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domingo, 26 de enero de 2014

LA CASA-CUARTEL DE LA GUARDIA CIVIL DE SAN SEVERIANO: 40 AÑOS EN CADIZ (1958-1998).

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el "DIARIO DE CADIZ" del 9 de diciembre de 1998, pág. 14.
El original está ilustrado con dos fotografías en blanco y negro.

Introducción.


El pasado día 6 de mayo Santiago López Valdivielso, Director General de la Guardia Civil, anunciaba con motivo de su visita oficial a la Comandancia de Cádiz el próximo inicio de las obras de un nuevo acuartelamiento en los terrenos ociosos de Astilleros.

Se trataba del principio del fin de la historia de la Casa-Cuartel que el benemérito Instituto viene ocupando desde hace 40 años en el barrio de San Severiano y desde donde se viene dirigiendo al millar de guardias civiles desplegados por gran parte de la provincia de Cádiz.

El mal estado del acuartelamiento actual y lo obsoleto de sus instalaciones han provocado por fin la necesidad de construir un edificio moderno y funcional que permita digna y eficazmente la dirección, organización e impulso de los servicios de la benemérita gaditana en los principios del siglo XXI.


Las Casas-Cuarteles anteriores.


La cabecera de la Comandancia había estado ubicada desde el siglo pasado en la plaza de Mina, pasando posteriormente a un edificio situado en la calle Barrocal y posteriormente a otro ubicado en la calle Zaragoza.

Este último inmueble, todavía existente, se iría quedando pequeño para albergar la estructura de mando, organización y servicios de apoyo de una Comandancia que había visto multiplicar en la posguerra civil sus efectivos como consecuencia de la persecución del bandolerismo rural y la absorción de las fuerzas de Carabineros.

Los terribles efectos devastadores de la explosión del almacén de la base de defensas submarinas en la noche del 18 de agosto de 1947, modificaría sustancial y definitivamente la ordenación urbana de extramuros.

El barrio de San Severiano sería uno de los más afectados y la Dirección General de Regiones Devastadas presentaría un plan de reconstrucción de la zona aunque sólo se llevaría a cabo la primera fase del proyecto.

Dentro de la política gubernativa de construcción de edificios oficiales en extramuros y lugares afectados por la Explosión se decidió el levantamiento de la nueva Comandancia. Pero como ocurrió con la mayor parte de los proyectos de la época habría que esperar casi diez años más para que comenzara a ser una realidad.


La inauguración de San Severiano.


El acto oficial de la entrega de la nueva Casa-Cuartel tendría lugar a las siete horas y treinta minutos de la tarde del 31 de julio de 1958 siendo presidido por Antonio Luis Soler Bans, gobernador civil de Cádiz y jefe provincial del Movimiento. Como autoridades civiles le acompañaban entre otros Remigio Sánchez del Alamo Núñez, delegado provincial de la Vivienda y Antonio Hernández Rubio, arquitecto jefe de la Dirección General de Arquitectura de Regiones Devastadas.

Por parte de la Guardia Civil estuvieron presentes Buenaventura Cano del Portal, coronel del 37 Tercio que se había desplazado expresamente desde su jefatura de Málaga y José Vivancos Crespo, teniente coronel primer jefe de la 237 Comandancia de Cádiz. Ambos estaban acompañados respectivamente por los comandantes José Fernández Muñoz y Juan Antonio Fajardo Quero.

Tras pasar revista a la fuerza formada se procedió a la bendición del acuartelamiento por parte de Camilo García Valenzuela, cura párroco de San José quien estuvo acompañado de Vicente Morillo Morillo, comandante capellán del Centro de Instrucción de la Guardia Civil en Madrid.

A continuación se procedió a un recorrido por todas las dependencias y al acto protocolario de entrega de las cincuenta y cuatro viviendas a los oficiales, suboficiales y guardias civiles adjudicatarios.


El "Diario de Cádiz".


Nuestro periódico que entonces costaba 1 peseta y 20 céntimos destacaba esta noticia en la portada de su número correspondiente al 1 de agosto de 1958 y publicaba junto a un extenso texto sendas fotografías al respecto.

Las obras habían sido ejecutadas por la Dirección General de Arquitectura de Regiones Devastadas alcanzando un coste total de catorce millones treinta y ocho mil setecientas ochenta y cinco pesetas con sesenta y siete céntimos.

En la crónica se relataba que con dicho acto habían quedado terminadas las inauguraciones realizadas con motivo del XXII aniversario del Alzamiento Nacional y que se habían iniciado el 15 de junio en Ubrique. 

Como resumen de la labor realizada se mencionaba la entrega de 1.479 viviendas y otras obras en la provincia que habían supuesto un importe global de 223 millones y medio de pesetas.


Los primeros inquilinos.


Las 54 viviendas de la Casa-Cuartel no se ocuparían hasta el otoño, adjudicándose 12 para jefes y oficiales, 6 para suboficiales y 36 para tropa.

Sus primeros moradores juntos a sus familias serían:
  • El teniente coronel José Vivancos Crespo (jefe de la Comandancia); el comandante Juan Antonio Fajardo Quero (2º jefe); los capitanes Juan Heredia Fernández (ayudante), Antonio Gaona Pacheco (jefe de la compañía de Cádiz) y Carlos Pérez Ardisana (jefe de la compañía del muelle de Cádiz); los tenientes Domingo Fernández Pérez (jefe de la línea de la Alameda), Amante Carrillo Ledesma (jefe de la línea del muelle), Eduardo Tomás Aguilar (jefe de la línea de la Muralla) y Gerardo Jiménez Zaballos (jefe línea de la 2ª Aguada), así como el practicante de 1ª Francisco Peña Sánchez.
  • Los brigadas Vicente Yuste Martínez (comandante del puesto de Cádiz), José Calleja Lozano (encargado de automovilismo) y Silverio García Erro (comandante del puesto de la estación), así como los sargentos José Pérez Sánchez (comandante del puesto de la Alameda), Manuel Valencia Espiritusanto (encargado de la oficina de la plana mayor de la Comandancia) y Amador García Rico (servicio de información).
  •  Los cabos 1º Alejandro Cuadrado Antolín, Arturo Recuero García, Justo Insaurriaga Sanemeterio y Gumersindo Expósito Luna; el cabo Juan Salas García; los guardias de 1ª clase Ramón Rodríguez García, José González Iglesias, Antonio Jiménez Torres y José Bernabé Alfaro, así como los guardias 2º Andrés Montiel Ortega, Antonio Requena Chacón, José Navarro Prieto, Antonio Santiago Díaz, Antonio Fernández López, Antonio Pérez Muñoz, Manuel Puyol Orellana, Miguel Román Navas, Manuel Ojeda Rodríguez, Pedro Ayuso de Diego, Antonio Sierra Gómez, Lorenzo Escat Bonilla, Francisco López Crespillo, José Hernández Borrego, Antonio Oliva Malia, Francisco Gómez Sánchez, José Alcalde Forcada, Vicente Real Paulino, Bartolomé Dávila González, Cristóbal Rodríguez Muñoz, Antonio Casablanca Ramos, Luis Ruiz Ruiz, Francisco Alvarez Palacios, Evaristo Viudas Hernández y Rafael Matito Cano.

Nacimientos y defunciones.


Al igual que ocurría entonces en la mayor parte del resto de las familias de la ciudad, las mujeres daban a luz en las propias viviendas. La Casa-Cuartel no sería diferente.

Así bien pronto se celebrarían los primeros nacimientos. El 12 de febrero de 1959 nació el primer niño, hijo del guardia 2º Navarro y al que se bautizaría con el nombre de Antonio. Tan sólo diez días después nacería la primera niña, hija del guardia 2º Ruiz y a la que bautizarían con el nombre de María Isabel.

El 20 de marzo nacerían los primeros mellizos, hijos del guardia 2º Puyol y a los que se les impondrían los nombres de Cristóbal y Diego. Ocho días después nacía una hija del Sargento Pérez a la que pondrían el nombre de Gloria. El 24 de abril nacería una hija del Guardia 2º Viudas a la que llamarían María Teresa.

Y así como un largo etcétera pues los guardias civiles han dado en estos cuarenta años numerosos gaditanos y gaditanas.

Desgraciadamente como en todo colectivo familiar también habría que lamentar defunciones. El primero y a la vez más emotivo sería una niña llamada Rosa María, hija del Comandante Fajardo que fallecería el 22 de enero de 1959.


Los primeros equipamientos.


Además de las viviendas la Casa-Cuartel disponía de despachos y oficinas para la jefatura de la Comandancia, automovilismo, servicio de información, juzgado, botiquín, compañías de la capital y del muelle, cinco líneas de la capital, armamento, intervención de armas, comandante de puesto, sala de oficiales y suboficiales, depósito de víveres, almacén de vestuario, cocina-comedor, zapatería, barbería, bar, garaje, talleres y un pequeño polvorín.

Con la austeridad que tradicionalmente ha imperado en los presupuestos de la Guardia Civil se iría adquiriendo un frigorífico para el depósito de víveres; una cafetera de la marca Gaggia para el bar; los útiles y muebles necesarios para dotar a la barbería así como unos muebles metálicos para los despachos del teniente coronel y del comandante. También se procedería a la colocación de contadores de agua en todos los pabellones y dependencias oficiales.


Cuarenta años después.


Han pasado ya cuatro décadas y desde entonces han sido muchos centenares de familias las que han ido viviendo en esos pabellones así como en los que se construirían en los años 60 y 70 en dos nuevas fases.

Irían naciendo bastantes más centenares de gaditanos y gaditanas, primero entre sus muros y después en los hospitales de Cádiz. Ellos y ellas crecerían y siguen creciendo en nuestra ciudad formando con el paso del tiempo matrimonios y nuevas familias.

La mayoría de los guardias civiles, cualquiera que fuera su graduación al pasar a la situación de reserva o retiro continuarían y continúan viviendo en Cádiz. La plantilla de la Comandancia seguiría creciendo como consecuencia de sucesivas reorganizaciones y la llegada de nuevas especialidades como la Agrupación de Tráfico en 1961.

Ello iría provocando cada vez más que al no existir pabellones suficientes se fueran diseminando por todo el callejero. Los guardias civiles y sus familiares han ido fundiéndose tanto en la ciudad que la realidad es que hoy, cuarenta años después, es difícil encontrar a un gaditano que no conozca aunque sea sólo de vista a algún componente del benemérito Instituto o de su familia.

Por último no quiero terminar estas líneas que cuentan una pequeña parte de la historia de nuestra ciudad sin agradecer la importante colaboración que han prestado Juan Torres García, trabajador del "Diario de Cádiz" y Domiciano Díaz Fernández, subteniente de la Guardia Civil.

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