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miércoles, 30 de septiembre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LVII). UN BENEMÉRITO SERVICIO EN LAS PLAYAS DE ALGECIRAS EN 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 6 de julio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Prosiguiendo con el capítulo “Organización y origen de la Guardia Civil”, del “Escalafón General de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858”, para conocer objetivamente donde estaban encuadradas sus fuerzas en la provincia gaditana, y más concretamente en el Campo de Gibraltar de entonces, así como singularmente en el término municipal de Algeciras, hay que poner en valor la claridad y detalle de la información que contiene.

En dicho texto, editado y difundido hace 168 años, es importante no olvidarse de tener presente que la Benemérita se trataba entonces del primer cuerpo policial del Estado existente, encontrándose ya desplegado en la mayor parte del territorio español.

Toda esta fuerza policial, de naturaleza militar, se hallaba entonces distribuida en 13 tercios, “que corresponden a cada una de las capitanías generales de la península e Islas Baleares, y cada tercio consta de tantas compañías como provincias tiene la capitanía general que cubre”. Dichas unidades eran de infantería, disponiéndose “la fuerza de caballería que se ha juzgado necesaria, atendidas las condiciones topográficas del país en el que el tercio presta su servicio”.

Se exceptuaba el Primer Tercio de la Guardia Civil cuya demarcación territorial estaba compuesta por las provincias de Madrid, Toledo, Cuenca, Ciudad Real, Guadalajara y Segovia. Su cabecera se encontraba situada en la capital del reino y contaba entonces con una compañía más, es decir, dos compañías de infantería en la provincia madrileña. Dicho tercio estaba entonces mandado por el brigadier Remigio Moltó Díaz-Berrio, que poco más de dos décadas y media después, ostentado ya el empleo de teniente general, sería director general de la Benemérita durante casi año y medio, concretamente entre el 6 de agosto de 1884 y el 9 de diciembre de 1885.

Seguidamente se hacía referencia a la compañía de guardias jóvenes, creada por reales órdenes de 6 de marzo y 1º de abril de 1853, “en la que, como sucede en los institutos de igual índole de las demás naciones europeas, ingresan los hijos de los subalternos del cuerpo, sargentos, cabos y guardias muertos en función del servicio, y los hijos de individuos de estas últimas clases que se hayan inutilizado para el servicio, y los hijos de individuos de estas últimas clases que se hayan inutilizado para el servicio, o que continuando en el cuerpo y siendo de sobresaliente conducta se hayan perpetuado o reenganchado, haciéndose merecedores de esta recompensa, que es al paso un estímulo al mérito y servicios”.

En el texto de dicho capítulo del “Escalafón” de 1858 se precisaba que contaba entonces 105 jóvenes en la mentada compañía, la cual estaba establecida en la población madrileña de Valdemoro, “donde el cuerpo tiene un edificio desahogado y de condiciones idóneas”. Seguidamente se explicaba que, a dichos jóvenes, con edades comprendidas entre los 8 y los 16 años, “se les da la educación primaria elemental, se les enseña gimnasia y la instrucción militar más completa con respecto a la clase en que pueden ingresar en el servicio”.

Continuaba exponiéndose que se les enseñaba música y los oficios de carpintero, sastre y zapatero. Concretamente, “a aquellos que lo deseen o se juzga les es conveniente”. Todo ello, con el objeto de que si al cumplir los 18 años, “bien por falta de aptitud física o por carecer de vocación para la carrera militar, hay alguno que no la pueda seguir, no carezca de medios con que procurarse honradamente el sustento”.

Prueba del rigor con que se aplicaba era el detalle que seguidamente se exponía sobre que habían causado baja en dicha compañía, desde su creación cinco años antes, un total de 35 jóvenes. De ellos, positivamente, 18 de ellos, tras cumplir la edad mencionada, habiendo sido destinados a los tercios para servir en las unidades de la Benemérita, más uno que lo fue a la “Escuela de caballería”, y otro, de escribiente al Ayuntamiento de Valdemoro. Respecto al resto, se mencionaba que un alumno había fallecido durante el periodo escolar, 2 habían causado baja por inutilidad física y 12 habían abandonado dicha compañía a petición de sus parientes.

Centrados ya en Algeciras, resultan de interés dos servicios del puesto de la Benemérita ubicado en dicho municipio, reseñados en el núm. 123 del periódico “El Mentor del Guardia Civil”, correspondiente al 24 de febrero de 1858.

El primero había acaecido en la mañana del día 29 de enero anterior, siendo protagonizado por los guardias civiles José Torres Martín y Vicente Rizo García. Resultó que ambos componentes del puesto algecireño habían salido de servicio de conducción de presos hacia San Roque. Al llegar, durante su recorrido, “al río de Palmones tuvieron ocasión de salvar de ser arrastrada por la corriente a una caballería cargada con el equipaje de un oficial, y varias prendas de vestuario pertenecientes a individuos del destacamento de la línea de Gibraltar”. 

Respecto a este último lugar, que décadas después se denominaría La Línea de la Concepción, hay que recordar que entonces formaba parte del término municipal de San Roque. Sobre el servicio relatado hay que mencionar que los dos guardias civiles citados, recibieron “las gracias del que conducía la caballería”. Por otra parte, respecto al parte de novedades elevado a Madrid, el II Duque de Ahumada, “Excmo. Sr. Inspector general del Cuerpo se ha enterado con sumo aprecio”.

La otra reseña que se publicaba en el mismo ejemplar de “El Mentor del Guardia Civil”, ponía en valor el carácter benemérito del Cuerpo. Resultó que, en la mañana del 30 de enero, “aparecieron en aquellas playas cuatro buques mercantes náufragos”. Tan pronto tuvo conocimiento de ello el cabo comandante del puesto de Algeciras, “salió con la fuerza a sus órdenes para prestar los auxilios que necesitasen los náufragos, de los cuales perecieron cinco, salvándose todos los demás”. 

Allí debieron sumarse, entre otras, a las fuerzas del Cuerpo de Carabineros dedicadas a la vigilancia de ese tramo de costa que tenían por principal misión luchar contra el contrabando procedente de la colonia británica de Gibraltar. Además de su actuación benemérita, ya centrados en sus funciones específicas de seguridad del Estado, “la fuerza del puesto continuó custodiando los efectos que arrojaban las aguas, y así permaneció hasta que todos estuvieron en completa seguridad”, evitando bien seguro, de no haber estado allí, la rapiña de los mismos.

(Continuará).

 

LA BENEMÉRITA ESPAÑOLA EN LA GUARDIA CIVIL DEL PERÚ.

  

Discurso pronunciado por Jesús Núñez en la Sesión Pública de recepción de Académico de Número en la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, que tuvo lugar el 17 de junio de 2026 en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Cádiz.


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Excelentísimo Señor Director de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, excelentísimas e ilustrísimas autoridades, civiles y militares, ilustrísimos representantes del Cuerpo Diplomático, excelentísimas e ilustrísimas señoras y señores académicos, representantes en España de la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú, señoras y señores:

 

En primer lugar, deseo expresar mi más sincero agradecimiento a la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, por promoverme en su seno como Académico de Número, lo cual constituye para mí, un inmenso honor.

De manera muy destacada quiero también expresar mi más sincera gratitud y reconocimiento a los tres Académicos de Número que propusieron mi candidatura: el Excmo. Sr. D. Agustín Rosety Fernández de Castro, el Ilmo. Sr. D. José María García León y el Ilmo. Sr. D. Antonio Pazos García, así como a toda la Junta de Gobierno de esta Corporación que posteriormente lo aprobó por unanimidad.

Seguidamente debo mencionar expresamente, ya que paso a ocupar el sillón H de esta Real Academia, a su anterior titular, la Ilma. Sra. Dña. María Matute Corona, Doctora en Historia por la Universidad de Cádiz, que ingresó como Académica de Número en el Curso 2020-2021, pronunciando su brillante discurso “Cádiz en la vida y obra de Alejandro Malaspina”. Me enorgullece, además, no sólo coincidir en la titulación del Doctorado de Historia, sino su origen de San Fernando, denominado hasta el año 1813 como Villa de la Real Isla de León, ya que mi padre y muchos de mis ascendientes eran también de allí.


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El 15 de diciembre de 2021 tuve el honor de pronunciar el discurso de ingreso como Académico Correspondiente, que tenía por título “El predicamento de la Cartilla del Guardia Civil en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de los países hispanoamericanos”, presentado por el Ilmo. Sr. José María García León, Académico de Número de la misma.

Ahora, antes de pronunciar mi discurso de ingreso como Académico de Número, tras casi cinco años de activa participación en diversas actividades de esta Real Academia, la “Hispano Americana”, como cariñosa y abreviadamente se la conoce, quiero recordar, esta vez muy brevemente, a mis antepasados directos que nacieron al otro lado del Océano Atlántico.

Ellos forman por lo tanto mi rama familiar hispano americana, de la que tan orgulloso me siento, porque tal y como entonces establecía el artículo 1º de la Constitución Política de la Monarquía Española, aprobada el 19 de marzo de 1812, la Nación Española es “la reunión de todos los Españoles de ambos Hemisferios”.

Posteriormente, y transcurridos los hechos históricos que fueron conllevando la independencia de todos los países hispano americanos, la realidad fue que, con el paso del tiempo, se asentó con firmeza, lealtad y sinceridad, esa grata conciencia de la noble hermandad de la Hispanidad que hoy día, a un lado y otro de la mar, todos gozamos y sentimos.

Es por todo ello, que en primer lugar debo recordar a mis principales antepasados directos hispanoamericanos, a los que no puedo dejar de honrar en esta relevante ceremonia. 

Comienzo con mi tatarabuela, por línea paterna, Dña. Daría Jacoba Quixano Artacho, nacida en 1844 en San Juan de Puerto Rico, y esposa de D. Indalecio Núñez Zuloaga, que llegaría al empleo de capitán de navío de 1ª clase, asimilado hoy día al de contralmirante.

Sigo con mi tatarabuelo, igualmente de línea paterna, D. Narciso de Olañeta Bóves, nacido en La Habana, de la isla de Cuba, y que además de ser un distinguido letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, fue secretario general de nuestra Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

Continúo con mi bisabuelo paterno, D. Francisco Núñez Quixano, nacido en 1869 en La Habana, quien, siendo teniente de navío, el 15 de febrero de 1898, estaba destinado en dicha ciudad como ayudante del Comandante General del Apostadero y Escuadra de las Antillas. 

No puedo dejar de citar su meritoria labor en las tareas de auxilio a las víctimas de la dotación del acorazado de 2ª clase “Maine”, de la Armada de los Estados Unidos, que se hallaba fondeado en la bahía de La Habana y sufrió una explosión interna, promoviéndose seguidamente una injusta guerra contra España que finalizó con la pérdida de las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. 

El 30 de marzo siguiente zarpó de La Habana, a bordo del vapor “Buenos Aires”, desembarcando en el puerto de Cádiz el día 16 del mes siguiente, para continuar hasta Madrid y entregar al ministro de Marina el informe sobre las causas de la fortuita explosión, que falsamente se imputaron a España.

A estos antecedentes familiares que me unen sentimental y emotivamente, con lo que hoy día son dos naciones hispanoamericanas, tengo que añadir la derivada de mi intensa relación personal y profesional con militares, policías y civiles de todos los países hispanoamericanos, incluida por supuesto la República del Perú, que es de la que voy a referir, al relatar la participación de la Guardia Civil de España en el adiestramiento y formación de la Guardia Civil del Perú, hace ya más de un siglo.

Dicha conexión personal y profesional, profundamente hispano americana, ha sido debida principalmente a cuatro motivos.

En primer lugar, tras instruirme durante tres cursos en la Academia General Militar, entre 1981 y 1984, compartí mi formación durante los dos cursos siguientes, entre 1984 y1986, con oficiales alumnos hispano americanos, Perú incluido, en la entonces Academia Especial de la Guardia Civil, hoy día denominada Academia de Oficiales de la Guardia Civil, sita en Aranjuez (Madrid).

Posteriormente, en el año 1990, siendo todavía teniente, volví a compartir con oficiales hispano americanos, peruanos incluidos, el curso superior de protección de personas y de seguridad de instalaciones, que se impartió en el Centro de Adiestramientos Especiales de la Guardia Civil, sito entonces en Guadarrama (Madrid). 

Dicha experiencia, con otros oficiales hispano americanos, volvió a repetirse en 1996 cuando realicé, siendo capitán, el curso de ascenso al empleo de comandante, en la mentada Academia Especial.

Ello volvió a repetirse, siendo ya teniente coronel, cuando en el año 2010, realicé con numerosos oficiales de diversos países hispano americanos, el Curso de Operaciones de Paz en la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra, sita en Madrid. 

En segundo lugar, con ocasión de haber prestado servicio como Oficial de la Guardia Civil en Venezuela, en materia de cooperación policial española en 1991; de asistencia técnica policial española en Nicaragua en 1999; así como de cooperación policial en Guatemala entre 2009 y 2010, que me han permitido no sólo trabajar conjuntamente con profesionales, militares y policiales, de dichos países, sino también, en esta última nación, en la Comisión Internacional contra la Impunidad, con civiles y contingentes policiales de numerosas naciones hispanoamericanas que participaban en dicha misión, bajo la cobertura de la Organización de Naciones Unidas. 

He de añadir que la estancia en esos países me ha permitido, aunque con mayor brevedad, haber estado también en otras naciones hispanoamericanas como Colombia, Cuba, México y Panamá.

En tercer lugar, fue con ocasión de haber prestado servicio como capitán en Operaciones de Mantenimiento de la Paz en Bosnia-Herzegovina en 1996, y como comandante en Irak en 2004 y en Líbano en 2006-2007, lideradas respectivamente por la OTAN, una Coalicción Internacional liderada por los Estados Unidos de América, en cuyo país he estado en varias ocasiones, y la ONU. 

En todas estas misiones tuve también la oportunidad de coincidir y servir conjuntamente con miembros de contingentes militares de otros países hispanoamericanos que participaban en las operaciones citadas o en otras diferentes, bajo mandato en tal caso de otros organismos internacionales, pero que coincidían en el mismo escenario, aunque con funciones y responsabilidades distintas.

Por último, y en cuarto lugar, con motivo de las jornadas realizadas en Madrid, en septiembre de 2024, por el Instituto de Historia y Cultura Militar, de nuestro Ejército de Tierra, en colaboración con la Embajada de la República del Perú en España, tuve la oportunidad de impartir la conferencia “La creación de la Guardia Civil del Perú”, con ocasión del seminario “España y El Perú: Cinco siglos de historia compartida (1524-2024)”.

En este último punto he de destacar la presencia en dicho acto de una senda representación, bajo el mando del Capitán César Pardo Alfaro, de la filial en España, de la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú, a la que tengo el honor de conocer y tratar desde entonces, y cuyo presidente actual del Consejo Directivo en Lima, capital del Perú, con quien he estado en constante contacto para esta ceremonia, es el Coronel Martín Torres Yábar.

He de significar que dicha Asociación se fundó en Lima (Perú) el 30 de abril de 1993, para exaltar y honrar a la Guardia Civil del Perú como Institución Benemérita de la Patria, así como a sus héroes, mártires, valores institucionales, história, tradiciones y magisterio.


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Para elaborar este discurso he utilizado seis fuentes fundamentales: los fondos del Servicio de Estudios Históricos de la Guardia Civil de España, los fondos de la Sección de la Guardia Civil del Archivo General del Ministerio del Interior de España; la Revista Técnica de la Guardia Civil, editada mensualmente en España entre enero de 1910 y julio de 1936; los fondos de la Academia de Oficiales de la Guardia Civil de España; los fondos facilitados por la Legión de Honor de la Benemérita Guardia Civil del Perú; así como la obra “Historia de la Benemérita Guardia Civil del Perú”, editada en enero de 2023 por dicha Legión de Honor, y que me fue donada este año de 2026 por el Rotary Club Atlántico Internacional.


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Hay que comenzar afirmando que la Historia de las fuerzas policiales de la República del Perú, tanto de naturaleza militar como civil, es muy extensa, profunda y rica.

En dicha Historia ocupa un lugar muy destacado la semilla procedente del Cuerpo de la Guardia Civil de España, de naturaleza militar, y de la cual surgió el Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, que inicialmente fue de naturaleza civil pero que se fortalecería al otorgársele también, con el paso del tiempo, la naturaleza militar.

Antes de tratar la reorganización de la Guardia Civil del Perú, con la inestimable colaboración de la Guardia Civil de España, que posteriormente se efectuaría, conviene recordar, aunque sea brevemente, como comenzó a crearse de forma seria y estructural la Seguridad Pública del Perú.

Fue bajo la presidencia de Manuel Justo Pardo Lavalle, entre 1872 y 1876, siendo el primer presidente civil constitucional de la historia republicana peruana, cuando se llevó a cabo, inicialmente, la primera reorganización de la institución policial del país.

El Congreso de la República emitió el 7 de abril de 1873 una ley autorizando al Poder Ejecutivo para reorganizar las Fuerzas de Policía, de la manera más conveniente para prestar servicio en toda la nación.

El día 30 de ese mismo mes, se reorganizó el Ministerio de Gobierno, Policía y Obras Públicas, creándose la Dirección de Policía.

En virtud de la autorización legislativa que se había dictado el 3 de abril de ese mismo año, se decretó el Reglamento de Policía del 31 de diciembre del mentado año 1873.

En su artículo 1º se dispuso la organización del Servicio de Policía en tres ramas:

- - Organización del vecindario para resistir a los ataques de malhechores.

-  - Organización de agentes especiales para servicios locales.

- - Organización de la Fuerza Pública, procedente de la Policía, para la conservación del orden, prevención de los delitos y persecución constante de los malhechores.

Los servicios locales especiales comprendían la Policía de Seguridad en los paseos, teatros, mercados y camales; la Policía de Establecimiento o empresas particulares, ferrocarriles, fábricas, establecimientos industriales, agrícolas y mineros; la Policía Rural para las provincias; la Guardia de Cárceles y la Policía del Puerto.

A su vez, la fuerza policial del Estado se dividió en dos clases: la Guardia Civil y la Gendarmería.

La Guardia Civil tenía como misión, velar por el cumplimiento de la ley y reglamentos de policía, la seguridad de los habitantes y de las propiedades, velar por el ejercicio de los derechos ciudadanos, siendo su principal fin, la prevención de los delitos y faltas así como la persecución y aprehensión de las personas que hubiesen delinquido.

La Gendarmería tenía como misión, conservar el orden y la seguridad, proporcionando a las autoridades políticas y a los funcionarios de policía una fuerza permanente. Tenía la misma organización que el Ejército y reordenaba las Ordenanzas Militares.

La Dirección Suprema de la Policía de Seguridad y de Orden residía en el Ministerio de Gobierno y su administración estaba autorizada en la Dirección de Policía de dicho Ministerio.

Los Prefectos y Subprefectos eran los jefes de Policía y tenían el mando e inspección de cada departamento y provincia. Los Comisarios podían ser Oficiales del Ejército o civiles y asimilados a la Guardia Civil, con goces y honores de comandantes de la Guardia Civil.

El Congreso de la República autorizó, inicialmente a 5.000 policías y los servicios en las principales ciudades se iniciaron con 1.912 Guardias Civiles y 1.640 Gendarmes.

Respecto a la Guardia Civil del Perú, hay que decir que el mentado Decreto Supremo, rubricado el 31 de diciembre de 1873, dispuso su creación, publicado en el Diario Oficial “El Peruano” el 28 de enero de 1874. Por otro Decreto Supremo, de 23 de marzo de 1874, se materializó dicha creación.


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Si bien la Guardia Civil del Perú se creó inicialmente, como ya se ha expuesto, al expedirse los dos Decretos Supremos citados, hay que significar que su organización y funcionamiento, diferían bastante del Cuerpo de la Guardia Civil de España, ya que,entre otras cuestiones, éste era de naturaleza militar, mientras que el peruano era de naturaleza civil, situación que cambiaría sustancialmente durante el segundo gobierno de Augusto Bernardino Leguía Salcedo.

Había sido ministro de Hacienda y Comercio en el periodo 1903-1904, siendo presidente Manuel González de Candamo Iriarte; en 1904 siendo presidente Serapio Calderón Lazo de la Vega; y en 1904-1907 siendo presidente José Simón Pardo Barreda.

Posteriormente, Leguía asumió el 24 de septiembre de 1908 su primer mandato presidencial hasta el 24 de septiembre de 1912, volviendo a asumirlo tras ser reelegido sucesivamente desde el 12 de octubre de 1919 hasta el 25 de agosto de 1930, que fue derrocado por un golpe de estado militar.

Pero fue en la primera época de este segundo gobierno cuando revitalizo y transformo la Guardia Civil del Perú, dotándola de naturaleza militar, siendo su imagen a seguir en buena parte, la Guardia Civil de España.

Este benemérito Instituto había sido creado con naturaleza civil por real decreto de 28 de marzo de 1844 y definitivamente organizado y puesto en funcionamiento con naturaleza militar por real decreto de 13 de mayo siguiente. El entonces mariscal de campo, y futuro teniente general, Francisco Javier Girón Ezpeleta, II duque de Ahumada, no sólo fue su organizador y primer inspector general, sino el verdadero fundador de dicha Institución que tanto prestigio ha dado a España.

El modelo corporativo y de seguridad pública creado por la Guardia Civil de España fue exportado a numerosos países, principalmente hispanoamericanos, siendo la República del Perú, uno de los mejores ejemplos de ello.

Fue precisamente, con ocasión del gobierno peruano presidido por el mentado presidente Leguía, cuando se produjo una profunda reorganización de la seguridad pública del país y la modernización de la misma.

El primer punto de inflexión fue la aprobación del Decreto Ley núm. 1.163, expedido el 7 de agosto de 1919, con el que se iniciaba una nueva etapa en la evolución policial e institucional peruana.

Entre otros aspectos de interés, se dispuso el establecimiento de una nueva Escuela de Guardia Civil y Policía para los aspirantes e individuos de dicha Institución; la reorganización, por no decir creación, pues en buena parte verdaderamente lo fue, de un nuevo Cuerpo de la Guardia Civil, diferente en muchos aspectos del hasta entonces existente, dotándole de su carácter militar; así como la creación del Cuerpo de Investigaciones y otro de Seguridad u Orden Público.

Dado que el mejor ejemplo a seguir, en materia de lo que hoy día conocemos por Seguridad Ciudadana, llamado entonces Orden Público, era el mentado Cuerpo de la Guardia Civil de España, el presidente peruano Leguía no tuvo la menor duda, tal y como ya había sucedido y sucedería en otros países hispanoamericanos.

Así, y tras establecer los contactos oportunos, dispuso mediante Resolución Suprema, dictada el 4 de abril de 1921, la contratación de una misión específica para ello. Su fin era establecer las bases sobre las que debería reorganizarse y formarse el nuevo Cuerpo de la Guardia Civil del Perú.

La “Revista Técnica de la Guardia Civil”, correspondiente al mes de julio de 1921, periódico de entidad privada pero elaborada principalmente por jefes y oficiales de la Benemérita, publicó la petición gubernamental peruana y el 1 de octubre siguiente se suscribió en Madrid, la capital española, el correspondiente acuerdo diplomático entre ambos países.

Por real orden del Ministerio de la Guerra español, correspondiente al día 22 de ese mismo mes, el Rey Alfonso XIII, a propuesta del director general de la Guardia Civil, teniente general Juan Zubia Bassecourt, confirió una comisión de servicio para la República del Perú, al teniente coronel Pedro Pueyo España, al capitán Bernardo Sánchez Visaires y al teniente Adolfo Carretero Parreño. Posteriormente se sumó al sargento 1º José Gómez Hernández, calificado como “primer instructor de Guardias”.

Hay que resaltar y poner en valor al jefe de esta misión, el teniente coronel Pueyo, empleo al que había ascendido con antigüedad del 23 de octubre de 1918. Era hasta entonces el jefe de la Comandancia de la provincia de Murcia, después de haber mandado la Comandancia de la provincia de Soria.

El teniente coronel Pueyo contaba entonces con 51 años de edad y unos magníficos informes profesionales. Tras cursar sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo y encontrarse destinado como segundo teniente del Regimiento de Infantería de Canarias, había ingresado a petición propia en la Guardia Civil, por real orden del Ministerio de la Guerra de 14 de abril de 1893.

Su primer destino fue en la Comandancia de Ávila, siguiendo después, entre otros y diferentes empleos, las Comandancias de Lérida, Madrid, Valencia, Badajoz y Tarragona, así como el 21º Tercio (Barcelona) y la Comandancia del Oeste (Barcelona). Es decir, tenía una muy acreditada experiencia para la misión que se le había encomendado.

La primera labor que realizaron dichos guardias civiles españoles, tras embarcar en el puerto de Cádiz y llegar a Lima, capital del Perú, el 22 de noviembre de 1921, y ser informados de la importancia de su presencia en dicha República, fue redactar un total de catorce proyectos de ley que comprendían el plan completo de reorganización de las fuerzas de seguridad del Estado, basándose en la medida de lo posible en la Guardia Civil de España. 


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Todo ello fue presentado al presidente del país y al ministro de Gobierno y Policía, Germán Leguía Martínez, que dieron su correspondiente beneplácito.

Esos 14 reglamentos redactados por la comisión de Guardias Civiles de España, y que se resumen en el libro “Historia de la Benemérita Guardia Civil del Perú”, editado en 2023 por la Legión de Honor, fueron:

- El Reglamento de carácter militar, dedicado al régimen de Personal, referente su situación, ascensos y beneficios.

-  El Reglamento para el Servicio en Tiempo de Paz, es decir, referente a la estructura organizativa de la Guardia Civil del Perú, siempre siguiendo los moldes de organización de la Guardia Civil de España.

-  Se introduce en el Reglamento de Organización y funciones las de las Comandancias, Comisarías, Sectores, Líneas y Puestos, siendo estos últimos los que realizaban su servicio policial mediante las correrías, que llegaban hasta el último rincón del país.

-  El Reglamento de Campaña.

- El Reglamento Interno que contemplaba los aspectos disciplinarios.

- Los manuales de Criminalística y los Procedimientos en Materia Criminal.

-  El manual de documentación Policial en la que se introduce por primera vez los términos de Atestados, Información Sumaria y otros documentos de carácter administrativo, tales como los memorándums, la reseña de las acémilas, los formatos de control de armas y de atenciones sanitarias.

-  La Guardia Civil del Perú heredó de su similar, la Guardia Civil de España, el monograma con las letras G.C. entrelazadas.

-  La “Cartilla del Guardia Civil”, fue lo más notable de la Misión Española por su aspecto moral y ético.

-  El prospecto de personal que contenía las directivas y bases de captación, el riguroso proceso de selección, para elegir los elementos más idóneos y presentables, con instrucción mínima educativa; porte militar y de recia personalidad y sujetos a una severa y rigurosa capacitación y disciplina militar, con la finalidad de formar cuadros que ejerzan autoridad.

- El manual de garantías, inherentes a la estabilidad en el puesto.

-  Directivas para ordenar a los Oficiales provenientes de la misma Guardia Civil y de la Escuela Militar de Chorrillos que para causar alta en la Guardia Civil debían canjear sus despachos, una especie similar a una revalidación, mientras que el personal subalterno debia seguir un curso de capacitación para ser tales y que les permitía igualmente postular e ingresar a la Escuela de Oficiales de la Guardia Civil y Policía, recibir capacitación y egresar como Oficiales de la Guardia Civil y Policía.

-  Para ejercer comando en los tres Cuerpos de Policía deberán ser oficiales de alta preparación profesional.

- La especialización sólo se daba a nivel de Personal Subalterno de los Cuerpos de Seguridad, de la Guardia Civil y al Personal Técnico de Investigadores de la Brigada de Investigación y Vigilancia.


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Seguidamente se pusieron a preparar y organizar lo que sería la “Escuela de la Guardia Civil y la Policía de la República”, dictándose finalmente el 3 de julio de 1922 por el presidente, el correspondiente “Decreto Supremo” que le dio carta de naturaleza.

El director de dicho centro de enseñanza y formación sería el teniente coronel Pueyo, constituyendo el resto de los miembros citados de la Guardia Civil española el plantel inicial de profesorado, apoyado por el correspondiente personal peruano.

La finalidad que se propuso fue triple. La organización de un Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, similar en todo lo posible al español, adoptando además buena parte de sus textos doctrinales, sobre la base de las Gendarmerías de la República. Formar otro Cuerpo de Seguridad o de Orden Público, hecho sobre la base de la antigua Guardia Civil existente y que poco tenía que ver en esta parte específica con la española. Y finalmente, crear el Cuerpo de Investigación y Vigilancia, que se encargaría de esclarecer policialmente los delitos que se cometieran.

El edificio del nuevo centro de enseñanza y formación policial elegido fue el antiguo “Hospicio de la Misericordia y Hospital de Insanos”, ubicado en la capital, sito en la Avenida Sebastián Lorente Ibáñez núm. 769, antes Avenida de los Incas. Dado su estado ruinoso fue necesario realizar las correspondientes obras de restauración y adaptación.

El 1 de noviembre de 1922, tras siete meses de obras, se efectuó su inauguración por todas las autoridades mencionadas, contando con tres secciones y sus correspondientes planes de estudio: una integrada por los futuros oficiales que serían mandados a los tres Cuerpos citados, otra de tropa y aspirantes a clase de los tres Cuerpos mencionados, así como una última de aspirantes a integrar el mentado Cuerpo de Investigación y Vigilancia, con su anexo de dactiloscopia.

Tal y como recogen los medios de prensa de la época, fue iniciativa del teniente coronel Pueyo la colocación, a la entrada de la escuela, de un gran rótulo con la frase “El honor es su divisa”, siendo complementado por el presidente de la República con la ampliación de, “como en la Madre Patria”.

Igualmente se ha de significar, que además de las autoridades ya citadas, asistieron todos los miembros del gabinete de gobierno de la República del Perú, así como todos los representantes diplomáticos de los países acreditados, los altos representantes civiles y militares peruanos, más la colonia española de Lima, que respondiendo a la iniciativa del teniente coronel Pueyo, obsequió al cuerpo de la Guardia Civil del Perú, la “Bandera de Guerra”.

La inauguración de la nueva escuela se realizó con el descubrimiento de una placa conmemorativa y la bendición por el Nuncio Apostólico, de la enseña nacional donada. Fue entregada por los padrinos, que eran la señora Fabiola de Ojeda, esposa del Embajador de España en Perú, y el presidente del Casino Español en representación de la colonia española, siendo aceptada la ofrenda por el presidente de la República del Perú.

Acto seguido, el teniente coronel Pueyo se dirigió a la fuerza de alumnos formada en el patio de armas y procedió a tomarles el juramento de fidelidad reglamentario.

La Escuela inició sus actividades el 4 de noviembre de 1922, teniendo como alumnos 30 oficiales del Ejército, algunos de los cuales regresaron a sus unidades de origen; 19 técnicos-alumnos de Investigación; y 103 individuos de Tropa. 

Los exámenes finales de esta primera Promoción se iniciaron el 2 de julio de 1923, egresando, los que aprobaron el 3 de septiembre siguiente, siendo el primer “espada de honor” Amílcar García Barrios.

Por otra parte, es justo citar que, por real orden de 21 de noviembre de 1922, del Ministerio de la Guerra de España, como consecuencia de la vacante ocasionada por enfermedad del teniente Carretero, fue destinado a la República del Perú, el oficial de mismo empleo, Fernando Gómez Ayán.


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Finalmente, aunque el presente discurso de ingreso como Académico de Número en esta Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras, sólo esboza la labor del primero de los contingentes de la Guardia Civil de España que fueron enviados allí, hay que destacar que el teniente coronel Pueyo, que posteriormente continuó su carrera militar en España al finalizar su misión, llegó a ser nombrado “Director general de la Guardia Civil y Policía del Perú”, tal y como recoge la real orden del Ministerio de la Guerra de España, de 1º de diciembre de 1923.

Igualmente hay que destacar que el rey le autorizó, mediante real orden del Ministerio de la Guerra, de 9 de septiembre de 1927, el uso sobre el uniforme de la encomienda de la Orden “El Sol del Perú”, que le fue otorgada por el gobierno de dicha República el 27 de julio de 1925, en atención a los servicios que allí prestó, “como organizador de la Guardia Civil Peruana”.

En este breve discurso que he ofrecido, pues la Historia de la Guardia Civil del Perú daría para muchísimos días de conferencias, no sería justo dejar de nombrar al entonces Coronel de Caballería, futuro General del Ejército del Perú, César Landázuri Patrón, nombrado en agosto de 1921, “Agregado Militar de la Legación del Perú en España”.

En marzo de 1922, la “Revista Técnica de la Guardia Civil”, le dedicó su portada y primeras páginas con motivo de su visita en enero a diversas unidades de la Guardia Civil de España, como consecuencia de haber sido comisionado para estudiar el benemérito Cuerpo.

Dichas unidades fueron el Primer Tercio en Madrid, integrado por fuerzas de Infantería y Caballería, el Colegio Infanta María Teresa de Madrid, el Colegio del Juncarejo de Huérfanas de la Guardia Civil, así como el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, donde se entonó el himno del Perú.

Decía dicha Revista que: “Ha sido en su país, subsecretario del ministerio de la Guerra, jefe de la Casa Militar del Presidente, y en la actualidad le ha llamado el Gobierno para desempeñar un nuevo cargo que él ignora, y que nosotros suponemos sea el equivalente a nuestro jefe del Estado Mayor Central, o acaso ministro de la Guerra”.

El 2 de marzo de 1922, el entonces coronel Landazuri dirigió una atenta y extensa carta al Teniente General Juan Zubia Bassecourt, director General de la Guardia Civil de España. 

Comenzaba diciendo: “Mi respetable General: En el día de ayer terminé la visita a los cuarteles y Colegios del Cuerpo de su mando, y para la que V.E. se dignó autorizarme. La impresión que me ha causado la Institución que V.E. se dignó autorizarme. La impresión que me ha causado la Institución que V.E. tan sabiamente rige, es altamente satisfactoria para todos los que la forman. Es admirable el orden, disciplina y corrección que he notado; todos los servicios con gran esmero y metodizados”.

Finalmente he de decir que posteriormente, y durante muchos años, miembros de la Guardia Civil del Perú, debidamente seleccionados por su Mando, han cursado a lo largo de muchos años, parte de sus estudios en los Centros de Enseñanza de la Guardia Civil de España.

Espero que este breve discurso, dado el tiempo de que disponíamos, les haya sido de interés. Actualmente como saben ustedes, no existe como tal, el mentado Cuerpo de la Guardia Civil del Perú, pues mediante la Ley núm. 24.949, promulgada el 25 de noviembre de 1988, fue creada la “Policía Nacional del Perú”, tras la unificación de la Guardia Civil, la Guardia Republicana, que también era de naturaleza militar y con uno de cuyos miembros cursé también estudios en la Academia de Oficiales de la Guardia Civil en Aranjuez, y la Policía de Investigaciones. 

Posteriormente hubo otras reformas policiales hasta llegar al modelo actual, pero puedo asegurarles que existe un gran sentimiento, entre muchos peruanos, para que algún día vuelva a restaurarse el Cuerpo de la Guardia Civil del Perú.

Mientras tanto, he de significar que miembros de la actual Policía Nacional del Perú han continuado realizando cursos de especialización y formación en los centros de enseñanza de la Guardia Civil de España, donde siempre la amistad y el compañerismo ha seguido estando presente por ambas partes.

Muchas gracias por su atención y su interés.

 

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LVI). UN CAPÍTULO INÉDITO DEL ESCALAFÓN BENEMÉRITO DE 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR el 29 de junio de 2026", pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

En el “Escalafón General de antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858” de la Benemérita, merece singular atención el excepcional y extenso detalle del contenido del capítulo titulado “Organización y origen de la Guardia Civil”. Para conocer su situación en la provincia de Cádiz en general, y en el Campo de Gibraltar y Algeciras en particular, es necesario conocer este texto, apenas conocido, pero publicado hace ya 168 años.

Su contenido es realmente muy interesante y aunque en este tipo de documentos no consta la identidad del autor o redactor del texto concreto, no hay duda alguna de que el entonces inspector general de la Benemérita tenía pleno conocimiento de lo que se exponía, y que sin su expresa aprobación era impensable que se publicase. Bien seguro que hubo entonces una razón muy concreta para que publicara tan extenso y detallado contenido, aunque sólo fuera esa vez.

Comenzaba el texto haciéndose constar que: “La necesidad de crear una fuerza armada encargada de la seguridad de los caminos y despoblados y de la protección y socorro de las personas y propiedades, ha sido reconocida en España desde la más remota antigüedad”.

Curiosa y seguidamente, el texto se retrotraía casi cuatro siglos respecto al incipiente año 1858, afirmándose textualmente que: “Los Reyes Católicos, después de algunos ensayos hechos por sus antecesores los Reyes D. Enrique II, III y IV y D. Juan I y II, decretaron en el año 1475 la creación de los Ballesteros de la Santa Hermandad, con el objeto de que exterminaran los malhechores que asolaban la provincia de Toledo, y en 1498 los reformaron haciendo extensivos sus servicios a las demás provincias del reino, dándoseles sus ordenanzas y estatutos”.

A continuación, exponía que, desvirtuados los servicios de la Santa Hermandad, “el tiempo se encargó de ir borrando de la historia esta institución, cuyos privilegios la sobrevivieron, siendo extinguidos del todo por decreto de 3 de febrero de 1835, expedido a consulta del Estatuto de Próceres del reino”.

Luego, al referirse posteriormente al rey Fernando VII y su cautiverio en el país vecino, se relató que el monarca había conocido, “la conveniencia y servicios de la Gendarmería francesa”. Así que, “tuvo la idea a su regreso a España de organizar una institución idéntica, pero por razones que no son de este lugar no pudo por el momento llevarla a cabo”. Y es cierto, transcurridos los seis años siguientes, no se creó cuerpo policial estatal alguno desplegado por todo el territorio nacional.

Hubo que esperarse a que, iniciado ya el Trienio Liberal, concretamente el 30 de julio de 1820, el teniente general Pedro Agustín Girón de las Casas, entonces ministro de la Guerra, IV marqués de Las Amarillas y futuro I Duque de Ahumada, presentase y defendiese en las Cortes, el proyecto de la Legión de Salvaguardias Nacionales. Se trataba de crear el primer cuerpo de seguridad pública estatal, formado inicialmente por 5.230 hombres, a desplegarse por todo el territorio nacional, y bajo el mando de un general del Ejército. Sin embargo, dicho proyecto no fue aprobado.

Según se continuaba leyendo en el mentado capítulo del Escalafón de 1858, estando ya bien entrado el año 1823, y se iniciaba el declive del citado Trienio Liberal, la nueva “Junta provisional de Gobierno” decretó la creación de, “un cuerpo de Celadores Reales, previniendo se formase una compañía en cada provincia, de las que sólo llegó a organizarse la de Zaragoza, sirviendo después de base para otra fuerza de ocho compañías y cuatro escuadrones que fue disuelta en 1827”.

En 1833, transcurridos cinco años, durante los cuales el Ejército continuó siendo el elemento principal del Estado para garantizar la seguridad pública, “se decretó la organización del cuerpo de Salvaguardias, cuya dotación era de 10.000 hombres, poniéndolo bajo la dependencia del superintendente de policía, organización que tampoco llegó a tener efecto”. Efectivamente, fue entonces un proyecto interesante, pero al que nunca se le dotó del necesario contenido presupuestario, no completó en absoluto la plantilla prevista y no llegó a desarrollarse siquiera como se había legislado.

Prosiguiendo con el texto citado, todavía era mucho más contumaz en su contenido, afirmándose que, “nunca se llegó a consolidar ninguna de las instituciones citadas, sin duda por los vicios de su organización, e indudablemente porque no se cimentó en bases sólidas, que venciendo los naturales obstáculos de toda nueva creación, hubieran facilitado sus servicios; y así es que la necesidad de la fuerza destinada al objeto, quedó subsistente y aún se hizo más notable a medida que tenía lugar el desarrollo comercial del país, contenido durante la guerra dinástica”.

A continuación, se exponía en ese escalafón de 1858 que, en 1844, “se ordenó la organización de la Guardia Civil, que depende del Ministerio de la Guerra en lo concerniente a su organización, personal, disciplina, material y percibo de haberes, y del de la Gobernación para el servicio y acuartelamiento”.

Seguidamente se explicaba que, “se dispuso fuera un cuerpo de tropas escogidas y que se considerara su ingreso en él como una recompensa de la irreprensible conducta y buenos servicios acreditados en los demás cuerpos del Ejército, encargándose a un General la dirección del cuerpo e inspección y perfeccionamiento de su servicio, bases sólidas que han ofrecido los resultados que se conocen y que prometen un brillante porvenir a la institución”.

Luego, el texto se centraba ya en la plantilla de la Guardia Civil que se detallaba en el reiterado escalafón de 1858: 8 coroneles; 6 tenientes coroneles; 66 primeros capitanes de 1ª y 2ª clase que eran comandantes del Ejército, 8 de los cuales desempeñaban el cargo de 2º jefe de los 13 Tercios existentes en la Península e Islas Baleares, mientras que 11, que eran de caballería, mandaban los escuadrones desplegados en dichos territorios; 158 tenientes de infantería y 35 de caballería; así como 49 subtenientes de infantería y 29 alféreces de caballería. En total 80 jefes y 333 oficiales.

Respecto a la fuerza de tropa, ésta se componía de 8.600 hombres de infantería y 1.450 de caballería, que formaban un total de 10.050 efectivos, mientras que la plantilla de caballos era de 1.350.

(Continuará).


miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA GUARDIA CIVIL EN ALGECIRAS (LV). CAMINO DEL FINAL DE “EL MENTOR DEL GUARDIA CIVIL” EN 1858.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 22 de junio de 2026, pág. 14.


El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.


 

Por real orden del Ministerio de la Guerra, de 12 de febrero de 1858, suscrita por su titular, el capitán general Fermín de Ezpeleta Enrile, hermano de la madre del II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, “Inspector general del Cuerpo de Guardias civiles”, reproducida en “El Mentor del Guardia Civil” núm. 123, de 24 de febrero de 1858, se dispuso el aumento de la plantilla de la Benemérita en 500 hombres más.

Tal y como se detalló en un capítulo anterior, al citar el “Escalafón General de Antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1857”, del Cuerpo de la Guardia Civil, que había sido impreso excepcionalmente en la “Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos y Ciegos”, se expuso que la fuerza de tropa (sargentos 1º y 2º, cabos 1º y 2º, así como guardias 1º y 2º), estaba fijada entonces en 10.000 efectivos, de los que 8.600 eran de Infantería y 1.400 de Caballería. 

El II Duque de Ahumada había realizado por escrito, el 1º de octubre de 1857, ante el ministro de la Guerra, entonces el capitán general Francisco de Paula Figueras Caminals, la correspondiente propuesta de aumento de personal de la Benemérita. Era un hecho incuestionable que, dada la probada eficacia de dicho Instituto, era más necesario aumentar su plantilla y potenciar su despliegue territorial. Transcurridos casi cuatro meses y medio, la reina Isabel II, “se ha dignado aprobar la distribución que se hace por armas a los tercios del Cuerpo”

No obstante, además del personal que causaba baja en el Cuerpo, por fallecimiento o lesiones, en acto de servicio o fuera de él; por cumplimiento de la edad máxima prevista para prestar servicio o baja voluntaria a petición propia; así como por sanción gubernativa o penal; es importante significar que, si bien se aprobaban en diferentes fechas, las correspondientes plantillas con sus consiguientes aumentos de personal, otra cosa era el número real y verdadero de efectivos que, dado el criterio riguroso y selectivo de ingreso de nuevos guardias civiles, por una parte, mientras que por otra, era la asignación o disponibilidad presupuestaria para cada ejercicio. Todo ello conllevaba que el número total de efectivos legalmente aprobado, siempre era superior al que efectivamente prestaba servicio. 

Esto realmente no era sorpresa alguna, pues desde que se estableció la primera plantilla presupuestaria de la Benemérita, nunca se había visto cubierta en un primer tiempo, tardándose en ocasiones, incluso mucho, en completarse la totalidad de las vacantes existentes. Ello era debido, principalmente, a que se consideraba esencial garantizar la calidad humana y profesional del personal seleccionado para su ingreso y permanencia en el Cuerpo, antes que el mero relleno de la mentada plantilla con efectivos no competentes. 

Es decir, en la Guardia Civil prevaleció desde su fundación el concepto de la calidad de sus componentes sobre el de la cantidad de efectivos, contribuyendo a ello que su naturaleza fuera militar, estando sujetos al estricto código de justicia castrense, al igual que había sucedido anteriormente con el Cuerpo de Carabineros. 

Conforme al “Escalafón General de Antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858”, encuadrado en el Tercer Tercio (Sevilla), que comprendía las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla, mandado por el coronel de la Guardia Civil, y de Caballería del Ejército, José Fernández de Terán Blengo, se encontraba al frente de la Benemérita gaditana, el primer capitán de la Guardia Civil Pedro Anca Monjón. Éste, que había relevado al 2º comandante Benito Artalejo Garrido que tenía el grado de coronel de Infantería del Ejército y había estado hasta el año anterior al frente de la misma, ostentaba el empleo de primer comandante de Infantería del Ejército, así como el grado de teniente coronel de la misma, habiéndose encontrado el año anterior al frente del benemérito Instituto en la provincia de Sevilla. 

De segundo capitán de la Guardia Civil, como jefe de la línea de Jerez de la Frontera, se encontraba Julián Cantero Ortega, que tenía el grado de comandante de Infantería. Como tenientes de la Guardia Civil, jefes de línea, se hallaban: en Medina-Sidonia, el capitán de Infantería del Ejército Antonio Menchaca Mateos; en Vejer de la Frontera, el teniente Ricardo Rada Martínez, que tenía el grado de capitán de Infantería del Ejército; en Grazalema, el teniente de Infantería Eugenio Pablos Martínez; y en Olvera, el teniente Simón de la Torre Abad, que poseía el grado de capitán de Infantería del Ejército. Como subteniente de la Guardia Civil, jefe de línea, estaba en la capital gaditana el subteniente de Infantería del Ejército Jorge Schilling Genovard.

De Caballería de la Benemérita, se encontraban también en la provincia gaditana, al inicio de 1858, dos oficiales, con sus correspondientes secciones, estando sujetos a la disciplina y mando del jefe de la Guardia Civil en aquella. Pero orgánicamente, que no funcionalmente en este caso concreto, ambos, y la fuerza a sus órdenes, estaban encuadrados en el Primer Escuadrón del Tercer Tercio (Sevilla), cuya cabecera estaba en la localidad sevillana de Utrera. 

Se trataban del teniente Antonio Galán García, jefe de la Sección de Villamartín, que ostentaba el grado de capitán, y había relevado en 1857 al alférez Francisco Alcocer Gómez, que había ascendido a teniente y destinado a Pampliega (Burgos); así como del alférez Dionisio Menéndez Suarez, jefe de la Sección de San Roque, que había ingresado en la Guardia Civil, en 1856, procedente del Batallón de Cazadores de la Albuera. Ha de significarse que dicha unidad militar española se había denominado así, en memoria de la célebre batalla acontecida contra los franceses, con ayuda británica, el 16 de mayo de 1811 en La Albuera (Badajoz), durante la Guerra de la Independencia. 

Hay que destacar que este último oficial había ocupado la vacante que había dejado, tras más de una década de servicio en la Benemérita del Campo de Gibraltar, el ya segundo capitán Juan Morillas Casas, destinado el año anterior a dicho escuadrón en Utrera.

Respecto al “Escalafón” de 1858 había sido editado en la “Imprenta de José Vallejo”, sita en la madrileña calle de la Flor Baja, núm. 26, cuarto principal. Aunque al frente de la Benemérita continuaba el II Duque de Ahumada, y en esa fecha no se podía predecir su relevo, como así sucedió antes de finalizar el año, llama poderosamente la atención la primicia de su contenido, nunca antes relatado con tanta claridad, contundencia y detalle.

(Continuará).