Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en "EUROPA SUR" el 22 de junio de 2026, pág. 14.
El original está ilustrado con una fotografía en blanco y negro.
Por real orden del Ministerio de la Guerra, de 12 de febrero de 1858, suscrita por su titular, el capitán general Fermín de Ezpeleta Enrile, hermano de la madre del II Duque de Ahumada, teniente general Francisco Javier Girón Ezpeleta, “Inspector general del Cuerpo de Guardias civiles”, reproducida en “El Mentor del Guardia Civil” núm. 123, de 24 de febrero de 1858, se dispuso el aumento de la plantilla de la Benemérita en 500 hombres más.
Tal y como se detalló en un capítulo anterior, al citar el “Escalafón General de Antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1857”, del Cuerpo de la Guardia Civil, que había sido impreso excepcionalmente en la “Imprenta del Colegio de Sordo-Mudos y Ciegos”, se expuso que la fuerza de tropa (sargentos 1º y 2º, cabos 1º y 2º, así como guardias 1º y 2º), estaba fijada entonces en 10.000 efectivos, de los que 8.600 eran de Infantería y 1.400 de Caballería.
El II Duque de Ahumada había realizado por escrito, el 1º de octubre de 1857, ante el ministro de la Guerra, entonces el capitán general Francisco de Paula Figueras Caminals, la correspondiente propuesta de aumento de personal de la Benemérita. Era un hecho incuestionable que, dada la probada eficacia de dicho Instituto, era más necesario aumentar su plantilla y potenciar su despliegue territorial. Transcurridos casi cuatro meses y medio, la reina Isabel II, “se ha dignado aprobar la distribución que se hace por armas a los tercios del Cuerpo”
No obstante, además del personal que causaba baja en el Cuerpo, por fallecimiento o lesiones, en acto de servicio o fuera de él; por cumplimiento de la edad máxima prevista para prestar servicio o baja voluntaria a petición propia; así como por sanción gubernativa o penal; es importante significar que, si bien se aprobaban en diferentes fechas, las correspondientes plantillas con sus consiguientes aumentos de personal, otra cosa era el número real y verdadero de efectivos que, dado el criterio riguroso y selectivo de ingreso de nuevos guardias civiles, por una parte, mientras que por otra, era la asignación o disponibilidad presupuestaria para cada ejercicio. Todo ello conllevaba que el número total de efectivos legalmente aprobado, siempre era superior al que efectivamente prestaba servicio.
Esto realmente no era sorpresa alguna, pues desde que se estableció la primera plantilla presupuestaria de la Benemérita, nunca se había visto cubierta en un primer tiempo, tardándose en ocasiones, incluso mucho, en completarse la totalidad de las vacantes existentes. Ello era debido, principalmente, a que se consideraba esencial garantizar la calidad humana y profesional del personal seleccionado para su ingreso y permanencia en el Cuerpo, antes que el mero relleno de la mentada plantilla con efectivos no competentes.
Es decir, en la Guardia Civil prevaleció desde su fundación el concepto de la calidad de sus componentes sobre el de la cantidad de efectivos, contribuyendo a ello que su naturaleza fuera militar, estando sujetos al estricto código de justicia castrense, al igual que había sucedido anteriormente con el Cuerpo de Carabineros.
Conforme al “Escalafón General de Antigüedad de los Señores Jefes y Oficiales en 1º de enero de 1858”, encuadrado en el Tercer Tercio (Sevilla), que comprendía las provincias de Cádiz, Córdoba, Huelva y Sevilla, mandado por el coronel de la Guardia Civil, y de Caballería del Ejército, José Fernández de Terán Blengo, se encontraba al frente de la Benemérita gaditana, el primer capitán de la Guardia Civil Pedro Anca Monjón. Éste, que había relevado al 2º comandante Benito Artalejo Garrido que tenía el grado de coronel de Infantería del Ejército y había estado hasta el año anterior al frente de la misma, ostentaba el empleo de primer comandante de Infantería del Ejército, así como el grado de teniente coronel de la misma, habiéndose encontrado el año anterior al frente del benemérito Instituto en la provincia de Sevilla.
De segundo capitán de la Guardia Civil, como jefe de la línea de Jerez de la Frontera, se encontraba Julián Cantero Ortega, que tenía el grado de comandante de Infantería. Como tenientes de la Guardia Civil, jefes de línea, se hallaban: en Medina-Sidonia, el capitán de Infantería del Ejército Antonio Menchaca Mateos; en Vejer de la Frontera, el teniente Ricardo Rada Martínez, que tenía el grado de capitán de Infantería del Ejército; en Grazalema, el teniente de Infantería Eugenio Pablos Martínez; y en Olvera, el teniente Simón de la Torre Abad, que poseía el grado de capitán de Infantería del Ejército. Como subteniente de la Guardia Civil, jefe de línea, estaba en la capital gaditana el subteniente de Infantería del Ejército Jorge Schilling Genovard.
De Caballería de la Benemérita, se encontraban también en la provincia gaditana, al inicio de 1858, dos oficiales, con sus correspondientes secciones, estando sujetos a la disciplina y mando del jefe de la Guardia Civil en aquella. Pero orgánicamente, que no funcionalmente en este caso concreto, ambos, y la fuerza a sus órdenes, estaban encuadrados en el Primer Escuadrón del Tercer Tercio (Sevilla), cuya cabecera estaba en la localidad sevillana de Utrera.
Se trataban del teniente Antonio Galán García, jefe de la Sección de Villamartín, que ostentaba el grado de capitán, y había relevado en 1857 al alférez Francisco Alcocer Gómez, que había ascendido a teniente y destinado a Pampliega (Burgos); así como del alférez Dionisio Menéndez Suarez, jefe de la Sección de San Roque, que había ingresado en la Guardia Civil, en 1856, procedente del Batallón de Cazadores de la Albuera. Ha de significarse que dicha unidad militar española se había denominado así, en memoria de la célebre batalla acontecida contra los franceses, con ayuda británica, el 16 de mayo de 1811 en La Albuera (Badajoz), durante la Guerra de la Independencia.
Hay que destacar que este último oficial había ocupado la vacante que había dejado, tras más de una década de servicio en la Benemérita del Campo de Gibraltar, el ya segundo capitán Juan Morillas Casas, destinado el año anterior a dicho escuadrón en Utrera.
Respecto al “Escalafón” de 1858 había sido editado en la “Imprenta de José Vallejo”, sita en la madrileña calle de la Flor Baja, núm. 26, cuarto principal. Aunque al frente de la Benemérita continuaba el II Duque de Ahumada, y en esa fecha no se podía predecir su relevo, como así sucedió antes de finalizar el año, llama poderosamente la atención la primicia de su contenido, nunca antes relatado con tanta claridad, contundencia y detalle.
(Continuará).
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.