Texto de la conferencia impartida por Jesús Núñez en el Salón de Actos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), en Melilla, el 1º de diciembre de 2021, dentro del Ciclo “CENTENARIO DE LA CAMPAÑA DE MELILLA (1921-2021)”, organizado por la Comandancia General de Melilla del Ejército de Tierra.
https://ejercito.defensa.gob.es/unidades/Melilla/comgemel/Programa_actos_Campana_1921
Comandancia General de Melilla
"Centenario de la Campaña de Melilla 1921 - 2021"
Actos realizados
- Presentación de actividades.
- Edición número extraordinario Revista Ejército.
- Exposición histórica “Campaña de Melilla de 1921” (del 16 de septiembre al 17 de octubre de 2021, Casino Militar).
- Concierto Legionario (18 de septiembre, Plaza de Armas de Melilla).
- Conferencia: “La Armada en la Campaña de Melilla de 1921” (14 de octubre, Salón de Actos de la UNED).
- Parada Militar Central del Centenario (16 de octubre. Plaza de España).
- Conferencia: “Un año de reconquista de un nuevo Ejército” (21 de octubre, Casino Militar).
- Conferencia: “La campaña aérea en la Guerra de África” (28 de octubre, Salón de Actos de la UNED).
- Homenaje a los Caídos (2 de noviembre, Cementerios de Melilla).
- Concierto de Música “Campaña de 1921” (12 de noviembre, Teatro Kursaal).
- Parada militar del Centenario de la Gesta del Alcántara (13 de noviembre, Base Alfonso XIII).
- Exposición histórica “100 años de la Gesta del Regimiento Alcántara” (13 al 28 de noviembre, Casino Militar).
- Conferencia: “Alpargatas, sudor y sangre. El Ejército Español en Marruecos” (18 de noviembre, Casino Militar).
- Conferencia: “Los Ingenieros en la Campaña de Melilla de 1921. Con fortaleza y valor”. (24 de noviembre, Casino Militar).
- Representación teatral “Héroes de Igueriben” (26 al 28 de noviembre, Teatro Kursaal).
- Exposición comic de la Campaña de Melilla de 1921 y charlas sobre ésta (colegios de Melilla).
- Conferencia: “La Guardia Civil en la Campaña de Melilla de 1921” (1 de diciembre, Salón de Actos UNED).
- Clausura del Centenario de la Campaña de Melilla de 1921. (2 de diciembre, Casino Militar).
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Salutación.
En primer lugar agradecer a la Comandancia General de Melilla en la persona de su Comandante General, General de División José Miguel de los Santos Granados, por contar con la Guardia Civil en este Ciclo, y que como muy bien dijo el pasado 30 de abril al presentar el programa de actividades del CENTENARIO DE LA CAMPAÑA DE MELILLA DE 1921, “los militares tenemos el deber ineludible de honrar a nuestros héroes”. ¡ Y eso es lo que vamos a hacer esta tarde!. ¡Muchas gracias mi General!.
Al Coronel Antonio Sierras Sánchez, Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla, por proponerme a la Comandancia General para participar en este interesantísimo y muy necesario Ciclo.
Al Coronel de Infantería Javier Camacho Molina, Jefe del Órgano de Apoyo al Representante Institucional de las Fuerzas Armadas de la Comandancia General de Melilla, con quien me he estado coordinando y me ha prestado todo el apoyo necesario para que esta conferencia sea una realidad.
Y por supuesto al Teniente Coronel Arturo Ortega Navas, 2º Jefe de la Comandancia de Melilla, mi introductor en este acto, a quien tuve el privilegio de tenerlo bajo mis órdenes en la Comandancia de Cádiz cuando él era Capitán.
Tampoco puedo olvidar a la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) por ceder este salón de actos y ser la Universidad a cuyo claustro pertenezco y donde he sido alumno durante 12 años.
Finalmente, agradecer la presencia a todos ustedes que tienen la amabilidad de asistir a esta conferencia y escucharme. Espero no defraudarles y que cuando finalice tengan en su memoria y en su corazón aquel puñado de Guardias Civiles que hace Cien Años dieron en estas tierras, lo mejor de sí mismos junto a sus compañeros del Ejército.
Vinculación personal melillense.
Además de mis tres años destinado en Melilla entre 1988 y 1991, donde tengo el honor de que algunos de mis Guardias Civiles de entonces, hoy nos acompañen, debo mencionar mis vinculaciones familiares con Melilla: un hermano de mi padre, Capitán de Artillería de la IX Promoción de la Academia General Militar, residió varios años en esta ciudad y falleció aquí, en Melilla, en 1965, destinado entonces en el RAMIX núm. 32. Igualmente, mi abuelo paterno, oficial de la Armada; su hermano, oficial de Infantería; y mi bisabuelo, jefe de la Armada; participaron en las Campañas de Marruecos y todos estuvieron en Melilla.
Y por supuesto mis vinculaciones de amistad en esta magnífica y españolísima Ciudad Autónoma de Melilla que desde hace más de 30 años sigo manteniendo. Melilla ha tenido siempre en mi un embajador.
Introducción a la materia del tema.
Hay que comenzar diciendo que 1921 comenzó siendo un año muy complicado en el panorama político y social español y que terminaría también siéndolo en lo militar como todos ya sabemos. Europa tampoco estaba mejor.
En España existía una elevada confictividad politico-social y constantes alteraciones del orden público. El pistolerismo estaba en pleno auge en Cataluña, en los últimos tres años se habían formado nueve Gobiernos, el último de ellos nombrado con fecha 13 de marzo, presidido por Manuel Allende Salazar, como consecuencia de que cinco días antes había sido asesinado por unos anarquistas el presidente del Gobierno, Eduardo Dato Iradier.
Seguidamente hay que decir que el Benemérito Instituto de la Guardia Civil, principal garante del orden público y la seguridad ciudadana en aquella época, formaba entonces parte del Ejército y que como tal vivió, allí donde estuvo en la Campaña de Melilla, las mismas vicisitudes que sus compañeros de armas. Cuando tuvo que combatir, combatió junto a ellos. Cuando tuvo que morir, murió junto a ellos.
La normativa vigente entonces era la siguiente:
La Ley Constitutiva del Ejército de 29 de noviembre de 1878, disponía que era un Cuerpo del Ejército, “para prestar auxilio a la ejecución de las leyes y para la seguridad del orden de las personas y las propiedades”.
Posteriormente la Ley Adicional de 19 de julio de 1889, volvió a ratificar su pertenencia al Ejército como un Cuerpo integrante del mismo. Se hacía constar expresamente que dependería “del Ministerio de la Guerra para los efectos de la organización y disciplina, y cuando por causa o estado de guerra dejasen de prestar el servicio que particularmente les está encomendado o se reconcentrasen para ejercer una acción militar, dependerán también del Ministerio de la Guerra y de las Autoridades militares como fuerzas armadas”.
Seguidamente tengo que añadir que la presencia y actuación de la Guardia Civil en lo que fue el Protectorado de España en Marruecos, en general, así como en las Campañas Militares, en particular, suelen ser bastante desconocidas, incluso por buena parte de los historiadores e investigadores de esa época.
Precisamente lo más conocido fue como consecuencia de los hechos acaecidos en el verano de 1921 en el ámbito de la Comandancia General de Melilla.
La Guardia Civil venía desempeñando entonces, tanto en las plazas españolas de Ceuta y Melilla como en todo el Protectorado de España en Marruecos, dos funciones bien diferentes: Orden público, hoy día llamado Seguridad Ciudadana, muy similar al que tradicionalmente realizaba en el resto del territorio nacional; y Servicio de Campaña, ejerciendo funciones de policía militar en apoyo al Ejército en sus operaciones.
Igualmente se prestaba con algunos guardias civiles seleccionados por sus singulares aptitudes, otros servicios de carácter especial que hoy día podrían calificarse de Inteligencia/Información, dedicados a: Desarticulación de redes dedicadas al contrabando de armas para las cábilas y obtención de información de interés sobre actividades subversivas en las cábilas.
Para su prestación se encontraba desplegada territorialmente en unidades entidad puesto o destacamento integradas en su mayoría por un sargento o un cabo y entre cuatro y diez guardias, encuadradas a su vez en unidades tipo línea (sección), mandadas por tenientes o alféreces y éstas en compañías, mandadas por capitanes. Todo ello a su vez encuadrado en una unidad, entidad Comandancia, mandada por un teniente coronel.
La Comandancia de la Guardia Civil de Marruecos.
El Convenio hispano francés sobre Marruecos, de 27 de noviembre de 1912, reconocía que «en la zona de influencia española, toca a España velar por la tranquilidad» y «prestar su asistencia al Gobierno marroquí para la introducción de todas las reformas administrativas, económicas, flnancieras, judiciales y militares de que necesita».
También que, la expresada zona «será administrada, con la intervención de un Alto Comisario español, por un Jalifa provisto de una delegación general del Sultán, en virtud de la cual ejercerá los derechos pertenecientes a éste».
Por Real Decreto de 27 de febrero de 1913 se dispuso que se constituyeran los organismos necesarios que han de secundar al Comisario español en el desempeño de su cargo en la zona de influencia española en Marruecos.
A partir de entonces, además de las unidades de la Guardia Civil ya existentes entonces en Ceuta y Melilla, se crearon en Tetuán y Larache, proyectando su despliegue territorial en sus respectivas zonas de influencia.
Sin embargo, dependían orgánica y administrativamente del 16º Tercio de Málaga (la de Melilla) o del 18º Tercio de Cádiz (las de Ceuta, Larache y Tetuán). Los Tercios de la Guardia Civil eran unidades territoriales de entidad equivalentes a Regimiento y mandadas por coroneles que comprendían la demarcación de varias provincias.
Por razones de eficacia y eficiencia, y aprovechando el incremento de la plantilla del Cuerpo de la Guardia Civil en 1.000 efectivos más de infantería y otros 1.000 de caballería, se creó por Real Orden Circular de 25 de marzo de 1919, la Comandancia de Marruecos, cuyo jefe tendría una dependencia funcional directa del Alto Comisario de España en el Protectorado de Marruecos, residente en Tetuán. Todo ello sin perjuicio de la dependencia orgánica y administrativa del Director General de la Guardia Civil.
La nueva Comandancia de la Guardia Civil de Marruecos, al no quedar encuadrada en Tercio alguno del Instituto, se denominaría exenta. El 27 de marzo de 1919, la Dirección General de la Guardia Civil, dictó su Circular nº 9, impartiendo instrucciones para su organización.
La jefatura, mando de Teniente Coronel, se estableció en Ceuta, dejando de pertenecer sus efectivos a los 16º y 18º Tercios peninsulares, cuyas cabeceras estaban situadas en Málaga y en Cádiz, respectivamente.
Quedó estructurada inicialmente en las siguientes unidades territoriales mixtas (Infantería y Caballería): 1ª compañía, con cabecera en Ceuta; 2ª compañía, con cabecera en Tetuán; 3ª compañía, con cabecera en Melilla; y Sección (de Caballería), con cabecera en Larache.
La plantilla aprobada por R.O.C. del Ministerio de la Guerra, de 25 de marzo de 1919, era de 358 efectivos: 1 teniente coronel, 1 comandante, 4 capitanes, 8 tenientes, 4 alféreces, 232 clases y tropa de Infantería (7 sargentos, 21 cabos, 10 cornetas, 15 guardias 1º y 179 guardias 2º) y otros 108 de Caballería (4 sargentos, 12 cabos, 4 trompetas, 7 guardias 1º, 79 guardias 2º y 2 herradores) así como 120 caballos (18 de jefes y oficiales y 102 de tropa).
Por R.O.C. de 25 de octubre de 1919 se aumentó la plantilla de la GC en otros 1.000 efectivos montados, pero no se incrementó la plantilla de la Comandancia de Marruecos, al ser más necesario en otras provincias.
A finales de ese año (1919), el General de División Dámaso Berenguer Fusté, Alto Comisario de España en Marruecos, solicitó incremento plantilla y urgente incorporación a la zona de Melilla, de varias clases y 50 guardias civiles. La Compañía de Melilla era la unidad con menor plantilla de personal. Pero por razones presupuestarias, no se pudo entonces acceder a ello.
No obstante, se concentró temporalmente, un contingente de la Compañía de Ceuta, cuya demarcación era más “tranquila” por aquel entonces, compuesto por 2 cabos y 23 guardias civiles.
La aprobación el 29 de abril de 1920 de la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año económico 1920-1921, posibilitó, entre otras cuestiones, por R.O.C. del Ministerio de la Guerra de 22 de julio de 1920, un incremento de la plantilla de la Comandancia de Marruecos de casi un 57 %, (203 efectivos más): 2 capitanes, 6 tenientes y 2 alféreces; 137 clases y tropa de infantería; 50 clases y tropa de caballería; 6 servicios auxiliares y apoyo; y 47 caballos.
El objetivo era fortalecer el despliegue territorial de puestos y potenciar el servicio de campaña en apoyo del Ejército.
La Comandancia de Marruecos quedó estructurada en 4 compañías de Infantería (Ceuta, Tetuán, Melilla y Larache) y 1 escuadrón de Caballería con cabecera en Ceuta y dos secciones de caballería en Melilla y Larache. Su despliegue territorial estaba compuesto por 19 Líneas (secciones), mandadas por tenientes o alféreces; y 37 Puestos mandados por sargentos o cabos.
Poco después, por R.O.C. del Ministerio de la Guerra, de 22 de diciembre de 1920, se incluyó en la plantilla del Cuerpo de la Guardia Civil la categoría de Suboficial, recién creada por Real Decreto de 4 de septiembre.
La plantilla de la Comandancia de Marruecos quedó compuesta por 562 efectivos (1 teniente coronel, 2 comandantes, 6 capitanes, 14 tenientes, 6 alféreces, 4 suboficiales, 24 sargentos, 49 cabos, 18 cornetas, 6 trompetas, 29 guardias 1º, 401 guardias 2º y 2 herradores) y 179 caballos (29 de oficiales, 148 de clases y tropa, y 2 de tiro). En Melilla había 76 efectivos; en Ceuta-Tetuán, 354 efectivos; y en Larache, 132 efectivos.
Una reflexión en voz alta: ¿Por qué había tan pocos efectivos de GC en la la Zona de Comandancia General de Melilla respecto a la de Ceuta-Tetuán y la de Larache?. ¿Pudiera ser debido a una mayor actividad/conflictividad militar y de progresión en la ocupación/pacificación de las otras zonas y hacía falta por lo tanto establecer nuevos puestos de la Guardia Civil?.
Durante el periodo 1912/1920 los Generales de División Francisco Gómez Jordana y Luis Aizpuru Mondejar consiguieron en la Zona de Melilla una relativa “tranquilidad” y realizaron una hábil política de atracción de las cábilas rifeñas más próximas a la zona de presencia española.
Se aseguró la zona pacificada, se fortalecieron las relaciones con las cábilas y sus jefes pero no se realizaron operaciones militares importantes en profundidad para ampliar el territorio.
Hay que tener presente que se procedía a la instalación de Puestos de la Guardia Civil en donde hubieran núcleos urbanos con población civil española, extendiendo su acción sobre ésta y la rifeña, por lo que previamente tenía que tratarse de una zona militarmente “pacificada”.
Prácticamente se llevaba una década en la Zona de Melilla con los mismos Puestos de la Guardia Civil. En cambio los Destacamentos eran los que se instalaban en los campamentos militares de cierta entidad al objeto de desarrollar sus funciones de servicio de campaña o policía militar.
Entonces, ¿no estaba prevista con la debida antelación y preparación política y militar las acciones que emprendería el nuevo Comandante General de Melilla, General de División Manuel Fernández Silvestre?.
Tal vez la respuesta esté para quien no lo conozca, en el muy interesante Informe Reservado sobre la situación política de Melilla con el proyectado avance sobre Alhucemas, que le envió el Coronel de Estado Mayor Gabriel Morales Mendigutía, Jefe de la Oficina Central de Asuntos Indígenas y de las Tropas de Policía Indígena, fechado el 16 de febrero de 1921, publicado por el Servicio Histórico Militar en el Tomo Tercero de la “Historia de las Campañas de Marruecos”. Quien no lo haya leído se lo recomiendo expresamente.
El despliegue territorial de los puestos/destacamentos de la Guardia Civil, proporcionaba un constante contacto con la población marroquí, constituyendo también un magnífico canal/fuente de obtención de información.
Por tal motivo en el Boletín Oficial de la Guardia Civil de 8 de enero de 1921 se publicó una disposición: aquellas clases e individuos de tropa que solicitasen pasar destinados a la Comandancia de Marruecos, deberían hacer constar, en la correspondiente papeleta, si poseían o tenían conocimientos de árabe, debiéndolo acreditar ante sus mandos. Aquellos que reunieran esa condición, serían anotados en turno preferente para ser destinados a Marruecos.
El Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Marruecos en 1921 tenía su residencia oficial en Ceuta. Hasta el 28 de febrero era el teniente coronel Francisco Ciutat Martín, fecha en la que pasó destinado a mandar la Comandancia de Zamora. Falleció en diciembre de ese mismo año.
A partir del 1º de marzo de 1921 el teniente coronel Antonio Agulló Cappa fue el nuevo jefe de la Comandancia de Marruecos, apenas 4 meses antes de los aciagos hechos del mes de julio. Procedente del mando de la Comandancia de Huesca, permaneció hasta agosto de 1924 al mando de la Comandancia de Marruecos, pasando seguidamente al mando de la Comandancia de Santander.
La Guardia Civil de Melilla.
El 2º jefe de la Comandancia Marruecos fue hasta 28 de febrero de 1921, el comandante Gerardo Alemán Villalón. Había sido destinado a ella por R.O.C. de 31 de octubre de 1919, procedente por ascenso de la misma. Anteriormente había sido el capitán jefe de la Compañía de Melilla, destinado por R.O.C. de 22 de enero de 1915.
Tres años antes fue jefe de las Secciones de Melilla, nombrado por R.O.C. de 9 de enero de 1912. Hay que significar que, siendo primer teniente jefe de la Sección de Melilla, por R.O.C. de 20 de diciembre de 1909, fue condecorado con la Cruz de 1ª Clase del Mérito Militar con distintivo Rojo, pensionada, por los méritos contraídos el 27 de julio anterior en el Barranco del Lobo donde resultó herido.
Como comandante 2º Jefe se fijó su Residencia oficial en Melilla, dada su trayectoria profesional de la zona, y al finalizar el mes de febrero de 1921 pasó destinado como ayudante del general de brigada inspector en Madrid.
A partir del 23 de marzo siguiente fue destinado a dicha vacante el comandante Gregorio González López, causando alta apenas tres meses antes de los trágicos sucesos de julio. Procedente por ascenso del 5º Tercio de Valencia se le fijó su residencia oficial en Ceuta. Permaneció en la Comandancia de Marruecos hasta abril de 1923 que pasó destinado a la Comandancia de Cáceres.
Por R.O.C. de 22 de abril de 1922 había pasado destinado como comandante mayor de la Comandancia de Marruecos, ocupando el puesto del comandante Ramón García Escarpente, quien a su vez se hizo cargo de la 2º jefatura de dicha Comandancia. Éste había sido destinado inicialmente a la misma por R.O.C. de 13 de septiembre de 1920, procedente de la Comandancia de Segovia, sustituyendo a su vez al comandante Federico Ramírez Orchells, quien por R.O.C. de 13 de septiembre de 1920 había pasado destinado a la Comandancia de Caballería del 10º Tercio (León).
A partir de abril de 1921 el jefe de la Compañía de la Guardia Civil de Melilla, capitán José García Agulla, se quedó al frente de las fuerzas del benemérito Instituto allí destinadas, poseyendo un gran prestigio profesional. Había nacido en Filipinas, tenía entonces 35 años de edad, y estuvo anteriormente destinado en Melilla durante el periodo 1912/1918 como primer teniente. Como capitán estuvo destinado en dicha plaza desde 1919 hasta 1924.
La plantilla de la 3ª Compañía (Melilla) estaba integrada en 1921 por 76 hombres: 1 capitán, 2 tenientes, 1 alférez, 1 suboficial (que era Benito Espejo Elche), así como 45 clases de tropa de Infantería (1 sargento, 3 cabos, 2 cornetas, 4 guardias 1º y 35 guardias 2º) y otras 25 de Caballería (1 sargento, 3 cabos, 1 trompeta, 2 guardias 1º y 18 guardias 2º).
Respecto al despliegue y composición de dicha Compañía, estaba integrada por tres líneas (secciones), desplegadas en el territorio de la Comandancia General de Melilla.
La primera era la Línea de Melilla, a cuyo mando estaba el teniente Valero Pérez Ondátegui, que tenía entonces 29 años de edad. Estaba compuesta por los Puestos de Mantelete y Batería Jota, ubicados en el interior de la ciudad de Melilla. Dicho oficial estaba destinado en dicha plaza desde 1917, procedente del Regimiento Infantería Zaragoza.
La segunda era la Línea de Nador, estando a su frente el teniente Ricardo Fresno Urzay, natural de Tremp (Lérida) y de 35 años de edad. Tenía a su cargo los Puestos de Nador y Zeluán. Estaba destinado en Melilla desde 1914, destinado como 2º teniente en el Batallón de Cazadores Segorbe nº 12. Entre los años 1915 y 1918 estuvo destinado como 2º teniente y primer teniente en el Grupo de Fuerza Regulares Indígenas nº 2 (Melilla). En 1919, tras ingresar en la Guardia Civil como primer teniente, continuó destinado en el Protectorado de España en Marruecos, concretamente como jefe de la Línea de Segangan. Al año siguiente pasó destinado al mando de la Línea de Nador.
La tercera era la Línea de Segangan cuyo jefe era el alférez Lisardo Pérez García, natural de Jarafuel (Valencia) y de 50 años de edad. Dicha unidad estaba compuesta por los Puestos de Segangan y San Juan de las Minas. Se encontraba ahí destinado desde junio de 1920, procedente de la Comandancia de Castellón. Ascendió a teniente en septiembre 1921 y pasó a retiro en enero del año siguiente 1922, fijando su residencia en Valencia.
La situación en 1921.
Durante los primeros meses nada hacía presagiar la tragedia que se avecinaba. Durante el primer semestre del año, los partes diarios de actividades y operaciones de las fuerzas del benemérito Instituto no contenían la ocurrencia de sucesos de extrema gravedad.
Tan sólo, al inicio del verano, algunos puestos de la zona oriental del Rif, detectaron un cierto ambiente de seriedad y recelo entre la población indígena, así como una mayor presencia de lo habitual de algunos rifeños que procedían de otros poblados.
No podía aventurase lo que pocas semanas después iba a suceder en aquella región, pero antes de proseguir, vamos a exponer la situación y composición de algunos de esos puestos de la Benemérita.
Puesto de San Juan de las Minas.
Así, el 23 de julio de 1921, la plantilla del Puesto de San Juan de las Minas estaba al mando de su comandante, el Cabo Juan Ruiz Sánchez. Éste era natural de Albuñol (Granada) y tenía 34 años de edad. Se encontraba casado con Manuela González Fragoso. Había ascendido a dicho empleo en 1919 y en el mes de abril de ese año pasó destinado a la Comandancia de Marruecos, de nueva creación, incorporándose al Puesto de Zeluán. En marzo de 1921 fue nombrado comandante del Puesto de San Juan de las Minas.
Los cuatro guardias 2º de dicho Puesto, en julio siguiente, eran Cándido Puertas Ruiz, Félix Quintero Ojeda, Matías Labrador Moreno y Manuel Rastrojo Reyes. Volveremos a este tema cuando abordemos la parte correspondiente al llamado “Expediente Picasso”.
Puesto de Zeluán.
Respecto al Puesto de Zeluán, el 23 julio de 1921, el comandante del mismo era el Cabo Francisco Carrión Jiménez, natural de Murcia, de 31 años de edad y casado con Teresa Zambudio Rubio. En 1915 fue destinado a la Sección de Melilla, perteneciente entonces a la Comandancia de Málaga de la Guardia Civil, pasando al Puesto de Nador. Al año siguiente fue destinado al Puesto de Batería Jota. Cuando en 1919 se creó la Comandancia de Marruecos, continuó destinado en el citado puesto. En 1920 pasó destinado como Cabo al Puesto de Jedul y a principios de 1921 al Puesto de Merkach, pero en febrero de ese mismo año pasó a Zeluán, como comandante de dicho Puesto.
La plantilla del Puesto de Zeluán, además de su cabo comandante de puesto, estaba compuesta por tres Guardias Civiles de 2ª clase, más uno agregado. Se trataban de:
Paulo Antonio Sánchez Sáez, natural de Peñascosa (Albacete), de 30 años de edad. Procedía de soldado del Regimiento de Infantería León nº 38. Había sido veterano de la Campaña 1913-1915, en la zona Ceuta-Tetuán. En 1915 ingresó en la Guardia Civil y pasó destinado a las Secciones de Melilla, pertenecientes a la Comandancia de Málaga.
Hay que significar que hace 32 años, en 1989, estando destinado entonces en la Comandancia de Melilla, cité en la Revista Profesional GUARDIA CIVIL a dicho Guardia 2º en un artículo dedicado a las Campañas de Melilla. Concretamente relaté como en la noche del 14 de octubre de 1917, acompañado del Guardia 2º Rafael Luna González (1921 estaba destinado en el Puesto de Nador) fueron atacados cuando estaban de vigilancia en Zeluán. Repelieron la agresión y el guardia 2º Luna resultó herido.
El Guardia 2º José Noguera Aznar era natural de Orán (Argelia), de 31 años de edad y casado con Apolonia García Ibáñez. En 1916 pasó destinado a la Sección de Melilla de la Comandancia de Málaga y en 1921 ya estaba destinado en el Puesto Zeluán, que como ya se ha dicho, pertenecía a la Comandancia de Marruecos.
El Guardia 2º Sotero Alonso Herranz era natural de Fuentes de Nava (Palencia) y tenía 26 años de edad. En el periodo 1917/1919 era artillero del Regimiento de Artillería Ligera de Campaña núm. 11 en Burgos. En junio de 1919 ingresó en la Guardia Civil, siendo destinado al Puesto de Melilla de la Comandancia Marruecos. El 9 de mayo de 1921 contrajo matrimonio con Emeteria Lázaro Franco y dos semanas después se incorporó destinado al Puesto de Zeluán.
El Guardia 2º Constantino Ferrero López era natural de Pozuelo de Tábara (Zamora), de 26 años de edad. Estando destinado como cabo del Batallón de Cazadores de Segorbe nº 12, ingresó en la Guardia Civil. En mayo de 1919 pasó destinado a la Comandancia de Marruecos, concretamente al Puesto de Nador, procedente Comandancia de Oviedo.
El 20 de julio de 1921 pasó agregado al Puesto de Zeluán. Según una diligencia firmada el 31 de agosto de dicho año por el Comandante Mayor en Ceuta, Ramón García Escarpente: “En la noche del 3 de Agosto año marginal, capituló la guarnición del poblado de Zeluán, Territorio de Melilla, cercado por el enemigo y sin víveres ni municiones, a condición de entregar sus armas para permitirles su regreso a la Plaza de Melilla; y al salir de la Alcazaba del citado poblado donde se había hecho fuerte, con objeto de cumplir tal condición, fue atacada de improviso dicha fuerza, considerándose desaparecida o muerta la mayor parte de ella, entre la que figuraba el contenido en la presente filiación que formaba parte del puesto del Cuerpo que lo componía un cabo y tres guardias más, del que hasta la fecha no se ha tenido noticia alguna, causando baja definitiva por tal motivo, por estar comprobado que este individuo resultó muerto en el referido día 3 de Agosto, según relación inserta en B.O. del Cuerpo de 1º de Diciembre del año marginal”.
Dicho Puesto estaba enclavado en la Circunscripción de Nador y el 24 julio de 1921, ante un clima hostil, la fuerza de dicho Puesto se incorporó a la Alcazaba de Zeluán donde estaba la guarnición militar y los paisanos españoles que allí se habían refugiado. Todo ello bajo el mando del capitán de Infantería Ricardo Carrasco Egaña.
El 3 de agosto siguiente, tras diez días de heroica resistencia frente al ataque continuo de las cábilas rifeñas de la zona, y tras haber agotado la guarnición española sus municiones y víveres, sin noticias ni esperanzas de refuerzos, el mando militar decide rendirse.
La rendición fue negociada y pactada, pero a modo de trágica premonición de lo que pocos días después, el 9 de agosto, acontecería con las fuerzas españolas que, bajo el mando del general de brigada de Caballería Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, se encontraban sitiadas en Monte Arruit, el pacto no se cumplió.
Nada más abandonar la Alcazaba, los oficiales y sus soldados, así como los guardias civiles, fueron brutalmente perseguidos, torturados, degollados y arrebatados sus uniformes antes de quemar sus cuerpos en la mayor parte de los casos.
Desperdigados por el suelo, hasta que el 14 de octubre, fue recuperada Zeluán por las fuerzas expedicionarias que salieron desde Melilla, yacerían, entre más de cuatrocientos cadáveres de soldados españoles, los restos del cabo y los cuatro guardias civiles citados. Afortunadamente, al inicio de los sucesos no había en la casa-cuartel familiares ni otros civiles refugiados con ellos, pues hubieran sufrido igualmente tan trágico final.
Línea y Puesto de Segangan.
La plantilla del Puesto estaba compuesta en julio de 1921 por el sargento Jorge Blanco García, como comandante del mismo, el guardia 1º Joaquín González Berben, los guardias 2º Pedro Bueno Ramírez, José Vico Pallarés, Mariano Santo Domingo Hervás y Pantaleón Jorge Sánchez, así como el corneta Manuel Mora Velasco. Volveremos a hablar de dicha Unidad y sus vicisitudes cuando se aborde el “Expediente Picasso”, donde se citará también al alférez jefe de dicha Línea.
Línea y Puesto de Nador.
La plantilla del Puesto, al mando de su comandante, el sargento Carlos Garrigues Expósito, estaba compuesta por los cabos Laureano Lozano López y Pascual Plaza Crespo, por Cabo, los guardias 1º José Berenguer Cuadra y José Sánchez Callejón (del cual luego detallaremos con más amplitud ya que fue el abuelo paterno del también guardia civil Joaquín que hoy nos acompaña y tuve hace ya más de tres décadas en la entonces incipiente Unidad Orgánica de Policía Judicial de la 232ª Comandancia de Melilla), así como de los guardias 2º Diego Carrasco Castellón, Pío Luna González, Rafael Luna González, Sebastián López Astigarraga, Sebastián Gutiérrez Conde, Miguel Rojas Pérez, Manuel Almarcha García (del cual hablaremos también más tarde dada la singular actuación que tuvo el mismo), Nazario Sagrario Rodríguez. Juan Macías Rubio. Gregorio Rodríguez Cid, José Jiménez López, José Pastor Muñoz, José Gallego Illescas y Manuel García Cádiz.
El mentado guardia 1º José Sánchez Callejón era natural de Nerja (Málaga), de 39 años de edad y casado con María Sebastián Pérez. Entre 1907 y 1919 había estado destinado en la Sección de Melilla de la Comandancia de Málaga, primero en el Puesto de Melilla y después, desde 1915, en el de Nador. Había sido por lo tanto veterano de la Campaña de 1909.
Hay que destacar que, en 1921, desde el 8 hasta el 17 de mayo estuvo concentrado en Zeluán como comandante de Puesto jefe accidental del mismo. También hay que citar la siguiente anotación que consta en su hoja de servicios: “En la tarde del día 2 de Agosto año marginal y con motivo de haber sido evacuado el pueblo de Nador, se incorporó a la Plaza de Melilla, la fuerza de la 3ª Compañía perteneciente a los puestos de Segangan y Nador, compuesta de un Teniente, un alférez, dos sargentos, dos cabos, un corneta, tres guardias 1º y quince guardias 2º y que desde el día 24 de julio último se hallaba sosteniendo tenaz defensa con motivo de violentos ataques del enemigo, llegando dicho personal en perfecto estado. Dicha evacuación resultó haber tenido el carácter de forzosa causa de carencia de víveres y municiones y como consecuencia de gestiones políticas por parte del Jefe de dicha posición de Nador, pudiendo reputarse de brillante la conducta de la fuerza del Cuerpo tras nueve días que allí se defendió, entre los que figuraba el contenido en la presente filiación”.
El 26 de septiembre de 1921 se reincorporó al Puesto de Nador y en octubre de 1923 pasó destinado al Puesto de Batería Jota en la plaza de Melilla, donde permaneció hasta 1930, año en el que se le concedió la licencia absoluta por tribunal médico.
Respecto al guardia 2º Manuel Almarcha García hay que decir que era natural de Orihuela (Alicante) y tenía entonces 28 años de edad. En 1915/1916 sirvió como soldado del Regimiento de Cazadores Taxdir núm. 29 de Caballería, participando en operaciones militares desarrolladas en las zonas de Melilla y Larache.
En 1917 pasó al Batallón de Cazadores de Tarifa núm. 5 en Larache, y ese mismo año ingresó en la Guardia Civil. En 1919, tras la creación de la Comandancia de Marruecos sería destinado al Puesto de Castillejos, procedente de la Comandancia de La Coruña. En 1920 pasó destinado al Puesto de Melilla, y el 23 de mayo del año siguiente fue destinado al Puesto de Nador.
Casi un mes después, el 17 de junio, se casó con María Murcia Pastor. Y al mes siguiente se produjo la sublevación de las cábilas rifeñas, produciéndose el ataque a la Fábrica de Harina de Nador, donde se establecieron a la defensiva las fuerzas del Ejército y las de la Guardia Civil.
Su heroica actuación durante el asedio sufrido daría lugar a la instrucción del Expediente de Juicio Contradictorio para concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, si bien, finalmente, no le fue conferida. Sin entrar ahora en los hechos del asedio de Nador, hay que significar que, en noviembre siguiente, fue destinado a la Comandancia de Caballería del 5º Tercio (Valencia).
El 24 de marzo de 1925 fue expresamente citado como distinguido en el Tercer Periodo de Operaciones, en la Orden General del Ejército de Marruecos, “porque en defensa de la fábrica de harinas de Nador, en el año 1921, en pleno ataque nocturno se ofreció voluntario a salir al exterior para evitar que el enemigo volviera a colocar dinamita en la pared del horno”.
Las vicisitudes de la defensa establecida en la mentada Fábrica de Harina serán referidas por boca del Teniente Fresno como jefe de la Línea de Nador y del Alférez Pérez como jefe de la Línea de Segangan, que tenía residencia en Nador, al exponer sus declaraciones en el “Expediente Picasso”. Ahora, tan sólo decir, que Nador, que había terminado siendo ocupado por las fuerzas rifeñas sublevadas fue definitivamente recuperado el 17 de septiembre de 1921, y nueve días después volvió a restablecerse allí el Puesto de la Guardia Civil.
Línea y Puestos de Melilla y Batería Jota.
Por otro lado, al llegar a Melilla a partir del mismo día 21 de julio de 1921 las primeras noticias de la tragedia que estaba aconteciendo por boca de los primeros huidos y supervivientes, la plaza se convulsionaría y la angustia se apoderaría de todos sus habitantes.
En los días siguientes, la entrada por el puente de Triana, al que desemboca la carretera de Nador y la pista que confluye en la anterior, procedente de Segangan y San Juan de las Minas, era un hervidero de colonos y militares desmoralizados y aterrorizados que sólo buscaban salvar su vida.
Desde el primer día, junto a algunas fuerzas de la guarnición, se apostarían en ese punto para defender la plaza y controlar la riada de gente que estaba llegando, los efectivos de la Guardia Civil que estaban destacados en la plaza. A su frente estaba el propio capitán jefe de la Compañía de Melilla, José García Agulla, auxiliado por el teniente Valero Pérez Ondategui, jefe de la Línea de Melilla.
Durante aquellas jornadas la sección de la Guardia Civil que prestaba servicio peculiar en Melilla no tendría un momento de descanso, siendo dedicada al completo a controlar las entradas de naturales a la plaza, y, muy especialmente, la ya citada procedente de Nador.
La Guardia Civil en el “Expediente Picasso”.
El Instituto de Historia y Cultura Militar tiene publicado en Internet los 2.417 folios que conforman la “Información gubernativa instruida para esclarecer los antecedentes y circunstancias que concurrieron en el abandono de posiciones del territorio de la Comandancia General de Melilla en el mes de julio de 1921”. Es decir, el llamado “Expediente Picasso”.
Hay que significar que, a los historiadores, nos hubiera gustado que hubiera tenido como mínimo el triple de folios y que se hubieran formulado por el General de División Juan Picasso González muchas más preguntas, pero también hay que tener en cuenta que la finalidad de dicha “Información gubernativa” no era de carácter historiográfico sino determinar responsabilidades de los diferentes cuadros de mando implicados.
Por supuesto es del máximo interés, también accesible y difundida gracias al Instituto de Historia y Cultura Militar, la “Causa en única instancia instruida para depurar las responsabilidades en que pueda haber incurrido el Mando con motivo de los sucesos desarrollados en el territorio de la Comandancia General de Melilla en los meses de julio y agosto de 1921”, ordenada instruir el 10 de julio de 1922 por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, al General de División Ataulfo Ayala López. Consta de 6.449 folios, más una cantidad indeterminada de notas, informes, etc.
Es de justicia reconocer que la publicación íntegra de ambos textos ha permitido conocer aspectos y detalles inéditos hasta entonces, ha contribuido a completar lagunas existentes, a desechar algunos hechos reiteradamente publicados, a aclarar algunas situaciones y a despejar algunas dudas.
Por razón de tiempo y ser de mayor interés a efectos de la presente Conferencia, nos centraremos sólo en el “Expediente Picasso”.
Todo ello sin perjuicio de que las declaraciones prestadas en el “Expediente” por testigos de todo empleo, clase y condición, hay que valorarlas en su justo término y con la debida prudencia, pues en ocasiones pudieron haberse priorizado por los testigos de los hechos otros intereses particulares o corporativos.
Los que hemos tenido el honor de haber pertenecido a la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil sabemos que el testimonio de los testigos de un accidente de circulación es más fiable en los momentos inmediatos al siniestro que no posteriormente.
En el caso concreto del “Expediente Picasso”, concluido en 1922, hay que significar que hubo declaraciones que se prestaron meses despues de los hechos, cuando ya se conocían muchas versiones de los hechos publicadas en la prensa de la época.
Tal y como hizo constar el General Picasso en sus Conclusiones: “si bien los testigos han sido pródigos en ocasión a sus manifestaciones, lo han sido siempre en su interés particular o bajo un concepto abstracto; más, parcos y reservados en demasía en determinar cargos personales, ni aún en interés mismo del prestigio del Ejército; obligando esto a las veces a proceder por deducción o mera inducción”.
Por otra parte, respecto al “Expediente Picasso” hay que precisar que NO se citó a la Guardia Civil en el Estado de situación de las fuerzas de la Comandancia General de Melilla, fechado 30 de junio de 1921 y redactado el 6 de agosto de 1921 por el Negociado de Marruecos del Ministerio de la Guerra.
Ello se debió a dos motivos: Primero, aunque los Guardias Civiles de la Compañía de Melilla pertenecían al Ejército, estaban encuadrados en la Comandancia de Marruecos, su Unidad de entidad superior, con residencia en Ceuta, mandada por el Teniente Coronel Jefe de la misma, que a su vez dependía directamente del Alto Comisario de España en Marruecos y Jefe del Ejército de África. Segundo, el Comandante General de Melilla, al contrario que sucedía con el Comandante General de Larache, no tenía adscrita a su cuartel general una sección de caballería de la Guardia Civil, cuya principal misión era la de escolta y protección. En tal caso si hubieran figurado en el mentado Estado de situación.
Pero si figuraba la Guardia Civil, al igual que la reducida fuerza de Carabineros, en el “Estado de fuerza y ganado” que tenían los Cuerpos y Unidades en el Territorio de la Comandancia General de Melilla el 22 de julio de 1921, firmado el 24 de agosto de 1921 por el Coronel Jefe de Estado Mayor de la Comandancia General de Melilla.
Conforme el resumen total de la Guarnición Militar en esa fecha había: jefes en Fuerza en Revista (10 de ellos de baja por diferentes conceptos), ninguno de la Guardia Civil; 838 oficiales en Fuerza en Revista (59 de baja), de los que sólo 4 eran de la Guardia Civil (ninguno de baja), es decir, el 0,47%; 24.597 Clases (Sargentos y Cabos) y Tropa (4.734 no estaban disponibles por enfermos en hospitales, dentro y fuera de Melilla, así como cuarteles; presos y arrestados; presuntos inútiles y en expectación de pasaporte; ausentes y no disponibles por otros conceptos), de los que sólo 72, es decir un 0’29%, eran de la Guardia Civil (4 ausentes de Melilla por diferentes causas y 7 en otros destinos de plaza y Cuerpo) por lo que sólo había 66 Clases y Guardias Civiles para prestar servicio (27 en Melilla y 34 en los 6 puestos). A ello hay que añadir 2.875 caballos y 2.568 mulos en revista, de los que sólo 27 caballos eran de la Guardia Civil, es decir, un 0’93%.
En los 2.417 folios del “Expediente Picasso” son diversos testigos los que citan a la Guardia Civil en algún momento de su declaración. Por razones de tiempo sólo se van a citar los tres más importantes de los miembros del Ejército y de tres de los Guardias Civiles que declararon, en relación a la Benemérita, con ocasión de la instrucción del mismo.
Referente a la Guardia Civil de San Juan de las Minas se citan las siguientes:
Declaración prestada en Melilla el 9 de noviembre de 1921 (folios 1.616v-1.619v) por el Teniente de Intendencia Pedro Dapena Torrente, destinado en el “Parque de Suministros para el servicio de posiciones” jefe del Depósito de Intendencia (Abastecimiento) de San Juan de las Minas: “En la mañana del 24, observando efervescencia en las kábilas, montó el declarante a caballo para dirigirse al puesto de la Guardia Civil y ordenar a su Cabo que se replegara con la fuerza que mandaba al depósito”.
Declaración prestada en Melilla el 4 de noviembre de 1921 (folios 1561-1563) por el Cabo de la Guardia Civil Juan Ruiz Sánchez, comandante del Puesto de San Juan de las Minas. Llevaba 29 meses destinado en la demarcación territorial de la Compañía de Melilla y desde el 5 de febrero de 1921 estaba al mando de dicho Puesto.
La casa-cuartel estaba ubicada en el poblado nuevo, en unas casas de obreros, en la ladera del Uixan. El poblado antiguo estaba en el valle junto a la estación de ferrocarril. En julio de 1921 había muy poca fuerza del Ejercito prestando servicio de guarnición. Hasta el día 23 de dicho mes no observó ninguna anormalidad, sólo lo que los periódicos daban de los hechos acontecidos en la posición militar de Igueriben.
Dicho 23 de julio llegaron evacuados de las primeras posiciones de Annual que al contar lo sucedido alarmó a la población civil europea residente en San Juan de las Minas, que pidió a la compañía minera un tren especial para ir a Melilla, lo que hicieron a las 9 de la noche con sus familiares. Tras lo cual, se quedó sólo la Guardia Civil con sus familiares. Durante la noche se escuchó fuego de fusilería y ametralladoras hacia Zeluán.
El día 24 apareció el teniente de Intendencia anteriormente citado y les dijo que las cosas estaban mal y que deberían estar todos reunidos, marchando la Guardia Civil al mencionado acuartelamiento de Abastecimiento del Ejército, con los familiares. Al llegar allí un cabo de Intendencia les comunicó que su teniente había ordenado irse al campamento de Segangan, distante un kilómetro aproximadamente, lo cual efectuaron, sufriendo algunos disparos antes de llegar.
Cuando llegaron los guardias civiles y sus familiares, sólo quedaba un sargento indígena que les dijo que escondieran a los familiares por allí, lo que hicieron en un rincón, parapetándose en defensiva en un edificio situado en una esquina con dos puertas lo que simplificaba la defensa. Algunos rebeldes rifeños entraron en el campamento y pudieron matar a cinco de ellos pero el fuego más nutrido venía del exterior. Agotadas las municiones, decidieron escapar por unas cañoneras, despojándose del correaje y armamento, llevándose los cerrojos de los fusiles.
Salieron del lugar los guardias civiles con su cabo al frente, acompañados de su familia, compuesta por su esposa y su hermana, así como sus tres hijas de corta edad, siendo descubiertos por los rifeños que atacaban el poblado, oyendo un tiroteo aunque no sabe contra quien, pues el recinto estaba ya abandonado. A unos cien pasos del lugar los detuvieron un par de moros armados que los llevaron prisioneros a un poblado próximo.
A los cuatro días, y disfrazados de indígenas, según la declaración testifical del cabo Ruiz Sánchez, les dejaron regresar a Melilla. El cabecilla indígena que los tenía retenidos se llamaba Aled-Ben Mohamed, quien los trató bien y era obrero de la Compañía de Minas del Rif. Cotejada dicha declaración con su hoja de servicios, consta en la misma que en la madrugada del 28 de julio, por rifeños adictos tras disfrazarlos, hicieron un recorrido por las estribaciones del Gurugú, mediante la cantidad de 125 pesetas, hallándose todos ilesos y en perfecto estado sanitario. Dicho cabo continuó prestando servicio en Melilla hasta que en diciembre de ese año 1921, pasó destinado a la Comandancia de Sevilla, concretamente al Puesto de San Juan de Aznalfarache.
Referente a la Guardia Civil de Segangan hay que referirse en el “Expediente Picasso” la declaración prestada el 3 de septiembre de 1921 (folios 518r-520v) por el Alférez Lisardo Pérez García, jefe de la Línea de Segangan, que tenía a su cargo los Puestos de Segangan y San Juan de las Minas.
Llevaba un año y dos meses como jefe de esa Unidad que si bien tenía su cabecera en Segangan, la residencia estaba establecida en Nador, ya que allí se carecía de pabellón. Por lo tanto no aportó nada sobre Segangan y el general instructor del “Expediente Picasso” no le preguntó sobre lo que pudieran transmitirle posteriormente sus subordinados, respecto a esa localidad.
Declaró que ni él ni nadie notó nada concreto sospechoso pero que pocos días antes desconfiaban ya de la cábila de Segangan, aunque sin fundamento concreto, y sólo por íntimo presentimiento.
También declaró que las fuerzas del Ejército del Campamento de Segangan fueron enviadas al frente de operaciones, quedando sólo el citado teniente de Intendencia con unos soldados. El 24 de julio el alférez de la Guardia Civil se entrevistó en Nador con dicho oficial, que tenía su destino en San Juan de las Minas, y le preguntó por los guardias civiles del Puesto de esta localidad y éste contestó que les había mandado replegarse. El alférez Lisardo Pérez también declaró que tenía conocimiento de que la fuerza del puesto de San Juan de las Minas fue capturada, con la familia del cabo y posteriormente devueltos a Melilla.
Respecto a la Guardia Civil en Nador acudamos a las declaraciones que obran en el “Expediente Picasso” del teniente coronel de Infantería Francisco Pardo Agudín, jefe de la Brigada Disciplinaria en Nador. En su primera declaración, efectuada en Melilla, el 3 de agosto de 1921 (folios 244r-255r), expuso que asignó la defensa de la planta baja a la “Sección de la Guardia Civil”, adjudicando su dirección al Comandante de Infantería Juan Almeida Vizcarrondo.
Encomendó también la defensa y organización de las cocinas, hornos y panadería de la casa al Alférez de la Guardia Civil Lisardo Pérez con las fuerzas de su Instituto. Tras colocar los rifeños rebeldes un cartucho de dinamita en la pared del horno abrió un boquete por el que intentó penetrar siendo rechazado por los guardias civiles que defendían ese frente, resultando uno de ellos con la cara quemada por los fogonazos.
Los guardias civiles también defendieron a partir del 28 de julio el edificio de la vivienda del administrador de la fábrica. Tres días más tarde el Teniente de la Guardia Civil Fresno resultó herido de bala en una pierna izquierda cuando se encontraba haciendo fuego con un fusil desde una ventana del piso alto.
El ya citado Guardia Civil Manuel Almarcha García, la noche anterior, se ofreció voluntario para salir a hacer fuego al enemigo y ahuyentarlo de los paredones del morabo donde desde un ángulo muerto arrojaban piedras y pacas de paja encendida sobre los techos de zinc de la fábrica de harina, consiguiendo desalojarlos con grave riesgo de su vida.
También citó al Cabo de la Guardia Civil Laureano Lozano López que se ofreció voluntario con un paisano para acompañar al rifeño parlamentario y llamar al Atalayón a pedir una barca para la evacuación.
Por la noche arreció el fuego de arma larga de los rifeños rebeldes, teniendo los jefes y oficiales del Ejército, así como las clases, que dar ejemplo batiéndose en las ventanas y huecos armados de fusiles, secundándoles la fuerza, especialmente la Guardia Civil y de la Brigada Disciplinaria, con entusiasmo.
Igualmente citó que se presentó un rifeño, padre de un cabo del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, para reiterar el 2 de agosto la rendición de los defensores de la fábrica de harina.
Decidida la rendición acordó que se respetase que tanto los jefes y oficiales del Ejército, como todo el personal de la Guardia Civil, pudiesen portar sus pistolas, no haciendo por lo tanto entregas de las mismas.
Acordada la rendición se pactó que la fuerza española marchase a pie hasta el Atalayon y desde allí fuera a Melilla en tren hasta el hipódromo.
Entre los que se destacaron de la fuerza militar española defensora de la fáfrica de harina, citó expresamente al Guardia Civil Manuel Almarcha García que, en pleno ataque nocturno, se ofreció voluntario a salir al exterior para evitar que el enemigo volviese a colocar dinamita en la pared del horno.
En la segunda declaración del Teniente Coronel Francisco Pardo, efectuada en Melilla el 20 de agosto de 1921 (folios 261r-265r) no consta información alguna de interés sobre la Guardia Civil. Sin embargo, en su 3ª declaración en el “Expediente Picasso”, efectuada en Melilla el 7 de noviembre siguiente (folios 1585-1586v), se hace constar expresamente: “Preguntado si durante la defensa de la Fábrica de harinas observó que tanto los guardias civiles como las clases y oficiales del Instituto cumplieron con su deber con la constancia y firmeza que requerían las circunstancias, dijo que el comportamiento de todos ellos ha sido digno de elogio, sin la menor tibieza ni abstención por parte de ninguno de ellos.”
De gran interés fue la declaración prestada en el “Expediente Picasso” por el Teniente de la Guardia Civil Ricardo Fresno Urzay, jefe de la Línea de Nador, a cuyo cargo estaban los Puestos de Nador y Zeluán. La declaración la prestó en Vitoria (Álava), donde se encontraba de licencia por herido en Campaña a causa de las heridas sufridas en la defensa de la fábrica de harina de Nador (folios 1.858r-1.865v).
Hasta el 1º de septiembre de 1921 estuvo ingresado en el hospital de la Cruz Roja de Melilla. En la Orden de la Comandancia de Melilla de 15 de agosto anterior se publicó la felicitación del Director General de la Guardia Civil, Teniente General Juan Zubia Bassecourt, “por haber contribuido con su sangre y personal esfuerzo a poner muy alto el prestigio y valía del Instituto”.
Hay que significar que estuvo de licencia por herido en Campaña hasta diciembre 1921 y que se reincorporó en enero de 1922 al mando de Línea de Nador. En la revista de febrero de 1922 pasó destinado a la Comandancia de Caballería del 1º Tercio (Madrid).
En su declaración juró por su honor ser veraz en sus manifestaciones. Declaró que no tenía ningún antecedente ni nada observó que hiciera presumible el levantamiento de las cábilas. El 22 de julio de 1921 llegaron rumores a Nador de que la posición de Annual había sido evacuada y que el General de División Manuel Fernández Silvestre, Comandante General de Melilla, se había suicidado.
A pesar de noticias tan alarmantes, la población civil de Nador permaneció tranquila, haciendo vida normal la tarde y noche del 22. Sobre las 08’00 horas del 23 de julio el mentado Teniente Coronel Pardo le ordenó que con tres o cuatro parejas de la Guardia Civil montasen en la estación de ferrocarril de Nador un servicio con el fin de cortar cualquier aglomeración de público que se produjese a la llegada de los trenes porque éstos traían heridos.
Tenía además orden de detener a todos los policías indígenas que llegasen en los trenes con armamento. Cumplió dicha orden y detuvieron a cuatro policías indígenas con armamento, entregándolos en la Comandancia Militar de Nador. El 2 de agosto, tras la capitulación fueron entregados al enemigo. Es decir, estuvieron detenidos en la Fábrica de Harina.
El primer tren venía con bastantes heridos. Transportaba tambien Fuerzas Regulares Indígenas de Infantería con sus oficiales, al mando del Comandante de Infantería Manuel Llamas Martín. Inicialmente se quedaron en Nador. Por la noche los oficiales se fueron a Melilla. Durante la tarde vio llegar bastantes camiones con heridos y pasar fuerzas de Artillería, unas dos baterías con sus oficiales. Acamparon en Nador y salieron sobre las dos horas de la madrugada del día 24 para Melilla.
Todas las fuerzas que vio llegar del frente “lo hacían en el más alto grado de desmoralización”. En el segundo tren, además de soldados había muchos civiles. Consideró “intolerable y vergonzoso que los soldados llegados en el segundo tren, especialmente los que traían armas, entrasen en Melilla de esa forma.”
Por iniciativa propia y previa autorización del Comandante Llamas, que seguía en la estación, “procedió a viva fuerza a hacer salir de los coches a los soldados que estaban armados, los cuales entregó en la Comandancia Militar”. Continuaron en Nador los siguientes días. Hubo dos o tres soldados que alegaron como derecho para continuar a Melilla en el tren que estaban al cuidado del equipaje del jefe del Regimiento de África nº 68, Coronel de Infantería Francisco Jiménez Arroyo. Habló con él ya que viajaba en el mismo tren, lo confirmó y se les dejó continuar a petición suya.
La mayor parte de la población civil de Nador se marchó en el segundo tren del día 23 y durante la madrugada del 24, utilizando carros y otros medios. Su evacuación fue ordenada y cree que por propia voluntad.
El día 23, al terminar el servicio en la estación recibió la orden del Teniente Coronel Pardo de trasladarse a la Iglesia de los Franciscanos con la fuerza de la Guardia Civil de Nador y Puesto de Segangan, que con el mentado Alférez Lisardo Pérez García, tenía su residencia en Nador.
Las misiones asignadas fueron para desde allí poder acudir a donde fuese necesario y hacerse fuerte en la iglesia si eran atacados. La noche del día 23 transcurrió sin novedad. Sobre las siete horas de la mañana del 24 de julio se oyó varias veces el toque de retirada, por lo que entendió que eran para ellos y formó a su fuerza, compuesta por 1 alférez, 2 sargentos, 2 cabos, 3 guardias 1º y 17 guardias 2º.
Se trasladó a la estación telefónica militar y se presentó al Teniente Coronel Pardo, al igual que otros. Se le ordenó ir, junto a sus guardias civiles, a la Fábrica de Harinas, efectuándolo entre las 8 y las 9 de esa mañana. En total eran unos 200 hombres y 2 mujeres con 2 niños (uno de pecho y otro de unos 3 años).
Comenzaron a fortificar el edificio y a colocar sacos de cebada en las ventanas pero a la media hora comenzó el ataque, resultando muerto el Comandante de Infantería Wenceslao Sahún Navarro, de la plana mayor de la Brigada Disciplinaria de Melilla, que fue enterrado en la cuadra de la fábrica.
Los días 24 y 25 fueron atacados por fuego de fusilería enemiga, con especial intensidad por la noche. El enemigo intentó prender fuego arrojando sobre el tejado adosado a un muro, haces de paja encendida y sobre ellos sacos enteros de paja para que cayesen resbalando al pie de un tabique de madera.
Como no consiguieron prender fuego al edificio, el enemigo abrió un boquete sobre el muro del tejado por el que metieron dos bombas explosivas de las que los rifeños hacían. No llegaron a explotar ya que dos guardias civiles arrojaron una al exterior y otro apagó la mecha con un cubo de agua.
Los disparos se intensificaron hasta el amanecer del día 26, pasando a ser disparos aislados hasta el 31 de julio. Ese día recibieron unos 18/20 disparos de cañón y nutrido fuego de fusilería, resultando el Teniente Fresno herido en una pierna por bala de fusil.
Dicho 31 de julio unos parlamentarios enemigos se reunieron con el Teniente Coronel Pardo y el Cabo de la Guardia Civil Laureano Lozano salió acompañándolos hasta el Atalayón para conferenciar con Melilla. El Teniente Fresno ignoraba que se habló pero el 31 de julio y 1º de agosto apenas hubo disparos, pero por la noche volvió a recrudecerse el fuego enemigo hasta las 2 de la madrugada que se volvieron a presentar los parlamentarios para hablar con el Teniente Coronel Pardo. Éste reunió posteriormente a los jefes y oficiales para pedirles opinión sobre lo que convenía hacer, enterándoles de que el enemigo exigía la entrega del armamento y municiones, excepto las pistolas de los oficiales y ofrecía que varios jefes rifeños desarmados les acompañasen hasta las primeras posiciones españolas.
Se pronunciaron en contra el mentado Comandante de Infantería Juan Almeida Vizcarrondo y el Capitán de Infantería de Fernando Villalba Escudero, ambos destinados en la citada Brigada Disciplinaria de Melilla. El resto de los presentes se manifestó a favor atendiendo las condiciones citadas. El Teniente de la Guardia Civil Fresno, al estar herido, decidió no opinar, estando los demás conformes.
En consecuencia se procedió a la rendición y entrega de lo estipulado. La guarnición salió de la Fábrica de Harinas llevándose a los enfermos y heridos en dirección al Atalayón, sin ser molestados por nadie. Fueron evacuados a Melilla. En automóviles los heridos y a pie el resto. Durante el asedio hubo unas 60 bajas, de ellas 10 muertos.
El Teniente Fresno no apreció ningún hecho meritorio ni censurable pues creyó que todos se limitaron a cumplir con su deber y respecto a las clases e individuos a sus órdenes estimó igualmente que todos cumplieron su obligación sin que nadie se señalase en ningún sentido.
Al capitular, las armas y municiones se depositaron en el patio exterior, procediéndose seguidamente a la evacuación. En su opinión la defensa no hubiera podido proseguirse, siendo imposible la resistencia, dada la superioridad del enemigo en armamento al contar al menos con un cañón, los defensores casi carecían de municiones pues les quedaban unos 2.500 cartuchos y llevaban diez días sin más alimento que harina de cebada, falta de agua y agotamiento. Asimismo, desconocía en aquel momento la suerte que hubiera podido correr la fuerza del Puesto de Zeluán.
De interés también resulta la declaración prestada en el “Expediente Picasso” por el ya mentado Alférez de la Guardia Civil Lisardo Pérez García, jefe de la Línea de Segangan. Declaró que el 23 de julio, por la tarde, se veía llegar personal militar de Annual y contaban que les tiraban tiros los rifeños rebeldes en el trayecto hasta Nador.
El Teniente Coronel Pardo, de la Brigada Disciplinaria, llamó a todos los Oficiales y primeramente mandó a las fuerzas de la Guardia Civil a la iglesia, donde se establecieron con una caja de municiones de fusil.
A las siete horas de la mañana siguiente, 24 de julio, oyeron tocar retirada, y la fuerza de la Guardia Civil salió de la citada iglesia, reuniéndose con el Teniente Coronel Pardo en la carretera, junto al telégrafo. Allí esperaron a que la pobleción civil evacuara el poblado y cuando ya no quedó nadie el teniente coronel ordenó ir a la Fábrica de Harinas. Una vez allí los rifeños rebeldes les tirotearon y ellos se defendieron desde las ventanas.
El teniente coronel distribuyó la fuerza que disponía por plantas y a la Guardia Civil se le encomendó defensa de la planta baja. Una vez establecidos en la fábrica de harinas, la primera noche les atacaron con brío, rechazándolos. La segunda noche les pusieron unos cartuchos de dinamita haciendo una brecha en la pared por la que cabían dos hombres y por ella les echaban las bombas de mano. La pudieron tapar al día siguiente con una plancha de hierro que encontraron.
Las siguientes noches continuaron atacando pero con menos brío. El 31 de julio el enemigo cañoneó el edificio y se vio bien pronto que éste iba a terminar por derrumbarse, si continuaba el ataque. Los rifeños rebeldes enviaron parlamentarios para proponer la arendición. El Teniente Coronel Pardo consultó a todos los oficiales que le dijeron que hiciera lo que mejor le pareciera, pues iba a morir sin provecho. Exigían los rifeños rebeldes que se entregasen las armas, y que por parte española se puntualizó que de ninguna manera los oficiales entregarían sus pistolas.
Así se pactó, evacuando la fábrica a las doce horas del 2 de agosto, llevándose primero a los heridos y saliendo despues la tropa desarmada y por último el teniente coronel Pardo con el resto de oficiales. Todos marcharon al Atalayón sin ser hostilizados.
El Alférez Lisardo Pérez consideraba irremediable la capitulación, no quedaban víveres y apenas municiones. En su opinión hubieran resistido sólo uno o dos días más. La tropa estaba agotada y los heridos fallecían por falta de atención sanitaria. Puso en valor al Guardia Civil Manuel Almarcha que hizo varias salidas con la oscuridad de la noche para poder tirar mejor al enemigo, manifestando un buen espíritu. Los demás guardias se comportaron todos a satisfacción del declarante.
Otras declaraciones de interés.
Respecto a los hechos relacionados con los trágicos sucesos acaecidos en el mes de julio de 1921, se abrieron posteriormente diversas causas judiciales militares que tenían por finalidad depurar responsabilidades y esclarecer determinados hechos.
Se citan dos declaraciones tomadas en calidad de testigos, en causa judicial militar, a los dos oficiales de la Benemérita destinados en esas fechas en la plaza de Melilla. Uno es el Capitán José García Agulla, entonces jefe de la Compañía de la Guardia Civil de Melilla. El otro es el entonces Teniente Valero Pérez Ondategui, jefe de la Línea de Melilla. En ambos casos declararon ante quien en julio de 1921 era el Teniente Coronel de Infantería Ricardo Fernández Tamarit, del Regimiento de Infantería África núm. 68.
Así, el Capitán García Agulla declaró en Melilla, el 30 de junio de 1923, que había contado al entonces Teniente Coronel Fernández que, sobre las tres horas de la madrugada del 25 de julio de 1921 se encontró a dos oficiales que venían del “Campo Exterior”, no recordando datos concretos sobre ellos ni si portaban las insignias de oficial ya que venía de asistir a su hermano herido muy grave hospital y que falleció pocas horas después.
Su hermano se llamaba Manuel y era Capitán de Infantería, destinado en la Policía Indígena, el cual había sufrido una herida mortal el día 23 de julio, cuando formaba parte de un convoy que se dirigía con municiones a la posición de Monte Arruit, la cual terminaría poco después siendo también arrasada por los rifeños rebeldes.
La otra declaración judicial a reseñar se celebró en Jaca (Huesca) el 13 de julio de 1923 y fue prestada por el ya Capitán de la Guardia Civil Valero Pérez Ondategui, que había ascendido a dicho empleo por R.O.C. de 6 de febrero anterior, pasando posteriormente destinado a la Comandancia de Huesca.
En dicha declaración relató que había contado al entonces mentado Teniente Coronel Fernández Tamarit, que si bien no recordaba la fecha concreta, encontró a unos oficiales que confundió con soldados pero que no podía identificarlos porque no los conocía. Concretamente, en la noche del 23 al 24 de julio, sobre las dos horas de la madrugada, al recorrer el servicio y al regreso vio cerca del puente de la carretera de Triana y sobre dicha carretera concretamente, a dos individuos con alpargatas y extrañandole dicho encuentro por la hora les preguntó de donde venían, respondiendo ellos que de Nador, que habían estado en Annual cuando la evacuación y que en Nador les dijeron lo mismo a uno que a otro, que podían marchar a Melilla, siendo ellos los que dijeron que eran oficiales y que aunque no llevaban distintivos pero por sus modales les creyó.
Conclusiones.
Los sucesos acontecidos causaron un alto impacto en la Guardia Civil, al igual que ocurrió en todo el Ejército, al cual pertenecía entonces, y en el resto de España. Pero la reacción, alejada de todo derrotismo y pesimismo, fue de forma inmediata poner en valor la actuación de los Guardias Civiles de la zona de Melilla, tal y como se puede leer en la “Revista Técnica de la Guardia Civil” de fechas inmediatas posteriores, que entonces se publicaba.
A medida que nuestro Ejército fue recuperando el territorio inicialmente perdido, la Guardia Civil fue acompañándolo y apoyándolo en el cumplimiento de sus misiones peculiares específicas. Volvieron a reabrirse las casas-cuarteles en las poblaciones evacuadas, se crearon nuevos Puestos y se potenció la creación de nuevos destacamentos en los campamentos del Ejército para prestar el servicio de Campaña con sus compañeros de armas.
Hay que significar que enseguida se repusieron las bajas habidas en la Benemérita, con personal voluntario procedente de la Península. En la Guardia Civil, los hechos de julio y agosto de 1921, sirvieron no para dar un solo paso atrás sino para que se incrementase el número de peticionarios a la Comandancia de Marruecos en general y a la Compañía de Melilla en particular.
Una vez cubierta la plantilla inicial se fue incrementando progresivamente la misma y se enviaron, al igual que hizo el Ejército al que entonces pertenecía, refuerzos que, en el cumplimiento de sus misiones específicas contempladas en la legislación vigente, prestaron un apoyo importante.
Hay que significar que, en todas las operaciones importantes desarrolladas por el Ejército, estaría presente la Guardia Civil haciendo su trascendental labor de policía militar o servicio de campaña que era como se le denominaba entonces.
El ejemplo mas evidente de ello lo dio la Guardia Civil pocos años después con su activa participación en el acompañamiento que hizo al Ejército en el prolongado Desembarco de Alhucemas iniciado en septiembre de 1925, donde un importante destacamento de Guardias Civiles estuvo presente. El jefe de la Comandancia de la Guardia Civil era entonces el Teniente Coronel José Aranguren Roldán.
Uno de aquellos Guardias Civiles que tuvieron el honor y el privilegio de participar en aquel histórico desembarco fue precisamente el abuelo del Teniente Coronel Ignacio Lombo Mohedano, actual tercer jefe de la Comandancia de la Benemérita en Melilla y que hoy nos acompaña. La fotografía de ese grupo de guardias civiles que están viendo ahora, en la que está su abuelo, fue tomada precisamente en 1925 en la Bahía de Alhucemas.
Por último, sobre aquellos Guardias Civiles de hace un siglo en Melilla y resto del territorio, no les voy a dar mi opinión personal que bien podría valer muy poco y ser tachada de corporativista. Voy a limitarme a reproducir lo que hace, alrededor de un siglo, dijeron otras personas sobre aquellos Guardias Civiles que prestaban servicio en la Comandancia de Marruecos.
El propio general Manuel Fernández Silvestre manifestaba en el diario "ABC" en noviembre de 1919, durante su estancia en Madrid, lo siguiente: “La escasa Guardia Civil que allí tenemos hace servicios inapreciables, pero están materialmente destrozados por el constante y peligroso servicio que sobre ellos pesa. A retaguardia de la primera línea, ocupada por fuerzas del Ejército, los vamos estableciendo en puestos, como en la Península, para que desde ellos irradie su acción. El prestigio que tienen entre los moros por su veterana bizarría y su práctica de servicio, evitará las agresiones constantes a convoyes y viajeros que no se pueden hacer desaparecer de otro modo. Allí hay un problema de bandolerismo, como lo hubo en España, de fácil solución con fuerzas del Benemérito Instituto”.
Por su parte el escritor Luis Antón del Olmet, en su libro Tierra de Promisión (Catecismo de la raza), editado en 1913, escribiría los siguientes párrafos dedicados a aquellos guardias civiles:
"Son unos hombres serios, de muy viejo porte militar, bigotazo y tricornio, el deber por religión, el ánimo prudente y atrevido. Graves, avizores, en lo alto de las crestas difíciles, tienen a raya al moro. Ni un "paco" se acerca, la Guardia Civil le inspira temor y respeto. ¿Por qué?. ¿Por qué no se atreven con ella?.
El guardia civil es soldado ideal. Es voluntario, es ducho, pasó generalmente de los treinta años, conoce la bala y la muerte, y no tiene una sola inferioridad con relación al soldado indígena. Desperdigado por estratégicas parejas, es un admirable "contrapacos". Sabe tirar a tenazón, como pide Burguete para todo el Ejército. Sus ojos conocen los secretos del campo. Ve rebullirse a una sabandija y escabullirse a un moro. ¡Cualquiera sorprende a una de esas parejas de la Guardia Civil!.
El guardia civil no se queja, no se duele jamás.”
Y ya también, por último, recordar el interesantísimo artículo titulado Responsabilidades por la recluta, publicado en el diario “Heraldo de Madrid” el 31 de julio de 1922, se dedicaban los siguientes párrafos a la Guardia Civil de Marruecos:
"Pregúntese a cualquier general o jefe si prefiere, para combatir en África, disponer de 5.000 guardias civiles o que de los Cuerpos le entreguen 50.000 soldados, y dirán que aquella campaña no es de número, porque no hay terreno donde mover las fuerzas y la impedimenta es agobiante, sino que es de calidad porque se tiene eficacia, movilidad y poco peso muerto."
Para aquellos de ustedes que lo desconozcan les diré que en aquella época la casi práctica totalidad de las clases y tropa de la Guardia Civil, destacada en el Protectorado de Marruecos y la mayor parte de los destinados en la Península habían prestado servicio como miembros del Ejército en las Campañas del Norte de África, antes de ingresar en el Benemérito Instituto.
Es decir, se trataba de una fuerza profesional, voluntaria, veterana, experimentada y adiestrada frente a la tropa de reemplazo bisoña, forzosa y sin experiencia de combate ni de penosidad siquiera en aquel territorio, por lo tanto, era lógico que hubieran deseado contar con esos 5.000 guardias civiles, lo cual era imposible porque estos hacían falta también en la Península donde se estaba librando otro conflicto en el que su presencia resultaba imprescindible.
Termino mi conferencia pronunciando el titular con el que encabezaba la “Revista Técnica de la Guardia Civil” en su número del mes de Septiembre de 1921:
“LA GUARDIA CIVIL, EN MELILLA, COMO EN TODAS PARTES, HA DEJADO MUY EN ALTO CON SU PROPIO HONOR, EL HONOR DE LAS ARMAS”
Muchas gracias por su atención.
-ooo0ooo-
Entrevista publicada en el periódico “MELILLA HOY” el 14 de diciembre de 2021 en relación a dicha conferencia.
https://melillahoy.es/la-guardia-civil-ha-dejado-muy-en-alto-el-honor-de-las-armas/
Texto de la entrevista a Jesús Núñez, Coronel de la Guardia Civil y doctor en Historia. Delegado en Andalucía de la Asociación Española de Militares Escritores.
Publicada junto a una fotografía del momento de entrega de una placa de reconocimiento por el Comandante General de Melilla al Coronel Núñez tras impartir su conferencia.
PREGUNTA: Su conferencia ha sido la última del Ciclo que ha organizado la Comandancia General para conmemorar el Centenario de la Campaña de Melilla de 1921. ¿Cuál fue el papel de la Guardia Civil?.
RESPUESTA: Bueno, primero tengo que agradecer al Ejército de Tierra y en especial al general de división José Miguel de los Santos Granados, que nos hayan invitado a participar en este ciclo. Creo que es muy importante que se haya llevado a cabo pues como dijo el comandante general cuando presentó el pasado 30 de abril el programa de actividades de este Centenario, “los militares tenemos el deber ineludible de honrar a nuestros héroes”.
P: ¿Hubo muchos héroes en aquella Campaña?.
R: Claro que los hubo. La Campaña de Melilla estuvo llena de héroes, pero donde no quedaron supervivientes no hubo testigos que posteriormente lo relataran. Murieron más de siete mil soldados españoles y más de dos mil soldados indígenas que permanecieron leales a España. Seguro que hubo muchos centenares de actos de heroísmo que nunca se conocerán.
P: ¿Hubo también héroes y muertos de la Guardia Civil?.
R: Sí. Su número no puede compararse con los del Ejército ya que solo había 76 guardias civiles en la zona de Melilla, pero desde luego los hubo. Combatieron y murieron con sus compañeros de armas.
P: ¿Dónde había guardias civiles entonces?
R: En la región de Melilla había una compañía reducida de infantería así como una sección de caballería de la Guardia Civil que estaban encuadradas en la Comandancia de Marruecos cuya jefatura estaba en Ceuta. Allí había otra compañía así como otra en Tetuán y otra en Larache, además de un escuadrón de caballería en Ceuta y otra sección más en Larache.
P: ¿Y los guardias civiles de Melilla dónde estaban?.
R: En la ciudad de Melilla estaban los puestos del Mantelete y de Batería Jota bajo el mando del teniente Valero Pérez Ondátegui. En Nador y Zeluán había también puestos bajo el mando del teniente Ricardo Fresno Urzay, así como en Segangan y San Juan de las Minas, a cuyo frente estaba el alférez Lisardo Pérez García. El jefe de todos ellos era el capitán José García Agulla, en Melilla.
P: ¿Qué misión tenían esos guardias civiles?.
R: Su misión principal era la entonces denominada de orden público hoy día llamada seguridad ciudadana que ejercían tanto sobre la población europea como indígena. También prestaban la que entonces se llamaba de servicio de campaña, desempeñando funciones de policía militar en los campamentos del Ejército. En aquella época la vigilancia fiscal del puerto de Melilla lo hacía una sección de Carabineros que eran los encargados de perseguir el contrabando. No obstante, la Guardia civil practicó también algunas intervenciones contra el contrabando de armas que existía en las cábilas.
P: ¿Qué pasó con los guardias civiles en la Campaña de Melilla de 1921 y en especial en los sucesos de julio y agosto?.
R: Los que estaban en Melilla tuvieron como misión principal controlar el puente de Triana que era la principal entrada procedente de Nador. En la alcazaba de Zeluán los guardias civiles combatieron y murieron junto a sus compañeros del Ejército. Cuando tras nueve días se les acabaron las municiones y víveres, capitularon y se entregaron, pero no se les respetó la vida y cuando estaban desarmados para regresar a pie a Melilla, los masacraron brutalmente. Los cuerpos de cuatrocientos españoles quedaron insepultos hasta que en octubre se reconquistó Zeluán. Entre ellos estaban los del cabo Francisco Carrión Jiménez que era el comandante del puesto de la Benemérita y los de los guardias civiles Paulo Antonio Sánchez Sáez, José Noguera Aznar, Constantino Ferrero López y Sotero Alonso Herranz. Lo mismo sucedería seis días después con millares de soldados que se encontraban sitiados en Monte Arruit.
P: También hubo guardias civiles en la famosa defensa de la fábrica de harinas de Nador, ¿no?.
R: Así fue. Allí estuvieron desde el 24 de julio los guardias civiles destinados en Nador y Segangan, bajo el mando de un teniente coronel del Ejército. Participaron activamente en la defensa del edificio junto a centenar y medio de soldados de diferentes unidades. El teniente Fresno resultó herido en una pierna y se distinguieron el cabo Laureano Lozano López, el guardia 1º José Sánchez Callejón y el guardia 2º Manuel Almarcha García. Éste sería propuesto para la cruz laureada de San Fernando por su valor heroico, si bien finalmente no se le concedió, citándosele posteriormente como distinguido en la orden general del Ejército. Agotadas las municiones y los víveres capitularon el 2 de agosto. Esta vez el enemigo respetó el pacto y pudieron salir a pie hacia Melilla. Como anécdota decir que a los oficiales del Ejército y los guardias civiles les permitieron conservar sus pistolas.
P: ¿Y los guardias civiles de San Juan de las Minas?.
R: Pues realmente son los que tuvieron más suerte, ya que tras replegarse sobre la vecina población de Segangan, que se encontraron abandonada, se defendieron hasta agotar sus municiones y al intentar escapar por la noche hacia Nador fueron descubiertos y hechos prisioneros junto a varios familiares. Estos eran la esposa del comandante de puesto, sus tres hijas menores de edad y una hermana de aquél. Se trataba del cabo Juan Ruiz Sánchez y los guardias civiles Cándido Puertas Ruiz, Félix Quintero Ojeda, Matías Labrador Moreno y Manuel Rastrojo Reyes. Tras cuatro días de cautiverio unos indígenas adictos a España los disfrazaron y el 28 de julio los trasladaron de noche, sanos y salvos, hasta Melilla a cambio de una cantidad de dinero.
P: ¿Dónde estaban los demás familiares del resto de guardias civiles?.
R: Los que trajeron a sus familias aquí residían la mayor parte en Melilla y Nador. Cuando comenzó a evacuarse la población civil europea hacia Melilla, los guardias civiles enviaron allí a sus familias mientras que ellos se quedaron para cumplir con su deber.
P: Transcurrido ya un siglo de aquello, ¿qué visión tiene como historiador?.
R: Me resulta muy complejo resumirlo en pocas palabras, pero primero pondría en contexto el terrible impacto que tuvo en la opinión pública española y en el propio Ejército la tragedia acaecida aquel verano de 1921. Se padecía entonces en España una elevada conflictividad político-social y constantes alteraciones del orden público. El pistolerismo estaba en pleno auge en Cataluña y en los tres últimos años se habían formado nueve gobiernos. El último de ellos había sido nombrado por Alfonso XIII el 13 de marzo. Cinco días antes había sido asesinado en Madrid por unos anarquistas el presidente del gobierno, Eduardo Dato Iradier.
P: Usted estuvo destinado en Melilla hace muchos años. ¿Eso influyó en que investigase lo que sucedió aquí?.
R: Así fue. Estuve destinado entre 1988 y 1991 como teniente en la antigua casa-cuartel del Mantelete, hoy desaparecida y allí encontré los primeros informes sobre lo sucedido y me hizo interesarme por ello. Incluso publiqué entonces algún artículo en MELILLA HOY. Con el paso del tiempo me matriculé en la UNED y tras más de una década, pues es difícil compaginar los estudios con el servicio, pude conseguir el grado de doctor en Historia, habiendo publicado ya un par de monografías y una veintena de artículos relacionados con el periodo de las campañas de Marruecos entre 1909 y 1927.
P: Por último, hace ya más de treinta años que se marchó de Melilla, ¿cómo ha encontrado la ciudad?.
R: Bueno, ya no existe ni el cuartel del Mantelete donde prestaba servicio ni la casa donde yo vivía, lo cual me ha causado cierta tristeza, pero he visto muy arreglada Melilla la Vieja, así como numerosos edificios nuevos por el resto de la ciudad. No es la misma ciudad ni los mismos problemas que existían hace tres décadas, pero he seguido manteniendo contacto con las buenas amistades que hice entonces y siempre me he considerado un embajador de Melilla allí donde he estado, tanto en mis destinos dentro de España como en el extranjero. Lo mejor y más emotivo de todo ha sido reencontrarme con varios de los antiguos guardias civiles con los que estuve entonces destinado en la Policía Judicial.
P: ¿Algo más que quiera decir?.
R: Tan sólo recordar el titular de la Revista Técnica de la Guardia Civil, correspondiente a septiembre de 1921, donde se relataba lo acaecido: “La Guardia Civil, en Melilla, como en todas partes, ha dejado muy en alto con su propio honor, el honor de las armas”. Muchas gracias por todo.
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