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miércoles, 22 de enero de 2014

LA GUARDIA CIVIL EN LA EXPLOSION DE 1947


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 6 de septiembre de 1998, págs. 12-13.
El original está ilustrado con tres fotografías en blanco y negro.

En la noche del 18 de agosto de 1947 la ciudad de Cádiz se vio violentamente sacudida por una impresionante explosión acontecida en el depósito de minas de la Base de Defensas Submarinas de la Marina de Guerra. Su balance no pudo ser más desolador: cerca de 200 muertos, casi 5.000 heridos de diversa consideración y una parte de la ciudad destruida por completo. Fue la mayor catástrofe de la posguerra. La Guardia Civil gaditana hizo honor en aquella fatídica noche y en los tristes días que le sucedieron a su sobrenombre de "Benemérita".

Introducción.

El 18 de agosto de 1947, hace ya 51 años, la Guardia Civil gaditana estaba entregada a la persecución del bandolerismo que desde el final de la guerra civil venia azotando su sierra.

Su Teniente Coronel, ROGER OLIETE NAVARRO, Primer Jefe de la entonces denominada 237ª Comandancia se encontraba por tal motivo, concentrado en la localidad de Medina Sidonia desde el día 4 de enero de 1946.

El Teniente General CAMILO ALONSO VEGA, Director General de la Guardia Civil había ordenado en un radiograma de fecha 20 de diciembre de 1945, confirmado por escrito número 1.678 del día siguiente, que dicho Jefe trasladase su Puesto de Mando con carácter permanente a esa población.

La razón de ello era dirigir desde un punto más avanzado que el acuartelamiento capitalino enclavado entonces en la calle Zaragoza, las acciones contra las partidas de bandoleros.

A partir de ese día dirigiría desde allí la Comandancia gaditana, dejando inicialmente al Comandante 2ª Jefe de la misma, FRANCISCO MARTINEZ ROSELLO, encargado del despacho de la correspondencia oficial.

En este último cometido se irían sucediendo el también Comandante JULIO SALOM SANCHEZ y muy especialmente el de igual empleo y 2ª Jefe en aquella noche trágica, JOSE ARIAS GARIN.

El Teniente Coronel OLIETE era un militar de reconocido prestigio y valor reiteradamente acreditado desde que el 18 de septiembre de 1925, con sólo 22 años, tomara parte activa como Alférez de Infantería en el desembarco de Alhucemas al mando de su Sección.

El Director General de la Benemérita sabía muy bien a quien había enviado para dirigir a la Guardia Civil gaditana. Su presencia al frente de la misma desde el 12 de agosto de 1945 hasta el 25 de agosto de 1952 fue determinante para la erradicación del bandolerismo en nuestra sierra.

Un detallado informe elevado a sus superiores el 25 de marzo de 1952 constituyó con el paso del tiempo la pieza fundamental para reconstruir esa parte de la historia de la provincia de Cádiz.


La Guardia Civil gaditana en agosto de 1947.


La 237ª Comandancia se encontraba encuadrada entones en el 37º Tercio de la Guardia Civil con residencia en Málaga.

Su Coronel, ANDRES GARCIA GARCIA, había estado en Cádiz tan sólo cinco días antes de la Explosión. El 13 de agosto de 1947 había revistado la Comandancia en ordinaria y sin novedad.

Contaba en aquella época con 10 Compañías cuyas cabeceras estaban en las poblaciones de Cádiz, San Fernando, Chiclana de la Frontera , El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Jerez de la Frontera, Villamartín, Olvera, Ubrique y Puerto de Cádiz.

A la vista de los datos estadísticos de la época en cuanto a actuaciones de tipo policial se refiere, reflejan que aquel mes de agosto no sufrieron apenas variación respecto a los del resto de 1947.

El resumen de los servicios prestados por la 237ª Comandancia durante el mes de agosto arrojaba el siguiente resultado: 66 detenidos por diferentes delitos, 6 requisitoriados capturados, 23 detenidos por pastoreo abusivo, 16 detenidos por daños a los montes y los frutos, 109 denuncias por infracciones a las legislaciones de caza, tasas, carreteras y carruajes entre otras, 4 escopetas y un cuchillo intervenidos, 33 conducciones de presos, 4 denuncias por daños en los montes y roturaciones, 131 denuncias por ganado pastando sin autorización y 20 actas levantadas por infracciones de contrabando, capturándose a 27 reos con un total de 279 kilogramos de tabaco, 60 de plantas de tabaco, 3 de azúcar y 84 de café aprehendidos.

Respecto a la lucha contra el bandolerismo el mes de agosto fue un mes muy tranquilo en la provincia.

Asesinatos, atracos, robos, secuestros y extorsiones se habían ido produciendo durante las primeros siete meses del año en poblaciones como Alcalá de los Gazules, Alcalá del Valle, Algodonales, La Barca de la Florida, Benaocaz, Bornos, Grazalema, Jerez de la Frontera, Medina Sidonia, Olvera, San José del Valle, Tarifa, y muy especialmente Ubrique.

Ello había motivado diversos enfrentamientos armados con las fuerzas de la Guardia Civil con el resultado de siete bandoleros muertos y cerca de medio centenar, incluidos encubridores y enlaces, detenidos.

En el mes de agosto se detectó tan sólo un intento de extorsión contra un vecino de Jerez de la Frontera al que se le exigía el pago de 5.000 pesetas de las de entonces, siendo detenida la persona que fue a recoger el dinero y que resultó tratarse de un menor de edad.

La noche del 18 de agosto de 1947.


Aquella trágica noche, perfectamente relatada y documentada por el periodista de este Diario, JOSE ANTONIO HIDALGO VIAÑA en su libro "CADIZ 1947. LA EXPLOSION", la Guardia Civil al igual que el resto de las fuerzas civiles y militares de la ciudad y de la provincia se lanzaron en auxilio y protección de las víctimas.

El artículo 6º de la Cartilla del Guardia Civil que data de 1845 dice: "Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido".

Tan benemérito espíritu quedó sobradamente acreditado esa noche de agosto. Ls fríos pero rigurosos datos de la documentación interna del Cuerpo relativos a la época así lo demuestran.

La Guardia Civil gaditana realizó en la noche del 18 de agosto y su mañana siguiente un total de 523 servicios humanitarios.

Dado que para contabilizarse como tal servicio debían tratarse expresamente de un auxilio prestado a heridos, por incendios, inundaciones y otros conceptos de salvamento, la normativa del Instituto exigía al objeto de evitar cualquier intento de inflación numérica que cada hecho estuviera contrastado con datos detallados del lugar, día, hora e identidades de la fuerza interviniente y de las víctimas.

Prueba de la seriedad y rigurosidad de esos datos es que en los otros 11 meses del año 1947 tan sólo constan prestados por la 237ª Comandancia 5 servicios humanitarios (uno en cada uno de los meses de febrero, marzo y abril y dos en el de noviembre). En el resto de España aquel mes de agosto sólo se practicaron 61 servicios humanitarios.

Debido precisamente al elevado número de auxilios que se prestaron con motivo de la explosión de la Base de Defensas Submarinas, no fue posible incluirlos en el resumen nacional relativo al mes de agosto firmado por el Director General de la Guardia Civil el 4 de septiembre de 1947. Tuvieron que ser incluidos en el resumen que firmó el día 14 del mes siguiente.

Aquella noche del día 18 de agosto parecía que iba a ser tranquila como había venido sucediendo con las del resto del mes cuando de repente el cielo estrellado se volvió rojo.
El Teniente Coronel OLIETE se encontraba todavía en Cádiz y no había vuelto a incorporarse a su Puesto de Mando avanzado en Medina Sidonia. Había estado acompañando al Coronel GARCIA en su revista de inspección a la Comandancia y se encontraba realizando los preparativos de su boda.

El 18 de junio le había sido concedida por el Ministro del Ejército la licencia oportuna para contraer matrimonio con ISABEL SANCHEZ DE ALBA MERENCIO, perteneciente a una conocida familia de la provincia y quien junto a su tío JOSE MERENCIO TROYA sería secuestrada casi dos años después durante unas horas por los bandoleros. Estos ignoraban que se trataba de la esposa de su peor enemigo y sólo se preocuparon afortunadamente de extorsionar a su pariente.

Al estremecerse la ciudad entera por la Explosión, el Teniente Coronel OLIETE reaccionó inmediatamente y al igual que hicieran el resto de los responsables civiles y militares, empezó a organizar la labor de sus hombres.

Las Casas-Cuarteles así como otras dependencias oficiales de la Benemérita en Cádiz y poblaciones cercanas fueron también gravemente afectadas por la onda explosiva.

En un minucioso informe suscrito el 10 de septiembre de 1947 por el Teniente Coronel OLIETE y dirigido a la Jefatura de Acuartelamiento y Obras de la Dirección General del Cuerpo, se relacionan los daños sufridos en 14 de ellos que eran propiedad del Instituto.

Los ocasionados en el resto de las dependencias de la Guardia Civil, propiedad de los ayuntamientos o de particulares, irían en relación aparte.

En el primer informe citado se detallan exhaustivamente los desperfectos registrados en los pertenecientes a la 1ª Compañía de Cádiz (Puesto de El Chato y Caseta del Blanco), a la 2ª Compañía de San Fernando (Puesto de Chupones), a la 4ª Compañía de El Puerto de Santa María (Casa-Cuartel sita en el paseo de la Victoria, Puestos de Fuerte Ciudad, La Bermeja, La Puntilla, La Almadraba y La Gallina), a la 5ª Compañía de Sanlúcar de Barrameda (Puesto de Bonanza) así como el acuartelamiento de la Plana Mayor de la 10ª Compañía del Puerto de Cádiz y el Cuartelillo del Astillero que quedó completamente destruido.

Todos los Guardias Civiles como todo Cádiz, se echaron a la calle siéndoles asignadas diferentes misiones. En unos casos contribuyeron al rescate directo de víctimas bajo los escombros y evacuación de los heridos mientras que en otros establecieron cordones de seguridad alrededor de las zonas siniestradas al objeto de evitar los actos de pillaje.
También se establecieron patrullas por las playas en donde se refugió gran parte de la población y a la entrada de la ciudad para controlar y facilitar el continuo movimiento de vehículos con heridos, refuerzos y material de ayuda.

Los periódicos de aquellos días recogen en sus crónicas la participación de la Guardia Civil junto al resto de las fuerzas vivas.

Así se podían leer en el "DIARIO DE CADIZ", "EL CORREO ANDALUZ", "PUEBLO", "ARRIBA", "ABC", "INFORMACIONES", "DIARIO DE MENORCA" y un largo etcétera gracias a los corresponsales de las agencias de noticias MENCHETA y CIFRA, frases como las siguientes.

"Un verdadero hormiguero de fuerzas del Ejército, de la Marina, Guardia Civil, Policía Armada, Cruz Roja y paisanos trabajan denodadamente en el salvamento de los siniestrados"; "Cooperaron en los trabajos de extinción y salvamento de las víctimas, fuerzas del Ejército y la Guardia Civil"; "Rápidamente actuaron las autoridades. El Ejército y la Guardia Civil se pusieron en movimiento", etc.

Respecto al acordonamiento que se hizo de la zona es sumamente significativo las crónicas publicadas en el diario "ABC" el 21 de agosto de 1947: "Hemos querido de nuevo visitar el foco de la catástrofe. Toda la zona que empieza en Bahía Blanca y llega a la Plaza de Toros está tomada por la Guardia Civil y la Marina. Está el acceso rigurosamente prohibido".

Pero tal vez el más ilustrativo de todos los relatos que mejor demuestran el esfuerzo y sacrificio de aquellos Guardias Civiles lo hace el periodista MARTIN ABIZANDA en su crónica publicada el 21 de agosto en el número extraordinario de "SEMANA".

"He charlado con un Guardia Civil que permanece en pie semiapoyado en su fusil. Noto como el cansancio y el sueño luchan contra él. Pero insisto, es verdad que en el hombre Dios infiltra, cuando su divino designio lo considera necesario, una secreta fuerza que le permite sostenerse".

Guardias Civiles de los Puestos próximos fueron concentrados en la ciudad para colaborar en las tareas de rescate y seguridad así como en la vigilancia de las carreteras de acceso.

El Teniente Coronel OLIETE autorizó que entre aquellos estuvieran los destinados en otras poblaciones de la provincia y que tuvieran familiares entre los damnificados al objeto de poder estar más cerca de ellos.

Hoy, 51 años después, aquellos 523 servicios humanitarios nos recuerdan que la Guardia Civil haciendo honor al sobrenombre de "Benemérita" que le puso el pueblo llano supo ser una vez más "un pronóstico feliz para el afligido".

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