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lunes, 9 de febrero de 2015

ARMAMENTO E HISTORIA DEL MUSEO NAVAL DE SAN FERNANDO (CÁDIZ) (y II).



Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 323 correspondiente al mes de mayo de 2009, de la Revista "ARMAS", págs. 78-84.
El original está ilustrado por veintidós fotografías en color y dos en blanco y negro.

Hablar de armas es hablar de historia y hablar de historia es hablar de cultura.

Un arma, por si sola, tal vez no revista un singular interés salvo que se trate de una pieza única o de muy escasa producción, o bien que por los materiales que la componen y embellecen, propicien un importante valor artístico e incluso económico.

Sin embargo si un arma la relacionamos con un personaje, con un hecho o con un periodo de interés histórico, estaremos hablando de historia y no hay mejor escenario para todo ello que los museos. Y es de dicho binomio –armas e historia- de lo que en este artículo, dedicado a los fondos más relevantes del Museo Naval de la antigua y Real Isla de León, continuaremos hablando.

Las Salas del Museo.

Una vez que el visitante entra por la puerta lateral del histórico edificio “Carlos III” al Museo Naval y atraviesa el vestíbulo, accede a la “Sala de Arqueología Submarina”. Allí, entre un antiguo y completo equipo de buceo, escafandra de bronce y cristal incluida, anclas fenicias y romanas, ánforas púnicas y romanas, vasijas rescatadas de galeones hundidos y vitrinas donde se exponen monedas de plata y grilletes para los condenados a galeras en el siglo XV, pueden contemplarse dos interesantísimas piezas de artillería.

La primera se trata de un cañón de bronce, fabricado en Nápoles en 1697 y que quedó sumergido durante tres siglos en las aguas de Cádiz cuando se hundió el buque que lo transportaba para ser empleado en la defensa de la ciudad. El segundo es un obús de bronce, fechado en 1793, que se utilizaba para atacar al amparo de la noche las fortificaciones desde pequeñas barcazas o lanchas obuseras, cuando no había posibilidad de aproximar a las mismas una nave de mayor calado.

Seguidamente se encuentra la sala dedicada a las históricas batallas de Trafalgar y de Chiclana. La primera aconteció el 21 de octubre de 1805 en las aguas gaditanas del cabo que le dio su denominación y donde la escuadra combinada franco-hispana, fue derrotada por la inglesa. La segunda, librada el 5 de marzo de 1811 en el término municipal gaditano que le da nombre, fue librada victoriosamente por las tropas anglo-portuguesas (aliadas de España) contra las de Francia.

De la sala de Trafalgar, presidida por la histórica y premonitoria frase del brigadier de la Real Armada, Cosme Damián Churruca y de Elorza, comandante del navío “San Juan Nepomuceno:Si oyes decir que mi navío ha sido apresado, di que he muerto”, sobresale, entre otras piezas y objetos, un cañón de bronce, que cuando fue recuperado en Tarifa, tras casi dos siglos de estar sumergido en el mar, contenía todavía en su interior, restos de la carga de pólvora, estopa y bala.

Y de la de Chiclana, además de un magnífico croquis del combate, se pueden contemplar diversas balas de cañón y una granada que fueron encontradas en lo que fue el campo de batalla así como otros fondos, tales como munición procedente de las llamadas “Fuerzas Navales Sutiles” españolas y que se encontraron en el caño navegable de Sancti Petri.

A continuación se accede a una sala donde se exponen diferentes piezas y objetos procedentes de los desaparecidos Polígonos de Tiro Naval “González Hontoria” y “Janer”. El primero, bautizado así en homenaje del brigadier de Artillería de la Armada José González Hontoria, inventor del sistema de cañones que lleva su nombre, quedó integrado, junto al  Polígono de Experiencias Costilla” y la “Comisión de experiencias de Armas Navales”, en el “Centro de Ensayos Torregorda”, ubicado en la playa gaditana de dicha denominación. El segundo, estaba ubicado a la entrada de San Fernando y su nombre rendía recuerdo al capitán de corbeta Jaime Janer Robinson, considerado el precursor del Tiro Naval y que murió en combate en 1924 durante las campañas de Marruecos cuando se encontraba a bordo del crucero "Cataluña".
Buena parte de los fondos que allí se muestran, además de numerosas fotografías antiguas, munición de artillería naval y una diana de combate (distintivo que se entrega al buque que ha realizado el mejor tiro naval), eran equipos empleados para realizar cálculos y mediciones que facilitaban una mayor precisión en el tiro naval o que habían contribuido a su innovación o perfeccionamiento.
Armamento e historia
La siguiente sala está dedicada a la Infantería de Marina, considerada la más antigua del mundo y cuyos orígenes se remontan al año 1537. En ella se exponen una magnífica colección de armas, municiones, cuadros, fotografías, objetos, pertrechos y uniformes utilizados por sus miembros en los siglos XIX y XX.
Respecto al armamento, pueden contemplarse desde un cañón sin retroceso hasta lanzallamas, pasando por ametralladoras ligeras y pesadas, fusiles ametralladores, lanzagranadas, subfusiles, fusiles, mosquetones y pistolas, además de minas anticarro y antipersonal, granadas de mano y botes de humo.
También se encuentran expuestas una colección de máscaras antigas, de origen alemán y norteamericano, detectores de minas, teléfonos de campaña, anemómetros, prismáticos, brújulas, teodolitos, etc.
A continuación el visitante se encontrará con una sala donde se expone una curiosa colección de reproducciones de exvotos procedentes de distintas iglesias de las poblaciones que componen la provincia de Cádiz. Se trata de una antigua tradición, según la cual, los marineros daban gracias a Dios por haberles librado de una situación de grave riesgo para sus vidas, como por ejemplo: combates, naufragios, tempestades, etc.
Luego está la sala conocida como la “Folclórica”, por la diversidad y contraste de las piezas y objetos que allí se exponen, y que abarca desde un carruaje conocido popularmente en San Fernando como “La Manolita” y que solía ser utilizado por el comandante-director del desaparecido Cuartel de Instrucción de Marinería hasta un reloj de bronce del año 1791, que fue uno de los primeros en incorporar el cambio de fase lunar y que formó parte del campanario de la iglesia del vecino arsenal naval de "La Carraca", pasando por un cayuco de la antigua Guinea española.
No obstante, para los lectores de ARMAS, las piezas más interesantes, serían seguramente el armón de artillería y cañón de salvas usados para los actos fúnebres en las exhumaciones de personalidades en el vecino Panteón de Marinos Ilustres, así como un par de veteranos cañones de desembarco, calibre 76,2 mm., (uno sistema Saint Chamond/Darmancier-Dalzon y el otro sistema Armstrong) fabricados ambos en la localidad guipuzcoana de Placencia de las Armas en 1902 y 1922, respectivamente.
Después se encuentra una pequeña sala dedicada a rendir testimonio histórico a la asistencia religiosa que tradicionalmente prestó a la Marina de Guerra el prácticamente extinguido Cuerpo Eclesiástico. Sus orígenes son muy remotos y sírvase decir, a modo de curiosidad, que hubo una época en la que cada barco tenía su propio patrono a cuya protección se encomendaba su dotación y muy especialmente en caso de combates y tempestades. Todo ello sin dejar de estar bajo el patronazgo de la Virgen del Rosario, patrona de Cádiz, que durante mucho tiempo lo fue también de la Armada, hasta que el 19 de abril de 1901 se nombró a la Virgen del Carmen, advocación que hoy día se sigue manteniendo.
Seguidamente se accede a la llamada “Sala de Maniobra”, dedicada a la exposición de armamento, equipamientos y objetos utilizados por diversos buques de nuestra Marina de Guerra, destacando especialmente los dedicados al buque escuela "Juan Sebastián de Elcano", bautizado así en honor del primer marino español –nacido en la localidad guipuzcoana de Guetaria- que dio la primera circunnavegación alrededor del mundo.
De este buque, botado en Cádiz el 5 de marzo de 1927, merece resaltar la exposición de su primer mascaron de proa y uno de sus cañones antiaéreos de 37 mm., cuyo usos eran sólo para disparar las salvas de honor y que anteriormente cumplieron misiones de combate en los cruceros tipo “Canarias” y “Galicia”.
Procedentes de otros barcos, se encuentran más piezas de interés, en cuanto a armamento se refiere, tales como un torpedo MK-32 dotado de cabeza acústica, que se utilizaba por las unidades de superficie contra submarinos en inmersión, así como una ametralladora modelo Maxim-Nordenfelt de 37mm., en magnífico estado de conservación y que a finales de siglo XIX y principios del XX, se empleaban como protección contra los ataques de buques más rápidos (destructores y torpederos).
Como el Museo Naval posee tantos fondos se hace necesario acceder a la primera planta del histórico edificio “Carlos III” para poder continuar la visita y por lo tanto subir por unas escaleras artísticamente decoradas con valiosos azulejos holandeses originales de Delft, fabricados a finales del siglo XVIII, mientras que sobre las paredes pueden contemplarse las imágenes de los acorazados y cruceros que prestaron servicio en la Marina de Guerra española durante la primera mitad del siglo XX. 
Una vez en la primera planta, el visitante se encuentra en la sala dedicada a las banderas y enseñas nacionales de buques de nuestra Armada, entre las que se encuentran aquellas que un día pertenecieron al “Aragón”, al “Castilla”, al “Conde de Venadito”, al “Dédalo”, al “Nautilus”, etc., exponiéndose también los guiones pertenecientes a algunos de los últimos jefes del Estado español, tales como Niceto Alcalá-Zamora Torres, presidente de la Segunda República; Francisco Franco Bahamonde o nuestro actual monarca, el Rey Juan Carlos I.

La siguiente sala haría las delicias de cualquier apasionado por la militaria, ya que se conservan, además de objetos relacionados con nuestra pérdida de Cuba, una gran variedad de bandas, botones, condecoraciones, fiadores de sables, insignias, uniformes, prendas de cabeza, etc., correspondientes a los siglos XIX y XX, así como efectos personales de destacados mandos de la Armada como por ejemplo el capitán de corbeta Jaime Janer Robinson, cuyas vicisitudes ya fueron relatadas, y el almirante Faustino Ruiz González, que llegó a ser gobernador general de los Territorios Españoles de Guinea.

Después llega el turno a la sala dedicada a la antigua Escuela Naval Militar, el Arsenal Naval de “La Carraca” y el buque-escuela “Juan Sebastián de Elcano”, donde se exponen documentos, efectos, fotografías y objetos de gran interés histórico, muy especialmente las penúltimas, entre las que destacan las correspondientes a la etapa de alumno de Don Juan de Borbón y Battemberg, padre de Juan Carlos I, así como la copia de la carta que apresuradamente tuvo que escribir a sus compañeros de promoción al proclamarse la Segunda República y tener que partir para el exilio.

Igualmente ha de destacarse la existencia en dicha sala –como preámbulo de la que le sigue- de una completa representación de las armas cortas y largas de fuego que han sido reglamentarias en la Armada así como de otras que sin serlo, pertenecieron a algunos de sus miembros y que por parte de los mismos o de sus herederos, se han donado al Museo.

Así entre las primeras podemos disfrutar de las pistolas Astra de 9 mm. largo, fabricadas especialmente para la Marina y fácilmente identificables por su botón de retenida del cargador situado en la base de su alojamiento, al igual que el conocido modelo 300 de 9 mm. corto, que también usaron sus oficiales; los diferentes modelos de pistolas Star de 9 mm. largo y parabellum; la pistola de señales MK-5; los sucesivos modelos de subfusiles Star de 9 mm. largo y parabellum; los distintos fusiles y mosquetones máuser de 7, 7’92 y 7’62 mm. así los fusiles de asalto CETME de 7’62 y 5’56 mm., sin olvidar un fusil lanzacabos.

Y entre las segundas hay desde una variada mezcolanza de pistolas españolas de 9 mm. corto, incluida una JO.LO.AR, hasta pistolas Colt modelo 1911, para terminar con un rifle tipo Winchester modelo 1892.

Sin casi solución de continuidad se pasa a la propiamente llamada “Sala de Armas” donde se expone una variadísima colección de armamento y municiones, tanto portátiles –blancas y de fuego- como de apoyo, correspondientes a muy diferentes épocas. Las pesadas, representadas por la artillería naval, lógicamente no pueden estar presentes, pero si se pueden apreciar una serie de fotografías de las más representativas.

Sin perjuicio de la existencia de un avión-blanco “Chukar II” usado en el desaparecido Polígono de Tiro Naval “Janer” para realizar prácticas de tiro naval, puede afirmarse que hay prácticamente de todo, incluido un cañón sin retroceso M-20 de 75 mm.

Así, se puede contemplar, junto a una representación de cascos nacionales y extranjeros, una buena exposición de armas blancas entre las que hay bayonetas, espadas y sables reglamentarios, sables y hachas de abordaje, más una serie de cuchillos y machetes procedentes de nuestra etapa colonial en Cuba y Filipinas, usados tanto por nuestras tropas como por los nativos.

Respecto a las armas de fuego, además de las municiones, su variedad es mucho mayor y abarca desde el lanzagranadas M-79 de 40 mm. hasta una tercerola Remington modelo 1871 de 11 mm., pasando por numerosos tipos de fusiles, fusiles de asalto, subfusiles, ametralladoras y morteros, tanto de procedencia española como extranjera, procedente buena parte de ellos, en calidad de depósito, de la Asociación de Amigos de Museos de a Marina.

Seguidamente se pasa a la sala dedicada a la cronología naval, donde queda reflejado en un gran cuadro, junto a diversas maquetas de cañones navales, las principales vicisitudes de nuestra Armada desde sus orígenes más remotos hasta la actualidad, exponiéndose entre otras cosas, diversas cartas náuticas y cuadros.
A continuación se encuentra la sala dedicada al Arma Submarina, cuyos orígenes se remontan a 1915 y cuyos pioneros fueron Narciso Monturiol Estarriol e Isaac Peral y Caballero, exponiéndose imágenes de los mismos y de sus ingenios, además de otros objetos de interés museístico, como por ejemplo diversas cartas naúticas del siglo XIX, unos torpedos ligeros norteamericanos modelos MK-43 y MK-44, utilizados hace varias décadas por buques de escolta de superficie y aeronaves, así como un giroscopio de torpedo, modelo G-7A.
Mención especial, merecen los objetos correspondientes al submarino alemán U-617, consistentes en su bandera nacional así como diversas condecoraciones e insignias germanas. Dicha nave fue hundida por su tripulación en aguas de Melilla el 12 de septiembre de 1943, tras ser gravemente alcanzado por aviones procedentes de la colonia británica de Gibraltar. La tripulación fue rescatada por las autoridades españolas y trasladada hasta el arsenal naval de “La Carraca”, donde permaneció confinada hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial a excepción de su comandante, el mítico Albretch Brandi que “se escapó” a Alemania para continuar la guerra.
La siguiente sala está dedicada al Arma Aérea de la Armada española, cuyos orígenes, la Aeronáutica Naval, se remontan al año 1917, pudiéndose contemplar numerosos efectos, fotografías, materiales, maquetas y objetos ilustrativos de su historia.
Respecto a la sala referida a la navegación con vela se exponen diversos modelos y maquetas de buques de muy variada condición y época, así como otros objetos de valor artístico relacionados con esta faceta naval.
Finalmente se llega a la Sala dedicada principalmente a la Marina de Guerra del siglo XX, donde se exponen numerosas maquetas de buques españoles y extranjeros así como banderines, cuadros, fotografías, metopas y retratos. Entre todo ello destaca, por su valor histórico y dimensiones (casi 60 m2), la bandera de combate del acorazado “Carlos V”, la cual está confeccionada con hilo de seda y bordada en hilos de oro y plata, habiéndose empleado también piedras semipreciosas y piezas de terciopelo recamado.
También merece mención especial la parte dedicada al crucero “Baleares”, perteneciente al llamado bando nacional durante nuestra trágica Guerra Civil y que resultó hundido después de varias horas de agonía, en la madrugada del 6 de marzo de 1938, tras ser alcanzado por dos torpedos republicanos. Más de setecientos miembros de su dotación resultaron muertos, pudiéndose rescatar a otros cuatrocientos supervivientes, muchos de ellos heridos.
Entre los objetos relacionados con dicho buque de guerra, se encuentran su bandera de combate ya que no se encontraba a bordo en el momento de su hundimiento, dado que se le estaba cambiando el bordado de la corona mural del escudo republicano así como una serie de placas dedicadas a unos jovencísimos flechas navales y a un marino alemán que estaban embarcados en tan fatídica singladura.
Aunque siempre la mejor recomendación que se puede dar al lector es que visite personalmente el Museo Naval de San Fernando (sábados y domingos de 10:30 a 13:30h. y grupos concertados de martes a viernes de 10:00 a 12:00h.), que bien seguro no le defraudará, puede encontrar más información en la página oficial www.armada.mde.es y en la particular museonavalsf.iespana.es.

Nota: Se agradece las facilidades dadas por su director el C.N, Tomás Mendizábal Barreiro-Meiro, así como por la colaboración prestada por su antiguo director, el C.N. Julio del Cuvillo Díaz-Alersi.

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