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martes, 3 de noviembre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LXII). LA PROSECUCIÓN DE SERVICIOS DE LA BENEMÉRITA EN ALGECIRAS (1858).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 10 de agosto de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.




El 16 de marzo de 1858, en el núm. 126 de “El Mentor del Guardia Civil”, se publicó por la Inspección General de la Benemérita, dirigida por el II Duque de Ahumada, la nueva distribución de los 10.500 hombres que contaba el Cuerpo (8.850 de Infantería y 1.650 de Caballería). Todo ello según real orden de 12 de febrero anterior, contando además con una plantilla de 1.500 caballos. La Guardia Civil estaba desplegada en todas las provincias españolas de la Península y en las Islas Baleares.

La provincia de Cádiz tenía entonces una plantilla teórica de 326 miembros del benemérito Instituto, de los que 260 eran de Infantería y 66 de Caballería, contando con 62 caballos.

Sin embargo, la plantilla realmente cubierta era inferior. En el siguiente número de dicho periódico, publicado el 24 de marzo, se expuso que a nivel nacional existían 519 vacantes, de las que 27 correspondían a la provincia de Cádiz.

Por restricciones presupuestarias estatales esas vacantes realmente no se llegaron a cubrir. El cambio de gobierno que acaeció en verano propició que se disminuyera la plantilla. Así, por real orden del Ministerio de la Guerra, de 19 de octubre siguiente, firmada por su titular, el capitán general Leopoldo O´Donnell Jorís, que a su vez era también el presidente del gobierno, dirigida al nuevo “Señor Inspector general del Cuerpo de Guardias Civiles”, teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis, se estableció el nuevo “cuadro de Fuerza por Tercios y compañías”.

Diez días antes, dicho teniente general propuso al Ministerio de la Guerra, que la plantilla de clases y tropa del benemérito Instituto se redujera a 8.560 hombres de Infantería y 1.440 de Caballería. Dicho personal continuaría encuadrado en los 13 Tercios existentes entonces, contando con 49 compañías de Infantería, que tenían 245 secciones, así como con 12 escuadrones y medio de Caballería, integrados por 48 secciones, además de la Compañía de Guardias Jóvenes. 

Es decir, se fijaba una nueva plantilla compuesta por 10.000 hombres de las clases de sargentos, cabos y guardias. A ello había que sumar 81 jefes y 333 oficiales para su dirección y mando. Respecto al componente equino, la plantilla se disminuía hasta 1.300 caballos.

En el conjunto de las planas mayores de los Tercios citados, la nueva plantilla era de 8 coroneles y 3 tenientes coroneles como primeros jefes, mientras que como segundos jefes había 3 tenientes coroneles y 8 primeros capitanes. En dichas planas mayores contaban además con un total de 2 segundos capitanes y 16 tenientes. Como dos de los Tercios eran uniprovinciales, el 10º (Navarra) y el 13º (Baleares), sus jefes no eran coroneles ni tenientes coroneles sino primeros capitanes. Si bien la mayoría eran de infantería había también componentes de caballería.

La plantilla de Infantería, a nivel nacional, se fijó, por una parte, en 48 capitanes 1º, 49 capitanes 2º, 148 tenientes y 49 subtenientes, mientras que, los mencionados 8.560 hombres eran 50 sargentos 1º, 200 sargentos 2º, 507 cabos 1º, 562 cabos 2º, 1.043 guardias 1º, 6.148 guardias 2º así como 50 cornetas y tambores.

La 3ª Compañía del Tercer Tercio (Sevilla) estaba desplegada por toda la provincia gaditana y contaba con siete secciones, una de ellas en el Campo de Gibraltar de entonces. Su nueva plantilla de Infantería se fijaba en 255 efectivos (1 primer capitán, 1 segundo capitán, 4 tenientes, 1 subteniente, 1 sargento 1º, 6 sargentos 2º, 14 cabos 1º, 16 cabos 2º, 29 guardias 1º, 181 guardias 2º y 1 corneta).

La plantilla de Caballería desplegada en el territorio nacional, constituida por los mentados 1.440 hombres. Su plantilla estaba compuesta por 11 primeros capitanes, 11 segundos capitanes, 35 tenientes, 29 alféreces, 12 sargentos 1º, 33 sargentos 2º, 94 cabos 1º, 112 cabos 2º, 584 guardias 1º, 588 guardias 2º y 17 trompetas.

Dado que el mentado Tercer Tercio (Sevilla) tenía dos escuadrones de Caballería distribuidos por secciones desplegados en las cuatro provincias de su demarcación, hay que decir que la fuerza ubicada en la de Cádiz, y por lo tanto parte de ella en el Campo de Gibraltar, era sólo de una sección, mandada por un teniente o alférez. La plantilla asignada a la provincia gaditana no se detallaba, consignándose sólo la del Escuadrón 1º (145 hombres y 128 caballos), que era al que pertenecía: 1 sargento 1º, 3 sargentos 2º, 9 cabos 1º, 11 cabos 2º, 60 guardias 1º, 60 guardias 2º y 1 trompeta. Dicho escuadrón contaba además con 1 primer capitán 1º, 1 segundo capitán, 3 tenientes y 2 alféreces.

Centrados ya en Algeciras y el puesto de la Guardia Civil que estaba allí ubicado, hay que acudir al núm. 13 del “Boletín Oficial” de la Benemérita, correspondiente al 1º de noviembre de 1858.

Según se detallaba en el mismo, por su comandante de puesto, el cabo 1º Pedro Martínez, y los guardias civiles José Torres y Miguel Arroyal, fue capturado el día 1º de octubre, “el criminal Juan Valencia García”, alias “Pata de palo”. Éste se trataba de un individuo que se había fugado de la cárcel de Sanlúcar de Barrameda en el año 1851, donde estaba ingresado “como autor de un asesinato”.

El detenido fue puesto a disposición del juzgado de primera instancia de la ciudad campogibraltareña de San Roque, “que le tenía reclamado por robo de caballerías”. Conforme se detallaba en el boletín oficial, el inspector general del Cuerpo se había enterado con satisfacción de dicho servicio.

En el siguiente “Boletín Oficial de la Guardia Civil”, núm. 14, de 8 de noviembre siguiente, publicaba otro servicio protagonizado por el mentado cabo 1º Pedro Martínez Díaz, al capturar el día 16 de octubre anterior, a Juan Morales López, “desertor del presidio de la Carraca”, en la localidad gaditana de San Fernando.

Nuevamente, en el núm. 15 de dicha publicación oficial del benemérito Instituto, de 16 de noviembre siguiente, volvía a difundirse otro destacado servicio del puesto algecireño. En esta ocasión relacionado con el contrabando, objeto principal de persecución de la fuerza del Cuerpo de Carabineros del Reino destacada en dicho término municipal. Concretamente los guardias civiles Francisco García, José Torres y Francisco Vega, “aprehendieron el 27 del anterior al paisano de aquella vecindad, Francisco Peña, con un bulto de géneros de ilícito comercio”.

(Continuará).

 

viernes, 30 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LXI). NACE EL PRIMER BOLETÍN OFICIAL DE LA GUARDIA CIVIL (1858).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 3 de agosto de 2026, pág. 13.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.




El 24 de julio 1858 se editó el último ejemplar del periódico “El Mentor del Guardia Civil”, concretamente el núm. 143, que tuvo las oficinas de su redacción en la calle de Tudescos núm. 5 de Madrid. Había comenzado su andadura el 1º de agosto de 1855, publicándose a partir de entonces los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes.

Había sucedido al periódico “Guía del Guardia Civil”, cuyo primer número se había editado el 1º de octubre de 1850, si bien su equipo editorial y empresarial, amén su dirección postal, eran completamente diferentes. Tuvo su primera redacción en la calle Leganitos núm. 6, de la mentada capital madrileña, publicándose desde entonces los días 1, 10 y 20 de cada mes. A partir del núm. 59, publicado el 10 de mayo de 1852, su redacción pasó a la Plazuela de Oriente núm. 10, piso 2º derecha, de dicha ciudad. A partir del núm. 152, editado el 20 de mayo de 1854, pasó a instalarse en la Plazuela de Santo Domingo núm. 26, segundo piso. Prosiguió allí hasta el núm. 160, de 10 de marzo de 1855, que trasladó su redacción a la Cuesta de Santo Domingo núm. 13, cuarto 2º de la derecha, también de Madrid, donde continuó hasta su último ejemplar, el 173, publicado el 20 de julio de dicho año.

Es de resaltar que, en ambos periódicos, bajo el titular de la correspondiente cabecera, se mantuvo en todo momento, y desde el principio, la prioritaria frase de que el honor era la divisa del benemérito Instituto.

Transcurrida esta impresionante andadura periodística de la primera y principal institución policial estatal del país, que sumaba ya casi ocho años de publicaciones periódicas, casi semanales, entre ambos medios de prensa de propietarios privados diferentes, había llegado el momento de que se crease institucionalmente el “Boletín Oficial de la Guardia Civil”. La Benemérita llevaba ya camino de casi tres lustros de existencia, estando desplegada por todo el territorio peninsular español, además de las Islas Baleares.

La nueva publicación periódica institucional editó su primer número el 1º de agosto de 1858, anunciándose que desde la Inspección General del Cuerpo se publicaría los días 1, 8, 16 y 24 de cada mes, es decir, en las mismas fechas que se había venido haciendo con “El Mentor del Guardia Civil”. 

Por supuesto, mantuvo, debajo justo de su cabecera, la frase más notable del sentir de todos los que componían el benemérito Instituto: “El honor es la divisa del Cuerpo. Art. 1º de la Cartilla del Guardia Civil”, pues el honor era el verdadero patrimonio de todos y cada uno de los miembros del benemérito Instituto.

Sin embargo, con la publicación de este boletín oficial, que hoy día, 168 años después de su aparición continúa editándose, no se encontraría ya a su frente como inspector general de la Benemérita, el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta.

El 30 de junio de 1858, publicado al día siguiente en la “Gaceta de Madrid”, la reina Isabel II firmó un real decreto, por el que se cesaba a quien por tercera vez había sido presidente del gobierno. Se trataba del diplomático y gaditano, Francisco Javier de Istúriz Montero, también era el ministro de Estado y de Ultramar. En las mismas fechas se dictaba y publicaba nuevamente el nombramiento, en su lugar, como presidente del consejo de ministros, del capitán general Leopoldo O´Donnell Jorís, así como titular de las carteras de Guerra y de Ultramar.

Seguidamente, el 2 de julio, se publicaba en la “Gaceta de Madrid”, el real decreto por el cual, se relevaba, “del cargo de Inspector general del cuerpo de Guardias civiles” al II Duque de Ahumada. En su lugar era nombrado ese mismo día, por otro real decreto publicado al día siguiente, para sustituirle, el teniente general Isidoro de Hoyos Rubín de Celis. En el mentado núm. 1 del “Boletín Oficial de la Guardia Civil” se publicaría que, por real decreto de 14 de julio, Isabel II le había nombrado también “Senador del Reino”.

Igualmente se publicaron en ese número varias sentencias de consejos de guerra. En algunos casos eran condenas de hasta diez años de presidio a los “acusados de haber hecho resistencia con armas contra la fuerza del Cuerpo”. Pero también se publicaba la sentencia de un guardia 2º, “acusado de calumnia”, contra un teniente y un cabo, siendo condenado aquél, “a cumplir el tiempo de su empeño en el Regimiento correccional fijo de Ceuta, cuya sentencia ha aprobado el Excmo. Señor Capitán General del distrito”.

A continuación se añadía la siguiente nota: “Al publicar la anterior sentencia, nos sentimos afectados por el sentimiento que nos causa el estampar en las columnas del primer número del Boletín, el castigo impuesto a un individuo del Cuerpo por la grave falta de disciplina que ha cometido, y nos permitimos, celosos siempre por el buen nombre de la Institución, recordar a nuestros lectores la buena moralidad tan recomendada en el Cuerpo como base principal de su existencia, y que tanto debe distinguir a los individuos que visten con orgullo su uniforme”.

En el “Boletín Oficial de la Guardia Civil” se continuaron publicando, al igual que anteriormente había hecho el “Guía del Guardia Civil” y “El Mentor del Guardia Civil”, los servicios más destacados que iban practicando los diferentes puestos desplegados por el territorio nacional. 

Por supuesto, el puesto de Algeciras no podía faltar, al igual que su labor benemérita, y ya en el número 4, de 24 de agosto de 1858, se publicó el siguiente servicio: “El cabo primero Pedro Martínez Díaz y fuerza del puesto, cooperó a la extinción de un incendio que tuvo lugar en los montes inmediatos a Algeciras el 30 de julio último, libertando de ser presa de las llamas varios cortijos, ropas, granos y demás que había en ello, y evitando la propagación a los rastrojos y mieses que quedaban por segar en la campiña, distinguiéndose particularmente en este servicio por el arrojo y acierto con que lo desempeñaron los Guardias José Torres y José Gómez.” Por supuesto, el nuevo inspector general del benemérito Instituto, “que se ha enterado con aprecio de este buen servicio, ha dado las gracias por él a sus subordinados”.

(Continuará).

 

lunes, 26 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LX). EL ÚLTIMO SERVICIO EN ALGECIRAS PUBLICADO EN “EL MENTOR” (1858).


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 27 de julio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.

 

En el núm. 138 del periódico “El Mentor del Guardia Civil”, del 16 de junio de 1858, se publicó un extenso artículo de casi tres páginas. Estaba referido a los sucesos acaecidos en las localidades sevillanas de Utrera y El Arahal, iniciados el año anterior con el ataque a la casa-cuartel de la Benemérita en la primera de las localidades citadas, y que posteriormente se extendió a otros lugares.

El oficial de la Guardia Civil que se encontraba entonces recién destinado en Utrera era bien conocido en el Campo de Gibraltar, pues había estado destinado en el mismo desde principios de 1845 hasta principios de 1857, primero en el empleo de alférez y después en el de teniente. Se trataba del recién ascendido 2º capitán de Caballería de la Benemérita Juan Morillas Casas.

Su anterior destino, con cabecera en la localidad gaditana de San Roque y demarcación el Campo de Gibraltar de entonces, había sido simultáneamente concedido en la real orden de 12 de enero de 1857, publicada en la “Gaceta de Madrid” núm. 1.484, de día 26 de ese mismo mes, al alférez de Caballería Félix Ruiz del Portal Sáenz, que procedía del 11º Tercio (Burgos). A su vez, en dicha real orden, Morillas fue destinado a “la media compañía escuadrón” del mentado 11º Tercio, que estaba vacante por fallecimiento del 2º capitán Miguel Góngora.

Sin embargo, muy pocas semanas después, concretamente en la “Gaceta de Madrid” núm. 1.507, de 18 de febrero siguiente, y “sin haberse presentado” todavía en su nuevo destino, Morillas sería destinado, por real orden de 4 de dicho mes, al Primer Escuadrón de Caballería del 3º Tercio (Sevilla), con residencia en Utrera. Simultáneamente, y en la misma real orden, el anterior titular de esta unidad, el 2º capitán Antonio Chinchón Fernández, sería destinado a aquella “media compañía escuadrón” del mentado 11º Tercio.

Mientras tanto, en el Campo de Gibraltar se continuaba una constante lucha contra el contrabando procedente de la colonia británica del Peñón. De hecho, en dicha “Gaceta de Madrid”, se publicaba por el Ministerio de Marina, respecto a los servicios prestados por los guarda-costas, que, “la escampavía Atrevida, del apostadero de Algeciras, en la noche del 5 del actual apresó un bote, conteniendo cinco bultos de tabaco”. Hay que significar que no era una aprehensión excepcional sino habitual, tal y como se puede constatar en la lectura de anteriores y posteriores publicaciones en ese mismo medio que, aunque no se denominaba todavía como “Boletín Oficial del Estado”, funcionaba realmente como tal.

Prosiguiendo con el núm. 138 de dicho periódico, éste iniciaba el referido artículo: “Nuestros lectores recordarán que en medio de la apacible tranquilidad que se gozaba en toda España un año ha, y cuando más asegurada parecía estar la paz en toda la Península, una horda de descontentos, arrastrados sin duda por los trastornadores de oficio, se lanzaron al campo en las Andalucías, con una odiosa enseña repugnada de todos los hombres sensatos: aquellos dieron el grito de rebelión, señalando sus primeros actos con hechos vandálicos, indignos de corazones hidalgos de esta tierra clásica de caballerismo. La propiedad fue el primer blanco de sus criminales instintos; el robo, el saqueo y el fuego, las huellas que marcaban su paso por las poblaciones que encontraron en su precipitada marcha y fugaz existencia.”

El extenso artículo continuaba: “La Guardia civil entonces, como siempre, supo llenar su deber, porque los individuos de este Cuerpo, considerados continuamente de servicio, saben, y así lo cumplen, que cual centinelas de un puesto militar, su Reglamento les exige una constante vigilancia para no ser sorprendidos por ningún suceso, sea de la clase y condición que fuere; y en efecto, la Guardia civil día y noche, consagrada a velar por la paz y tranquilidad de la Nación, mal podría responder a su Reina de la conservación de objetos tan preciosos, si sus individuos, fieles observadores del Reglamento del Cuerpo, no estuviesen siempre atentos al más puntual y exacto cumplimiento de sus sabios preceptos”.

Dicho artículo, que realmente tenía una finalidad más formativa que informativa, finalizaba “recomendando a nuestros lectores la observancia de lo que dejamos expuesto en las precedentes líneas, cuya lectura consideramos de reconocida utilidad para los nuevos guardias que están ingresando y completando su instrucción: no las olviden los comandantes de los puestos, como únicos responsables de cuanto suceda en los de su mando”. 

Tal y como se exponía, casi al final: “La Guardia civil, pues, no puede, sin exponerse a ser sorprendida, seguir en esto la costumbre, casi general en la estación presente en los pueblos, de salirse a tomar el fresco a la calle”. En resumen, nunca confiarse, “que puede traer funestas consecuencias”.

No eran tiempos fáciles, y realmente nunca lo fueron para la Benemérita. El II Duque de Ahumada, como inspector general de la Benemérita, en la “Circular núm. 14”, de 14 de enero de 1857, dirigida a los jefes de Tercio, decía: “No siendo conveniente que los guardias civiles marchen desarmados por los caminos, he dispuesto que quede derogada y sin ningún valor, la circular de 13 de Enero de 1856, que previno a los individuos que marchasen aislados de un tercio a otro lo verificasen sin armas, pues que la seguridad personal es primero que todo; y así en lo sucesivo, por ningún pretexto y bajo la debida responsabilidad, marchará ningún individuo de un tercio a otro desarmado, pues ha de llevar precisamente cada uno el armamento correspondiente, dándose por los Jefes respectivos entre sí el conocimiento de alta y baja necesario”.

Finalmente, en el último número de “El Mentor del Guardia Civil”, el 143, de 24 de julio de 1858, en su sección de noticias de los servicios prestados en las diferentes Comandancias, publicaba el desarrollado por fuerzas del puesto de Algeciras.

Concretamente se relataba como los guardias civiles Lucas Fernández y José Domínguez habían cooperado a la extinción del incendio acaecido el 24 de junio, en un pinar propiedad de Antonio Ortega, vecino de Algeciras. Posteriormente, “acompañados del sargento comandante del puesto, Pedro Martínez Díaz”, ambos guardias, “se dedicaron al descubrimiento y captura de los incendiarios”, poniéndolos a disposición de la autoridad judicial. De dicho “buen servicio” quedó enterado el II Duque de Ahumada, “con aprecio”.

(Continuará).


sábado, 17 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LIX). SERVICIOS DE LA BENEMÉRITA EN EL PRIMER SEMESTRE DE 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 20 de julio de 2026, pág. 20.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

En el núm. 126 de “El Mentor del Guardia Civil”, de 16 de marzo de 1858, se publicó por la Inspección General de la Benemérita la distribución de los 10.500 hombres que contaba el Cuerpo (8.850 de Infantería y 1.650 de Caballería), según real orden de 12 de febrero anterior, así como 1.500 caballos, en las 48 provincias en que estaban entonces prestando servicio. Es decir, todas las de la Península y la de las Islas Baleares.

En la provincia de Cádiz continuaba desplegada la 3ª Compañía del Tercer Tercio de la Guardia Civil (Sevilla). Tenía una plantilla de 326 miembros del benemérito Instituto, de los que 260 eran de Infantería y 66 de Caballería, contando con 62 caballos.

También en ese mismo ejemplar de dicho periódico se publicaba el resumen de las aprehensiones del Cuerpo en las mentadas 48 provincias, efectuadas en enero de 1858. En total, 2.132 detenidos: 636 delincuentes, 451 ladrones, 93 reos prófugos, 41 desertores y 911 personas por faltas leves, habiéndose intervenido además 18 contrabandos. Debe significarse que entonces la persecución principal del contrabando estaba encomendada al Cuerpo de Carabineros del Reino. Respecto a Benemérita de la provincia de Cádiz, detuvo ese mes a 172 personas: 45 delincuentes, 30 ladrones, 5 reos prófugos, 1 desertor y 91 personas por faltas leves, habiendo intervenido además 4 alijos de contrabando.

En el siguiente número de “El Mentor del Guardia Civil”, el 127, de 24 de marzo, se publicaba un listado suscrito seis días antes, por provincias, relativo al número de hombres que realmente faltaban por completar la plantilla de los 10.500 citados anteriormente. A nivel nacional había 519 vacantes de las que 27 correspondían a la provincia de Cádiz. La prioridad en el benemérito Instituto en materia de personal seguía siendo la misma desde su fundación en 1844, es decir, seleccionar con rigor el ingreso y la permanencia de los más idóneos.

Poco después, concretamente en el núm. 133, publicado el 8 de mayo siguiente, aparecía en las páginas dedicadas a los servicios más distinguidos del Cuerpo, los prestados por el puesto de Algeciras. Resultó que el cabo 1º Pedro Martínez Díaz, comandante de dicha unidad, había tenido conocimiento de que el 26 de febrero anterior resultaron heridos dos niños de aquella vecindad, por un vecino de la misma. Inmediatamente dispuso que los guardias civiles Antonio Santos Pérez y Lucas Fernández Pascual, “salieran para prender al delincuente, lo que lograron a los pocos momentos”. Puesto a disposición judicial del partido, dicha autoridad “quedó muy complacida de la pronta captura del agresor”, y el II Duque de Ahumada, como inspector general de la Benemérita, se hizo constar que, “se ha enterado con satisfacción de este buen servicio”.

En “El Mentor del Guardia Civil” núm. 137, de 8 de junio siguiente, se reseñó otro servicio del puesto de Algeciras. Nuevamente su comandante, el reiterado cabo 1º Martínez, encabezaba la noticia. Resultó que acompañado esta vez de los guardias civiles José Torres Martín y José Domínguez Pérez, procedió el 25 de abril anterior, a la aprehensión de dos “monederos falsos”, en cuyo interior fueron ocupados, “varios efectos de fabricación, una pistola y un cuchillo”.

Aunque uno de los objetos principales de consulta de este medio de prensa es reseñar los servicios más distinguidos que se iban realizando por los diferentes puestos de la Guardia Civil desplegados por la mayor parte del territorio nacional, en este caso los del puesto de Algeciras, no se puede dejar de citar sus relevantes artículos de opinión. Así, en el número 139, publicado el 24 de junio siguiente, se publicaba un breve artículo del “secretario de la Redacción”, apellidado Ortiz, que comenzaba:

“A medida que la fuerza del Cuerpo va extendiendo su benéfica acción en el país, y que sus individuos se van aleccionando en el servicio del instituto, se van tocando también tocando los resultados de su acción protectora, y las gentes honradas miran con satisfacción que el crimen si no se estirpa, porque esto no es posible, disminuye notablemente sin que la impunidad tan común antes de existir la Guardia civil, aliente a los perpetradores. Los individuos del Cuerpo no conocen patria, edad ni tiempo en los delincuentes; no ven en ellos otra cosa que seres perseguidos por la ley, y como fieles guardianes de ésta solo cuidan de someterlos a su fallo.”

Y tras exponer una serie de detalles concretos relativos a un caso puntual, finalizaba afirmando que: “Vemos con satisfacción que no solo a los que delinquen en España, sino también a los extranjeros que huyen a ella, perseguidos por la ley, alcanza la vigilancia de los individuos del Cuerpo, lo que no deja de ser satisfactorio, porque es una prueba evidente de que el servicio del Cuerpo, a medida que se desarrolla, va limpiando el país de toda clase de criminales”.

Muy significativas y de gran trascendencia son las circulares de la Inspección General de la Guardia Civil que se publicaban. En el núm. 140 del mentado periódico, correspondiente al 1 de julio de 1858, aparecía la núm. 87 de 26 de junio anterior. Suscrita por el II Duque de Ahumada, comenzaba: “Habiendo observado que en varias ocasiones al aprehender los individuos del Cuerpo algún presunto reo de un delito cometido en despoblado, como robo de diligencias u otros, se contentan con ponerlo a disposición de la autoridad competente, sin formar las primeras diligencias o sumaria información”, que se disponía en el reglamento para el servicio del Cuerpo.

Por tal motivo, se reiteraba que, “cuando aprehendan algún presunto reo de delito cometido en despoblado, le tomen siempre la primera declaración acerca del delito de que se le crea autor, cómplices que tuviera y demás que pueda dar luz para el completo descubrimiento de los hechos que es lo que constituye las primeras diligencias, con las cuales debe ser entregado al juzgado o autoridad competente”.

Finalizaba afirmando que: “Todos los individuos del Cuerpo deben conocer lo trascendental que puede ser a la recia administración de justicia el dejar de formarse dichas primeras diligencias, y que ni por morosidad ni por consideración de ninguna especie deben dejar de cumplir con esta parte de sus deberes, porque exigiré la mayor responsabilidad al que faltase.”

(Continuará).

 

PRÓLOGO DE "BAILÉN. LA CAMPAÑA DE ANDALUCÍA EN 1808. LOS MANUSCRITOS INÉDITOS DE PEDRO AGUSTÍN GIRÓN Y FRANCISCO DE SAAVEDRA".

 

Prólogo escrito por Jesús Núñez y publicado en la obra de Juan Jesús Portillo Ramos, basado en documentación inédita del archivo familiar del VI Duque de Ahumada, Javier Chico de Guzmán y Girón.

Editado por la Editorial "Letra  Minúscula" en 2025 y comentado en Delta 13 News

 

No hay nada más apasionante para un historiador que llegar a acceder a documentos históricos inéditos, contrastarlos para comprobar su autenticidad y veracidad, así como profundizar en su estudio y terminar difundiendo con rigor y seriedad su inestimable contenido.

Y ello es lo que ha sucedido con lo que expone el autor de esta obra, Juan Jesús Portillo Ramos. Su dedicación, esfuerzo e interés, junto a la generosidad altruista y sincera del VI Duque de Ahumada, Javier Chico de Guzmán y Girón, que le ha permitido el acceso al archivo familiar, han dado como fruto maduro el libro que tiene el lector en sus manos.

Si bien la primera obra que nació de esa profunda y rigurosa investigación histórica, que proporcionará nuevos horizontes, ha sido la titulada “El Ducado de Ahumada. Una Familia al servicio de España (1700-1840)”, escrita conjuntamente con el también historiador Juan José Gómez Vidal, no se resta un ápice el innegable interés que despierta el presente libro centrado en la histórica Batalla de Bailén, acaecida en el mes de julio de 1808.

Tal y como expone inicialmente el autor, dicho hecho bélico, acaecido en la primera fase de la llamada Guerra de la Independencia (1808-1814), es uno de los acontecimientos militares más destacados y famosos en la historia de España. Lamentablente, y a pesar de su singular importancia, no supuso el final de la invasión francesa napoleónica que se prolongaría casi seis años más.

Si bien existen varias obras de gran interés historiográfico sobre la Batalla de Bailén, reviste gran valor la documentación, hasta ahora inédita, que se aporta en el presente libro, procedente de los fondos que se conservan en el archivo familiar del Ducado de Ahumada. 

Concretamente la documentación integrada en la presente obra se trata principalmente de tres redacciones diferentes sobre aquel hecho concreto de armas que finalizaría victoriosamente para las tropas españolas, aunque ello marcaría la consiguiente reacción bélica francesa que se prolongaría durante más de un lustro, hasta que concluyó definitivamente con su derrota y salida de nuestro territorio nacional.

En dos de dichas redacciones, absolutamente inéditas, la autoría corresponde a Pedro Agustín Girón Las Casas, que posteriormente alcanzaría el empleo de teniente general así como IV Marqués de las Amarillas y I Duque de Ahumada. También es preciso mencionar que sería nombrado ministro de la Guerra en dos momentos bien diferentes de la Historia de España, aunque desgraciadamente de breve duración, concretamente enmarcados en 1820 y en 1835. 

Su padre era Jerónimo Girón y Moctezuma, III Marqués de las Amarillas que llegó a alcanzar con anterioridad el empleo de teniente general. Y su madre era Isabel de Las Casas y Aragorri, hermanastra del teniente general Francisco Javier Castaños y Aragorri, bajo cuyas órdenes Pedro Agustín participaría activamente en la mentada Batalla de Bailén. Concretamente lo hizo ostentando entonces el empleo de coronel de Infantería, siendo uno de sus ayudantes generales con funciones de Cuartel maestre y mayores general.

La tercera redacción que se expone, de gran interés historiográfico también, pertenece a la autoría de Francisco de Saavedra, presidente de la Junta de Sevilla en el momento del levantamiento nacional que se produjo contra los franceses tras los hechos acaecidos en Madrid el 2 de mayo de 1808.

El contenido principal de dichas redacciones, junto a los textos documentales que les complementan, han sido incluidos en la presente obra, dado su gran interés histórico y lo inédito que constituye la mayor parte de su contenido.

Todo ello ha sido complementado por el autor con una variada y completa documentación de otros periodos históricos que contribuyen a exponer y fijar el núcleo principal de la presente obra.

Tras la reciente publicación de “El Ducado de Ahumada. Una Familia al servicio de España (1700-1840)”, Juan Jesús Portillo Ramos ha dado un paso adelante fundamental con este nuevo libro que, sin duda alguna, y sin ser el último, contribuirá a enriquecer privilegiadamente el conocimiento al lector. Y lo hará, no sólo sobre la Batalla de Bailén, sino también sobre otros aspectos complementarios de gran interés, relacionados con quien habiéndose distinguido en la misma, por dos veces sería posteriormente nombrado ministro de la Guerra, así como padre de Francisco Javier Girón y Ezpeleta, entonces un niño cuando acaecieron los hechos objeto de esta obra, que sería el II Duque de Ahumada y V Marqués de Las Amarillas, fundador del benemérito Instituto de la Guardia Civil y su primer inspector general.


martes, 6 de octubre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LVIII). LOS SERVICIOS DE LA GUARDIA CIVIL EN TODO EL AÑO 1857.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 13 de julio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.



 

En el núm. 120 de “El Mentor del Guardia Civil”, 1º de febrero de 1858, y siendo todavía, por segunda vez, inspector general de la Guardia Civil el II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, se publicó un detallado resumen de casi cinco páginas, exponiendo la actividad, policial y benemérita, del Cuerpo durante el año anterior. A su vez, dicho texto iba acompañado, en otras cinco páginas, de nueve cuadros de datos, relativos a las actividades realizadas. Su contenido es de interés para entender la actividad del benemérito Cuerpo en el Campo de Gibraltar, y más concretamente en el término municipal de Algeciras.

La Guardia Civil había nacido 14 años antes y desde sus inicios tuvo siempre enemigos de toda clase, dentro y fuera de la estructura estatal que, por diferentes razones, anhelaban su desaparición, tal y como había sucedido con los demás cuerpos de seguridad pública que se habían ido creando y desapareciendo anteriormente. 

Sin embargo, ello no sucedió con la Benemérita. No porque desde determinados sectores políticos y sociales no se intentase acabar con ella, sino porque creada bajo las directrices de un militar realmente excepcional, como lo fue el citado II Duque de Ahumada, se le dotó al nuevo Cuerpo, desde sus inicios, de un novedoso reglamento de servicio, otro militar de igual naturaleza y finalmente una extraordinaria “Cartilla”, donde se configuraban sus valores morales. Entre todos estos, el principal fue el del honor, convertida en la principal divisa de todos los miembros de la Guardia Civil, valioso concepto moral que entonces estaba reservado dentro del Ejército sólo a los generales, jefes y oficiales. 

A todo ello hubo que añadir, imprescindiblemente, un selecto cuadro de mandos militares que mandasen las nuevas unidades de la Benemérita que se fueron desplegando por todo el territorio nacional. Ello nunca antes había ocurrido al crearse un cuerpo de seguridad pública estatal. Otro factor fundamental, sin el cual no hubiera sido posible el nuevo Cuerpo, fue una magnífica selección de los mejores hombres que como sargentos, cabos y guardias prestarían honroso servicio en unas condiciones de disciplina y vida muy exigentes. Y a partir de aquellas primeras promociones se continuó persistiendo, todo ello bajo un elevado concepto de servicio y sacrificio, nunca conocido y exigido hasta entonces. 

La información que se detallaba a continuación en tan extenso artículo publicado en “El Mentor del Guardia Civil”, cuyo editor responsable era Francisco Ortiz, iba desgranando el contenido de “los trabajos estadísticos” que se exponían a continuación, relativos a 1857. Así, por ejemplo, se contabilizaba, “un total de 32.663 individuos que la Guardia civil ha presentado al fallo de la ley en el año que reseñamos, con 529 contrabandos aprehendidos solo en el curso ordinario de su servicio”. Hay que significar que esto último era independiente de los numerosos servicios efectuados por Carabineros, Cuerpo que tenía por misiones principales, la persecución del contrabando y velar por el resguardo fiscal.

De esas 32.663 personas que habían sido detenidas por la Benemérita, a lo largo de 1857, por todo el territorio nacional donde estaban desplegados (Península e Islas Baleares), “figuran 14.584 por indocumentados o leves faltas, de manera que la parte que puede llamarse delincuente o criminal queda reducida a 18.079, entre estos figuran 1.336 prófugos de presidios y cárceles”.

Respecto a los desertores de los diferentes cuerpos del Ejército, fueron capturados un total de 822, “o lo que es lo mismo, la fuerza de un batallón al pie de guerra, que sino toda, en su mayor parte la debían considerar perdida para aquellas sin la existencia de la Guardia civil”.

Respecto a la estadística de las mentadas 32.663 detenciones durante todo el año 1857 (8.433 delincuentes, 7.288 ladrones, 1.336 reos prófugos, 822 desertores, 14.584 por faltas leves y 239 contrabandistas), los datos correspondientes a la Benemérita en la provincia de Cádiz eran de 2.305 detenidos (533 delincuentes, 347 ladrones, 121 reos prófugos, 47 desertores, 1.257 por faltas leves y 32 contrabandistas). Ha de significarse que nuestra provincia gaditana no se encontraba ese año a la cabeza de la estadística criminal, pues tal y como se citaba expresamente, de las 48 provincias detalladas, “advertimos que las de Sevilla, Jaén, Huelva, Ávila y Madrid, son en las que la Guardia civil ha verificado más aprehensiones”.

Entre los diferentes resúmenes que se publicaban hay que destacar el de “los auxilios prestados a carruajes en los diferentes caminos de España”. Tal y como se resaltaba, “los efectos de un vuelco, atascamiento o rotura en medio de un solitario despoblado, sin ninguna otra esperanza que la presencia de la Guardia civil, hace providencial su presencia”. Dentro del extenso resumen se mencionaba expresamente que la actuación de la Benemérita, “no se limita en estos casos a procurar la habilitación del carruaje, sino que despojándose de sus ropas las ceden a señoras y niños, y ponen a su disposición sus propias camas para que se alberguen, mientras que el veterano guardia con su bigote helado y entumidos los miembros, permanece sobre la nieve custodiando el carruaje y equipajes, cuya marcha de aquél queda en activar su camarada de pareja”.

Refiriéndose a una cuestión tan importante de la época como eran los robos a dichos carruajes, tanto de pasaje como de mercancías, se afirmaba que, “su reducido número deja conocer que las vías generales en España están aseguradas, porque atendido el desarrollo de medios de transporte que se nota de algunos años a esta parte, es insignificante aquel guarismo si se tiene en cuenta lo que sucedía antes en España, tratándose de la seguridad de los caminos”.

Mención especial merecía el apartado dedicado a los servicios beneméritos, citándose que 301, de los de verdad, habían sido los de carácter humanitario, prestados durante todo el año 1857. De ellos, “15 heridos recogidos; 95 sacados de entre las nieves; 119 arrebatados a la corriente de las aguas; 27 enfermos abandonados al mal en los despoblados; 10 atropellados por carruajes; 17 extraídos o salvados de hundimientos, y 18 arrancados a las llamas”.

Por supuesto, ese constante servicio de lucha contra la delincuencia y su prestación benemérita, había tenido también un sacrificio humano entre las propias filas de la Guardia Civil, haciéndose constar que 4 de sus miembros habían muerto y 18 resultado heridos, en actos de servicio.

(Continuará).


miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LVII). UN BENEMÉRITO SERVICIO EN LAS PLAYAS DE ALGECIRAS EN 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 6 de julio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Prosiguiendo con el capítulo “Organización y origen de la Guardia Civil”, del “Escalafón General de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858”, para conocer objetivamente donde estaban encuadradas sus fuerzas en la provincia gaditana, y más concretamente en el Campo de Gibraltar de entonces, así como singularmente en el término municipal de Algeciras, hay que poner en valor la claridad y detalle de la información que contiene.

En dicho texto, editado y difundido hace 168 años, es importante no olvidarse de tener presente que la Benemérita se trataba entonces del primer cuerpo policial del Estado existente, encontrándose ya desplegado en la mayor parte del territorio español.

Toda esta fuerza policial, de naturaleza militar, se hallaba entonces distribuida en 13 tercios, “que corresponden a cada una de las capitanías generales de la península e Islas Baleares, y cada tercio consta de tantas compañías como provincias tiene la capitanía general que cubre”. Dichas unidades eran de infantería, disponiéndose “la fuerza de caballería que se ha juzgado necesaria, atendidas las condiciones topográficas del país en el que el tercio presta su servicio”.

Se exceptuaba el Primer Tercio de la Guardia Civil cuya demarcación territorial estaba compuesta por las provincias de Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real, Guadalajara y Segovia. Su cabecera se encontraba situada en la capital del reino y contaba entonces con una compañía más, es decir, dos compañías de infantería en la provincia madrileña. Dicho tercio estaba entonces mandado por el brigadier Remigio Moltó Díaz-Berrio, que poco más de dos décadas y media después, ostentado ya el empleo de teniente general, sería director general de la Benemérita durante casi año y medio, concretamente entre el 6 de agosto de 1884 y el 9 de diciembre de 1885.

Seguidamente se hacía referencia a la compañía de guardias jóvenes, creada por reales órdenes de 6 de marzo y 1º de abril de 1853, “en la que, como sucede en los institutos de igual índole de las demás naciones europeas, ingresan los hijos de los subalternos del cuerpo, sargentos, cabos y guardias muertos en función del servicio, y los hijos de individuos de estas últimas clases que se hayan inutilizado para el servicio, y los hijos de individuos de estas últimas clases que se hayan inutilizado para el servicio, o que continuando en el cuerpo y siendo de sobresaliente conducta se hayan perpetuado o reenganchado, haciéndose merecedores de esta recompensa, que es al paso un estímulo al mérito y servicios”.

En el texto de dicho capítulo del “Escalafón” de 1858 se precisaba que contaba entonces 105 jóvenes en la mentada compañía, la cual estaba establecida en la población madrileña de Valdemoro, “donde el cuerpo tiene un edificio desahogado y de condiciones idóneas”. Seguidamente se explicaba que, a dichos jóvenes, con edades comprendidas entre los 8 y los 16 años, “se les da la educación primaria elemental, se les enseña gimnasia y la instrucción militar más completa con respecto a la clase en que pueden ingresar en el servicio”.

Continuaba exponiéndose que se les enseñaba música y los oficios de carpintero, sastre y zapatero. Concretamente, “a aquellos que lo deseen o se juzga les es conveniente”. Todo ello, con el objeto de que si al cumplir los 18 años, “bien por falta de aptitud física o por carecer de vocación para la carrera militar, hay alguno que no la pueda seguir, no carezca de medios con que procurarse honradamente el sustento”.

Prueba del rigor con que se aplicaba era el detalle que seguidamente se exponía sobre que habían causado baja en dicha compañía, desde su creación cinco años antes, un total de 35 jóvenes. De ellos, positivamente, 18 de ellos, tras cumplir la edad mencionada, habiendo sido destinados a los tercios para servir en las unidades de la Benemérita, más uno que lo fue a la “Escuela de caballería”, y otro, de escribiente al Ayuntamiento de Valdemoro. Respecto al resto, se mencionaba que un alumno había fallecido durante el periodo escolar, 2 habían causado baja por inutilidad física y 12 habían abandonado dicha compañía a petición de sus parientes.

Centrados ya en Algeciras, resultan de interés dos servicios del puesto de la Benemérita ubicado en dicho municipio, reseñados en el núm. 123 del periódico “El Mentor del Guardia Civil”, correspondiente al 24 de febrero de 1858.

El primero había acaecido en la mañana del día 29 de enero anterior, siendo protagonizado por los guardias civiles José Torres Martín y Vicente Rizo García. Resultó que ambos componentes del puesto algecireño habían salido de servicio de conducción de presos hacia San Roque. Al llegar, durante su recorrido, “al río de Palmones tuvieron ocasión de salvar de ser arrastrada por la corriente a una caballería cargada con el equipaje de un oficial, y varias prendas de vestuario pertenecientes a individuos del destacamento de la línea de Gibraltar”. 

Respecto a este último lugar, que décadas después se denominaría La Línea de la Concepción, hay que recordar que entonces formaba parte del término municipal de San Roque. Sobre el servicio relatado hay que mencionar que los dos guardias civiles citados, recibieron “las gracias del que conducía la caballería”. Por otra parte, respecto al parte de novedades elevado a Madrid, el II Duque de Ahumada, “Excmo. Sr. Inspector general del Cuerpo se ha enterado con sumo aprecio”.

La otra reseña que se publicaba en el mismo ejemplar de “El Mentor del Guardia Civil”, ponía en valor el carácter benemérito del Cuerpo. Resultó que, en la mañana del 30 de enero, “aparecieron en aquellas playas cuatro buques mercantes náufragos”. Tan pronto tuvo conocimiento de ello el cabo comandante del puesto de Algeciras, “salió con la fuerza a sus órdenes para prestar los auxilios que necesitasen los náufragos, de los cuales perecieron cinco, salvándose todos los demás”. 

Allí debieron sumarse, entre otras, a las fuerzas del Cuerpo de Carabineros dedicadas a la vigilancia de ese tramo de costa que tenían por principal misión luchar contra el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar. Además de su actuación benemérita, ya centrados en sus funciones específicas de seguridad del Estado, “la fuerza del puesto continuó custodiando los efectos que arrojaban las aguas, y así permaneció hasta que todos estuvieron en completa seguridad”, evitando bien seguro, de no haber estado allí, la rapiña de los mismos.

(Continuará).

 

LA BENEMÉRITA ESPAÑOLA EN LA GUARDIA CIVIL DEL PERÚ.

  

Discurso pronunciado por Jesús Núñez en la Sesión Pública de recepción de Académico de Número en la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, que tuvo lugar el 17 de junio de 2026 en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz.


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Excelentísimo Señor Director de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, excelentísimas e ilustrísimas autoridades, civiles y militares, ilustrísimos representantes del Cuerpo Diplomático, excelentísimas e ilustrísimas señoras y señores académicos, representantes en España de la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú, señoras y señores:

 

En primer lugar, deseo expresar mi más sincero agradecimiento a la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, por promoverme en su seno como Académico de Número, lo cual constituye para mí, un inmenso honor.

De manera muy destacada quiero también expresar mi más sincera gratitud y reconocimiento a los tres Académicos de Número que propusieron mi candidatura: el Excmo. Sr. D. Agustín Rosety Fernández de Castro, el Ilmo. Sr. D. José María García León y el Ilmo. Sr. D. Antonio Pazos García, así como a toda la Junta de Gobierno de esta Corporación que posteriormente lo aprobó por unanimidad.

Seguidamente debo mencionar expresamente, ya que paso a ocupar el sillón H de esta Real Academia, a su anterior titular, la Ilma. Sra. Dña. María Matute Corona, Doctora en Historia por la Universidad de Cádiz, que ingresó como Académica de Número en el Curso 2020-2021, pronunciando su brillante discurso “Cádiz en la vida y obra de Alejandro Malaspina”. Me enorgullece, además, no sólo coincidir en la titulación del Doctorado de Historia, sino su origen de San Fernando, denominado hasta el año 1813 como Villa de la Real Isla de León, ya que mi padre y muchos de mis ascendientes eran también de allí.


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El 15 de diciembre de 2021 tuve el honor de pronunciar el discurso de ingreso como Académico Correspondiente, que tenía por título “El predicamento de la Cartilla del Guardia Civil en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de los países hispanoamericanos”, presentado por el Ilmo. Sr. José María García León, Académico de Número de la misma.

Ahora, antes de pronunciar mi discurso de ingreso como Académico de Número, tras casi cinco años de activa participación en diversas actividades de esta Real Academia, la “Hispano Americana”, como cariñosa y abreviadamente se la conoce, quiero recordar, esta vez muy brevemente, a mis antepasados directos que nacieron al otro lado del Océano Atlántico.

Ellos forman por lo tanto mi rama familiar hispano americana, de la que tan orgulloso me siento, porque tal y como entonces establecía el artículo 1º de la Constitución Política de la Monarquía Española, aprobada el 19 de marzo de 1812, la Nación Española es “la reunión de todos los Españoles de ambos Hemisferios”.

Posteriormente, y transcurridos los hechos históricos que fueron conllevando la independencia de todos los países hispano americanos, la realidad fue que, con el paso del tiempo, se asentó con firmeza, lealtad y sinceridad, esa grata conciencia de la noble hermandad de la Hispanidad que hoy día, a un lado y otro de la mar, todos gozamos y sentimos.

Es por todo ello, que en primer lugar debo recordar a mis principales antepasados directos hispanoamericanos, a los que no puedo dejar de honrar en esta relevante ceremonia. 

Comienzo con mi tatarabuela, por línea paterna, Dña. Daría Jacoba Quixano Artacho, nacida en 1844 en San Juan de Puerto Rico, y esposa de D. Indalecio Núñez Zuloaga, que llegaría al empleo de capitán de navío de 1ª clase, asimilado hoy día al de contralmirante.

Sigo con mi tatarabuelo, igualmente de línea paterna, D. Narciso de Olañeta Bóves, nacido en La Habana, de la isla de Cuba, y que además de ser un distinguido letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, fue secretario general de nuestra Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Continúo con mi bisabuelo paterno, D. Francisco Núñez Quixano, nacido en 1869 en La Habana, quien, siendo teniente de navío, el 15 de febrero de 1898, estaba destinado en dicha ciudad como ayudante del Comandante General del Apostadero y Escuadra de las Antillas. 

No puedo dejar de citar su meritoria labor en las tareas de auxilio a las víctimas de la dotación del acorazado de 2ª clase “Maine”, de la Armada de los Estados Unidos, que se hallaba fondeado en la bahía de La Habana y sufrió una explosión interna, promoviéndose seguidamente una injusta guerra contra España que finalizó con la pérdida de las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. 

El 30 de marzo siguiente zarpó de La Habana, a bordo del vapor “Buenos Aires”, desembarcando en el puerto de Cádiz el día 16 del mes siguiente, para continuar hasta Madrid y entregar al ministro de Marina el informe sobre las causas de la fortuita explosión, que falsamente se imputaron a España.

A estos antecedentes familiares que me unen sentimental y emotivamente, con lo que hoy día son dos naciones hispanoamericanas, tengo que añadir la derivada de mi intensa relación personal y profesional con militares, policías y civiles de todos los países hispanoamericanos, incluida por supuesto la República del Perú, que es de la que voy a referir, al relatar la participación de la Guardia Civil de España en el adiestramiento y formación de la Guardia Civil del Perú, hace ya más de un siglo.

Dicha conexión personal y profesional, profundamente hispano americana, ha sido debida principalmente a cuatro motivos.

En primer lugar, tras instruirme durante tres cursos en la Academia General Militar, entre 1981 y 1984, compartí mi formación durante los dos cursos siguientes, entre 1984 y1986, con oficiales alumnos hispano americanos, Perú incluido, en la entonces Academia Especial de la Guardia Civil, hoy día denominada Academia de Oficiales de la Guardia Civil, sita en Aranjuez (Madrid).

Posteriormente, en el año 1990, siendo todavía teniente, volví a compartir con oficiales hispano americanos, peruanos incluidos, el curso superior de protección de personas y de seguridad de instalaciones, que se impartió en el Centro de Adiestramientos Especiales de la Guardia Civil, sito entonces en Guadarrama (Madrid). 

Dicha experiencia, con otros oficiales hispano americanos, volvió a repetirse en 1996 cuando realicé, siendo capitán, el curso de ascenso al empleo de comandante, en la mentada Academia Especial.

Ello volvió a repetirse, siendo ya teniente coronel, cuando en el año 2010, realicé con numerosos oficiales de diversos países hispano americanos, el Curso de Operaciones de Paz en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra, sita en Madrid. 

En segundo lugar, con ocasión de haber prestado servicio como Oficial de la Guardia Civil en Venezuela, en materia de cooperación policial española en 1991; de asistencia técnica policial española en Nicaragua en 1999; así como de cooperación policial en Guatemala entre 2009 y 2010, que me han permitido no sólo trabajar conjuntamente con profesionales, militares y policiales, de dichos países, sino también, en esta última nación, en la Comisión Internacional contra la Impunidad, con civiles y contingentes policiales de numerosas naciones hispanoamericanas que participaban en dicha misión, bajo la cobertura de la Organización de Naciones Unidas. 

He de añadir que la estancia en esos países me ha permitido, aunque con mayor brevedad, haber estado también en otras naciones hispanoamericanas como Colombia, Cuba, México y Panamá.

En tercer lugar, fue con ocasión de haber prestado servicio como capitán en Operaciones de Mantenimiento de la Paz en Bosnia-Herzegovina en 1996, y como comandante en Irak en 2004 y en Líbano en 2006-2007, lideradas respectivamente por la OTAN, una Coalicción Internacional liderada por los Estados Unidos de América, en cuyo país he estado en varias ocasiones, y la ONU. 

En todas estas misiones tuve también la oportunidad de coincidir y servir conjuntamente con miembros de contingentes militares de otros países hispanoamericanos que participaban en las operaciones citadas o en otras diferentes, bajo mandato en tal caso de otros organismos internacionales, pero que coincidían en el mismo escenario, aunque con funciones y responsabilidades distintas.

Por último, y en cuarto lugar, con motivo de las jornadas realizadas en Madrid, en septiembre de 2024, por el Instituto de Historia y Cultura Militar, de nuestro Ejército de Tierra, en colaboración con la Embajada de la República del Perú en España, tuve la oportunidad de impartir la conferencia “La creación de la Guardia Civil del Perú”, con ocasión del seminario “España y El Perú: Cinco siglos de historia compartida (1524-2024)”.

En este último punto he de destacar la presencia en dicho acto de una senda representación, bajo el mando del Capitán César Pardo Alfaro, de la filial en España, de la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú, a la que tengo el honor de conocer y tratar desde entonces, y cuyo presidente actual del Consejo Directivo en Lima, capital del Perú, con quien he estado en constante contacto para esta ceremonia, es el Coronel Martín Torres Yábar.

He de significar que dicha Asociación se fundó en Lima (Perú) el 30 de abril de 1993, para exaltar y honrar a la Guardia Civil del Perú como Institución Benemérita de la Patria, así como a sus héroes, mártires, valores institucionales, história, tradiciones y magisterio.


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Para elaborar este discurso he utilizado seis fuentes fundamentales: los fondos del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil de España, los fondos de la Sección de la Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior de España; la Revista Técnica de la Guardia Civil, editada mensualmente en España entre enero de 1910 y julio de 1936; los fondos de la Academia de Oficiales de la Guardia Civil de España; los fondos facilitados por la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú; así como la obra “Historia de la Benemérita Guardia Civil del Perú”, editada en enero de 2023 por dicha Legión de Honor, y que me fue donada este año de 2026 por el Rotary Club Atlántico Internacional.


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Hay que comenzar afirmando que la Historia de las fuerzas policiales de la República del Perú, tanto de naturaleza militar como civil, es muy extensa, profunda y rica.

En dicha Historia ocupa un lugar muy destacado la semilla procedente del Cuerpo de la Guardia Civil de España, de naturaleza militar, y de la cual surgió el Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, que inicialmente fue de naturaleza civil pero que se fortalecería al otorgársele también, con el paso del tiempo, la naturaleza militar.

Antes de tratar la reorganización de la Guardia Civil del Perú, con la inestimable colaboración de la Guardia Civil de España, que posteriormente se efectuaría, conviene recordar, aunque sea brevemente, como comenzó a crearse de forma seria y estructural la Seguridad Pública del Perú.

Fue bajo la presidencia de Manuel Justo Pardo Lavalle, entre 1872 y 1876, siendo el primer presidente civil constitucional de la historia republicana peruana, cuando se llevó a cabo, inicialmente, la primera reorganización de la institución policial del país.

El Congreso de la República emitió el 7 de abril de 1873 una ley autorizando al Poder Ejecutivo para reorganizar las Fuerzas de Policía, de la manera más conveniente para prestar servicio en toda la nación.

El día 30 de ese mismo mes, se reorganizó el Ministerio de Gobierno, Policía y Obras Públicas, creándose la Dirección de Policía.

En virtud de la autorización legislativa que se había dictado el 3 de abril de ese mismo año, se decretó el Reglamento de Policía del 31 de diciembre del mentado año 1873.

En su artículo 1º se dispuso la organización del Servicio de Policía en tres ramas:

- - Organización del vecindario para resistir a los ataques de malhechores.

-  - Organización de agentes especiales para servicios locales.

- - Organización de la Fuerza Pública, procedente de la Policía, para la conservación del orden, prevención de los delitos y persecución constante de los malhechores.

Los servicios locales especiales comprendían la Policía de Seguridad en los paseos, teatros, mercados y camales; la Policía de Establecimiento o empresas particulares, ferrocarriles, fábricas, establecimientos industriales, agrícolas y mineros; la Policía Rural para las provincias; la Guardia de Cárceles y la Policía del Puerto.

A su vez, la fuerza policial del Estado se dividió en dos clases: la Guardia Civil y la Gendarmería.

La Guardia Civil tenía como misión, velar por el cumplimiento de la ley y reglamentos de policía, la seguridad de los habitantes y de las propiedades, velar por el ejercicio de los derechos ciudadanos, siendo su principal fin, la prevención de los delitos y faltas así como la persecución y aprehensión de las personas que hubiesen delinquido.

La Gendarmería tenía como misión, conservar el orden y la seguridad, proporcionando a las autoridades políticas y a los funcionarios de policía una fuerza permanente. Tenía la misma organización que el Ejército y reordenaba las Ordenanzas Militares.

La Dirección Suprema de la Policía de Seguridad y de Orden residía en el Ministerio de Gobierno y su administración estaba autorizada en la Dirección de Policía de dicho Ministerio.

Los Prefectos y Subprefectos eran los jefes de Policía y tenían el mando e inspección de cada departamento y provincia. Los Comisarios podían ser Oficiales del Ejército o civiles y asimilados a la Guardia Civil, con goces y honores de comandantes de la Guardia Civil.

El Congreso de la República autorizó, inicialmente a 5.000 policías y los servicios en las principales ciudades se iniciaron con 1.912 Guardias Civiles y 1.640 Gendarmes.

Respecto a la Guardia Civil del Perú, hay que decir que el mentado Decreto Supremo, rubricado el 31 de diciembre de 1873, dispuso su creación, publicado en el Diario Oficial “El Peruano” el 28 de enero de 1874. Por otro Decreto Supremo, de 23 de marzo de 1874, se materializó dicha creación.


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Si bien la Guardia Civil del Perú se creó inicialmente, como ya se ha expuesto, al expedirse los dos Decretos Supremos citados, hay que significar que su organización y funcionamiento, diferían bastante del Cuerpo de la Guardia Civil de España, ya que,entre otras cuestiones, éste era de naturaleza militar, mientras que el peruano era de naturaleza civil, situación que cambiaría sustancialmente durante el segundo gobierno de Augusto Bernardino Leguía Salcedo.

Había sido ministro de Hacienda y Comercio en el periodo 1903-1904, siendo presidente Manuel González de Candamo Iriarte; en 1904 siendo presidente Serapio Calderón Lazo de la Vega; y en 1904-1907 siendo presidente José Simón Pardo Barreda.

Posteriormente, Leguía asumió el 24 de septiembre de 1908 su primer mandato presidencial hasta el 24 de septiembre de 1912, volviendo a asumirlo tras ser reelegido sucesivamente desde el 12 de octubre de 1919 hasta el 25 de agosto de 1930, que fue derrocado por un golpe de estado militar.

Pero fue en la primera época de este segundo gobierno cuando revitalizo y transformo la Guardia Civil del Perú, dotándola de naturaleza militar, siendo su imagen a seguir en buena parte, la Guardia Civil de España.

Este benemérito Instituto había sido creado con naturaleza civil por real decreto de 28 de marzo de 1844 y definitivamente organizado y puesto en funcionamiento con naturaleza militar por real decreto de 13 de mayo siguiente. El entonces mariscal de campo, y futuro teniente general, Francisco Javier Girón Ezpeleta, II duque de Ahumada, no sólo fue su organizador y primer inspector general, sino el verdadero fundador de dicha Institución que tanto prestigio ha dado a España.

El modelo corporativo y de seguridad pública creado por la Guardia Civil de España fue exportado a numerosos países, principalmente hispanoamericanos, siendo la República del Perú, uno de los mejores ejemplos de ello.

Fue precisamente, con ocasión del gobierno peruano presidido por el mentado presidente Leguía, cuando se produjo una profunda reorganización de la seguridad pública del país y la modernización de la misma.

El primer punto de inflexión fue la aprobación del Decreto Ley núm. 1.163, expedido el 7 de agosto de 1919, con el que se iniciaba una nueva etapa en la evolución policial e institucional peruana.

Entre otros aspectos de interés, se dispuso el establecimiento de una nueva Escuela de Guardia Civil y Policía para los aspirantes e individuos de dicha Institución; la reorganización, por no decir creación, pues en buena parte verdaderamente lo fue, de un nuevo Cuerpo de la Guardia Civil, diferente en muchos aspectos del hasta entonces existente, dotándole de su carácter militar; así como la creación del Cuerpo de Investigaciones y otro de Seguridad u Orden Público.

Dado que el mejor ejemplo a seguir, en materia de lo que hoy día conocemos por Seguridad Ciudadana, llamado entonces Orden Público, era el mentado Cuerpo de la Guardia Civil de España, el presidente peruano Leguía no tuvo la menor duda, tal y como ya había sucedido y sucedería en otros países hispanoamericanos.

Así, y tras establecer los contactos oportunos, dispuso mediante Resolución Suprema, dictada el 4 de abril de 1921, la contratación de una misión específica para ello. Su fin era establecer las bases sobre las que debería reorganizarse y formarse el nuevo Cuerpo de la Guardia Civil del Perú.

La “Revista Técnica de la Guardia Civil”, correspondiente al mes de julio de 1921, periódico de entidad privada pero elaborada principalmente por jefes y oficiales de la Benemérita, publicó la petición gubernamental peruana y el 1 de octubre siguiente se suscribió en Madrid, la capital española, el correspondiente acuerdo diplomático entre ambos países.

Por real orden del Ministerio de la Guerra español, correspondiente al día 22 de ese mismo mes, el Rey Alfonso XIII, a propuesta del director general de la Guardia Civil, teniente general Juan Zubia Bassecourt, confirió una comisión de servicio para la República del Perú, al teniente coronel Pedro Pueyo España, al capitán Bernardo Sánchez Visaires y al teniente Adolfo Carretero Parreño. Posteriormente se sumó al sargento 1º José Gómez Hernández, calificado como “primer instructor de Guardias”.

Hay que resaltar y poner en valor al jefe de esta misión, el teniente coronel Pueyo, empleo al que había ascendido con antigüedad del 23 de octubre de 1918. Era hasta entonces el jefe de la Comandancia de la provincia de Murcia, después de haber mandado la Comandancia de la provincia de Soria.

El teniente coronel Pueyo contaba entonces con 51 años de edad y unos magníficos informes profesionales. Tras cursar sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo y encontrarse destinado como segundo teniente del Regimiento de Infantería de Canarias, había ingresado a petición propia en la Guardia Civil, por real orden del Ministerio de la Guerra de 14 de abril de 1893.

Su primer destino fue en la Comandancia de Ávila, siguiendo después, entre otros y diferentes empleos, las Comandancias de Lérida, Madrid, Valencia, Badajoz y Tarragona, así como el 21º Tercio (Barcelona) y la Comandancia del Oeste (Barcelona). Es decir, tenía una muy acreditada experiencia para la misión que se le había encomendado.

La primera labor que realizaron dichos guardias civiles españoles, tras embarcar en el puerto de Cádiz y llegar a Lima, capital del Perú, el 22 de noviembre de 1921, y ser informados de la importancia de su presencia en dicha República, fue redactar un total de catorce proyectos de ley que comprendían el plan completo de reorganización de las fuerzas de seguridad del Estado, basándose en la medida de lo posible en la Guardia Civil de España. 


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Todo ello fue presentado al presidente del país y al ministro de Gobierno y Policía, Germán Leguía Martínez, que dieron su correspondiente beneplácito.

Esos 14 reglamentos redactados por la comisión de Guardias Civiles de España, y que se resumen en el libro “Historia de la Benemérita Guardia Civil del Perú”, editado en 2023 por la Legión de Honor, fueron:

- El Reglamento de carácter militar, dedicado al régimen de Personal, referente su situación, ascensos y beneficios.

-  El Reglamento para el Servicio en Tiempo de Paz, es decir, referente a la estructura organizativa de la Guardia Civil del Perú, siempre siguiendo los moldes de organización de la Guardia Civil de España.

-  Se introduce en el Reglamento de Organización y funciones las de las Comandancias, Comisarías, Sectores, Líneas y Puestos, siendo estos últimos los que realizaban su servicio policial mediante las correrías, que llegaban hasta el último rincón del país.

-  El Reglamento de Campaña.

- El Reglamento Interno que contemplaba los aspectos disciplinarios.

- Los manuales de Criminalística y los Procedimientos en Materia Criminal.

-  El manual de documentación Policial en la que se introduce por primera vez los términos de Atestados, Información Sumaria y otros documentos de carácter administrativo, tales como los memorándums, la reseña de las acémilas, los formatos de control de armas y de atenciones sanitarias.

-  La Guardia Civil del Perú heredó de su similar, la Guardia Civil de España, el monograma con las letras G.C. entrelazadas.

-  La “Cartilla del Guardia Civil”, fue lo más notable de la Misión Española por su aspecto moral y ético.

-  El prospecto de personal que contenía las directivas y bases de captación, el riguroso proceso de selección, para elegir los elementos más idóneos y presentables, con instrucción mínima educativa; porte militar y de recia personalidad y sujetos a una severa y rigurosa capacitación y disciplina militar, con la finalidad de formar cuadros que ejerzan autoridad.

- El manual de garantías, inherentes a la estabilidad en el puesto.

-  Directivas para ordenar a los Oficiales provenientes de la misma Guardia Civil y de la Escuela Militar de Chorrillos que para causar alta en la Guardia Civil debían canjear sus despachos, una especie similar a una revalidación, mientras que el personal subalterno debia seguir un curso de capacitación para ser tales y que les permitía igualmente postular e ingresar a la Escuela de Oficiales de la Guardia Civil y Policía, recibir capacitación y egresar como Oficiales de la Guardia Civil y Policía.

-  Para ejercer comando en los tres Cuerpos de Policía deberán ser oficiales de alta preparación profesional.

- La especialización sólo se daba a nivel de Personal Subalterno de los Cuerpos de Seguridad, de la Guardia Civil y al Personal Técnico de Investigadores de la Brigada de Investigación y Vigilancia.


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Seguidamente se pusieron a preparar y organizar lo que sería la “Escuela de la Guardia Civil y la Policía de la República”, dictándose finalmente el 3 de julio de 1922 por el presidente, el correspondiente “Decreto Supremo” que le dio carta de naturaleza.

El director de dicho centro de enseñanza y formación sería el teniente coronel Pueyo, constituyendo el resto de los miembros citados de la Guardia Civil española el plantel inicial de profesorado, apoyado por el correspondiente personal peruano.

La finalidad que se propuso fue triple. La organización de un Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, similar en todo lo posible al español, adoptando además buena parte de sus textos doctrinales, sobre la base de las Gendarmerías de la República. Formar otro Cuerpo de Seguridad o de Orden Público, hecho sobre la base de la antigua Guardia Civil existente y que poco tenía que ver en esta parte específica con la española. Y finalmente, crear el Cuerpo de Investigación y Vigilancia, que se encargaría de esclarecer policialmente los delitos que se cometieran.

El edificio del nuevo centro de enseñanza y formación policial elegido fue el antiguo “Hospicio de la Misericordia y Hospital de Insanos”, ubicado en la capital, sito en la Avenida Sebastián Lorente Ibáñez núm. 769, antes Avenida de los Incas. Dado su estado ruinoso fue necesario realizar las correspondientes obras de restauración y adaptación.

El 1 de noviembre de 1922, tras siete meses de obras, se efectuó su inauguración por todas las autoridades mencionadas, contando con tres secciones y sus correspondientes planes de estudio: una integrada por los futuros oficiales que serían mandados a los tres Cuerpos citados, otra de tropa y aspirantes a clase de los tres Cuerpos mencionados, así como una última de aspirantes a integrar el mentado Cuerpo de Investigación y Vigilancia, con su anexo de dactiloscopia.

Tal y como recogen los medios de prensa de la época, fue iniciativa del teniente coronel Pueyo la colocación, a la entrada de la escuela, de un gran rótulo con la frase “El honor es su divisa”, siendo complementado por el presidente de la República con la ampliación de, “como en la Madre Patria”.

Igualmente se ha de significar, que además de las autoridades ya citadas, asistieron todos los miembros del gabinete de gobierno de la República del Perú, así como todos los representantes diplomáticos de los países acreditados, los altos representantes civiles y militares peruanos, más la colonia española de Lima, que respondiendo a la iniciativa del teniente coronel Pueyo, obsequió al cuerpo de la Guardia Civil del Perú, la “Bandera de Guerra”.

La inauguración de la nueva escuela se realizó con el descubrimiento de una placa conmemorativa y la bendición por el Nuncio Apostólico, de la enseña nacional donada. Fue entregada por los padrinos, que eran la señora Fabiola de Ojeda, esposa del Embajador de España en Perú, y el presidente del Casino Español en representación de la colonia española, siendo aceptada la ofrenda por el presidente de la República del Perú.

Acto seguido, el teniente coronel Pueyo se dirigió a la fuerza de alumnos formada en el patio de armas y procedió a tomarles el juramento de fidelidad reglamentario.

La Escuela inició sus actividades el 4 de noviembre de 1922, teniendo como alumnos 30 oficiales del Ejército, algunos de los cuales regresaron a sus unidades de origen; 19 técnicos-alumnos de Investigación; y 103 individuos de Tropa. 

Los exámenes finales de esta primera Promoción se iniciaron el 2 de julio de 1923, egresando, los que aprobaron el 3 de septiembre siguiente, siendo el primer “espada de honor” Amílcar García Barrios.

Por otra parte, es justo citar que, por real orden de 21 de noviembre de 1922, del Ministerio de la Guerra de España, como consecuencia de la vacante ocasionada por enfermedad del teniente Carretero, fue destinado a la República del Perú, el oficial de mismo empleo, Fernando Gómez Ayán.


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Finalmente, aunque el presente discurso de ingreso como Académico de Número en esta Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, sólo esboza la labor del primero de los contingentes de la Guardia Civil de España que fueron enviados allí, hay que destacar que el teniente coronel Pueyo, que posteriormente continuó su carrera militar en España al finalizar su misión, llegó a ser nombrado “Director general de la Guardia Civil y Policía del Perú”, tal y como recoge la real orden del Ministerio de la Guerra de España, de 1º de diciembre de 1923.

Igualmente hay que destacar que el rey le autorizó, mediante real orden del Ministerio de la Guerra, de 9 de septiembre de 1927, el uso sobre el uniforme de la encomienda de la Orden “El Sol del Perú”, que le fue otorgada por el gobierno de dicha República el 27 de julio de 1925, en atención a los servicios que allí prestó, “como organizador de la Guardia Civil Peruana”.

En este breve discurso que he ofrecido, pues la Historia de la Guardia Civil del Perú daría para muchísimos días de conferencias, no sería justo dejar de nombrar al entonces Coronel de Caballería, futuro General del Ejército del Perú, César Landázuri Patrón, nombrado en agosto de 1921, “Agregado Militar de la Legación del Perú en España”.

En marzo de 1922, la “Revista Técnica de la Guardia Civil”, le dedicó su portada y primeras páginas con motivo de su visita en enero a diversas unidades de la Guardia Civil de España, como consecuencia de haber sido comisionado para estudiar el benemérito Cuerpo.

Dichas unidades fueron el Primer Tercio en Madrid, integrado por fuerzas de Infantería y Caballería, el Colegio Infanta María Teresa de Madrid, el Colegio del Juncarejo de Huérfanas de la Guardia Civil, así como el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, donde se entonó el himno del Perú.

Decía dicha Revista que: “Ha sido en su país, subsecretario del ministerio de la Guerra, jefe de la Casa Militar del Presidente, y en la actualidad le ha llamado el Gobierno para desempeñar un nuevo cargo que él ignora, y que nosotros suponemos sea el equivalente a nuestro jefe del Estado Mayor Central, o acaso ministro de la Guerra”.

El 2 de marzo de 1922, el entonces coronel Landazuri dirigió una atenta y extensa carta al Teniente General Juan Zubia Bassecourt, director General de la Guardia Civil de España. 

Comenzaba diciendo: “Mi respetable General: En el día de ayer terminé la visita a los cuarteles y Colegios del Cuerpo de su mando, y para la que V.E. se dignó autorizarme. La impresión que me ha causado la Institución que V.E. se dignó autorizarme. La impresión que me ha causado la Institución que V.E. tan sabiamente rige, es altamente satisfactoria para todos los que la forman. Es admirable el orden, disciplina y corrección que he notado; todos los servicios con gran esmero y metodizados”.

Finalmente he de decir que posteriormente, y durante muchos años, miembros de la Guardia Civil del Perú, debidamente seleccionados por su Mando, han cursado a lo largo de muchos años, parte de sus estudios en los Centros de Enseñanza de la Guardia Civil de España.

Espero que este breve discurso, dado el tiempo de que disponíamos, les haya sido de interés. Actualmente como saben ustedes, no existe como tal, el mentado Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, pues mediante la Ley núm. 24.949, promulgada el 25 de noviembre de 1988, fue creada la “Policía Nacional del Perú”, tras la unificación de la Guardia Civil, la Guardia Republicana, que también era de naturaleza militar y con uno de cuyos miembros cursé también estudios en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez, y la Policía de Investigaciones. 

Posteriormente hubo otras reformas policiales hasta llegar al modelo actual, pero puedo asegurarles que existe un gran sentimiento, entre muchos peruanos, para que algún día vuelva a restaurarse el Cuerpo de la Guardia Civil del Perú.

Mientras tanto, he de significar que miembros de la actual Policía Nacional del Perú han continuado realizando cursos de especialización y formación en los centros de enseñanza de la Guardia Civil de España, donde siempre la amistad y el compañerismo ha seguido estando presente por ambas partes.

Muchas gracias por su atención y su interés.