brillante comportamiento del distinguido Cuerpo de la Guardia civil, y al hacerlo nos cumple manifestar que solo un acto de merecida justicia nos aconseja esta conducta; excitamos a nuestros colegas para que guiados por tan noble fin nos imiten, para conocer a toda España lo muy digna que cada día se hace esta sustitución del aprecio de los hombres honrados”.

Un mes después, 20 de julio de 1855, tras haber publicado con entera normalidad, en cuanto a contenido se refiere, los ejemplares del benemérito periódico, correspondientes a los días 1 y 10 de dicho mes, se editó el último número del “Guía del Guardia Civil”, concretamente el núm. 173. En él, en un extenso artículo publicado a partir de la primera página y que hoy día podría llamarse editorial, su director, José Díaz Valderrama, comunicó, y reprochó, el final definitivo de dicha cabecera. El inicio del texto no podía ser más explícito:

“Ya no debimos publicar el Guía este mes; tales, tantas y de tal género son las intrigas que venimos resistiendo desde últimos de mayo. Pero como era una propiedad fundada por nosotros, propiedad que dio los frutos morales que nadie puede negar, que han reconocido escritores de todos matices y militares de alta reputación, creímos que debíamos despreciar la calumnia y las miserables y ateas intrigas que nos obligan a trazar estas líneas”.

Evidentemente resulta muy difícil, transcurridos casi 171 años del cierre de dicho periódico, conocer las causas reales de ello, pero también es cierto lo que se exponía en el texto, al afirmar rotundamente, “para que consten siempre en la historia de un periódico que desde su primera página ha sido eco fiel y único del Cuerpo de la Guardia civil”. De ello hay que significar, tras la lectura de los 173 números publicados, que ello es cierto, pues todavía no existía una publicación oficial periódica de la Benemérita.

En la finalización del artículo se vislumbra la posible causa real de lo que estaba sucediendo ya que se trataba de un periódico que, siendo el único que se dedicaba a la Benemérita, reproducía tanto los textos oficiales de mayor interés emitidos desde la Inspección General del Cuerpo, como los servicios más destacados de los guardias civiles en las diferentes provincias.

En su último párrafo se decía: “Como que nuestros adversarios llevan por norte en su guerra, eso que se llama especulación o interés mezquino, en la creencia que nosotros hemos tenido un lucro en alto grado, nos ponen en el caso de referir un hecho que nunca hubiéramos referido, y es que el Director del Guía del Guardia civil, ha dado de su bolsillo particular desde 1º de octubre de 1850 a 30 de junio de 1855, sesenta y nueve mil quinientos treinta y dos reales, de socorro a diferentes personas, según los documentos que obran en su poder; que habiendo dirigido a la vez dos y tres periódicos más, cesa hoy con menos intereses que tenía el día que publicó el primer número del Guía”.

Hay que significar José Díaz Valderrama no pertenecía a la Benemérita y ni siquiera consta que hubiera sido militar. Autor de diversas obras, destaca lo publicado en la Gaceta de Madrid, de 8 de agosto de 1850. Allí se pondría en valor su obra titulada “El granadero Luis”, dedicada al Ejército, publicándose en una elogiosa y extensa reseña donde tras poner al escritor en valor, se afirmaba: “hace un gran servicio a su patria”.

Tres años después del cierre del “Guía del Guardia Civil”, publicaría un interesante libro de 469 páginas, titulado “Historia, servicios notables, socorros, comentarios de la cartilla, y reflexiones sobre el Cuerpo de la Guardia Civil: dedicada a S.A.R. el Príncipe de Asturias”. Concretamente fue editado en 1858 en la madrileña Imprenta de José María Ducarcal.

El periódico “Guía del Guardia Civil”, sería relevado pocos días después por "El Mentor de la Guardia Civil", que el 15 de agosto de 1855 sería declarado periódico oficial del Cuerpo, precedente del actual “Boletín Oficial de la Guardia Civil”. Como se verá en los próximos artículos, Algeciras y el Campo de Gibraltar, continuarán siendo algunos de los escenarios de la Benemérita.

(Continuará).


miércoles, 15 de julio de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XLVII). EL PRINCIPIO DEL FIN DEL “GUÍA DEL GUARDIA CIVIL”.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 27 de abril de 2026, pág. 15.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Tal y como se expuso en su momento, el periódico “Guía de Guardia Civil” se editaba en Madrid, pero se distribuía a nivel nacional, debido a que el público al que principalmente iba destinado eran los beneméritos hombres que entonces estaban desplegados por toda España, a excepción de las Islas Canarias, Ceuta y Melilla. Se trataba de un medio de prensa de titularidad y propiedad particular, pero en modo alguno era un boletín oficial. 

Hay que recordar que el primer número de dicho periódico se publicó el 1º de octubre de 1850, sucediéndose consecutiva y decenalmente hasta el 20 de julio de 1855, los días 1, 10 y 20 de cada mes. En total se contabilizaron 173 ejemplares sucesivos diferentes.

Por aquel entonces, la Guardia Civil carecía, al igual que otras instituciones públicas del Estado, de una publicación oficial periódica de ámbito corporativo en la que se procediera a la comunicación y difusión de sus actividades, altas y bajas de sus miembros, decisiones, destinos, disposiciones, felicitaciones, nombramientos, normativas, resoluciones y un largo etcétera. Al Cuerpo de Carabineros, creado por real decreto de 9 de marzo de 1829, le sucedía entonces también lo mismo, recordándose que fue integrado en la Guardia Civil por la ley de 15 de marzo de 1940.

Aquel vacío que hasta 1850 existía en la Benemérita fue afortunadamente rellenado en buena parte por el periódico “Guía del Guardia Civil”, al igual que por el mismo editor se creó poco después el periódico “El Guía del Carabinero”, el cual sí tendría posteriormente una larga edición periódica pero plenamente institucional. 

Pero volviendo a mediados del siglo XIX, hay que concretar que ambos medios de dichos Cuerpos, se publicaban los servicios más notorios acaecidos en las diferentes provincias, detallándose lo más destacable de lo acontecido profesionalmente en los distintos términos municipales del territorio nacional.

Gracias a ello se han podido recordar, ya centrados en la Guardia Civil, casos policiales protagonizados en ese periodo por la Benemérita en el término municipal de Algeciras, como ya se ha ido exponiendo en anteriores capítulos.

Añadido a lo anterior, y a modo de ejemplo, entre otras curiosidades, se publicaba en dicho periódico la “Relación de los desertores del cuerpo de Artillería que no han sido habidos ni presentados hasta la fecha, con expresión del año en que lo verificaron, y se recomienda a los individuos de la Guardia civil su captura”. Así, entre las decenas y decenas de desertores publicados que entonces se padecía en un periodo en el que era obligatoria una larga prestación del servicio militar, figuraba en el núm. 166 del “Guía del Guardia Civil”, de 10 de mayo de 1855, la requisitoria del artillero José Ripoll, natural de Algeciras, quien se encontraba en dicha situación desde hacía casi tres lustros, concretamente desde el año 1841.

Otra curiosidad, publicada en el núm. 168, de 1º de junio de 1855, del mentado periódico, era la relación nominal de los guardias civiles licenciados que habían pertenecido a la 5ª Compañía (Albacete), firmada el 22 de mayo de 1855 por su jefe, el primer capitán Antonio Conti. La razón de dicho listado era que los interesados no habían percibido todavía unas pequeñas cantidades económicas correspondientes al alumbrado y combustible de los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1854. Entre los destinatarios se mentaba al guardia civil de 2ª clase José Merino, que se había marchado a vivir a Algeciras, tras licenciarse.

Por otra parte, merece la pena relatar que en el número 170 del “Guía del Guardia Civil”, de fecha 20 de junio de 1855, se comenzaba detallando en un extenso artículo que ocupaba las tres primeras páginas, la relación de primeras autoridades nacionales y extranjeras que recibían dicho periódico. Aunque su director, y editor, José Díaz Valderrama, no lo mencionase expresamente en ese momento, hay que significar, visto lo sucedido posteriormente, que, contra su voluntad, era consciente del próximo final de dicha cabecera de prensa.

Entre las mentadas autoridades nacionales destinatarias de esa publicación, se nombraban expresamente a la reina Isabel II y a su esposo, el rey consorte y duque de Cádiz, Francisco de Asís María Fernando de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, así como a “sus Altezas”; a los duques de la Victoria, Ahumada y de Valencia; al capitán general Evaristo Fernández de San Miguel Valledor, también un interesante personaje que con anterioridad había sido ministro de la Guerra, Marina y Ultramar en gobiernos presididos por el capitán general Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro; al conde de Lucena; al marqués del Duero, al conde de Balmaseda y al teniente general Antonio Remón Zarco del Valle Huet; así como todos los ministros, directores e inspectores generales, los capitanes generales de distrito y todos los gobernadores civiles de provincia, amén de “otros muchísimos particulares entre los que se cuentan títulos de Castilla y dignidades eclesiásticas, etc., etc., etc.”.

Respecto a las autoridades extranjeras que recibían “El Guía del Guardia civil”, se mencionaba a los emperadores de Francia, Austria y Brasil; al Papa Pío IX; la reina Victoria de Inglaterra; los reyes de Portugal, Prusia, Dos-Sicilias, Cerdeña, Bélgica, Baviera y Dinamarca; los presidentes de los Estados Unidos y de México, así como el germánico “Gran Duque de Baden”.

Esa amplia difusión, nacional e internacional, del periódico de la Benemérita, según se continuaba exponiendo en tan larga exposición, “probará a todos los jefes, oficiales e individuos que pertenecen a la institución, que sus brillantes servicios se leen y se comentan aún en las más elevadas y apartadas regiones; que cuando más de una vez les hemos dicho que el mundo entero les juzgaba, les decíamos una verdad, …”. De hecho, se reconocía, “que hoy la misma gendarmería francesa envidia muchas páginas a la Guardia civilespañola, si hemos de creer sinceramente a los extranjeros que nos honran con su amistad”.

Si bien no es posible ni procede reproducir por entero tan extenso artículo, que concluía “felicitando a la institución en general, y en particular a los que han tenido la ocasión de distinguirse”, sí que sirve de termómetro ante el cambio que había experimentado el relevo de gobiernos de la nación que recientemente se había producido. Al contrario de lo que anteriormente había sucedido con otras instituciones de seguridad pública que habían desaparecido, se seguiría apostando por la continuidad y fortalecimiento de la Guardia Civil.

(Continuará).

 

 

miércoles, 8 de julio de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XLVI). LA CAPTURA DE LOS ASESINOS DE UN BRITÁNICO EN 1855.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR el 20 de abril de 2026", pág. 11.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.





Al inicio de 1855 el inspector general de la Guardia Civil era el teniente general Facundo María Infante Chaves, que como ya se expuso en el último capítulo, por real decreto de 1º de agosto del año anterior, había sucedido al II Duque de Ahumada.

La Benemérita, como única fuerza de seguridad desplegada por todo el Estado, según el “Escalafón general de antigüedad” de jefes y oficiales del Cuerpo, a fecha 1º de enero de 1855, tenía en plantilla 8 coroneles y 5 tenientes coroneles, así como 58 primeros capitanes de la clase de primeros y segundos comandantes de Infantería y Caballería. De ellos, 9 desempeñaban el cargo de 2º jefes de Tercio, y 8 de los de Caballería mandaban los escuadrones que, con cabecera en 8 de los 13 Tercios que entonces existían y donde estaban desplegadas sus secciones. También había 62 segundos capitanes, de los cuales 11 eran de Caballería, y el resto de Infantería; así como 192 tenientes, de los cuales 35 eran de Caballería, y el resto de Infantería. Finalmente, como oficiales de menor graduación, había 49 subtenientes de Infantería y 29 alféreces de Caballería.

La fuerza de que se componía entonces la Guardia Civil, con arreglo a lo dispuesto por Isabel II en la real orden de 17 de octubre de 1854, era de 7.756 hombres de Infantería y 1.244 de Caballería, que contaba con una plantilla de 1.200 caballos. 

Todos esos efectivos se encontraban distribuidos en los 13 Tercios citados anteriormente, a razón de uno en cada “Capitanía General” que existían entonces en la Península e Islas Baleares. En cada una de esas provincias había destinada una compañía de Infantería de la Benemérita así como la fuerza de Caballería que correspondiese, según cada caso. En las Islas Canarias, así como en las entonces plazas de Ceuta y Melilla, todavía no estaba desplegada la Guardia Civil.

Centrados en el Campo de Gibraltar de la época, continuaba en 1855 al frente de la Guardia Civil al teniente Juan Morillas de Casas. Este ya era capitán efectivo del Arma de Caballería del Ejército desde el año anterior y no ascendería al empleo de capitán de la Benemérita hasta el mes de 1857. En su hoja de servicios sólo consta, referido año 1855, la captura de “Juan Suarez (a) Lucas, uno de los cabecillas que capitaneaban la insurrección que tuvo lugar en la Campiña de Tarifa, habiendo tenido a bien S.M. la Reina (q.D.g.) se le dieran las gracias en su Real nombre, en 6 de octubre de este año por los expresados servicios”.

En dicho año el jefe del Tercer Tercio (Sevilla) era el coronel José Fernández de Terán Uslengo, procedente del Arma de Caballería y futuro brigadier, mientras que al frente de la Guardia Civil en la provincia de Cádiz se encontraba el comandante 2º Benito Artalejo Garrido, quien tenía el grado de coronel de Infantería.

Prosiguiendo con el periódico “Guía del Guardia Civil” y con el puesto del benemérito Instituto en Algeciras, hay que hacer referencia a la reseña publicada en su núm. 164, correspondiente al 20 de abril de 1855. Concretamente el hecho que se citaba, trataba de, “un criminal que en el año de 1849 cometió una muerte en Sevilla, y por cuyo delito fue sentenciado a 14 años de presidio, se hallaba desde dicha fecha refugiado en Gibraltar”.

El relato periodístico exponía que ese individuo había permanecido desde entonces en la colonia británica hasta que el día 28 de marzo del mentado 1855, “fue expulsado de la plaza referida”. Aunque aquel artículo no facilitaba información alguna sobre dicho criminal, en relación a su vivencia durante casi tres lustros en Gibraltar, lo cual hubiera sido interesante saberlo, si se citaba que había llegado a conocimiento del sargento Pedro Martínez, comandante del puesto de la Guardia Civil en Algeciras, que aquel delincuente se estaba alojando “en el sitio de la Temara”, ubicado en el término municipal de San Roque.

Acto seguido, dicho sargento ordenó a los guardias civiles José Marzá y Eulogio Peláez que procedieran a la detención del sujeto, lo cual pudo cumplimentarse el 31 de marzo, “ofreciéndoles el criminal repetidas veces a los individuos del Cuerpo una suma porque le dejasen en libertad, cuyas dádivas fueron despreciadas por aquellos, como era de esperar, manifestándole que la Guardia civil jamás se soborna”.

Enterado el inspector general de la Benemérita, de dicho buen servicio, así como del “digno proceder de los que visten tan honroso uniforme”, procedió a su felicitación, “quedando sumamente satisfecho de que el servicio se presta con arreglo al reglamento y como reclama el honor del Cuerpo”.

Otro importante servicio policial, esta vez relativo al asesinato de un británico, “un crimen horroroso”, fue publicado en el siguiente “Guía del Guardia Civil”, núm. 165, de fecha 1º de mayo de 1855. El luctuoso hecho había acaecido el día 13 del mes anterior. La víctima había sido un súbdito inglés llamado Guillermo Fenton, vecino de Algeciras. Había salido a pasear por el campo, acompañado de una hermana suya, por el camino de conducía a Tarifa.

Cuando llegaron “al sitio titulado de los Guijos”, fueron sorprendidos por dos hombres armados con escopetas y con el rostro cubierto para no ser identificados. Le exigieron al británico que entregase el dinero que portase, “y al contestarles no tenía ninguno, le dispararon un tiro del que quedó muerto en el acto, quitándole los asesinos el reloj que usaba”.

Enterado del suceso salió hacía el lugar el sargento Pedro Martínez, acompañado por fuerza del puesto de Algeciras, comprobando que las huellas de los bandidos en el camino, desaparecían al entrar en la ciudad. De acuerdo con el 2º alcalde de Algeciras, José María Roca, procedieron ambos, acompañados de los citados guardias civiles Marzá y Peláez, así como del también benemérito Francisco González, a recorrer parte del interior de la población, localizando a media noche a los sospechosos y procediendo a su detención.

En el registro efectuado se les intervino, “una pistola, pólvora y la cadena del reloj robado, como igualmente la ropa del disfraz con que perpetraron el crimen”. Enterado el teniente general Facundo Infantes del resultado del servicio practicado, procedió, como inspector general de la Benemérita, a la felicitación de la fuerza actuante.

(Continuará).

 

 

viernes, 3 de julio de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (XLV). LA BENEMÉRITA EN EL PERIODO 1854-1855.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 13 de abril de 2026, pág. 10.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



 

Por real decreto de 30 de julio de 1854, “tomando en consideración los muchos méritos y servicios”, del teniente general Leopoldo O’Donnell Joris, fue promovido a “Capitán general de los ejércitos nacionales”. Era entonces presidente del consejo de ministros, el capitán general Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro, que había sido nombrado tras la dimisión, aceptada el día 19, de Ángel Ramírez de Saavedra Rodríguez de Baquedano, curioso personaje militar, diplomático, literato y poeta, que había sido ministro de la Gobernación y de Marina, siendo nombrado para desempeñar el cargo presidencial el día anterior. Por otro real decreto de citado 30 de julio, O’Donnell atendiendo fue nombrado ministro de la Guerra. 

Seguidamente, por real decreto de 1º de agosto, publicado en la “Gaceta de Madrid”, el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, cesaba por primera vez como inspector general de la Benemérita, tras una década al frente de la misma. Por otro real decreto de misma fecha fue nombrado para sustituirle el teniente general Facundo María Infante Chaves. 

Dicho relevo también sería publicado el siguiente día 10, en el núm. 139 del “Guía del Guardia Civil”. Igualmente se reprodujo en dicho periódico la real orden del Ministerio de la Guerra, de 2 de agosto, donde se disponía que interín tomase posesión el nuevo inspector general, “se encargue del despacho de los negocios; de la Inspección general del Cuerpo de la Guardia civil”, el brigadier Antonio María de Alós López de Haro, destinado entonces en la misma.

En dicho periódico y fecha se reproducía un artículo publicado el 8 de agosto en el diario “La Nación”: “Una cosa nos atrevemos a recomendar con el mayor encarecimiento al señor Ministro de la Gobernación. Se trata de la seguridad pública. Por efecto de las disposiciones tomadas para reconcentrar en las capitales las fuerzas de la Guardia civil, guardas de montes y peones camineros, han quedado los caminos abandonados; y los rateros, aprovechándose de la confusión y de la impunidad que les asegura la falta de vigilancia, cometen a mansalva robos y otros desmanes”.

Ello no fue una queja aislada sino que seguidamente se hacía referencia a otros periódicos, llamando la atención de las autoridades, pidiendo que la Benemérita, “vuelva a cubrir sus puestos; y si el nuevo Inspector general ha de dar los resultados que dio su antecesor, preciso es que lejos de desprestigiarse la institución que tanto ha costado plantear, se le de ese poder moral, tan necesario a todos los ciudadanos, porque en obsequio de todos se emplea”.

El núm. 141 del “Guía del Guardia Civil”, correspondiente al 1º de septiembre de 1854, comenzaba informando que el 22 de agosto anterior había tomado ya posesión de su nuevo mando el citado teniente general Facundo Infante. Anterior capitán general de las Islas Baleares, “conocido es por todos los partidos, por todos los hombres, y por consiguiente su nombre solo es una garantía suficiente para la Institución”.

Dado que la situación del cambio político producido, había alterado en algunas poblaciones la normalidad de la convivencia ciudadana, cuestionando incluso a la propia Benemérita, siempre leal al poder legalmente constituido, tuvo que dictarse cuatro días más tarde, por la Subsecretaría del Ministerio de la Gobernación, una extensa circular dirigida por real orden a los gobernadores civiles de provincia que comenzaba así: “La Guardia civil, cuyo único y saludable instituto es el de garantir los intereses de los ciudadanos, cuidando de la tranquilidad de las poblaciones y velando por la seguridad de los caminos, ha prestado constantemente, desde el día de su fundación, apreciables y señalados servicios, que unidos a su disciplina, moralidad y excelente comportamiento, la han hecho superior a todas las prevenciones, conquistando la consideración y simpatías del país”.

Dicha circular, tras hacer una firme defensa institucional de la Benemérita, finalizaba dando instrucciones concretas a los gobernadores civiles, para que, “en uso de su autoridad reprima toda especie de atentado que se cometa contra los individuos de este Cuerpo, y en caso necesario, y habiendo méritos bastantes, ponga a sus autores a disposición de los tribunales de justicia”.

Al mes siguiente, en el núm. 146 del “Guía del Guardia Civil”, correspondiente al 20 de octubre de 1854, se informó del cambio, por reales órdenes de 24 de septiembre anterior, que se había dispuesto que los brigadieres jefes de los Tercios 2º (Barcelona), Luis María Serrano del Castillo Arango, y 3º (Sevilla) Carlos Purgoldt de Lowenhardt, permutasen en sus destinos respectivos. Esta última unidad tenía a su cargo la Benemérita desplegada en las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla.

Sin embargo, el mentado brigadier Serrano del Castillo poco tiempo estuvo a su frente, ya que por real orden de 19 de diciembre siguiente, pasó “a las inmediatas órdenes del Excmo. Sr. Capitán general Gobernador de la isla de Cuba”. 

Consecuentemente, en el núm. 154 del “Guía del Guardia Civil”, correspondiente al 10 de enero de 1855, se publicaba que, por real orden del primer día de dicho mes, se había dispuesto nombrar al “coronel efectivo del arma de caballería en situación de reemplazo don José Fernández de Terán”, como primer jefe del Tercer Tercio (Sevilla). Éste había tenido a su cargo, como teniente coronel, “el despacho de los negocios pertenecientes a la sección central de la Secretaría de la Inspección general del Cuerpo”, desde el 4 de febrero de 1848 hasta fin de 1854. 

Al frente de la Guardia Civil de la provincia de Cádiz continuaba, al comienzo de 1855, el comandante Benito Artalejo Garrido y como oficial en el Campo de Gibraltar seguía el teniente Juan Morillas de Casas.

Centrados ya en Algeciras, hay que destacar que en el núm. 155 del “Guía del Guardia Civil”, correspondiente al 20 de enero siguiente, se publicaba un importante servicio que fue felicitado por el propio inspector general. El sargento Pedro Martínez, comandante de dicho puesto, había sido avisado el 27 de diciembre anterior, por el comandante de puesto de Los Barrios, de que, en Algeciras, “residía uno de los ladrones que con otros dos armados habían perpetrado varios robos en aquel término”. Practicadas, “las más reservadas diligencias”, y auxiliado por el guardia civil José Marzá, consiguió a la mañana siguiente detener al criminal, resultando que éste había desertado en 1849 del presidio del canal de Castilla.

(Continuará).