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domingo, 2 de marzo de 2014

EL BILAUREADO GENERAL VARELA (1891-1951). DE SOLDADO A CAPITÁN GENERAL.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en dos partes, en los nº 235 y 236 correspondientes a los meses de diciembre de 2001 y enero de 2002, de la Revista "ARMAS", págs. 60-68 en ambos ejemplares. 
Los originales están ilustrados por treinta y dos fotografías en color y once en blanco y negro.

Pocas veces la Historia se nutre de personajes tan singulares como lo fue José Varela. Su valor y arrojo en combate  forjaron una admirable carrera (desde Soldado a Capitán General) cuajada de hechos heroicos a lo largo de años, como nunca se ha conocido en nuestros Ejércitos al referirse a un único militar. Por nuestra Historia, por su merecida importancia y en su recuerdo, es de justicia que sepamos más sobre quien llegó a lucir por duplicado, y en vida, la máxima de nuestras condecoraciones al valor.

Introducción.

La Laureada de San Fernando constituye la primera y más importante recompensa española al valor militar. Según su reglamento se concede para premiar el valor heroico como virtud sublime que, con relevante esfuerzo de la voluntad y de la abnegación induce a acometer extraordinarias acciones militares, con inminente riesgo de la propia vida y siempre en servicio y beneficio de la Patria.

Al Capitán General del Ejército español, José Enrique Varela Iglesias, Marqués de Varela de San Fernando, cuyo 50º aniversario de su fallecimiento se ha cumplido este año, le fue concedida tan alta condecoración, en su categoría de Cruz, en dos ocasiones.

Infante de Marina y Teniente del Ejército.

José Enrique Varela Iglesias nació en la gaditana ciudad de San Fernando el 17 de abril de 1891 y ya desde niño su mayor aspiración fue ser oficial de Infantería. Sin embargo los modestos recursos económicos familiares no le permitieron ingresar directamente en la Academia de Toledo. Su padre, Juan Varela Pérez, era el sargento jefe de la banda de cornetas del 1º Regimiento de Infantería de Marina, de guarnición en dicha ciudad.

Por tal motivo tras cursar brillantemente el bachillerato, ingresó a los 18 años de edad, el 2 de junio de 1909, como educando de corneta en el regimiento donde servía su padre, siendo encuadrado en la 2ª compañía del 1º batallón.

Poco más de tres meses después, el 14 de septiembre, causó baja en la misma unidad como educando y alta como soldado de Infantería de Marina permaneciendo en la misma compañía hasta que el 1 de enero de 1910 ascendió al empleo de cabo por elección.

Por real orden de 28 de julio de 1911 fue ascendido a sargento, también por elección, siendo este un ansiado objetivo del futuro bilaureado general ya que de esta forma podía acogerse a los beneficios y facilidades que se daban a estos para ingresar en las academias así como, lo más importante, poder contar con la paga de dicho empleo paras costearse en parte sus estudios militares.

El 1 de septiembre de 1912, tras superar la dura oposición, consiguió ingresar en el Alcázar toledano como Cadete en la XIX Promoción de la Academia de Infantería. Dicha Promoción contabilizaría 30 años después, como consecuencia de las Campañas de Marruecos y la Guerra Civil, un total de 285 muertos de los 472 oficiales que la formaban.

El 24 de junio de 1915, tras tres años de estudios, obtuvo el anhelado despacho de Segundo Teniente, que le fue entregado por el propio rey Alfonso XIII, pasando a continuación destinado al cuadro de eventualidades de Melilla. Durante su estancia en la Academia su conducta fue conceptuada de sobresaliente. El 28 de julio se presentó en la plaza africana, incorporándose al Regimiento de Infantería Ceriñola nº 42, de guarnición en Cabrerizas Altas.

Buscando más actividad, solicitó su destino al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 4 de Larache, presentándose en su nueva unidad, 30 compañía del primer Tabor, el 2 de junio de 1916, quedando en el campamento de Regaia prestando servicio de campaña.

El 28 de junio recibió su bautismo de fuego durante la ocupación de Cudia Jamelich en donde comenzó a destacar por su arrojo y valor, buscando desde entonces los puestos de mayor riesgo y fatiga. 

El 30 de diciembre de ese mismo año le fue concedida su primera condecoración: La Cruz de 1ª clase del Mérito Militar con distintivo rojo, "por su distinguido comportamiento y méritos contraídos en los hechos de armas librados, operaciones realizadas y servicios prestados en la zona de Larache".

El 25 de junio de 1917 ascendió al empleo de Primer Teniente, luciendo por lo tanto ya sus dos estrellas de seis puntas, y continuando en el mismo Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 4, con el que prosiguió tomando parte en cuantas operaciones se realizaron.

El 21 de abril de 1919 sufrió la primera de sus seis heridas de guerra en Marruecos cuando durante la toma de Cudia Majzen, en el que se llegó a una cruenta lucha cuerpo a cuerpo tras combatir durante ocho horas seguidas, rescató al frente de su sección el cuerpo de un cabo español y su fusil que estaban siendo llevados por el enemigo. Varela recibió un disparo de fusil que le atravesó el brazo izquierdo, negándose a ser evacuado al hospital.

Las dos Laureadas.

El teniente Varela continuó persiguiendo los puestos de mayor riesgo y fatiga que, bien pronto y de forma inigualable, le hicieron acreedor a las dos Laureadas. Así, el preámbulo de la real orden de 12 de diciembre de 1921, concediéndole la primera de la más preciada condecoración militar española en tiempos de guerra, que normalmente solía concederse a título póstumo, reflejó por si solo el incuestionable valor de su acreedor. Textualmente decía:


"El Teniente Varela al mando de una Sección de 20 hombres atacó la cueva de Ruman (Larache) el 20 de septiembre de 1920. Situada en un recodo del río Lucus, en las inmediaciones de Mexerach, este centro de resistencia del enemigo perfectamente oculto, impedía el paso de la columna operante causándole numerosas bajas. Se intentó por dos veces reducir la resistencia sin conseguirlo; lejos de ello, el enemigo, envalentonado, rechazó las fuerzas que le atacaban cogiéndoles numerosos prisioneros. 



El Teniente Varela se ofreció voluntario para llevar a cabo el tercer intento al frente de una compañía de Regulares que situó convenientemente, excepto 20 hombres que eligió, y después de enardecerlos con su ejemplo se lanzó al interior de la cueva luchando encarnizadamente dentro de la misma cuerpo a cuerpo y al arma blanca con el enemigo, haciéndoles 30 muertos en el interior y poniendo al resto en franca huida. 

Al salir de la cueva, de los 20 hombres sólo quedaban vivos el Teniente Varela y cuatro más. Continuó la operación normalmente, sin más consecuencias graves".


Poco después el teniente Varela acreditaba nuevamente su extraordinario valor y heroísmo con motivo de la ocupación y defensa de la meseta de Abdama acontecida el 12 de mayo de 1921. Aquel día, según constaba en el expediente contradictorio que se instruyó:

"Sostuvo el Teniente Varela combate con el enemigo durante ocho horas, sufriendo sus tropas numerosas bajas, principalmente en el primer ataque y la reacción, de tal modo, que de las dos secciones de que disponía al principio, perdió los 2 oficiales y 33 de tropa, de los 60 que constituía el efectivo, y de la sección que fue en su apoyo, los 2 oficiales que con ella fueron, más 17 de tropa de los 25 que la formaban".

Es decir, de los 87 hombres que componían su compañía fueron baja los 4 oficiales y 50 hombres, manteniéndose en la posición el Teniente Varela al mando del resto de la fuerza sin perder un palmo de terreno aún a pesar de los fortísimos ataques lanzados por el contrario. La real orden del Ministerio de la Guerra de 21 de julio de 1922, le concedió por tan heroica acción la segunda Cruz Laureada de San Fernando.

Ascendido por real orden de 11 de junio de 1921 a Capitán por méritos de guerra, el propio rey Alfonso XIII le impuso las dos Laureadas en Sevilla el 15 de octubre de 1922, tras procederse durante un solemne acto a la entrega de una bandera al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 4 de Larache, donada por el ayuntamiento hispalense. 

Dicha enseña había sido concedida en enero del mismo año, como premio al comportamiento y heroísmo en todos los combates en que tomaron parte las Fuerzas de Regulares, que hasta entonces habían tenido 140 bajas de jefes y oficiales así como más de 1.500 de tropa.

Fruto del entusiasmo popular se fueron sucediendo uno tras otro numerosos homenajes al bilaureado oficial. Alcazarquivir, Córdoba, Jerez de la Frontera, Madrid, San Fernando, San Sebastián, Sevilla y Tetuán, sirvieron de privilegiados escenarios. El Capitán Varela se había convertido en el héroe de España y todo el mundo quería agasajarlo.

Sin embargo todo ello no deslumbró al joven oficial, cuya sencillez fue siempre una de sus mejores virtudes, llegando a declinar cortésmente el Ducado de Rumán y el Marquesado de Addama que le ofreció Alfonso XIII durante los actos de Sevilla. El rey, lejos de ofenderse resaltó semejante muestra de modestia y lo nombró, ya sin derecho a réplica, Gentilhombre de Cámara, ingresándolo además en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Aviador y Comandante de la Harka.

Por real orden de 12 de marzo de 1924, Varela ascendió "por méritos y servicios de campaña en nuestra Zona de Protectorado en Marruecos" a Comandante, con la antiguedad de 31 de julio de 1922. nuevamente por méritos de guerra.

El 3 de diciembre de 1923 se había convocado un curso de observadores de aeroplano y Varela, se presentó en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos superando los exámenes correspondientes y efectuando las numerosas pruebas de vuelo, cesando el 4 de febrero del año siguiente en su destino de Regulares. 

El 1 de abril fue destinado a la Escuela de Tiro y Bombardeo Aéreo de Los Alcázares y tras finalizar sus prácticas en el aeródromo sevillano de Tablada, marchó el 16 de mayo para Melilla al objeto de incorporarse al aeródromo de Tahuima como observador en la escuadrilla Breguet de bombardeo.

Tres días después recibió su bautismo de fuego en el aire durante las operaciones de bombardeo sobre Axdir. Desde entonces y hasta el 6 de octubre participó en numerosas acciones aéreas de bombardeo y apoyo a las fuerzas terrestres españolas que poco a poco iban recobrando el terreno conquistado por el rifeño Abd-el-Krim, tras el "Desastre" de Annual acontecido en el verano de 1921.

Sin embargo la muerte en combate del emir Abdelmelek Ben Abdelkader, jefe de una "Harka" amiga de España, acontecida el 7 de agosto, terminó por motivar que el bilaureado comandante, buscando siempre los puestos de mayor riesgo y fatiga, se hiciera cargo del mando de la misma, pasando desde entonces a ser conocida como la "Harka Varela".

Entre las acciones más heroicas protagonizadas por aquella unidad sobresalió el asalto, en la madrugada del 24 de marzo de 1925, al monte Ifermín protagonizado por Varela al frente de sus harkeños, con la misión de destruir un cañón rebelde que hostigaba a las fuerzas españolas estacionadas en Tafersit. El objetivo se cumplió y el cañón fue destruido con trilita.

La "Harka" tuvo en aquella acción un total de 13 muertos y 21 heridos, entre ellos el propio Varela que resultó alcanzado en el vientre por un disparo de fusil enemigo. Los rifeños rebeldes dejaron a su vez en el terreno 27 muertos y 30 heridos.

El 5 de abril de ese mismo año, en el campamento de Tafersit, el Comandante Varela como recompensa por tal hecho de armas fue condecorado personalmente con la Medalla Militar individual por el Presidente del Gobierno, el Teniente General Miguel Primo de Rivera Orbaneja. 

La Medalla Militar, es la condecoración militar española que sigue en importancia a la Laureada de San Fernando, tratándose de una "recompensa ejemplar e inmediata a hechos y servicios muy notorios y distinguidos realizados frente al enemigo".

El 8 de septiembre se inició el histórico y prolongado desembarco en la bahía de Alhucemas, primera operación aeronaval de la historia, en el que Varela participó activamente al frente de su "Harka", distinguiéndose por su arrojo y valor en las numerosas acciones que seguidamente se llevaron a cabo.

Ascensos por méritos de campaña.

Por real orden de 27 de febrero de 1926 el bilaureado Varela fue ascendido al empleo de Teniente Coronel "por méritos de guerra contraídos en el periodo comprendido entre el 1 de agosto de 1924 y el 1 de octubre de 1925 con la antiguedad de esta última fecha". 

Otra real orden de esa misma fecha le confirió el mando del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta nº 3, cesando por lo tanto en el de su querida "Harka" de la que se despidió emocionadamente el 4 de marzo de 1926 en el campamento de Midar.

El 6 de abril se hizo cargo del mando de su nueva unidad y poco después marchó a la zona de operaciones para ponerse al frente de tres de sus tabores de infantería y uno de caballería que se hallaban destacados en el campamento de Tixdit.

Durante las semanas siguientes participó activamente en todas las operaciones de su sector, destacando la gesta de la conquista de la loma de Los Morabos, acontecida el 10 de mayo de 1926, en donde sus fuerzas tuvieron 115 bajas de las que 12 eran oficiales. 

El General José Sanjurjo Sacanell, tras felicitarle personalmente por aquella victoria le pidió que solicitara la tercera Laureada a lo que el propio Varela se negó, respondiendo que las condecoraciones no las debían pedir los interesados sino sus jefes.

El bilaureado teniente coronel continuó distinguiéndose durante los meses siguientes en lo que pasó a conocerse como la Campaña de Yebala y con la que se terminó de poner fin definitivamente a la guerra. 

El 10 de julio de 1927, tras las operaciones sobre Sumata, la ocupación de Tazarut, las operaciones en Gomara y Ketama y la ocupación del Yebel Alam, se dio oficialmente por terminada la última campaña española en Marruecos, imperando a partir de entonces la tan ansiada paz en nuestro Protectorado.

Por real decreto de 18 de abril de 1929 fue ascendido por méritos de guerra, acreditados durante la Campaña de Yebala, al empleo de Coronel. El nuevo ascenso le obligó a entregar el mando de su Grupo de Regulares, pasando a la situación de disponible en Ceuta. 

Poco después fue para realizar entre el mes de agosto de 1929 y abril de 1930, un interesante viaje de estudios militares por Alemania, Francia y Suiza, al objeto de conocer la organización de la Infantería de dichos países.

A su regreso del mismo y como consecuencia del delicado estado de salud de su madre, a la que siempre veneró, solicitó y se le concedió el mando del Regimiento de Infantería de la Base Naval de Cádiz nº 67, tomando posesión del mismo el 3 de mayo de 1930.

La 2ª República y el generalato.

La proclamación del régimen republicano, acontecida el 14 de abril de 1931, le sorprendió al mando del regimiento gaditano en el cual continuó hasta que fue cesado tras los sucesos del 10 de agosto de 1932, protagonizados por el intento de sublevación del general José Sanjurjo Sacanell, si bien no participó en los mismos.

El 11 de agosto fue detenido he ingresado en el gaditano castillo de Santa Catalina en donde permaneció hasta el día 25, siendo entonces trasladado a la prisión militar de Sevilla en la que continuó hasta el 12 de diciembre, fecha en la que pasó a la cárcel central de Guadalajara. 

El 14 de febrero de 1933 fue puesto en libertad por sobreseimiento provisional de su causa, quedando en situación de disponible. Casi un año después, el 17 de febrero de 1934, se incorporó en Madrid a la Escuela Superior de Guerra al objeto de asistir al curso de ascenso a general, en el que permaneció hasta el 25 de agosto, obteniendo el primer puesto de su promoción.

El 9 de noviembre de 1934 se recibió en el Ministerio de la Guerra el testimonio judicial que exoneraba definitivamente de responsabilidad penal al coronel Varela por la fracasada rebelión militar. 

Salvado así el principal obstáculo que le impedía proseguir su carrera militar, un decreto del gobierno de la República, fechado el 30 de octubre de 1935, le concedió el ascenso a general de brigada, con antiguedad del día 26 de dicho mes, si bien continuó en la situación de disponible.

La Guerra Civil.

Tras la sangrienta revuelta protagonizada por la izquierda revolucionaria en el mes de octubre de 1934 y la dura represión que le siguió, la situación política y social en España no volvió a ser igual, iniciándose un tortuoso y degenerado camino hacia el trágico abismo que supuso la Guerra Civil.

Los movimientos conspiratorios fueron surgiendo y organizándose a lo largo de todo el espectro político español sin excepción ideológica. Fruto de esa inestable y explosiva situación fue la Guerra Civil iniciada el 17 de julio de 1936 en Melilla, como consecuencia de la sublevación militar protagonizada en numerosas guarniciones a partir del día siguiente.

El general Varela, decidido partidario del alzamiento militar, fue detenido preventivamente la misma tarde del 17 de julio e ingresado en el castillo de Santa Catalina de Cádiz, ciudad en la que se encontraba en situación de disponible. Liberado al mediodía siguiente por los militares sublevados, se puso inmediatamente al frente de ellos. En pocos días la mayor parte de la provincia gaditana quedó incorporada a la causa nacional.

Reclamado a partir del 28 de julio para dirigir sucesivamente diferentes columnas de operaciones y posteriormente la División de Avila y el Cuerpo de Ejército de Castilla, empezó a mandar con gran éxito algunas de las acciones más importantes de las fuerzas nacionales: la toma de Antequera, la rotura del cerco republicano a Granada, la defensa de Córdoba, la toma de Ronda, la liberación de las fuerzas nacionales sitiadas en el Alcázar de Toledo, el paso del río Jarama, las batallas del Pingarrón y de la Marañosa, las tomas de La Graja y de Segovia, la batalla de Brunete y por último las del frente de Teruel, destacando la reconquista de su capital.

Por decreto de 12 de mayo de 1938, dimanante del gobierno nacional, Varela fue ascendido al empleo de General de División. El 26 de noviembre de 1938 el General José Millán-Astray Terreros, fundador de La Legión, le impuso al General Varela la Medalla de Caballero Mutilado de Guerra por la Patria, como consecuencia de las heridas sufridas el 25 de diciembre de 1936 en Villanueva de la Cañada (Madrid) por los cascos de metralla del disparo del cañón de un carro de combate de origen soviético.

El 1 de abril de 1939 finalizaba la Guerra Civil con la victoria del bando nacional, encontrándose el General Varela en Santa Eulalia (Teruel) al frente del Cuerpo de Ejército de Castilla. De allí se traslado a la población valenciana de Requena hasta que por decreto de 5 de julio del Ministerio de Defensa Nacional, fue nombrado Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos.

Ministro del Ejército y Alto Comisario en Marruecos.

Sin tiempo de ocupar dicha jefatura, el bilaureado general fue nombrado Ministro del Ejército como consecuencia del decreto-ley de 8 de agosto de 1939 que organizó la nueva administración central del Estado y designó a los componentes del nuevo gobierno de España. El día 12 prestó juramento ante el Jefe del Estado y al día siguiente tomó posesión de su nuevo cargo.

La tarea a la que se entregó no fue nada fácil, pues se acababa de salir de una guerra civil y comenzaba una guerra mundial. Durante su mandato se creó el Estado Mayor del Ejército, la Escuela Superior del Ejército, la Escuela Politécnica para Ingenieros de Armamento y Construcción, el Cuerpo de Farmacia Militar, el Cuerpo Técnico del Ejército, el Servicio Geográfico y Cartográfico Nacional, el Regimiento de la Guardia del Jefe del Estado, el Museo Histórico del Ejército y las Bibliotecas Divisionarias Militares; restableció las Capitanías Generales, la Academia General Militar y el Cuerpo Eclesiástico del Ejército; reorganizó los Gobiernos Militares, el Ejército de Marruecos, y un largo etc.

Por decreto de 11 de julio de 1941 fue ascendido al empleo de Teniente General, continuando al frente del Ministerio del Ejército. Tres meses después, el 31 de octubre, contrajo matrimonio en Durango (Vizcaya) con Casilda de Ampuero y Gandarias, que había sido Delegada Nacional de Frentes y Hospitales durante la Guerra Civil.

El 15 de agosto de 1942 cuando asistía a una ceremonia religiosa en la basílica de Nuestra Señora de Begoña, en Algorta (Vizcaya) sufrió un atentado por un grupo de falangistas, del que si bien resultó ileso hubo varias personas heridas, una de las cuales falleció posteriormente. 

La gravedad del suceso, unido a disensiones políticas internas, en las que Varela nunca quiso participar, presentó su dimisión como Ministro del Ejército. Consecuente con ello y aceptada por el Jefe del Estado, fue cesado por decreto de 3 de septiembre.

Tras permanecer dos años y medio en la situación de "a las órdenes del Ministro del Ejército", que los dedicó al estudio, fue reclamado por el Jefe del Estado para hacerse cargo de la Alta Comisaría de España en Marruecos, justo en un delicado momento internacional cuando la 2ª Guerra Mundial estaba próxima a finalizar.

Por decreto de 5 de marzo de 1945 fue nombrado Alto Comisario de España en Marruecos, General en Jefe del Ejército de Africa, Inspector de La Legión y de las Tropas Jalifianas así como Gobernador General de Ceuta y Melilla, desarrollando una meritoria labor como gran estadista en todos los aspectos y singularmente en el de las obras públicas e hidráulicas, siendo constantemente venerado por los indígenas, manteniendo la paz y la soberanía del Protectorado a pesar de la crisis internacional existente.

Muerte de Varela.

Lo que no pudieron las balas y las explosiones a lo largo de toda su vida militar lo logró una cruel enfermedad. El 24 de marzo de 1951 falleció de leucemia en Tánger, donde estaba pasando unos días. 

Su cuerpo fue trasladado a Tetuán, residencia de la Alta Comisaría, y seguidamente a Ceuta para desde allí por mar, en un buque de guerra español, hasta Cádiz. El día 27 fue enterrado en su ciudad natal de San Fernando, siéndole rendidos, en medio de un impresionante duelo popular, honores de Capitán General.

En Tetuán, el General francés Boyer de la Tour, impuso sobre su cadáver la Medalla del Mérito Militar Jerifiano, concedida a título póstumo por el Sultán de Marruecos. 

Dicha recompensa, se unía a las dos Cruces Laureadas, una Medalla Militar individual, dos Medallas Militares colectivas, una Cruz de María Cristina, tres Cruces de Guerra, Cruz, Placa y Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, cinco Cruces del Mérito Militar con distintivo rojo, una Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, una Gran Cruz del Mérito Naval, una Gran Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco, una Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo, una Medalla de Sufrimiento por la Patria, una Medalla Militar de Marruecos con el pasador de Larache, una Medalla Conmemorativa de las Campañas, una Gran Cruz de la Orden de la Medhania, una Medalla de la Campaña, una Gran Cruz de la Orden de la Corona de Italia, una Gran Cruz de la Corona de Rumania, una Gran Cruz de la Orden Militar de Aviz de Portugal, una Gran Cruz de la Orden Militar del Aguila de Alemania, una Cruz de Guerra de Francia, una Gran Cruz de la Orden Militar del Sol de Perú, una Gran Cruz del Mérito Militar del Brasil, un Gran Cordón de la Orden Ouissan Alaouita de Marruecos, una Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, una Gran Cruz de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas, y la Medalla de Oro de la Ciudad de Melilla, entre otras.

El mismo día de su muerte se dictó un decreto de la Jefatura del Estado, concediendo a quien había sido Ministro del Ejército, el empleo de Capitán General del Ejército, ya que "Justo es de quien en vida tanto dio y honró a su Patria, ésta le rinda el máximo homenaje elevándole la suprema categoría en el Ejército". También se le concedió para si y sus descendientes el título de Marqués de Varela de San Fernando.

Han transcurrido desde entonces 50 años y su figura sigue siendo una de las más brillantes de la Historia Militar española, despertando un profundo interés entre historiadores e investigadores, tanto nacionales como extranjeros, de las Campañas de Marruecos, la Guerra Civil y nuestro Protectorado.

El Museo y Archivo Varela.

A la muerte del bilaureado General, su viuda estableció la Casa de Varela de San Fernando en la capital gaditana, dedicando gran parte de sus esfuerzos a reunir y conservar sus uniformes, condecoraciones, armas, distintivos, estandartes, credenciales y demás efectos militares, al objeto de crear un museo dedicado a su figura.

Entre las armas destacan su magnífica colección de sables, amén de diversas armas blancas y de fuego de origen marroquí, así como los dos revólveres usados durante las Campañas de Marruecos: un Orbea y un Smith&Wesson.

Por otra parte, Casilda de Ampuero se encargó de reunir y clasificar, con la inestimable ayuda del Archivero Francisco Macarro Gómez, los archivos privados del heroico militar, compuestos por miles de documentos, y que pueden considerarse de gran interés para los investigadores de las Campañas del norte de Africa, la Guerra Civil y el Protectorado de España en Marruecos, entre otras etapas de la historia española de la primera mitad del siglo XX. De hecho, el contenido del presente artículo ha sido obtenido íntegramente del mismo.

Destaca también la magnífica biblioteca, compuesta por más de un millar de libros sobre temas militares, especialmente africanistas, considerada como una de las mejores en dicha materia. 

Por supuesto en sus estanterías no podían faltar ejemplares dedicados al armamento ligero militar, destacando entre ellos "Lecciones sobre Armas Portátiles de Fuego", editado en 1910 y escrito por los Comandantes de Infantería José Letamendía y Benito Martín; y "Descripción del Fusil Máuser Español modelo 1893", también editado en 1910 y redactado por el Teniente Coronel de Infantería Alejandro Dema y Soler.

Afortunadamente y gracias a la Familia del General Varela y al Ayuntamiento de Cádiz, es muy factible que además del acceso de historiadores e investigadores a los archivos privados del bilaureado militar, que pasarán previsiblemente al Archivo Histórico Municipal, se podrá visitar en un futuro el citado Museo.

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